La crayola
El crayón o lápiz de color es una barra hecha de cera, carboncillo, tiza u otros
materiales que se presenta en diferentes colores y que sirve para escribir,
dibujar y colorear. Un crayón fabricado con resina seca y pigmento se denomina
pastel y cuando está hecho de tiza oleosa, recibe el nombre de pastel al aceite,
que son muy populares para realizar ilustraciones en color.
Los crayones de cera son usados comúnmente por los niños para dibujar y
colorear. Debido a que sus pigmentos son lavables, no tóxicos, tienen una punta
redondeada, están disponibles en una gran variedad de colores y son fáciles de
utilizar, los crayones son uno de los útiles básicos en las escuelas de todo el
mundo.
La fábrica de crayones más grande del mundo es la compañía Crayola LLC.
Esta produce los populares crayones Crayola, hechos de parafina.
Otra materia prima usada con menor frecuencia en la elaboración de crayones
es la semilla de soya, una planta leguminosa.
Algunas fábricas, como la suiza Caran d'Ache, producen crayones solubles en
agua, cuyos colores se mezclan entre sí al untarles éste líquido cuando ya están
aplicados en el papel.
Pues resulta que hace mucho tiempo (a finales del siglo XIX) existían crayolas
que eran muy grandes: de colores opacos y hechas con ingredientes tóxicos que
se usaban principalmente en las fábricas para marcar empaques, cajas y
contenedores.
Así fue que, inspirados en esos marcadores, un grupo de maestros de una
escuela en Estados Unidos pensó que se podría desarrollar algo parecido pero
adecuado para ser utilizado por niñas y niños en las actividades escolares; al
escuchar la petición de los maestros, la compañía Peekskill Chemical de Nueva
York, especializada en elaborar colorantes industriales, y que desarrolló el primer
gis para pizarrón sin polvo, asumió la iniciativa como un reto.
Para fabricar los primeros crayones trabajaron mucho tiempo para poder crear
pigmentos sintéticos que no fueran tóxicos. Además los hicieron más pequeños
y delgados para que no resultara incómodo utilizarlos. En realidad el proceso de
producción era bastante sencillo: consistía en hacer una mezcla de cera líquida
y colorantes, procedimiento que hasta hoy no ha sufrido grandes variaciones.
De esa manera, en 1903, salió a la venta la primera producción de crayolas: una
caja verde y amarillo que en su interior contenía ocho barras cilíndricas de cera
de color negro, café, azul, rojo, morado, anaranjado, amarillo y verde. El nombre
“crayola” resultó de la combinación de dos palabras: craie que significa gis en
francés y ola, que proviene del vocablo griego “oleaginous”, es decir, aceitoso.
De allí en adelante la idea se convirtió en un éxito, tanto que hoy en día existen
más de cien colores que incluyen crayolas fluorescentes, con destellos brillantes,
aromáticas, multicolores, etcétera. Además, cada año, se venden más de mil
millones de estas barritas en todo el mundo.
Crayola

Crayola

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    La crayola El crayóno lápiz de color es una barra hecha de cera, carboncillo, tiza u otros materiales que se presenta en diferentes colores y que sirve para escribir, dibujar y colorear. Un crayón fabricado con resina seca y pigmento se denomina pastel y cuando está hecho de tiza oleosa, recibe el nombre de pastel al aceite, que son muy populares para realizar ilustraciones en color. Los crayones de cera son usados comúnmente por los niños para dibujar y colorear. Debido a que sus pigmentos son lavables, no tóxicos, tienen una punta redondeada, están disponibles en una gran variedad de colores y son fáciles de utilizar, los crayones son uno de los útiles básicos en las escuelas de todo el mundo. La fábrica de crayones más grande del mundo es la compañía Crayola LLC. Esta produce los populares crayones Crayola, hechos de parafina. Otra materia prima usada con menor frecuencia en la elaboración de crayones es la semilla de soya, una planta leguminosa. Algunas fábricas, como la suiza Caran d'Ache, producen crayones solubles en agua, cuyos colores se mezclan entre sí al untarles éste líquido cuando ya están aplicados en el papel. Pues resulta que hace mucho tiempo (a finales del siglo XIX) existían crayolas que eran muy grandes: de colores opacos y hechas con ingredientes tóxicos que se usaban principalmente en las fábricas para marcar empaques, cajas y contenedores. Así fue que, inspirados en esos marcadores, un grupo de maestros de una escuela en Estados Unidos pensó que se podría desarrollar algo parecido pero adecuado para ser utilizado por niñas y niños en las actividades escolares; al escuchar la petición de los maestros, la compañía Peekskill Chemical de Nueva York, especializada en elaborar colorantes industriales, y que desarrolló el primer gis para pizarrón sin polvo, asumió la iniciativa como un reto. Para fabricar los primeros crayones trabajaron mucho tiempo para poder crear pigmentos sintéticos que no fueran tóxicos. Además los hicieron más pequeños y delgados para que no resultara incómodo utilizarlos. En realidad el proceso de producción era bastante sencillo: consistía en hacer una mezcla de cera líquida y colorantes, procedimiento que hasta hoy no ha sufrido grandes variaciones. De esa manera, en 1903, salió a la venta la primera producción de crayolas: una caja verde y amarillo que en su interior contenía ocho barras cilíndricas de cera de color negro, café, azul, rojo, morado, anaranjado, amarillo y verde. El nombre “crayola” resultó de la combinación de dos palabras: craie que significa gis en francés y ola, que proviene del vocablo griego “oleaginous”, es decir, aceitoso. De allí en adelante la idea se convirtió en un éxito, tanto que hoy en día existen más de cien colores que incluyen crayolas fluorescentes, con destellos brillantes, aromáticas, multicolores, etcétera. Además, cada año, se venden más de mil millones de estas barritas en todo el mundo.