HIJOS VÍCTIMAS DE CRISIS DE CONVIVENCIA DE SUS PROGENITORES O RUPTURAS MATRIMONIALES CONFLICTIVAS
En el año 2007 fueron alrededor de 130.000 divorcios los que se realizaron en todo el territorio Para  el 2008 se estima que esta cantidad se acerque a los 200.000 divorciados en España. Uno de cada cinco divorcios en España el 20,19 % se produce entre parejas que llevan casadas menos de cinco años y el 27% de los matrimonios lo hacen a partir de los 20 años de casados. La separación o divorcio de los padres es la opción más adecuada para una pareja que no puede mantenerse más tiempo unido.  Pero los hijos de estas uniones sufren las consecuencias de la incapacidad de sus padres para afrontar como adultos generosos, responsables y sensatos las consecuencias indeseadas que toda ruptura conlleva.
La separación o divorcio de los padres es la opción más adecuada para una pareja que no puede mantenerse más tiempo unido.  Pero los hijos de estas uniones sufren las consecuencias de la incapacidad de sus padres para afrontar como adultos generosos, responsables y sensatos las consecuencias indeseadas que toda ruptura conlleva.
Los niños pequeños no comprenden la separación en toda su dimensión, pero cuando la pareja se rompe reaccionan de muchas maneras.  Se implica así a los hijos en un proceso de hostilidades, reproches, odios, resentimientos, miedos y angustias que los menores no son capaces de manejar y que le genera una gran inestabilidad emocional, que si perdura en el tiempo, puede generara consecuencias negativas. En un intento por recuperar la seguridad, algunos los pequeños  desarrollan problemas temporales de comportamiento o actúan de forma demasiado infantil para su edad.
Los hijos sufren lo que pasa. Lógicamente dependerá de sus edades y maduración, en general debe entenderse que deben habituarse a un nuevo esquema de intervenciones, distintas a lo habitual y, lo que es más importante como en un ambiente cargado de ansiedad, pérdida significativa de autoestima, sentimientos de culpabilidad y tristeza. Entre  los 10 y los 14 años encuentran difícil el divorcio de sus padres. Pueden sentir mucha tristeza o experimentar un sentimiento de pérdida. Pero en muchos casos, la separación de los padres puede no constituirse en un problema para los mayores. Por el contrario, muchas veces ven en ella una solución. En la adolescencia los jóvenes presentan temores que están relacionados con la incertidumbre respecto al futuro y con la inseguridad que experimentan por su desempeño posterior. Los problemas de conducta son comunes a estas edades, ya que algunos se sienten víctimas del divorcio y expresan su enojo rompiendo las reglas establecidas, escapan de casa, abusan del alcohol o de las drogas, son sexualmente promiscuos o tienen “malas compañías”. Una de las repercusiones sustanciales suele afectar al desenvolvimiento escolar: en el rendimiento académico y también en el comportamiento, actitudes y hábitos relacionales. Ya sea como niños o adolescentes los hijos de parejas que no han podido separarse en buenos términos, frecuentemente tienen problemas en sus relaciones y autoestima.
Si los padres no son capaces de actuar con sentido común ante sus hijos sobre el divorcio, ni tienen un trato delicado sobre la dura situación vivida debería facilitarse la mediación familiar como intervención apta para la resolución de conflictos y en consecuencia para el menor sufrimiento de todos los que componen el grupo afectado. La actividad mediadora tendrá por objeto la prestación de una función de auxilio o apoyo a la negociación entre las partes, concretándose, en su caso, en la facultad de la persona mediadora de proponer soluciones, a aceptar o no libremente por los sujetos en conflicto. La persona mediadora, al amparo de esa habilitación, podrá también declarar la finalización anticipada de sus funciones conciliadoras, ante la imposibilidad de llegar a una solución pactada del conflicto.
Desarrollo del proceso de mediación: 1 . La actuación mediadora se iniciará a través de una primera reunión, en la cual las partes expondrán los motivos que les llevan a hacer uso del servicio. Posteriormente la persona mediadora expondrá el programa de actuaciones para su consideración. 2. Previa exposición de la persona mediadora, las partes manifestarán, o no, la conformidad con sus propuestas. La disconformidad de las partes con las mismas podrá dar lugar a la aplicación de lo dispuesto en el artículo 15 de la ley del menor. 3. En cualquier momento del proceso, las partes podrán manifestar su desacuerdo con la persona mediadora por ellas designada de común acuerdo, rechazando su intervención. En este supuesto podrán convenir la designación de una nueva persona mediadora o, en otro caso, aceptarán a la persona designada por la consellería competente en materia de familia. 4. De cada una de las sesiones se elaborará un informe, haciendo mención del lugar y fecha de su celebración y de las circunstancias en que ha discurrido la misma, con indicación particular de las incidencias surgidas en su desarrollo
Reacciones de los niños En la primera etapa de la separación es muy factible que se presenten tristezas o momentos depresivos que son normales. Al principio, los niños no tienen mucha conciencia de lo que sucede. Pero a medida que pasa el tiempo experimentan los efectos de la situación, como la ausencia de la persona que ya no está para acompañarlos a tomar el bus, comer juntos o hacer las tareas. No es extraño que se manifieste rabia hacia uno de los padres por sentir que no hizo lo suficiente para evitar la ruptura. En algunos casos los niños pueden sentirse culpables por la separación de los padres, sobre todo si hay recientes fallas cometidas por los hijos. Es posible que manifiesten cierto desprendimiento emocional, que a simple vista pareciera indiferencia o, por el contrario, podrían evidenciar un apego excesivo a sus padres o a uno de ellos, por miedo a un nuevo abandono. Otros reprimen sus sentimientos acerca de esta situación, y se dedican a diversas actividades como pretendiendo que nada ha pasado. Lo hacen para no alterar a sus padres o para evadir la tristeza, la confusión, la vergüenza y el abandono que este acontecimiento les produce. Algunas veces los hijos toman partido por uno de sus padres o hacen recaer la responsabilidad de la separación en el padre o la madre. Con frecuencia los niños cambian de estado de ánimo sin motivo aparente y pueden pasar de estar muy eufóricos, a estar apáticos o retraídos. Igualmente, mostrarse más irascibles o sensibles frente a algunas situaciones que antes no les afectaba. Algunos se vuelven “melodramáticos” y cualquier evento aun insignificante puede provocarle una reacción exagerada. Estos cambios pueden ser muy intensos al comienzo de la separación y poco a poco ir disminuyendo. Es posible que aparezcan con eventos como por ejemplo, cuando las familias se reorganizan en nuevas relaciones de pareja. Es muy frecuente que frente a esta situación, se generen celos y rivalidades entre hijos y padrastros, al igual que entre padres y padrastros.
Esta constituye una de las etapas que puede acarrear mayores dificultades de adaptación y ajuste por parte de sus diferentes miembros, por esta razón es necesario implementar algunas acciones y mantener una actitud abierta y comprensiva. Una de ellas es leer entre líneas estas reacciones de los niños y no asumirlas como algo personal. En algunos casos es necesario reflejarlas a los niños pero este debe hacerse con ternura y amor, de tal forma que estos entiendan que pueden ayudar a que la situación sea un poco más fácil, pero que siguen contando con el soporte y comprensión de los adultos. De cualquier manera, los padres deben estar atentos a las reacciones y estados de los niños para ayudarles a superarlos con más tranquilidad y apoyo.   En general, los niños sienten lo mismo que un adulto frente a una situación difícil. Esto es tristeza, miedo, confusión, desorientación, soledad y temor al abandono. Ello les crea inseguridad y angustia porque pueden llegar a pensar que si uno de sus padres se marchó, el otro también puede hacerlo, y se apegan de forma exagerada a uno de ellos. También sienten inquietud y confusión frente a la posibilidad que sus padres lleguen a tener nuevas parejas.  Cuando esto sucede es preciso reforzar su autoestima, darles más afecto, demostrarles que siguen siendo importantes, que no van a ser desplazados. Expresiones como: “Aunque no puedo vivir con tu madre (padre), ambos te queremos. Nada puede cambiar eso”, les da seguridad de que, por encima de todo, cuentan con el cariño de sus padres.
Los niños tienen momentos de esparcimiento en los que ríen, juegan y comparten con sus amigos. Esto le permite poner sus afectos y energía en otras personas y actividades. Al igual que los adultos pueden tener ratos de pesimismo y perder temporalmente la fe en que la vida se normalice. Pueden expresar cosas como “para que tanto esfuerzo si ya no hay nada que hacer”. Al mismo tiempo crear escenas en su imaginación en las que idealizan un final feliz y pueden hacer preguntas como “cierto mami que papi va a volver y vamos a estar todos juntos otra vez”. Por otra parte, es posible que durante el proceso, o después de la separación manifiesten cierto desprendimiento emocional que a simple vista pareciera indiferencia, o por el contrario podrían evidenciar un apego excesivo por miedo a un nuevo abandono. Algunos pueden presentar trastornos del sueño (pesadillas, insomnio, terrores nocturnos o miedo a dormir solo), de alimentación (comer en exceso o dejar de comer), de los hábitos (perder el control de esfínteres, volver a chuparse el dedo u otras conductas que no corresponden a su edad). Pueden desarrollar tics nerviosos o enfermarse con frecuencia (padecen fiebres, gripa o alergias), porque las defensas inmunológicas disminuyen debido a las tensiones. Igualmente, es probable que se afecte su rendimiento escolar por la dificultad para prestar atención al cambio en sus hábitos de estudio. Pueden mostrarse irritables o susceptibles con sus compañeros y profesores y tener problemas de adaptación escolar. Es importante tener en cuenta que la forma en que expresan estas emociones no siempre es abierta y explicita, sino más bien que se presenta en cambios de conducta, de ánimo o afectos
PREGUNTAS TIPO TEST ¿Qué consecuencias puede generar una gran inestabilidad emocional en un niño con padres divorciados? Puede generar consecuencias negativas en su esqueleto psicológico, personal y relacional. Puede generar consecuencias negativas en su esqueleto psicológico. No le afecta el niño.
¿Afecta el divorcio o la separación al niño en el ámbito escolar? No, los divorcios no afectan en el ámbito escolar solo afectan en la vida familiar. Si, afecta en su rendimiento académico y en el comportamiento, actitudes y hábitos relacionales. Si, afecta en su comportamiento con los profesores
PAULA CASADO PROL JESSICA  MOSQUERA PAZ MARTA B. REFOJOS VILLAR NOEMI BLANCO DE LA FUENTE SOLEDAD IGLESIAS FERNANDEZ

Crisis De Convivencia familiar

  • 1.
    HIJOS VÍCTIMAS DECRISIS DE CONVIVENCIA DE SUS PROGENITORES O RUPTURAS MATRIMONIALES CONFLICTIVAS
  • 2.
    En el año2007 fueron alrededor de 130.000 divorcios los que se realizaron en todo el territorio Para el 2008 se estima que esta cantidad se acerque a los 200.000 divorciados en España. Uno de cada cinco divorcios en España el 20,19 % se produce entre parejas que llevan casadas menos de cinco años y el 27% de los matrimonios lo hacen a partir de los 20 años de casados. La separación o divorcio de los padres es la opción más adecuada para una pareja que no puede mantenerse más tiempo unido. Pero los hijos de estas uniones sufren las consecuencias de la incapacidad de sus padres para afrontar como adultos generosos, responsables y sensatos las consecuencias indeseadas que toda ruptura conlleva.
  • 3.
    La separación odivorcio de los padres es la opción más adecuada para una pareja que no puede mantenerse más tiempo unido. Pero los hijos de estas uniones sufren las consecuencias de la incapacidad de sus padres para afrontar como adultos generosos, responsables y sensatos las consecuencias indeseadas que toda ruptura conlleva.
  • 4.
    Los niños pequeñosno comprenden la separación en toda su dimensión, pero cuando la pareja se rompe reaccionan de muchas maneras. Se implica así a los hijos en un proceso de hostilidades, reproches, odios, resentimientos, miedos y angustias que los menores no son capaces de manejar y que le genera una gran inestabilidad emocional, que si perdura en el tiempo, puede generara consecuencias negativas. En un intento por recuperar la seguridad, algunos los pequeños desarrollan problemas temporales de comportamiento o actúan de forma demasiado infantil para su edad.
  • 5.
    Los hijos sufrenlo que pasa. Lógicamente dependerá de sus edades y maduración, en general debe entenderse que deben habituarse a un nuevo esquema de intervenciones, distintas a lo habitual y, lo que es más importante como en un ambiente cargado de ansiedad, pérdida significativa de autoestima, sentimientos de culpabilidad y tristeza. Entre los 10 y los 14 años encuentran difícil el divorcio de sus padres. Pueden sentir mucha tristeza o experimentar un sentimiento de pérdida. Pero en muchos casos, la separación de los padres puede no constituirse en un problema para los mayores. Por el contrario, muchas veces ven en ella una solución. En la adolescencia los jóvenes presentan temores que están relacionados con la incertidumbre respecto al futuro y con la inseguridad que experimentan por su desempeño posterior. Los problemas de conducta son comunes a estas edades, ya que algunos se sienten víctimas del divorcio y expresan su enojo rompiendo las reglas establecidas, escapan de casa, abusan del alcohol o de las drogas, son sexualmente promiscuos o tienen “malas compañías”. Una de las repercusiones sustanciales suele afectar al desenvolvimiento escolar: en el rendimiento académico y también en el comportamiento, actitudes y hábitos relacionales. Ya sea como niños o adolescentes los hijos de parejas que no han podido separarse en buenos términos, frecuentemente tienen problemas en sus relaciones y autoestima.
  • 6.
    Si los padresno son capaces de actuar con sentido común ante sus hijos sobre el divorcio, ni tienen un trato delicado sobre la dura situación vivida debería facilitarse la mediación familiar como intervención apta para la resolución de conflictos y en consecuencia para el menor sufrimiento de todos los que componen el grupo afectado. La actividad mediadora tendrá por objeto la prestación de una función de auxilio o apoyo a la negociación entre las partes, concretándose, en su caso, en la facultad de la persona mediadora de proponer soluciones, a aceptar o no libremente por los sujetos en conflicto. La persona mediadora, al amparo de esa habilitación, podrá también declarar la finalización anticipada de sus funciones conciliadoras, ante la imposibilidad de llegar a una solución pactada del conflicto.
  • 7.
    Desarrollo del procesode mediación: 1 . La actuación mediadora se iniciará a través de una primera reunión, en la cual las partes expondrán los motivos que les llevan a hacer uso del servicio. Posteriormente la persona mediadora expondrá el programa de actuaciones para su consideración. 2. Previa exposición de la persona mediadora, las partes manifestarán, o no, la conformidad con sus propuestas. La disconformidad de las partes con las mismas podrá dar lugar a la aplicación de lo dispuesto en el artículo 15 de la ley del menor. 3. En cualquier momento del proceso, las partes podrán manifestar su desacuerdo con la persona mediadora por ellas designada de común acuerdo, rechazando su intervención. En este supuesto podrán convenir la designación de una nueva persona mediadora o, en otro caso, aceptarán a la persona designada por la consellería competente en materia de familia. 4. De cada una de las sesiones se elaborará un informe, haciendo mención del lugar y fecha de su celebración y de las circunstancias en que ha discurrido la misma, con indicación particular de las incidencias surgidas en su desarrollo
  • 8.
    Reacciones de losniños En la primera etapa de la separación es muy factible que se presenten tristezas o momentos depresivos que son normales. Al principio, los niños no tienen mucha conciencia de lo que sucede. Pero a medida que pasa el tiempo experimentan los efectos de la situación, como la ausencia de la persona que ya no está para acompañarlos a tomar el bus, comer juntos o hacer las tareas. No es extraño que se manifieste rabia hacia uno de los padres por sentir que no hizo lo suficiente para evitar la ruptura. En algunos casos los niños pueden sentirse culpables por la separación de los padres, sobre todo si hay recientes fallas cometidas por los hijos. Es posible que manifiesten cierto desprendimiento emocional, que a simple vista pareciera indiferencia o, por el contrario, podrían evidenciar un apego excesivo a sus padres o a uno de ellos, por miedo a un nuevo abandono. Otros reprimen sus sentimientos acerca de esta situación, y se dedican a diversas actividades como pretendiendo que nada ha pasado. Lo hacen para no alterar a sus padres o para evadir la tristeza, la confusión, la vergüenza y el abandono que este acontecimiento les produce. Algunas veces los hijos toman partido por uno de sus padres o hacen recaer la responsabilidad de la separación en el padre o la madre. Con frecuencia los niños cambian de estado de ánimo sin motivo aparente y pueden pasar de estar muy eufóricos, a estar apáticos o retraídos. Igualmente, mostrarse más irascibles o sensibles frente a algunas situaciones que antes no les afectaba. Algunos se vuelven “melodramáticos” y cualquier evento aun insignificante puede provocarle una reacción exagerada. Estos cambios pueden ser muy intensos al comienzo de la separación y poco a poco ir disminuyendo. Es posible que aparezcan con eventos como por ejemplo, cuando las familias se reorganizan en nuevas relaciones de pareja. Es muy frecuente que frente a esta situación, se generen celos y rivalidades entre hijos y padrastros, al igual que entre padres y padrastros.
  • 9.
    Esta constituye unade las etapas que puede acarrear mayores dificultades de adaptación y ajuste por parte de sus diferentes miembros, por esta razón es necesario implementar algunas acciones y mantener una actitud abierta y comprensiva. Una de ellas es leer entre líneas estas reacciones de los niños y no asumirlas como algo personal. En algunos casos es necesario reflejarlas a los niños pero este debe hacerse con ternura y amor, de tal forma que estos entiendan que pueden ayudar a que la situación sea un poco más fácil, pero que siguen contando con el soporte y comprensión de los adultos. De cualquier manera, los padres deben estar atentos a las reacciones y estados de los niños para ayudarles a superarlos con más tranquilidad y apoyo. En general, los niños sienten lo mismo que un adulto frente a una situación difícil. Esto es tristeza, miedo, confusión, desorientación, soledad y temor al abandono. Ello les crea inseguridad y angustia porque pueden llegar a pensar que si uno de sus padres se marchó, el otro también puede hacerlo, y se apegan de forma exagerada a uno de ellos. También sienten inquietud y confusión frente a la posibilidad que sus padres lleguen a tener nuevas parejas. Cuando esto sucede es preciso reforzar su autoestima, darles más afecto, demostrarles que siguen siendo importantes, que no van a ser desplazados. Expresiones como: “Aunque no puedo vivir con tu madre (padre), ambos te queremos. Nada puede cambiar eso”, les da seguridad de que, por encima de todo, cuentan con el cariño de sus padres.
  • 10.
    Los niños tienenmomentos de esparcimiento en los que ríen, juegan y comparten con sus amigos. Esto le permite poner sus afectos y energía en otras personas y actividades. Al igual que los adultos pueden tener ratos de pesimismo y perder temporalmente la fe en que la vida se normalice. Pueden expresar cosas como “para que tanto esfuerzo si ya no hay nada que hacer”. Al mismo tiempo crear escenas en su imaginación en las que idealizan un final feliz y pueden hacer preguntas como “cierto mami que papi va a volver y vamos a estar todos juntos otra vez”. Por otra parte, es posible que durante el proceso, o después de la separación manifiesten cierto desprendimiento emocional que a simple vista pareciera indiferencia, o por el contrario podrían evidenciar un apego excesivo por miedo a un nuevo abandono. Algunos pueden presentar trastornos del sueño (pesadillas, insomnio, terrores nocturnos o miedo a dormir solo), de alimentación (comer en exceso o dejar de comer), de los hábitos (perder el control de esfínteres, volver a chuparse el dedo u otras conductas que no corresponden a su edad). Pueden desarrollar tics nerviosos o enfermarse con frecuencia (padecen fiebres, gripa o alergias), porque las defensas inmunológicas disminuyen debido a las tensiones. Igualmente, es probable que se afecte su rendimiento escolar por la dificultad para prestar atención al cambio en sus hábitos de estudio. Pueden mostrarse irritables o susceptibles con sus compañeros y profesores y tener problemas de adaptación escolar. Es importante tener en cuenta que la forma en que expresan estas emociones no siempre es abierta y explicita, sino más bien que se presenta en cambios de conducta, de ánimo o afectos
  • 11.
    PREGUNTAS TIPO TEST¿Qué consecuencias puede generar una gran inestabilidad emocional en un niño con padres divorciados? Puede generar consecuencias negativas en su esqueleto psicológico, personal y relacional. Puede generar consecuencias negativas en su esqueleto psicológico. No le afecta el niño.
  • 12.
    ¿Afecta el divorcioo la separación al niño en el ámbito escolar? No, los divorcios no afectan en el ámbito escolar solo afectan en la vida familiar. Si, afecta en su rendimiento académico y en el comportamiento, actitudes y hábitos relacionales. Si, afecta en su comportamiento con los profesores
  • 13.
    PAULA CASADO PROLJESSICA MOSQUERA PAZ MARTA B. REFOJOS VILLAR NOEMI BLANCO DE LA FUENTE SOLEDAD IGLESIAS FERNANDEZ