DIEGO ARANGO ARANGO. A1

¿Es posible encontrar una vía que nos permita comprender o interpretar
una pintura, sin dilaciones, pasando sin más, de la intención al acto?
¿Cuál sería el modus operandi intelectual que nos permita esta síntesis?

Creo que el primer contacto, la primera mirada, el contacto inesperado
o intencionado con la obra en cuestión y su repercusión en nuestro
mundo interno producen el “Inter-esse” necesario que nos permita ir al
encuentro, desde nuestra experiencia interior, a esa nueva vivencia.

Las representaciones mentales, nuestro mundo secreto, el dialogo
imaginario con nuestro consultor interno, la consulta consigo mismo, son
parte de este viaje imaginario. Comprender que el acto de la pintura o
de la escultura son oficios que requieren dedicación, voluntad y
entrenamiento constante que permita la genialidad en el trazo y en el
color es el siguiente paso hacia la comprensión de lo observado.

Me temo que el pintor viaja constantemente hacia su mundo interior. El
color sobre el lienzo puede ser el punto de llegada de ese viaje. Es decir
que, la motivación de pintar es la consecuencia de ese viaje o una de las
maneras de iniciarlo conscientemente. Pintar es una manera de estar en
el mundo, una observación del mundo, una profundización y una
prospección de lo vivido. Es una investigación continua del otro y de uno
mismo que, previa síntesis, se traslada al lienzo. Imagino al pintor
atravesando ese vasto territorio interior y su titánica lucha por
entenderse así mismo, entender esos relámpagos de alto voltaje que
generan preguntas sin respuestas que lo llevan al borde mismo del
abismo, sentirse perdido y comprender de pronto que la luz esta mas
allá de lo meramente lógico para conquistar desde allí nuevos territorios
imaginarios. Sentir que el espíritu se libera de las cadenas de los sentidos
y vuela solo por una naturaleza presentida, esa otra que nosotros, como
meros espectadores, vemos luego sobre el lienzo.

Con Diego Arango el fruto de los años se revierte en esa prodigiosa
imaginación que nos permite disfrutar de los colores y las formas como
en un libro abierto: forma, color y movimiento hacen de sus lienzos o
de sus vasijas fuerza creadora y aridez íntimamente confundidas.
Proust afirmaba que," Entre uno mismo y cada persona existe el muro
de una lengua extraña", Cada mínima situación observada engloba
múltiples maneras de ser vista y podemos jugar con ellas
indefinidamente con la ayuda de la memoria... Eso es lo que me ocurre
al mirar detenidamente sus pinturas. Para observar la pintura de
Diego es necesario dejarnos llevar por nuestro estado de ánimo, salir a
la deriva a su encuentro, permitir que se formen en nuestro cerebro
representaciones mentales de lo vivido y rescatar de nuestro mundo
onírico fragmentos para formar con ellos collages que nos permitan
contextualizar la obra.

Afirmaba Michel Tournier que “la infancia nos es otorgada como un
caos ardiente y el resto de nuestra vida no basta para intentar poner
orden y explicarnos ese caos mítico”. Y es justamente lo que ocurre en
la Obra de Diego Arango: reinterpreta en su obra los componentes de
ese caos mítico. Las transformaciones van desde la forma más
primitiva de los mitos hasta las interpretaciones psicológicas en las
que el lenguaje mítico se confunde con el lenguaje de los sueños. Entre
ambos extremos emergen sus obras que los             recuentan y los
reinterpretan en las más variadas formas. En la obra de Diego
Arango, lo sorprendente y lo prodigioso coexisten con lo banal y lo
cotidiano cruzando los límites de lo establecido, relacionándose
íntimamente con el mundo de la infancia en donde tales atributos
existen sin subvertir el mundo de la lógica.



Carlos Herrera Rozo.

Diego arango arango a1

  • 1.
    DIEGO ARANGO ARANGO.A1 ¿Es posible encontrar una vía que nos permita comprender o interpretar una pintura, sin dilaciones, pasando sin más, de la intención al acto? ¿Cuál sería el modus operandi intelectual que nos permita esta síntesis? Creo que el primer contacto, la primera mirada, el contacto inesperado o intencionado con la obra en cuestión y su repercusión en nuestro mundo interno producen el “Inter-esse” necesario que nos permita ir al encuentro, desde nuestra experiencia interior, a esa nueva vivencia. Las representaciones mentales, nuestro mundo secreto, el dialogo imaginario con nuestro consultor interno, la consulta consigo mismo, son parte de este viaje imaginario. Comprender que el acto de la pintura o de la escultura son oficios que requieren dedicación, voluntad y entrenamiento constante que permita la genialidad en el trazo y en el color es el siguiente paso hacia la comprensión de lo observado. Me temo que el pintor viaja constantemente hacia su mundo interior. El color sobre el lienzo puede ser el punto de llegada de ese viaje. Es decir que, la motivación de pintar es la consecuencia de ese viaje o una de las maneras de iniciarlo conscientemente. Pintar es una manera de estar en el mundo, una observación del mundo, una profundización y una prospección de lo vivido. Es una investigación continua del otro y de uno mismo que, previa síntesis, se traslada al lienzo. Imagino al pintor atravesando ese vasto territorio interior y su titánica lucha por entenderse así mismo, entender esos relámpagos de alto voltaje que generan preguntas sin respuestas que lo llevan al borde mismo del abismo, sentirse perdido y comprender de pronto que la luz esta mas allá de lo meramente lógico para conquistar desde allí nuevos territorios imaginarios. Sentir que el espíritu se libera de las cadenas de los sentidos y vuela solo por una naturaleza presentida, esa otra que nosotros, como meros espectadores, vemos luego sobre el lienzo. Con Diego Arango el fruto de los años se revierte en esa prodigiosa imaginación que nos permite disfrutar de los colores y las formas como en un libro abierto: forma, color y movimiento hacen de sus lienzos o de sus vasijas fuerza creadora y aridez íntimamente confundidas.
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    Proust afirmaba que,"Entre uno mismo y cada persona existe el muro de una lengua extraña", Cada mínima situación observada engloba múltiples maneras de ser vista y podemos jugar con ellas indefinidamente con la ayuda de la memoria... Eso es lo que me ocurre al mirar detenidamente sus pinturas. Para observar la pintura de Diego es necesario dejarnos llevar por nuestro estado de ánimo, salir a la deriva a su encuentro, permitir que se formen en nuestro cerebro representaciones mentales de lo vivido y rescatar de nuestro mundo onírico fragmentos para formar con ellos collages que nos permitan contextualizar la obra. Afirmaba Michel Tournier que “la infancia nos es otorgada como un caos ardiente y el resto de nuestra vida no basta para intentar poner orden y explicarnos ese caos mítico”. Y es justamente lo que ocurre en la Obra de Diego Arango: reinterpreta en su obra los componentes de ese caos mítico. Las transformaciones van desde la forma más primitiva de los mitos hasta las interpretaciones psicológicas en las que el lenguaje mítico se confunde con el lenguaje de los sueños. Entre ambos extremos emergen sus obras que los recuentan y los reinterpretan en las más variadas formas. En la obra de Diego Arango, lo sorprendente y lo prodigioso coexisten con lo banal y lo cotidiano cruzando los límites de lo establecido, relacionándose íntimamente con el mundo de la infancia en donde tales atributos existen sin subvertir el mundo de la lógica. Carlos Herrera Rozo.