¿HACIA LA SUPERACIÓN DEL
        CONFLICTO ARMADO EN
    COLOMBIA?: EL CASO PARAMILITAR
                                                                             Marcela Taborda Mazo
                                                                          samar.taborda@gmail.com

"Parece que a este nuestro pueblo, al igual del personaje de Poe, lo ha invadido la irremediable
cobardía de no abrir los ojos, no tanto por esquivar la visión de horribles cosas cuanto por el fundado
temor de no ver nada."        Jorge Eliécer Gaitán




E
           l      conflicto       armado
           colombiano 1 , es quizá
           uno de los asuntos que
mayor       lugar     ocupa        en     la
producción académica y en el
debate nacional; pero al mismo
tiempo, es también una de las
problemáticas sobre las que más                                                  Foto /Archivo Semana
poca certeza se tiene en relación a sus posibilidades reales de superación;
ello por el entramado de fenómenos que encierra en sí mismo, que
transforma las viejas lógicas y genera nuevos actores y expresiones de
violencia.




1
 A pesar del tratamiento ambiguo que ha tenido este concepto en el país desde los diferentes
gobiernos, para efectos del presente ensayo se entiende por Conflicto Armado al enfrentamiento
protagonizado por grupos de diversa índole, tales como fuerzas militares regulares o irregulares,
guerrillas, grupos armados de oposición y grupos paramilitares, que usando armas u otros medios de
destrucción, provocan victimas e innumerables daños de tipo social, político, económico e inclusive
cultural.
El conflicto armado por el que atraviesa el país extiende sus raíces hasta por
lo menos cincuenta años atrás, con la violencia partidista y más adelante con
la aparición de grupos revolucionarios al margen de la ley como el Eln
(Ejército       de    Liberación      Nacional)   y   Las   Farc     (Fuerzas       Armadas
Revolucionarias de Colombia),además del recrudecimiento del fenómeno del
narcotráfico que ha dejado a su paso enormes daños para la sociedad y el
estado colombiano; desde entonces, el conflicto lejos de disminuir, ha
aumentado sus expresiones de manera alarmante; el foco de atención
principal ha estado centrado en la lucha armada sostenida entre dos grupos:
Las Farc        y Las Auc (Autodefensas Unidas de Colombia). Estás ultimas
constituyen el tema central de análisis del presente texto, cuya finalidad es
caracterizar a este grupo paramilitar y, dado su vigente protagonismo en el
contexto colombiano, determinar sí procesos e iniciativas como la
desmovilización y la Ley de Justicia y Paz, han contribuido de manera
efectiva a la de superación del conflicto armado en Colombia.


Los grupos paramilitares,
según Stathis Kalyvas y
Ana Arjona, “son grupos
armados que están directa
o indirectamente con el
Estado      y        sus    agentes
locales, conformados por el
Estado      o    tolerados por
éste,       pero           que   se
                                                                   Imagen tomada de Internet
encuentran por fuera de su estructura formal”2. Su actividad central es la
producción de violencia y, aunque no ha sido posible comprobar que tipo de
vínculo los liga al Estado, es claro que éste es un actor clave en el fenómeno
y en tanto se aduce su responsabilidad, sea por acción u omisión.


El paramilitarismo constituye un fenómeno histórico dentro del contexto
colombiano, sus orígenes se remontan a los llamados años de la violencia,
con la estrategia utilizada por las élites nacionales de acallar a sus opositores
mediante el uso de la fuerza. Sin embargo, en la historia reciente del país
puede observarse que los grupos paramilitares nacen bajo el contexto de la
Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional que buscaba combatir a
grupos guerrilleros, tal como lo afirma el sociólogo e investigador Rainer
Huhle,
       “A    la    aversión      cuasi     natural    de     los    terratenientes      y
      narcotraficantes contra la guerrilla (a la cual incluían todo
      campesino no conforme con su dominio incondicional sobre la
      región), los militares agregaron su anticomunismo ideológico
      formado en la escuela de las Américas y otros centros de
      formación. Las condiciones desventajosas en la lucha contra la
      guerrilla, considerada el único enemigo, hicieron casi natural la
      alianza entre el Ejército y los grupos locales de poder. Lo que
      posiblemente ninguno de los dos actores habría logrado sólo,
      militares y bandas armadas privadas junto lo hicieron con bastante
      éxito: el desalojo total de la guerrilla del Magdaleno Medio, a costo
      de un sinnúmero de víctimas entre la población campesina. El



2
  KALYVAS, Stathis y ARJONA, Ana. Paramilitarismo: una perspectiva teórica. En: RANGEL, Alfredo
(Editor), El poder paramilitar, Bogotá, Fundación Seguridad y Democracia- Planeta, 2005, Pág. 29.
éxito del modelo produjo su imitación y reproducción en otras
      regiones, tal como el Urabá o los Santanderes”.3


Posteriormente, con la creación en los años ochenta del grupo Muerte a
Secuestradores más conocido como Mas, y luego con la creación del
organismo de seguridad privada conocido como las Convivir – ambos grupos
desbordaron los límites de lo legal,- empieza a darse un plan de expansión y
crecimiento de los grupos de autodefensa en todo el territorio nacional con
un amplio predominio de la zona del Magdalena Medio y el departamento de
Córdoba.


                                                   Hacia el año 1997 se conforma una
                                                   unión     de     todos        estos    grupos
                                                   paramilitares      bajo    el    mando      de
                                                   Carlos Castaño y denominado Auc,
                                                   éstas logran un gran apoyo de
                                                   importantes          élites       regionales,
                                                   sectores       sociales    e    incluso     de
                                                   personajes insertos en la política,
                                                   que     después        confluirá      en    un
fenómeno conocido con el nombre de “parapolítica”, una macabra alineación
de intereses paramilitares y políticos con graves implicaciones para la
institucionalidad y legitimidad del estado colombiano. Es así que la
parapolítica viene a representar uno de los episodios más graves en términos
de conflicto armado en el país, del que se puede descubrir cómo el
paramilitarismo se convirtió en especialista para comprar la conciencia de los
congresistas para poder limpiar un poco - desde arriba - su camino. Se trata

3
 HUHLE, Rainer, La violencia Paramilitar en Colombia: Historia, estructuras, políticas del Estado e
impacto Político. En: Revista del CESLA [En línea] 2001, N. 2, Pág. 67.
de la inclusión de uno de los actores del conflicto armado colombiano que
más conductas sanguinarias ha ejecutado, en la actividad política del país
para la consecución de un fin determinado: decidir el rumbo del país por
medio de las esferas políticas a conveniencia propia y egoísta.


Es evidente tal como lo afirma Daniel García Peña Jaramillo que,
      “el Estado le ha dado al fenómeno del paramilitarismo a lo largo
      del tiempo un tratamiento cambiante y ambiguo: primero legal,
      pero sin una reglamentación adecuada; luego ilegal, pero ignorado
      por la política oficial o catalogado simplemente como parte anexa
      al narcotráfico, y después perseguido por las autoridades, pero
      apoyado por círculos de poder local, regional y nacional…Así
      mismo, es obvio que los diferentes gobiernos han tenido
      profundas diferencias internas al respecto y los mensajes que han
      enviado han sido contradictorios”4.


De allí que por ejemplo tras las desmovilizaciones ocurridas durante el primer
periodo del gobierno de Álvaro Uribe, y la Ley 975 de 2008 de Justicia y Paz,
que prometía verdad y reparación a las victimas sobre los crímenes
cometidos por los paramilitares, hayan quedado grandes vacíos en términos
jurídicos, teóricos y prácticos; Por un lado las estructuras criminales de los
grupos de autodefensa no se eliminaron con estas desmovilizaciones; al
contrario,    surgen      nuevas      estructuras      denominadas        Bacrim      (Bandas
Criminales) junto con estructuras derivadas del narcotráfico, como la “Oficina
de Envigado” que siguen manteniendo fuertes disputas entre sí, y que en el
plano actual, se han trasladado al escenario urbano, sin dejar de lado
grandes zonas rurales como el bajo cauca donde operan grupos como Los

4
 GARCÍA-PEÑA, Daniel. La relación del estado colombiano con el fenómeno paramilitar: por el
esclarecimiento histórico. En: Análisis Político [En línea].Bogotá, 2005, Vol. 18, N .53, Pág. 65
Rastrojos y Los Paisas, que siguen atentando de manera directa contra la
sociedad civil y generando desplazamientos.


Vale la pena entonces preguntarse, a qué se refiere el gobierno colombiano,
cuando plantea que el conflicto armado va en camino a su desaparición, en
parte gracias a los avances propiciados por las desmovilizaciones y en la Ley
de Justicia y Paz. Indiscutiblemente, el panorama demuestra otra situación:
al no atacarse las bases estructurales del conflicto, las estructuras de poder
que lo generan siguen intactas; por ello, siempre queda la posibilidad de que
surja un nuevo actor armado que se incorpore a la dinámica del conflicto y
entre a hacer presencia y a ejercer control en zonas que antes dominaban
las autodefensas.
Por tanto el conflicto armado en estos términos está lejos de acabarse. Así el
gobierno defienda una tesis de que ahora se ha entrado en una etapa de
postconflicto, los índices de asesinatos siguen creciendo, los procesos de
reconciliación han sido superficiales, la verdad aún no ha sido revelada y las
políticas emprendidas por el estado colombiano no resuelven el problema.
Tal como afirma William Ospina, lo que arroja el panorama actual es fruto de
una manera errada de entender y administrar a Colombia, bajo una lógica
totalmente guerrerista. Vale la pena citarlo como reflexión final:


     “Yo sé que quieren hacernos creer que esos monstruos son los
     únicos causantes del sufrimiento de esta nación durante medio
     siglo, pero yo me atrevo a decir que no es así. Esos monstruos
     son hijos de una manera de entender a Colombia, de una manera
     de administrarla, de una manera de gobernarla, y millones de
     colombianos lo saben….Porque esos monstruos son como frutos
     que brotan y caen del árbol muy bien abonado de la injusticia
     colombiana. Y por eso, aunque quieren hacernos creer que serán
estas y otras mil muertes las que le traerán la felicidad a Colombia,
         los desórdenes nacidos de una dirigencia irresponsable y apátrida,
         yo me atrevo a pensar que no será una eterna lluvia de las balas
         matando colombianos degradados, sino un poco de justicia y un
         poco de generosidad , lo que podrá por fin traerle paz y esperanza
         a esa mitad de la población hundida en la pobreza, que es el surco
         de donde brotan todos los guerrilleros y todos los paramilitares y
         todos los delincuentes que en Colombia han sido…Qué dolor que
         Colombia no sea capaz de asegurarle a cada colombiano un lugar
         en el orden de la civilización, en la escuela, en el trabajo, en la
         seguridad social, en la cultura, en la sana emulación de las
         ceremonias sociales, en el orgullo de una tradición y de una
         memoria.
         Yo, personalmente, estoy cansado de sentir que nuestro deber
         principal es el odio y nuestra fiesta el exterminio.”5




                                                                       Imagen tomada de Internet.
5
    OSPINA, William, El viejo Remedio, Revista Semana [En línea], Bogotá, 2 de octubre de 2010.
Ahora bien, Si vamos a hablar de la violencia, el asunto toma aún mayor
trascendencia, porque lejos de verla desaparecer en el panorama
colombiano, nos encontramos ante un fenómeno que involucra todo el orden
social del país y que ha permeado todas las esferas posibles que puedan
pensarse. Bajo esta perspectiva la violencia en Colombia es fruto de una
multiplicidad de circunstancias: una clase dirigente totalmente excluyente y
elitista, una sociedad injusta e intolerante, un Estado ineficaz y nulo para
cumplir con las funciones universales que le corresponden, una país
manejado según la conveniencia de lo ilegal, plagado de corrupción y malas
administraciones gubernamentales; no queda más que plantear dos
interrogantes que constituyen la gran panacea: ¿Qué puede esperarse que
ocurra entonces en relación con la violencia en Colombia, bajo unas
circunstancias como las anteriores? Y más complejo aún: ¿Cómo pensarse
la construcción, desarrollo y evolución de un país que ha levantado sus
bases y ha aprendido a vivir bajo la lógica de la violencia?
BIBLIOGRAFÍA


CRUZ RODRÍGUEZ, Edwin,            Los estudios sobre El Paramilitarismo En
Colombia. En: Análisis Político [En línea], Bogotá, 2007, Vol. 20, N. 60. pp.
117-134.


GARCÍA-PEÑA JARAMILLO, Daniel. La relación del estado colombiano con
el fenómeno paramilitar: por el esclarecimiento histórico. En: Análisis Político
[En línea].Bogotá, 2005, Vol. 18, N .53, pp. 58-76. Disponible en:
http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=s0121-
47052005000100004&lng=es&nrm=iso.


HUHLE, Rainer, La violencia Paramilitar en Colombia: Historia, estructuras,
políticas del Estado e impacto Político. En: Revista del CESLA [En línea]
2001, N. 2. pp. 63- 81.


KALYVAS, Stathis y ARJONA, Ana. Paramilitarismo: una perspectiva
teórica. En: RANGEL, Alfredo (Editor), El poder paramilitar, Bogotá,
Fundación Seguridad y Democracia- Planeta, 2005, pp. 25-45


OSPINA, William, El viejo Remedio, Revista Semana [En línea], Bogotá, 2 de
octubre             de             2010.              Disponible            en:
http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/william-
ospina/columna-227426-el-viejo-remedio.


ROMERO, Mauricio (Editor). Parapolítica La ruta de la expansión paramilitar
y los acuerdos políticos [En línea]. Bogotá: Corporación Nuevo Arco Iris-
ASDI-Intermedio     Editores.    2007,        472    págs.     Disponible   en:
http://www.nuevoarcoiris.org.co/sac/files/libros/Libro_parapolitica.pdf.

Ensayo metodologia 1

  • 1.
    ¿HACIA LA SUPERACIÓNDEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA?: EL CASO PARAMILITAR Marcela Taborda Mazo samar.taborda@gmail.com "Parece que a este nuestro pueblo, al igual del personaje de Poe, lo ha invadido la irremediable cobardía de no abrir los ojos, no tanto por esquivar la visión de horribles cosas cuanto por el fundado temor de no ver nada." Jorge Eliécer Gaitán E l conflicto armado colombiano 1 , es quizá uno de los asuntos que mayor lugar ocupa en la producción académica y en el debate nacional; pero al mismo tiempo, es también una de las problemáticas sobre las que más Foto /Archivo Semana poca certeza se tiene en relación a sus posibilidades reales de superación; ello por el entramado de fenómenos que encierra en sí mismo, que transforma las viejas lógicas y genera nuevos actores y expresiones de violencia. 1 A pesar del tratamiento ambiguo que ha tenido este concepto en el país desde los diferentes gobiernos, para efectos del presente ensayo se entiende por Conflicto Armado al enfrentamiento protagonizado por grupos de diversa índole, tales como fuerzas militares regulares o irregulares, guerrillas, grupos armados de oposición y grupos paramilitares, que usando armas u otros medios de destrucción, provocan victimas e innumerables daños de tipo social, político, económico e inclusive cultural.
  • 2.
    El conflicto armadopor el que atraviesa el país extiende sus raíces hasta por lo menos cincuenta años atrás, con la violencia partidista y más adelante con la aparición de grupos revolucionarios al margen de la ley como el Eln (Ejército de Liberación Nacional) y Las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia),además del recrudecimiento del fenómeno del narcotráfico que ha dejado a su paso enormes daños para la sociedad y el estado colombiano; desde entonces, el conflicto lejos de disminuir, ha aumentado sus expresiones de manera alarmante; el foco de atención principal ha estado centrado en la lucha armada sostenida entre dos grupos: Las Farc y Las Auc (Autodefensas Unidas de Colombia). Estás ultimas constituyen el tema central de análisis del presente texto, cuya finalidad es caracterizar a este grupo paramilitar y, dado su vigente protagonismo en el contexto colombiano, determinar sí procesos e iniciativas como la desmovilización y la Ley de Justicia y Paz, han contribuido de manera efectiva a la de superación del conflicto armado en Colombia. Los grupos paramilitares, según Stathis Kalyvas y Ana Arjona, “son grupos armados que están directa o indirectamente con el Estado y sus agentes locales, conformados por el Estado o tolerados por éste, pero que se Imagen tomada de Internet
  • 3.
    encuentran por fuerade su estructura formal”2. Su actividad central es la producción de violencia y, aunque no ha sido posible comprobar que tipo de vínculo los liga al Estado, es claro que éste es un actor clave en el fenómeno y en tanto se aduce su responsabilidad, sea por acción u omisión. El paramilitarismo constituye un fenómeno histórico dentro del contexto colombiano, sus orígenes se remontan a los llamados años de la violencia, con la estrategia utilizada por las élites nacionales de acallar a sus opositores mediante el uso de la fuerza. Sin embargo, en la historia reciente del país puede observarse que los grupos paramilitares nacen bajo el contexto de la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional que buscaba combatir a grupos guerrilleros, tal como lo afirma el sociólogo e investigador Rainer Huhle, “A la aversión cuasi natural de los terratenientes y narcotraficantes contra la guerrilla (a la cual incluían todo campesino no conforme con su dominio incondicional sobre la región), los militares agregaron su anticomunismo ideológico formado en la escuela de las Américas y otros centros de formación. Las condiciones desventajosas en la lucha contra la guerrilla, considerada el único enemigo, hicieron casi natural la alianza entre el Ejército y los grupos locales de poder. Lo que posiblemente ninguno de los dos actores habría logrado sólo, militares y bandas armadas privadas junto lo hicieron con bastante éxito: el desalojo total de la guerrilla del Magdaleno Medio, a costo de un sinnúmero de víctimas entre la población campesina. El 2 KALYVAS, Stathis y ARJONA, Ana. Paramilitarismo: una perspectiva teórica. En: RANGEL, Alfredo (Editor), El poder paramilitar, Bogotá, Fundación Seguridad y Democracia- Planeta, 2005, Pág. 29.
  • 4.
    éxito del modeloprodujo su imitación y reproducción en otras regiones, tal como el Urabá o los Santanderes”.3 Posteriormente, con la creación en los años ochenta del grupo Muerte a Secuestradores más conocido como Mas, y luego con la creación del organismo de seguridad privada conocido como las Convivir – ambos grupos desbordaron los límites de lo legal,- empieza a darse un plan de expansión y crecimiento de los grupos de autodefensa en todo el territorio nacional con un amplio predominio de la zona del Magdalena Medio y el departamento de Córdoba. Hacia el año 1997 se conforma una unión de todos estos grupos paramilitares bajo el mando de Carlos Castaño y denominado Auc, éstas logran un gran apoyo de importantes élites regionales, sectores sociales e incluso de personajes insertos en la política, que después confluirá en un fenómeno conocido con el nombre de “parapolítica”, una macabra alineación de intereses paramilitares y políticos con graves implicaciones para la institucionalidad y legitimidad del estado colombiano. Es así que la parapolítica viene a representar uno de los episodios más graves en términos de conflicto armado en el país, del que se puede descubrir cómo el paramilitarismo se convirtió en especialista para comprar la conciencia de los congresistas para poder limpiar un poco - desde arriba - su camino. Se trata 3 HUHLE, Rainer, La violencia Paramilitar en Colombia: Historia, estructuras, políticas del Estado e impacto Político. En: Revista del CESLA [En línea] 2001, N. 2, Pág. 67.
  • 5.
    de la inclusiónde uno de los actores del conflicto armado colombiano que más conductas sanguinarias ha ejecutado, en la actividad política del país para la consecución de un fin determinado: decidir el rumbo del país por medio de las esferas políticas a conveniencia propia y egoísta. Es evidente tal como lo afirma Daniel García Peña Jaramillo que, “el Estado le ha dado al fenómeno del paramilitarismo a lo largo del tiempo un tratamiento cambiante y ambiguo: primero legal, pero sin una reglamentación adecuada; luego ilegal, pero ignorado por la política oficial o catalogado simplemente como parte anexa al narcotráfico, y después perseguido por las autoridades, pero apoyado por círculos de poder local, regional y nacional…Así mismo, es obvio que los diferentes gobiernos han tenido profundas diferencias internas al respecto y los mensajes que han enviado han sido contradictorios”4. De allí que por ejemplo tras las desmovilizaciones ocurridas durante el primer periodo del gobierno de Álvaro Uribe, y la Ley 975 de 2008 de Justicia y Paz, que prometía verdad y reparación a las victimas sobre los crímenes cometidos por los paramilitares, hayan quedado grandes vacíos en términos jurídicos, teóricos y prácticos; Por un lado las estructuras criminales de los grupos de autodefensa no se eliminaron con estas desmovilizaciones; al contrario, surgen nuevas estructuras denominadas Bacrim (Bandas Criminales) junto con estructuras derivadas del narcotráfico, como la “Oficina de Envigado” que siguen manteniendo fuertes disputas entre sí, y que en el plano actual, se han trasladado al escenario urbano, sin dejar de lado grandes zonas rurales como el bajo cauca donde operan grupos como Los 4 GARCÍA-PEÑA, Daniel. La relación del estado colombiano con el fenómeno paramilitar: por el esclarecimiento histórico. En: Análisis Político [En línea].Bogotá, 2005, Vol. 18, N .53, Pág. 65
  • 6.
    Rastrojos y LosPaisas, que siguen atentando de manera directa contra la sociedad civil y generando desplazamientos. Vale la pena entonces preguntarse, a qué se refiere el gobierno colombiano, cuando plantea que el conflicto armado va en camino a su desaparición, en parte gracias a los avances propiciados por las desmovilizaciones y en la Ley de Justicia y Paz. Indiscutiblemente, el panorama demuestra otra situación: al no atacarse las bases estructurales del conflicto, las estructuras de poder que lo generan siguen intactas; por ello, siempre queda la posibilidad de que surja un nuevo actor armado que se incorpore a la dinámica del conflicto y entre a hacer presencia y a ejercer control en zonas que antes dominaban las autodefensas. Por tanto el conflicto armado en estos términos está lejos de acabarse. Así el gobierno defienda una tesis de que ahora se ha entrado en una etapa de postconflicto, los índices de asesinatos siguen creciendo, los procesos de reconciliación han sido superficiales, la verdad aún no ha sido revelada y las políticas emprendidas por el estado colombiano no resuelven el problema. Tal como afirma William Ospina, lo que arroja el panorama actual es fruto de una manera errada de entender y administrar a Colombia, bajo una lógica totalmente guerrerista. Vale la pena citarlo como reflexión final: “Yo sé que quieren hacernos creer que esos monstruos son los únicos causantes del sufrimiento de esta nación durante medio siglo, pero yo me atrevo a decir que no es así. Esos monstruos son hijos de una manera de entender a Colombia, de una manera de administrarla, de una manera de gobernarla, y millones de colombianos lo saben….Porque esos monstruos son como frutos que brotan y caen del árbol muy bien abonado de la injusticia colombiana. Y por eso, aunque quieren hacernos creer que serán
  • 7.
    estas y otrasmil muertes las que le traerán la felicidad a Colombia, los desórdenes nacidos de una dirigencia irresponsable y apátrida, yo me atrevo a pensar que no será una eterna lluvia de las balas matando colombianos degradados, sino un poco de justicia y un poco de generosidad , lo que podrá por fin traerle paz y esperanza a esa mitad de la población hundida en la pobreza, que es el surco de donde brotan todos los guerrilleros y todos los paramilitares y todos los delincuentes que en Colombia han sido…Qué dolor que Colombia no sea capaz de asegurarle a cada colombiano un lugar en el orden de la civilización, en la escuela, en el trabajo, en la seguridad social, en la cultura, en la sana emulación de las ceremonias sociales, en el orgullo de una tradición y de una memoria. Yo, personalmente, estoy cansado de sentir que nuestro deber principal es el odio y nuestra fiesta el exterminio.”5 Imagen tomada de Internet. 5 OSPINA, William, El viejo Remedio, Revista Semana [En línea], Bogotá, 2 de octubre de 2010.
  • 8.
    Ahora bien, Sivamos a hablar de la violencia, el asunto toma aún mayor trascendencia, porque lejos de verla desaparecer en el panorama colombiano, nos encontramos ante un fenómeno que involucra todo el orden social del país y que ha permeado todas las esferas posibles que puedan pensarse. Bajo esta perspectiva la violencia en Colombia es fruto de una multiplicidad de circunstancias: una clase dirigente totalmente excluyente y elitista, una sociedad injusta e intolerante, un Estado ineficaz y nulo para cumplir con las funciones universales que le corresponden, una país manejado según la conveniencia de lo ilegal, plagado de corrupción y malas administraciones gubernamentales; no queda más que plantear dos interrogantes que constituyen la gran panacea: ¿Qué puede esperarse que ocurra entonces en relación con la violencia en Colombia, bajo unas circunstancias como las anteriores? Y más complejo aún: ¿Cómo pensarse la construcción, desarrollo y evolución de un país que ha levantado sus bases y ha aprendido a vivir bajo la lógica de la violencia?
  • 9.
    BIBLIOGRAFÍA CRUZ RODRÍGUEZ, Edwin, Los estudios sobre El Paramilitarismo En Colombia. En: Análisis Político [En línea], Bogotá, 2007, Vol. 20, N. 60. pp. 117-134. GARCÍA-PEÑA JARAMILLO, Daniel. La relación del estado colombiano con el fenómeno paramilitar: por el esclarecimiento histórico. En: Análisis Político [En línea].Bogotá, 2005, Vol. 18, N .53, pp. 58-76. Disponible en: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=s0121- 47052005000100004&lng=es&nrm=iso. HUHLE, Rainer, La violencia Paramilitar en Colombia: Historia, estructuras, políticas del Estado e impacto Político. En: Revista del CESLA [En línea] 2001, N. 2. pp. 63- 81. KALYVAS, Stathis y ARJONA, Ana. Paramilitarismo: una perspectiva teórica. En: RANGEL, Alfredo (Editor), El poder paramilitar, Bogotá, Fundación Seguridad y Democracia- Planeta, 2005, pp. 25-45 OSPINA, William, El viejo Remedio, Revista Semana [En línea], Bogotá, 2 de octubre de 2010. Disponible en: http://www.elespectador.com/opinion/columnistasdelimpreso/william- ospina/columna-227426-el-viejo-remedio. ROMERO, Mauricio (Editor). Parapolítica La ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos [En línea]. Bogotá: Corporación Nuevo Arco Iris- ASDI-Intermedio Editores. 2007, 472 págs. Disponible en: http://www.nuevoarcoiris.org.co/sac/files/libros/Libro_parapolitica.pdf.