El documento analiza la diferencia entre hegemonía e imperio en el contexto del poder estadounidense, sugiriendo que la actual configuración del poder global ya no puede ser asociada exclusivamente a Estados Unidos. Se argumenta que la hegemonía se ejerce a través de formas complejas y diversas, a menudo sin la necesidad de un control territorial directo. La obra resalta la evolución de la política mundial y la necesidad de repensar el poder fuera de términos estrictamente territoriales.