ESPINETE
Era mitad de Junio y Espinete, un niño de 9 años, estaba muy contento
porque se acercaba el final de curso y la nota media de cuarto de EGB, el
curso que estaba estudiando, iba a ser de notable. Su alegría aumentaba al
recordar que en las vacaciones que estaban a la vuelta de la esquina
disfrutaría de la “bici” que sus padres habían prometido regalarle por haber
sido muy estudioso. Pero, a la vez, estaba algo apesumbrado pues había
observado durante la última semana que su madre estaba sería con él; y no
lo entendía, pues estaba seguro de que no le había dado ningún motivo.
Con el 22 de Junio llegaron las vacaciones. ¡Qué bien!, mañana no tengo
que madrugar, me estaré en la cama hasta mitad de la mañana y cuando me
levante, seguro que mis papás me han comprado la bici. Al día siguiente,
todo lo que había pensado se estaba cumpliendo, la bici ya estaba en su
casa. Se levantó, se aseó rápidamente y desayunó en un “plis-plas”, pues
enloquecía con sacar la bici a la calle para pasearse y enseñársela a sus
amigos. Se encaminaba a la calle, cuando sonó la voz seca de su mamá.
“Espinete, deja la bici donde estaba”. Pero, porqué, contestó aturdido
Espinete. Porque llevas 8 días haciéndote “pis” en la puerta de la casa. Yo
no me hago “pis” en la puerta de la casa, esas cosas las hago en el aseo,
mamá. ¿Cómo que no? Insistió su madre. Que no, te lo juro mamá, replicó
Espinete. Pues tendrás que demostrarlo, y la única forma es que si no eres
tú el que se hace “pis” en la puerta de la casa, me digas quién se hace;
mientras tanto, no podrás sacar la bici a la calle, ordenó su madre. Se quedó
muy serio y triste, pensó que no era justo lo que le estaba ocurriendo, él que
había estudiado mucho durante todo el curso, que no se había hecho “pis”
en la puerta de su casa y lo más difícil, ¿Cómo descubrir al culpable?
Durante todo el día no salió a la calle, su mente se concentró en buscar la
fórmula de descubrir al meón. Estaban a punto de cenar cuando sus ojos
comenzaron a brillar, ¡ya lo tengo! Exclamó. Me levantaré temprano todos
los días, desayunaré y me esconderé detrás del árbol que hay frente a la
casa y así descubriré al responsable. Se acostó temprano, se puso el
despertador a las ocho, tenía que trabajar duro si quería salir pronto del
castigo.
Sonó el despertador a la hora marcada, dio un salto de la cama, se aseó, se
vistió y desayunó en diez escasos minutos. Y, comenzó la tarea, se
escondió detrás del árbol. Estuvo toda la mañana, pero nadie se acercó. Se
hizo medio día y había que comer. ¡Comeré rápidamente y me saldré a
vigilar, espero tener más suerte esta tarde! Así lo hizo, comió y se salió a su
lugar de trabajo; cuando cruzaba el umbral de la puerta, le dio un fuerte
olor a “pis”. ¡Qué mala suerte!, no he tardado nada en comer y este
pequeño paréntesis ha sido aprovechado por “el meón” para hacer sus
menesteres. Estuvo toda la tarde escondido detrás del árbol, pero
lógicamente, fue una tarde sin resultados positivos. Se echó la noche y era
absurdo seguir vigilando, había que cenar y descansar, ¡mañana será otro
día! se dijo.
Llegó su segundo día de vigilante, se levantó temprano, desayunó y se
preparó un bocadillo para la hora de comer. No estaba dispuesto a que le
ocurriera lo mismo que el día anterior. ¡No me moveré en todo el día del
árbol, y si alguien osa hacer “pis” en la puerta de mi casa, lo descubriré!
Eran las 12 de la mañana cuando llegó su amiga Margarita. Hola Espinete,
tienes cara de cansado y ¿qué haces detrás del árbol?, le preguntó. Espinete
comenzó a contarle lo desgraciado y triste que se sentía, cuando…., “Lulú”,
el perro de Margarita, se acercó a la puerta de la casa, levantó la patita y se
hizo “pis”. ¡Repámpanos! exclamó Espinete, con que es tu perro el
culpable de mi lamentable situación. Margarita, hay que conseguir que
“Lulú” se haga “pis” en otro lugar, o de lo contrario no podré sacar la
“bici” que me han regalado mis papás. A partir de mañana, nos llevaremos
a “Lulú” al descampado que hay detrás de la casa de nuestro profesor de
Matemáticas. ¿Te parece bien que quedemos mañana a las 11?, le propuso
su amiga. Me parece muy bien, a las 11 en punto me tienes allí, contestó
Espinete.
Todavía no eran las 11 y ya estaba Espinete en casa de Margarita. Le
pusieron el collar a “Lulú” y comenzaron a caminar hacia el descapando
que había fijado como nuevo lugar de las evacuaciones del perrito. A mitad
del camino, “Lulú” quería girar hacia la derecha, pues por ahí se iba a casa
de Espinete, su lugar preferido para orinar. Lógicamente, no le dejaron,
debían conseguir que se acostumbrara al nuevo lugar. No fue nada fácil,
necesitaron otros 15 días hasta que “Lulú” asimiló su nuevo urinario y se
olvidara de la puerta de la casa de Espinete. Margarita y Espinete
terminaron tan agotados que al día siguiente estuvieron todo el día
durmiendo. Eran las 10 de la mañana, cuando un ruido despertó a Espinete.
¿Estoy despierto o estoy soñando? se preguntó, no se lo podría creer,
sonaba su canción preferida, “a mamá le falta un tornillo” del grupo “Bom
Bom Chip! Se levantó sigilosamente y sorpresa, todos sus amigos y amigas
estaban en el comedor y en medio, la bicicleta con una tarta de cinco pisos.
Su madre había organizado esta fiesta para pedirle disculpas por haberlo
castigado sin motivo, pero a la vez estaba orgullosa por lo constante que
fue Espinete hasta conseguir el objetivo que se marcó de descubrir al
“meón” y hacer que en solo 15 días “Lulú” ya no se hiciera “pis” en la
puerta de la casa.
Moraleja: “constancia es sinónimo de éxito”
Gabriel Catalán López (1989)
gabrielcatalan1@hotmail.com

Espinete

  • 1.
    ESPINETE Era mitad deJunio y Espinete, un niño de 9 años, estaba muy contento porque se acercaba el final de curso y la nota media de cuarto de EGB, el curso que estaba estudiando, iba a ser de notable. Su alegría aumentaba al recordar que en las vacaciones que estaban a la vuelta de la esquina disfrutaría de la “bici” que sus padres habían prometido regalarle por haber sido muy estudioso. Pero, a la vez, estaba algo apesumbrado pues había observado durante la última semana que su madre estaba sería con él; y no lo entendía, pues estaba seguro de que no le había dado ningún motivo. Con el 22 de Junio llegaron las vacaciones. ¡Qué bien!, mañana no tengo que madrugar, me estaré en la cama hasta mitad de la mañana y cuando me levante, seguro que mis papás me han comprado la bici. Al día siguiente, todo lo que había pensado se estaba cumpliendo, la bici ya estaba en su casa. Se levantó, se aseó rápidamente y desayunó en un “plis-plas”, pues enloquecía con sacar la bici a la calle para pasearse y enseñársela a sus amigos. Se encaminaba a la calle, cuando sonó la voz seca de su mamá. “Espinete, deja la bici donde estaba”. Pero, porqué, contestó aturdido Espinete. Porque llevas 8 días haciéndote “pis” en la puerta de la casa. Yo no me hago “pis” en la puerta de la casa, esas cosas las hago en el aseo, mamá. ¿Cómo que no? Insistió su madre. Que no, te lo juro mamá, replicó Espinete. Pues tendrás que demostrarlo, y la única forma es que si no eres tú el que se hace “pis” en la puerta de la casa, me digas quién se hace; mientras tanto, no podrás sacar la bici a la calle, ordenó su madre. Se quedó muy serio y triste, pensó que no era justo lo que le estaba ocurriendo, él que había estudiado mucho durante todo el curso, que no se había hecho “pis” en la puerta de su casa y lo más difícil, ¿Cómo descubrir al culpable? Durante todo el día no salió a la calle, su mente se concentró en buscar la fórmula de descubrir al meón. Estaban a punto de cenar cuando sus ojos comenzaron a brillar, ¡ya lo tengo! Exclamó. Me levantaré temprano todos los días, desayunaré y me esconderé detrás del árbol que hay frente a la casa y así descubriré al responsable. Se acostó temprano, se puso el despertador a las ocho, tenía que trabajar duro si quería salir pronto del castigo. Sonó el despertador a la hora marcada, dio un salto de la cama, se aseó, se vistió y desayunó en diez escasos minutos. Y, comenzó la tarea, se escondió detrás del árbol. Estuvo toda la mañana, pero nadie se acercó. Se hizo medio día y había que comer. ¡Comeré rápidamente y me saldré a vigilar, espero tener más suerte esta tarde! Así lo hizo, comió y se salió a su
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    lugar de trabajo;cuando cruzaba el umbral de la puerta, le dio un fuerte olor a “pis”. ¡Qué mala suerte!, no he tardado nada en comer y este pequeño paréntesis ha sido aprovechado por “el meón” para hacer sus menesteres. Estuvo toda la tarde escondido detrás del árbol, pero lógicamente, fue una tarde sin resultados positivos. Se echó la noche y era absurdo seguir vigilando, había que cenar y descansar, ¡mañana será otro día! se dijo. Llegó su segundo día de vigilante, se levantó temprano, desayunó y se preparó un bocadillo para la hora de comer. No estaba dispuesto a que le ocurriera lo mismo que el día anterior. ¡No me moveré en todo el día del árbol, y si alguien osa hacer “pis” en la puerta de mi casa, lo descubriré! Eran las 12 de la mañana cuando llegó su amiga Margarita. Hola Espinete, tienes cara de cansado y ¿qué haces detrás del árbol?, le preguntó. Espinete comenzó a contarle lo desgraciado y triste que se sentía, cuando…., “Lulú”, el perro de Margarita, se acercó a la puerta de la casa, levantó la patita y se hizo “pis”. ¡Repámpanos! exclamó Espinete, con que es tu perro el culpable de mi lamentable situación. Margarita, hay que conseguir que “Lulú” se haga “pis” en otro lugar, o de lo contrario no podré sacar la “bici” que me han regalado mis papás. A partir de mañana, nos llevaremos a “Lulú” al descampado que hay detrás de la casa de nuestro profesor de Matemáticas. ¿Te parece bien que quedemos mañana a las 11?, le propuso su amiga. Me parece muy bien, a las 11 en punto me tienes allí, contestó Espinete. Todavía no eran las 11 y ya estaba Espinete en casa de Margarita. Le pusieron el collar a “Lulú” y comenzaron a caminar hacia el descapando que había fijado como nuevo lugar de las evacuaciones del perrito. A mitad del camino, “Lulú” quería girar hacia la derecha, pues por ahí se iba a casa de Espinete, su lugar preferido para orinar. Lógicamente, no le dejaron, debían conseguir que se acostumbrara al nuevo lugar. No fue nada fácil, necesitaron otros 15 días hasta que “Lulú” asimiló su nuevo urinario y se olvidara de la puerta de la casa de Espinete. Margarita y Espinete terminaron tan agotados que al día siguiente estuvieron todo el día durmiendo. Eran las 10 de la mañana, cuando un ruido despertó a Espinete. ¿Estoy despierto o estoy soñando? se preguntó, no se lo podría creer, sonaba su canción preferida, “a mamá le falta un tornillo” del grupo “Bom Bom Chip! Se levantó sigilosamente y sorpresa, todos sus amigos y amigas estaban en el comedor y en medio, la bicicleta con una tarta de cinco pisos. Su madre había organizado esta fiesta para pedirle disculpas por haberlo castigado sin motivo, pero a la vez estaba orgullosa por lo constante que fue Espinete hasta conseguir el objetivo que se marcó de descubrir al
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    “meón” y hacerque en solo 15 días “Lulú” ya no se hiciera “pis” en la puerta de la casa. Moraleja: “constancia es sinónimo de éxito” Gabriel Catalán López (1989) gabrielcatalan1@hotmail.com