La estimulación temprana es crucial para el desarrollo óptimo del cerebro del bebé, potenciando funciones cognitivas, lingüísticas, motoras y sociales desde el nacimiento. Esta estímulación debe ser abundante, periódica y de buena calidad, abarcando todas las áreas del desarrollo. La máxima plasticidad cerebral se presenta entre el nacimiento y los tres años, lo que hace indispensable proporcionar estímulos adecuados para un crecimiento sano.