La ética médica se basa en tres principios fundamentales: autonomía, beneficencia y justicia. La autonomía se refiere al derecho de los pacientes a tomar sus propias decisiones sobre su tratamiento. El principio de beneficencia establece que los médicos deben actuar para prevenir o reducir el daño a los pacientes. El principio de justicia requiere que todos tengan un acceso igualitario a la atención médica.