La RCP debe iniciarse de forma precoz para maximizar los beneficios para el paciente, a menos que existan instrucciones previas de no reanimación, signos indiscutibles de muerte o riesgos graves para el reanimador. La RCP solo debe suspenderse después de al menos 20 minutos si no se recupera la circulación espontánea o no hay causas tratables del paro. Es importante equilibrar los principios éticos de autonomía, beneficencia y no maleficencia al decidir cuándo iniciar o suspender la RCP.