Sócrates responde a las acusaciones en su contra en el tribunal. Se le acusa de corromper a los jóvenes al enseñarles nuevas divinidades y de no creer en los dioses de la ciudad. Sócrates refuta estos cargos argumentando que él no corrompe a los jóvenes voluntariamente, y que sus creencias sobre las divinidades no contradicen a los dioses de la ciudad. Las acusaciones se originan porque después de que el Oráculo de Delfos dijera que nadie era más sabio que Sócrates