Alessandro Mendini diseñó el icónico sillón Proust en 1978. Cubrió una butaca neobarroca del siglo XVIII con puntos de colores que reproducían una pintura puntillista, combinando impresionismo y barroco. El sillón cuestiona los principios del buen diseño al saturarlo de ornamentación, convirtiéndose en un símbolo del "diseño banal" de Mendini.