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Juan Pablo II, encíclica “Fides et ratio” sobre la Sabiduría


        Importante documento al que el Papa Juan Pablo II ya hizo referencia el año 82.
Pasados dieciséis años, el 14.X.1998, se publicó la encíclica “Fides et ratio”. Este
retraso no fue debido a la pereza, sino por a la necesidad de proporcionar un documento
muy medido sobre los presupuestos de una acertada labor filosófica. ¿Qué quiso decir el
Papa?: la necesidad de “evitar un escepticismo” que invade cada vez más la
investigación filosófica, tan nefasto para la filosofía como para la teología.

1. Por eso dice el Papa que los motivos que han llevado a la publicación de la encíclica
han sido:

        a) Denunciar: Incapacidad de la filosofía moderna para elevar la mirada a lo alto.
Incapacidad para de trascendencia. ¿Y por qué no puede elevarse? Por abandonar la
filosofía del ser para centrarse en el conocimiento. El excesivo criticismo auto-devora la
filosofía limitándola al plano de lo empírico y lo sensible. Denuncia el documento que
la Filosofía en lugar de apoyarse en «la capacidad del hombre para conocer», ha
preferido destacar «sus límites» lo que le ha conducido «al agnosticismo, al relativismo,
al escepticismo». Considerar que todas las posiciones son igualmente válidas conduce a
la ¡desconfianza en la verdad!, a no trascender el plano de lo opinable. Esta actitud es
calificada como falsa modestia intelectual, que se sintetiza en un “no podemos”.

                  En el n. 5 se lee: «En consecuencia han surgido en el hombre contemporáneo,
         y no sólo entre algunos filósofos, actitudes de difusa desconfianza respecto de los
         grandes recursos cognoscitivos del ser humano. Con falsa modestia, se conforman
         con verdades parciales y provisionales, sin intentar hacer preguntas radicales sobre el
         sentido y el fundamento último de la vida humana, personal y social. Ha decaído, en
         definitiva, la esperanza de poder recibir de la filosofía respuestas definitivas a tales
         preguntas».

       b) Proponer objetivos, dar criterios sobre el quehacer filosófico. Criterios que
marquen el rumbo adecuado para los que se dedican a estas tareas, de manera que todo
aquel que sienta amor por la sabiduría pueda emprender el camino adecuado para
alcanzarla y encontrar en la misma «descanso a su fatiga y gozo espiritual». En tal
sentido dice el n. 6:

                «Por este motivo he decidido dirigirme a vosotros, queridos Hermanos en el
       Episcopado, con los cuales comparto la misión de anunciar ‘abiertamente la verdad’ (2
       Cor 4,2), como también a los teólogos y filósofos, a los que corresponde el deber de
       investigar sobre los diversos aspectos de la verdad, y asimismo a las personas que la
       buscan, para exponer algunas reflexiones sobre la vía que conduce a la verdadera
       sabiduría, a fin de que quien sienta el amor por ella pueda emprender el camino
       adecuado para alcanzarla y encontrar en la misma descanso a su fatiga y gozo
       espiritual».

2. Afirmaciones sobre el hombre y la verdad

a) El hombre es aquel que busca la verdad. Así lo expresa en el n. 28.

               Pero, a pesar de esto, incluso cuando la evita, siempre es la verdad la que
       influye sobre su existencia; en efecto, él nunca podría fundar la propia vida sobre la


                                                                                               1
duda, la incertidumbre o la mentira; tal existencia estaría continuamente amenazada por
       el miedo y la angustia. Se puede definir, pues, al hombre como aquel que busca la
       verdad.


b) Capacidad del hombre para alcanzar la verdad. En el n. 29 se señala que esta
búsqueda de la verdad no es vana. El hombre empieza teniendo «cierto conocimiento»
que le lleva a interrogarse sobre la realidad. Esto sucede también en el plano científico:
lo primero son las «intuiciones» que posteriormente habrá que verificar. La verificación
de las intuiciones lleva al progreso en el conocimiento. Todo ello lleva a confirmar la
capacidad del hombre para alcanzar la verdad.

c) Validez de las facultades cognoscitivas. Los sentidos y la razón no son medios de
desconocimiento. Rasgo importantísimo es la afirmación de la validez de las facultades
cognoscitivas. Afirmación de gran valor frente a la evolución de la filosofía que de
modo progresivo ha ido cayendo en el escepticismo. Desconfianza ha llevado a «negar
la posibilidad de conocimientos trascendentes».

d) El hombre es naturalmente filósofo. Para a continuación en el mismo número
decirnos que «cada hombre es un filósofo». [En el n. 64 nos dice que: el hombre es
naturalmente filósofo]. Tiene una visión global de la realidad que es el fundamento de
su conducta.

                Cada hombre, como ya he dicho, es, en cierto modo, filósofo y posee
       concepciones filosóficas propias con las cuales orienta su vida. De un modo u otro, se
       forma una visión global y una respuesta sobre el sentido de la propia existencia. Con
       esta luz interpreta sus vicisitudes personales y regula su comportamiento.

       Deducimos en primer lugar que, aunque a veces sea de modo inconsciente, en el
comportamiento de cada hombre se da una actitud filosófica. Por otra parte que esto se
da también en la gente sencilla.

e) Y finalmente el Santo Padre invita a cada hombre a elaborar su propia filosofía: cada
hombre debe ser de algún modo un filósofo. Una persona que investiga la verdad.


3. La Iglesia no tiene un sistema filosófico propio.

        La Iglesia no ha canonizado ninguna filosofía. Es más, el Papa alienta a un sano
pluralismo, e indica que quienes piensen que su sistema filosófico es el único valido
incurren en soberbia filosófica. Así dice el n. 49:

               La Iglesia no propone una filosofía propia ni canoniza una filosofía en
       particular con menoscabo de otras. (En el mismo sentido el n. 4 afirma: “Gracias a
       este proceso, en diferentes contextos culturales y en diversas épocas, se han alcanzado
       resultados que han llevado a la elaboración de verdaderos sistemas de pensamiento.
       Históricamente esto ha provocado a menudo la tentación de identificar una sola
       corriente con todo el pensamiento filosófico. Pero es evidente que, en estos casos, entra
       en juego una cierta ‘soberbia filosófica’ que pretende erigir la propia perspectiva
       incompleta en lectura universal”).




                                                                                              2
El Papa continúa afirmando algo de gran valor: La prioridad del pensar sobre el
sistema. En este número 4 señala que conviene destacar que todo sistema filosófico
debe reconocer la prioridad del pensar filosófico sobre el sistema. Lo importante no es
el sistema, sino que el hombre piense. Lo importante es la reflexión y crítica personal;
es decir «pensar por sí mismo».

               En realidad, todo sistema filosófico, aun con respeto siempre de su integridad ...
       debe reconocer la prioridad del pensar filosófico, en el cual tiene su origen y al cual
       debe servir de forma coherente.


4. Existencia de un patrimonio filosófico básico de la Humanidad

        No todo es espontaneidad. La tarea filosófica a pesar de su variedad ha
conseguido unas conquistas comunes que son patrimonio espiritual de la Humanidad
(principio de no contradicción, de finalidad, de causalidad, la persona humana como
sujeto libre e inteligente, la capacidad de conocer a Dios, la verdad y el Bien). Éstas
deberían ser patrimonio de todos los filósofos.

               Piénsese, por ejemplo, en los principios de no contradicción, de finalidad, de
        causalidad, como también en la concepción de la persona como sujeto libre e
        inteligente y en su capacidad de conocer a Dios, la verdad y el bien; piénsese, además,
        en algunas normas morales fundamentales que son comúnmente aceptadas. Estos y
        otros temas indican que, prescindiendo de las corrientes de pensamiento, existe un
        conjunto de conocimientos en los cuales es posible reconocer una especie de
        patrimonio espiritual de la humanidad.

5. Valor de la filosofía de Santo Tomás

        La encíclica señala a Santo Tomás como maestro a quien imitar, en su talante,
aunque no necesariamente en sus fórmulas. Juan Pablo II señala la importancia de
seguir la filosofía perenne y de modo especial a Santo Tomás, pero concreta cómo hay
que seguir al Santo. Así en el n. 43 se presenta a Tomás de Aquino como modelo de
apertura de pensamiento. El Santo valora las aportaciones de hebreos y árabes, al
tiempo que toma de la filosofía griega —Aristóteles— todo aquello que pueda servirle.
Además de esta actitud abierta también debe ser imitado en su modo de concebir las
relaciones entre razón y fe. # Entiendo que es este el rasgo más llamativo de la
encíclica. La Encíclica Aeterni Patris de Leon XIII está plenamente dedicada a ensalzar
a Santo Tomás. Juan Pablo II sin dejar de alabar a Santo Tomás invita a una actitud de
mayor apertura y recoge una cita de Pablo VI:

               No cabe duda que santo Tomás poseyó en grado eximio audacia para la
        búsqueda de la verdad, libertad de espíritu para afrontar problemas nuevos y la
        honradez intelectual propia de quien, no tolerando que el cristianismo se contamine
        con la filosofía pagana, sin embargo no rechaza a priori esta filosofía. (En el número
        44, al final, insiste en esta apertura de Santo Tomás): Convencido profundamente de
        que «omne verum a quocumque dicatur a Spiritu Sancto est», Santo Tomás amó de
        manera desinteresada la verdad. La buscó allí donde pudiera manifestarse, poniendo
        de relieve al máximo su universalidad...

      Reacciones ante la encíclica Aeterni Patris. a) La encíclica Aeterni Patris
impulsó el estudio de las enseñanzas del Doctor Angélico como el mejor camino para

                                                                                               3
recuperar un uso de la filosofía conforme a las exigencias de la fe. El n. 58 expone las
consecuencias de la encíclica citada por cuanto supuso un impulso y «renovación de la
tradición tomista». b) Pero hubo otros caminos. En este sentido es de interés lo que se
lee en el n. 59 por cuanto el Papa señala que, al mismo tiempo que la renovación del
tomismo, hubo otros intentos de hacer filosofía de inspiración cristiana. Así dice este
número.

                La renovación tomista y neotomista no ha sido el único signo de
         restablecimiento del pensamiento filosófico en la cultura de inspiración
         cristiana. Ya antes, y paralelamente a la propuesta de León XIII, habían
         surgido no pocos filósofos católicos que elaboraron obras filosóficas de gran
         influjo y de valor perdurable, enlazando con corrientes de pensamiento más
         recientes, de acuerdo con una metodología propia.»

6. Limitaciones de la razón humana: el auxilio de la Revelación

        Una vez señalado el optimismo del Papa en lo que se refiere a las facultades
cognoscitivas, es preciso recordar lo que dice acerca de sus limitaciones. La razón
humana está herida de manera que sóla encuentra dificultades a veces insalvables en su
búsqueda de la verdad. La razón necesita ser auxiliada. De manera que así como la
gracia sana y eleva la naturaleza, así también la revelación eleva y sana a la inteligencia
humana.

                Como la gracia supone la naturaleza y la perfecciona, así la fe supone y
         perfecciona la razón (la fe ayuda a la razón). Esta última, iluminada por la fe, es
         liberada de la fragilidad y de los límites que derivan de la desobediencia del pecado y
         encuentra la fuerza necesaria para elevarse al conocimiento del misterio de Dios Uno
         y Trino.

        Por ello no debemos desalentarnos ante las dificultades. A pesar de las
limitaciones el hombre, dice el n. 21, debe esforzarse por encontrar la verdad —no
abandonar lo difícil— ayudado por la revelación de Dios. El hombre ha sido creado
como explorador de la verdad a pesar del continuo chantaje de la duda.

                Sin embargo a pesar de la dificultad, el creyente no se rinde. La fuerza para
         continuar su camino hacia la verdad le viene de la certeza de que Dios lo ha creado
         como un «explorador» (cf. Ecl 1,13), cuya misión es no dejar nada sin probar a pesar
         del continuo chantaje de la duda. Apoyándose en Dios, se dirige, siempre y en todas
         partes, hacia lo que es bello, bueno y verdadero.


        El Verbo viene a iluminar la razón natural. La filosofía se plantea problemas que
difícilmente puede solucionar debido las consecuencias del pecado. Por eso Dios quiso
revelarse para asumir en el tiempo el rostro de hombre. De manera que como dice la
Const. Gaudium et spes «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del
Verbo encarnado». Fuera de esa perspectiva, el misterio de la existencia personal
resulta un enigma insoluble.

7. La verdad es una: no cabe la doble verdad

       El nombre de Averroes y el averroísmo latino nos conduce a la falsa doctrina de
la doble verdad. El hombre puede alcanzar la sabiduría mediante la fe y la razón. Ambas


                                                                                              4
se complementan y ayudan. Prescindir de uno de estos elementos no se produce sin
grave perjuicio. La unidad de la verdad hace que el creyente que filosofa no olvide la
otra fuente de conocimiento. Sobre este punto se pronuncia el Papa en el n. 34:

              Esta verdad, que Dios nos revela en Jesucristo, no está en contraste con
         las verdades que se alcanzan filosofando. Más bien los dos órdenes de
         conocimiento conducen a la verdad en su plenitud. La unidad de la verdad es
         ya un postulado fundamental de la razón humana, expresado en el principio de
         no contradicción.

        Y trae a colación un texto de Galileo. En nota 29 sobre este n. 34 abunda en la
misma doctrina citando dos textos; uno de Galileo y otro del Concilio Vaticano II. Así
se lee la cita sobre Galileo:

                [Galileo] declaró explícitamente que las dos verdades, la de la fe y la de
         la ciencia, no pueden contradecirse jamás. «La Escritura santa y la naturaleza,
         al provenir ambas del Verbo divino, la primera en cuanto dictada por el
         Espíritu Santo, y la segunda en cuanto ejecutora fidelísima de las órdenes de
         Dios», según escribió en la carta al P. Benedetto Castelli el 21 de diciembre de
         1613».

8. Funestas consecuencias de la ruptura de la filosofía con la teología.

        Después del período patrístico y de la filosofía medieval donde caminaban de la
mano ambas disciplinas se inició la tendencia a separarlas lo que no ha sido sin
perjuicio para ambos campos del saber. Una filosofía sin fe fácilmente se pierde y una
teología sin razón no deja de ser un puro fideísmo.

       Citamos el n. 48:

               La fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia,
         corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal. Es ilusorio pensar
         que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisividad; al contrario, cae en el
         grave peligro de ser reducida a mito o superstición. Del mismo modo, una
         razón que no tenga ante sí una fe adulta no se siente motivada a dirigir la
         mirada hacia la novedad y radicalidad del ser.

        a) La filosofía y la teología consideradas como las dos alas que son necesarias
para elevarse al plano de la sabiduría

       La enseñanza central del documento papal es que la filosofía y la teología se
necesitan mutuamente. La teología necesita de la Filosofía: motivos de credibilidad (la
demostración de la existencia de Dios o de la existencia de una revelación sobrenatural.
También necesita que la filosofía le proporcione los conceptos que necesita para
formular su doctrina. Por otra parte hay que decir que en ocasiones ha sido la teología la
que ha hecho avanzar a la filosofía, por ejemplo el concepto de persona. A todo ello hay
que añadir que no tiene sentido contraponer razón y fe, pues la razón es precisa para
profundizar en los misterios, éstos son inabarcables, pero eso no quiere decir que no se
pueda avanzar de modo progresivo en su conocimiento. Pensemos en la Trinidad.




                                                                                        5
Por otra a parte la filosofía necesita de la fe porque aunque tenga capacidad para
la verdad no es difícil que yerre en el intento. La fe le proporciona la solución a los
problemas que tiene planteados. Sin caer en el fideísmo la fe puede ayudas a advertir
que nos hemos salido del camino para volver atrás retomando los métodos de la
filosofía. La Iglesia necesita abrir nuevos caminos en el campo de las ideas si quiere
recuperar el protagonismo en el mundo actual. La batalla de las ideas es necesaria.

        b) Filosofía Cristiana. Influjo benéfico de la fe en la razón. Al hablar de
«filosofía cristiana» se trata de ver todo lo que ha supuesto el cristianismo en cuanto
«aportación» a la investigación filosófica. Esta aportación se produce tanto en el
«ámbito subjetivo» de la persona en cuanto que la gracia libera al hombre (hombre
redimido), como también en el «plano objetivo», por cuanto que la revelación nos
proporciona muchas verdades que iluminan la mente humana. En tal sentido leemos en
el n. 76:

                 (Subjetiva)...Con este apelativo se quiere indicar más bien un modo de filosofar
         cristiano, una especulación filosófica concebida en unión vital con la fe...Hablando de
         filosofía cristiana, se pretende abarcar todos los progresos importantes del
         pensamiento filosófico que no se hubieran realizado sin la aportación, directa o
         indirecta, de la fe cristiana.
                (objetiva).....Además está el aspecto objetivo, que afecta a los contenidos. La
         Revelación propone claramente algunas verdades que, aun no siendo por naturaleza
         inaccesibles a la razón, tal vez no hubieran sido nunca descubiertas por ella, si se la
         hubiera dejado sola. En este horizonte se sitúan cuestiones como el concepto de un
         Dios personal, libre y creador, que tanta importancia ha tenido para el desarrollo del
         pensamiento filosófico y, en particular, para la filosofía del ser.

        c) El servicio que se prestan la filosofía y la teología es recíproco y como dice la
encíclica circular. Ambas disciplinas se están constantemente enriqueciendo. Reflejo de
ello es el texto de S. Anselmo que recoge la encíclica donde señala la limitación de la
mente humana y, al mismo tiempo el atractivo que ejerce sobre ella el dato revelado
como objeto de reflexión. En el n. 14 leemos:

               ... San Anselmo. En su Proslogion, el arzobispo de Canterbury se expresa
         así: «Dirigiendo frecuentemente y con fuerza mi pensamiento a este problema,
         a veces me parecía poder alcanzar lo que buscaba; otras veces, sin embargo, se
         escapaba completamente de mi pensamiento; hasta que, al final, desconfiando
         de poderlo encontrar, quise dejar de buscar algo que era imposible encontrar.
         Pero cuando quise alejar de mí ese pensamiento porque, ocupando mi mente,
         no me distrajese de otros problemas de los cuales pudiera sacar algún
         provecho, entonces comenzó a presentarse con mayor importunación [...] Pero,
         pobre de mí, uno de los pobres hijos de Eva, lejano de Dios, ¿qué he empezado
         a hacer y qué he logrado?, ¿qué buscaba y qué he logrado?, ¿a qué aspiraba y
         por qué suspiro? [...] Oh Señor, tú no eres solamente aquel de quien no se
         puede pensar nada mayor (non solum es quo maius cogitari nequit), sino que
         eres más grande de todo lo que se pueda pensar (quiddam maius quam cogitari
         possit) [...] Si tú no fueses así, se podría pensar alguna cosa más grande que tú,
         pero esto no puede ser».

      d) La revelación como verdadera estrella. La revelación cristiana nos permite
comprender el misterio de nuestra propia vida, es la verdadera estrella que orienta al


                                                                                               6
hombre que avanza entre los condicionamientos de la mentalidad inmanentista y las
estrecheces de una lógica tecnocrática, es la última posibilidad que Dios ofrece
gratuitamente para encontrar en plenitud el proyecto originario de amor iniciado con la
creación.

9. Juan Pablo II nos muestra como modelos filósofos que han sabido cultivar al mismo
tiempo fe y razón.

       Propone como modelos de pensadores en la antigüedad a san Gregorio
Nacianceno y a san Agustín. En la Edad Media a san Anselmo, san Buenaventura y
santo Tomás. Finalmente, ya en tiempos muy recientes, a Newman, Rosmini, Gilson y
Stein en Occidente y a Soloviov, Florenskij, Caadaev y Losskij en Oriente. Como se
puede observar se trata de pensadores de muy diverso talante y modo de pensar: es
evidente que no se trata de un elenco de filósofos que pertenecieron a una escuela
determinada.

              Según las palabras del Papa no se citan para avalar ningún aspecto de su
        pensamiento, sino como ejemplo de hombres que supieron realizar su búsqueda
        filosófica confrontándola con los datos de la fe.

10. Exigencias que impone a la filosofía la palabra de Dios:

a) Dimensión sapiencial de la filosofía: En definitiva alcanzar la existencia de Dios, la
espiritualidad del alma, los preceptos de una vida santa. Se trata en definitiva de un
rechazo del positivismo pragmático. En el n. 81 el Papa hace unas observaciones de un
valor trascendental y que podemos resumir en las siguientes palabras: una filosofía que
no trascienda este mundo terreno es una filosofía que ha fracasado. La filosofía no
puede limitarse a ser una instancia crítica, sino que ha de saber resolver los problemas
fundamentales del hombre.

b) Rechazo de una filosofía de talante fenomenista. Conocemos cosas. No podemos
permanecer en un permanente subjetivismo gnoseológico. Rechazo del inmanentismo
filosófico. Frente al desarrollo de la filosofía moderna que normalmente se ha
conducido por vías de fenomenismo; el Papa señala como camino seguro el realismo en
el conocimiento. El filósofo no puede pensar que «un más allá de mis actos de
pensamiento es problemático». No dispongo mas que del «fenómeno», pero no puedo
hablar de la «cosa en sí». El conocimiento sirve para conocer como son las cosas; es
decir, sirve para alcanzar la verdad que no es otra cosa que «adecuación de la cosa y la
inteligencia». No solamente nos conocemos a nosotros mismos y nuestra afecciones,
sino que conocemos realidad que están más allá de nuestra propia subjetividad.

c) La filosofía ha de tener un alcance metafísico. Con la palabra metafísico se está
refiriendo a un modo de filosofar que permita traspasar lo puramente fenoménico. El
hombre por medio de la razón puede trascender el conocimiento sensible y elevarse al
orden de lo divino: no queda encerrado en el plano sensible.

               Dice el Papa que al señalar como camino la metafísica no pretende apoyar una
       escuela determinada, sino un modo de filosofar que no se queda en «lo fáctico y
       empírico», sino que se eleva a verdades trascendentes. La filosofía debe conducir al
       absoluto transcendiendo los datos que proporciona la realidad. También ha de ser capaz
       de mostrar la naturaleza espiritual del hombre.


                                                                                            7
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Fides et ratio juan pablo ii acerca del hombre

  • 1. Juan Pablo II, encíclica “Fides et ratio” sobre la Sabiduría Importante documento al que el Papa Juan Pablo II ya hizo referencia el año 82. Pasados dieciséis años, el 14.X.1998, se publicó la encíclica “Fides et ratio”. Este retraso no fue debido a la pereza, sino por a la necesidad de proporcionar un documento muy medido sobre los presupuestos de una acertada labor filosófica. ¿Qué quiso decir el Papa?: la necesidad de “evitar un escepticismo” que invade cada vez más la investigación filosófica, tan nefasto para la filosofía como para la teología. 1. Por eso dice el Papa que los motivos que han llevado a la publicación de la encíclica han sido: a) Denunciar: Incapacidad de la filosofía moderna para elevar la mirada a lo alto. Incapacidad para de trascendencia. ¿Y por qué no puede elevarse? Por abandonar la filosofía del ser para centrarse en el conocimiento. El excesivo criticismo auto-devora la filosofía limitándola al plano de lo empírico y lo sensible. Denuncia el documento que la Filosofía en lugar de apoyarse en «la capacidad del hombre para conocer», ha preferido destacar «sus límites» lo que le ha conducido «al agnosticismo, al relativismo, al escepticismo». Considerar que todas las posiciones son igualmente válidas conduce a la ¡desconfianza en la verdad!, a no trascender el plano de lo opinable. Esta actitud es calificada como falsa modestia intelectual, que se sintetiza en un “no podemos”. En el n. 5 se lee: «En consecuencia han surgido en el hombre contemporáneo, y no sólo entre algunos filósofos, actitudes de difusa desconfianza respecto de los grandes recursos cognoscitivos del ser humano. Con falsa modestia, se conforman con verdades parciales y provisionales, sin intentar hacer preguntas radicales sobre el sentido y el fundamento último de la vida humana, personal y social. Ha decaído, en definitiva, la esperanza de poder recibir de la filosofía respuestas definitivas a tales preguntas». b) Proponer objetivos, dar criterios sobre el quehacer filosófico. Criterios que marquen el rumbo adecuado para los que se dedican a estas tareas, de manera que todo aquel que sienta amor por la sabiduría pueda emprender el camino adecuado para alcanzarla y encontrar en la misma «descanso a su fatiga y gozo espiritual». En tal sentido dice el n. 6: «Por este motivo he decidido dirigirme a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado, con los cuales comparto la misión de anunciar ‘abiertamente la verdad’ (2 Cor 4,2), como también a los teólogos y filósofos, a los que corresponde el deber de investigar sobre los diversos aspectos de la verdad, y asimismo a las personas que la buscan, para exponer algunas reflexiones sobre la vía que conduce a la verdadera sabiduría, a fin de que quien sienta el amor por ella pueda emprender el camino adecuado para alcanzarla y encontrar en la misma descanso a su fatiga y gozo espiritual». 2. Afirmaciones sobre el hombre y la verdad a) El hombre es aquel que busca la verdad. Así lo expresa en el n. 28. Pero, a pesar de esto, incluso cuando la evita, siempre es la verdad la que influye sobre su existencia; en efecto, él nunca podría fundar la propia vida sobre la 1
  • 2. duda, la incertidumbre o la mentira; tal existencia estaría continuamente amenazada por el miedo y la angustia. Se puede definir, pues, al hombre como aquel que busca la verdad. b) Capacidad del hombre para alcanzar la verdad. En el n. 29 se señala que esta búsqueda de la verdad no es vana. El hombre empieza teniendo «cierto conocimiento» que le lleva a interrogarse sobre la realidad. Esto sucede también en el plano científico: lo primero son las «intuiciones» que posteriormente habrá que verificar. La verificación de las intuiciones lleva al progreso en el conocimiento. Todo ello lleva a confirmar la capacidad del hombre para alcanzar la verdad. c) Validez de las facultades cognoscitivas. Los sentidos y la razón no son medios de desconocimiento. Rasgo importantísimo es la afirmación de la validez de las facultades cognoscitivas. Afirmación de gran valor frente a la evolución de la filosofía que de modo progresivo ha ido cayendo en el escepticismo. Desconfianza ha llevado a «negar la posibilidad de conocimientos trascendentes». d) El hombre es naturalmente filósofo. Para a continuación en el mismo número decirnos que «cada hombre es un filósofo». [En el n. 64 nos dice que: el hombre es naturalmente filósofo]. Tiene una visión global de la realidad que es el fundamento de su conducta. Cada hombre, como ya he dicho, es, en cierto modo, filósofo y posee concepciones filosóficas propias con las cuales orienta su vida. De un modo u otro, se forma una visión global y una respuesta sobre el sentido de la propia existencia. Con esta luz interpreta sus vicisitudes personales y regula su comportamiento. Deducimos en primer lugar que, aunque a veces sea de modo inconsciente, en el comportamiento de cada hombre se da una actitud filosófica. Por otra parte que esto se da también en la gente sencilla. e) Y finalmente el Santo Padre invita a cada hombre a elaborar su propia filosofía: cada hombre debe ser de algún modo un filósofo. Una persona que investiga la verdad. 3. La Iglesia no tiene un sistema filosófico propio. La Iglesia no ha canonizado ninguna filosofía. Es más, el Papa alienta a un sano pluralismo, e indica que quienes piensen que su sistema filosófico es el único valido incurren en soberbia filosófica. Así dice el n. 49: La Iglesia no propone una filosofía propia ni canoniza una filosofía en particular con menoscabo de otras. (En el mismo sentido el n. 4 afirma: “Gracias a este proceso, en diferentes contextos culturales y en diversas épocas, se han alcanzado resultados que han llevado a la elaboración de verdaderos sistemas de pensamiento. Históricamente esto ha provocado a menudo la tentación de identificar una sola corriente con todo el pensamiento filosófico. Pero es evidente que, en estos casos, entra en juego una cierta ‘soberbia filosófica’ que pretende erigir la propia perspectiva incompleta en lectura universal”). 2
  • 3. El Papa continúa afirmando algo de gran valor: La prioridad del pensar sobre el sistema. En este número 4 señala que conviene destacar que todo sistema filosófico debe reconocer la prioridad del pensar filosófico sobre el sistema. Lo importante no es el sistema, sino que el hombre piense. Lo importante es la reflexión y crítica personal; es decir «pensar por sí mismo». En realidad, todo sistema filosófico, aun con respeto siempre de su integridad ... debe reconocer la prioridad del pensar filosófico, en el cual tiene su origen y al cual debe servir de forma coherente. 4. Existencia de un patrimonio filosófico básico de la Humanidad No todo es espontaneidad. La tarea filosófica a pesar de su variedad ha conseguido unas conquistas comunes que son patrimonio espiritual de la Humanidad (principio de no contradicción, de finalidad, de causalidad, la persona humana como sujeto libre e inteligente, la capacidad de conocer a Dios, la verdad y el Bien). Éstas deberían ser patrimonio de todos los filósofos. Piénsese, por ejemplo, en los principios de no contradicción, de finalidad, de causalidad, como también en la concepción de la persona como sujeto libre e inteligente y en su capacidad de conocer a Dios, la verdad y el bien; piénsese, además, en algunas normas morales fundamentales que son comúnmente aceptadas. Estos y otros temas indican que, prescindiendo de las corrientes de pensamiento, existe un conjunto de conocimientos en los cuales es posible reconocer una especie de patrimonio espiritual de la humanidad. 5. Valor de la filosofía de Santo Tomás La encíclica señala a Santo Tomás como maestro a quien imitar, en su talante, aunque no necesariamente en sus fórmulas. Juan Pablo II señala la importancia de seguir la filosofía perenne y de modo especial a Santo Tomás, pero concreta cómo hay que seguir al Santo. Así en el n. 43 se presenta a Tomás de Aquino como modelo de apertura de pensamiento. El Santo valora las aportaciones de hebreos y árabes, al tiempo que toma de la filosofía griega —Aristóteles— todo aquello que pueda servirle. Además de esta actitud abierta también debe ser imitado en su modo de concebir las relaciones entre razón y fe. # Entiendo que es este el rasgo más llamativo de la encíclica. La Encíclica Aeterni Patris de Leon XIII está plenamente dedicada a ensalzar a Santo Tomás. Juan Pablo II sin dejar de alabar a Santo Tomás invita a una actitud de mayor apertura y recoge una cita de Pablo VI: No cabe duda que santo Tomás poseyó en grado eximio audacia para la búsqueda de la verdad, libertad de espíritu para afrontar problemas nuevos y la honradez intelectual propia de quien, no tolerando que el cristianismo se contamine con la filosofía pagana, sin embargo no rechaza a priori esta filosofía. (En el número 44, al final, insiste en esta apertura de Santo Tomás): Convencido profundamente de que «omne verum a quocumque dicatur a Spiritu Sancto est», Santo Tomás amó de manera desinteresada la verdad. La buscó allí donde pudiera manifestarse, poniendo de relieve al máximo su universalidad... Reacciones ante la encíclica Aeterni Patris. a) La encíclica Aeterni Patris impulsó el estudio de las enseñanzas del Doctor Angélico como el mejor camino para 3
  • 4. recuperar un uso de la filosofía conforme a las exigencias de la fe. El n. 58 expone las consecuencias de la encíclica citada por cuanto supuso un impulso y «renovación de la tradición tomista». b) Pero hubo otros caminos. En este sentido es de interés lo que se lee en el n. 59 por cuanto el Papa señala que, al mismo tiempo que la renovación del tomismo, hubo otros intentos de hacer filosofía de inspiración cristiana. Así dice este número. La renovación tomista y neotomista no ha sido el único signo de restablecimiento del pensamiento filosófico en la cultura de inspiración cristiana. Ya antes, y paralelamente a la propuesta de León XIII, habían surgido no pocos filósofos católicos que elaboraron obras filosóficas de gran influjo y de valor perdurable, enlazando con corrientes de pensamiento más recientes, de acuerdo con una metodología propia.» 6. Limitaciones de la razón humana: el auxilio de la Revelación Una vez señalado el optimismo del Papa en lo que se refiere a las facultades cognoscitivas, es preciso recordar lo que dice acerca de sus limitaciones. La razón humana está herida de manera que sóla encuentra dificultades a veces insalvables en su búsqueda de la verdad. La razón necesita ser auxiliada. De manera que así como la gracia sana y eleva la naturaleza, así también la revelación eleva y sana a la inteligencia humana. Como la gracia supone la naturaleza y la perfecciona, así la fe supone y perfecciona la razón (la fe ayuda a la razón). Esta última, iluminada por la fe, es liberada de la fragilidad y de los límites que derivan de la desobediencia del pecado y encuentra la fuerza necesaria para elevarse al conocimiento del misterio de Dios Uno y Trino. Por ello no debemos desalentarnos ante las dificultades. A pesar de las limitaciones el hombre, dice el n. 21, debe esforzarse por encontrar la verdad —no abandonar lo difícil— ayudado por la revelación de Dios. El hombre ha sido creado como explorador de la verdad a pesar del continuo chantaje de la duda. Sin embargo a pesar de la dificultad, el creyente no se rinde. La fuerza para continuar su camino hacia la verdad le viene de la certeza de que Dios lo ha creado como un «explorador» (cf. Ecl 1,13), cuya misión es no dejar nada sin probar a pesar del continuo chantaje de la duda. Apoyándose en Dios, se dirige, siempre y en todas partes, hacia lo que es bello, bueno y verdadero. El Verbo viene a iluminar la razón natural. La filosofía se plantea problemas que difícilmente puede solucionar debido las consecuencias del pecado. Por eso Dios quiso revelarse para asumir en el tiempo el rostro de hombre. De manera que como dice la Const. Gaudium et spes «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». Fuera de esa perspectiva, el misterio de la existencia personal resulta un enigma insoluble. 7. La verdad es una: no cabe la doble verdad El nombre de Averroes y el averroísmo latino nos conduce a la falsa doctrina de la doble verdad. El hombre puede alcanzar la sabiduría mediante la fe y la razón. Ambas 4
  • 5. se complementan y ayudan. Prescindir de uno de estos elementos no se produce sin grave perjuicio. La unidad de la verdad hace que el creyente que filosofa no olvide la otra fuente de conocimiento. Sobre este punto se pronuncia el Papa en el n. 34: Esta verdad, que Dios nos revela en Jesucristo, no está en contraste con las verdades que se alcanzan filosofando. Más bien los dos órdenes de conocimiento conducen a la verdad en su plenitud. La unidad de la verdad es ya un postulado fundamental de la razón humana, expresado en el principio de no contradicción. Y trae a colación un texto de Galileo. En nota 29 sobre este n. 34 abunda en la misma doctrina citando dos textos; uno de Galileo y otro del Concilio Vaticano II. Así se lee la cita sobre Galileo: [Galileo] declaró explícitamente que las dos verdades, la de la fe y la de la ciencia, no pueden contradecirse jamás. «La Escritura santa y la naturaleza, al provenir ambas del Verbo divino, la primera en cuanto dictada por el Espíritu Santo, y la segunda en cuanto ejecutora fidelísima de las órdenes de Dios», según escribió en la carta al P. Benedetto Castelli el 21 de diciembre de 1613». 8. Funestas consecuencias de la ruptura de la filosofía con la teología. Después del período patrístico y de la filosofía medieval donde caminaban de la mano ambas disciplinas se inició la tendencia a separarlas lo que no ha sido sin perjuicio para ambos campos del saber. Una filosofía sin fe fácilmente se pierde y una teología sin razón no deja de ser un puro fideísmo. Citamos el n. 48: La fe, privada de la razón, ha subrayado el sentimiento y la experiencia, corriendo el riesgo de dejar de ser una propuesta universal. Es ilusorio pensar que la fe, ante una razón débil, tenga mayor incisividad; al contrario, cae en el grave peligro de ser reducida a mito o superstición. Del mismo modo, una razón que no tenga ante sí una fe adulta no se siente motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del ser. a) La filosofía y la teología consideradas como las dos alas que son necesarias para elevarse al plano de la sabiduría La enseñanza central del documento papal es que la filosofía y la teología se necesitan mutuamente. La teología necesita de la Filosofía: motivos de credibilidad (la demostración de la existencia de Dios o de la existencia de una revelación sobrenatural. También necesita que la filosofía le proporcione los conceptos que necesita para formular su doctrina. Por otra parte hay que decir que en ocasiones ha sido la teología la que ha hecho avanzar a la filosofía, por ejemplo el concepto de persona. A todo ello hay que añadir que no tiene sentido contraponer razón y fe, pues la razón es precisa para profundizar en los misterios, éstos son inabarcables, pero eso no quiere decir que no se pueda avanzar de modo progresivo en su conocimiento. Pensemos en la Trinidad. 5
  • 6. Por otra a parte la filosofía necesita de la fe porque aunque tenga capacidad para la verdad no es difícil que yerre en el intento. La fe le proporciona la solución a los problemas que tiene planteados. Sin caer en el fideísmo la fe puede ayudas a advertir que nos hemos salido del camino para volver atrás retomando los métodos de la filosofía. La Iglesia necesita abrir nuevos caminos en el campo de las ideas si quiere recuperar el protagonismo en el mundo actual. La batalla de las ideas es necesaria. b) Filosofía Cristiana. Influjo benéfico de la fe en la razón. Al hablar de «filosofía cristiana» se trata de ver todo lo que ha supuesto el cristianismo en cuanto «aportación» a la investigación filosófica. Esta aportación se produce tanto en el «ámbito subjetivo» de la persona en cuanto que la gracia libera al hombre (hombre redimido), como también en el «plano objetivo», por cuanto que la revelación nos proporciona muchas verdades que iluminan la mente humana. En tal sentido leemos en el n. 76: (Subjetiva)...Con este apelativo se quiere indicar más bien un modo de filosofar cristiano, una especulación filosófica concebida en unión vital con la fe...Hablando de filosofía cristiana, se pretende abarcar todos los progresos importantes del pensamiento filosófico que no se hubieran realizado sin la aportación, directa o indirecta, de la fe cristiana. (objetiva).....Además está el aspecto objetivo, que afecta a los contenidos. La Revelación propone claramente algunas verdades que, aun no siendo por naturaleza inaccesibles a la razón, tal vez no hubieran sido nunca descubiertas por ella, si se la hubiera dejado sola. En este horizonte se sitúan cuestiones como el concepto de un Dios personal, libre y creador, que tanta importancia ha tenido para el desarrollo del pensamiento filosófico y, en particular, para la filosofía del ser. c) El servicio que se prestan la filosofía y la teología es recíproco y como dice la encíclica circular. Ambas disciplinas se están constantemente enriqueciendo. Reflejo de ello es el texto de S. Anselmo que recoge la encíclica donde señala la limitación de la mente humana y, al mismo tiempo el atractivo que ejerce sobre ella el dato revelado como objeto de reflexión. En el n. 14 leemos: ... San Anselmo. En su Proslogion, el arzobispo de Canterbury se expresa así: «Dirigiendo frecuentemente y con fuerza mi pensamiento a este problema, a veces me parecía poder alcanzar lo que buscaba; otras veces, sin embargo, se escapaba completamente de mi pensamiento; hasta que, al final, desconfiando de poderlo encontrar, quise dejar de buscar algo que era imposible encontrar. Pero cuando quise alejar de mí ese pensamiento porque, ocupando mi mente, no me distrajese de otros problemas de los cuales pudiera sacar algún provecho, entonces comenzó a presentarse con mayor importunación [...] Pero, pobre de mí, uno de los pobres hijos de Eva, lejano de Dios, ¿qué he empezado a hacer y qué he logrado?, ¿qué buscaba y qué he logrado?, ¿a qué aspiraba y por qué suspiro? [...] Oh Señor, tú no eres solamente aquel de quien no se puede pensar nada mayor (non solum es quo maius cogitari nequit), sino que eres más grande de todo lo que se pueda pensar (quiddam maius quam cogitari possit) [...] Si tú no fueses así, se podría pensar alguna cosa más grande que tú, pero esto no puede ser». d) La revelación como verdadera estrella. La revelación cristiana nos permite comprender el misterio de nuestra propia vida, es la verdadera estrella que orienta al 6
  • 7. hombre que avanza entre los condicionamientos de la mentalidad inmanentista y las estrecheces de una lógica tecnocrática, es la última posibilidad que Dios ofrece gratuitamente para encontrar en plenitud el proyecto originario de amor iniciado con la creación. 9. Juan Pablo II nos muestra como modelos filósofos que han sabido cultivar al mismo tiempo fe y razón. Propone como modelos de pensadores en la antigüedad a san Gregorio Nacianceno y a san Agustín. En la Edad Media a san Anselmo, san Buenaventura y santo Tomás. Finalmente, ya en tiempos muy recientes, a Newman, Rosmini, Gilson y Stein en Occidente y a Soloviov, Florenskij, Caadaev y Losskij en Oriente. Como se puede observar se trata de pensadores de muy diverso talante y modo de pensar: es evidente que no se trata de un elenco de filósofos que pertenecieron a una escuela determinada. Según las palabras del Papa no se citan para avalar ningún aspecto de su pensamiento, sino como ejemplo de hombres que supieron realizar su búsqueda filosófica confrontándola con los datos de la fe. 10. Exigencias que impone a la filosofía la palabra de Dios: a) Dimensión sapiencial de la filosofía: En definitiva alcanzar la existencia de Dios, la espiritualidad del alma, los preceptos de una vida santa. Se trata en definitiva de un rechazo del positivismo pragmático. En el n. 81 el Papa hace unas observaciones de un valor trascendental y que podemos resumir en las siguientes palabras: una filosofía que no trascienda este mundo terreno es una filosofía que ha fracasado. La filosofía no puede limitarse a ser una instancia crítica, sino que ha de saber resolver los problemas fundamentales del hombre. b) Rechazo de una filosofía de talante fenomenista. Conocemos cosas. No podemos permanecer en un permanente subjetivismo gnoseológico. Rechazo del inmanentismo filosófico. Frente al desarrollo de la filosofía moderna que normalmente se ha conducido por vías de fenomenismo; el Papa señala como camino seguro el realismo en el conocimiento. El filósofo no puede pensar que «un más allá de mis actos de pensamiento es problemático». No dispongo mas que del «fenómeno», pero no puedo hablar de la «cosa en sí». El conocimiento sirve para conocer como son las cosas; es decir, sirve para alcanzar la verdad que no es otra cosa que «adecuación de la cosa y la inteligencia». No solamente nos conocemos a nosotros mismos y nuestra afecciones, sino que conocemos realidad que están más allá de nuestra propia subjetividad. c) La filosofía ha de tener un alcance metafísico. Con la palabra metafísico se está refiriendo a un modo de filosofar que permita traspasar lo puramente fenoménico. El hombre por medio de la razón puede trascender el conocimiento sensible y elevarse al orden de lo divino: no queda encerrado en el plano sensible. Dice el Papa que al señalar como camino la metafísica no pretende apoyar una escuela determinada, sino un modo de filosofar que no se queda en «lo fáctico y empírico», sino que se eleva a verdades trascendentes. La filosofía debe conducir al absoluto transcendiendo los datos que proporciona la realidad. También ha de ser capaz de mostrar la naturaleza espiritual del hombre. 7
  • 8. 8