La globalización implica que la educación debe adaptarse para formar una fuerza laboral flexible y calificada. Esto ha llevado a una mayor vinculación entre la política educativa y las necesidades económicas, así como un énfasis en los resultados en lugar de los procesos. Además, la emergencia de mercados educativos ha sido central para la reforma, pero estos mercados también refuerzan las desigualdades de género existentes. La globalización requiere que las feministas replanteen los conceptos de justicia social para abordar mejor las diferencias