La Inquisición tenía como objetivo buscar y castigar herejes. Existieron dos tipos principales: la Inquisición Medieval dirigida por el Papa para perseguir a herejes como los cátaros, y la Inquisición Española controlada por el Estado para perseguir judíos convertidos al cristianismo que mantenían tradiciones judías en secreto. El proceso inquisitorial incluía un edicto de fe, detención, interrogatorios con tortura, un veredicto, y un auto de fe público donde se ejecutaban las sentencias.