El documento narra la lucha de víctimas y abogados en Bolivia por justicia tras las masacres de septiembre y octubre de 2003, destacando la resistencia de los acusadores frente a un sistema judicial que favorece a los poderosos. A través de la presentación de pruebas y demandas, lograron que varios ex altos mandos militares y ministros fueran condenados, aunque el camino estuvo lleno de obstáculos y presiones. El texto es un testimonio de cómo la búsqueda de justicia se entrelaza con la memoria histórica de un pueblo que ha enfrentado siglos de violencia y discriminación.