La península arábiga en el siglo VII estaba habitada por tribus nómadas politeístas a menudo en conflicto entre sí. Mahoma, un comerciante árabe que conocía el judaísmo y el cristianismo, recibió la llamada de Dios para revelar una nueva religión, el Islam. Perseguido por sus predicaciones, huyó a Medina, desde donde expandió con éxito el Islam tras su muerte en el 632.