Las Reformas Meiji iniciadas en 1868 modernizaron la economía de Japón, transformándola de una economía agraria aislada a una potencia industrial y militar. El emperador asumió el control total y obligó a los señores feudales a entregar sus tierras, impulsó industrias como el textil, e instituyó el servicio militar obligatorio. Estos cambios permitieron a Japón expandir su influencia económica y política en Asia, compitiendo con éxito contra las potencias europeas en China e Indonesia.