El documento describe la influencia de las culturas vecinas de Egipto y Babilonia sobre la literatura bíblica. Los israelitas se beneficiaron del rico patrimonio cultural y literario de estos imperios, aunque integraron estos elementos en su propia concepción monoteísta de la historia de salvación. La Biblia muestra influencias de mitos como el Enuma Elish babilónico en su relato de la creación, aunque sin adoptar sus elementos polémicos.