El esclavo Tom es comprado por el señor Agustín Saint-Claire y vive en su nueva casa donde es tratado bien. La hija de su nuevo dueño, Evangelina, muere de una enfermedad y antes de morir le pide a su padre que libere a Tom, lo cual hace. Más tarde, la esposa de Saint-Claire vende a Tom a un dueño cruel llamado Legrée, donde es azotado brutalmente hasta quedar al borde de la muerte.