Francisco Pizarro y Diego de Almagro llegaron al Imperio Inca en 1532 y sorprendieron al emperador Atahualpa en Cajamarca, apresándolo. A pesar del pago de un gran rescate, Pizarro ejecutó a Atahualpa en 1533. Esto debilitó la capacidad de resistencia de los incas, permitiendo a los españoles avanzar rápidamente y apoderarse del Cuzco sin oposición ese mismo año.