El documento aborda la corrupción como un fenómeno que pervierte el poder político y afecta el bienestar general, subrayando que es efecto y no causa de otros problemas sistémicos en la sociedad. Se identifican causas endógenas y exógenas que alimentan la corrupción, incluyendo la falta de valores y la impunidad. Concluye que combatir la corrupción requiere un compromiso social amplio y una revalorización de la ética en la acción política.