La dieta mediterránea se basa en el consumo abundante de alimentos de origen vegetal, uso de aceite de oliva como principal grasa y la inclusión moderada de productos lácteos, pescado, pollo y frutos secos. Se enfatiza la actividad física regular y se sugiere que los carbohidratos complejos constituyan la mayor parte de la energía total diaria. Se deben preferir las grasas vegetales y limitar las grasas saturadas, mientras que las proteínas de origen vegetal pueden combinarse para obtener calidad similar a las proteínas animales.