Historia del Arte (BCS2)
ARTE DEL RENACIMIENTO


                                                                                                  Lámina_28
                                      La Gioconda (Leonardo da Vinci)
Hombre renacentista por excelencia,
el autor del retrato de esta enigmática
mujer legó a la Historia una nueva
manera de concebir la pintura. La
Gioconda, gracias a la técnica del
“sfumato”, parece una representación
entre irreal, angélica y humana.

En el siglo XVI, Giorgio Vasari llegó a
escribir sobre ella que: “Si fijas la
mirada sobre el cuello, podrías jurar
que le palpita el pulso”.

1. Identificación.
    Título: La Gioconda (o Monna
    Lisa).
    Autor: Leonardo da Vinci.
    Estilo: Renacimiento
    (Cinquecento).
    Técnica: óleo.
    Soporte: tabla (77 x 53).
    Cronología: 1503 - 1505.
    Localización actual: Museo del Louvre (París).
    Tema: Durante siglos, La Gioconda fue admirada como símbolo de la belleza serena. El cuadro refleja
    tanto el físico como el alma de esta mujer que no ha podido ser identificada con plena seguridad.

2. Análisis formal.

Elementos plásticos.
Quizá lo que más llama la atención de La Gioconda es su enigmática
mirada y no menos misteriosa y atractiva sonrisa. La ausencia de
pestañas y cejas, así como la coloración verdosa del rostro, que se debe
a una mala restauración, contribuye a aumentar su magnetismo.

Para conseguir esta mirada y esta sonrisa tan especiales, Leonardo pintó
con paciencia y parsimonia sobre un delgado y frágil soporte de madera
de álamo, que preparó con varias capas de enlucido. Primero dibujó a la
mujer directamente sobre el cuadro y después pintó al óleo con los colores
muy diluidos para poder poner innumerables capas transparentes que,
gracias a superposiciones múltiples, confirieron al rostro efectos de luz y de
sombra muy naturales.

El paisaje del fondo, con sus dos partes imposibles de enlazar, contribuye a
acentuar la sonrisa de la mujer.

Leonardo difuminó sobre todo los ojos y los labios, aunque también empleó el
“sfumato” en los rizos que caen sobre los hombros de la mujer y se funden
con las rocas y con los pliegues del chal.

Con el sfumato, Leonardo consiguió recrear los efectos sutiles de la luz sobre la
piel y el paisaje, una imitación perfecta de la carne y una semioscuridad tan
reveladora como mágica. La luz, mortecina e irreal, y la paleta de colores, muy
sombría, dulcifica el retrato.

Composición.
La composición es aparentemente sencilla: una mujer sentada en una silla con
brazos y frente a un paisaje. La dama gira el cuerpo hacia un lado y dirige una
enigmática mirada hacia el espectador. Lo realmente difícil es conseguir que
nada parezca inmóvil, de manera que incluso las formas del paisaje parecen
fundirse unas con otras.



       1    IES Lacimurga C. I.
            Javier Pérez (IES Lacimurga)
Historia del Arte (BCS2)
ARTE DEL RENACIMIENTO


La Gioconda no está pintada desde fuera, sino que como ocurre con el paisaje del fondo, está concebida desde
dentro. El punto donde convergen todas las miradas es la cara de la mujer, aunque hay un segundo punto de
inflexión: sus manos, bellamente modeladas y entrelazadas.

Para realzar su aire de misterio, Leonardo recurrió a un recurso que sólo un gran pintor podría haber utilizado
con éxito: los dos lados del cuadro no coinciden exactamente ni en la cara ni en el paisaje de fondo. Así la
línea izquierda del horizonte parece más alta que la derecha, de forma que, cuando el espectador mira el lado
izquierdo del cuadro, la mujer parece más alta y la expresión es diferente que si observa la parte derecha. El
resultado es que la dama se presenta como un ser vivo que cambia continuamente ante los ojos del
espectador.

3. Análisis iconográfico.

Contenido.
Tan enigmática como la expresión de La Gioconda es su identidad. Se ha dicho de todo, desde que es la
expresión del ideal de belleza del autor hasta que representa a un adolescente vestido de mujer, o a una
amante de Giuliano de Medici o del propio Leonardo. También se ha identificado con la mujer del rico
florentino Francesco del Giocondo. Existen incluso serias dudas sobre si el propio Leonardo terminó el cuadro.

La Gioconda fue adquirida por el rey Francisco I de Francia y permaneció en las colecciones reales hasta la
creación del Museo del Louvre en 1793.

El autor.
Leonardo nació en Vinci (Florencia). Hijo ilegítimo de un rico notario florentino y de una jovencísima
campesina. Trabajó como aprendiz en el taller del afamado escultor y pintor Verrocchio, a quien pronto
superaría en maestría. Fue pintor, escultor, arquitecto, ingeniero, biólogo, músico y escritor. Destacó en todos
los campos del saber por lo que fue considerado como un hombre universal (“uomo universale”).

“La Gioconda” del Museo del Prado (Madrid).
Los talleres de restauración del
Museo del Prado fueron el
germen de la noticia planetaria.
En enero del 2012, la petición
de una cesión temporal por
parte del Museo del Louvre para
una exposición en torno a la
obra de Da Vinci ocasionó la
puesta en marcha, primero, de
un estudio técnico, y después de
una compleja y laboriosa
limpieza que acabó con el fondo
negro y llenó de luz la pintura.
La réplica, ya no hay duda de
ello, fue pintada por uno de los
pupilos favoritos del genio. Los
expertos barajan dos nombres:
Andrea Salai (que a la postre se
convertiría en uno de los
amantes del maestro) y
Francesco Melzi. No existían
dudas acerca de la
simultaneidad entre la ejecución
de la réplica y la del original. Los arrepentimientos presentes en ambas coinciden: cuando Leonardo da Vinci
corregía el rumbo y retocaba algo, el pupilo hacia lo propio, en lo que supone una especie de fotocopia
simultánea, un work in progress paralelo a la voluntad del maestro. ¿Por qué Leonardo deseó y permitió que
Melzi o Salai (o quien fuera) se sentaran a su vera y pintaran a la vez que él el mismo tema? Misterio.




       2    IES Lacimurga C. I.
            Javier Pérez (IES Lacimurga)

La Gioconda_LEONARDO

  • 1.
    Historia del Arte(BCS2) ARTE DEL RENACIMIENTO Lámina_28 La Gioconda (Leonardo da Vinci) Hombre renacentista por excelencia, el autor del retrato de esta enigmática mujer legó a la Historia una nueva manera de concebir la pintura. La Gioconda, gracias a la técnica del “sfumato”, parece una representación entre irreal, angélica y humana. En el siglo XVI, Giorgio Vasari llegó a escribir sobre ella que: “Si fijas la mirada sobre el cuello, podrías jurar que le palpita el pulso”. 1. Identificación. Título: La Gioconda (o Monna Lisa). Autor: Leonardo da Vinci. Estilo: Renacimiento (Cinquecento). Técnica: óleo. Soporte: tabla (77 x 53). Cronología: 1503 - 1505. Localización actual: Museo del Louvre (París). Tema: Durante siglos, La Gioconda fue admirada como símbolo de la belleza serena. El cuadro refleja tanto el físico como el alma de esta mujer que no ha podido ser identificada con plena seguridad. 2. Análisis formal. Elementos plásticos. Quizá lo que más llama la atención de La Gioconda es su enigmática mirada y no menos misteriosa y atractiva sonrisa. La ausencia de pestañas y cejas, así como la coloración verdosa del rostro, que se debe a una mala restauración, contribuye a aumentar su magnetismo. Para conseguir esta mirada y esta sonrisa tan especiales, Leonardo pintó con paciencia y parsimonia sobre un delgado y frágil soporte de madera de álamo, que preparó con varias capas de enlucido. Primero dibujó a la mujer directamente sobre el cuadro y después pintó al óleo con los colores muy diluidos para poder poner innumerables capas transparentes que, gracias a superposiciones múltiples, confirieron al rostro efectos de luz y de sombra muy naturales. El paisaje del fondo, con sus dos partes imposibles de enlazar, contribuye a acentuar la sonrisa de la mujer. Leonardo difuminó sobre todo los ojos y los labios, aunque también empleó el “sfumato” en los rizos que caen sobre los hombros de la mujer y se funden con las rocas y con los pliegues del chal. Con el sfumato, Leonardo consiguió recrear los efectos sutiles de la luz sobre la piel y el paisaje, una imitación perfecta de la carne y una semioscuridad tan reveladora como mágica. La luz, mortecina e irreal, y la paleta de colores, muy sombría, dulcifica el retrato. Composición. La composición es aparentemente sencilla: una mujer sentada en una silla con brazos y frente a un paisaje. La dama gira el cuerpo hacia un lado y dirige una enigmática mirada hacia el espectador. Lo realmente difícil es conseguir que nada parezca inmóvil, de manera que incluso las formas del paisaje parecen fundirse unas con otras. 1 IES Lacimurga C. I. Javier Pérez (IES Lacimurga)
  • 2.
    Historia del Arte(BCS2) ARTE DEL RENACIMIENTO La Gioconda no está pintada desde fuera, sino que como ocurre con el paisaje del fondo, está concebida desde dentro. El punto donde convergen todas las miradas es la cara de la mujer, aunque hay un segundo punto de inflexión: sus manos, bellamente modeladas y entrelazadas. Para realzar su aire de misterio, Leonardo recurrió a un recurso que sólo un gran pintor podría haber utilizado con éxito: los dos lados del cuadro no coinciden exactamente ni en la cara ni en el paisaje de fondo. Así la línea izquierda del horizonte parece más alta que la derecha, de forma que, cuando el espectador mira el lado izquierdo del cuadro, la mujer parece más alta y la expresión es diferente que si observa la parte derecha. El resultado es que la dama se presenta como un ser vivo que cambia continuamente ante los ojos del espectador. 3. Análisis iconográfico. Contenido. Tan enigmática como la expresión de La Gioconda es su identidad. Se ha dicho de todo, desde que es la expresión del ideal de belleza del autor hasta que representa a un adolescente vestido de mujer, o a una amante de Giuliano de Medici o del propio Leonardo. También se ha identificado con la mujer del rico florentino Francesco del Giocondo. Existen incluso serias dudas sobre si el propio Leonardo terminó el cuadro. La Gioconda fue adquirida por el rey Francisco I de Francia y permaneció en las colecciones reales hasta la creación del Museo del Louvre en 1793. El autor. Leonardo nació en Vinci (Florencia). Hijo ilegítimo de un rico notario florentino y de una jovencísima campesina. Trabajó como aprendiz en el taller del afamado escultor y pintor Verrocchio, a quien pronto superaría en maestría. Fue pintor, escultor, arquitecto, ingeniero, biólogo, músico y escritor. Destacó en todos los campos del saber por lo que fue considerado como un hombre universal (“uomo universale”). “La Gioconda” del Museo del Prado (Madrid). Los talleres de restauración del Museo del Prado fueron el germen de la noticia planetaria. En enero del 2012, la petición de una cesión temporal por parte del Museo del Louvre para una exposición en torno a la obra de Da Vinci ocasionó la puesta en marcha, primero, de un estudio técnico, y después de una compleja y laboriosa limpieza que acabó con el fondo negro y llenó de luz la pintura. La réplica, ya no hay duda de ello, fue pintada por uno de los pupilos favoritos del genio. Los expertos barajan dos nombres: Andrea Salai (que a la postre se convertiría en uno de los amantes del maestro) y Francesco Melzi. No existían dudas acerca de la simultaneidad entre la ejecución de la réplica y la del original. Los arrepentimientos presentes en ambas coinciden: cuando Leonardo da Vinci corregía el rumbo y retocaba algo, el pupilo hacia lo propio, en lo que supone una especie de fotocopia simultánea, un work in progress paralelo a la voluntad del maestro. ¿Por qué Leonardo deseó y permitió que Melzi o Salai (o quien fuera) se sentaran a su vera y pintaran a la vez que él el mismo tema? Misterio. 2 IES Lacimurga C. I. Javier Pérez (IES Lacimurga)