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Martín Mónaco de Ansa, un hombre de
negocios pamplonés en una época convulsa
(1808 - 1833)
José Fermín Garralda Arizcun.
Doctor en Historia moderna y contemporánea.
Pamplona, Julio de 2016
C/ Arrieta nº 2
31002 Pamplona – Navarra - España
rargonz@gmail.com
Colección: Nueva Bermeja nº 19
historiadenavarraacuba.blogspot.com
Sitio Web de José Fermín de Musquilda
Este trabajo ha sido publicado con imágenes en historiadenavarraacuba.blogspot.com
* Queda prohibida la reproducción total o parcial de este trabajo y de sus imágenes
sin permiso del autor. Hay derechos de autor.
OS ESTUDIOS biográficos, de prosopografía y los
archivos privados aportan siempre muchas novedades
y son el soporte de singulares aportaciones en la
ciencia histórica.
A petición de un amigo, y a raíz de nuestras
investigaciones, vamos a aportar una breve semblanza de un
significado comerciante y administrador de Pamplona en parte de la
primera mitad del siglo XIX. Una vez más constatamos que en la
persona está contenida parte de la época lo mismo que si la inversa
se tratase.
L
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La existencia y utilización de los archivos privados y el
seguimiento documental impulsado por el propio interés familiar,
permiten mayores cotas de conocimiento a los historiadores y
rescatar parcelas de vida familiar y social de caer en el olvido. Esto
último nos ha permitido insertar en nuestra explicación realizada a
partir del Archivo Municipal de Pamplona, varios de los datos
biográficos que muy amable y desinteresadamente nos ha
proporcionado el investigador don Julio-Carlos García Castrillón.
Juan Martín Mónaco de Ansa fue un hombre que pasó
buena parte inmerso en la vida ordinaria como muchos vecinos de la
Pamplona de entonces, trabajando lisa y llanamente por su familia y
el bien común en la medida de sus posibilidades. Aunque hubo
muchos casos como el suyo, de profesionales con peso social pero
que no llegaron a dejar la huella de otros hombres como el marqués
de Jaureguizar, los Elío, la familia Sagaseta de Ilurdoz, los Vidarte,
Nazario Carriquiri, los Guenduláin etc. difundir algunos aspectos de
su vida puede animar a otros a realizar semblanzas de diferentes
personajes con el objeto de trenzar, entre todos, los comienzos de la
Pamplona decimonónica.
Juan Martín Mónaco de Ansa tuvo prestigio entre sus
conciudadanos de Pamplona y no sólo entre los vecinos de la
parroquia de San Lorenzo a la que pertenecía. En estas páginas
recogeremos algunos datos de su persona durante la convulsa
primera mitad del siglo XIX, en la que de una u otra manera
participó con discreción pero activamente. ¿Cómo reaccionó Mónaco
en los tiempos convulsos de 1820 y 1833? ¿Qué aportó al bien
común de su ciudad?
Como no hay hombre sin su época, es preciso enmarcar las
actuaciones de Juan Martín Mónaco en los conflictivos tiempos por
los que atravesó Pamplona durante la guerra contra Napoleón, el
primer liberalismo de 1820-1823, el absolutismo antiforal
fernandino que como el de Godoy perjudicaba al Reino de Navarra, y
los primeros tiempos de Isabel II y I de Navarra.
Permítasenos un inciso. Indico la cifra de Isabel II aunque
en 1834 Martín de Mónaco fuese carlista, y reconociese a Carlos V y
VIII de Navarra. Con permiso del lector realizo la aclaración que
suelo hacer a mis alumnos. Creo que el historiador debe poner las
cifras de los monarcas correspondientes del pasado según se
encuentran en la documentación, sin escribir o someterse a la
historia “oficial” –la más común- y menos a la partidista. Ésta es la
manera de dejar patente ante el lector el verdadero conflicto y
tensión de cada época. Hablar de don Carlos V de Castilla y VIII de
Navarra permitirá apreciar en su profundidad el significado de la
Causa del pretendiente para unos y monarca o rey para otros, pero
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sobre todo será fiel a los hechos y la misma documentación,
transmitiendo así al lector el drama del momento, expresado en este
caso en el hecho de que dos vecinos o conciudadanos tuviesen
fidelidades opuestas y entrasen en un conflicto extremo. Este valor
de la fidelidad tan importante en aquella época, y que el honor se
entendiese patrimonio del alma, mostrará la dramática división
entre los conciudadanos. El conflicto sucesorio fue una singular
tragedia en aquellos años de 1832-1833, al que se sumaba la Causa
política, social, de pensamiento y hasta religiosa que fue el último
sustrato del Carlismo (1) y la justificación política del golpe de mano
isabelino contra la ley sucesoria de 1713.
Las fuentes utilizadas para la semblanza de Juan Martín
Mónaco de Ansa pertenecen al Archivo Municipal de Pamplona
(AMP) y el Archivo General de Navarra (AGN), a los que hemos
accedido para estudiar el siglo XVIII pamplonés y la Pamplona de
1814 a 1834. También hemos accedido a los archivos parroquiales de
San Juan, San Cernin, San Lorenzo y San Nicolás de Pamplona para
identificar los vecinos que ocuparon las Obrerías parroquiales,
organización participativa ésta que fue una de las pocas que se
mantuvo en medio del desorden social e institucional napoleónico.
Por último, hemos recibido datos biográficos fruto de la amabilidad
e interés de don Julio-Carlos García Castrillón, gracias a las
posibilidades ofrecidas por la Red internauta.
Permita el lector que entre la bibliografía cite algunos de
mis trabajos, con omisión de otros autores para no alargarme y,
sobre todo, porque no obstante están recogidos en los primeros.
Antes de seguir adelante, dejamos constancia en estas
páginas que ya parece haber pasado la época –es un alivio- del
insólito encono que varios historiadores mantuvieron por escrito
contra otros que discrepaban de su metodología, planteamientos y
conclusiones. Querían los primeros apagar la llama joven de los
segundos que tanteaba no sin esfuerzo nuevos caminos. Me refiero a
los desafortunados y nada académicos comentarios de Aróstegui, el
entonces joven Pan-Montojo (1990), y hasta más recientemente
Canal (2000) –no sin extrañeza nuestra debido a la seriedad de sus
aportaciones- contra diversos historiadores jóvenes, autores
diferentes trabajos y tesis, y que junto con otros promovieron
diferentes actividades y la importante revista de historia “Aportes”
que ya se acerca al centenar de números, y una prestigiosa editorial.
Estas actividades, no controladas por quienes de diversas formas y
suerte habían ocupado las cátedras universitarias durante décadas –
lugar de dominio y poder como ellos criticaban a sus predecesores-,
se prolongaron en los premios anuales de la Fundación Ignacio de
Larramendi de los que tantos historiadores de categoría se han
4
aprovechado satisfactoriamente. Alguien ha dicho que el tiempo
pone a cada cual y las iniciativas desarrolladas, en su sitio.
En relación con nuestras propias aportaciones relativas a la
Pamplona de 1820-1823 y 1833, hace tiempo sufrimos las gratuitas
descalificaciones de Del Río Aldaz (1987) en su afán de monopolizar
un tema y desacreditar a historiadores de la Universidad de Navarra
y otros independientes. También hemos advertido el silencio del
profesor R. Felones por lo que respecta a la tendencia carlista que
hemos demostrado en los integrantes del Ayuntamiento de
Pamplona y la Diputación del Reino en 1833, pues en su divulgación
aquel mantiene que ambas instituciones eran de mayoría liberal,
isabelina o cristina, cuando está demostrado y publicado que eran
carlistas, hasta que lógicamente el virrey isabelino realizó las
oportunas expulsiones de cargos, como también ocurrió en otras
muchas ciudades de la monarquía española. En esta postura se
aprecia un singular seguidismo –y no es el único caso- de la
profesora Mina Apat. Por su parte, Pan-Montojo nos descalificó
gratuitamente –no sé si buscaba méritos- cuando ambos
iniciábamos nuestra carrera profesional. De manera muy diferente,
el profesor Herrero ha ignorado nuestras aportaciones sobre la
Milicia Nacional de Pamplona en 1820, aun cuando sabe que nuestro
método ha sido el de cotejar persona a persona y con sumo trabajo
las diferentes listas y hechos acaecidos entre 1819 y 1825. Sin
embargo, otros autores más significativos como García-Sanz sí las
han tenido en cuenta. Desde luego, omitiré la relación de otros
investigadores que han utilizado nuestras aportaciones.
Afortunadamente ya son otros tiempos… aunque no
obstante en estos muy pocos se dedican a la investigación. Los que
sientan la llamada del trabajo investigador, pues adelante.
1. Persona y entorno familiar
egún me comunica don Julio-Carlos García Castrillón (3),
Juan Martín Mónaco de Ansa, natural de Saldias, era hijo
legítimo de Miguel Antonio, natural de Almudébar (Aragón) y
Agustina de Ansa, natural de Goizueta. Fue bautizado el 29-I-1779
en la parroquia de San Lorenzo de Pamplona. Contrajo matrimonio
con Francisca Ardanaz en dicha parroquia el 17-I-1805, que era hija
de Fermín, natural de Orcoyen –pueblecito muy próximo al de
S
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Arazuri y a la ciudad de Pamplona-, y Joaquina Loitegui, natural de
esta ciudad.
El abuelo de Juan Martín se llamaba Miguel y era de
Palermo, por entonces Reino de las Dos Sicilias. Hacia 1740 consta
que residía en un pueblo de Aragón. En alguna documentación, a
dicho historiador le consta que Martín era cirujano.
Juan Martín Mónaco de Ansa y Francisca tuvieron tres
hijos. En primer lugar, Josef Cruz Gervasio, que fue bautizado en la
parroquia de San Lorenzo el 20-VI-1810, y contrajo matrimonio con
Bernabea Irañeta, hija de Ramón Irañeta y Rosa Aznárez, naturales
de Pamplona, el 27-VII-1830. Gervasio fue secretario del hacendado
Nazario Carriquiri. Las otras dos hijas de Martín y Francisca fueron
Joaquina que casó con Salvador Zapatería, y Victoria que contrajo
matrimonio con Ramón Cía.
El 15-II-1847 (y no el 24-I-1814), Juan Pascual (y no José
Antonio) de Mónaco, hermano de Juan Martín, contrajo nupcias con
Ana Josefa de Baleztena (de la familia Baleztena actualmente
propietaria de la casa que construyó Mónaco), en la parroquia del
pueblo de Saldias.
Hasta aquí los datos comunicados por el Sr. García
Castrillón.
Juan Martín Mónaco figura en la lista del padrón municipal
de Pamplona de 1821. En él se recoge que era natural de Saldias
(Reino de Navarra), tenía 40 años, estaba casado con Francisca
Ardanaz, de 33 años y natural de Pamplona, de la que tenía tres hijos
pequeños. Era de profesión cerero. Vivía en el barrio de Rua Mayor,
calle Rua Mayor nº 68. Once años más tarde, en el padrón municipal
de 1832 figura como natural de Saldias, con 53 años, de profesión
cerero, casado, con esposa y dos hijos. Su domicilio era el mismo,
Rua Mayor nº 67 y 68 (2).
Pasemos ahora a nuestra investigación sobre el Trienio
Liberal en Pamplona, de la que sabemos que Salvador Zapatería era
boticario y ocupó seis veces el cargo concejil de regidor –omito los
años y fecha completa-, era un decidido realista y después será
carlista. De Ramón Cía no tenemos noticia durante el Trienio
pamplonés.
La familia Mónaco construyó con Modesto Jaime, natural
de Pamplona, la casa que hoy es propiedad de la familia Baleztena,
situada entre la Plaza del Castillo y el Paseo de Sarasate. A
continuación recojo los datos facilitados por don Julio-Carlos García
Castrillón correspondientes a las escrituras de compra venta.
En primer lugar, ambos compraron al Ayuntamiento el
solar y edificio en ruina del nº 24 de la Plaza del Castillo mediante
escritura con fecha del 7-IV-1832. En esta escritura intervienen dos
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personas de la familia Mónaco con sus consortes: Juan Martín y su
esposa Francisca Ardanaz, y su hijo Gervasio con su esposa
Bernabea Irañeta, además de Modesto Jaime. Ellas aportan sus
dotes, y los dos Mónaco la cantidad restante. El segundo paso fue
formalizar entre todos una sociedad, con escritura firmada el 15-V-
1832, con el objeto de construir el nuevo edificio. Así, la parte
correspondiente a Martín Mónaco en su sociedad creada con
Modesto Jaime, se dividía en cuatro partes, correspondientes a los
cuatro individuos citados de su familia.
La mansión fue construida por los Mónaco y Modesto
Jaime como propietarios a partes iguales entre 1832 y 1840, lo que
indica la buena posición social y la considerable fortuna de sus
propietarios.
Construido el bello edificio, con soportal a la plaza del
Castillo, inicialmente fue casa de los señores Mónaco, luego de los
conocidos hacendados Carriquiri, y, tras él, de los señores Baleztena.
De la familia Mónaco pasó a los Carriquiri mediante escritura de
venta fechada el 23-IV-1840, interviniendo de una parte Martín
Mónaco, su hijo Gervasio y su nuera Bernabea, y de otra Saturnina
Moso y su esposo Nazario Carriquiri. También Modesto Jaime
vendió sus derechos a dicha Saturnina Moso y Nazario Carriquiri el
4-V-1840.
Respecto a las ideas religiosas y políticas, algo debe indicar
que Martín Mónaco figurase entre los vecinos de Pamplona que eran
suscriptores al Rancio (seud.) o Filósofo Rancio, concretamente a
las cartas filosóficas del maestro Fray Francisco Alvarado (4). Es
conocido el pensamiento tradicionalista de este autor, que conecta
con los clásicos españoles y él mismo es considerado en la literatura
posterior como uno de ellos. Era opuesto al liberalismo desde un
pensamiento de la escuela aristotélico-tomista.
En las páginas finales del libro de Alvarado (p. 367-392)
fechado en 1825, hay una lista de los llamados “suscriptores al
Rancio”. Suponemos que son suscriptores de las diecinueve entregas
en forma de Cartas aristotélicas que constituían la obra. Que se
encabece la lista con el “más suscriptores de Navarra” no significa
que haya otros suscriptores navarros anteriormente a la lista
recogida.
Los suscriptores que figuran y son vecinos de Pamplona
son pocos y, siguiendo el orden, son los siguientes:
El Vicario de la parroquia de San Lorenzo: Por las fechas, pues
septiembre de 1823 no es 1820-1822 y 1824-1825, no tiene por qué ser Miguel
José Villanueva, que era liberal y fue apresado por el Ayuntamiento legitimo de
Pamplona en Puente la Reina de septiembre de 1823 (5)
3
sobre todo será fiel a los hechos y la misma documentación,
transmitiendo así al lector el drama del momento, expresado en este
caso en el hecho de que dos vecinos o conciudadanos tuviesen
fidelidades opuestas y entrasen en un conflicto extremo. Este valor
de la fidelidad tan importante en aquella época, y que el honor se
entendiese patrimonio del alma, mostrará la dramática división
entre los conciudadanos. El conflicto sucesorio fue una singular
tragedia en aquellos años de 1832-1833, al que se sumaba la Causa
política, social, de pensamiento y hasta religiosa que fue el último
sustrato del Carlismo (1) y la justificación política del golpe de mano
isabelino contra la ley sucesoria de 1713.
Las fuentes utilizadas para la semblanza de Juan Martín
Mónaco de Ansa pertenecen al Archivo Municipal de Pamplona
(AMP) y el Archivo General de Navarra (AGN), a los que hemos
accedido para estudiar el siglo XVIII pamplonés y la Pamplona de
1814 a 1834. También hemos accedido a los archivos parroquiales de
San Juan, San Cernin, San Lorenzo y San Nicolás de Pamplona para
identificar los vecinos que ocuparon las Obrerías parroquiales,
organización participativa ésta que fue una de las pocas que se
mantuvo en medio del desorden social e institucional napoleónico.
Por último, hemos recibido datos biográficos fruto de la amabilidad
e interés de don Julio-Carlos García Castrillón, gracias a las
posibilidades ofrecidas por la Red internauta.
Permita el lector que entre la bibliografía cite algunos de
mis trabajos, con omisión de otros autores para no alargarme y,
sobre todo, porque no obstante están recogidos en los primeros.
Antes de seguir adelante, dejamos constancia en estas
páginas que ya parece haber pasado la época –es un alivio- del
insólito encono que varios historiadores mantuvieron por escrito
contra otros que discrepaban de su metodología, planteamientos y
conclusiones. Querían los primeros apagar la llama joven de los
segundos que tanteaba no sin esfuerzo nuevos caminos. Me refiero a
los desafortunados y nada académicos comentarios de Aróstegui, el
entonces joven Pan-Montojo (1990), y hasta más recientemente
Canal (2000) –no sin extrañeza nuestra debido a la seriedad de sus
aportaciones- contra diversos historiadores jóvenes, autores
diferentes trabajos y tesis, y que junto con otros promovieron
diferentes actividades y la importante revista de historia “Aportes”
que ya se acerca al centenar de números, y una prestigiosa editorial.
Estas actividades, no controladas por quienes de diversas formas y
suerte habían ocupado las cátedras universitarias durante décadas –
lugar de dominio y poder como ellos criticaban a sus predecesores-,
se prolongaron en los premios anuales de la Fundación Ignacio de
Larramendi de los que tantos historiadores de categoría se han
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para ejercer como elector parroquial en la Junta Electoral, reunida
en la parroquia de San Lorenzo el 21-XI-1813 (9). Luego los electos
debían reunirse para elegir el nuevo Ayuntamiento constitucional,
impuesto con el automatismo de la legislación redactada en las
Cortes de Cádiz. Esta legislación -extraña a Navarra por contrariar
su naturaleza de Reino-, se aplicó un brevísimo espacio de tiempo
por ser traída a Pamplona por el Ejército salvador que empujaba a
los napoleónicos a la Frontera del Pirineo. La sorpresa del momento
impidió toda consideración crítica de los pamploneses y navarros
para más adelante, máxime porque el jefe político vinculó no sin
astucia la causa de la Constitución con la derrota de Bonaparte.
En conclusión, Martín Mónaco no fue regidor de Pamplona
ni el 9-IX-1813, ni en el Ayuntamiento constitucional del 28-XI-
1813. Desde luego, no por pertenecer al Ayuntamiento del 28-XI-
1813 se podía ser considerado de ideología liberal, pues entre ellos
hubo 8 cargos (incluido uno de los dos alcalde constitucionales) que
más tarde serán realistas y 2 liberales. Mónaco sí fue regidor el 1-IX-
1811, bajo la dominación francesa, concretamente –según hemos
dicho- el regidor 5º del Burgo de San Cernin.
Ya en el Trienio Liberal, Mónaco fue elegido elector
parroquial por la Junta Electoral de la parroquia de San Lorenzo el
24-XII-1820 con 31 votos (el que más de su parroquia), y de nuevo
por la Junta Electoral del 8-XII-1821 con 21 votos (a un voto del
primero) para formar el cuerpo de vecinos que después tenía que
elegir al nuevo Ayuntamiento constitucional. Estuvo presente en
dichas votaciones del 25-III y 24-XII-1820 y de 8-XII-1821. No
asistió a la Junta del 1-XII-1822 –momento de la eclosión liberal por
lo mismo que realista-, resultando muy significativo que en ella sólo
obtuviese un voto, el de Pedro Mangado. De por sí, estas elecciones
para elector parroquial no parece que estuviesen llenas de
significado político, aunque llama la atención que su nombre casi
desapareciese en diciembre de 1822, año de la radicalización liberal
y del auge de la guerrilla realista (10).
Conforme a la nueva legislación, Mónaco fue nombrado
Juez censor municipal de la libertad de imprenta el 12-I-1822,
situación ésta que difiere totalmente de la radicalización liberal de la
nueva lista del 23-III-1822. En la lista de enero figuran 48 vecinos
(11). Recordemos que la primera salida de pamploneses a la
guerrilla fue en diciembre de 1821 y que la segunda, de carácter
masivo, fue en junio de 1822. La primera se realizó en invierno y
fracasó, mientras que la segunda fue en verano, en Pamplona fue
una salida masiva, y concluyó con el éxito. Por ejemplo, Pamplona
fue bloqueada. No obstante, la intervención francesa del duque de
Angulema será necesaria para el triunfo de los realistas.
9
Mónaco fue nombrado por el Ayuntamiento como
repartidor de la contribución territorial el 22-IX-1821, en sustitución
de don Policarpo Daoiz (hacendado realista). Los repartidores
también pagaban su contribución directa (12).
3. Comerciante, administrador y
hombre de negocios
Martín Mónaco figura en el sector del comercio
pamplonés, concretamente en calidad de cerero. Su posición
económica era desahogada como se observa en la mansión de su
propiedad que edificó en la plaza del Castillo. Ocupó otros cargos en
la administración municipal, lo que demuestra que era una persona
muy capaz para los negocios.
Aparece en la lista municipal de alcabala por
encabezamiento de 1814-1816 entre los vecinos con profesión de
cereros. Paga una suma superior a la media de 130 reales fuertes en
la lista de 1814, reduciéndose la cuota a 90 r.f. anuales en otra para
los años 1814-1815-1816 (13).
También figura en la lista de alcabala por encabezamiento
de 1824-1825 entre los cereros y chocolateros, oficios que en el siglo
XVIII se dan siempre unidos. En tal caso debía pagar una suma de
80 reales fuertes por dos años, que no destaca ni por baja ni por
elevada. Es indicativo que en esta última lista se encuentra en el
puesto sexto, junto con otros tres vecinos, y que paga más que 26
confiteros restantes (14).
En 1817-1831 se encuentra como vecino de Pamplona
encargado de la dirección de la empresa de la leña del río, es decir,
como asentista de este servicio fundamental controlado por el
Ayuntamiento (15). La leña del río se traía a Pamplona por el
caudaloso río Arga desde los montes que se encontraban fuera de la
cuenca, procedentes del valle de Esteríbar. Una vez pasaba junto a
las murallas de la ciudad, los leños o “río de leña” se apilaban en la
cequia existente donde el molino de Caparroso, hoy restaurado. El
portal de la ciudad que corresponde a esa zona era el de Tejería.
Al comienzo de la guerra carlista, en 1834 Mónaco figura
como administrador del Hospital General cuyo patronato pertenecía
al Ayuntamiento de Pamplona. Esta institución era muy importante
en Pamplona y para Navarra porque acogía enfermos de unos y otros
10
lugares, lo que indica la relevancia del cargo. Hoy día, en el lugar de
dicho hospital se encuentra el museo de Navarra.
Don Julio-Carlos García Castrillón ha querido comprobar
cuánto tiempo y en qué etapas participó Martín Mónaco en Santo
Hospital de Pamplona, que era del patronato municipal, aunque sus
fondos documentales se encuentre en el Archivo General de Navarra
y el Archivo Municipal de Pamplona. Aunque los cuatrocientos
libros de estos fondos no estén organizados, hay constancia de una
docena y media de procesos seguidos ante los antiguos Tribunales
Reales de Navarra en los que uno de los litigantes es Martín Mónaco;
al menos en 2 de ellos (uno de 1819 y otro de 1832) Martín Mónaco
figura como Administrador de dicho Hospital.
4.El sector acomodado de la ciudad.
on lo dicho hasta aquí es manifiesta la pertenencia de
Martín Mónaco al sector acomodado de la ciudad. Sin
embargo, hay otros datos que lo reafirman.
No sólo se encuentran sus contribuciones pecuniarias
municipales y sus cargos o empleos, sino que también aparece entre
los vecinos a los que el Ayuntamiento solicita adelantos pecuniarios
en unas circunstancias extraordinarias.
A sus 32 años y en momentos del final de la ocupación
francesa, el 1-IX-1813 el Ayuntamiento de Pamplona le solicitó 1.500
reales vellón (esta suma era escasa en el conjunto de prestamistas)
para cubrir el empréstito de 400.000 reales de vellón exigido por los
franceses. El Ayuntamiento obtuvo permiso de la autoridad francesa
con el objeto de ampliar la lista anteriormente formada, de modo
que de 74 aumentaron a 104 vecinos (16).
También los regidores del Ayuntamiento liberal de 1822
consideraban que Martín Mónaco podía realizar un adelanto de
dinero para atender a las necesidades de la Provincia de Navarra
(18-XII-1822).
Ignoramos cuál fue el motivo, pero Mónaco no se
encontraba entre los vecinos particulares que voluntariamente
contribuyeron con dinero para el equipo de la Milicia Nacional
Voluntaria de Fusileros en 1820, a diferencia de varios potentados y
personas socialmente relevantes, aunque no pocas de ellas figurarán
paulatinamente en el sector urbano de tendencia realista (17).
C
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5. Actividad política durante el Trienio
Constitucional.
n 1814, Martín Mónaco no se encontró entre los vecinos
y cargos examinados para ser rehabilitados como
empleados civiles del Ayuntamiento o de la administración pública,
ni consta que sirviese al gobierno intruso napoleónico. Su nombre
no aparece entre los vecinos que debían de ser “purificados” por
colaborar con el dominador francés.
Por otra parte, durante el Trienio Liberal o Constitucional
Martín Mónaco careció -que nos conste- de participación política
(18).
Ello está claro, aunque pueda extrañar que un vecino que
en 1834 será abiertamente carlista y perseguido por ello, pase de
alguna manera desapercibido en la primera eclosión social de
liberalismo y antiliberalismo. Ello no impide que hayamos localizado
algún vecino identificado como liberal durante el Trienio por los
realistas victoriosos en 1823, y que, en 1833, se levantará por don
Carlos V y VIII de Navarra.
Me refiero al miembro de la Diputación provincial de
Navarra en el Trienio, don Crisóstomo de Vidaondo y Mendinueta,
natural de Elizondo, hacendado, con domicilio en la Plaza de San
José nº 10 (Pamplona), y conocido del marqués de Jaureguizar
quien era nítidamente realista. La verdad es que esta situación no
era la habitual, pues lo frecuente fue una continuación de posiciones
políticas y significados. En el caso de Vidaondo y Mendinueta quizás
las circunstancias le exigieron aparentar lo que no era, máxime
después de la experiencia de la ocupación napoleónica, donde
amoldarse a las circunstancias quizás fuese la mejor manera para
combatir al francés. Don Crisóstomo actuó como comisionado de la
Junta del Reino de Navarra, junto con el de la Provincia de
Guipúzcoa, el señorío de Álava y la provincia de Álava, reunidos en
Alsasua el 2-XII-1833, para promover la Causa y derechos de don
Carlos 5º. El original era –al menos por entonces- propiedad de
Enrique Sáenz de San Pedro (un firmante lleva su apellido) y estuvo
depositado en manos de Carlos Sáenz de Tejada, siendo el barón de
Montevilla quien me dio una copia.
Son muchos los vecinos significados como liberales
moderados o bien radicales, así como también otros de tendencia
realista, en la ciudad de Pamplona. La abundancia de datos de los
liberales se debe a que el Ayuntamiento legítimo de Pamplona o
realista realizó varias listas exhaustivas de todos ellos cuando estaba
E
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aprovechado satisfactoriamente. Alguien ha dicho que el tiempo
pone a cada cual y las iniciativas desarrolladas, en su sitio.
En relación con nuestras propias aportaciones relativas a la
Pamplona de 1820-1823 y 1833, hace tiempo sufrimos las gratuitas
descalificaciones de Del Río Aldaz (1987) en su afán de monopolizar
un tema y desacreditar a historiadores de la Universidad de Navarra
y otros independientes. También hemos advertido el silencio del
profesor R. Felones por lo que respecta a la tendencia carlista que
hemos demostrado en los integrantes del Ayuntamiento de
Pamplona y la Diputación del Reino en 1833, pues en su divulgación
aquel mantiene que ambas instituciones eran de mayoría liberal,
isabelina o cristina, cuando está demostrado y publicado que eran
carlistas, hasta que lógicamente el virrey isabelino realizó las
oportunas expulsiones de cargos, como también ocurrió en otras
muchas ciudades de la monarquía española. En esta postura se
aprecia un singular seguidismo –y no es el único caso- de la
profesora Mina Apat. Por su parte, Pan-Montojo nos descalificó
gratuitamente –no sé si buscaba méritos- cuando ambos
iniciábamos nuestra carrera profesional. De manera muy diferente,
el profesor Herrero ha ignorado nuestras aportaciones sobre la
Milicia Nacional de Pamplona en 1820, aun cuando sabe que nuestro
método ha sido el de cotejar persona a persona y con sumo trabajo
las diferentes listas y hechos acaecidos entre 1819 y 1825. Sin
embargo, otros autores más significativos como García-Sanz sí las
han tenido en cuenta. Desde luego, omitiré la relación de otros
investigadores que han utilizado nuestras aportaciones.
Afortunadamente ya son otros tiempos… aunque no
obstante en estos muy pocos se dedican a la investigación. Los que
sientan la llamada del trabajo investigador, pues adelante.
1. Persona y entorno familiar
egún me comunica don Julio-Carlos García Castrillón (3),
Juan Martín Mónaco de Ansa, natural de Saldias, era hijo
legítimo de Miguel Antonio, natural de Almudébar (Aragón) y
Agustina de Ansa, natural de Goizueta. Fue bautizado el 29-I-1779
en la parroquia de San Lorenzo de Pamplona. Contrajo matrimonio
con Francisca Ardanaz en dicha parroquia el 17-I-1805, que era hija
de Fermín, natural de Orcoyen –pueblecito muy próximo al de
S
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6.Milicia Nacional
artín Mónaco participó en la Milicia Nacional de
Pamplona a comienzos del Trienio constitucional. Ello
no implicaba una definición política porque hubo realistas que
también participaron en ella. La prueba son los más de sesenta
vecinos de la Milicia que se ausentaron a la primera guerrilla en
diciembre de 1821.
Nuestra tesis es que Martín Mónaco no mostró una
significación política aunque perteneciese al cuerpo voluntario del
Tercio de Caballería de la Milicia Nacional de Pamplona. Tuvo
alguna participación a comienzos de la vida de ese Tercio armado,
pero en los momentos de clara significación política se retiró del
mismo.
Creemos haber demostrado (19) que los realistas de
Pamplona no rehusaron participar en la Milicia Nacional Local y
Voluntaria de Pamplona, institución ésta típicamente liberal. Quizás
esta Milicia municipal, por desplazar al Ejército regular a la
ciudadela, les recordase al Tercio armado de vecinos establecido en
el Fuero pamplonés del Antiguo Régimen (Privilegio de la Unión
1423), que se reunía para proteger la ciudad en caso de amenaza
militar mientras la tropa del Ejército regular se retiraba a proteger la
hermosa ciudadela mandada construir por Felipe II en 1571. La
diferencia entre ambos cuerpos era que mientras la Milicia era
voluntaria, el Tercio de vecinos era obligatorio, y quizás por eso no
consideraron la Milicia como un contrafuero a la vez que les
recordaba las no pocas veces que se había formado el Tercio de
vecinos en el siglo XVIII.
Decimos que en Pamplona en 1820 se formó una Milicia
Voluntaria de varios cuerpos como el de Fusileros con granaderos y
cazadores, más Caballería, cuerpo de Artillería, y miqueletes. Luego
estaba la Milicia de la Ley o legal que, a pesar de formarse las listas,
nunca se convocó ni se reunió. Por otra parte, el Ejército, que en
Pamplona era liberal y llevó a cabo su propio pronunciamiento
militar que prolongó el del general Rafael Riego en Cádiz, velaba sus
Armas en la ciudadela.
En una población de 13.000 almas –concretamente eran
12.482 el 31-XI-1820- se alistaron 600 para infantería y 32 para
caballería. Era el 20-V-1820.
Hemos comprobado que en las listas de la Milicia
Voluntaria de Pamplona de Fusileros había muchos realistas hasta
que las Cortes de Madrid desarmaron el Batallón el 26-III-1822 por
haberse enfrentado a tiro limpio contra la Tropa regular el día de
M
14
San José, 19 de marzo, día en el que se celebraba la Constitución
gaditana. Este Cuerpo de Fusileros no se volvió a formar de nuevo,
sustituyéndole dentro de la ciudad la misma guarnición militar. Sólo
se mantenían los vecinos en los Cuerpos de Caballería y Artillería,
cuya función era en ambos casos ocuparse de defender la ciudad de
ataques exteriores: al trote o a cañonazos, es decir a caballo o
auxiliando a la tropa que manejaba las baterías.
En el primer Tercio voluntario de Caballería había varios
realistas (Juan Pío Jaén era su comandante y era realista) y en el
Cuerpo de Artillería ninguno debido a su tardía fecha de creación.
Este último Cuerpo de Artillería engrosó sus efectivos humanos tras
el enfrentamiento ocurrido el 19-III-1822.
Martín Mónaco y Juan Pío Jaén no se encontraban entre
los 15 vecinos que solicitaron al Ayuntamiento la formación del
Tercio de Caballería por primera vez, entre los cuales se encontraba
Domingo Escartin (comerciante y conspicuo liberal). Entre los
solicitantes habrá 7 liberales y de 8 se ignora su posterior filiación
política (20).
Mónaco figura como sargento en la lista del primer Tercio
de Caballería Voluntaria de Pamplona. La primera lista la forman 39
voluntarios. Cada voluntario se costeó el bagaje, lo que indica que
sus efectivos tenían que tener recursos económicos propios. En
dicha lista el mando lo tuvo Juan Pío Jaén (subteniente,
comerciante, realista y futuro carlista), siendo Mónaco su sargento.
La responsabilidad era grande, máxime cuando llegaron las
delicadas circunstancias del alzamiento realista.
Refirámonos ahora al hecho mencionado de la refriega
mantenida por las calles de Pamplona. Resulta que el 19 de marzo de
1822, día de San José y aniversario de la proclamación de la
Constitución –“la Pepa” se le irá llamando-, tuvo lugar un conflicto
armado y un prolongado tiroteo entre la Milicia de fusileros de
Pamplona y la Tropa del Ejército regular, como sabemos
abiertamente liberal, realizado en las calles de la ciudad. La tropa fue
arrinconada en la ciudadela, con el comprensible y consiguiente
escándalo en las Cortes de Madrid. El exitoso enfrentamiento del
Batallón de la Milicia voluntaria de Fusileros contra una tropa que
había provocado a ”los serviles de Pamplona” en el café de la
Suscripción y por las calles, se saldó con varios muertos y heridos de
cada bando, saliendo más perjudicados los militares. Todo,
permítasenos decir, muy lamentable. A continuación, ésta Milicia
Voluntaria entregó sus armas durante tres largas horas, a
insinuación de sus Jefes civiles. Días después, el Ayuntamiento -y
también la Diputación provincial el 1-IV- protegerá a sus vecinos de
las expresiones verbalizadas por escrito del 2º Batallón de Infantería
15
Imperial Alexandro y del desarme decretado por las Cortes
españolas el 26 de marzo de 1822 (21). El Tercio de Caballería no
participó en la mortal refriega. De querer participar en ella, sin duda
no podía desplegar en las calles un aparato tan formidable. ¡Menudo
lío iban a armar cuarenta caballos trotando por las calles, por otra
parte blanco fácil de los militares!
La Milicia Nacional voluntaria de Pamplona–Infantería o
Fusileros, Caballería etc. - fue a Salvatierra de Álava a reprimir a
los facciosos, a la insurrección realista formada por voluntarios
navarros incluidos algunos pamploneses. La Milicia acudió a
Salvatierra bajo el mando militar del general Miguel López Baños.
La lista de los que marcharon está fechada el 8-VI-1821. En ésta
fuente se dice: “voluntariamente se pusieron en marcha para dicha
expedición”. En esta ocasión, el jefe del Tercio, el realista Juan Pío
Jaén, no fue a Salvatierra, sustituyéndole en la jefatura Martín de
Mónaco, que era sargento y como tal ejercía de comandante
accidental de un Tercio de tan sólo 21 individuos, entre los que habrá
16 liberales, que podemos identificar como tales según otras fuentes.
¿Es esto suficiente para identificar a Martín Mónaco como liberal?
Por lo dicho antes y por lo que añadiremos a continuación creemos
que no.
Si se advierten las circunstancias, sería un poco chocante
que ninguno de los dos mandos –Jaén o bien Mónaco- fuesen a
Salvatierra de Álava, de modo que de fallar el primero, al menos
tenía que ir el segundo. Consta que entre los milicianos fusileros que
fueron a Salvatierra de Álava habrá varios que al menos después
figuran como realistas –incluso en la guerrilla realista- aunque
habrá bastantes liberales, siendo también cierto que entre los
milicianos de Caballería no había ningún realista. Lo dicho favorece
nuestra interpretación de la necesidad que tenía Mónaco de acudir
en la expedición contra los realistas. Además, una cosa era ir a Álava
y otra combatir y hacerlo mortalmente (23).
El Ayuntamiento de 1822, que por otros datos sabemos que
era de mayoría realista, se opuso por mayoría de votos a que saliesen
los voluntarios a Salvatierra de Álava:
“mientras haya tropa permanente no salgan las tres
compañías de voluntarios nacionales que se trata de situar en Estella,
fundando su opinion en que consideran que el destino de la tropa
permanente no esta limitado á este ú el otro pueblo, y el de la Milicia
Nacional Voluntaria y Legal está p(or) reglamento a defender sus
hogares y terminos de su Pueblo, y en que consultando al bien
general de la Nación creen mas util p(ara) la estincion y terror de los
facciosos que salgan de tropa de línea; y los Sres. Conde de
Agramonte, y Dn. José Mª Vidarte, votaron tambien que no salgan
16
las compañías de milicianos, fundandose en que consideran que no
se hallan facultados por el Reglamento para hacer pasar á los
Milicianos la línea prescripta por la Ley” (23).
Esta presencia en Salvatierra es el único dato que nos
permite pensar que Mónaco estuviese entre los liberales de la
ciudad. Es un dato muy pobre.
Por otra parte, carece de significación política que Mónaco
se encuentre entre los 24 pamploneses -recordemos que este Tercio
tan sólo estaba formado por un total de 33 vecinos- firmantes de una
no comprometida representación del Tercio de Caballería a las
Cortes el 5-IV-1822. En dicha representación, los milicianos se
quejaban de haber sido comprendidos en el desarme de la Milicia
Nacional Voluntaria de Pamplona decretado por las Cortes
Nacionales el 26-III-1822. Su argumento fundamental era que el
Tercio no había tenido parte en la refriega mortal de la Milicia
Voluntaria de Fusileros contra la tropa liberal del Ejército regular.
Por ello, solicitaban que se les formase una causa para mostrar su
acrisolado honor. No indicaron nada de su participación en la
expedición a Salvatierra de Álava. En resumen: no querían caer en
desgracia ya por convencimiento liberal o bien por justicia y
conveniencia (24).
¿Quiénes estaban en la lista de firmantes? Hemos dicho
que 24 vecinos de un total de 33. Entre ellos había cinco realistas:
Pantaleón Olave, Juan Pío Jaén, Dionisio Larraz, Antonio Agustín
(por ejemplo, saldrá a la guerrilla realista) y José León Viguria. Un
total de doce firmantes sabemos que serán liberales seguros por
otros conceptos. Otros 4 más podrían ser conceptuados entre los
liberales únicamente por el mero hecho de ir a Salvatierra de Álava
contra los realistas: uno de ellos sería Martín Mónaco que era cerero,
y los otros Ángel Guidoti que era pastelero, el padre de Prudencio
Espinal que era comerciante y Bernado Ecala que era guantero. De 3
firmantes se ignora totalmente su posición política.
¿Por qué firman sólo 24 y no los 33 del Tercio? La
respuesta es que cuatro no firman aunque se encontraban dentro de
la ciudad –ignoramos sus nombres-, y que los otros cinco estaban
ausentes de Pamplona.
De los 24 firmantes, 14 estuvieron en la expedición a
Salvatierra (he añadido a Prudencio Espinal), entre los que se
encontraba Martín Mónaco. De dichos 14 vecinos, 10 eran liberales
por otros motivos, y ya hemos dicho que de 4 no hay otros datos de
su comportamiento político (Martín Mónaco, Bernardo Ecala, Ángel
Guidoti, y el padre de Prudencio Espinal). También es cierto que
ninguno de los que sabemos que son realistas fue a Salvatierra.
17
Dicho esto, ya se ve que la profesión de historiador es
apasionante. Creemos que Martín Mónaco no era liberal aunque
estuviese en el Tercio de Caballería, e incluso aunque fuese a
Salvatierra de Álava, y que sí estuvo comprometido para acudir
contra los facciosos toda vez que Juan Pío Jaén (ferviente realista)
no fue siendo su comandante, siendo él su sargento y segundo
mando del Tercio.
Segundo tercio. El primer Tercio reseñado hasta ahora es
anterior a la oferta que el 28-VI-1822 seis conspicuos liberales
presentaron al jefe político Ramón Sánchez Salvador, con el objeto
de formar un nuevo Tercio para defender la Constitución. En esta
nueva solicitud no firma Martín Mónaco, ni los realistas
mencionados, ni tampoco Ecala, Guidoti y Espinal. He aquí el nuevo
Tercio, declaradamente liberal. Todos los 49 miembros de la lista
que se forme en julio, dirigidos por Francisco Salboch (cerero y
conspicuo liberal), entonces serán abiertamente liberales. La oferta
se mantiene en otro documento del 11-IX-1822, solicitando al jefe
político la creación del nuevo Tercio de Caballería “como sus buenos
hijos, y dar nuevas pruebas de que los liberales hijos de la España no
son capaces de abrigar ningun resentimiento (del anterior desarme),
ni apetecer otro bien que el de ser libres con su amada madre
patria”. A continuación hay varias listas entre el 2 de julio (49
individuos) y el 11 de septiembre (25).
Pasaron dos años, y ni Mónaco ni Juan Pío Jaén figuran en
la lista de milicianos de caballería formada tras el Trienio
Constitucional el 27-XIII-1824, de aquellos individuos que había
formado parte del Tercio de Caballería “durante el pretendido
sistema constitucional”. Es decir, se trataba de individuos tachados
de liberales. Tampoco figuran Joaquín de Mencos, Mutil0a,
Lacunza, Mutuberría, Ecala, Caballero, Olondriz, Guidoty. De estos
últimos, salvo Mencos, Lacunza, Ecala y Guidoty, los demás serán
liberales por otros conceptos (26).
Al margen de la milicia Nacional Voluntaria, sabemos que
Martín Mónaco no se encuentra en la lista de las 123 familias de
vecinos ausentados de la ciudad durante el bloqueo de Pamplona por
las tropas realistas en 1823, aunque se sabe que –según el secretario
municipal realista- había muchísimas más fuera.
Al final del Trienio, en cuanto a las filias y fobias políticas,
las cosas quedaron más claras, pero no porque antes no lo
estuviesen. En efecto, siempre estuvieron suficientemente claras, de
modo que las élites de Pamplona, de general tendencia realista, se
ocuparon en controlar los resortes del poder municipal ante la
supervisión de un jefe político liberal y una guarnición hostil y
decidida. Pongamos un supuesto. De haber jugado las clases medias
5
Arazuri y a la ciudad de Pamplona-, y Joaquina Loitegui, natural de
esta ciudad.
El abuelo de Juan Martín se llamaba Miguel y era de
Palermo, por entonces Reino de las Dos Sicilias. Hacia 1740 consta
que residía en un pueblo de Aragón. En alguna documentación, a
dicho historiador le consta que Martín era cirujano.
Juan Martín Mónaco de Ansa y Francisca tuvieron tres
hijos. En primer lugar, Josef Cruz Gervasio, que fue bautizado en la
parroquia de San Lorenzo el 20-VI-1810, y contrajo matrimonio con
Bernabea Irañeta, hija de Ramón Irañeta y Rosa Aznárez, naturales
de Pamplona, el 27-VII-1830. Gervasio fue secretario del hacendado
Nazario Carriquiri. Las otras dos hijas de Martín y Francisca fueron
Joaquina que casó con Salvador Zapatería, y Victoria que contrajo
matrimonio con Ramón Cía.
El 15-II-1847 (y no el 24-I-1814), Juan Pascual (y no José
Antonio) de Mónaco, hermano de Juan Martín, contrajo nupcias con
Ana Josefa de Baleztena (de la familia Baleztena actualmente
propietaria de la casa que construyó Mónaco), en la parroquia del
pueblo de Saldias.
Hasta aquí los datos comunicados por el Sr. García
Castrillón.
Juan Martín Mónaco figura en la lista del padrón municipal
de Pamplona de 1821. En él se recoge que era natural de Saldias
(Reino de Navarra), tenía 40 años, estaba casado con Francisca
Ardanaz, de 33 años y natural de Pamplona, de la que tenía tres hijos
pequeños. Era de profesión cerero. Vivía en el barrio de Rua Mayor,
calle Rua Mayor nº 68. Once años más tarde, en el padrón municipal
de 1832 figura como natural de Saldias, con 53 años, de profesión
cerero, casado, con esposa y dos hijos. Su domicilio era el mismo,
Rua Mayor nº 67 y 68 (2).
Pasemos ahora a nuestra investigación sobre el Trienio
Liberal en Pamplona, de la que sabemos que Salvador Zapatería era
boticario y ocupó seis veces el cargo concejil de regidor –omito los
años y fecha completa-, era un decidido realista y después será
carlista. De Ramón Cía no tenemos noticia durante el Trienio
pamplonés.
La familia Mónaco construyó con Modesto Jaime, natural
de Pamplona, la casa que hoy es propiedad de la familia Baleztena,
situada entre la Plaza del Castillo y el Paseo de Sarasate. A
continuación recojo los datos facilitados por don Julio-Carlos García
Castrillón correspondientes a las escrituras de compra venta.
En primer lugar, ambos compraron al Ayuntamiento el
solar y edificio en ruina del nº 24 de la Plaza del Castillo mediante
escritura con fecha del 7-IV-1832. En esta escritura intervienen dos
19
ciudadela del 18 de octubre hasta el 3 de diciembre de 1822, la
Ciudad obtuvo del rey Fernando VII el titulo de Muy Heroica, que se
añadía al de Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Pamplona. Ello fue
poco después de la guerra constitucional y de la llegada de los
llamados Cien Mil Hijos de San Luis en apoyo a los voluntarios
realistas que había formado el Ejército de la Fé, todos los cuales
llegaron a bloquear con eficacia la ciudad de Pamplona. Hablamos
de bloqueo o sitio porque así lo señalan los hechos y, sobre todo, así
lo recoge con esta palabra la documentación municipal aunque ello
no satisfaga a Del Río.
* * *
Y pasará el tiempo. Mónaco tampoco figurará en la lista de
militares, empelados civiles, particulares y de diferentes cuerpos,
invitados el 24-II-1834 para acompañar a la Diputación del Reino en
el acto de la proclamación de doña Isabel II ª en Castilla y Iª en
Navarra (27). Entre ellos hay antiguos realistas y carlistas, de los
que ignoramos quien asiste a la proclamación.
7.En el Carlismo
arlismo o liberalismo fueron momentos de máxima
tensión y definición en Pamplona (28).
Cuando fallece Fernando VII y se manifiesta la cuestión
sucesoria, Martín Mónaco era administrador del Hospital General
cuyo patronato pertenecía al Ayuntamiento de Pamplona. Este
último le removió del cargo junto con otros empleados el 11-II-1834,
sin orden superior, por estar “poco satisfecho de la adhesión a la
Reina” (29). Esta expresión era un eufemismo ya que no se podía
probar judicialmente la desafección de Mónaco. El 21 de dicho mes
el Ayuntamiento rechaza la solicitud de Mónaco de ser readmitido
en el cargo. El rechazo fue por unanimidad, aunque a Pedro
Juantorena, por ejemplo, se le readmitió para no obstante expulsarle
después el 19-IX. El Carlismo o filocarlismo de Mónaco era evidente.
Según la policía y el testimonio de particulares, Mónaco era
desafecto o sospechoso de serlo en relación con Doña Isabel.
Martín Mónaco figura entre otros carlistas de Pamplona
que ocuparon cargos en la administración fernandina y que ahora
los ocupará en la carlista. Nos referimos, entre otros muchos, a José
Joaquín de Lecea (fue diputado del Reino expulsado del cargo),
Matías Antonio Durán (fue depositario del Vínculo y Caminos de la
C
20
Diputación y expulsado del cargo), José Basset (fue secretario de la
Diputación del Reino expulsado del cargo), Juan Pío Jaén (fue
depositario del expediente de Camino de la Diputación del Reino,
expulsado del cargo), Antonio Jaso (fue contador de la Diputación,
expulsado), José María Dombrasas, Tomás Tarragual, Ezequiel
Torrecilla… Sus servicios y documentos firmados por ellos pueden
verse en la documentación de la Junta Gobernativa carlista de
Navarra (30).
Otros expulsados de la Diputación del Reino por carlistas el
1-V-1834 fueron Javier María de Arbizu (síndico consultor de la
Diputación), Juan Cruz Mata (oficial 2º), Santos Cuello (secretario
de la Junta Superior de Educación, montes y plantíos), y Joseph
Bergara (depositario de los expedientes de Caminos Reales,
desterrado a San Roque) (31).
El documento de Martín Mónaco que adjuntamos, escrito
en Bayona a sus 54 años, es una información de primera mano
transmitida por su hijo, sobre la decisión del Gobierno francés de no
intervenir en la guerra de España y su permiso para comerciar en la
frontera con materiales para el uso del armamento (32). Dice así:
“+ Exma. Junta. Con esta f(echa) me comunica mi (h)ijo
desde Baiona p(or) cierta y ciertisima la noticia de q(ue) en el
Gov(ierno) frances se a decidido entre 6 botos p(or) 5 la no
intervención, y enseguida ha ordenado al Director de Aduan(as)
p(ara) q(ue) ordene la libre estraccion hasta la frontera de azufre,
salitre, plomo etc. p(ara) a (…) tan solam(ente) de armas y esta
orden ha sido comunicada hoy mismo a toda esta frontera, cuia
noticia deve ser muy satisf(actoria) p(ara) V. E. p(ara) dejar de
participarsela su menor servid(or). Dios Gu(uarde) a V.E. (…)
campiña de Baiona 31 de mayo 1835. Martin Monaco. A la Exma.
Junta Gubernativa del Rei(no) de Navarra.
8.Conclusión
artín de Mónaco tiene una personalidad definida y
activa socialmente. Tuvo cierta influencia en la
Pamplona de su época, más económica y social que política.
M
21
Pasó políticamente desapercibido durante el llamado
Trienio constitucional. No se manifestó como realista, pero tampoco
como liberal, salvo su obligada y circunstancial participación en la
expedición de Salvatierra contra los realistas en 1821. Si algo
significaba esto último –que no creemos-, enseguida modificó su
postura pues estará ausente del tercio de caballería abiertamente
liberal.
Llama la atención su ausencia en la política municipal y
pamplonesa antes y después de 1823, debido a la ebullición –por así
decirlo- de nombres adscritos al realismo o al liberalismo, inquietud
que fue manifestándose paulatinamente. No obstante, el caso de
Mónaco no es el único y, además, se encontraba fuera de los núcleos
de poder municipal cuando estallaron diferentes acontecimientos
durante el Trienio.
Mónaco no fue liberal en el Trienio, a diferencia de lo que
pueda creer algún autor. De ser liberal era muy fácil que se
manifestase como tal debido a su prestigio social.
Más tarde, Mónaco mantuvo sus cargos municipales sin
sufrir depuración alguna, y pertenecerá a las clases medias que
aceptaron y apostaron por don Carlos V, por lo que fue perseguido y
exiliado. Es más, al menos en una ocasión aportó un servicio de
información a la causa carlista. Esta filiación es comprensible de leer
como leía los trabajos de Alvarado o filósofo Rancio.
Ignoramos el grado de identificación que tenía por la
naturaleza del Reino de Navarra, que era contraria al centralismo
absolutista de los Borbones y luego del liberalismo, en atención a la
procedencia extranjera de su abuelo; pero quizás esto sea ocioso e
injusto porque supone minusvalorar su vivencia entre los navarros
desde su nacimiento.
El caso de Mónaco no fue el único, pues Luciano Oyarzun,
administrador de velas de sebo y de pescamercería del
Ayuntamiento, también fue expulsado del cargo “por poco satisfecho
de la adhesión a la Reina”, pertenecía al sector del comercio, y
anteriormente había pasado desapercibido durante el Trienio. Era
algo más joven que Mónaco, pues Oyarzun tenía 35 años según el
Padrón de 1832.
Recordemos que el lema de los carlistas era el total respeto
por la Religión católica, la monarquía en la que el rey reina porque
gobierna, las Cortes representativas y en ese momento estamentales,
los Fueros del Reino de Navarra que incluían los Fueros municipales
entre otros, y España como patria común y especialmente querida
como se mostró en ocasión de la guerra por la Independencia. Por
aquella época, en España existían al menos tres tendencias políticas:
innovadores o liberales, conservadores o absolutistas, y, en tercer
22
lugar, renovadores o tradicionales. Así lo expresa Federico Suárez,
José Luis Comellas y otros autores. Por nuestra parte en nuestros
trabajos hemos mostrado que Navarra, como instituciones políticas
y en su sociedad, pertenecía a estos últimos, los renovadores
tradicionales, incluso aún sin planteárselo. En Navarra no había
absolutismo porque existían la naturaleza del Reino milenario, el
pactismo político que los decretos de Nueva Planta eliminaron en la
Corona de Aragón entre 1707 y 1714, las Cortes, las leyes propias, y
se frenaban o intentaban frenar las intromisiones ministeriales
borbónicas posteriores a 1767, con Godoy y luego Fernando VII.
En Navarra hubo reformas, no sólo las abundantes
reformas del siglo XVIII que nosotros hemos estudiado para
Pamplona, sino también la reforma municipal de algunos artículos
del Privilegio de la Unión de Pamplona firmado por Carlos III de
Navarra en 1423, modificación ésta realizada por la misma Ciudad y
luego aceptada por las Cortes del Reino de 1817, toda vez que dicho
privilegio era Ley del Reino.
El choque con el Liberalismo era más amplio que el
señalado, pero estos eran los pilares básicos sobre los que
descansaba mayoritariamente la sociedad navarra, el pueblo
tradicional. Analizarlo es otro trabajo, por otra parte ya realizado por
parte de muy sesudos historiadores.
José Fermín Garralda Arizcun.
Doctor en Historia moderna y contemporánea.
Pamplona, Julio de 2016
6
personas de la familia Mónaco con sus consortes: Juan Martín y su
esposa Francisca Ardanaz, y su hijo Gervasio con su esposa
Bernabea Irañeta, además de Modesto Jaime. Ellas aportan sus
dotes, y los dos Mónaco la cantidad restante. El segundo paso fue
formalizar entre todos una sociedad, con escritura firmada el 15-V-
1832, con el objeto de construir el nuevo edificio. Así, la parte
correspondiente a Martín Mónaco en su sociedad creada con
Modesto Jaime, se dividía en cuatro partes, correspondientes a los
cuatro individuos citados de su familia.
La mansión fue construida por los Mónaco y Modesto
Jaime como propietarios a partes iguales entre 1832 y 1840, lo que
indica la buena posición social y la considerable fortuna de sus
propietarios.
Construido el bello edificio, con soportal a la plaza del
Castillo, inicialmente fue casa de los señores Mónaco, luego de los
conocidos hacendados Carriquiri, y, tras él, de los señores Baleztena.
De la familia Mónaco pasó a los Carriquiri mediante escritura de
venta fechada el 23-IV-1840, interviniendo de una parte Martín
Mónaco, su hijo Gervasio y su nuera Bernabea, y de otra Saturnina
Moso y su esposo Nazario Carriquiri. También Modesto Jaime
vendió sus derechos a dicha Saturnina Moso y Nazario Carriquiri el
4-V-1840.
Respecto a las ideas religiosas y políticas, algo debe indicar
que Martín Mónaco figurase entre los vecinos de Pamplona que eran
suscriptores al Rancio (seud.) o Filósofo Rancio, concretamente a
las cartas filosóficas del maestro Fray Francisco Alvarado (4). Es
conocido el pensamiento tradicionalista de este autor, que conecta
con los clásicos españoles y él mismo es considerado en la literatura
posterior como uno de ellos. Era opuesto al liberalismo desde un
pensamiento de la escuela aristotélico-tomista.
En las páginas finales del libro de Alvarado (p. 367-392)
fechado en 1825, hay una lista de los llamados “suscriptores al
Rancio”. Suponemos que son suscriptores de las diecinueve entregas
en forma de Cartas aristotélicas que constituían la obra. Que se
encabece la lista con el “más suscriptores de Navarra” no significa
que haya otros suscriptores navarros anteriormente a la lista
recogida.
Los suscriptores que figuran y son vecinos de Pamplona
son pocos y, siguiendo el orden, son los siguientes:
El Vicario de la parroquia de San Lorenzo: Por las fechas, pues
septiembre de 1823 no es 1820-1822 y 1824-1825, no tiene por qué ser Miguel
José Villanueva, que era liberal y fue apresado por el Ayuntamiento legitimo de
Pamplona en Puente la Reina de septiembre de 1823 (5)
24
(6) Aunque tenemos más datos, apuntemos que Simón Garde firma una
representación de 30 vecinos de Pamplona, en un sentido Realista, ante las
autoridades legitimistas que estaban en Puente la Reina, solicitando protección
de sus bienes (16-V-1823). AGN Sec. Guerra leg. 28 carp. 83
(7) Constatamos dos personas como Miguel Tirapu. Un Miguel Tirapu
tiene 38 años, y es maestro cerrajero con taller, viviendo en la calle San Gregorio
26; el otro es Miguel Martín Tirapu, comerciante de 42 años, que también figura
como empleado con casa en la calle Santo Domingo nº 12 según el padrón de
1821, o bien como escribiente en el Padrón de 1822. En cualquier caso, en
principio nos extraña que adquieran la obra del P. Alvarado debido a su bajo
estrato social.
(8) GARRALDA ARIZCUN, José Fermín, “El Ayuntamiento constitucional
de Pamplona como ruptura en los albores de la revolución liberal (1808-1833),
Pamplona, Rev. “Príncipe de Viana” nº 186, (enero-abril 1989), pág. 151-215.
AMP Consultas lib. 69-83 (1808-1834)
(9) AMP Sec. Consultas y Sec. Elecciones leg. 6
(10) AMP Sec. Consultas leg. 78 f. 18 y 78.
(11) AMP Sec. Consultas lib. 78, f. 24 (12-I-1822). De esta manera el
Ayuntamiento aplicaba el Art. 37, Tit. 7 de la Ley de libertad de imprenta del 22-
X-1820, sancionada por el rey el 12-XI-1820. Entre ellos hemos localizado 14
vecinos que mostrarán su tendencia realista durante el Trienio y 1 dudoso de
serlo (Mónaco sólo aportaría su filiación carlista en 1834), y a su vez 5 liberales
y 2 dudosos de serlo. De 16 vecinos nada nos consta. No obstante, la posterior
modificación de dicho Art. 37 hizo que el Ayuntamiento tuviese que elegir por
sorteo un tercio entre los indicados, según dispuso la Diputación provincial.
(12) AMP Sec. Consultas, lib. 78 f. 2 vº, 7vo y 17 vº (22-IX-1821)
(13) AMP Sec. Alcabala leg. 3 (1781-1825).
(14) AMP Sec. Alcabala leg. 3 (1781-1825)
(15) AMP Sec. Leña del río, leg. 3, 1780-1833
(16) AMP Sec. Consultas lib. 71, f. 43-47 (1-IX-1813).
(17) AMP, Sec. Guerra. Milicia Nacional, leg. 2 (1820-1823).
(18) GARRALDA ARIZCUN José Fermín, “Antecedentes de la guerra
carlista. Estudio socio-político de Pamplona en el trienio liberal (1820-1823)”,
Pamplona, Rev. “Príncipe de Viana”, nº 181 (mayo-agosto 1987), 487-526 pp.
(19) GARRALDA ARIZCUN J. F., “La Milicia Nacional local de Pamplona
durante el Trienio constitucional. Estudio sociológico y político de sus
componentes”, Pamplona, Rev. “Príncipe de Viana”, Anejo 9, 1988, pág. 319-
334.
(20) AMP Sec. Guerra. Milicia Nacional leg. 2, 1820-1823 (8-XI-1820).
(21) AGN, Sec. Guerra leg. 24 carp. 45 (1-IV-1822).
(22) AGN Sec. Guerra, leg. 23 carp. 39 (1821).
(23) AMP Sec. Consultas lib. 76, f. 90).
(24) AGN Sec. Guerra, leg. 24, carp. 26 y carp. 49 (1822).
(25) AMP, Sec. Guerra. Milicia Nacional, 1820-1824) Sec. Sec. Guerra leg.
26, carp. 5 (28-VI y 18-IX-1822).
(26) AGN Sec. Guerra leg. 30, carp. 55
(27) AGN Sec. Casamientos de reyes, Sucesión a la Corona, leg. 5 carp. 53.
(28) GARRALDA ARIZCUN, José Fermín, “El apoyo popular al carlismo
en Pamplona”, VV.AA., Las guerras carlistas, Madrid, Actas, 1993, 421 pp., pág.
219-248; Ídem., “Los carlistas expulsados de la Diputación del Reino de Navarra
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y del Ayuntamiento de Pamplona en 1834”, Pamplona, Rev. “Príncipe de Viana”
Anejo 5-1986, 656 pp., pág. 287-312
(29) AMP Consultas lib, 83, f. 232
(30) AGN, Sec. Junta Gubernativa carlista
(31) AGN, Sec. De la Diputación leg. 5, carp. 34. Hubo otros vecinos
expulsados de sus cargos.
(32) AGN. Sec. Junta Gubernativa carlista leg. 9
José Fermín Garralda Arizcun.
Doctor en Historia moderna y contemporánea.
Pamplona, Julio de 2016
L a u s D e o

Maertin Mónaco de Ansa

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    1 Martín Mónaco deAnsa, un hombre de negocios pamplonés en una época convulsa (1808 - 1833) José Fermín Garralda Arizcun. Doctor en Historia moderna y contemporánea. Pamplona, Julio de 2016 C/ Arrieta nº 2 31002 Pamplona – Navarra - España rargonz@gmail.com Colección: Nueva Bermeja nº 19 historiadenavarraacuba.blogspot.com Sitio Web de José Fermín de Musquilda Este trabajo ha sido publicado con imágenes en historiadenavarraacuba.blogspot.com * Queda prohibida la reproducción total o parcial de este trabajo y de sus imágenes sin permiso del autor. Hay derechos de autor. OS ESTUDIOS biográficos, de prosopografía y los archivos privados aportan siempre muchas novedades y son el soporte de singulares aportaciones en la ciencia histórica. A petición de un amigo, y a raíz de nuestras investigaciones, vamos a aportar una breve semblanza de un significado comerciante y administrador de Pamplona en parte de la primera mitad del siglo XIX. Una vez más constatamos que en la persona está contenida parte de la época lo mismo que si la inversa se tratase. L
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    2 La existencia yutilización de los archivos privados y el seguimiento documental impulsado por el propio interés familiar, permiten mayores cotas de conocimiento a los historiadores y rescatar parcelas de vida familiar y social de caer en el olvido. Esto último nos ha permitido insertar en nuestra explicación realizada a partir del Archivo Municipal de Pamplona, varios de los datos biográficos que muy amable y desinteresadamente nos ha proporcionado el investigador don Julio-Carlos García Castrillón. Juan Martín Mónaco de Ansa fue un hombre que pasó buena parte inmerso en la vida ordinaria como muchos vecinos de la Pamplona de entonces, trabajando lisa y llanamente por su familia y el bien común en la medida de sus posibilidades. Aunque hubo muchos casos como el suyo, de profesionales con peso social pero que no llegaron a dejar la huella de otros hombres como el marqués de Jaureguizar, los Elío, la familia Sagaseta de Ilurdoz, los Vidarte, Nazario Carriquiri, los Guenduláin etc. difundir algunos aspectos de su vida puede animar a otros a realizar semblanzas de diferentes personajes con el objeto de trenzar, entre todos, los comienzos de la Pamplona decimonónica. Juan Martín Mónaco de Ansa tuvo prestigio entre sus conciudadanos de Pamplona y no sólo entre los vecinos de la parroquia de San Lorenzo a la que pertenecía. En estas páginas recogeremos algunos datos de su persona durante la convulsa primera mitad del siglo XIX, en la que de una u otra manera participó con discreción pero activamente. ¿Cómo reaccionó Mónaco en los tiempos convulsos de 1820 y 1833? ¿Qué aportó al bien común de su ciudad? Como no hay hombre sin su época, es preciso enmarcar las actuaciones de Juan Martín Mónaco en los conflictivos tiempos por los que atravesó Pamplona durante la guerra contra Napoleón, el primer liberalismo de 1820-1823, el absolutismo antiforal fernandino que como el de Godoy perjudicaba al Reino de Navarra, y los primeros tiempos de Isabel II y I de Navarra. Permítasenos un inciso. Indico la cifra de Isabel II aunque en 1834 Martín de Mónaco fuese carlista, y reconociese a Carlos V y VIII de Navarra. Con permiso del lector realizo la aclaración que suelo hacer a mis alumnos. Creo que el historiador debe poner las cifras de los monarcas correspondientes del pasado según se encuentran en la documentación, sin escribir o someterse a la historia “oficial” –la más común- y menos a la partidista. Ésta es la manera de dejar patente ante el lector el verdadero conflicto y tensión de cada época. Hablar de don Carlos V de Castilla y VIII de Navarra permitirá apreciar en su profundidad el significado de la Causa del pretendiente para unos y monarca o rey para otros, pero
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    3 sobre todo seráfiel a los hechos y la misma documentación, transmitiendo así al lector el drama del momento, expresado en este caso en el hecho de que dos vecinos o conciudadanos tuviesen fidelidades opuestas y entrasen en un conflicto extremo. Este valor de la fidelidad tan importante en aquella época, y que el honor se entendiese patrimonio del alma, mostrará la dramática división entre los conciudadanos. El conflicto sucesorio fue una singular tragedia en aquellos años de 1832-1833, al que se sumaba la Causa política, social, de pensamiento y hasta religiosa que fue el último sustrato del Carlismo (1) y la justificación política del golpe de mano isabelino contra la ley sucesoria de 1713. Las fuentes utilizadas para la semblanza de Juan Martín Mónaco de Ansa pertenecen al Archivo Municipal de Pamplona (AMP) y el Archivo General de Navarra (AGN), a los que hemos accedido para estudiar el siglo XVIII pamplonés y la Pamplona de 1814 a 1834. También hemos accedido a los archivos parroquiales de San Juan, San Cernin, San Lorenzo y San Nicolás de Pamplona para identificar los vecinos que ocuparon las Obrerías parroquiales, organización participativa ésta que fue una de las pocas que se mantuvo en medio del desorden social e institucional napoleónico. Por último, hemos recibido datos biográficos fruto de la amabilidad e interés de don Julio-Carlos García Castrillón, gracias a las posibilidades ofrecidas por la Red internauta. Permita el lector que entre la bibliografía cite algunos de mis trabajos, con omisión de otros autores para no alargarme y, sobre todo, porque no obstante están recogidos en los primeros. Antes de seguir adelante, dejamos constancia en estas páginas que ya parece haber pasado la época –es un alivio- del insólito encono que varios historiadores mantuvieron por escrito contra otros que discrepaban de su metodología, planteamientos y conclusiones. Querían los primeros apagar la llama joven de los segundos que tanteaba no sin esfuerzo nuevos caminos. Me refiero a los desafortunados y nada académicos comentarios de Aróstegui, el entonces joven Pan-Montojo (1990), y hasta más recientemente Canal (2000) –no sin extrañeza nuestra debido a la seriedad de sus aportaciones- contra diversos historiadores jóvenes, autores diferentes trabajos y tesis, y que junto con otros promovieron diferentes actividades y la importante revista de historia “Aportes” que ya se acerca al centenar de números, y una prestigiosa editorial. Estas actividades, no controladas por quienes de diversas formas y suerte habían ocupado las cátedras universitarias durante décadas – lugar de dominio y poder como ellos criticaban a sus predecesores-, se prolongaron en los premios anuales de la Fundación Ignacio de Larramendi de los que tantos historiadores de categoría se han
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    4 aprovechado satisfactoriamente. Alguienha dicho que el tiempo pone a cada cual y las iniciativas desarrolladas, en su sitio. En relación con nuestras propias aportaciones relativas a la Pamplona de 1820-1823 y 1833, hace tiempo sufrimos las gratuitas descalificaciones de Del Río Aldaz (1987) en su afán de monopolizar un tema y desacreditar a historiadores de la Universidad de Navarra y otros independientes. También hemos advertido el silencio del profesor R. Felones por lo que respecta a la tendencia carlista que hemos demostrado en los integrantes del Ayuntamiento de Pamplona y la Diputación del Reino en 1833, pues en su divulgación aquel mantiene que ambas instituciones eran de mayoría liberal, isabelina o cristina, cuando está demostrado y publicado que eran carlistas, hasta que lógicamente el virrey isabelino realizó las oportunas expulsiones de cargos, como también ocurrió en otras muchas ciudades de la monarquía española. En esta postura se aprecia un singular seguidismo –y no es el único caso- de la profesora Mina Apat. Por su parte, Pan-Montojo nos descalificó gratuitamente –no sé si buscaba méritos- cuando ambos iniciábamos nuestra carrera profesional. De manera muy diferente, el profesor Herrero ha ignorado nuestras aportaciones sobre la Milicia Nacional de Pamplona en 1820, aun cuando sabe que nuestro método ha sido el de cotejar persona a persona y con sumo trabajo las diferentes listas y hechos acaecidos entre 1819 y 1825. Sin embargo, otros autores más significativos como García-Sanz sí las han tenido en cuenta. Desde luego, omitiré la relación de otros investigadores que han utilizado nuestras aportaciones. Afortunadamente ya son otros tiempos… aunque no obstante en estos muy pocos se dedican a la investigación. Los que sientan la llamada del trabajo investigador, pues adelante. 1. Persona y entorno familiar egún me comunica don Julio-Carlos García Castrillón (3), Juan Martín Mónaco de Ansa, natural de Saldias, era hijo legítimo de Miguel Antonio, natural de Almudébar (Aragón) y Agustina de Ansa, natural de Goizueta. Fue bautizado el 29-I-1779 en la parroquia de San Lorenzo de Pamplona. Contrajo matrimonio con Francisca Ardanaz en dicha parroquia el 17-I-1805, que era hija de Fermín, natural de Orcoyen –pueblecito muy próximo al de S
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    5 Arazuri y ala ciudad de Pamplona-, y Joaquina Loitegui, natural de esta ciudad. El abuelo de Juan Martín se llamaba Miguel y era de Palermo, por entonces Reino de las Dos Sicilias. Hacia 1740 consta que residía en un pueblo de Aragón. En alguna documentación, a dicho historiador le consta que Martín era cirujano. Juan Martín Mónaco de Ansa y Francisca tuvieron tres hijos. En primer lugar, Josef Cruz Gervasio, que fue bautizado en la parroquia de San Lorenzo el 20-VI-1810, y contrajo matrimonio con Bernabea Irañeta, hija de Ramón Irañeta y Rosa Aznárez, naturales de Pamplona, el 27-VII-1830. Gervasio fue secretario del hacendado Nazario Carriquiri. Las otras dos hijas de Martín y Francisca fueron Joaquina que casó con Salvador Zapatería, y Victoria que contrajo matrimonio con Ramón Cía. El 15-II-1847 (y no el 24-I-1814), Juan Pascual (y no José Antonio) de Mónaco, hermano de Juan Martín, contrajo nupcias con Ana Josefa de Baleztena (de la familia Baleztena actualmente propietaria de la casa que construyó Mónaco), en la parroquia del pueblo de Saldias. Hasta aquí los datos comunicados por el Sr. García Castrillón. Juan Martín Mónaco figura en la lista del padrón municipal de Pamplona de 1821. En él se recoge que era natural de Saldias (Reino de Navarra), tenía 40 años, estaba casado con Francisca Ardanaz, de 33 años y natural de Pamplona, de la que tenía tres hijos pequeños. Era de profesión cerero. Vivía en el barrio de Rua Mayor, calle Rua Mayor nº 68. Once años más tarde, en el padrón municipal de 1832 figura como natural de Saldias, con 53 años, de profesión cerero, casado, con esposa y dos hijos. Su domicilio era el mismo, Rua Mayor nº 67 y 68 (2). Pasemos ahora a nuestra investigación sobre el Trienio Liberal en Pamplona, de la que sabemos que Salvador Zapatería era boticario y ocupó seis veces el cargo concejil de regidor –omito los años y fecha completa-, era un decidido realista y después será carlista. De Ramón Cía no tenemos noticia durante el Trienio pamplonés. La familia Mónaco construyó con Modesto Jaime, natural de Pamplona, la casa que hoy es propiedad de la familia Baleztena, situada entre la Plaza del Castillo y el Paseo de Sarasate. A continuación recojo los datos facilitados por don Julio-Carlos García Castrillón correspondientes a las escrituras de compra venta. En primer lugar, ambos compraron al Ayuntamiento el solar y edificio en ruina del nº 24 de la Plaza del Castillo mediante escritura con fecha del 7-IV-1832. En esta escritura intervienen dos
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    6 personas de lafamilia Mónaco con sus consortes: Juan Martín y su esposa Francisca Ardanaz, y su hijo Gervasio con su esposa Bernabea Irañeta, además de Modesto Jaime. Ellas aportan sus dotes, y los dos Mónaco la cantidad restante. El segundo paso fue formalizar entre todos una sociedad, con escritura firmada el 15-V- 1832, con el objeto de construir el nuevo edificio. Así, la parte correspondiente a Martín Mónaco en su sociedad creada con Modesto Jaime, se dividía en cuatro partes, correspondientes a los cuatro individuos citados de su familia. La mansión fue construida por los Mónaco y Modesto Jaime como propietarios a partes iguales entre 1832 y 1840, lo que indica la buena posición social y la considerable fortuna de sus propietarios. Construido el bello edificio, con soportal a la plaza del Castillo, inicialmente fue casa de los señores Mónaco, luego de los conocidos hacendados Carriquiri, y, tras él, de los señores Baleztena. De la familia Mónaco pasó a los Carriquiri mediante escritura de venta fechada el 23-IV-1840, interviniendo de una parte Martín Mónaco, su hijo Gervasio y su nuera Bernabea, y de otra Saturnina Moso y su esposo Nazario Carriquiri. También Modesto Jaime vendió sus derechos a dicha Saturnina Moso y Nazario Carriquiri el 4-V-1840. Respecto a las ideas religiosas y políticas, algo debe indicar que Martín Mónaco figurase entre los vecinos de Pamplona que eran suscriptores al Rancio (seud.) o Filósofo Rancio, concretamente a las cartas filosóficas del maestro Fray Francisco Alvarado (4). Es conocido el pensamiento tradicionalista de este autor, que conecta con los clásicos españoles y él mismo es considerado en la literatura posterior como uno de ellos. Era opuesto al liberalismo desde un pensamiento de la escuela aristotélico-tomista. En las páginas finales del libro de Alvarado (p. 367-392) fechado en 1825, hay una lista de los llamados “suscriptores al Rancio”. Suponemos que son suscriptores de las diecinueve entregas en forma de Cartas aristotélicas que constituían la obra. Que se encabece la lista con el “más suscriptores de Navarra” no significa que haya otros suscriptores navarros anteriormente a la lista recogida. Los suscriptores que figuran y son vecinos de Pamplona son pocos y, siguiendo el orden, son los siguientes: El Vicario de la parroquia de San Lorenzo: Por las fechas, pues septiembre de 1823 no es 1820-1822 y 1824-1825, no tiene por qué ser Miguel José Villanueva, que era liberal y fue apresado por el Ayuntamiento legitimo de Pamplona en Puente la Reina de septiembre de 1823 (5)
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    3 sobre todo seráfiel a los hechos y la misma documentación, transmitiendo así al lector el drama del momento, expresado en este caso en el hecho de que dos vecinos o conciudadanos tuviesen fidelidades opuestas y entrasen en un conflicto extremo. Este valor de la fidelidad tan importante en aquella época, y que el honor se entendiese patrimonio del alma, mostrará la dramática división entre los conciudadanos. El conflicto sucesorio fue una singular tragedia en aquellos años de 1832-1833, al que se sumaba la Causa política, social, de pensamiento y hasta religiosa que fue el último sustrato del Carlismo (1) y la justificación política del golpe de mano isabelino contra la ley sucesoria de 1713. Las fuentes utilizadas para la semblanza de Juan Martín Mónaco de Ansa pertenecen al Archivo Municipal de Pamplona (AMP) y el Archivo General de Navarra (AGN), a los que hemos accedido para estudiar el siglo XVIII pamplonés y la Pamplona de 1814 a 1834. También hemos accedido a los archivos parroquiales de San Juan, San Cernin, San Lorenzo y San Nicolás de Pamplona para identificar los vecinos que ocuparon las Obrerías parroquiales, organización participativa ésta que fue una de las pocas que se mantuvo en medio del desorden social e institucional napoleónico. Por último, hemos recibido datos biográficos fruto de la amabilidad e interés de don Julio-Carlos García Castrillón, gracias a las posibilidades ofrecidas por la Red internauta. Permita el lector que entre la bibliografía cite algunos de mis trabajos, con omisión de otros autores para no alargarme y, sobre todo, porque no obstante están recogidos en los primeros. Antes de seguir adelante, dejamos constancia en estas páginas que ya parece haber pasado la época –es un alivio- del insólito encono que varios historiadores mantuvieron por escrito contra otros que discrepaban de su metodología, planteamientos y conclusiones. Querían los primeros apagar la llama joven de los segundos que tanteaba no sin esfuerzo nuevos caminos. Me refiero a los desafortunados y nada académicos comentarios de Aróstegui, el entonces joven Pan-Montojo (1990), y hasta más recientemente Canal (2000) –no sin extrañeza nuestra debido a la seriedad de sus aportaciones- contra diversos historiadores jóvenes, autores diferentes trabajos y tesis, y que junto con otros promovieron diferentes actividades y la importante revista de historia “Aportes” que ya se acerca al centenar de números, y una prestigiosa editorial. Estas actividades, no controladas por quienes de diversas formas y suerte habían ocupado las cátedras universitarias durante décadas – lugar de dominio y poder como ellos criticaban a sus predecesores-, se prolongaron en los premios anuales de la Fundación Ignacio de Larramendi de los que tantos historiadores de categoría se han
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    8 para ejercer comoelector parroquial en la Junta Electoral, reunida en la parroquia de San Lorenzo el 21-XI-1813 (9). Luego los electos debían reunirse para elegir el nuevo Ayuntamiento constitucional, impuesto con el automatismo de la legislación redactada en las Cortes de Cádiz. Esta legislación -extraña a Navarra por contrariar su naturaleza de Reino-, se aplicó un brevísimo espacio de tiempo por ser traída a Pamplona por el Ejército salvador que empujaba a los napoleónicos a la Frontera del Pirineo. La sorpresa del momento impidió toda consideración crítica de los pamploneses y navarros para más adelante, máxime porque el jefe político vinculó no sin astucia la causa de la Constitución con la derrota de Bonaparte. En conclusión, Martín Mónaco no fue regidor de Pamplona ni el 9-IX-1813, ni en el Ayuntamiento constitucional del 28-XI- 1813. Desde luego, no por pertenecer al Ayuntamiento del 28-XI- 1813 se podía ser considerado de ideología liberal, pues entre ellos hubo 8 cargos (incluido uno de los dos alcalde constitucionales) que más tarde serán realistas y 2 liberales. Mónaco sí fue regidor el 1-IX- 1811, bajo la dominación francesa, concretamente –según hemos dicho- el regidor 5º del Burgo de San Cernin. Ya en el Trienio Liberal, Mónaco fue elegido elector parroquial por la Junta Electoral de la parroquia de San Lorenzo el 24-XII-1820 con 31 votos (el que más de su parroquia), y de nuevo por la Junta Electoral del 8-XII-1821 con 21 votos (a un voto del primero) para formar el cuerpo de vecinos que después tenía que elegir al nuevo Ayuntamiento constitucional. Estuvo presente en dichas votaciones del 25-III y 24-XII-1820 y de 8-XII-1821. No asistió a la Junta del 1-XII-1822 –momento de la eclosión liberal por lo mismo que realista-, resultando muy significativo que en ella sólo obtuviese un voto, el de Pedro Mangado. De por sí, estas elecciones para elector parroquial no parece que estuviesen llenas de significado político, aunque llama la atención que su nombre casi desapareciese en diciembre de 1822, año de la radicalización liberal y del auge de la guerrilla realista (10). Conforme a la nueva legislación, Mónaco fue nombrado Juez censor municipal de la libertad de imprenta el 12-I-1822, situación ésta que difiere totalmente de la radicalización liberal de la nueva lista del 23-III-1822. En la lista de enero figuran 48 vecinos (11). Recordemos que la primera salida de pamploneses a la guerrilla fue en diciembre de 1821 y que la segunda, de carácter masivo, fue en junio de 1822. La primera se realizó en invierno y fracasó, mientras que la segunda fue en verano, en Pamplona fue una salida masiva, y concluyó con el éxito. Por ejemplo, Pamplona fue bloqueada. No obstante, la intervención francesa del duque de Angulema será necesaria para el triunfo de los realistas.
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    9 Mónaco fue nombradopor el Ayuntamiento como repartidor de la contribución territorial el 22-IX-1821, en sustitución de don Policarpo Daoiz (hacendado realista). Los repartidores también pagaban su contribución directa (12). 3. Comerciante, administrador y hombre de negocios Martín Mónaco figura en el sector del comercio pamplonés, concretamente en calidad de cerero. Su posición económica era desahogada como se observa en la mansión de su propiedad que edificó en la plaza del Castillo. Ocupó otros cargos en la administración municipal, lo que demuestra que era una persona muy capaz para los negocios. Aparece en la lista municipal de alcabala por encabezamiento de 1814-1816 entre los vecinos con profesión de cereros. Paga una suma superior a la media de 130 reales fuertes en la lista de 1814, reduciéndose la cuota a 90 r.f. anuales en otra para los años 1814-1815-1816 (13). También figura en la lista de alcabala por encabezamiento de 1824-1825 entre los cereros y chocolateros, oficios que en el siglo XVIII se dan siempre unidos. En tal caso debía pagar una suma de 80 reales fuertes por dos años, que no destaca ni por baja ni por elevada. Es indicativo que en esta última lista se encuentra en el puesto sexto, junto con otros tres vecinos, y que paga más que 26 confiteros restantes (14). En 1817-1831 se encuentra como vecino de Pamplona encargado de la dirección de la empresa de la leña del río, es decir, como asentista de este servicio fundamental controlado por el Ayuntamiento (15). La leña del río se traía a Pamplona por el caudaloso río Arga desde los montes que se encontraban fuera de la cuenca, procedentes del valle de Esteríbar. Una vez pasaba junto a las murallas de la ciudad, los leños o “río de leña” se apilaban en la cequia existente donde el molino de Caparroso, hoy restaurado. El portal de la ciudad que corresponde a esa zona era el de Tejería. Al comienzo de la guerra carlista, en 1834 Mónaco figura como administrador del Hospital General cuyo patronato pertenecía al Ayuntamiento de Pamplona. Esta institución era muy importante en Pamplona y para Navarra porque acogía enfermos de unos y otros
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    10 lugares, lo queindica la relevancia del cargo. Hoy día, en el lugar de dicho hospital se encuentra el museo de Navarra. Don Julio-Carlos García Castrillón ha querido comprobar cuánto tiempo y en qué etapas participó Martín Mónaco en Santo Hospital de Pamplona, que era del patronato municipal, aunque sus fondos documentales se encuentre en el Archivo General de Navarra y el Archivo Municipal de Pamplona. Aunque los cuatrocientos libros de estos fondos no estén organizados, hay constancia de una docena y media de procesos seguidos ante los antiguos Tribunales Reales de Navarra en los que uno de los litigantes es Martín Mónaco; al menos en 2 de ellos (uno de 1819 y otro de 1832) Martín Mónaco figura como Administrador de dicho Hospital. 4.El sector acomodado de la ciudad. on lo dicho hasta aquí es manifiesta la pertenencia de Martín Mónaco al sector acomodado de la ciudad. Sin embargo, hay otros datos que lo reafirman. No sólo se encuentran sus contribuciones pecuniarias municipales y sus cargos o empleos, sino que también aparece entre los vecinos a los que el Ayuntamiento solicita adelantos pecuniarios en unas circunstancias extraordinarias. A sus 32 años y en momentos del final de la ocupación francesa, el 1-IX-1813 el Ayuntamiento de Pamplona le solicitó 1.500 reales vellón (esta suma era escasa en el conjunto de prestamistas) para cubrir el empréstito de 400.000 reales de vellón exigido por los franceses. El Ayuntamiento obtuvo permiso de la autoridad francesa con el objeto de ampliar la lista anteriormente formada, de modo que de 74 aumentaron a 104 vecinos (16). También los regidores del Ayuntamiento liberal de 1822 consideraban que Martín Mónaco podía realizar un adelanto de dinero para atender a las necesidades de la Provincia de Navarra (18-XII-1822). Ignoramos cuál fue el motivo, pero Mónaco no se encontraba entre los vecinos particulares que voluntariamente contribuyeron con dinero para el equipo de la Milicia Nacional Voluntaria de Fusileros en 1820, a diferencia de varios potentados y personas socialmente relevantes, aunque no pocas de ellas figurarán paulatinamente en el sector urbano de tendencia realista (17). C
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    11 5. Actividad políticadurante el Trienio Constitucional. n 1814, Martín Mónaco no se encontró entre los vecinos y cargos examinados para ser rehabilitados como empleados civiles del Ayuntamiento o de la administración pública, ni consta que sirviese al gobierno intruso napoleónico. Su nombre no aparece entre los vecinos que debían de ser “purificados” por colaborar con el dominador francés. Por otra parte, durante el Trienio Liberal o Constitucional Martín Mónaco careció -que nos conste- de participación política (18). Ello está claro, aunque pueda extrañar que un vecino que en 1834 será abiertamente carlista y perseguido por ello, pase de alguna manera desapercibido en la primera eclosión social de liberalismo y antiliberalismo. Ello no impide que hayamos localizado algún vecino identificado como liberal durante el Trienio por los realistas victoriosos en 1823, y que, en 1833, se levantará por don Carlos V y VIII de Navarra. Me refiero al miembro de la Diputación provincial de Navarra en el Trienio, don Crisóstomo de Vidaondo y Mendinueta, natural de Elizondo, hacendado, con domicilio en la Plaza de San José nº 10 (Pamplona), y conocido del marqués de Jaureguizar quien era nítidamente realista. La verdad es que esta situación no era la habitual, pues lo frecuente fue una continuación de posiciones políticas y significados. En el caso de Vidaondo y Mendinueta quizás las circunstancias le exigieron aparentar lo que no era, máxime después de la experiencia de la ocupación napoleónica, donde amoldarse a las circunstancias quizás fuese la mejor manera para combatir al francés. Don Crisóstomo actuó como comisionado de la Junta del Reino de Navarra, junto con el de la Provincia de Guipúzcoa, el señorío de Álava y la provincia de Álava, reunidos en Alsasua el 2-XII-1833, para promover la Causa y derechos de don Carlos 5º. El original era –al menos por entonces- propiedad de Enrique Sáenz de San Pedro (un firmante lleva su apellido) y estuvo depositado en manos de Carlos Sáenz de Tejada, siendo el barón de Montevilla quien me dio una copia. Son muchos los vecinos significados como liberales moderados o bien radicales, así como también otros de tendencia realista, en la ciudad de Pamplona. La abundancia de datos de los liberales se debe a que el Ayuntamiento legítimo de Pamplona o realista realizó varias listas exhaustivas de todos ellos cuando estaba E
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    4 aprovechado satisfactoriamente. Alguienha dicho que el tiempo pone a cada cual y las iniciativas desarrolladas, en su sitio. En relación con nuestras propias aportaciones relativas a la Pamplona de 1820-1823 y 1833, hace tiempo sufrimos las gratuitas descalificaciones de Del Río Aldaz (1987) en su afán de monopolizar un tema y desacreditar a historiadores de la Universidad de Navarra y otros independientes. También hemos advertido el silencio del profesor R. Felones por lo que respecta a la tendencia carlista que hemos demostrado en los integrantes del Ayuntamiento de Pamplona y la Diputación del Reino en 1833, pues en su divulgación aquel mantiene que ambas instituciones eran de mayoría liberal, isabelina o cristina, cuando está demostrado y publicado que eran carlistas, hasta que lógicamente el virrey isabelino realizó las oportunas expulsiones de cargos, como también ocurrió en otras muchas ciudades de la monarquía española. En esta postura se aprecia un singular seguidismo –y no es el único caso- de la profesora Mina Apat. Por su parte, Pan-Montojo nos descalificó gratuitamente –no sé si buscaba méritos- cuando ambos iniciábamos nuestra carrera profesional. De manera muy diferente, el profesor Herrero ha ignorado nuestras aportaciones sobre la Milicia Nacional de Pamplona en 1820, aun cuando sabe que nuestro método ha sido el de cotejar persona a persona y con sumo trabajo las diferentes listas y hechos acaecidos entre 1819 y 1825. Sin embargo, otros autores más significativos como García-Sanz sí las han tenido en cuenta. Desde luego, omitiré la relación de otros investigadores que han utilizado nuestras aportaciones. Afortunadamente ya son otros tiempos… aunque no obstante en estos muy pocos se dedican a la investigación. Los que sientan la llamada del trabajo investigador, pues adelante. 1. Persona y entorno familiar egún me comunica don Julio-Carlos García Castrillón (3), Juan Martín Mónaco de Ansa, natural de Saldias, era hijo legítimo de Miguel Antonio, natural de Almudébar (Aragón) y Agustina de Ansa, natural de Goizueta. Fue bautizado el 29-I-1779 en la parroquia de San Lorenzo de Pamplona. Contrajo matrimonio con Francisca Ardanaz en dicha parroquia el 17-I-1805, que era hija de Fermín, natural de Orcoyen –pueblecito muy próximo al de S
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    13 6.Milicia Nacional artín Mónacoparticipó en la Milicia Nacional de Pamplona a comienzos del Trienio constitucional. Ello no implicaba una definición política porque hubo realistas que también participaron en ella. La prueba son los más de sesenta vecinos de la Milicia que se ausentaron a la primera guerrilla en diciembre de 1821. Nuestra tesis es que Martín Mónaco no mostró una significación política aunque perteneciese al cuerpo voluntario del Tercio de Caballería de la Milicia Nacional de Pamplona. Tuvo alguna participación a comienzos de la vida de ese Tercio armado, pero en los momentos de clara significación política se retiró del mismo. Creemos haber demostrado (19) que los realistas de Pamplona no rehusaron participar en la Milicia Nacional Local y Voluntaria de Pamplona, institución ésta típicamente liberal. Quizás esta Milicia municipal, por desplazar al Ejército regular a la ciudadela, les recordase al Tercio armado de vecinos establecido en el Fuero pamplonés del Antiguo Régimen (Privilegio de la Unión 1423), que se reunía para proteger la ciudad en caso de amenaza militar mientras la tropa del Ejército regular se retiraba a proteger la hermosa ciudadela mandada construir por Felipe II en 1571. La diferencia entre ambos cuerpos era que mientras la Milicia era voluntaria, el Tercio de vecinos era obligatorio, y quizás por eso no consideraron la Milicia como un contrafuero a la vez que les recordaba las no pocas veces que se había formado el Tercio de vecinos en el siglo XVIII. Decimos que en Pamplona en 1820 se formó una Milicia Voluntaria de varios cuerpos como el de Fusileros con granaderos y cazadores, más Caballería, cuerpo de Artillería, y miqueletes. Luego estaba la Milicia de la Ley o legal que, a pesar de formarse las listas, nunca se convocó ni se reunió. Por otra parte, el Ejército, que en Pamplona era liberal y llevó a cabo su propio pronunciamiento militar que prolongó el del general Rafael Riego en Cádiz, velaba sus Armas en la ciudadela. En una población de 13.000 almas –concretamente eran 12.482 el 31-XI-1820- se alistaron 600 para infantería y 32 para caballería. Era el 20-V-1820. Hemos comprobado que en las listas de la Milicia Voluntaria de Pamplona de Fusileros había muchos realistas hasta que las Cortes de Madrid desarmaron el Batallón el 26-III-1822 por haberse enfrentado a tiro limpio contra la Tropa regular el día de M
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    14 San José, 19de marzo, día en el que se celebraba la Constitución gaditana. Este Cuerpo de Fusileros no se volvió a formar de nuevo, sustituyéndole dentro de la ciudad la misma guarnición militar. Sólo se mantenían los vecinos en los Cuerpos de Caballería y Artillería, cuya función era en ambos casos ocuparse de defender la ciudad de ataques exteriores: al trote o a cañonazos, es decir a caballo o auxiliando a la tropa que manejaba las baterías. En el primer Tercio voluntario de Caballería había varios realistas (Juan Pío Jaén era su comandante y era realista) y en el Cuerpo de Artillería ninguno debido a su tardía fecha de creación. Este último Cuerpo de Artillería engrosó sus efectivos humanos tras el enfrentamiento ocurrido el 19-III-1822. Martín Mónaco y Juan Pío Jaén no se encontraban entre los 15 vecinos que solicitaron al Ayuntamiento la formación del Tercio de Caballería por primera vez, entre los cuales se encontraba Domingo Escartin (comerciante y conspicuo liberal). Entre los solicitantes habrá 7 liberales y de 8 se ignora su posterior filiación política (20). Mónaco figura como sargento en la lista del primer Tercio de Caballería Voluntaria de Pamplona. La primera lista la forman 39 voluntarios. Cada voluntario se costeó el bagaje, lo que indica que sus efectivos tenían que tener recursos económicos propios. En dicha lista el mando lo tuvo Juan Pío Jaén (subteniente, comerciante, realista y futuro carlista), siendo Mónaco su sargento. La responsabilidad era grande, máxime cuando llegaron las delicadas circunstancias del alzamiento realista. Refirámonos ahora al hecho mencionado de la refriega mantenida por las calles de Pamplona. Resulta que el 19 de marzo de 1822, día de San José y aniversario de la proclamación de la Constitución –“la Pepa” se le irá llamando-, tuvo lugar un conflicto armado y un prolongado tiroteo entre la Milicia de fusileros de Pamplona y la Tropa del Ejército regular, como sabemos abiertamente liberal, realizado en las calles de la ciudad. La tropa fue arrinconada en la ciudadela, con el comprensible y consiguiente escándalo en las Cortes de Madrid. El exitoso enfrentamiento del Batallón de la Milicia voluntaria de Fusileros contra una tropa que había provocado a ”los serviles de Pamplona” en el café de la Suscripción y por las calles, se saldó con varios muertos y heridos de cada bando, saliendo más perjudicados los militares. Todo, permítasenos decir, muy lamentable. A continuación, ésta Milicia Voluntaria entregó sus armas durante tres largas horas, a insinuación de sus Jefes civiles. Días después, el Ayuntamiento -y también la Diputación provincial el 1-IV- protegerá a sus vecinos de las expresiones verbalizadas por escrito del 2º Batallón de Infantería
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    15 Imperial Alexandro ydel desarme decretado por las Cortes españolas el 26 de marzo de 1822 (21). El Tercio de Caballería no participó en la mortal refriega. De querer participar en ella, sin duda no podía desplegar en las calles un aparato tan formidable. ¡Menudo lío iban a armar cuarenta caballos trotando por las calles, por otra parte blanco fácil de los militares! La Milicia Nacional voluntaria de Pamplona–Infantería o Fusileros, Caballería etc. - fue a Salvatierra de Álava a reprimir a los facciosos, a la insurrección realista formada por voluntarios navarros incluidos algunos pamploneses. La Milicia acudió a Salvatierra bajo el mando militar del general Miguel López Baños. La lista de los que marcharon está fechada el 8-VI-1821. En ésta fuente se dice: “voluntariamente se pusieron en marcha para dicha expedición”. En esta ocasión, el jefe del Tercio, el realista Juan Pío Jaén, no fue a Salvatierra, sustituyéndole en la jefatura Martín de Mónaco, que era sargento y como tal ejercía de comandante accidental de un Tercio de tan sólo 21 individuos, entre los que habrá 16 liberales, que podemos identificar como tales según otras fuentes. ¿Es esto suficiente para identificar a Martín Mónaco como liberal? Por lo dicho antes y por lo que añadiremos a continuación creemos que no. Si se advierten las circunstancias, sería un poco chocante que ninguno de los dos mandos –Jaén o bien Mónaco- fuesen a Salvatierra de Álava, de modo que de fallar el primero, al menos tenía que ir el segundo. Consta que entre los milicianos fusileros que fueron a Salvatierra de Álava habrá varios que al menos después figuran como realistas –incluso en la guerrilla realista- aunque habrá bastantes liberales, siendo también cierto que entre los milicianos de Caballería no había ningún realista. Lo dicho favorece nuestra interpretación de la necesidad que tenía Mónaco de acudir en la expedición contra los realistas. Además, una cosa era ir a Álava y otra combatir y hacerlo mortalmente (23). El Ayuntamiento de 1822, que por otros datos sabemos que era de mayoría realista, se opuso por mayoría de votos a que saliesen los voluntarios a Salvatierra de Álava: “mientras haya tropa permanente no salgan las tres compañías de voluntarios nacionales que se trata de situar en Estella, fundando su opinion en que consideran que el destino de la tropa permanente no esta limitado á este ú el otro pueblo, y el de la Milicia Nacional Voluntaria y Legal está p(or) reglamento a defender sus hogares y terminos de su Pueblo, y en que consultando al bien general de la Nación creen mas util p(ara) la estincion y terror de los facciosos que salgan de tropa de línea; y los Sres. Conde de Agramonte, y Dn. José Mª Vidarte, votaron tambien que no salgan
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    16 las compañías demilicianos, fundandose en que consideran que no se hallan facultados por el Reglamento para hacer pasar á los Milicianos la línea prescripta por la Ley” (23). Esta presencia en Salvatierra es el único dato que nos permite pensar que Mónaco estuviese entre los liberales de la ciudad. Es un dato muy pobre. Por otra parte, carece de significación política que Mónaco se encuentre entre los 24 pamploneses -recordemos que este Tercio tan sólo estaba formado por un total de 33 vecinos- firmantes de una no comprometida representación del Tercio de Caballería a las Cortes el 5-IV-1822. En dicha representación, los milicianos se quejaban de haber sido comprendidos en el desarme de la Milicia Nacional Voluntaria de Pamplona decretado por las Cortes Nacionales el 26-III-1822. Su argumento fundamental era que el Tercio no había tenido parte en la refriega mortal de la Milicia Voluntaria de Fusileros contra la tropa liberal del Ejército regular. Por ello, solicitaban que se les formase una causa para mostrar su acrisolado honor. No indicaron nada de su participación en la expedición a Salvatierra de Álava. En resumen: no querían caer en desgracia ya por convencimiento liberal o bien por justicia y conveniencia (24). ¿Quiénes estaban en la lista de firmantes? Hemos dicho que 24 vecinos de un total de 33. Entre ellos había cinco realistas: Pantaleón Olave, Juan Pío Jaén, Dionisio Larraz, Antonio Agustín (por ejemplo, saldrá a la guerrilla realista) y José León Viguria. Un total de doce firmantes sabemos que serán liberales seguros por otros conceptos. Otros 4 más podrían ser conceptuados entre los liberales únicamente por el mero hecho de ir a Salvatierra de Álava contra los realistas: uno de ellos sería Martín Mónaco que era cerero, y los otros Ángel Guidoti que era pastelero, el padre de Prudencio Espinal que era comerciante y Bernado Ecala que era guantero. De 3 firmantes se ignora totalmente su posición política. ¿Por qué firman sólo 24 y no los 33 del Tercio? La respuesta es que cuatro no firman aunque se encontraban dentro de la ciudad –ignoramos sus nombres-, y que los otros cinco estaban ausentes de Pamplona. De los 24 firmantes, 14 estuvieron en la expedición a Salvatierra (he añadido a Prudencio Espinal), entre los que se encontraba Martín Mónaco. De dichos 14 vecinos, 10 eran liberales por otros motivos, y ya hemos dicho que de 4 no hay otros datos de su comportamiento político (Martín Mónaco, Bernardo Ecala, Ángel Guidoti, y el padre de Prudencio Espinal). También es cierto que ninguno de los que sabemos que son realistas fue a Salvatierra.
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    17 Dicho esto, yase ve que la profesión de historiador es apasionante. Creemos que Martín Mónaco no era liberal aunque estuviese en el Tercio de Caballería, e incluso aunque fuese a Salvatierra de Álava, y que sí estuvo comprometido para acudir contra los facciosos toda vez que Juan Pío Jaén (ferviente realista) no fue siendo su comandante, siendo él su sargento y segundo mando del Tercio. Segundo tercio. El primer Tercio reseñado hasta ahora es anterior a la oferta que el 28-VI-1822 seis conspicuos liberales presentaron al jefe político Ramón Sánchez Salvador, con el objeto de formar un nuevo Tercio para defender la Constitución. En esta nueva solicitud no firma Martín Mónaco, ni los realistas mencionados, ni tampoco Ecala, Guidoti y Espinal. He aquí el nuevo Tercio, declaradamente liberal. Todos los 49 miembros de la lista que se forme en julio, dirigidos por Francisco Salboch (cerero y conspicuo liberal), entonces serán abiertamente liberales. La oferta se mantiene en otro documento del 11-IX-1822, solicitando al jefe político la creación del nuevo Tercio de Caballería “como sus buenos hijos, y dar nuevas pruebas de que los liberales hijos de la España no son capaces de abrigar ningun resentimiento (del anterior desarme), ni apetecer otro bien que el de ser libres con su amada madre patria”. A continuación hay varias listas entre el 2 de julio (49 individuos) y el 11 de septiembre (25). Pasaron dos años, y ni Mónaco ni Juan Pío Jaén figuran en la lista de milicianos de caballería formada tras el Trienio Constitucional el 27-XIII-1824, de aquellos individuos que había formado parte del Tercio de Caballería “durante el pretendido sistema constitucional”. Es decir, se trataba de individuos tachados de liberales. Tampoco figuran Joaquín de Mencos, Mutil0a, Lacunza, Mutuberría, Ecala, Caballero, Olondriz, Guidoty. De estos últimos, salvo Mencos, Lacunza, Ecala y Guidoty, los demás serán liberales por otros conceptos (26). Al margen de la milicia Nacional Voluntaria, sabemos que Martín Mónaco no se encuentra en la lista de las 123 familias de vecinos ausentados de la ciudad durante el bloqueo de Pamplona por las tropas realistas en 1823, aunque se sabe que –según el secretario municipal realista- había muchísimas más fuera. Al final del Trienio, en cuanto a las filias y fobias políticas, las cosas quedaron más claras, pero no porque antes no lo estuviesen. En efecto, siempre estuvieron suficientemente claras, de modo que las élites de Pamplona, de general tendencia realista, se ocuparon en controlar los resortes del poder municipal ante la supervisión de un jefe político liberal y una guarnición hostil y decidida. Pongamos un supuesto. De haber jugado las clases medias
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    5 Arazuri y ala ciudad de Pamplona-, y Joaquina Loitegui, natural de esta ciudad. El abuelo de Juan Martín se llamaba Miguel y era de Palermo, por entonces Reino de las Dos Sicilias. Hacia 1740 consta que residía en un pueblo de Aragón. En alguna documentación, a dicho historiador le consta que Martín era cirujano. Juan Martín Mónaco de Ansa y Francisca tuvieron tres hijos. En primer lugar, Josef Cruz Gervasio, que fue bautizado en la parroquia de San Lorenzo el 20-VI-1810, y contrajo matrimonio con Bernabea Irañeta, hija de Ramón Irañeta y Rosa Aznárez, naturales de Pamplona, el 27-VII-1830. Gervasio fue secretario del hacendado Nazario Carriquiri. Las otras dos hijas de Martín y Francisca fueron Joaquina que casó con Salvador Zapatería, y Victoria que contrajo matrimonio con Ramón Cía. El 15-II-1847 (y no el 24-I-1814), Juan Pascual (y no José Antonio) de Mónaco, hermano de Juan Martín, contrajo nupcias con Ana Josefa de Baleztena (de la familia Baleztena actualmente propietaria de la casa que construyó Mónaco), en la parroquia del pueblo de Saldias. Hasta aquí los datos comunicados por el Sr. García Castrillón. Juan Martín Mónaco figura en la lista del padrón municipal de Pamplona de 1821. En él se recoge que era natural de Saldias (Reino de Navarra), tenía 40 años, estaba casado con Francisca Ardanaz, de 33 años y natural de Pamplona, de la que tenía tres hijos pequeños. Era de profesión cerero. Vivía en el barrio de Rua Mayor, calle Rua Mayor nº 68. Once años más tarde, en el padrón municipal de 1832 figura como natural de Saldias, con 53 años, de profesión cerero, casado, con esposa y dos hijos. Su domicilio era el mismo, Rua Mayor nº 67 y 68 (2). Pasemos ahora a nuestra investigación sobre el Trienio Liberal en Pamplona, de la que sabemos que Salvador Zapatería era boticario y ocupó seis veces el cargo concejil de regidor –omito los años y fecha completa-, era un decidido realista y después será carlista. De Ramón Cía no tenemos noticia durante el Trienio pamplonés. La familia Mónaco construyó con Modesto Jaime, natural de Pamplona, la casa que hoy es propiedad de la familia Baleztena, situada entre la Plaza del Castillo y el Paseo de Sarasate. A continuación recojo los datos facilitados por don Julio-Carlos García Castrillón correspondientes a las escrituras de compra venta. En primer lugar, ambos compraron al Ayuntamiento el solar y edificio en ruina del nº 24 de la Plaza del Castillo mediante escritura con fecha del 7-IV-1832. En esta escritura intervienen dos
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    19 ciudadela del 18de octubre hasta el 3 de diciembre de 1822, la Ciudad obtuvo del rey Fernando VII el titulo de Muy Heroica, que se añadía al de Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Pamplona. Ello fue poco después de la guerra constitucional y de la llegada de los llamados Cien Mil Hijos de San Luis en apoyo a los voluntarios realistas que había formado el Ejército de la Fé, todos los cuales llegaron a bloquear con eficacia la ciudad de Pamplona. Hablamos de bloqueo o sitio porque así lo señalan los hechos y, sobre todo, así lo recoge con esta palabra la documentación municipal aunque ello no satisfaga a Del Río. * * * Y pasará el tiempo. Mónaco tampoco figurará en la lista de militares, empelados civiles, particulares y de diferentes cuerpos, invitados el 24-II-1834 para acompañar a la Diputación del Reino en el acto de la proclamación de doña Isabel II ª en Castilla y Iª en Navarra (27). Entre ellos hay antiguos realistas y carlistas, de los que ignoramos quien asiste a la proclamación. 7.En el Carlismo arlismo o liberalismo fueron momentos de máxima tensión y definición en Pamplona (28). Cuando fallece Fernando VII y se manifiesta la cuestión sucesoria, Martín Mónaco era administrador del Hospital General cuyo patronato pertenecía al Ayuntamiento de Pamplona. Este último le removió del cargo junto con otros empleados el 11-II-1834, sin orden superior, por estar “poco satisfecho de la adhesión a la Reina” (29). Esta expresión era un eufemismo ya que no se podía probar judicialmente la desafección de Mónaco. El 21 de dicho mes el Ayuntamiento rechaza la solicitud de Mónaco de ser readmitido en el cargo. El rechazo fue por unanimidad, aunque a Pedro Juantorena, por ejemplo, se le readmitió para no obstante expulsarle después el 19-IX. El Carlismo o filocarlismo de Mónaco era evidente. Según la policía y el testimonio de particulares, Mónaco era desafecto o sospechoso de serlo en relación con Doña Isabel. Martín Mónaco figura entre otros carlistas de Pamplona que ocuparon cargos en la administración fernandina y que ahora los ocupará en la carlista. Nos referimos, entre otros muchos, a José Joaquín de Lecea (fue diputado del Reino expulsado del cargo), Matías Antonio Durán (fue depositario del Vínculo y Caminos de la C
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    20 Diputación y expulsadodel cargo), José Basset (fue secretario de la Diputación del Reino expulsado del cargo), Juan Pío Jaén (fue depositario del expediente de Camino de la Diputación del Reino, expulsado del cargo), Antonio Jaso (fue contador de la Diputación, expulsado), José María Dombrasas, Tomás Tarragual, Ezequiel Torrecilla… Sus servicios y documentos firmados por ellos pueden verse en la documentación de la Junta Gobernativa carlista de Navarra (30). Otros expulsados de la Diputación del Reino por carlistas el 1-V-1834 fueron Javier María de Arbizu (síndico consultor de la Diputación), Juan Cruz Mata (oficial 2º), Santos Cuello (secretario de la Junta Superior de Educación, montes y plantíos), y Joseph Bergara (depositario de los expedientes de Caminos Reales, desterrado a San Roque) (31). El documento de Martín Mónaco que adjuntamos, escrito en Bayona a sus 54 años, es una información de primera mano transmitida por su hijo, sobre la decisión del Gobierno francés de no intervenir en la guerra de España y su permiso para comerciar en la frontera con materiales para el uso del armamento (32). Dice así: “+ Exma. Junta. Con esta f(echa) me comunica mi (h)ijo desde Baiona p(or) cierta y ciertisima la noticia de q(ue) en el Gov(ierno) frances se a decidido entre 6 botos p(or) 5 la no intervención, y enseguida ha ordenado al Director de Aduan(as) p(ara) q(ue) ordene la libre estraccion hasta la frontera de azufre, salitre, plomo etc. p(ara) a (…) tan solam(ente) de armas y esta orden ha sido comunicada hoy mismo a toda esta frontera, cuia noticia deve ser muy satisf(actoria) p(ara) V. E. p(ara) dejar de participarsela su menor servid(or). Dios Gu(uarde) a V.E. (…) campiña de Baiona 31 de mayo 1835. Martin Monaco. A la Exma. Junta Gubernativa del Rei(no) de Navarra. 8.Conclusión artín de Mónaco tiene una personalidad definida y activa socialmente. Tuvo cierta influencia en la Pamplona de su época, más económica y social que política. M
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    21 Pasó políticamente desapercibidodurante el llamado Trienio constitucional. No se manifestó como realista, pero tampoco como liberal, salvo su obligada y circunstancial participación en la expedición de Salvatierra contra los realistas en 1821. Si algo significaba esto último –que no creemos-, enseguida modificó su postura pues estará ausente del tercio de caballería abiertamente liberal. Llama la atención su ausencia en la política municipal y pamplonesa antes y después de 1823, debido a la ebullición –por así decirlo- de nombres adscritos al realismo o al liberalismo, inquietud que fue manifestándose paulatinamente. No obstante, el caso de Mónaco no es el único y, además, se encontraba fuera de los núcleos de poder municipal cuando estallaron diferentes acontecimientos durante el Trienio. Mónaco no fue liberal en el Trienio, a diferencia de lo que pueda creer algún autor. De ser liberal era muy fácil que se manifestase como tal debido a su prestigio social. Más tarde, Mónaco mantuvo sus cargos municipales sin sufrir depuración alguna, y pertenecerá a las clases medias que aceptaron y apostaron por don Carlos V, por lo que fue perseguido y exiliado. Es más, al menos en una ocasión aportó un servicio de información a la causa carlista. Esta filiación es comprensible de leer como leía los trabajos de Alvarado o filósofo Rancio. Ignoramos el grado de identificación que tenía por la naturaleza del Reino de Navarra, que era contraria al centralismo absolutista de los Borbones y luego del liberalismo, en atención a la procedencia extranjera de su abuelo; pero quizás esto sea ocioso e injusto porque supone minusvalorar su vivencia entre los navarros desde su nacimiento. El caso de Mónaco no fue el único, pues Luciano Oyarzun, administrador de velas de sebo y de pescamercería del Ayuntamiento, también fue expulsado del cargo “por poco satisfecho de la adhesión a la Reina”, pertenecía al sector del comercio, y anteriormente había pasado desapercibido durante el Trienio. Era algo más joven que Mónaco, pues Oyarzun tenía 35 años según el Padrón de 1832. Recordemos que el lema de los carlistas era el total respeto por la Religión católica, la monarquía en la que el rey reina porque gobierna, las Cortes representativas y en ese momento estamentales, los Fueros del Reino de Navarra que incluían los Fueros municipales entre otros, y España como patria común y especialmente querida como se mostró en ocasión de la guerra por la Independencia. Por aquella época, en España existían al menos tres tendencias políticas: innovadores o liberales, conservadores o absolutistas, y, en tercer
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    22 lugar, renovadores otradicionales. Así lo expresa Federico Suárez, José Luis Comellas y otros autores. Por nuestra parte en nuestros trabajos hemos mostrado que Navarra, como instituciones políticas y en su sociedad, pertenecía a estos últimos, los renovadores tradicionales, incluso aún sin planteárselo. En Navarra no había absolutismo porque existían la naturaleza del Reino milenario, el pactismo político que los decretos de Nueva Planta eliminaron en la Corona de Aragón entre 1707 y 1714, las Cortes, las leyes propias, y se frenaban o intentaban frenar las intromisiones ministeriales borbónicas posteriores a 1767, con Godoy y luego Fernando VII. En Navarra hubo reformas, no sólo las abundantes reformas del siglo XVIII que nosotros hemos estudiado para Pamplona, sino también la reforma municipal de algunos artículos del Privilegio de la Unión de Pamplona firmado por Carlos III de Navarra en 1423, modificación ésta realizada por la misma Ciudad y luego aceptada por las Cortes del Reino de 1817, toda vez que dicho privilegio era Ley del Reino. El choque con el Liberalismo era más amplio que el señalado, pero estos eran los pilares básicos sobre los que descansaba mayoritariamente la sociedad navarra, el pueblo tradicional. Analizarlo es otro trabajo, por otra parte ya realizado por parte de muy sesudos historiadores. José Fermín Garralda Arizcun. Doctor en Historia moderna y contemporánea. Pamplona, Julio de 2016
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    6 personas de lafamilia Mónaco con sus consortes: Juan Martín y su esposa Francisca Ardanaz, y su hijo Gervasio con su esposa Bernabea Irañeta, además de Modesto Jaime. Ellas aportan sus dotes, y los dos Mónaco la cantidad restante. El segundo paso fue formalizar entre todos una sociedad, con escritura firmada el 15-V- 1832, con el objeto de construir el nuevo edificio. Así, la parte correspondiente a Martín Mónaco en su sociedad creada con Modesto Jaime, se dividía en cuatro partes, correspondientes a los cuatro individuos citados de su familia. La mansión fue construida por los Mónaco y Modesto Jaime como propietarios a partes iguales entre 1832 y 1840, lo que indica la buena posición social y la considerable fortuna de sus propietarios. Construido el bello edificio, con soportal a la plaza del Castillo, inicialmente fue casa de los señores Mónaco, luego de los conocidos hacendados Carriquiri, y, tras él, de los señores Baleztena. De la familia Mónaco pasó a los Carriquiri mediante escritura de venta fechada el 23-IV-1840, interviniendo de una parte Martín Mónaco, su hijo Gervasio y su nuera Bernabea, y de otra Saturnina Moso y su esposo Nazario Carriquiri. También Modesto Jaime vendió sus derechos a dicha Saturnina Moso y Nazario Carriquiri el 4-V-1840. Respecto a las ideas religiosas y políticas, algo debe indicar que Martín Mónaco figurase entre los vecinos de Pamplona que eran suscriptores al Rancio (seud.) o Filósofo Rancio, concretamente a las cartas filosóficas del maestro Fray Francisco Alvarado (4). Es conocido el pensamiento tradicionalista de este autor, que conecta con los clásicos españoles y él mismo es considerado en la literatura posterior como uno de ellos. Era opuesto al liberalismo desde un pensamiento de la escuela aristotélico-tomista. En las páginas finales del libro de Alvarado (p. 367-392) fechado en 1825, hay una lista de los llamados “suscriptores al Rancio”. Suponemos que son suscriptores de las diecinueve entregas en forma de Cartas aristotélicas que constituían la obra. Que se encabece la lista con el “más suscriptores de Navarra” no significa que haya otros suscriptores navarros anteriormente a la lista recogida. Los suscriptores que figuran y son vecinos de Pamplona son pocos y, siguiendo el orden, son los siguientes: El Vicario de la parroquia de San Lorenzo: Por las fechas, pues septiembre de 1823 no es 1820-1822 y 1824-1825, no tiene por qué ser Miguel José Villanueva, que era liberal y fue apresado por el Ayuntamiento legitimo de Pamplona en Puente la Reina de septiembre de 1823 (5)
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    24 (6) Aunque tenemosmás datos, apuntemos que Simón Garde firma una representación de 30 vecinos de Pamplona, en un sentido Realista, ante las autoridades legitimistas que estaban en Puente la Reina, solicitando protección de sus bienes (16-V-1823). AGN Sec. Guerra leg. 28 carp. 83 (7) Constatamos dos personas como Miguel Tirapu. Un Miguel Tirapu tiene 38 años, y es maestro cerrajero con taller, viviendo en la calle San Gregorio 26; el otro es Miguel Martín Tirapu, comerciante de 42 años, que también figura como empleado con casa en la calle Santo Domingo nº 12 según el padrón de 1821, o bien como escribiente en el Padrón de 1822. En cualquier caso, en principio nos extraña que adquieran la obra del P. Alvarado debido a su bajo estrato social. (8) GARRALDA ARIZCUN, José Fermín, “El Ayuntamiento constitucional de Pamplona como ruptura en los albores de la revolución liberal (1808-1833), Pamplona, Rev. “Príncipe de Viana” nº 186, (enero-abril 1989), pág. 151-215. AMP Consultas lib. 69-83 (1808-1834) (9) AMP Sec. Consultas y Sec. Elecciones leg. 6 (10) AMP Sec. Consultas leg. 78 f. 18 y 78. (11) AMP Sec. Consultas lib. 78, f. 24 (12-I-1822). De esta manera el Ayuntamiento aplicaba el Art. 37, Tit. 7 de la Ley de libertad de imprenta del 22- X-1820, sancionada por el rey el 12-XI-1820. Entre ellos hemos localizado 14 vecinos que mostrarán su tendencia realista durante el Trienio y 1 dudoso de serlo (Mónaco sólo aportaría su filiación carlista en 1834), y a su vez 5 liberales y 2 dudosos de serlo. De 16 vecinos nada nos consta. No obstante, la posterior modificación de dicho Art. 37 hizo que el Ayuntamiento tuviese que elegir por sorteo un tercio entre los indicados, según dispuso la Diputación provincial. (12) AMP Sec. Consultas, lib. 78 f. 2 vº, 7vo y 17 vº (22-IX-1821) (13) AMP Sec. Alcabala leg. 3 (1781-1825). (14) AMP Sec. Alcabala leg. 3 (1781-1825) (15) AMP Sec. Leña del río, leg. 3, 1780-1833 (16) AMP Sec. Consultas lib. 71, f. 43-47 (1-IX-1813). (17) AMP, Sec. Guerra. Milicia Nacional, leg. 2 (1820-1823). (18) GARRALDA ARIZCUN José Fermín, “Antecedentes de la guerra carlista. Estudio socio-político de Pamplona en el trienio liberal (1820-1823)”, Pamplona, Rev. “Príncipe de Viana”, nº 181 (mayo-agosto 1987), 487-526 pp. (19) GARRALDA ARIZCUN J. F., “La Milicia Nacional local de Pamplona durante el Trienio constitucional. Estudio sociológico y político de sus componentes”, Pamplona, Rev. “Príncipe de Viana”, Anejo 9, 1988, pág. 319- 334. (20) AMP Sec. Guerra. Milicia Nacional leg. 2, 1820-1823 (8-XI-1820). (21) AGN, Sec. Guerra leg. 24 carp. 45 (1-IV-1822). (22) AGN Sec. Guerra, leg. 23 carp. 39 (1821). (23) AMP Sec. Consultas lib. 76, f. 90). (24) AGN Sec. Guerra, leg. 24, carp. 26 y carp. 49 (1822). (25) AMP, Sec. Guerra. Milicia Nacional, 1820-1824) Sec. Sec. Guerra leg. 26, carp. 5 (28-VI y 18-IX-1822). (26) AGN Sec. Guerra leg. 30, carp. 55 (27) AGN Sec. Casamientos de reyes, Sucesión a la Corona, leg. 5 carp. 53. (28) GARRALDA ARIZCUN, José Fermín, “El apoyo popular al carlismo en Pamplona”, VV.AA., Las guerras carlistas, Madrid, Actas, 1993, 421 pp., pág. 219-248; Ídem., “Los carlistas expulsados de la Diputación del Reino de Navarra
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    25 y del Ayuntamientode Pamplona en 1834”, Pamplona, Rev. “Príncipe de Viana” Anejo 5-1986, 656 pp., pág. 287-312 (29) AMP Consultas lib, 83, f. 232 (30) AGN, Sec. Junta Gubernativa carlista (31) AGN, Sec. De la Diputación leg. 5, carp. 34. Hubo otros vecinos expulsados de sus cargos. (32) AGN. Sec. Junta Gubernativa carlista leg. 9 José Fermín Garralda Arizcun. Doctor en Historia moderna y contemporánea. Pamplona, Julio de 2016 L a u s D e o