Este poema es una oda a Walt Whitman, el poeta estadounidense. Neruda describe cómo Whitman lo acompañó durante su juventud y le enseñó a ser estadounidense a través de sus escritos. Whitman celebró la tierra, la dignidad humana y la fraternidad entre todos los pueblos. A pesar de los nuevos tiempos difíciles en Estados Unidos, el legado y el espíritu de Whitman permanecen vivos a través de su poesía.