La reforma laboral española de 2010 introdujo cambios en varios aspectos del mercado laboral, incluyendo: 1) reducir la temporalidad mediante la conversión de contratos temporales en indefinidos y limitando la cadena de contratos temporales; 2) modificar las condiciones de despido objetivo y flexibilizar mecanismos internos como traslados geográficos y modificaciones de condiciones; 3) permitir que agencias de empleo operen con ánimo de lucro y ampliar el uso de empresas temporales.