La Carta de Atenas de 1931 estableció recomendaciones para la restauración y conservación de monumentos históricos. Reconoció la necesidad de cooperación internacional para proteger el patrimonio cultural de la humanidad y promovió el abandono de restauraciones integrales en favor de mantenimiento continuo. También recomendó respetar el estilo histórico de los monumentos al restaurarlos y encontrar usos que preserven su carácter artístico.