La agricultura moderna simplifica los ecosistemas y altera los suelos mediante prácticas como el monocultivo y el uso intensivo de tecnologías. Aunque esta revolución ha aumentado la producción agrícola, también ha causado impactos ambientales negativos, incluyendo la contaminación y la pérdida de biodiversidad. Es crucial encontrar un equilibrio entre la producción de alimentos y la conservación del medio ambiente para evitar mayores daños ecológicos.