El cultivo asociado consiste en sembrar otra especie de planta junto con el ricino en la misma área. Esto permite aprovechar mejor el espacio y los recursos del suelo, además de diversificar la producción y reducir los riesgos frente a plagas y enfermedades. Algunos cultivos que se pueden asociar con el ricino son maíz, sorgo, maní u otras leguminosas.