El artículo examina el asesoramiento educativo como una práctica en evolución y complejidad, destacando la necesidad de comunidades de aprendizaje comprometidas para mejorar la educación. Se enfatiza que la asesoría debe establecerse en un marco democrático y colaborativo, adaptándose a contextos específicos, y que la combinación de ética, técnica y emoción es vital para el éxito. Finalmente, se presenta la importancia de contar con sistemas de apoyo integrados que fomenten un desarrollo profesional auténtico y significativo.