La civilización etrusca floreció en el norte de Italia entre los siglos IX y II a.C. y tuvo una gran influencia en el arte, la arquitectura y la cultura de la antigua Roma. El arte etrusco se caracterizaba por sus frescos funerarios, sarcófagos de terracota y espejos de bronce grabados. Construyeron casas cuadrangulares de madera, adobe o toba que influyeron en el diseño de las viviendas romanas.