El arte bizantino se desarrolló a partir del siglo V d.C. en el Imperio Bizantino. Se caracterizó por una arquitectura monumental con iglesias de planta centralizada y cúpulas, y por espléndidos mosaicos e iconos que transmitían ideas religiosas de forma intelectualizada. Alcanzó sus máximos logros artísticos durante la Primera, Segunda y Tercera Edad de Oro, destacando obras como Santa Sofía de Constantinopla y los mosaicos de Rávena.