El signo lingüístico tiene dos facetas, el significado y el significante, que están relacionados de forma arbitraria e inmotivada. El signo lingüístico se caracteriza por su linealidad, ya que el significante es una sucesión de unidades que aparecen una tras otra en el tiempo, y por su doble articulación, pudiéndose descomponer la palabra en partes más pequeñas y siendo estas a su vez descomponibles. El signo lingüístico es a la vez mutable e inmutable, pudiendo evolucionar a través del tiempo