La ponencia sobre soberanía alimentaria y currículo escolar enfatiza la necesidad de políticas que permitan a comunidades definir sus propias estrategias de producción y consumo de alimentos, contrastando con el modelo neoliberal que aumenta el hambre global. Resalta cómo la intervención de organismos como el Banco Mundial transforma la economía campesina en una economía productivista, exacerbando la pobreza y desigualdad. Se propone un enfoque agroecológico que promueva la diversidad y el empoderamiento de pequeños productores, especialmente mujeres, como clave para garantizar el derecho a la alimentación y reducir el hambre.