El documento reflexiona sobre la evangelización en comunidades pequeñas, destacando que Dios elige lo insignificante y nos invita a llevar el Evangelio con alegría y renovación. Se enfatiza la importancia de la experiencia cristiana personal y el encuentro con Dios a través de la mediación, además de la necesidad de una conversión y renovación continúas dentro de la Iglesia. Finalmente, se presenta el perfil del evangelizador como un testigo alegre y solidario, comprometido con los pobres y confiando en la acción del Espíritu Santo para llevar a cabo la misión de anunciar el Reino de Dios.