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CATEQUESIS SOBRE LA FE
MONS. ESTEBAN ESCUDERO
OBISPO DE PALENCIA
MARÍA, MODELO DE LA
FE
La grandeza ante Dios de la Virgen María
• Por la fe, el cristiano
somete completamente
su inteligencia y su
voluntad a Dios.
Escucha atentamente su
palabra e intenta llevarla
a la práctica en su vida.
• La Virgen María, durante
su vida, y hasta la última
prueba, cuando Jesús,
su hijo, murió en la cruz,
su fe no vaciló. María no
cesó de creer en el
cumplimiento de la
palabra de Dios.
• María se sometió en
todo momento a la
palabra que Dios le
dirigía. Por ello, la
Iglesia venera en María
la realización más pura
de la fe. En este sentido
es modelo de la Iglesia
en la fe y en el amor
María, modelo de la fe en la Anunciación
• María de Nazaret
fue la elegida entre
todas las mujeres.
Dios quiso que su Hijo
se hiciese hombre como
los demás hombres y
para ello necesitaba del
concurso de una mujer,
de una madre.
Por su fe y su obediencia
El relato del evangelista San
Lucas nos narra la respuesta
de María: “He aquí la esclava
del Señor, hágase en mí
según tu palabra” (Lc 1, 38).
Por su fe y su obediencia,
María colabora libremente
en el plan de salvación
divino.
Por su fe, fiándose
de Dios, que iba a
ser la madre del
Mesías prometido.
Por su obediencia,
entregándose a
Dios sin
condiciones.
María, modelo de discípula de su Hijo
Cuando su Hijo dejó el
hogar familiar de Nazaret,
María acude a verle y quiere
hacer valer sus derechos de
madre.
Un discípulo anónimo anuncia a
Jesús que sus parientes más
cercanos quieren verle.
Pero Jesús responde: “¿Quién es
mi madre y mis
hermanos?...Estos son mi madre
y mis hermanos. Quien cumpla
la voluntad de Dios, ése es mi
hermano, mi hermana y mi
madre” (Mc 3, 33.35).
La respuesta de Jesús no
puede menos que sorprender
a la madre.
Han llegado los tiempos
mesiánicos y el Señor sitúa el
reino de los cielos por encima de
los lazos de la carne.
La proximidad con Jesús ya no
se mide por el parentesco
carnal, sino por la fe y el
cumplimiento de la voluntad de
Dios Padre.
María tiene ahora que
merecer el título de “madre”
y de “hermana” del Mesías
por el fiel cumplimiento de lo
que Dios pide de ella.
Y María acepta de nuevo la
voluntad divina y regresa sola al
hogar de Nazaret.
María, modelo de fe ante la cruz
En el momento de la muerte del Señor, la
encontramos de nuevo junto a su Hijo.
Jesús, moribundo, confía su madre al
discípulo: "Mujer, ahí tienes a tu hijo...; hijo,
ahí tienes a tu madre" (Jn 19, 26-27).
Se trata ciertamente de un gesto de
amor y solicitud del hijo que muere
para con su madre, que va a quedar
desamparada. Pero es también, y
sobre todo, una participación de la
madre en la cruz de su hijo.
Jesús abandona a su madre, para
quedarse solo ante Dios en el momento
supremo de la muerte. Y María vuelve a
aceptar por la fe, con el corazón
desgarrado por el dolor, la voluntad de
Dios sobre ella.
Con su obediencia, acepta la espada
de dolor que le profetizó el anciano
Simeón, cuando a los cuarenta días
presentó a Jesús en el templo.
María, amparo de la fe de la Iglesia
• “Todos ellos perseveraban en la
oración, con un mismo espíritu,
en compañía de algunas mujeres,
de María, la madre de Jesús, y de
sus hermanos” (Hch 1, 14).
En el último pasaje de
la Sagrada Escritura
que nos habla de ella,
la encontramos en
medio de los Apóstoles
confortando y
amparando la fe de la
Iglesia naciente:
• Ella, que había sido madre del
Cristo-Cabeza, nos ha sido dada
por el mismo Jesús como madre
de su Cuerpo místico, que es la
Iglesia.
María ha sido
constituida madre
espiritual de todos los
creyentes.
Su Asunción al cielo
Su Asunción al cielo, “terminado el curso
de su vida terrena”, no interrumpe, sino
que potencia su maternidad espiritual,
intercediendo ante su hijo por todos los
miembros de la Iglesia y constituyendo, al
mismo tiempo, la imagen de la Iglesia al
final de la historia.
Donde ella ya ha llegado por su fe y
su fidelidad a Dios, también nosotros
esperamos llegar, si como ella nos
esforzamos en cumplir cada día la
voluntad de Dios en nuestras vidas.
Por el fiel cumplimiento de la
voluntad de Dios, María se ha
convertido por lo tanto en el modelo
de fe para los cristianos y, al mismo
tiempo, refugio y amparo de la fe de
los que la invocan como Madre de
todos los creyentes.
ORACIÓN
Te rogamos, Señor, que concedas a
tus siervos gozar de perpetua salud
de alma y de cuerpo y por la
intercesión de la bienaventurada
Virgen María, líbranos de las
tristezas de la vida presente y
concédenos las alegrías del cielo.
Por N.S.J. Amén.
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Diócesis
Palencia:

42: Maria, modelo de la fe

  • 1.
    43 CATEQUESIS SOBRE LAFE MONS. ESTEBAN ESCUDERO OBISPO DE PALENCIA MARÍA, MODELO DE LA FE
  • 2.
    La grandeza anteDios de la Virgen María • Por la fe, el cristiano somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Escucha atentamente su palabra e intenta llevarla a la práctica en su vida. • La Virgen María, durante su vida, y hasta la última prueba, cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el cumplimiento de la palabra de Dios. • María se sometió en todo momento a la palabra que Dios le dirigía. Por ello, la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe. En este sentido es modelo de la Iglesia en la fe y en el amor
  • 3.
    María, modelo dela fe en la Anunciación • María de Nazaret fue la elegida entre todas las mujeres. Dios quiso que su Hijo se hiciese hombre como los demás hombres y para ello necesitaba del concurso de una mujer, de una madre.
  • 4.
    Por su fey su obediencia El relato del evangelista San Lucas nos narra la respuesta de María: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). Por su fe y su obediencia, María colabora libremente en el plan de salvación divino. Por su fe, fiándose de Dios, que iba a ser la madre del Mesías prometido. Por su obediencia, entregándose a Dios sin condiciones.
  • 5.
    María, modelo dediscípula de su Hijo Cuando su Hijo dejó el hogar familiar de Nazaret, María acude a verle y quiere hacer valer sus derechos de madre. Un discípulo anónimo anuncia a Jesús que sus parientes más cercanos quieren verle. Pero Jesús responde: “¿Quién es mi madre y mis hermanos?...Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Mc 3, 33.35). La respuesta de Jesús no puede menos que sorprender a la madre. Han llegado los tiempos mesiánicos y el Señor sitúa el reino de los cielos por encima de los lazos de la carne. La proximidad con Jesús ya no se mide por el parentesco carnal, sino por la fe y el cumplimiento de la voluntad de Dios Padre. María tiene ahora que merecer el título de “madre” y de “hermana” del Mesías por el fiel cumplimiento de lo que Dios pide de ella. Y María acepta de nuevo la voluntad divina y regresa sola al hogar de Nazaret.
  • 6.
    María, modelo defe ante la cruz En el momento de la muerte del Señor, la encontramos de nuevo junto a su Hijo. Jesús, moribundo, confía su madre al discípulo: "Mujer, ahí tienes a tu hijo...; hijo, ahí tienes a tu madre" (Jn 19, 26-27). Se trata ciertamente de un gesto de amor y solicitud del hijo que muere para con su madre, que va a quedar desamparada. Pero es también, y sobre todo, una participación de la madre en la cruz de su hijo. Jesús abandona a su madre, para quedarse solo ante Dios en el momento supremo de la muerte. Y María vuelve a aceptar por la fe, con el corazón desgarrado por el dolor, la voluntad de Dios sobre ella. Con su obediencia, acepta la espada de dolor que le profetizó el anciano Simeón, cuando a los cuarenta días presentó a Jesús en el templo.
  • 7.
    María, amparo dela fe de la Iglesia • “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1, 14). En el último pasaje de la Sagrada Escritura que nos habla de ella, la encontramos en medio de los Apóstoles confortando y amparando la fe de la Iglesia naciente: • Ella, que había sido madre del Cristo-Cabeza, nos ha sido dada por el mismo Jesús como madre de su Cuerpo místico, que es la Iglesia. María ha sido constituida madre espiritual de todos los creyentes.
  • 8.
    Su Asunción alcielo Su Asunción al cielo, “terminado el curso de su vida terrena”, no interrumpe, sino que potencia su maternidad espiritual, intercediendo ante su hijo por todos los miembros de la Iglesia y constituyendo, al mismo tiempo, la imagen de la Iglesia al final de la historia. Donde ella ya ha llegado por su fe y su fidelidad a Dios, también nosotros esperamos llegar, si como ella nos esforzamos en cumplir cada día la voluntad de Dios en nuestras vidas. Por el fiel cumplimiento de la voluntad de Dios, María se ha convertido por lo tanto en el modelo de fe para los cristianos y, al mismo tiempo, refugio y amparo de la fe de los que la invocan como Madre de todos los creyentes.
  • 9.
    ORACIÓN Te rogamos, Señor,que concedas a tus siervos gozar de perpetua salud de alma y de cuerpo y por la intercesión de la bienaventurada Virgen María, líbranos de las tristezas de la vida presente y concédenos las alegrías del cielo. Por N.S.J. Amén.
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