Niños y niñas de 0 a 2 años
Los roles de género y la identidad sexual
El comienzo de las relaciones afectivas
Las primeras experiencias de satisfacción
Las erecciones
Nombrando se aprende
Yo y los demás
5Capítulo
Niños y niñas de 0 a 2 años
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Los roles de género y la identidad sexual   
Normalmente ante la noticia de un embarazo deseado, y la alegría que
en la mayoría de los casos supone, se suele pensar en cómo nos gustaría
que fuese la criatura, a quien se parecerá, que tenga salud, que se desarrolle
satisfactoriamente, que sea buena persona, que tenga una vida feliz, etc.
Así durante toda la gestación. Pero además, desde el momento en que se
produce la asignación del sexo y se anuncia si será niño o niña, comienzan
a surgir ideas que puede que marquen diferencias entre los sexos. Ahora los
pensamientos en muchos casos ya no son iguales si se espera un niño o si se
espera una niña.
Mucho antes de nacer empiezan las diferencias: la ropa, la decoración de
la habitación, los primeros juguetes. Probablemente las expectativas puestas
y lo que se espera para el futuro serán también distintas en función del sexo.
Si es niño, posiblemente haya muchos padres que imaginen a su hijo siendo
futbolista de mayor, o teniendo mucho éxito con las chicas “llevándoselas a
todas de calle”. ¿Pensarían lo mismo si en vez de niño fuese niña? ¿Que va
a ser futbolista y que va a tener mucho éxito con los chicos?
Las diferencias no tienen nada de malo, es evidente que niñas y niños, mu-
jeres y hombres somos diferentes. Pero lo que no se puede aceptar es que
esas diferencias impliquen jerarquías o discriminaciones.
Este tipo de pensamientos o comportamientos ocurren en la mayoría de
los casos de forma inconsciente. Se tienen tan arraigadas estas diferencias en
torno a lo que significa ser niña o niño, mujer u hombre, que salen de den-
tro sin que tengamos oportunidad de darnos cuenta. Pero aunque estas
imágenes e ideas, llamadas estereotipos de género, se encuentren fuerte-
mente interiorizadas en cada uno de nosotros, consideramos importante
reflexionar sobre ellas para aclarar que muchos de estos estereotipos nada
tienen que ver con la naturaleza de los sexos, sino que son aspectos apren-
didos y  relacionados con nuestra cultura y sociedad.
Se asignan características como la apariencia física, los comportamientos
o los rasgos de personalidad, tanto a un sexo como a otro, de una forma
prácticamente exclusiva, de manera que se acaba sintiendo la obligación de
ser de una determinada forma si somos hombres o de otra si somos mujeres.
Y además quedando discriminado cuando uno o una se sale de eso que se
espera.
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Niños y niñas de 0 a 2 años
Alguno de estos estereotipos quizás tengan su base fisiológica y puede
que, efectivamente, mucho de lo que proponen se de con más frecuencia
en el sexo al que alude. No obstante eso no los justifica. Ni todos los hom-
bres son iguales, ni tampoco lo son todas las mujeres. Ni todos los rasgos
considerados masculinos son exclusivos de los hombres, ni todos los rasgos
femeninos lo son de las mujeres.
Los estereotipos de género limitan a las personas, ponen barreras y reducen
las posibilidades de ambos sexos.
Los estereotipos además están más cerca de lo que muchas veces nos cree-
mos. Se puede observar como en muchas ocasiones el tono de voz, las pa-
labras que se usan para denominar las cosas e incluso el tipo de trato, es
distinto en niños y en niñas. Para las niñas se suele utilizar un tono de voz
más suave, se tiende a hablar con diminutivos, “tómate el pollito, cariño”,  
y se las describe como frágiles y dulces. Sin embargo, en el caso de los niños
las palabras para dirigirse a él son de tipo superlativo, “vamos machote”, y
se les describe como fuertes o valientes.
Una pareja está en el parque con su hija de año y medio. La pequeña está
jugando y en un momento de descuido se tropieza y cae al suelo. Sus padres
acuden a ella colmándole de besos, caricias, la cogen en brazos y le dicen
“tranquila mi niña, ¿se ha hecho daño mi princesa?”.
Imaginemos ahora que es un niño el que se cae. ¿Actuará la pareja de la
misma forma? Puede que sí, o puede que simplemente se acerquen a él, le
ayuden a levantarse y le den una palmadita en el culo diciéndole “venga
campeón, arriba, que sólo ha sido una caída”.
Aunque este tipo de frases, en principio, no hacen mal a nadie, se produ-
ce una educación diferencial condicionada por las personas adultas y que
trasmiten mensajes diferentes.
Además también son importantes las relaciones que existan entre las
personas adultas que rodean su vida, que igualmente contribuyen a cómo
aprenderá a afrontar el mundo. No olvidemos que están sirviendo de mo-
delos. Por tanto, irá en una dirección o en otra en función de cómo sea la
convivencia dentro de su entorno. Si son igualitarias, si hay posiciones de
poder, cómo se reparten las tareas o cómo se valoran las mismas, si se ofre-
cen las mismas oportunidades a ambos sexos…
Niños y niñas de 0 a 2 años
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Por eso, creemos que es importante reconocer y asumir que no sólo edu-
camos con lo que decimos. Con aquello que hacemos y, en muchos casos,
no hacemos, también educamos.
Tratar de eludir los estereotipos, por tanto, es tratar de ofrecer a niños y
niñas el “doble” de posibilidades. Y suponemos que todos queremos hijos
con más oportunidades.
Queramos o no, somos modelos para nuestros hijos. Probablemente se
educa más con los gestos que con las palabras.
Es bueno no confundir todo esto del género con la Identidad Sexual. Aun-
que para el niño y la niña esto empieza siendo bastante confuso. Lo normal
es que a partir del primer año y medio, comiencen a diferenciar si pertenece
a un sexo o al otro. Lo que sucede es que esta diferenciación la realizan no
a través de su cuerpo, genitales femeninos o masculinos, sino de “lo que
parecen”. Se guían por la apariencia externa y no por la diferencia real entre
los sexos. Por eso, es habitual que crean que si a un niño se le pusiese falda
sería una niña o si a una niña se le cortase el pelo podría ser un niño.
Poco a poco deberán ir logrando lo que se llama la “constancia sexual”
que significa que saben que son niños o niñas y que lo seguirán siendo aun-
que cambie su aspecto externo. Pero esto, como todo, puede variar de unos
a otras. Aunque para el final de esta etapa (6 años) lo tendrán logrado.
Por tanto, y en línea de todo lo escrito anteriormente, sería bueno ir
“flexibilizándos” el género. Es decir, que vayan aprendiendo que no hay
juegos y juguetes de niños o de niñas u ocupaciones adultas de hombres y
otras de mujeres.
Debemos evitar mandar mensajes que limiten para darles la oportunidad
de poder desarrollarse libremente. De esta manera, y desde el principio, les
estaremos enseñando que hay muchas formas de ser niño y de ser niña y
que tanto un sexo como el otro es igual de importante y valioso. Algo que
es básico para un buen desarrollo de la sexualidad.
Todos los juegos y juguetes son para quien le guste jugar a ellos, lo mismo
que las ocupaciones adultas. Todos y todas podemos hacer de todo.
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Niños y niñas de 0 a 2 años
El comienzo de las relaciones afectivas
Ya sabemos de la importancia que tiene que los bebés se vinculen afecti-
vamente (y efectivamente) con sus figuras de apego y de cómo la cercanía
física y emocional juega un papel básico en el posterior desarrollo. Por eso
suelen mostrar interés por estímulos sociales como la voz humana, el tacto
o el rostro de las personas.
El resultado de haber tenido una vivencia temprana de cariño, protección
y seguridad, quedará grabado en el bebé como algo agradable y aprenderá
a sentir confianza y ganas de relacionarse con otras personas.
Además, la seguridad que ofrece una buena vinculación afectiva le ayu-
dará a explorar el entorno de una manera más autónoma y sin temores de
por medio.
Estamos hablando de cómo mejorar el presente y de cómo facilitar de
cara al futuro. Pero en ningún caso quisiéramos transmitir la idea de que
todo esto es completamente determinante. Son muchas más cosas las que
influyen. Queremos decir que, aún haciéndolo todo lo bien de lo que uno
es capaz respecto a su bebé, no está garantizado que más adelante no pue-
dan surgir problemas de relación. Del mismo modo tampoco sería cierto
pensar que un bebé que ha carecido de estos cuidados y estos afectos esté
condenado a tener problemas de relación en la edad adulta.
Desde temprana edad, los niños aprenden a relacionarse con las demás
personas, y lo hacen en función de cómo éstas se hayan relacionado inicial-
mente con ellos.
Por otra parte, parece razonable pensar que es preferible que la vincula-
ción afectiva no se produzca con una única figura de apego. La cantidad de
sensaciones y la estimulación será mucho más rica cuando se pueda contar
con varias figuras. A medida que el bebé vaya creciendo tendrá, necesaria-
mente, que relacionarse con otras personas y qué mejor aprendizaje que
hacerlo desde el principio.
Además, cuando a partir del primer año, comience a ser consciente de
que no es el centro de atención y que ha de compartir a su persona de
referencia, tener más de una figura de apego le va a resultar de mucha
ayuda. Sin ninguna duda los celos provocados por este descubrimiento se
resolverán de una forma más sana. Comprenderá que hay más personas que
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pueden encargarse de sus cuidados y aceptará de mucho mejor agrado la
llegada de un hermano o hermana o que sus padres, o las personas adultas
que le cuidan, se quieren entre ellos.
Desde el principio debemos dejar que expresen toda clase de sentimien-
tos. Aunque, evidentemente, al no tener desarrollado el lenguaje, las mani-
festaciones serán sobre todo no verbales. Debemos permitirles llorar si están
molestos o si necesitan desahogarse, e incluso en ocasiones, tirar las cosas
cuando están enfadados, reír, ser dulces o no responder a nuestros juegos
cuando no les apetece jugar... Hay que entender que la única forma de ex-
presión de la que disponen es ésta.
Enseñarles a comunicarse y ayudarles a comprender que se les respeta, hace
que respeten también los sentimientos de las demás personas.
Cuando comiencen a tener una mayor autonomía es aconsejable darles la
oportunidad de que exploren las cosas que tienen a su alrededor con con-
fianza, dentro de unos límites de seguridad, y sin sobreprotección. Así, tu
hijo o hija sentirá una mayor confianza en si misma e irá creciendo en auto-
nomía y autoestima. Sabemos que esto es más fácil decirlo que ponerlo en
práctica, pero poco a poco… merece la pena.
Ya comentamos anteriormente de la importancia que tiene el contacto
físico así como el emocional. Pero es interesante que a parte del contacto a
través del cuerpo, se pueda enseñar que hay otro tipo de objetos que provo-
can bienestar y efectos placenteros, como un peluche, una manta suave, una
hoja que hace cosquillas. Y sobre todo para los que ya no es imprescindible
la presencia de otra persona adulta, lo que permite ganar en autonomía.
Una buena idea es ofrecer variedad de estímulos para que experimenten
diferentes sensaciones con su cuerpo y con lo que les rodea. No pasa nada
por que se manchen mientras comen, que toquen la comida con sus ma-
nos, o que jueguen con la arena, es una forma más de aprendizaje con los
sentidos. Cuando sean algo más mayores tendrán tiempo suficiente para
aprender normas y buenos modales. Jugarán más libremente y la persona
adulta se ahorrará muchos disgustos si la ropa con que se les viste permite
todo esto.
En definitiva, se trata de que poco a poco aprendan a diferenciar multi-
tud de sensaciones, aquellas que les resultan agradables o desagradables, el
contacto que gusta y el que no gusta…
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Niños y niñas de 0 a 2 años
Se trata de que puedan conocer que su cuerpo está capacitado para sentir, y
que además sirve para comunicarse y expresar afecto.
Las primeras experiencias de satisfacción
Durante el primer año y medio de vida, la boca constituye una de las zo-
nas más sensibles para explorar el medio y sentir placer a través de ella. Y un
buen ejemplo de ello es la alimentación del bebé. Eso sí, cuando hablamos
de placer, en ningún caso estamos hablando de “placer adulto”.
Hablamos de aquellos aspectos que guardan relación con la lactancia, ya
sea de forma natural o artificial, y que suponen una de las primeras expe-
riencias de satisfacción en la vida de una persona. Pues la lactancia no sólo
ofrece el alimento necesario para su supervivencia, ofrece además, ternura,
cariño y calor por parte de las personas que les cuidan que le transmiten la
seguridad y confianza necesarias.
De esta manera podemos observar cómo la mayoría de los niños de estas
edades chupan el chupete, o su propio dedo, proporcionándose el placer de
experimentar sensaciones agradables y asegurándose a sí mismos, cuando
así lo necesitan, calma y tranquilidad.
Chupar es algo que igualmente sirve para explorar y conocer todo lo que
les rodea. Con la boca son capaces de diferenciar objetos, si éstos son duros
o blandos, dulces o amargos, ásperos o suaves. La boca es la parte del cuer-
po de la que disponen para poder comprender el mundo, ya que sus capa-
cidades de movimiento, así como sus niveles de desarrollo están limitados.
Por lo tanto, darles la libertad para que exploren las cosas con la boca,
siempre y cuando éstas no supongan un riesgo, es algo beneficioso para su
desarrollo.
Las erecciones
Los genitales de niños y niñas están perfectamente formados e inervados
para responder a ciertos estímulos de forma mecánica. Evidentemente si a
esto le sumamos la capacidad para sentir a través del cuerpo y los afectos,
hace que, en ocasiones, se provoquen erecciones.
Niños y niñas de 0 a 2 años
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Las erecciones se suelen producir como consecuencia de un
estímulo-respuesta, como una acción-reacción, que nada tiene que ver con
“significados” eróticos adultos.
Es algo completamente normal y puede suceder que, en ocasiones, cuan-
do se les baña, se les da un masaje después del baño, se les cambia los pa-
ñales, o incluso durante el amamantamiento, se produzca una respuesta a
tal estimulación a través de una erección. Aunque también pueden produ-
cirse sin necesidad de estimulación o acción, es decir, de manera totalmente
espontánea.
Esto ocurre tanto en niños como en niñas. Los genitales femeninos así
como los masculinos tienen capacidad de erección, lo que ocurre es que la
erección del pene es mucho más fácil de apreciar y la del clítoris de las niñas
puede pasar inadvertida.
Habrá muchas formas de reaccionar ante esta respuesta fisiológica: igno-
rarlo, alarmarse, tomárselo a risa... Pero si realmente somos conscientes de
que estas erecciones no implican en ningún momento contenido erótico, es
decir, sin intenciones, deseos, expectativas, atracción, se considerarán como
algo natural y se le quitará importancia al asunto.   
Bárbara está echando crema y masajeando a su hijo de 13 semanas des-
pués del baño. Cuando comienza a extenderle la crema por las piernas se da
cuenta de que el pene de su hijo ha sufrido una erección. Incómoda, deja
de tocarle y le pone el pañal.  
Bárbara se alarma con la erección de su hijo y deja de hacer algo que era
beneficioso para ambos. Probablemente se sienta culpable por haber pro-
vocado tal reacción fisiológica y le haya dado un significado que realmente
no tiene.
Hasta entonces parecía que todo iba bien. Era tarea fácil demostrar a los
hijos afectos, comunicarnos a través del contacto con la piel y proporcio-
narles sensaciones agradables, pero en el momento en que se produce una
erección…comienzan las interpretaciones y las confusiones. Como en el
caso de Bárbara, no sería raro que dejáramos de hacer todo eso que pensa-
mos que ha provocado la erección. No sería raro que dejáramos de hacer
algo que era bueno para todos.
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Niños y niñas de 0 a 2 años
Nombrando se aprende  
	 Uno de nuestros objetivos para educar sexualmente es conocer y
aceptar el cuerpo. Todo el cuerpo, en toda su amplitud y contando con
todas sus partes. Y al decir “todas sus partes” incluimos, por supuesto, a los
genitales. Cada parte del cuerpo tiene su nombre y, aunque pueda sonar
redundante, para aprenderlas es necesario que se nombren.
Un error es creer que la educación sexual consiste en aprender cosas de los
genitales, pero otro error sería pretender hacer una educación sexual com-
pleta sin nombrarlos.
Normalmente, decir que tenemos ojos, nariz, pies, manos no supone nin-
gún problema. No hay además otras palabras para denominar estas partes
del cuerpo. El ojo es el ojo y la nariz es la nariz. ¿Por qué entonces a los
genitales, tanto femeninos como masculinos, se les puede llamar de distintas
formas? ¿Será que nos da reparo utilizar su nombre correcto para referirnos
a ellos?
No queremos decir que no se puedan utilizar palabras cariñosas o familia-
res para nombrar los genitales, “colita” o “chichi”, por ejemplo. De hecho,
no es nada malo, ya que ayudan a identificar que existen, y no son palabras
despectivas ni malsonantes. Pero esto no es incompatible con que además
aprendan que también se llaman pene y vulva, y que además hay otras par-
tes como la vagina y los testículos. No olvidemos que así los van a llamar en
la escuela y está bien que sepan que sus padres, sus madres, también saben
hablar de ese modo.
Es importante que aprendan el nombre correcto de sus genitales.
El ayudar a que niños y niñas reconozcan y nombren las partes de su
cuerpo, les enseña a creer que todas ellas, sin excepción, son igual de valio-
sas e importantes así como dignas de ser aceptadas.
Un buen momento para hacerlo es por ejemplo la hora del baño, o cuan-
do se les masajea el cuerpo. Se pueden ir señalando las distintas partes del
cuerpo mientras se enseña su nombre, justo lo mismo o algo parecido a lo
que hacemos con la cara o el resto del cuerpo.
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Yo y los demás
A partir del sexto mes aproximadamente, los bebés comienzan a tener
conciencia de que tienen un cuerpo y a descubrirse las manos, los pies, las
orejas, los genitales. Comienzan a descubrir dónde empiezan y dónde aca-
ban. Para ello, necesitan tocarse y buscarse para comprender que no son
una prolongación de las personas que interaccionan con él, sino que tienen
un esquema corporal propio.
A medida que crecen, desarrollan una mayor autonomía, empiezan a
coordinar mejor sus movimientos, gatean, manipulan las cosas con mayor
destreza y tienen más libertad para explorar el mundo a sus anchas.
A partir de la adquisición de estas habilidades y debido a su desarrollo
evolutivo, comenzarán a interaccionar con las personas adultas y con otros
niños de distinta forma. Empiezan a distinguir entre el yo y los demás.
Paralelamente el padre o la madre tendrá que ir aprendiendo (y acep-
tando) que es él, que es ella, y que efectivamente no es una prolongación.
A esto se le suele prestar menos atención, se suele dar por supuesto y, sin
embargo, es mucho más complicado. Escribirlo es sencillo, pero la realidad
es más compleja.
Ahora bien, para que niños y niñas puedan CRECER (y esta vez lo hemos
puesto con mayúscula) es tan importante lo primero como lo segundo. Hay
tarea.

24 educación sexual para niños

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    Niños y niñasde 0 a 2 años 34 Los roles de género y la identidad sexual Normalmente ante la noticia de un embarazo deseado, y la alegría que en la mayoría de los casos supone, se suele pensar en cómo nos gustaría que fuese la criatura, a quien se parecerá, que tenga salud, que se desarrolle satisfactoriamente, que sea buena persona, que tenga una vida feliz, etc. Así durante toda la gestación. Pero además, desde el momento en que se produce la asignación del sexo y se anuncia si será niño o niña, comienzan a surgir ideas que puede que marquen diferencias entre los sexos. Ahora los pensamientos en muchos casos ya no son iguales si se espera un niño o si se espera una niña. Mucho antes de nacer empiezan las diferencias: la ropa, la decoración de la habitación, los primeros juguetes. Probablemente las expectativas puestas y lo que se espera para el futuro serán también distintas en función del sexo. Si es niño, posiblemente haya muchos padres que imaginen a su hijo siendo futbolista de mayor, o teniendo mucho éxito con las chicas “llevándoselas a todas de calle”. ¿Pensarían lo mismo si en vez de niño fuese niña? ¿Que va a ser futbolista y que va a tener mucho éxito con los chicos? Las diferencias no tienen nada de malo, es evidente que niñas y niños, mu- jeres y hombres somos diferentes. Pero lo que no se puede aceptar es que esas diferencias impliquen jerarquías o discriminaciones. Este tipo de pensamientos o comportamientos ocurren en la mayoría de los casos de forma inconsciente. Se tienen tan arraigadas estas diferencias en torno a lo que significa ser niña o niño, mujer u hombre, que salen de den- tro sin que tengamos oportunidad de darnos cuenta. Pero aunque estas imágenes e ideas, llamadas estereotipos de género, se encuentren fuerte- mente interiorizadas en cada uno de nosotros, consideramos importante reflexionar sobre ellas para aclarar que muchos de estos estereotipos nada tienen que ver con la naturaleza de los sexos, sino que son aspectos apren- didos y relacionados con nuestra cultura y sociedad. Se asignan características como la apariencia física, los comportamientos o los rasgos de personalidad, tanto a un sexo como a otro, de una forma prácticamente exclusiva, de manera que se acaba sintiendo la obligación de ser de una determinada forma si somos hombres o de otra si somos mujeres. Y además quedando discriminado cuando uno o una se sale de eso que se espera.
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    35 Niños y niñasde 0 a 2 años Alguno de estos estereotipos quizás tengan su base fisiológica y puede que, efectivamente, mucho de lo que proponen se de con más frecuencia en el sexo al que alude. No obstante eso no los justifica. Ni todos los hom- bres son iguales, ni tampoco lo son todas las mujeres. Ni todos los rasgos considerados masculinos son exclusivos de los hombres, ni todos los rasgos femeninos lo son de las mujeres. Los estereotipos de género limitan a las personas, ponen barreras y reducen las posibilidades de ambos sexos. Los estereotipos además están más cerca de lo que muchas veces nos cree- mos. Se puede observar como en muchas ocasiones el tono de voz, las pa- labras que se usan para denominar las cosas e incluso el tipo de trato, es distinto en niños y en niñas. Para las niñas se suele utilizar un tono de voz más suave, se tiende a hablar con diminutivos, “tómate el pollito, cariño”, y se las describe como frágiles y dulces. Sin embargo, en el caso de los niños las palabras para dirigirse a él son de tipo superlativo, “vamos machote”, y se les describe como fuertes o valientes. Una pareja está en el parque con su hija de año y medio. La pequeña está jugando y en un momento de descuido se tropieza y cae al suelo. Sus padres acuden a ella colmándole de besos, caricias, la cogen en brazos y le dicen “tranquila mi niña, ¿se ha hecho daño mi princesa?”. Imaginemos ahora que es un niño el que se cae. ¿Actuará la pareja de la misma forma? Puede que sí, o puede que simplemente se acerquen a él, le ayuden a levantarse y le den una palmadita en el culo diciéndole “venga campeón, arriba, que sólo ha sido una caída”. Aunque este tipo de frases, en principio, no hacen mal a nadie, se produ- ce una educación diferencial condicionada por las personas adultas y que trasmiten mensajes diferentes. Además también son importantes las relaciones que existan entre las personas adultas que rodean su vida, que igualmente contribuyen a cómo aprenderá a afrontar el mundo. No olvidemos que están sirviendo de mo- delos. Por tanto, irá en una dirección o en otra en función de cómo sea la convivencia dentro de su entorno. Si son igualitarias, si hay posiciones de poder, cómo se reparten las tareas o cómo se valoran las mismas, si se ofre- cen las mismas oportunidades a ambos sexos…
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    Niños y niñasde 0 a 2 años 36 Por eso, creemos que es importante reconocer y asumir que no sólo edu- camos con lo que decimos. Con aquello que hacemos y, en muchos casos, no hacemos, también educamos. Tratar de eludir los estereotipos, por tanto, es tratar de ofrecer a niños y niñas el “doble” de posibilidades. Y suponemos que todos queremos hijos con más oportunidades. Queramos o no, somos modelos para nuestros hijos. Probablemente se educa más con los gestos que con las palabras. Es bueno no confundir todo esto del género con la Identidad Sexual. Aun- que para el niño y la niña esto empieza siendo bastante confuso. Lo normal es que a partir del primer año y medio, comiencen a diferenciar si pertenece a un sexo o al otro. Lo que sucede es que esta diferenciación la realizan no a través de su cuerpo, genitales femeninos o masculinos, sino de “lo que parecen”. Se guían por la apariencia externa y no por la diferencia real entre los sexos. Por eso, es habitual que crean que si a un niño se le pusiese falda sería una niña o si a una niña se le cortase el pelo podría ser un niño. Poco a poco deberán ir logrando lo que se llama la “constancia sexual” que significa que saben que son niños o niñas y que lo seguirán siendo aun- que cambie su aspecto externo. Pero esto, como todo, puede variar de unos a otras. Aunque para el final de esta etapa (6 años) lo tendrán logrado. Por tanto, y en línea de todo lo escrito anteriormente, sería bueno ir “flexibilizándos” el género. Es decir, que vayan aprendiendo que no hay juegos y juguetes de niños o de niñas u ocupaciones adultas de hombres y otras de mujeres. Debemos evitar mandar mensajes que limiten para darles la oportunidad de poder desarrollarse libremente. De esta manera, y desde el principio, les estaremos enseñando que hay muchas formas de ser niño y de ser niña y que tanto un sexo como el otro es igual de importante y valioso. Algo que es básico para un buen desarrollo de la sexualidad. Todos los juegos y juguetes son para quien le guste jugar a ellos, lo mismo que las ocupaciones adultas. Todos y todas podemos hacer de todo.
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    37 Niños y niñasde 0 a 2 años El comienzo de las relaciones afectivas Ya sabemos de la importancia que tiene que los bebés se vinculen afecti- vamente (y efectivamente) con sus figuras de apego y de cómo la cercanía física y emocional juega un papel básico en el posterior desarrollo. Por eso suelen mostrar interés por estímulos sociales como la voz humana, el tacto o el rostro de las personas. El resultado de haber tenido una vivencia temprana de cariño, protección y seguridad, quedará grabado en el bebé como algo agradable y aprenderá a sentir confianza y ganas de relacionarse con otras personas. Además, la seguridad que ofrece una buena vinculación afectiva le ayu- dará a explorar el entorno de una manera más autónoma y sin temores de por medio. Estamos hablando de cómo mejorar el presente y de cómo facilitar de cara al futuro. Pero en ningún caso quisiéramos transmitir la idea de que todo esto es completamente determinante. Son muchas más cosas las que influyen. Queremos decir que, aún haciéndolo todo lo bien de lo que uno es capaz respecto a su bebé, no está garantizado que más adelante no pue- dan surgir problemas de relación. Del mismo modo tampoco sería cierto pensar que un bebé que ha carecido de estos cuidados y estos afectos esté condenado a tener problemas de relación en la edad adulta. Desde temprana edad, los niños aprenden a relacionarse con las demás personas, y lo hacen en función de cómo éstas se hayan relacionado inicial- mente con ellos. Por otra parte, parece razonable pensar que es preferible que la vincula- ción afectiva no se produzca con una única figura de apego. La cantidad de sensaciones y la estimulación será mucho más rica cuando se pueda contar con varias figuras. A medida que el bebé vaya creciendo tendrá, necesaria- mente, que relacionarse con otras personas y qué mejor aprendizaje que hacerlo desde el principio. Además, cuando a partir del primer año, comience a ser consciente de que no es el centro de atención y que ha de compartir a su persona de referencia, tener más de una figura de apego le va a resultar de mucha ayuda. Sin ninguna duda los celos provocados por este descubrimiento se resolverán de una forma más sana. Comprenderá que hay más personas que
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    Niños y niñasde 0 a 2 años 38 pueden encargarse de sus cuidados y aceptará de mucho mejor agrado la llegada de un hermano o hermana o que sus padres, o las personas adultas que le cuidan, se quieren entre ellos. Desde el principio debemos dejar que expresen toda clase de sentimien- tos. Aunque, evidentemente, al no tener desarrollado el lenguaje, las mani- festaciones serán sobre todo no verbales. Debemos permitirles llorar si están molestos o si necesitan desahogarse, e incluso en ocasiones, tirar las cosas cuando están enfadados, reír, ser dulces o no responder a nuestros juegos cuando no les apetece jugar... Hay que entender que la única forma de ex- presión de la que disponen es ésta. Enseñarles a comunicarse y ayudarles a comprender que se les respeta, hace que respeten también los sentimientos de las demás personas. Cuando comiencen a tener una mayor autonomía es aconsejable darles la oportunidad de que exploren las cosas que tienen a su alrededor con con- fianza, dentro de unos límites de seguridad, y sin sobreprotección. Así, tu hijo o hija sentirá una mayor confianza en si misma e irá creciendo en auto- nomía y autoestima. Sabemos que esto es más fácil decirlo que ponerlo en práctica, pero poco a poco… merece la pena. Ya comentamos anteriormente de la importancia que tiene el contacto físico así como el emocional. Pero es interesante que a parte del contacto a través del cuerpo, se pueda enseñar que hay otro tipo de objetos que provo- can bienestar y efectos placenteros, como un peluche, una manta suave, una hoja que hace cosquillas. Y sobre todo para los que ya no es imprescindible la presencia de otra persona adulta, lo que permite ganar en autonomía. Una buena idea es ofrecer variedad de estímulos para que experimenten diferentes sensaciones con su cuerpo y con lo que les rodea. No pasa nada por que se manchen mientras comen, que toquen la comida con sus ma- nos, o que jueguen con la arena, es una forma más de aprendizaje con los sentidos. Cuando sean algo más mayores tendrán tiempo suficiente para aprender normas y buenos modales. Jugarán más libremente y la persona adulta se ahorrará muchos disgustos si la ropa con que se les viste permite todo esto. En definitiva, se trata de que poco a poco aprendan a diferenciar multi- tud de sensaciones, aquellas que les resultan agradables o desagradables, el contacto que gusta y el que no gusta…
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    39 Niños y niñasde 0 a 2 años Se trata de que puedan conocer que su cuerpo está capacitado para sentir, y que además sirve para comunicarse y expresar afecto. Las primeras experiencias de satisfacción Durante el primer año y medio de vida, la boca constituye una de las zo- nas más sensibles para explorar el medio y sentir placer a través de ella. Y un buen ejemplo de ello es la alimentación del bebé. Eso sí, cuando hablamos de placer, en ningún caso estamos hablando de “placer adulto”. Hablamos de aquellos aspectos que guardan relación con la lactancia, ya sea de forma natural o artificial, y que suponen una de las primeras expe- riencias de satisfacción en la vida de una persona. Pues la lactancia no sólo ofrece el alimento necesario para su supervivencia, ofrece además, ternura, cariño y calor por parte de las personas que les cuidan que le transmiten la seguridad y confianza necesarias. De esta manera podemos observar cómo la mayoría de los niños de estas edades chupan el chupete, o su propio dedo, proporcionándose el placer de experimentar sensaciones agradables y asegurándose a sí mismos, cuando así lo necesitan, calma y tranquilidad. Chupar es algo que igualmente sirve para explorar y conocer todo lo que les rodea. Con la boca son capaces de diferenciar objetos, si éstos son duros o blandos, dulces o amargos, ásperos o suaves. La boca es la parte del cuer- po de la que disponen para poder comprender el mundo, ya que sus capa- cidades de movimiento, así como sus niveles de desarrollo están limitados. Por lo tanto, darles la libertad para que exploren las cosas con la boca, siempre y cuando éstas no supongan un riesgo, es algo beneficioso para su desarrollo. Las erecciones Los genitales de niños y niñas están perfectamente formados e inervados para responder a ciertos estímulos de forma mecánica. Evidentemente si a esto le sumamos la capacidad para sentir a través del cuerpo y los afectos, hace que, en ocasiones, se provoquen erecciones.
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    Niños y niñasde 0 a 2 años 40 Las erecciones se suelen producir como consecuencia de un estímulo-respuesta, como una acción-reacción, que nada tiene que ver con “significados” eróticos adultos. Es algo completamente normal y puede suceder que, en ocasiones, cuan- do se les baña, se les da un masaje después del baño, se les cambia los pa- ñales, o incluso durante el amamantamiento, se produzca una respuesta a tal estimulación a través de una erección. Aunque también pueden produ- cirse sin necesidad de estimulación o acción, es decir, de manera totalmente espontánea. Esto ocurre tanto en niños como en niñas. Los genitales femeninos así como los masculinos tienen capacidad de erección, lo que ocurre es que la erección del pene es mucho más fácil de apreciar y la del clítoris de las niñas puede pasar inadvertida. Habrá muchas formas de reaccionar ante esta respuesta fisiológica: igno- rarlo, alarmarse, tomárselo a risa... Pero si realmente somos conscientes de que estas erecciones no implican en ningún momento contenido erótico, es decir, sin intenciones, deseos, expectativas, atracción, se considerarán como algo natural y se le quitará importancia al asunto. Bárbara está echando crema y masajeando a su hijo de 13 semanas des- pués del baño. Cuando comienza a extenderle la crema por las piernas se da cuenta de que el pene de su hijo ha sufrido una erección. Incómoda, deja de tocarle y le pone el pañal. Bárbara se alarma con la erección de su hijo y deja de hacer algo que era beneficioso para ambos. Probablemente se sienta culpable por haber pro- vocado tal reacción fisiológica y le haya dado un significado que realmente no tiene. Hasta entonces parecía que todo iba bien. Era tarea fácil demostrar a los hijos afectos, comunicarnos a través del contacto con la piel y proporcio- narles sensaciones agradables, pero en el momento en que se produce una erección…comienzan las interpretaciones y las confusiones. Como en el caso de Bárbara, no sería raro que dejáramos de hacer todo eso que pensa- mos que ha provocado la erección. No sería raro que dejáramos de hacer algo que era bueno para todos.
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    41 Niños y niñasde 0 a 2 años Nombrando se aprende Uno de nuestros objetivos para educar sexualmente es conocer y aceptar el cuerpo. Todo el cuerpo, en toda su amplitud y contando con todas sus partes. Y al decir “todas sus partes” incluimos, por supuesto, a los genitales. Cada parte del cuerpo tiene su nombre y, aunque pueda sonar redundante, para aprenderlas es necesario que se nombren. Un error es creer que la educación sexual consiste en aprender cosas de los genitales, pero otro error sería pretender hacer una educación sexual com- pleta sin nombrarlos. Normalmente, decir que tenemos ojos, nariz, pies, manos no supone nin- gún problema. No hay además otras palabras para denominar estas partes del cuerpo. El ojo es el ojo y la nariz es la nariz. ¿Por qué entonces a los genitales, tanto femeninos como masculinos, se les puede llamar de distintas formas? ¿Será que nos da reparo utilizar su nombre correcto para referirnos a ellos? No queremos decir que no se puedan utilizar palabras cariñosas o familia- res para nombrar los genitales, “colita” o “chichi”, por ejemplo. De hecho, no es nada malo, ya que ayudan a identificar que existen, y no son palabras despectivas ni malsonantes. Pero esto no es incompatible con que además aprendan que también se llaman pene y vulva, y que además hay otras par- tes como la vagina y los testículos. No olvidemos que así los van a llamar en la escuela y está bien que sepan que sus padres, sus madres, también saben hablar de ese modo. Es importante que aprendan el nombre correcto de sus genitales. El ayudar a que niños y niñas reconozcan y nombren las partes de su cuerpo, les enseña a creer que todas ellas, sin excepción, son igual de valio- sas e importantes así como dignas de ser aceptadas. Un buen momento para hacerlo es por ejemplo la hora del baño, o cuan- do se les masajea el cuerpo. Se pueden ir señalando las distintas partes del cuerpo mientras se enseña su nombre, justo lo mismo o algo parecido a lo que hacemos con la cara o el resto del cuerpo.
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    Niños y niñasde 0 a 2 años 42 Yo y los demás A partir del sexto mes aproximadamente, los bebés comienzan a tener conciencia de que tienen un cuerpo y a descubrirse las manos, los pies, las orejas, los genitales. Comienzan a descubrir dónde empiezan y dónde aca- ban. Para ello, necesitan tocarse y buscarse para comprender que no son una prolongación de las personas que interaccionan con él, sino que tienen un esquema corporal propio. A medida que crecen, desarrollan una mayor autonomía, empiezan a coordinar mejor sus movimientos, gatean, manipulan las cosas con mayor destreza y tienen más libertad para explorar el mundo a sus anchas. A partir de la adquisición de estas habilidades y debido a su desarrollo evolutivo, comenzarán a interaccionar con las personas adultas y con otros niños de distinta forma. Empiezan a distinguir entre el yo y los demás. Paralelamente el padre o la madre tendrá que ir aprendiendo (y acep- tando) que es él, que es ella, y que efectivamente no es una prolongación. A esto se le suele prestar menos atención, se suele dar por supuesto y, sin embargo, es mucho más complicado. Escribirlo es sencillo, pero la realidad es más compleja. Ahora bien, para que niños y niñas puedan CRECER (y esta vez lo hemos puesto con mayúscula) es tan importante lo primero como lo segundo. Hay tarea.