La homilía del 2o domingo de Pascua reflexiona sobre los dones de Dios que no se pueden comprar, como la paz, el perdón, la alegría y la fe. Se enfatiza la importancia de recibir estos regalos espirituales y compartirlos con el mundo, a través del ejemplo de los discípulos y su encuentro con Jesús resucitado. Finalmente, se invita a abrir el corazón a la transformación que Dios desea para cada uno.