CONTEXTO Y CONDICIÓN
DE JUVENTUD
Reflexiones para su comprensión
CUADERNO Nº 4
SERIE CUADERNOS DE ANIMACION SOCIOCULTURAL
Manuel López García
ALIANZA ESCUELA DE ANIMACIÓN JUVENIL
Universidad Pontificia Bolivariana, Corporación Región,
Comfenalco, Asociación Cristiana de Jóvenes ACJ- YMCA,
Subsecretaría de Metrojuventud de la Secretaría de Cultura
Ciudadana del Municipio de Medellín.
Contexto y Condición de Juventud:
Reflexiones para su comprensión
	
Alcalde de Medellín
Alonso Salazar Jaramillo
Secretario de Cultura Ciudadana
Luis Miguel Úsuga Samudio
Subsecretario de Metrojuventud
Yesid Henao Salazar
Autor
Manuel Eduardo López Garcia
Psicólogo U de A. Magíster en Estudios Socio Espaciales INER - U de A.
Coordinador Académico Escuela de Animación Juvenil
Docente U de A.
Corrección de texto
Manuel López García
Diseño e impresión
Francisco Vélez. Producción Gráfica
Editorial
Mónica Sepúlveda - Escuela de Animación Juvenil
www.animacionjuvenil.org – escuela@animacionjuvenil.org
Medellín, octubre de 2010
ISBN: 978-958-44-7409-4
Todos los derechos reservados, se permite su reproducción citando la fuente
Esta publicación se realiza con fondos de la Alianza Escuela de Animación
Juvenil entre la Corporación Región, La Asociación Cristiana de Jóvenes ACJ,
La Universidad Pontificia Bolivariana, la Caja de compensación Comfenalco y
la Subsecretaría de Metrojuventud, de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la
Alcaldía de Medellín
5
TABLA DE CONTENIDO
PRESENTACIÓN DE LA SERIE......................................................................7
PRÓLOGO		................................................................................................9
INTRODUCCIÓN ......................................................................................11
CAPITULO 1: CONTEXTO .............................................................................13
1.1 	 ¿QUÉ ES CONTEXTO? .............................................................................14
1.2 	 DIMENSIONES COMPRENSIVAS DEL CONTEXTO ACTUAL.....................15
	 1.2.1 	 Espacial........................................................................................15
	 1.2.2 	 Histórica.......................................................................................17
	 1.2.3 	 Económica....................................................................................23
	 1.2.4 	 Política.........................................................................................25
	 1.2.5 	 Sociocultural.................................................................................27
1.3 	 TENSIONES DEL CONTEXTO ACTUAL ....................................................31
	
CAPITULO 2: CONDICIÓN DE JUVENTUD...............................................37
2.1 	 ¿CÓMO SE HA CONCEPTUALIZADO LA JUVENTUD? ............................38
	 2.1.1 	 Sobre la conceptualización...........................................................38
	 2.1.2 	 Las disciplinas sociales y humanas y las ciencias 	
médicas y sus acercamientos al tema de juventud........................39
	 2.1.3 	 Las disciplinas sociales y humanas: del esencialismo 	
a la diversidad conceptual. ..........................................................53
	 2.1.4 	 La juventud entre la categoría y el concepto y entre la 	
construcción y la producción.......................................................56
	 2.1.5 	 ¿Cómo entendemos joven, juvenil, juvenilización, 	
juventud? Diferenciación conceptual............................................58
2.2 	 CÓMO SE PRODUCE Y DETERMINA LA CONDICIÓN JUVENTUD? .........69
	 2.2.1	 ¿Qué entendemos por condición de juventud?..............................69
	 2.2.2 	 Variables configurativas de la condición de juventud....................71
	 2.2.3 	 La autoproducción........................................................................87
6
2. 3 	 ¿CÓMO SE MIRA LA JUVENTUD?............................................................90
	 2.3.1 	 Referentes de lectura de la condición de juventud ........................90
	 2.3.2 	 Ocho miradas sobre la juventud...................................................91
	
CAPITULO 3: PRÁCTICAS JUVENILES Y FENÓMENOS 	
EMERGENTES COMO VÍAS DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL.................103
3.1 	 TRANSFORMACIONES DE LAS PRÁCTICAS EXPRESIONES 	
Y CONSUMOS CULTURALES.................................................................114
	 3.1.1 	 Hibridación ................................................................................115
	 3.1.2 	 Extremismo y excesividad ..........................................................117
	 3.1.3 	 Resignificación............................................................................118
	 3.1.4 	 Complejidad ..............................................................................118
3.2.	 TECNOLOGIZACIÓN Y VIRTUALIZACIÓN COMO 	
SOPORTE DE RELACIONAMIENTO Y CONFIGURACIÓN SUBJETIVA ....120
3.3 	 AMPLIACIÓN DE LA PERCEPCIÓN Y LA FUNCIÓN CORPORAL ...........124
3.4 	 TRANSFORMACIONES DE LA EXPERIENCIA SUBJETIVA - 	
MODOS DE PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDADES...................................126
	
Glosario		............................................................................................131
Fuentes de referencia...............................................................................133
Quién es el autor.....................................................................................138
7
SERIE CUADERNOS DE ANIMACION
SOCIOCULTURAL
“Es el momento de poner en práctica propuestas pedagógicas
que no enseñen a guardar silencio sobre lo que se piensa o se siente.
Es hora de hacer realidad las pautas que no enseñan a fingir,
que piensan, participan o sienten.
Llego el tiempo de impulsar una práctica y una teoría pedagógica
que forme en la convivencia desde el reconocimiento y la palabra”
Alfredo Ghiso
La Alianza Escuela de Animación Juvenil de Medellín, en su interés por aportar a
los procesos de fortalecimiento de las acciones públicas y privadas con la población
juvenil, que realizan instituciones y organizaciones, presenta la Serie Cuadernos
de Animación Sociocultural, que propone un marco conceptual, metodológico y
experiencial desde la Animación Sociocultural (ASC) como una práctica pertinente
para la intervención con la juventud. Esta serie recoge en buena parte la experiencia
formativa y los aprendizajes obtenidos por su equipo docente y operativo en sus
primeros 10 años.
Esta Serie de cuadernos en cada uno de sus números se acerca de manera crítica,
reflexiva y propositiva a temas como la praxis de la Animación Sociocultural
con jóvenes, teoría y referentes de la ASC, herramientas de trabajo con jóvenes,
Contexto y Condición de juventud, Políticas Públicas de Juventud y enfoques de
intervención con jóvenes.
De acuerdo al espíritu de la Animación Sociocultural, estos cuadernos no pretenden
convertirse en fórmulas o guías establecidas para la intervención e interacción con
jóvenes, sino servir como referentes temáticos y metodológicos que deben ser
constantemente reflexionados y contextualizados, acorde a las dinámicas, intereses
y realidades contemporáneas así que, más que puntos de llegada son puntos de
partida para la acción.
9
“Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer”.
(Rubén Darío. Poeta nicaragüense)
Escribir sobre la juventud y las y los jóvenes, nos toca. Sí, nos toca hacerlo y nos
toca al hacerlo. No podemos perder de vista que a muchos, ese ideario se nos ha
escapado como lo hacen las burbujas de jabón, se nos aparecen frente al rostro
maravillado con el que las contemplamos y luego, sin darnos apenas cuenta, se
desvanecen cual esperanza ilusoria. Los que somos adultos, vemos la juventud
con retrovisor. Pero también, los más atrevidos la vemos cara a cara. Por eso nos
toca, la sentimos respirando en el cuello, estorbando en nuestro zapato, hurgando
nuestros pantalones, mancillando nuestras credulidades. Nos toca por doquier, sin
remedio: habita con nosotros y a nuestro pesar, pues ella, la juventud, metáfora de
lo indecible, nos gobierna el alma y nos cuestiona la existencia.
Por ello, escribir acerca de la juventud, tiene por complemento la lectura, allí se
constituye su significado. Empero, tiene por condición las experiencias. Unas, las
de la calle, dónde se produce cualquier referente empírico de juventud. Otras, las
del estudio y la discusión (que también puede hacerse, y ojala, en la calle). La
reflexión, la lectura cuidadosa, el debate abierto, la participación en escenarios de
construcción y deconstrucción de ideas, las andanzas con las y los jóvenes y con
los no jóvenes, el trabajo educativo de y con jóvenes y la búsqueda de respuestas
inacabadas pero entusiastas; todo ello foguea al que escribe sobre la juventud.
Simultáneamente, sentir a las y los jóvenes como una causa, asumir que la “realidad
juvenil” merece comprensión y crítica, no escapa a las pasiones. Esta es una virtud
del autor.
Por eso Manuel, y con él la Escuela de animación Juvenil, es una voz indicada para
dar cuenta de la necesidad de fundamentar que la juventud es una condición, y eso
es lo que trata de hacer en el presente texto, no sin algunas tendencias discutibles.
Una de ellas llama la atención: el exceso. Pero, ¿por qué cuestionar el exceso, si ello
es la materia prima de la pasión juvenil? No por excesivo, el texto pierde candor.
Por ello, estimado lector-a, le invito a que se adentre con juicio y pasión, en los
laberintos conceptuales acá expresados, dotado en la medida de lo posible de
una actitud deliberativa, inquieta. El texto no es para ser consumido, es para ser
degustado, con ardor, ardor juvenil, para que él mismo diga más de lo que dice, pues
lo que hay que decir, sobre las y los jóvenes, sólo lo logra su estudio respetuoso y
crítico. ¡Adelante!
Carlos Darío Patiño Gaviria
Sociólogo y magíster en Educación. Docente – investigador de la Universidad San
Buenaventura. Coordinador de la línea de investigación en psicología social USB.
PRÓ-LOGO Y PRO-SIENTO
11
INTRODUCCIÓN
“No sin desconfianza acepta uno escribir otro articulo más sobre la juventud. La literatura sobre
la “inquietud” contemporánea aumenta cada semana, cada día, cada hora. Gran parte de ella
refleja una profunda inquietud en los adultos, un estado traumatizado, de hecho, que busca la
catarsis en apresurados intentos de asegurar el control intelectual sobre un sorprendente curso de
acontecimientos. Las conclusiones alcanzadas, por lo tanto, tienden a volverse anticuadas durante
el periodo mismo de publicación”.
Erik Erikson, Sociedad y Adolescencia, 1972
Escribir un texto que presente elementos de comprensión del contexto y de la
condición de juventud supone un punto de partida fundamental: es difícil pensar
la juventud sin analizar las dinámicas sociales de las que hace parte, premisa que
aplica tanto para la lectura de los antecedentes históricos como para los fenómenos
contemporáneos de este grupo social. Igualmente, resulta casi imposible entender
nuestra realidad actual sin pasar por el tema de la juventud, o mejor, una revisión
de las dinámicas juveniles sería una lectura de nuestra actualidad.
Este texto hace una síntesis de las diferentes dimensiones y concepciones actuales
sobre juventud, con el ánimo de plantear líneas desde las cuales se pueda construir
o actualizar la mirada frente a este grupo social e identificar cuál es el estado de la
juventud en Latinoamérica y desde allí pensar, como se propone en los anteriores
cuadernos de esta serie, en relación con la Animación Sociocultural u otros marcos
de intervención, las maneras más apropiadas de interactuar con ellos y ellas y
garantizar sus derechos y su vida. Este texto gira en torno a algunas ideas básicas,
que se proponen como supuestos para la reflexión en torno a la condición de
juventud; entre ellas destacamos:
	 Es necesario inicialmente tener claridad sobre el contexto contemporáneo,
sus antecedentes, características y tendencias.
	 Los términos juventud, jóvenes y juvenil, así como juvenilización no son
iguales. Cada uno hace referencia a un aspecto diferente de la condición de
juventud.
	 La condición de juventud se entiende como un referente de análisis que
permite reconocer y analizar los modos de producción social de una población
juvenil particular.
	 La juventud comporta un capital simbólico y cultural que refleja, amplifica,
metaforiza y resignifica las tendencias del mundo actual a la vez que se
convierte en la creadora y portadora de nuevas subjetividades.
	 El mundo adulto ha generado estrategias de relacionamiento, control y
regulación del mundo juvenil. Desde el adultocentrismo, la reglamentación
de la participación y la expresión social, hasta el panoptismo de lo juvenil y
la juvenilización.
12
A partir de estas ideas, en el primer capítulo, desarrollaremos las dimensiones
comprensivas del contexto, que aunque parezca alejado de “lo juvenil” se
constituye en el principal referente de análisis de la condición de juventud. En un
segundo capítulo, nos adentraremos en las discusiones sobre la conceptualización,
la determinación y el análisis de la condición de juventud, intentando llegar a una
síntesis y una propuesta de unos marcos para su lectura. Finalmente, propondremos
unos fenómenos emergentes en la condición juvenil y unas líneas de reflexión en
torno a esta población.
Sea esta la oportunidad para agradecer a todos mis amigos y amigas de la Alianza
EAJ y de la vida, quienes con paciencia soportaron mis monólogos durante la
elaboración de este texto y amorosamente aportaron su saber, en especial a Mónica
Sepúlveda y su tesón para impulsar este sueño y a Julieth Alejandra Londoño, por
su complicidad y reflexividad crítica.
A la juventud latinoamericana.
Manuel E. López Garcia.
Medellín, Febrero a Octubre de 2010
13
CAPITULO 1
CONTEXTO
La máquina acosa a los jóvenes: los encierra, los tortura, los mata. Ellos son la prueba viva de su
impotencia. Los echa: los vende, carne humana, brazos baratos, al extranjero.
La máquina, estéril, odia todo lo que crece y se mueve. Sólo es capaz de multiplicar las cárceles y
los cementerios. No puede producir otra cosa que presos y cadáveres, espías y policías, mendigos y
desterrados.
Ser joven es un delito. La realidad lo comete todos los días, a la hora del alba; y también la historia
que cada mañana nace de nuevo. Por eso la realidad y la historia están prohibidas.
Eduardo Galeano. Días y noches de amor y de guerra.
No disparen. Donaldo Zuluaga V. El Colombiano. 20 de mayo de 2002.
14
1.1 ¿QUÉ ES CONTEXTO?1
Creer que los fenómenos sociales son espontáneamente producidos o no tienen
relación con las condiciones de la época o el lugar donde ocurren es una idea
equívoca. Las reflexiones disciplinares y la experiencia investigativa han demostrado
que son precisamente estas condiciones y posibilidades las que determinan o
influencian el surgimiento de maneras de comportamiento social, de movilizaciones
masivas o de cambios en las formas como un conglomerado se mueve en el mundo
y produce su entorno.
Estas condiciones y posibilidades son las que acá llamamos contexto, aludiendo al
tejido, al entramado de características tanto positivas como negativas, potenciales
o dificultosas de un lugar en un momento determinado de la historia. Estas
condiciones pueden generarse y a la vez, leerse desde diferentes dimensiones, que a
la postre se han convertido en líneas de desarrollo del conocimiento sobre lo social.
Estas son la espacial, histórica, sociocultural, económica y política. Igualmente es
importante para la determinación de un contexto, la comprensión y lectura de las
características geofísicas de la región o lugar en el que vive la población que se
quiere reconocer.
Un contexto por tanto, puede tener también una dimensión escalar, puede ser macro,
meso y micro, escalas que no necesariamente se relacionan con tamaños geográficos
a nivel mundial, regional o local, sino también con el alcance interpretativo que se
pretende; en últimas, la lectura de un contexto debe dimensionarse, tanto espacial
como temporalmente en una relación dialéctica de sus contenidos, ya que los
fenómenos sociales, económicos y políticos son una consecuencia de esta relación,
que se mueve tanto en el espacio como en el tiempo, es decir, posee escalas o
dimensiones, es histórica y además puede ir de lo individual a lo colectivo, de lo
local a lo mundial, de lo macro a lo micro.
Esta comprensión teórica desarrollada por M. Santos (Santos, 2000), implica una
consideración que es a la vez un signo particular del contexto mundial actual y es,
la tendencia, cada vez mayor, de interrelación e influjo de las características de una
escala en otra, o sea, la posibilidad de que aspectos macrocontextuales influencien
o determinen aspectos micro y viceversa; esto, en última instancia, es lo que se
ha dado en llamar globalización. Contextualizar es entonces establecer relaciones
entre lo histórico, lo espacial, lo político, lo cultural, etc., para comprender qué
influencia o determina el surgimiento de un fenómeno social específico o qué hace
posible su aparición con unas características particulares.
1	 Algunas de las reflexiones de este apartado fueron inicialmente planteadas en: López, M. & Sepúl-
veda, M. (2010) Mil espadas, mil espacios: Prácticas espaciales juveniles emergentes en Medellín:
afianzamientos y rupturas en la sociedad contemporánea, INER, U de A, Medellín.
15
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
1.2 DIMENSIONES COMPRENSIVAS
DEL CONTEXTO ACTUAL
1.2.1 Espacial
A lo largo de la historia del pensamiento moderno, y en particular de las ciencias
sociales, el componente temporal ha ocupado un lugar de preeminencia como
variable para la lectura, comprensión y organización de los fenómenos; la “Historia”,
el historicismo, la historiografía y en general la pregunta por el cuando se convirtieron
en el eje explicativo de las teorías sociales, relegando a un segundo plano la reflexión
por el dónde, por el espacio y todas sus acepciones materiales e inmateriales (lugar,
territorio, nación, por ejemplo). De esta manera, el pensamiento de la modernidad
convirtió al espacio en un subordinado del tiempo, y a este en el “núcleo de la
historia, estructurante de la memoria y el ritmo social” (Piazzini, 2006: 55), lo que
permitió incluso que el control político del espacio se hiciera posible mediante el
ordenamiento del tiempo. Esta comprensión política y teórica del mundo, fue uno
de los fundamentos ontológicos del pensamiento moderno que desde entonces, y
hoy por hoy, hace que percibamos aquellos lugares o dinámicas sociales alejadas de
los centros de mayor despliegue tecnológico, urbanístico o civilizatorio, no como
otra cultura u otro lugar, sino como “atrasados” en el tiempo, premisa teleológica
que posibilitó las acciones de colonialidad Europea sobre nuestro territorio y desde
la cual se generaron los ordenamientos sociales que hoy conocemos.
Sin embargo, con los avances en la física einsteniana, que han demostrado la
estrecha relación entre estas dos dimensiones, su inseparabilidad, y con el cambio
propuesto en el paradigma social por las teorías críticas que cuestionan los
fundamentos dualistas científicos de la modernidad, han surgido, aunque aún como
edificios conceptuales separados y con débil articulación, reflexiones en torno al
fundamento espacio-temporal de los fenómenos.
Estas revisiones de la teoría social han permitido una mayor visibilidad de lo
espacial, entendido no como un contenedor material sino como la dinámica en la
que se produce lo social y como producto de lo social mismo, que implica tanto
elementos de tiempo como de lugar. A partir de estas comprensiones es posible
pensar no sólo un tiempo sino un espacio social, el cual es susceptible de analizar
a partir de las variables históricas, culturales, materiales y físicas en las que se
produce. Así, elementos que antes eran despreciados por la comprensión temporal
como la identidad, la cultura, las delimitaciones territoriales y los marcajes
discursivos y emocionales de un lugar, son entendidos hoy como necesarios para la
contextualización de un fenómeno.
Desde este marco de análisis, podemos identificar características de la espacialidad
social contemporánea o, si se quiere, algunos fenómenos actuales del espacio
social. Uno de ellos es, de suyo, la mayor visibilización del espacio tanto en su
índole material como inmaterial. Desde los avances tecnocientíficos que posibilitan
la medición, reconocimiento y delimitación total del globo terrestre (Google Hearth,
16
gps, etc) hasta las demandas sociales por espacios de representación y expresión
social, la noción de espacio adquiere mayor vigencia e importancia; el espacio
público es un buen ejemplo, ya que en este se combina lo material e inmaterial,
pues hace referencia tanto a algunos lugares del espacio urbano como al discurso
sociopolítico de deberes y derechos que lo alienta.
Otra característica es la intensificación y compresión del espacio, que consiste en
que cada vez hay mayor concentración de los usos, verticalización arquitectónica
y estructural y superposición de dinámicas en un espacio físico determinado. Las
ciudades generan dinámicas de centralización de los servicios y de agregación y
organización social.
Como consecuencia de esta característica, una reacción espontánea es que se
hace necesario buscar nuevos espacios, físicos y sociales generando procesos de
expansión espacial; surgen nuevos centros urbanos al interior de las ciudades o en las
afueras, ciudades o espacios urbanos intermedios son equipados o rediseñados. Se
crean incluso, ciudades nuevas con una vocación específica, turística, de servicios,
de producción o se generan espacios de encuentro, intercambio, organización y
participación social alternativa, diferentes a los tradicionales. Cabe anotar que estos
procesos de expansión, que se encuentran en la base de la globalización, no son
homogéneos ni horizontales, intereses de índole político y económico movilizan
la instalación o no de equipamientos y la visibilización o no de espacios sociales.
Como resultado, aún al interior de una ciudad, pueden darse sectores con mayor
nivel de desarrollo y otros en casi completo abandono.
Al no existir ya una sola comprensión del espacio, este es diversificado tanto en su
aspecto físico como en el social e incluso temporal; diferentes espacios coexisten
en un mismo lugar, los espacios generan temporalidades de acuerdo con las
dinámicas sociales, los usos se multiplican y se superponen (Foucault, 1997). La
virtualidad aparece como un espacio nuevo que rompe con las temporalidades y
las espacialidades fijas, espacio de espacios omnipresentes (siempre y cuando se
tenga acceso a este). Vale decir, que esta percepción de la diversidad espacial esta
muy ligada a la experiencia vital de los sujetos, aspecto en el cual los y las jóvenes
destacan, pues son en particular, generadores de espacios y tendientes a hacer usos
diferenciados de espacios predeterminados, como por ejemplo el espacio educativo.
Es por ello que la juventud se ve a menudo enfrentada al mundo adulto institucional,
pues su percepción del espacio es múltiple y alternativa; los estadios de fútbol son
escenarios de reivindicación identitaria, el tiempo para la producción no precede al
de la fiesta y la virtualidad genera otros canales y formas de encuentro.
Finalmente, en tanto se genera una mayor visibilización del espacio físico y social,
la concentración y densificación poblacional de las ciudades aumenta la demanda y
uso del espacio físico disponible, los intereses estatales o privados propenden por el
control de los mismos y los espacios sociales de representación se organizan, surgen
luchas por el espacio, visibles a partir de las tensiones sociales y la manifestación
violenta de los conflictos, pero también en la creatividad cotidiana de los sujetos
y de los colectivos para garantizar su espacio. Desde la delincuencia juvenil, los
paros y marchas en contra de medidas estatales, los grupos en facebook a favor o
17
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
en contra de casi todo, así como los procesos alternativos de organización social
de índole político o cultural, hasta la manera como cada individuo hace uso de su
celular o enfrenta los conflictos cotidianos de la vida diaria, son un ejemplo de ello.
Todo lo anterior nos permite entender el espacio como una producción social en
la que intervienen no sólo las grandes instituciones y los poderes estatales y del
mercado, sino también las prácticas socioculturales de los individuos y los colectivos
sociales, y que comporta lo físico-material, lo temporal-histórico, lo social-cultural,
lo político y lo económico, dimensiones de las cuales, sin embargo, se puede hacer
lecturas específicas.
1.2.2 Histórica
La comprensión de la dimensión histórica del contexto no debe limitarse, por un
lado, a la referenciación cronológica de acontecimientos, ni al establecimiento de
hitos que marcan el acontecer social, lo cual sería historicismo, y por otro, a la
comprensión de lo acontecido como un fenómeno dado que es posible de narrar y
entender a partir de los discursos oficiales que determinan la manera en que esta
ocurrió, lo cual sería “La Historia”. Más bien, la historia debe ser pensada como la
reflexión (apoyada en acontecimientos históricos y en los discursos oficiales, entre
otros) sobre la manera y el por qué se han generado transformaciones sociales y
qué denominaciones han recibido estas épocas, así como las percepciones y efectos
de estas transformaciones. Dos nociones son importantes para esta reflexión:
modernidad y contemporaneidad.
La modernidad es una noción que hace referencia inicialmente a una etapa
determinada de la historia y que en su espectro más amplio podría rastrearse a
partir del siglo XV hasta nuestros días. Sin embargo, para algunos autores como
Habermas (Habermas, 2002), la modernidad es ante todo una percepción estética
un modo de habitar, pensar y comprender el mundo y reconocen un proceso de
configuración de diferentes momentos y sentidos del término.
Esta medición de tiempo es producto de la reflexión del ser humano sobre su
entorno y sobre sí mismo, en particular impulsada desde Europa como principal
centro civilizatorio y hegemónico. Es así como una serie de pensamientos,
descubrimientos, posturas y configuraciones sociales, políticas, culturales y de
conocimiento, son leídos a posteriori como un giro, un avance, un cambio, -a
menudo un logro- en el proceso de comprensión y denominación del ser humano y
del supuesto distanciamiento de este con la naturaleza y con Dios.
La modernidad como proyecto social tiene sus primeros antecedentes entre 1400-
1650, en el denominado Renacimiento, cuando ideas de autonomía y búsqueda
del conocimiento surgen en la Florencia italiana; es la época cuando Galileo Galilei
demuestra que la tierra no es el centro del universo, haciendo tambalear el dogma
religioso. Igualmente, ideas de respeto y recuperación de lo antiguo Romano y
Griego, así como la contemplación de la naturaleza se pusieron en boga. Luego
en Inglaterra y en la misma Francia entre los años 1650 y 1800, a partir de las
18
numerosas y atroces guerras de religión que se presentaron en Europa, una serie de
ideas de tolerancia ante la diversidad de la fe, y otras en las que la razón aparecía
como el elemento que une a la especie humana empezaron a surgir de la mano de
Condorcet y otros filósofos, que afirmaban que la razón es la única forma de llegar a
la objetividad, que nada es creíble si no es comprobado por medio de la racionalidad,
y el saber humano de las artes y las ciencias haría libres y felices a los hombres.
El proyecto de la modernidad es entonces el de la racionalidad que permite establecer
un equilibrio en la distribución de los poderes laicos y eclesiásticos, entre el lugar
de la razón y el de las emociones, entre lo divino y lo terreno. Otra serie de ideas
en torno a la libertad, la justicia, la condición humana y en general, de todos los
aspectos de la civilización se derivaron de estas, lo que permitió además, que los
conocimientos y la capacidad técnica aumentaran. Se consolidan entonces una serie
de premisas que han posibilitado y sostenido el orden occidental hasta nuestros
días: el predominio de la razón, la autonomía del sujeto, la ciencia al servicio del
hombre, la generación de Estados ligados a una identidad nacional, el dualismo
en el pensamiento, la disciplina en el comportamiento social, el libre mercado y la
posibilidad de generar en el futuro una sociedad de bienestar soportada en estas
ideas, que entran en crisis en el siglo XX.
Lo anterior implica comprender la modernidad, ya lo hemos dicho, más que como
una serie de acontecimientos y dinámicas históricas y sociales, como una manera,
un modo de pensar, entender y producir el mundo. La modernidad en tanto concepto
es entonces construida a posteriori, surgió a partir del siglo XIX.
La diversidad de enfoques acerca del desarrollo de esta época y de sus componentes
(estético, cultural, político, filosófico, epistemológico), han permitido la proliferación
de definiciones que ponen que hacen énfasis en sólo algunos de ellos. Habermas
plantea que el rasgo común de la modernidad es una conciencia transformada del
tiempo, que se expresa por la vanguardia, pero que en realidad es una exaltación
del presente: “La modernidad estética se caracteriza por actitudes que encuentran
un rasgo común en una conciencia transformada de tiempo. (…) Pero este avanzar
a tientas, esta anticipación de un futuro indefinido y el culto de lo nuevo significan
de hecho la exaltación del presente” (Habermas, 2002: 19).
Para Foucault, a partir de Kant, la modernidad se correspondería más que con una
época, con una actitud, un giro en la manera como el ser humano y la sociedad
comprenden el mundo y los parámetros que utilizan para ello, donde lo actual
cobra mayor importancia que lo tradicional o anterior. Sin embargo, a partir de sus
búsquedas de la comprensión de las relaciones de poder y saber, el autor propone
reconocer en la modernidad, la época en la que se instauran formas de poder y
se operacionalizan los dispositivos que el autor nombra como biopolíticos (las
formas de gobierno, las relaciones estratégicas y los estados de dominación y las
prácticas de estructuración y control social), que se expresan en la población y en
la corporeidad humana (Foucault, 1999).
A su vez, Arjun Appadurai habla de la “modernidad desbordada”, y propone una
reflexión en torno a cómo ésta es reformulada por efectos de la globalización y que
19
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
más “que un proyecto incompleto, como sostiene Habermas, la modernidad es vista
como entrando en una nueva etapa donde grandes flujos reestructuran la vida de
las sociedades en el conjunto del planeta, en particular el flujo migratorio y el de la
información. Pero donde, además, el trabajo de la imaginación se ha vuelto central”
(Appadurai, 2001:11).
Entonces, hablar de modernidad implica problematizar sus referentes teóricos y
epistemológicos, sus premisas ideológicas. La modernidad no es entonces sólo una
época, que para algunos ya ha terminado y para otros se ha transformado, sino que
es una actitud y una percepción del mundo aún vigente en gran medida, que rechaza
o resignifica aquello que no está de acuerdo con sus parámetros y en la cual se
genera una ordenación del mundo. Incluye también modernismo y modernización y
por supuesto, colonización, ya que estas ideas fueron posteriormente impuestas a
través de los procesos de descubrimiento y conquista, no sólo en América, sino en
otras regiones del planeta.
Igualmente, la Contemporaneidad puede ser entendida como una época que hace
parte de la alta modernidad y que inicia para algunos autores en los tiempos
posteriores a la revolución francesa, y para otros, en los tiempos de posguerra
de la segunda guerra mundial. Mejor, la contemporaneidad debe ser la reflexión
sobre los acontecimientos actuales y su efecto sobre lo social, en relación con los
antecedentes históricos.
Más allá de la determinación del nombre adecuado para la situación actual:
modernidad, antimodernidad, (Habermas, 2002), postmodernidad (Lyotard, 1987),
desmodernidad (Touraine, 1997), sobremodernidad (Augè,1999), modernidad
desbordada (Apaddurai, 2001), modernidad reflexiva (Lash,1994), segunda
modernidad (Beck, 2002), todos ellos producidos en el marco del pensamiento
intelectual Europeo o Norteamericano, parece más pertinente la comprensión
del tiempo-espacio que se está viviendo y la identificación de los factores de
transformación que están configurando la concepción del mundo y de sí misma
que tiene Latinoamérica, a partir de los autores que han rastreado su modernidad
contextualizándola y espacializándola2
en los estudios culturales y poscoloniales:
Néstor García Canclini, Jesús Martín Barbero, Renato Ortiz, Walter Mignolo, Santiago
Castro, Arturo Escobar, Denise Najmanovich, entre otros, pensadores y pensadoras
todos latinoamericanos, los cuales se proponen como referentes conceptuales y
contextuales para entender la contemporaneidad:
La civilización que creyó en las certezas definitivas, en el conocimiento absoluto y el
progreso permanente esta derrumbándose y están abriéndose paso a nuevas formas
de pensar, sentir, actuar y vivir en el mundo. La transformación de nuestra mirada,
que estamos viviendo, implica pasar de la búsqueda de certezas a la aceptación de la
incertidumbre, del destino fijado a la responsabilidad de la elección, de las leyes de la
2	 Estas teorías surgidas en el contexto intelectual y político latinoamericano se pueden articular a las
teorías más recientes sobre el espacio, donde, más allá de la hegemonía del tiempo, de lo histórico,
se contempla lo social como una producción en el espacio, lo cual incluye por supuesto el tiempo,
pero también lo material
20
historia a la función historizante, de una única perspectiva privilegiada al sesgo de la
mirada (Najmanovich, 2001: 5).
Estos autores concuerdan con las nociones generales en torno al marco histórico de
la modernidad, los fundamentos de su proyecto y finalmente, la crisis a la que se
enfrenta desde mediados del siglo XX, planteamiento que les permite ir en pos de
claridades en torno a las formas en que no sólo este proyecto intentó instaurarse
en Latinoamérica, sino sobre las maneras en que Latinoamérica vive la crisis del
mismo, su forma particular de adscribirse o resistirse, no sin plantear escenarios
posibles a futuro, en los cuales se inscribe la globalización como consecuencia de
la modernidad. Así pues, pensar la modernidad contemporánea en América Latina
implica reconocer que el proyecto ilustrado homogéneo, anclado en la razón y en la
existencia de un Estado-Nación que garantizara su sustento, no logra configurarse,
dadas las dificultades y diferencias no solo culturales, sino espaciales, sociales y
políticas que se dan en ella.
Para García Canclini, es posible rastrear cuatro nociones básicas para la comprensión
de la modernidad en la relación entre Latinoamérica y el resto del mundo a partir
del marco de los estudios culturales. La primera noción hace referencia a que la
modernidad Latinoamericana es diferente de la Europea y Norteamericana y debe
leerse con parámetros particulares ya que la forma en que estos se han presentado
en la región difiere de las anteriores en los tiempos de establecimiento de estas
dinámicas, en la manera en que se articularon las formas sociales locales con las
emergentes y en las rupturas que se han generado; es decir, la modernidad surge y
se construye en Europa, mientras que en Latinoamérica es un proyecto impuesto.
Esta percepción tiene como consecuencia los denominados “procesos de hibridación
cultural”:
La hibridación es un proceso que implica una mezcla constante no solo en el
ámbito racial sino en el mundo más amplio de la cultura. Así mismo, la hibridación
es no solo un desafío para el conocimiento (la multidisciplinariedad) sino también
una constatación de las incertidumbres actuales como impacto de la crisis de la
modernidad (García Canclini, 2003: 25).
Teniendo en cuenta esta idea de hibridación, la modernidad en Latinoamérica debe
ser revisada como hibridación cultural y temporal que implican confrontaciones
internas y externas, rupturas y afianzamientos con formas locales y foráneas y
también coexistencias. Ante los procesos de los proyectos de modernización
cultural, clásica o ilustrada, García Canclini considera que Latinoamérica vive
una modernidad “americanizada” foránea, mezclada, hibridada con los procesos
históricos de producción sociocultural locales.
En segundo lugar, como la modernidad o lo que de ella se haya configurado en
Latinoamérica, sus preceptos, narrativas e ideario original, han entrado en crisis,
una modernidad incompleta coexiste con una postmodernidad “de manera que
la coexistencia conflictiva entre modernización y modernismo y ciertas formas de
postmodernidad es lo que actualmente caracteriza nuestras encrucijadas” (García
Canclini, 2003: 27).
21
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
En tercer lugar, la modernidad en Latinoamérica involucra un paso de la dependencia
política a la desterritorialización de la noción de lo Latinoamericano que implica
además la construcción de representaciones foráneas de Latinoamérica, ya que: “En
la actualidad varios procesos hacen trascender el sentido de lo latinoamericano a
otros circuitos y escenarios: se es latinoamericano dentro de los países de América
Latina, pero también en relación con comunidades y circuitos comunicacionales
que desbordan el territorio” (García Canclini, 2003: 26). En cuarto lugar, la
modernidad en Latinoamérica representa un proceso de paso por los avances de
la industrialización, el acceso a nuevos recursos de confort y la transformación del
campo a la ciudad, acompañado de una progresiva transformación de las fuentes
locales de producción identitaria “fijados en repertorios de bienes exclusivos de una
comunidad étnica o nacional” hacia una “explosión globalizada de las identidades y
de los bienes de consumo que las diferenciaban” (García Canclini, 1995: 15).
Para el autor, la condición Latinoamericana no puede resolverse entonces en los
marcos explicativos espaciotemporales propuestos por otros autores, aunque
concuerda con ellos en la existencia de una crisis del llamado proyecto moderno y
en la existencia de un giro en las estructuras sociales que en el caso latinoamericano
se traduce en formas culturales, sociales, económicas y políticas, que comportan
elementos antiguos y nuevos, foráneos y locales, pero ambos con la posibilidad de
ser resignificados en un nuevo orden sociocultural que tiene implicaciones directas
en la condición de ser sujeto latinoamericano.
Emergen en Latinoamérica unos referentes nuevos articulados a estas críticas
al modelo de modernidad eurocéntrico, blanco, monolítico, “monocultural” y
“universal”, “que posicionan el conocimiento científico occidental como central,
negando así o relegando al estatus de no conocimiento, a los saberes derivados de
lugar y producidos a partir de racionalidades sociales y culturales distintas” (Walsh,
2007:103). A estos referentes se les ha llamado decolonialidad. Esta decolonialidad
problematiza las posturas de la colonialidad que ubicó a Latinoamérica como
continente subalterno, como un lugar a desarrollar, que incivilizado había que llevar
a la modernidad.
Además, propone la autora que en esa perspectiva se pueden distinguir cuatro
esferas o dimensiones de operación que, a partir de su articulación, contribuyen a
mantener la diferencia colonial y la subalternización en America Latina. La primera
de ellas es la colonialidad del poder, “entendida como los patrones del poder
moderno que vinculan la raza, el control del trabajo, el Estado y la producción de
conocimiento” (Walsh, 2007:104). En torno a esa mirada se propuso en América
Latina la diferenciación social (el blanco como referente, el indio y el negro como
incivilizado). La segunda es la de la colonialidad del saber, “que no sólo estableció el
eurocentrismo como perspectiva única de conocimiento, sino que al mismo tiempo,
descartóporcompletolaproducciónintelectualindígenayafrocomo“conocimiento”
y, consecuentemente, su capacidad intelectual” (Ibíd.:104); y por ende el saber y
conocimiento de los pueblos colonizados latinoamericanos. La tercera dimensión,
la colonialidad del ser, “que ocurre cuando algunos seres se imponen sobre otros,
ejerciendo así un control y persecución de diferentes subjetividades como una
dimensión más de los patrones de racialización, colonialismo y dominación”
22
(Ibíd.:105), referente que justificó por siglos la violencia colonizadora en nuestro
continente. La cuarta dimensión de la colonialidad es la definida como colonialidad
de la naturaleza, en la cual se propuso una “división binaria cartesiana entre
naturaleza y sociedad, una división que descarta por completo la relación milenaria
entre seres, plantas y animales como también entre ellos, los mundos espirituales
y los ancestros (como seres también vivos)” (Ibíd.:105), precepto que justificó la
depredación por siglos de nuestros recursos naturales y la instauración de modelos
desarrollistas, modernizantes e incluso asociados a procesos de violencia y guerra.
Entonces, comprender la modernidad contemporánea en América Latina implica
pensar la relación constante entre adscripción y resistencia, entre la innovación
y la continuidad, la homogenización y la heterogeneidad y la secuencialidad y las
rupturas. Ello quiere decir, el acercamiento a los diversas formas de vivir, asimilar y
recrear de sus habitantes que responden de diversas maneras a los requerimientos
de los proyectos biopolíticos de la modernidad europeizante o norteamericanizante,
donde lo tradicional indígena y lo afro descendiente no es el punto de partida de los
procesos de modernidad y civilización de nuestros países, sino que estas tradiciones
coexisten en las dinámicas urbanas y en las hibridaciones socioculturales de
nuestros pueblos.
Con relación a la juventud, podemos decir que la modernidad no sólo la produce,
como consecuencia de las transformaciones sociales del siglo XIX, sino que potencia
la configuración de una condición juvenil, desde el hombre joven (o aún, niño)
campesino que se forma en las tareas del campo, la mujer joven (o aún, niña) que
acompaña las tareas del hogar y se adiestra para poder conducir el propio y procrear;
luego, el joven obrero no diferenciado por su edad sino por su capacidad de trabajo,
el estudiante (hombre, y luego tardíamente, mujer) que inicia la visibilización social
de la condición juvenil al introducir en el paisaje social moderno un imaginario, un
cuerpo diferenciado en su vestir, un comportamiento y una función, pasando por el
soldado, figura importante en las confrontaciones armadas de la última fase de la
modernidad, hasta el que podríamos denominar “joven moderno” de los años 50’s
y 60’s que empieza a desligarse de los marcajes de las instituciones de regulación y
a producir su propia experiencia vital y su configuración e imaginario social.
Como se ha dicho, la juventud de la modernidad más reciente, actúa en
contraposición o actitud crítica hacia el proyecto moderno (expresado en el mundo
adulto e institucional), lo cual le granjea una connotación de rebelde, desorientado
e inmaduro, a lo cual las disciplinas del saber humano reaccionan produciendo un
conocimiento moderno, compartimentado y aparentemente ordenado sobre estos
sujetos, agregando a los nombramientos ya mencionados otros como el de púberes,
adolescentes, menores de edad; ordenamiento que sirve tanto para conocerlo, como
para regularlo y vigilarlo.
Sin embargo, no todo el surgimiento de esta categoría social y de su condición es una
consecuencia premeditada del proyecto moderno, de hecho, desde otro ángulo puede
leerse como una de las sucesivas transformaciones que a la postre pondrían en crisis
la modernidad. No en vano, fue la población juvenil no sólo signo y síntoma de los
cambios, sino una de las principales protagonistas de éstos durante el siglo XX.
23
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
Para García Canclini, en la actualidad la juventud aparece en medio de los procesos
de la globalización moderna latinoamericana y relacionada con las formas de
producción cultural, como una vía de generación de formas identitarias y de
subjetividades, que no necesariamente se adscriben a las lógicas establecidas del
consumo y desarrollan maneras recreadas de expresión social, cultural y política,
que buscan ya sea reivindicar los discursos tradicionales o bien producir nuevas
maneras de ser y estar, nutridas de elementos foráneos y propios que se mueven
entre la igualdad y la diferencia, la primera en el acceso a la globalización y la
segunda en la expresión social y cultural:
Los jóvenes actuales adhieren más a causas que a organizaciones. Este tipo de
instantaneismo o espontaneismo de las luchas políticas tiene que ver, como sabemos,
con muchos factores. Algunos provienen de la desintegración y la deslegitimación de
las formas clásicas de representación política y otros del modo en que hoy se hace
cultura o nos conectamos con el pasado, el presente y el futuro (García Canclini,
2003: 32).
En suma, en las formas de expresión y producción cultural juvenil se pueden rastrear
las transformaciones, impactos y procesos de la modernidad/colonialidad en América
Latina, así como de las transformaciones socio culturales y espaciales producidas
en ella, ya que en sus modos de ser y estar aparecen mezclas entre lo ancestral y lo
moderno, entre lo local y lo global, donde coexisten historias, memorias y espacios
que se funden en procesos profundos de socialización y producción de subjetividad
individual y colectiva.
1.2.3 Económica
Para la comprensión de la dimensión económica es necesario, antes de adentrarse en
discusiones sobre la economía como tal, identificar y reflexionar algunos conceptos
y nociones previas como progreso, desarrollo, capitalismo y modelo de desarrollo
neoliberal.
El progreso, entendido como todas las acciones de un individuo o comunidad sobre
sí misma o sobre otras, tendientes a mejorar sus condiciones de vida, ha existido
siempre y tomó en épocas anteriores a la modernidad otras formas y nombramientos
como dominio o superioridad del hombre sobre la naturaleza, explotación de
recursos, supervivencia, exploración o conquista, que eran a la vez dispositivos
y nociones teleológicas, y que se hallaban relacionadas con otros discursos como
el de la religión, la ciencia y la política. En la dimensión económica es importante
reconocer el significado del término “desarrollo” como la representación de progreso
que se tiene actualmente.
Es conveniente evitar la naturalización o el esencialismo de este concepto, como
“una práctica de definir y categorizar para ordenar y dar significado a la intervención
en una determinada realidad social, en suma, un ejercicio de poder” (Cejas, 2000:73
-74), a la manera en que actualmente opera dicha práctica, dando un salto de la
búsqueda del mejoramiento de las condiciones humanas como una necesidad, hacia
la implementación de estrategias de generalización, homogenización y objetivación
24
con el fin de producir sujetos gobernables (Cejas, 2000:75) y contextos adecuados
para la producción capitalista; en fin, que existe un desarrollo, pero han sido posibles
y son, otros desarrollos, entendidos estos como la búsqueda del ser humano más
equitativa por el mejoramiento de su existencia y la satisfacción de sus necesidades
existenciales.
Esta comprensión de la(s) noción(es) de desarrollo, permite ubicar tres lugares
del mismo: en primera instancia, el desarrollo como discurso o los discursos del
desarrollo, entendidos como la o las ideologías y las nociones de bienestar o avance
que proponen estrategias de acción y modos de ordenamiento socioeconómico; En
segundo lugar, lo factual del desarrollo o las prácticas del desarrollo, que vienen a
ser las implementaciones reales de aquellos discursos e ideologías y, en tercer lugar,
los sujetos del desarrollo o las formas de subjetividad fomentadas por el desarrollo,
que son por un lado, las concepciones de sujeto que se esconden tras los discursos
del desarrollo, y por otro, las diferentes formas en que tanto los discursos como
sus implementaciones generan respuestas en las poblaciones, como por ejemplo,
las propuestas alternativas -como los movimientos sociales por ejemplo- al modelo
establecido.
Entonces, tras todo ordenamiento económico, se oculta una idea de progreso, que
se configura en una forma de desarrollo, cuya versión en nuestro caso, y en la
mayor parte del mundo es el sistema capitalista, que ha alcanzado su forma más
“avanzada” en el modelo de desarrollo neoliberal. En este modelo, se parte de la
idea de que los sujetos individuales o colectivos son responsables de la generación
de sus condiciones de vida a partir de las posibilidades del sistema del capital y
que es a través de éste que se puede generar bienestar, pues posee unas leyes,
posee un equilibrio, un ordenamiento que posibilita la distribución de la riqueza;
la libertad es el máximo principio y esto aplica no sólo para la relación política
sino de mercado, por ello el Estado no debe intervenir, debe limitarse a generar
posibilidades de seguridad y administrar.
El ordenamiento económico es considerado por muchos autores como la dimensión
contextual más importante para el surgimiento y moldeamiento de la condición
juvenil. El orden social que se inició en la modernidad sentaba sus bases sobre los
marcos del Estado - Nación3
y del libre mercado, estableciendo una distribución más
o menos clara de las funciones de administración del Estado, cuidado de la población
y movilización y sostenimiento económico, lo cual, aunado al crecimiento de la
población, implicó la identificación y clasificación de los sectores poblacionales,
visibilizando a uno nuevo, la juventud, que empezó a ser adiestrado para ingresar a
la dinámica social y productiva.
3	 Los Estados-Nación son las formas modernas de organización social y política, que se caracterizan
por tener un territorio delimitado, una población vinculada a un cierto origen étnico y un gobierno,
cuyas funciones son garantizar la justicia, la defensa del territorio y el monopolio de las armas, así
como el bienestar de los habitantes.
	 Los Estados-Nación se crean, históricamente, mediante el tratado de Westfalia, al final de la guerra
de los 30 años (1648). Mediante este tratado se acaba con el antiguo orden feudal y se da paso a or-
ganizaciones territoriales y poblacionales definidas en torno a un gobierno que reconoce sus límites
espaciales, y por lo tanto, de poder.
25
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
Debido al crecimiento poblacional en el cual la juventud alcanzó su pico más alto,
el modelo de desarrollo establecido no ha logrado dar lugar a todos los y las jóvenes
y la idea de contenerles en la educación y en el tiempo libre mientras se preparan
para su acceso al mundo productivo se ha resquebrajado. Habría que decir que
posiblemente, no está en el interés del modelo dar solución a esta dificultad, ya que
por un lado, se parte de la idea de que en el establecimiento definitivo y óptimo
del modelo se generan daños colaterales o efectos secundarios y por otro, que la
responsabilidad no está como tal en el modelo, sino en la misma juventud que no
intenta adscribirse y hacer uso de las posibilidades que este tiene.
1.2.4 Política
La variable política como elemento para la comprensión de un contexto debe
tener en cuenta principalmente las transformaciones que en las últimas décadas
ha tenido no sólo esta noción sino su práctica. Si bien la política es entendida
básicamente como la preocupación por los asuntos de la ciudad, esta premisa griega
se ha venido configurando en unas ideas y formas de actuación social cuyos pilares
pueden rastrearse en el proyecto de la modernidad y en el surgimiento del modelo
Estado-Nación, al menos para nuestro mundo occidental.
Así, la política son todas aquellas relaciones que viabilizan el poder en un
conglomerado social, implica unas concepciones de mundo y sociedad, unas formas
de agrupamiento y unas estrategias y mecanismos para la difusión de las ideas y la
toma de decisiones. La política no debe ser entendida únicamente como el ejercicio
del poder gubernamental o la pugna por este, la participación en las maquinarias
de partido o el ejercicio del sufragio, sino, de manera más amplia, las diferentes
percepciones y relaciones de un individuo con la sociedad en la búsqueda del
establecimiento de condiciones de vida.
Esta última noción de la política es producto de las transformaciones históricas de la
misma; aunque en principio conserve la esencia del pensamiento de la polis griega,
éstas implican crisis, y para algunos autores, la estructura política actual presenta
una crisis que conlleva transformaciones. En efecto, para Nicolas Tenzer (Tenzer,
1992), existe una crisis general de la sociedad, expresada en un estado general de
perturbación y cuyo síntoma más significativo es la crisis de la política. Para Tenzer,
esta crisis se evidencia en dos aspectos: crisis de las ideologías que sustentaron la
política moderna (las teorías liberales y marxistas por ejemplo) aunadas a las ideas
de organización social, desarrollo y bienestar, y, en un segundo aspecto, la pérdida
del carácter colectivo de la política, que ha derivado hacia acciones excluyentes y de
interés individual o privado, profundizando estados de dominación.
Estadesvirtuacióndelapolíticaydelopolítico“generaunfenómenodefragmentación
social en el que lo público entendido como lo colectivo, se privatiza, se refuerza la
individuación de lo social, las representaciones colectivas en la esfera política se
desdibujan y cada día evidenciamos representaciones parceladas de lo social” (Sanin
2000:6). Sin embargo, este aparente desdibujamiento también puede leerse como
una forma emergente de la política en la contemporaneidad: lo público vivido desde
26
la individualidad, que permite el surgimiento de nuevas formas de relacionamiento
en lo social; ya no habría que tener una idea colectiva de lo público, ni participar
colectivamente o adhiriéndose a partidos políticos por ejemplo; la acción individual
genera representaciones colectivas también.
Consecuente con lo anterior, las transformaciones de la política en nuestro contexto
reciente, a partir de los tiempos de posguerra posterior a la segunda guerra mundial,
implican la comprensión de la tensión entre los proyectos capitalista y autónomo
o socialista, (tensión que explicaremos más adelante), aparentemente resuelta
después de la guerra fría y con la caída del bloque soviético, pero que subsiste en
los enfrentamientos y coaliciones estratégicas entre naciones que buscan evitar
la hegemonía norteamericana, no sólo en lo político sino en lo económico y de
contrarrestar o relacionarse en igualdad de condiciones con emporios económicos
transnacionales de gran poder.
Ligado a lo anterior, la relación entre política y mercado se ha transformado
al evidenciarse una mayor preeminencia del aspecto económico en la toma de
decisiones, lo cual ha generado el surgimiento de nuevos movimientos sociales
cuyas preocupaciones oscilan entre asuntos de orden local y global, o mejor
dicho, amparados en la conciencia de las problemáticas globales y del peso de lo
económico. Otra transformación importante en lo político, tiene que ver con una
mayor conciencia del pluralismo ideológico frente a la homogeneidad propuesta
por el proyecto moderno, generando una mayor tensión entre las propuestas
autoritarias y las democráticas, entre el totalitarismo y el pluralismo.
Ninguno de estos cambios fuera posible si no se dieran transformaciones en la
manera como la gente se concibe a sí misma, su idea de ser alguien en el mundo,
su identidad y su subjetividad y estas a su vez implican transformaciones en sus
maneras de relacionamiento. Así, la noción de la política, ha vivido ampliaciones
en la manera como se concibe, expresa y practica, haciendo uso de nuevos
medios y códigos, generando mecanismos alternativos y construyendo propuestas
independientes en lo individual y lo colectivo.
Se podría hablar de dos grandes tendencias en la concepción de la política y lo
político en la contemporaneidad, en las cuales, la población juvenil tiene una
participación cada vez más notoria. La primera de ellas hace referencia al surgimiento
de nuevos movimientos sociales y formas de participación y acción política que van
desde posturas extremas de transformación de todo el orden sociopolítico hasta
posturas que promueven la inclusión de otros discursos y formas de expresión,
haciendo énfasis en la visibilización de aquellos grupos poblacionales y aquellos
temas que tradicionalmente no fueron tenidos en cuenta como las minorías étnicas,
la mujer, y la población juvenil, y temas como la regulación del sistema de mercado,
la participación social y el cuidado del medio ambiente.
La segunda de ellas es la transformación y ampliación de la mecánica tradicional
más allá de los partidos originarios de izquierda y derecha o federales y centralistas,
o de tradición liberal o marxista, y de las formas de expresión y participación
representativa jerárquica, hacia formas de mayor acercamiento de y a la población,
27
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
que incluso retoman propuestas de la anterior tendencia mencionada, en las cuales,
el Estado (y los gobiernos) se ubican más cerca de la gente del común y facilitan su
acceso a los espacios de expresión y decisión a través de estrategias de organización
y participación social en las cuales se da la posibilidad de decidir sobre parte del
presupuesto o sobre aspectos de importancia menor en la dinámica social, pero sin
modificar en lo estructural el sistema.
La población juvenil, en tanto se moviliza en alguna de estas dos vertientes, ya sea
participando en movimientos de resistencia o manifestando su pensar político por
vías estéticas, ya sea agregándose activamente a partidos políticos o participando
en los escenarios facilitados por el Estado, desarrolla cada vez más, formas de
adscripción estratégicas que más que vincularse totalmente en una u otra, se
nutren de aquello que en cada una les sea útil a sus intereses. Esto, más que leerse
como una pérdida de principios o de integridad política, debe leerse como una
forma alternativa de participación o una búsqueda de medios más adecuados a sus
necesidades y realidades.
1.2.5 Sociocultural
Estadimensiónhacereferenciaalosdiferentesordenamientos,imaginarios,premisas,
prácticas y expresiones que surgen, configuran y delimitan el comportamiento de
un conglomerado poblacional. Lo sociocultural es una conjunción de los elementos
a través de los cuales una sociedad se organiza, tales como grupos, instituciones,
mecanismos de distribución y clasificación poblacional, etc y los elementos que le
dan un sentido y una expresión particular a estos. De acuerdo con Puig (1994), “la
sociocultura denota una manera de trabajar solo posible en contextos donde existan
relaciones cotidianas interpersonales e intergrupales, y en donde sus diferentes
culturas entren en diálogo e interrelación”. Además, “la sociocultura haría también
referencia a la expresión de la cultura de las comunidades y grupos. Desde esta
visión, la diversidad de voces y el pluralismo cultural devienen elementos inherentes
al hecho sociocultural” (Planas & Soler).Tanto los elementos tradicionales,
geográficos, materiales e inmateriales, como los elementos emergentes, foráneos,
innovadores son fuente de esta dimensión que se encuentra estrechamente
relacionada con las demás y que, al igual que éstas, posee una relación escalar,
es decir, es posible mirarla e identificarla en ámbitos o territorios pequeños, de
carácter local y en ámbitos más amplios, que hagan referencia a regiones o naciones
e incluso continentes.
En esta medida, se puede pensar que existen algunos elementos característicos y
determinantes de la dimensión sociocultural actual que permiten el establecimiento
de una nueva escena de carácter globalizado (globalizante), notoria en la urbes
de los países latinoamericanos y que supone una vivencia particular del espacio
tiempo contemporáneo, una realidad propia, que tiene su mayor expresión en las
generaciones jóvenes que se constituyen en sujetos que no solo la asimilan sino
que la producen. Estos elementos son: la mundialización, globalización de la cultura
o de lo cultural, los avances tecnológicos, el aumento de las fuentes y canales de
28
información y comunicación, la precarización de la sociedad por efecto del modelo
de desarrollo económico, las transformaciones en la relación Estado – Sociedad
Civil – Mercado, los procesos de movilidad y migración, la ampliación en el acceso,
expresión y producción cultural, el consumo y la reconfiguración y diversificación
de la idea de sujeto.
Mundialización, globalización de la cultura o de lo cultural: en donde la reivindicación
identitaria entra en tensión con la interculturalidad, las fuentes identitarias
locales se mezclan o hibridan con las foráneas, se producen expresiones culturales
desterritorializadas o reterritorializadas y en contacto con sus contextos de origen. Las
principales fuentes productoras de cultura y que por ende determinan las tendencias,
provienen de un exterior europeo o norteamericano y generan nichos de amplificación
en las grandes ciudades latinoamericanas, ante lo cual se producen fenómenos de
“glocalización”, es decir, de articulación o mezcla de lo local con lo global.
Los avances tecnológicos y su implementación en el mundo de la vida cotidiana:
la tecnología deja de ser el desarrollo de implementos para el avance científico e
industrial y se convierte en un elemento facilitador y vinculante de las relaciones
sociales y de la vida en general, introduciendo un nuevo campo social como lo es la
virtualidad y que a la vez que intensifica lo social genera exclusiones y marginaciones
por su relación con el mercado.
El aumento de las fuentes y canales de información y comunicación: de la mano con lo
anterior, los avances tecnocomunicacionales a partir del soporte digital y expresados
en la ampliación de la Internet, la televisión digital, la tecnología celular, y toda
una gama de dispositivos y formatos de transmisión e intercambio de información,
cuya tendencia es a fusionarse (radio en Internet, por ejemplo, acceso al cine o a la
televisión desde el celular, I phones, etc), permiten acceder a información de manera
amplia y rápida, a la vez que se genera una pérdida del sentido y la relativización
de la valoración de esta información. A esto habría que agregarle la posibilidad de
producción de información de cada individuo, independiente de las grandes fuentes.
Precarización de la sociedad por efecto del modelo de desarrollo económico: la
transformación de los procesos productivos en el marco del modelo de desarrollo
capitalista neoliberal, el paso de la industria fabril a la industria de servicios (de
la fábrica a la empresa), el borramiento de prácticas y tecnologías de producción
manuales o antiguas, y el poco control del Estado hacia las prácticas de la empresa
privada, disminuyó y especializó el espacio laboral restringiendo el ingreso a él,
generando competencia entre los empleados y perpetuando formas de esclavismo
con presentación mejorada, que conducen a la emergencia de formas de trabajo
en las cuales la empresa y el Estado se desresponsabilizan de la seguridad y el
sostenimiento del trabajador y de sus condiciones de trabajo (tercerización,
downsizing, outsourcing y teletrabajo, contratos de prestación de servicios o
freelance, integrales, etc,)4
, así como de la generación de empleos permanentes,
acrecentando el trabajo informal.
4	 Estos términos hacen referencia a las diferentes formas administrativas de la empresa privada y
pública de disminución de gastos como son las contrataciones externas sin vinculación laboral y
traslado de costos asociados a la producción hacia el consumidor o el entorno.
29
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
La demanda cada vez más alta de formación para el empleo genera espacios de
espera (moratoria educativa) sin acompañamiento estatal y social y transmite al
individuo la obligación de generar su propio empleo o la consecución de uno. Los
Estados intentan dar solución a esta problemática, ya no ofreciendo empleos de
choque sino formación de choque (mano de obra con calificación técnica, el obrero
del futuro). Esta situación hace que grandes cantidades de población no cuenten
con los ingresos mínimos necesarios para garantizar una calidad de vida adecuada
y acceder a las “bondades” del sistema, desconectándolas de la educación, la salud
y la cultura, aumentando la sensación de desprotección e impotencia, generando
atraso social y fomentando el establecimiento de una sociedad dual, que se mueve
bajo la lógica de inclusión/exclusión, o mejor, como plantea Ferrara, de reclusión/
exclusión del sistema (Ferrara, 2007) o del riesgo, como plantea Ulrich Beck, que
incluso va más allá de la incertidumbre planteada por el modelo de desarrollo y se
pregunta por el sostenimiento del planeta y de la especie humana.
Las transformaciones en la relación Estado – Población: Como consecuencia de lo
anterior, se generan distanciamientos, reacomodaciones y tensiones en la relación
entre los sujetos, el Estado (entendido este como estructura de gobierno) y el
mercado, que entra a convertirse en un tercero en la producción de lo social. Gran
parte de las necesidades básicas de los sujetos deben ser resueltas ya a través
de la relación con el sistema de mercado; y con el Estado, que cumple un papel
administrador y regulador más bien difuso, se discuten los asuntos de índole
político y de ordenamiento social. La dificultad estriba en que ambos asuntos no van
separados y los sujetos deben aprender a desenvolverse y desarrollar capacidades
y estrategias individuales y colectivas para relacionarse y garantizar sus derechos,
moviéndose entre la demanda a la empresa privada y la tutela al Estado, entre las
asociaciones de consumidores y las organizaciones sociopolíticas.
El consumo como estilo de vida: El consumo, entendido no sólo como el gasto
económico o la consecución de bienes y servicios, sino también como la destinación
del tiempo libre en participar de actividades que generan sentido de pertenencia
y granjearse objetos y bienes simbólicos ofertados por la industria cultural o el
mercado y que se hallan socialmente avalados, se convierte en el medio expedito
para garantizar el reconocimiento como sujeto y la inserción en el sistema
socioeconómico.
El consumo, más allá de los marcajes identitarios tradicionales, el conocimiento e
incluso el status social, se propone como el ideal del ser que además se encuentra
más cercano al viejo sueño de la sociedad de bienestar, premisa que sostiene su
paradigma: ser feliz. Es a través del consumo que es posible, de acuerdo con este
ideal, ser mejor, hacerse escuchar, generar cultura e incidir en la transformación
social. Así, el paso progresivo de la condición de ciudadanía a la de consumidor
aparece como nuevo escenario donde se resuelve lo político debido a los cambios en
el modelo económico. El consumo se propone como la forma moderna de ejercer la
ciudadanía, de generar sentido de pertenencia y de participación en redes.
Los procesos de movilidad y migración: La relación entre avance tecnológico, sistema
de mercado y mejoramiento infraestructural, conlleva a la generación de medios
30
de transporte más rápidos y eficaces, más rutas y conexiones y más destinos
interconectados, ya sea como centro de producción, de intercambio económico o
de atracción para el cumplimiento del sueño del bienestar. La movilidad tiene tres
vertientes: como estrategia del sistema de producción, como turismo y como opción
de supervivencia. En esta última, la movilidad implica la búsqueda de permanencia
en el lugar de llegada, que muchas veces es incierto. Ante las precarias condiciones
de algunos sectores geográficos, aunadas a la acuciante presencia de la guerra,
el hambre o la exclusión social, se generan procesos de movilidad y migración
voluntaria o forzosa. Estos procesos se dan no sólo a gran escala entre continentes
por ejemplo, sino de una ciudad a otra e incluso de manera intraurbana. Sobra decir
que la movilidad y la migración tienen efectos en las prácticas socioculturales de
quien vive en estas condiciones, ya sea generando ampliaciones en su espectro
cultural, hibridaciones de sus prácticas con las del lugar de destino que implican
borramientos del marco cultural de origen.
La ampliación en el acceso, expresión y producción cultural: en la medida en que los
sujetos colectivos o individuales viven en un contexto de mayor transformación y
acceso a las innovaciones tecnológicas que traen consigo información, tendencias
y discursos culturales foráneos y los procesos de sostenimiento socioeconómico
dejan espacio a la expresión vital sensorial, todas las formas y prácticas culturales
se alimentan, recrean y amplían a partir de estas nuevas fuentes. Una de las
características principales de este elemento es la entrada en crisis de los discursos
patrimonialistas, museificantes y en general proteccionistas o de conservación de
la cultura y lo cultural identitario. Se revisan las nociones de cultura patriarcal y se
amplía el marco de la memoria y la producción cultural material e inmaterial. En
consecuencia, otra característica es la posibilidad de creación y expresión que se sale
de los parámetros tradicionales de lo artístico y lo culto; cada sujeto puede pensarse
como productor cultural, ya no sólo desde la perspectiva de sujeto transformador
de su entorno con sus prácticas cotidianas, sino como ente activo, particularmente
desde las plataformas tecnocomunicacionales en las que puede generar video, audio
e imagen y promocionar acciones y discursos culturales. La expresión y producción
cultural ya no está únicamente en manos de profesionales.
Reconfiguración y diversificación de la idea de sujeto: A partir de los procesos antes
señalados el sujeto latinoamericano ha vivido una serie de reconfiguraciones en sus
formas de actuar, su noción de sujeto, su lugar en la sociedad y la manera como es
visto, organizado, producido e influenciado por los estamentos públicos y privados.
El sujeto Latinoamericano se piensa a sí mismo como ciudadano en unos aspectos
y como consumidor en otros, como adscrito o resistente al modelo de desarrollo,
que expande su derecho y su capacidad expresiva y sensorial con apoyo en las
tecnologías, que concibe la posibilidad de transformar y moldear su cuerpo incluso
con la inserción de dispositivos, que adquiere mayor autonomía en la producción
del discurso identitario al cual adscribirse, a la vez que se entrega ciegamente a los
parámetros de administración de lo vital generados desde el Mercado y el Estado,
que implementan estrategias de regulación e influenciamiento social y moldean el
comportamiento.
31
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
1.3 TENSIONES DEL CONTEXTO ACTUAL
La globalización, por supuesto, no es una única cosa, y los múltiples procesos que reconocemos
como globalización no están unificados ni son unívocos. Nuestra tarea política, argumentaremos, no
es, simplemente resistir a estos procesos, sino reorganizarlos y redirigirlos hacia nuevos fines.
Negri & Hardt. Imperio
La juventud en la pared. Manuel López. 2010.
La comprensión de la contemporaneidad, es decir, del contexto actual
latinoamericano, de acuerdo a como lo hemos planteado anteriormente, goza de
diversas clasificaciones, caracterizaciones y explicaciones, según el enfoque que se
proponga, cada una de las dimensiones antes expuestas puede adquirir un lugar de
preeminencia y considerarse el principal factor decisorio de las circunstancias.
Una de estas clasificaciones de las que hablamos propone dos elementos
comprensivos que estarían en la base de lo que se puede denominar contemporáneo;
ellos son complejidad y nuevo orden global. El primero hace eferencia a la generación
de diversos planos de diferenciación del sistema social en subsistemas particulares
que son autónomos y a la vez interdependientes entre sí, en la irrupción de una
pluralidad de significados y perspectivas expresados en la coexistencia de múltiples
y discontinuos códigos de comunicación y en la variedad de posibilidades culturales
y finalmente, en la creación de una conciencia de dicha complejidad que permite a
los sujetos identificarse en y hacer uso de ella (reflexividad) (Gleizer, 2007). Otro
tanto aporta el concepto de nuevo orden global, más conocido como globalización,
entendido como un sistema de producción e intercambio de bienes, así como
la preeminencia de tecnologías de la informática y la comunicación de alcance
32
planetario, la debilidad de los Estados - nación, y la creciente tendencia a generar
interrelaciones planetariamente abarcadoras.
Entonces, la comprensión de la contemporaneidad implica reconocer un giro en el
nombramiento de la época, el surgimiento de nuevas y diversas formas de pensar,
conocer y actuar cuyo fundamento es lo complejo, la generación de un nuevo
orden mundial o planetario producto de diferentes procesos de globalización, y
finalmente, la contextualización de las manifestaciones locales de estos fenómenos,
que en el caso nuestro significa, la identificación de las maneras como Colombia y
Latinoamérica se inscriben o participan de estas dinámicas.
Antes de adentrarnos en dicha identificación, es necesario recordar que la separación
que hemos hecho de las dimensiones del contexto es sólo teórica y que existe una
constante correlación e influjo de unas sobre otras; igualmente, en esta misma vía
de reflexión, es necesario tener en cuenta que estas dimensiones no son unívocas
y coherentes en su interior y entre sí; la mirada disciplinar histórica privilegió la
visibilización de tendencias, prácticas, discursos y acciones hegemónicas, es decir,
las más prominentes o aceptadas en un mismo territorio, lo cual no significa que
existieran otras; de hecho, una revisión de los acontecimientos históricos desde
esta perspectiva nos permitiría reconocer como hasta el denominado proyecto
moderno, que se presenta como unívoco y coherente fue producto de tensiones y
transformaciones en relación con las dimensiones que hemos desarrollado. Por ello,
consideramos esclarecedor intentar una comprensión de las dinámicas actuales en
este marco general de comprensión de la contemporaneidad a partir de los procesos
de globalización, como tensiones que se presentan debido a pugnas al interior de
sus dimensiones. Se debe hacer énfasis en el hecho de que usamos deliberadamente
el concepto de tensión, que implica el conflicto como un modo de gestión de la
tensión, y que comporta fuerzas en constante pugna a partir de las cuales surgen
nuevos órdenes y dinámicas socioculturales.
Una tensión que se evidencia en casi todos los órdenes del acontecer humano
actual es la que se da entre Globalidad y Localidad y que algunos autores
denominan como glocalidad, entendiendo esta como la manera en que esta tensión
se presenta o se resuelve. Esta tensión se genera a partir del encuentro entre modos
de vida, economías, modelos políticos, discursos sociales, culturas y desarrollos
tecnocientíficos generados desde los centros de poder con alcance planetario y las
formas de hacer locales, encuentro que se da, como se ha dicho, bajo el sistema
capitalista (y el modelo de desarrollo neoliberal) donde a pesar de la riqueza multi e
inter cultural que pudiese generar resulta casi siempre en condiciones de inequidad
y avasallamiento hacia las formas locales, lo cual es leído como “la constitución de
una nueva forma de soberanía supranacional, que no pertenece a ningún Estado-
nación y que configura un nuevo orden global al que se ha denominado imperio”
(Hardt, M y Negri T, citados por Escobar, 2007: 148).
Sin embargo, sería necesario tomar distancia de esta aparente visión apocalíptica
en la que toda subjetividad es producto de la biopolítica del denominado imperio
y desconoce la capacidad humana de resistirse y recrear su entorno social y donde
el futuro posible sería el arrasamiento de lo local, contrario a lo que algunas
33
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
subjetividades y acciones locales nos muestran, particularmente en las prácticas y
expresiones culturales y políticas juveniles que recrean y resisten los modos de hacer
y de vivir propuestos por modelos de desarrollo foráneos, tal como explicaremos
en el último capítulo. Preferimos leer esta tensión o las formas de resolución que
resultan de ella como hibridaciones socioculturales en las cuales no necesariamente
existen relaciones de dominación hegemónica de lo global sobre lo local, sino
formas dialécticas en las cuales se generan procesos de relectura y reacomodación
de los ordenamientos sociales y económicos pensados a gran escala y desde los
suprapoderes como procesos de resistencia a los avasallamientos de estos mismos.
La tensión de orden político, es la tención generada entre el proyecto de autonomía
y el proyecto capitalista. El proyecto de autonomía recoge todas las acciones sociales
generadas alrededor de los últimos doscientos años que intentaban consolidar a
nivel planetario la democracia como régimen en el que los sujetos, a partir de su
condición, son los el creadores de sus propias leyes y donde la premisa de que todo
puede ser posible mas no todo debe ser posible, es el marco para su autolimitación
(Franco, 2000).
Si bien a partir de los 60’s, (del siglo anterior) el proyecto autonómico debió dirigir
sus fuerzas hacia el cuestionamiento de las nacientes significaciones imaginarias
del capitalismo, con la caída del muro de Berlín a finales de los 80’s, se debilita
hasta casi desaparecer, permitiendo la preeminencia del proyecto capitalista y su
idea de que el crecimiento ilimitado de la producción y de las fuerzas productivas
(del consumo en su versión neoliberal) es la finalidad central de la vida humana,
Sin embargo, desde diferentes lugares del planeta y a través de estrategias sociales,
políticas y culturales se sigue buscando impedir la hegemonía del proyecto
capitalista o al menos equilibrar o matizar sus alcances. Esto último es evidenciable
en los Nuevos Movimientos Sociales de carácter ambientalista como Greenpeace o
Sea Shepherd e incluso los partidos verdes; de reivindicaciones étnicas y culturales
como los movimientos indigenistas latinoamericanos y de cambio en el orden
socioeconómico, como aquellas que promulgan el comercio justo (fair trade o
alternative trade).
Producto de las acciones del proyecto capitalista y sus alcances globalizadores,
cantidad de seres humanos se ven en condiciones de abandono y desamparo social
y carentes de las herramientas necesarias para insertarse en los flujos de producción
y beneficio del sistema, mientras otra cantidad logra, a expensas de la anterior,
alcanzar el bienestar en ellos o al menos mantenerse a flote, no sin pagar un precio
en su autodeterminación como sujetos. Esta situación de un afuera y un adentro del
sistema es expresada por la tensión entre Exclusión y Reclusión, (Ferrara, 2007) y no
por el par exclusión-inclusión, ya que no por estar dentro del sistema se es inmune
a los malestares generados por el modelo, donde uno de los más angustiantes es
la siempre presente posibilidad de ser arrojado afuera, sin mencionar los temores
y ansiedades que produce el estar recluido dentro del sistema, como el temor a la
soledad que genera la impersonalidad de las instituciones, el individualismo, así
como la amenaza de la violencia, la necesidad de consumir bienes y servicios para
seguir haciendo parte; en últimas, estar del lado “bueno” del sistema no implica
escapar a sus “males” o vivir en un mundo de bienestar.
34
La expansión globalizadora también tiene efectos en lo espacial que se expresan
en términos de tensión entre movilidad poblacional y delimitación territorial o su
versión inversa que es segregación poblacional y apertura territorial. El aumento en
los flujos de intercambio económico, las aperturas de fronteras entre comunidades
de naciones, el surgimiento de ciudades que atraen por su imaginada capacidad para
brindar bienestar y empleo, el mejoramiento de las estructuras de transporte que
acercan grandes distancias, los avances en las telecomunicaciones que posibilitan
el conocimiento y deseo de otras culturas, la creación de grandes centros de
poder en contraposición a la precarización de naciones enteras a causa de guerras,
hambrunas, gobiernos autoritarios, escasez de empleo e inadecuadas condiciones
de vida, motivan y generan posibilidades para la movilización de grandes cantidades
de población entre continentes, países y regiones creando flujos migratorios
masivos e individuales frente a los cuales las entidades de control migratorio, los
gobiernos y las sociedades responden con acciones y estrategias de delimitación
territorial, fortalecimiento de fronteras, segregaciones étnicas, afianzamiento de
identidades y todo tipo de filtros económicos, culturales y políticos que no pueden
ser implementadas de manera totalitaria, dado que parte de esas movilizaciones
benefician el sistema e incluso son esperadas o generadas por el mismo.
Tanto las poblaciones que permanecen en sus lugares de origen como las que
migran de manera voluntaria u obligatoria deben enfrentar una nueva tensión entre
el sostenimiento de su identidad cultural y la generación de formas transculturales,
producto del descentramiento territorial que se genera, ya que este conlleva en
sí un descentramiento cultural que implica la apropiación de nuevas formas
identitarias o la defensa de las propias y tradicionales, situación que podría poner
en riesgo la permanencia en el lugar de llegada o el acceso a sus beneficios y para
los que permanecen podría implicar la pérdida o transformación de sus referentes
tradicionales o de igual manera el no acceso a los beneficios del intercambio cultural.
En el ámbito de lo simbólico, la multiplicación de sentidos, de significados, de
imaginarios y discursos que circulan a través de los distintos sistemas sociales,
de los dispositivos mediáticos y de las instituciones, genera una tensión entre la
insignificancia y la profusión simbólica o el exceso de información y la importancia de la
misma, en la cual la persona se mueve en una constante búsqueda de significaciones
imaginarias sociales que le den sentido a la vida y el agotamiento del poder de los
significados que le suministra su entorno, que podría tener como consecuencia el
que ya nadie sepa cuales son los referentes adecuados para buscar información,
cuál es la información pertinente o verdadera y a partir de esta determinar “cuál
es su función en la sociedad, el sentido de esta y de su participación en la misma”
(Franco, 2000:7) o que el sujeto entre precisamente en un individualismo, un collage
de sentidos y discursos desde los cuales construir y deconstruir constantemente su
propio relato vital, condición que se ha dado en llamar nuevas subjetividades.
Semejantes condiciones de existencia en las que todo parece al alcance de la mano,
pero la mano se hace cada vez más corta, donde el mundo se divide entre las
posibilidades y los obstáculos, genera en los contextos sociales una cotidianidad
que es experimentada por los sujetos como una tensión entre sus condiciones de
riesgo y condiciones de seguridad que suelen estar separadas por una línea muy
35
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
delgada e invisible. Lo paradójico de tal situación es que tanto el discurso sobre el
riesgo como el de la seguridad son a la vez producidos y fomentados por el orden
globalizador del cual se derivan consecuencias ambiguas, pues el riesgo puede ser
interpretado como “efectos de un proceso de modernización que es eminentemente
benéfico y en cuyo seno los riesgos son legítimos” (Maluf, 2002:16) y la seguridad
como la consecuencia ideal de un nuevo orden que conlleva beneficios para todos
y cuyos efectos dependen del aprovechamiento de las oportunidades que genera.
Entonces, riesgo y seguridad hacen parte del sistema y éste debe ser asumido así.
Es necesario aclarar que acá la noción de seguridad no se refiere al bienestar o
a la protección, sino a estar alejado del peligro que representa todo aquello que
pueda ser una amenaza para la vida, desde el consumo excesivo de grasas, hasta las
acciones de terrorismo, generando discursos y prácticas de higienismo, sanitarismo,
autoprotección y blindaje, tanto físico como social, condiciones que el mercado
oferta y que son más viables de obtener a través del dinero que por derecho
ciudadano, pues la tensión que allí se produce debe ser resuelta, de acuerdo con el
modelo, por cada sujeto.
37
CAPITULO 2
CONDICIÓN DE JUVENTUD
Trazar un mapa de la condición juvenil latinoamericana plantea un importante desafío a las ciencias
sociales de nuestra época. La coexistencia de diferencias internas hace de la juventud una situación
de intercambios más que un espacio de referencias y visiones generacionales claramente discernibles,
como lo fuera en décadas anteriores. Pese a la difuminación que caracteriza el universo juvenil, hay
signos persistentes que ayudan a precisar la relación entre los jóvenes y el futuro de la región.
Marcados por la desinstitucionalización, el consumo y la informalidad, los jóvenes siguen subrayando
los modos en que la sociedad se renueva o reestiliza frente a lo político, lo social y lo popular.
Néstor García Canclini En: Nueva Sociedad, 200 | Noviembre / Diciembre 2005
Clan Meleth, Comunidad Cultural Mil Espadas. Medellín. Manuel López. 2010.
38
2.1 ¿CÓMO SE HA CONCEPTUALIZADO
LA JUVENTUD?
2.1.1 Sobre la conceptualización
Establecer un concepto que defina a la juventud puede ser un esfuerzo inútil si se
parte de la idea de construir una representación totalizante. Este intento puede dar
como resultado un discurso tan complejo y diverso como el mismo sujeto social que
pretende definir y por tanto de poca utilidad como referente para acercarse a este.
De otro lado, se corre el riesgo, como ha ocurrido en diferentes espacios académicos
y de la sociedad, de reemplazar la realidad por el concepto, siendo este último una
única representación o una síntesis de esta. A pesar de ello, han sido múltiples las
tentativas por generar una definición o una delimitación conceptual acabada de este
grupo social sobre las que vale la pena hacer una reflexión somera.
No es sólo el saber académico el que produce concepciones sobre la juventud y
no son sólo éstas, por ende, las que deben interesar, en tanto se puede afirmar
que toda concepción sobre la juventud es, en últimas, una representación social5
de ésta. Ocurre que hasta el estudio más juicioso puede hacer a un lado algún
contenido, forma particular o característica de la misma, o al contrario, priorizarla,
dependiendo ya sea del interés investigativo, el sector académico y social del que
éste provenga y la experiencia y la postura personal de quienes lo realizan. Es
necesario reconocer que existen diversos ámbitos desde los cuales se producen
estas definiciones y diferentes modos o maneras de generarlas.
Es necesario entonces, plantear una reflexión sobre el tipo de delimitación que se
quiererastrear,omejor,notarqueenelejerciciodedeterminacióndeloqueseentiende
por juventud, los sucesivos acercamientos han usado términos que provienen de
diferentes escuelas, disciplinas, ámbitos sociales, líneas epistemológicas o maneras
que plantean diferentes niveles de acercamiento y comprensión. Términos como:
concepto, concepción, definición, categoría, representación, e incluso otros, como
imaginarios, miradas, comprensiones, nociones son usados a menudo de manera
sinonímica o literal.
Otro elemento importante para la discusión es la migración del término y el
concepto de juventud hacia otras disciplinas y discursos sociales o la ampliación
de su alcance conceptual, pretendiendo abarcar con este toda la complejidad y
diversidad de la población que representa. Un ejemplo a este respecto lo brinda
Alvarado, quien apoyada en Manheim, nos propone el establecimiento de una
Sociología de la Juventud, entendida como “el campo sociológico encargado de
preguntarse por la producción de subjetividades y sociabilidades en el contexto de
la condición cultural juvenil” (Alvarado et al, 2009:85) y que tiene como uno de sus
supuestos el diálogo entre las teorías de las disciplinas sociales.
La historia del surgimiento de las delimitaciones disciplinares, termina delimitando
la conceptualización del fenómeno, en este caso, de la juventud; así, desde la
5	 La noción de representación social es explicada en las miradas sobre la juventud
39
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
medicina, la psicología, la historia, la pedagogía, la jurisprudencia, la antropología,
etc., se generaron acepciones y nociones de las cuales, la juventud, en tanto
concepto sociológico tomó más vuelo, acaso por referirse a los aspectos más
visibles de esta población, aunque algo similar ocurre con el concepto psicológico
de “adolescencia” (Este concepto en particular, es un buen ejemplo de aquel
riesgo señalado de convertir el concepto en la realidad, pues ya es de uso común y
generalizado la connotación patológica de este término para referirse a quienes se
les asocia a él). Esto sin olvidar la connotación ambivalente y peyorativa que desde
su surgimiento y a lo largo de los años ha venido adquiriendo el término “juventud”,
prestándose tanto para valoraciones positivas como negativas.
En este orden de ideas, para Pérez Islas (2008), la juventud es un concepto en
disputa, misma que nace desde la separación en tres vertientes de la concepción
moderna de la juventud que según el autor, funda Rousseau con su obra el
Emilio en 1762. Estas vertientes son la pedagógica, la psicológica y la social, que
desarrollaron caminos paralelos y a menudo distantes, sin mencionar, por nuestra
parte, los saberes biomédicos y jurídicos, generando la fragmentación del sujeto y
la discontinuidad y diversidad de enfoques que hemos planteado.
Finalmente, nos advierte Pérez Islas, en una reflexión sobre la veracidad y la
pertinencia de estos “saberes clásicos” que “lo importante no es el producto,
sino el proceso de dialogo que se establezca con ellos” (Pérez Islas, 2008:33). Por
tal razón, a la par de la comprensión de las preguntas contemporáneas sobre el
sujeto joven y el intento de acercarse a este rompiendo los moldes del enfoque
disciplinar moderno, desde la teorías críticas, la inter y transdisciplinariedad, no
se puede renunciar de plano a las posturas disciplinares ni a las teorías clásicas,
ya que es a partir de esta “disputa” y búsqueda conceptual que han sido posibles
las construcciones actuales. Acerquémonos entonces a unas nociones básicas de
algunas de las disciplinas y sus aportaciones más significativas al tema de juventud.
2.1.2 Las disciplinas sociales y humanas, las ciencias médicas y
sus acercamientos al tema de juventud
	 Psicología
La psicología es la disciplina encargada del estudio, comprensión y tratamiento
del comportamiento humano a partir de los enfoques que conciben la existencia
del psiquismo, de lo mental o del mundo interior. La psicología empieza a nacer
como disciplina a mediados del siglo XIX y debate su lugar entre las áreas sociales,
humanas, naturales y de la salud. Habría que diferenciar la psicología o las psicologías
de los discursos igualmente aportantes del psicoanálisis y de la psiquiatría.
En relaciòn con el saber sobre la juventud, la psicología propone la noción de
“adolescencia”, cuyo orígen dentro de las ciencias sociales y humanas y en particular
de la psicología, data de principios del siglo XX con la aparición en Norteamerica
del libro: “Adolescence, it’s Psychology and it’s relations to Psychology, Anthropology,
Sociology, sex, crime, religion and education” del psicólogo G. Stanley Hall. Sin
embargo, este hito histórico no puede olvidar los antecedentes que se remontan a
40
la paideia Helénica, pasando por J.J. Rousseau en el siglo XVIII hasta la Revolución
Industrial de finales del XIX, donde aparece la juventud como fenómeno social.
El término adolescencia, pretende designar en el ámbito psicológico lo que la
sociología observa a nivel social: las características y comportamientos de una franja
poblacional y las razones o causas de éstas. La adolescencia es entendida como una
etapa del desarrollo psicoevolutivo o bien como un estado del psiquismo. Estas
acepciones implican la noción de conflicto intrapsíquico donde todas las reacciones
comportamentales del adolescente son comprensibles desde la perspectiva de sus
elaboraciones de duelo, que no son más que defensas que le permiten la construcción
de un discurso propio que dé cuenta de su Yo y lo relacione con el mundo externo.
En otras palabras, la adolescencia es el surgimiento de una serie de conflictos que el
sujeto debe resolver para construir una identidad.
De acuerdo con Aberastury y Knobel (1984), dos palabras puedan englobar todo el
fenómeno de la adolescencia: pérdida y búsqueda, que en términos psicológicos se
corresponderían con duelo y elaboración, donde los duelos se deben a las pérdidas
del cuerpo infantil, del rol y la identidad infantiles, de los padres de la infancia y de
la bisexualidad latente y las elaboraciones se refieren a los mecanismos de defensa
antes mencionados y que se manifiestan en comportamientos como la tendencia
grupal, intelectualidad y fantaseamiento, crísis religiosas con oscilaciones entre el
ateísmo y el misticísmo, actitud social reivindicatoria con tendencias antisociales
o contestatarias, fluctuaciones en el humor y el estado de ánimo, desubicación
temporal y distanciamiento de los padres.
Sin embargo, dado que la psicología se divide en vertientes o corrientes disciplinares
diferenciadas, existen posturas y especificidades de su comprensión sobre el
fenómeno adolescente, por ejemplo, desde la psicología evolutiva y la cognitiva,
las cuales centran su atención en el desarrollo de las capacidades intelectuales y
morales del individuo y la forma en que estas son puestas en escena en lo social.
Igualmente, hace parte del interés de la psicología en la adolescencia, la
determinación de los estándares de normalidad y anormalidad desde los cuales
identificar lo patológico del comportamiento. La preeminencia de una noción de
adaptación asociada a los parámetros sociales y morales de la modernidad llevaron
a la psicología a construir una mirada prejuiciosa y peyorativa de la vivencia
adolescente que trascendió luego al imaginario social, postura que por fortuna ha
sido superada en el pensamiento psicológico contemporáneo. Ya Erikson a finales
de los 60’s plantea que “la adolescencia no debiera ser concebida exclusivamente
como una fase de desequilibrios; de hecho, el desarrollo evolutivo individual es
un proceso constante y continuo, por tanto los conflictos relacionados con la
configuración personal no son exclusivos de ninguna etapa del ciclo vital” (Erikson,
1982:82).
La relación entre las nociones de adolescencia y juventud se mueve entre el
uso sinonímico indiferenciado (y poco riguroso) y los intentos de acercamiento
interdisciplinar con la sociología, que introduce además, una diferencia en los tiempos
cronológicos de vivencia de ambos fenómenos, lo cual no es del todo exacto:
41
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
Esta sustitución de un concepto por otro no es aleatoria y tiene que ver directamente
con la influencia de los modelos teóricos explicativos del desarrollo psicológico del
individuo y de los procesos que intervienen en la construcción- consolidación de la
personalidad que han influenciado los desarrollos de la psicología evolutiva por largo
tiempo (Patiño, C. & Garcés, A. 2008:36).
Continúan los autores planteando que “tanto la adolescencia como la juventud
son construcciones sociales, no determinados cronológicamente sino que obedecen
precisamente a los requerimientos sociales y al número de moratorias necesarias
para la construcción de un lugar del individuo en el sistema” (Patiño, C. & Garcés,
A. 2008:37), postura desarrollada desde la psicología social que permite establecer
las relaciones sociales, que son finalmente las que posibilitan la producción de
identidad y subjetividad.
	 Antropología
La antropologíaes la disciplina de las ciencias sociales que se ocupa de la comprensión
del comportamiento social humano, por lo cual nociones como cultura, sociedad,
etnia e identidad están en la base de sus reflexiones. Dada la amplitud de su
objeto de estudio, desde sus inicios ha vivido un proceso tanto de diversificación
en áreas como de fusión o acercamiento con otras disciplinas como la sociología,
la historia (etnohistoria), psicología, biología (antropología biológica), siendo su
principal interés actual el conocimiento y comprensión de la diversidad de formas
y expresiones culturales humanas. El texto Historie Naturelle, de Georges-Louis
Leclerc, Comte de Buffon, de 1749, es considerado el primer texto antropológico,
pero los primeros textos con una rigurosidad de antropología (etnográfica) fueron
lo escritos por Lewis Henry Morgan (The League of the Iriquois 1851) y Edward
Burnett Tylor (Anahuac; or, Mexico and the Mexicans, Ancient and Modern, 1861).
En relación con la juventud, inicialmente, la antropología ha sido importante a la
hora de estudiar la diversidad de formas culturales en que las sociedades elaboran
la transición de la niñez a la adultez, lo que en la sociedad occidental moderna se
configura como la juventud, resaltando la importancia de que hay comunidades y
sociedades en las cuales este tiempo, o este lugar social no existe, es muy corto o
está mediado por rituales o vivencias, planteamiento que ayuda a fundamentar la
idea de la juventud como una producción sociocultural no necesariamente ligada a
momentos del desarrollo bioevolutivo.
La antropología ha trasegado por tres nociones desde las cuales ha intentado
leer el comportamiento sociocultural juvenil de la modernidad, no sin antes
haber identificado a la juventud como una nueva agregación social: subcultura,
contracultura y cultura juvenil. Si bien el surgimiento y aplicación de estas
nociones se puede leer históricamente, no implica la renuncia total a estos marcos
de referencia, como quiera que en revisiones críticas se les ha cuestionado por la
mirada peyorativa que parece existir en las dos primeras.
La juventud como subcultura parte de la comprensión de la cultura como un sistema
en el cual se debaten relaciones de poder y la juventud representa el surgimiento de
una nueva forma de comportamiento cultural con prácticas, marcajes identitarios,
42
territorialidades, estilos de vida y discursividades que se convierte en un subsistema,
en una microsociedad con alto grado de autoreferenciación. Aunque lo anterior
implica también relaciones de dominación, no es este el eje de esta mirada; Desde
esta perspectiva, la juventud sería un colectivo con sus propias estéticas y modas,
valores y símbolos. Habría que señalar que esta mirada frente a lo juvenil se construyó
desde dos corrientes diferenciadas tanto epistemológica como geográficamente: La
Escuela de Chicago en los años 20’s y 30’s y la Escuela de Birmingham en la segunda
postguerra.
Posteriormenteseproponelanocióndecontraculturasjuvenilesendondelajuventud
se manifiesta como un sistema propio y alternativo de valores, en rechazo de los
valores adultos y de las instituciones. Usa medios difusos más individualizados,
propone instituciones alternativas, y es notorio que no hay vivencia sin discurso
ideológico justificatorio. En esta mirada, sí es más claro que una de las funciones de
la juventud es la movilización cultural por medio del derrumbe o la confrontación
de los valores hegemónicos establecidos, mas no siempre desde la acción violenta,
si bien esta apareció como uno de los elementos que posibilitó esta mirada, a partir
de las manifestaciones juveniles en la época de posguerra. La juventud como una
contracultura “reflejaba una ruptura en la hegemonía cultural, una crisis en la “ética
puritana” que había caracterizado la cultura burguesa desde sus orígenes: ya no se
requería de trabajo, ahorro, sobriedad, gratificaciones pospuestas, represión sexual,
etc., sino ocio, consumo, estilo, satisfacciones inmediatas y permisividad sexual”
(Feixa, 1999: 96).
La antropología contemporánea prefiere trascender las nociones de sub y contra,
en la medida en que la cultura es una sola, pero hay diversidad de sociedades y
de manifestaciones culturales. Además, el termino contracultura estaría haciendo
referencia a una “no cultura” o una negación de la misma, mientras que los y
las jóvenes en la actualidad reestructuran la cultura hegemónica a partir de sus
prácticas alternativas. La diversidad y la manera de “innovar” por parte los y las
jóvenes construye unos estilos de vida alternativos, que complementan la cultura
y el mundo adulto, más no se alejan de del mismo creando una “contracultura”, lo
cual agota en gran medida la utilidad de estas nociones.
En la actualidad y desde la perspectiva de la antropología contemporánea, para
Feixa (Feixa, 1999), el estudio de la juventud tiene dos caminos: por una lado, el
estudio de la construcción cultural de la juventud, es decir, de las formas mediante
las cuales cada sociedad modela las maneras de ser joven y por otro, el estudio
de la construcción juvenil de la cultura, o sea de las formas mediante las cuales
los/as jóvenes participan en los procesos de creación y circulación culturales,
lo cual configura una mirada de la juventud como una cultura, que en sí misma
encierra también diversidades producto de las comprensiones contemporáneas de
lo cultural, donde expresión, diversidad, subjetividad, hibridación son las nuevas
premisas de lectura.
	 Sociología
Definir la sociología es una tarea tan compleja como el mismo desarrollo de esta
disciplina,queesricaenescuelas,tendenciasdepensamiento,autoressobresalientes
43
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
y por tanto, propuestas teóricas. Desde el surgimiento de la sociología como una
disciplina que se encarga del conocimiento y estudio de las relaciones sociales y las
formas de ordenamiento humano, en los albores del siglo XIX (sin desconocer las
aportaciones del periodo de la Ilustración), se han generado disímiles perspectivas
teóricas, y métodos de análisis que se configuran en lo que la disciplina denomina
como sistemas sociológicos y que han vivido un proceso de constante creación y
crítica, generando uno de los corpus teóricos más amplios de las ciencias sociales
Las teorías sociológicas de la juventud están ligadas a sus escuelas y corrientes
teóricas más significativas, sobre todo a partir del siglo XX, cuando la juventud
irrumpe en el escenario social demandando la construcción de teoría social a su
alrededor.
La sociología comprende a la juventud como el grupo social que, al tiempo que se
constituye en el eslabón más débil en la reproducción social, es sometido al proceso
de doma y de asimilación de los valores y normas que facilitan la cohesión y la
reproducción social, y que aún en este marco logra construir una praxis masiva que
le diferencia del resto de grupos sociales (Londoño, J, Gallo, N & García, S. 2008:54).
Inicialmente, la sociología aportó al conocimiento social de la juventud, el
planteamiento de la existencia de un grupo social con características propias, que
surgía en Occidente por los procesos de industrialización y que se separaba de la
clase obrera tanto por la edad como por el papel social que desempeña. En los años
20, el denominado Generacionismo, ve en la juventud (al menos en la que queda
después de la guerra) al grupo social que introducirá cambios en el ordenamiento.
De manera más o menos paralela, en los años 30’s, en asocio con la antropología, la
Escuela de Chicago introduce la mirada subcultural, en la que se encuentran dos vías
de estudio sobre la juventud: la primera se centra en la delincuencia juvenil, estudia
la subcultura delincuente, la cual se asocia a los jóvenes populares. La segunda, se
centra en la juventud, en la subcultura juvenil, y en los jóvenes estudiantes de clase
media.
En los años de posguerra surge otro enfoque denominado Estructural funcionalismo,
en el que se considera que el alargamiento de la instancia en instituciones educativas
separa al joven del sistema productivo y de las relaciones de clase. Por ello, en los
institutos se estaría formando una cultura adolescente diferente de la adulta y sin
distinción de clase, con un sistema autónomo de valores y normas esencialmente
hedonistas, producto de las tensiones entre las generaciones pero funcional en
tanto integra.
Posteriormente surgen posturas críticas a estas escuelas que avanzan en la
explicitación de nociones comprensivas como generación, clase, edad, categoría
social y en la cada vez mayor identificación del lugar de la juventud como productora
y no sólo reproductora de ordenamiento social. En los años 70’s el Centro de
Estudios de Sociología y Cultura de Francia (CSEC), con Pierre Bourdieu a la cabeza,
introduce un descentramiento de las miradas aparentemente esencialistas de estos
enfoques, proponiendo la inexistencia de una juventud e invitando a revisar este
fenómeno a partir de las relaciones de poder entre grupos sociales y de estos con
las instituciones:
44
En la división lógica entre jóvenes y viejos esta la cuestión del poder, de la división
(en el sentido de repartición) de los poderes. Las clasificaciones por edad (y también
por sexo, o, claro, por clase….) vienen a ser siempre una forma de imponer límites,
de producir un orden en el cual cada quien debe mantenerse, donde cada quien debe
ocupar su lugar (Bourdieu, 2002:164).
Las propuestas comprensivas de la juventud en la sociología han generado lo que
algunos autores llaman una sociología de la juventud, teoría que extiende sus
límites o se fusiona con otras disciplinas convirtiéndose en uno de los motores de la
transdisciplinariedad. El poder teórico de las escuelas sociológicas es tan fuerte que
no es posible hablar de una sociología de la juventud de raigambre latinoamericana
en tanto sus postulados sirven de referencia pertinente para las realidades de
la juventud del continente; sin embargo, existen diversas investigaciones y
aportaciones teóricas para la comprensión de la realidad social de la juventud
latinoamericana, como las realizadas por Roberto Brito Lemus, en las cuales
nuevamente, las relaciones de poder, el papel de productora de ordenamiento social
a través de procesos de resistencia y movilización social y la ampliación del espacio
social juvenil a través de la creatividad sociocultural son los principales ítems, pero
establecen especificidades en torno a los efectos negativos de la perspectiva histórica
en la producción conceptual de la sociología sobre la juventud en Latinoamérica y
proponen conceptualizaciones de la juventud más como proceso que como clase o
grupo social:
Es así que los jóvenes generan sus propios espacios, dentro o en oposición a los
ya establecidos, al reunirse en los centros educativos, en la calle, en el barrio; al
compartir un tiempo y un espacio, al enfrentar problemas similares en circunstancias
comunes, al intercambiar y compartir elementos culturales como el lenguaje, la
música o la moda. Todo ello posibilita el vínculo y la identidad con los miembros de
la propia generación estableciendo las bases para el desarrollo de lo que nosotros
denominamos una praxis diferenciada, que unifica y simboliza a la juventud (Brito,
L. 1996: 6).
	 Pedagogía
La pedagogía se propone como la práctica social que posee el saber sobre las formas
de educación y formación del ser humano y en particular del infante y el sujeto
joven. Su importancia en la configuración de un saber sobre la juventud ha sido
importante, pues introduce la mirada del y la joven como quien debe ser instruido
inicialmente en los saberes de la humanidad para poder luego hacer parte del
conglomerado social. Si bien la comprensión moderna de la pedagogía surge, como
en las demás disciplinas a partir del proyecto ilustrado de la modernidad, sus raíces
son anteriores. En la Grecia antigua, el término paidagogós designaba al esclavo que
llevaba los niños a la escuela, de dónde se deslinda la idea de llevar, conducir a la
juventud por los senderos del conocimiento.
En la actualidad, la pedagogía es más conocida como ciencias de la educación, ya
que no sólo se ha acercado y nutrido de otros saberes sobre lo humano sino que
ha ampliado su comprensión y enfoque de los procesos educativos en términos de
enseñanza aprendizaje, en los cuales desde diferentes metodologías el sujeto es
más protagonista de su formación. Sería extenso describir las diferentes tendencias
45
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
pedagógicas (Pedagogía tradicional, Escuela nueva o activa, La tecnología educativa,
Pedagogíaautogestionaria,Pedagogíanodirectiva,Pedagogíaliberadora,Laperspectiva
cognoscitiva, Pedagogía operatoria, Constructivismo, Pedagogía diferenciada, etc) pero
se pueden plantear como principales transformaciones en primer lugar, la ampliación
de la noción de educación que va de la transmisión de información a la generación
de actitudes proactivas frente al conocimiento; en segundo lugar, los avances en la
implementación de metodologías tecnocomunicacionales, que van desde la oralidad,
el ejemplo y la magistralidad hasta el uso de nuevas tecnologías digitales al servicio
de la formación, lo cual implica además, la desterritorialización y la atemporalidad
en el proceso de enseñanza aprendizaje; en tercer lugar, la comprensión del sujeto
a educar, que va desde el alumno, aprendiz o discípulo, términos que en su época
implicaban no sólo desconocimiento o ignorancia sino relaciones de poder desigual,
hasta educando, estudiante y sujeto de la formación, lo cual ha permitido (al menos
en la teoría) la promoción de sujetos críticos, con perspectiva política y con mayor
conciencia de su función social. Esta última transformación es la que ha generado el
acercamiento de la pedagogía a los saberes en torno a la juventud como grupo social.
	 Historia
Lahistoriaesladisciplinaqueseocupanosólodelestudiodelpasadodelahumanidad
sino de la reflexión en torno a los acontecimientos que configuran su situación
actual. Al igual que las demás disciplinas ha vivido un proceso de especificación
de su hacer desde sus antecedentes más remotos y desde el acercamiento o
distanciamiento con ellas. Los primeros historiadores fueron en realidad cronistas
de su tiempo, y en algunas culturas como la China y la Musulmana, existía el oficio
de registrar los acontecimientos, lo cual se convertía en la historia oficial. A partir de
allí, suele reducirse o confundirse la cronología y la historiografía y la historia misma
en tanto, narración de acontecimientos, con el método y la reflexión en torno a los
hechos, sus causas y consecuencias. Como con los saberes mencionados antes, la
historia como disciplina surge en la Europa de la modernidad y se consolida luego
en América del Norte, por tanto, sus reflexiones en torno al devenir humano y las
periodicidades que establece son inicialmente occidentales.
En ese sentido, la historia como disciplina se ha acercado a la juventud tanto desde
el rastreo y la descripción de sus antecedentes y su surgimiento en la modernidad
occidental como desde la revisión de sus implicaciones en el desarrollo histórico de
la humanidad. En la primera mirada, la historia nos advierte del origen de la juventud,
partiendo de lo que ocurría en Europa y América, como un proceso sociohistórico
discontinuo, premisa fundamental en la comprensión actual de lo juvenil:
Ser joven parece ser una condición social y cultural bastante antigua, pero no lo es.
El recorrido que podamos hacer por la historia universal nos muestra la condición
de lo juvenil como una característica cambiante, no siempre nombrada, cuando no
desconocida por épocas y generaciones enteras (Hoyos, 2001:1).
Por la historia se sabe de la existencia de clasificaciones poblacionales similares a
la juventud actual, la cual por demás, comporta algunas de las características de
sus antecesoras. El puber y el efebo de la Grecia y la Roma antigua, el juvenis, el
mozo de la edad media y otros nombramientos cercanos como el antes mencionado
46
de discípulo e incluso el de soldado, hacen parte los antecedentes de la juventud
actual. Estas clasificaciones se corresponderían o darían cuenta de configuraciones
sociales históricas, es decir, de periodicidades y a la vez, de continuidades y
discontinuidades en su interior.
De otro lado, la historia se ha encargado, a la par que la sociología, de estudiar la
participación de los y las jóvenes en los procesos de transformación social, para lo
cual ha propuesto nociones explicativas como generación y movimientos sociales
entre otras. La juventud ha sido no sólo participe sino impulsora de grandes cambios
en la sociedad y a la vez, como nos lo ha señalado la antropología, es signo de éstos
a partir de sus prácticas y expresiones culturales, particularmente en el siglo XX.
El surgimiento de la noción más contemporánea occidental de la juventud está
relacionada con el ordenamiento social de la posguerra (de la segunda guerra
mundial), en el cual, para efectos de movilización económica fue necesario visibilizar
no sólo la franja poblacional juvenil (cuya función como soldado había quedado
inoperante) sino sus prácticas de uso de tiempo y de consumo cultural, con lo cual
a su vez se expiaba la culpa de las generaciones perdidas en batalla. Antes de esto,
la población juvenil guerrera era invocada ya fuera como adulto o metafóricamente
como niños (“Bring the boys back home, Don’t leave the children on their own Bring
the boys back home”6
haciendo referencia tanto a los jóvenes soldados caídos o
perdidos en batalla como a sus familias e hijos abandonados en la patria).
Así, fue la población juvenil no sólo signo y síntoma de los cambios, sino una de las
principales protagonistas de éstos durante el siglo XX en el mundo occidental. De
acuerdo con Hobsbawm, se dio una especie de revolución cultural que tuvo como
principal característica y acicate el surgimiento y posicionamiento de una “cultura
juvenil” que tenía como fundamento un rechazo hacia los valores de sus padres, la
producción de un lenguaje identificatorio grupal y más apropiado para los cambios
tecnológicos y sociales, es decir, la identificación de una necesidad de contar con
marcos discursivos más apropiados para comprender y moverse en la realidad de su
tiempo y espacio, lo cual implicaba un rechazo a “la vieja ordenación histórica de las
relaciones humanas dentro de la sociedad, expresadas, sancionadas y simbolizadas
por las convenciones y prohibiciones sociales” (Hobsbawm, 1996: 335).
En un principio, las consignas, discursos y expresiones intelectuales de esta
nueva cultura juvenil no tenían ni conciencia ni interés político y eran más bien
altamente subjetivistas e individualistas, pero al popularizarse, debido a que esta
era una característica del fenómeno, movilizaron masas e impulsaron movimientos
sociales y políticos. De esta manera, ciertas actitudes y comportamientos,
ciertas prácticas individuales como el consumo de drogas, el uso de blue jean, se
convirtieron en simbolizaciones de rechazo, desafío a las prohibiciones y modelos
de comportamiento establecidos por el mundo adulto
6	 “Traigan los muchachos de regreso a casa, no dejen los niños por su cuenta, traigan los muchachos
de regreso a casa” Canción del Grupo Inglés Pink Floyd, The Wall, 1979
47
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
Continúa planteando Hobsbawm que resulta interesante ver como este rechazo no
se hace a nombre de otras pautas de ordenación social, no es un discurso político
pero tiene efectos a la postre sobre la ordenación social; es resistencia social, en
tanto resistirse es manifestar abiertamente no querer algo o tomar consciente o
inconscientemente otra opción, lo cual, en la mirada actual de la historia sobre la
juventud permite entenderlo tanto como consecuencia como productor de historia.
	 Ciencias Médicas o áreas de la salud
Las ciencias médicas, o en general, la medicina, son aquellas que se dedican al
estudio, conocimiento y tratamiento de la vida, de los factores que la posibilitan o la
dificultan a través del proceso salud-enfermedad y cuyo objeto de estudio principal,
por ende, es el cuerpo humano. Al igual que la sociología, las ciencias médicas, es
uno de los campos más amplios y antiguos de conocimiento social y humano, lo
cual ha permitido no sólo que sea el fundamento de otros saberes sino que tenga
una mayor diversidad temática y riqueza conceptual. Si bien existen registros de
acciones médicas en la antigüedad, es en el Siglo XVIII que se funda la medicina
moderna a partir del cambio de enfoque hacia el pensamiento racional positivista
y los descubrimientos que este permite. Se destacan entre ellas las, ciencias de
la nutrición, la epidemiología, la medicina forense, la psiquiatría, la toxicología, la
patología y otras derivaciones o énfasis como la salud pública o la medicina del
trabajo.
La medicina se ha preocupado por identificar las diferentes transformaciones del
proceso de desarrollo vital del ser humano y los factores que le afectan. La pediatría
y la medicina del adolescente son las especificidades médicas más cercanas al tema
de juventud, si bien todas las áreas de la salud pueden intervenir el cuerpo joven.
La medicina introduce la noción de pubertad para definir todo el fenómeno de
cambios físicos y fisiológicos que surgen en el cuerpo humano y que marcan el fin
de la niñez y la maduración de la capacidad reproductiva. En la pubertad se generan
transformaciones internas que son visibles a partir de las características sexuales
secundarias como el crecimiento corporal general o aumento de estatura y otros
rasgos diferenciados según el género como lo son el crecimiento de las mamas o
telarquia, la cual se considera el primer indicio de la pubertad femenina; el aumento
de los genitales, la aparición del vello púbico o pubarquia y crecimiento del vello
facial y corporal, el cambio de voz, cambios en el olor corporal y en la piel, de los
cuales el más notorio es el acné, la primera menstruación o menarquia en las mujeres
y el inicio de la producción y liberación de espermatozoides o espermaquia en los
hombres, la cual por cierto es poco conocida, contrario a la menarquia, precisamente
por la carga moral y social que hay alrededor del cuerpo joven femenino.
Lo anterior implica pensar, al igual que con el concepto psicológico de adolescencia,
que la pubertad no puede reducirse a una etapa crono-fisiológica establecida,
que es vivenciada de manera similar por todos los seres humanos, ya que esta
depende de factores genéticos, étnicos, ambientales e incluso socioculturales que
también pueden ser identificados en el caso a caso. A partir de esto, y más allá de
los parámetros cronológicos y de desarrollo evolutivo general desde los cuales se
establece la normalidad, y que son por demás controlados a partir de medidas como
48
la Escala Tanner para las mujeres y el Orquidómetro Prader7
, la medicina identifica
una serie de trastornos o alteraciones (no enfermedades), en el fenómeno de la
pubertad, que pueden o no generar dificultades en todo el proceso de maduración,
tanto en los aspectos fisiológicos como en los psicosociales.
En general, la medicina propone las nociones de pubertad precoz y pubertad tardía
para identificar aquellas desviaciones del proceso considerado normal y que se
evidencian en la aparición temprana o tardía de los rasgos que configuran la pubertad
o en el surgimiento de alteraciones en la manera en que estos se presentan. La
pubertad precoz es el desarrollo de caracteres sexuales antes de los 9 años en el
varón o antes de los 8 años en la mujer. En el niño, el primer signo puberal es el
crecimiento de los testículos junto a la aparición del vello pubiano. En la mujer es el
desarrollo del botón mamario.
La pubertad precoz, mucho más frecuente en niñas que en niños, se caracteriza por
la aparición temprana de desarrollo sexual que suele ser completo, con aparición
de todos los caracteres sexuales (olor axilar tipo adulto, vello pubiano en ambos
sexos y tejido mamario en la mujer) y progresivo; no sólo se produce la aparición
de los caracteres sexuales, sino que también tiene lugar el llamado “estirón” del
crecimiento. Al producirse el “estirón” estos niños y niñas parecen más altos de
lo normal durante un tiempo. Sin embargo, pierden años de crecimiento por lo
que al final, pueden tener una talla baja, por lo que una de sus consecuencias es
el compromiso de la estatura final, ya que quienes viven esta alteración suelen
quedar más bajos; otras problemáticas son los aspectos psicológicos y sociales
derivados del desarrollo precoz: la comparación y burla con sus pares en el colegio,
las demandas sociales por el desarrollo corporal y una autopercepción negativa la
estima y el autoconcepto.
La pubertad precoz se produce generalmente, por una activación prematura, antes
de tiempo, del sistema de hormonas sexuales. La causa de esta activación precoz, es
en las niñas, en la mayoría de los casos desconocida. Sin embargo, en los niños, se
requiere un estudio cuidadoso siempre y suele ser un efecto secundario de tumores
en el sistema nervioso central. La pubertad tardía consiste en la no aparición de los
síntomas de crecimiento en la edad de 13 años en las niñas y 14 años en los niños.
La pubertad tardía puede ser hereditaria, por lo cual puede darse en miembros
de la misma familia; sin embargo, también puede ser consecuencia de anomalías
cromosómicas, trastornos genéticos, enfermedades crónicas o tumores que dañan
la glándula pituitaria o el hipotálamo, lo que afecta la maduración.
La notable falta de signos de crecimiento es el principal indicador de que un niño
o niña puede estar sufriendo retraso en la pubertad. Los síntomas más frecuentes
7	 Instrumentos comparativos de medida del crecimiento y desarrollo bioevolutivo, mediante los cuales
se busca determinar el grado de desarrollo normal de acuerdo con la edad, el peso y otros signos
de crecimiento. Para el caso de las mujeres, se usa la escala de medida Tanner, consistente en cinco
imágenes del seno con unos tamaños y formas calificados del 1 al 5, siendo 1 el menor grado de
crecimiento. Para el caso de los hombres, el Orquidómetro de Prader, es un aparato que permite la
estimación del tamaño testicular. Puede llevarse a cabo de forma directa, mediante un calibrador que
valora los ejes testiculares, o indirectamente, a través de la comparación con elipses de distintos
volúmenes.
49
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
para las niñas son la ausencia de desarrollo de los senos hacia los 13 años, distancia
de más de cinco años entre el crecimiento de los senos y el período menstrual o
ausencia de menstruación hacia los 16 años y, ausencia de vello púbico hacia los 14
años. En el caso de los niños, la ausencia de crecimiento testicular hacia los 14 años,
la ausencia de vello púbico hacia los 15 años y más de cinco años para completar
el crecimiento genital. Sin embargo, cada niño o niña puede experimentar estas
alteraciones de forma diferente. Se debe tener en cuenta que estos síntomas de la
pubertad tardía pueden compartirse con otras patologías. El aspecto psicosocial
es cada vez de mayor importancia para la medicina y las ciencias médicas, por lo
cual se han generado acercamientos y cruces entre estos saberes, los cuales buscan
identificar las implicaciones psicosociales en el proceso de desarrollo de los y las
púberes y a su vez, las implicaciones de lo fisiobiológico en lo psicosocial.
	 Derecho
El derecho es una de las disciplinas sociales aplicadas cuyo objeto es el estudio, la
reflexión y manejo de los ordenamientos jurídicos, es decir, de la justicia, apoyada
en premisas ideales sobre el deber ser, la legitimidad y la implementación coercitiva
de las normas. El derecho es tanto el saber resultante de estas reflexiones, como
su aplicación, así como la profesión que ejerce este conocimiento. Sin embargo,
su quehacer se encuentra en estrecha relación de un lado, con la ciencia política,
cuya reflexión gira en torno a las formas en que se concibe, configura y administra
el poder, y de otro, con el ordenamiento jurídico que exista en un Estado – Nación.
Entonces, en conjunto con las ciencias políticas, la estructura jurídica y de acuerdo
a parámetros más o menos universales, las sociedades establecen formas de
comprender, ordenar y aplicar la justicia, teniendo en cuenta, entre otros factores,
las características históricas, psicológicas, culturales, etc, identificadas en las
sociedades por las anteriores disciplinas.
El discurso de lo jurídico gira en torno al eje de los derechos y deberes, para los
cuales establece parámetros de cumplimiento y sanción. En Colombia existe un
ordenamiento que se compone de leyes, códigos, ordenanzas y decretos, amparados
bajo la constitución. Cabe señalar sin embargo, que se reconoce como legítima, en
aras del pluralismo avalado por esta misma constitución, la existencia de otros
ordenamientos generados por las comunidades indígenas, hecho importante, ya
que esto implica que hay cierta población indígena “joven” regida por otras leyes.
En particular, para la población juvenil, el derecho colombiano no ha generado una
doctrina, es decir, una reflexión específica sobre lo justo en torno a la población
juvenil, y han sido otros procesos sociales los que han impulsado la creación de
un marco jurídico para la juventud, que se articula con leyes generadas para la
población infantil, adolescente o la denominada menor de edad.
La noción de “minoría de edad”, aplicada en el código del menor colombiano, que
regía desde los años 80’s a partir del acuerdo internacional de reconocimiento de
los derechos del niño establecido en la convención de la ONU, se basaba en la idea
de madurez social establecida por el discurso ilustrado de la modernidad, el cual no
reconocía en el individuo menor de 18 años y menos en el infante, las condiciones
cognitivas y psicológicas necesarias para tener voz en el concierto social de la
50
participación y la toma de decisiones, es decir, no podía ser un sujeto político. Ello
implica la ausencia de plena capacidad legal para obrar, lo cual de acuerdo con el
derecho es una condición básica para la vida social y por tanto el no tenerla supone
límites tanto a los derechos como a las responsabilidades. Este marco jurídico tiene
una serie de regulaciones que establecen límites sobre lo que considera que el
menor no tiene capacidad legal suficiente para hacer por su cuenta y se le exime de
la responsabilidad de actos que no se le pueden imputar por su falta de capacidad.
Dada la obsolescencia y el reduccionismo de esta noción, el discurso jurídico sobre
la población juvenil ha trascendido hacia las nociones de adolescente y joven, que
amplían las posibilidades de reconocimiento y participación social de esta población
al otorgarles el estatus de actor social, amparados en un enfoque de derechos y de
ciudadanía activa que promulgan los artículos 44 y 45 de la constitución, lo cual
se explicita en la Ley 1098 de 2006 o Código de Infancia y adolescencia que se
desarrolla en un enfoque de protección del individuo, y en la Ley 375 de 1997 o Ley
de la juventud, que se mueve en el ámbito de la promoción de derechos y que son
los principales ordenamientos jurídicos sobre la juventud en el País.
Lo anterior no implica que haya desaparecido la separación entre mayor y menor de
edad que se establece como medida para determinar la prevalencia de derechos sobre
deberes o para el acceso a ciertas oportunidades sociales. El límite de los 18 años
opera aún como el posibilitador o denegador de la condición de ciudadanía activa,
a pesar de la insistencia de ciertos sectores sobre la necesidad de reconocimiento
de una ciudadanía juvenil, lo cual en un régimen jurídico se traduce únicamente en
ofertas de mejoramiento de calidad de vida y una cierta visibilidad y respeto hacia
la condición juvenil.
Otros conjuntos de normas importantes son el código civil, el código penal y el
código de policía, ya que desde ellos se regula tanto el lugar o rol social como las
condiciones de tratamiento en el ámbito de los comportamientos punibles, dada
la mirada peligrosista que ha existido en torno a los y las jóvenes y su vinculación
con los procesos de conflicto sociopolítico que ha vivido el país. Otras normas no
atañen directamente a la condición juvenil pero inciden en ella, como son todas las
leyes en torno a la educación, la cultura, la salud, etc.
La existencia de distintas leyes y parámetros de edad jurídica evidencia que no sólo
no hay articulación entre leyes (además, la ley de juventud no esta reglamentada
y antes se ha propuesto derogarla), sino que en el derecho no se ha construido un
saber o discurso específico sobre la juventud, no se ha indagado lo suficiente en
la condición juvenil, sino que se han promulgado leyes y reglamentaciones sobre
algunos asuntos que atañen a una población que desde la época de los 90’s ingresó
al escenario social al demandar con sus acciones de visibilización violenta o pacífica,
organizada o espontánea, el reconocimiento de su estatus de sujeto de derechos. Es
entonces a través de la ley de la juventud que se puede indagar por una definición
jurídica de la juventud, que en el artículo 3 se propone como articuladora de los
elementos etarios y psicosociales de esta población:
Artículo 3º. Juventud. Para los fines de participación y derechos sociales de los
que trata la presente ley, se entiende por joven la persona entre 14 y 26 años de
edad. Esta definición no sustituye los límites de edad establecidos en otras leyes
51
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
para adolescentes y jóvenes en las que se establecen garantías penales, sistemas de
protección, responsabilidades civiles y derechos ciudadanos.
Es claro entonces que ha habido avances en la búsqueda de un marco legal que se
adecue a las necesidades de esta población, mismo que ha variado a partir de las
representaciones sociales y los discursos disciplinares y que en los años recientes
camina hacia el horizonte de las denominadas Políticas Públicas de Juventud. Los
cambios en los enfoques jurídicos han variado de lo coercitivo o punitivo en los años
60’s, lo preventivo – proteccionista en los 80’s-90’s y lo promocional reivindicativo
en los primeros años del Siglo XXI, sin querer decir que no se conserve parte de las
anteriores posturas.
A propósito de las Políticas Públicas de Juventud, en las décadas recientes se han
convertido en la estrategia social y política para intentar organizar y direccionar
el accionar público y privado de la población juvenil, partiendo de la idea de que
la Política Pública de Juventud puede entenderse como el “conjunto coherente de
principios, objetivos y estrategias que identifica, comprende y aborda las realidades
de los jóvenes, da vigencia a sus derechos y responsabilidades, reconoce y reafirma
sus identidades y afianza sus potencialidades, resultado de consensos y acuerdos
entre Jóvenes, Estado y Sociedad. Como finalidad, busca crear condiciones para que
los jóvenes participen en la vida social, económica, cultural y democrática y por
ende en la construcción de un nuevo país” (Presidencia De La República, Colombia
Joven. Presente y futuro de los Jóvenes, Diálogo Nacional. Bogotá, 2001:3).
Si bien las PPJ no provienen directamente de la disciplina jurídica, si tienen su
principal fundamento en el ordenamiento jurídico general que se produce amparado
en el derecho, y se convierten ellas mismas en Leyes y Acuerdos, como es el caso
del acuerdo 02 de 2000 por el cual se adopta la Política Pública de Juventud en el
Municipio de Medellín según la Ley 375 de 1997 y el acuerdo 076 de 2006, por el
cual se adopta el Plan Estratégico Municipal de Desarrollo Juvenil de Medellín 2007-
2015.
52
MIRADAS DISCIPLINARES Y TEÓRICAS*
CONCEPTOS
Cómo nombran al
joven
OBJETO- CAMPO DE
ESTUDIO
Qué estudian de él --ella
REFERENTES DE ANÁLISIS
Nociones, conceptos, desde
dónde, marco teórico.
HORIZONTE DE
ACTUACIÓN
Con qué fin/uso social
MEDICINA
Púber
Pubertad temprana
media o tardía
Adolescente
Cambios Biológicos
Trastornos del
crecimiento Explica
comportamiento:
Sexualidad.
Alimentación.
Procesos de crecimiento
y psicobiológicos.
Funcionamiento hormonal
Cuerpo
Estilos de vida saludable
Promoción de la salud
Prevención de la
enfermedad.
HISTÓRIA
Generación.
Categoría de la
Modernidad.
Movimientos y presencia
socio histórica con sus
manifestaciones
Procesos de cambio y
confrontación
Acontecimientos.
Movimientos sociales
Cambios generacionales
Tiempo- Espacio
Continuidad y discontinuidad
Lecturas comparativas
PSICOLÓGIA
Adolescente.
Transformación de la
identidad. Elaboración de
duelos
Relación con Norma –
Ley – Autoridad.
Conductas y
comportamientos
Mundo adulto - Mundo Joven.
Complejo edípico
Síndrome normal de la
adolescencia.
Duelos y elaboraciones
Escuelas psicológicas
Adaptación
Intervención
Clínica
Estilos de vida saludable
Promoción y prevención
SOCIOLÓGIA
Joven, juventud
Grupo social
Generación.
Actor social
Persona
Construcción
social
Maneras como adscribe,
recicla, transforma o
resiste Relación con el
poder.
Fenómenos y
comportamientos de la
juventud en tanto grupo
social
Sociedad
Estructuras sociales
Poder
Moratoria social
Sociomorfismo
Hábitus
Inclusión – participación
y ciudadanía
Lecturas comparativas
Intervención
ANTROPOLÓGIA
Etnias, culturas,
tribus
Juventudes,
identidades.
Formas de ser, pensar,
sentir y actuar (practicas,
expresiones y consumos)
Agregaciones
Cultura, contracultura,
subcultura, Consumo cultural.
Diversidad
Semiótica
Semiología
Simbología
Diagnóstico
Caracterización
Interpretar y explicar
fenómenos y
problemáticas juveniles
PEDAGÓGIA
Alumno,
estudiante
Sujeto a moldear o
modelar.
Educación
Procesos de enseñanza-
aprendizaje
Enseñanza - Aprendizaje
Preventivo, formativo y/o
instruccional transmisión
y aprendizaje del
conocimiento
DEMOGRÁFIA
Epidemiología
Población
Grupo social
Dato
Juventud
Fenómenos y tendencias
que afectan el desarrollo
de la población juvenil.
Educación, salud,
violencia, etc.
Datos ( Edad y sexo)
Morbimortalidad
Prevalencia Vulnerabilidad
Joven en riesgo.
Peligro – Peligroso
Prevención
Control.
Referentes de
intervención
Seguimiento
DERECHO
Menor de edad
capacidad para toma de
decisiones, ley, norma,
derechos y deberes
Edad, Verticalidad, autoridad,
responsabilidad, control
Coerción, prevención
punición, protección,
regulación,
* Matriz elaborada por Mónica Sepúlveda y Manuel López, con aportes de los estudiantes del Diplomado
en Juventud de la EAJ.
53
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
2.1.3 Las disciplinas sociales y humanas: del esencialismo a la
diversidad conceptual.
Unacríticaestablecidaalasmiradasdisciplinarestienequeverconsunoreconocimiento
del polimorfismo discursivo y de la necesaria contextualización temporal y espacial de
los discursos frente a un fenómeno estudiado, ambas, consecuencia del positivismo
científico exacerbado de la modernidad (Alvarado et al, 2009), dando como resultado,
la generalización y supuesto consenso y un cierto esencialismo atemporal en el
saber sobre la juventud, es decir, el borramiento de elementos diferentes a los más
visibles de edad, y procedencia social, como el género, la etnia, el nivel de desarrollo
bio y psico evolutivo y las prácticas e identidades, tienden a borrarse o encajonarse
como asuntos propios de una disciplina en particular y que otra olvida o considera
irrelevante, el discurso teórico, o sea de representación de la juventud, adquiere más
peso que la juventud misma. Así, las disciplinas vivieron una fase de producción en la
que todos los jóvenes eran iguales en el tiempo y en el espacio y su objeto de estudio
se compartimentaba en el cuerpo, el psiquismo, el grupo y la identidad entre otros.
Posterior a estas perspectivas clásicas centradas en el paradigma y el método
positivista, (especialista, taxonómico, fragmentador, medible) de las ciencias
sociales en la primera modernidad o de las primeras búsquedas disciplinares, surge,
paralelo a la necesidad de producir saberes contextuados, un cambio de paradigma
que busca o reivindica la inter y multidisciplinariedad y que finalmente desembocará
en las propuestas post estructuralistas y contemporáneas o posmodernas como el
pensamiento complejo, la biopolítica, constructivismo, amparadas en el marco de
las teorías críticas y las transdisciplinariedad.
En este intersticio, las corrientes disciplinares en su avance, rompen en gran
medida los enfoques clásicos centrados en un aspecto del sujeto-objeto y avanzan
a lecturas interdisciplinares que proponen marcos de análisis y metodologías
como la microsociología (el interaccionismo simbólico, la etnometodología, el
constructivismo)8 y la fenomenología, en los cuales leer el sujeto en relación con el
entorno y no por fuera de este, haciendo énfasis en algún componente de la dinámica
social.
Prontamente, estos desarrollos epistemológicos desembocan en enfoques
integrativos y transdisciplinares que acentúan este énfasis en lo contextual,
articulando diferentes saberes y posturas sobre el sujeto, ubicándolo en relación
contextuada e histórica con su entorno y propendiendo por la identificación de sus
características particulares, en donde la generalización está siempre en entredicho y
se transforma en tendencias. Es desde este marco que se producen líneas de análisis
como la generación, los grupos sociales, la participación, las minorías culturales, las
prácticas juveniles, el conflicto, las subjetividades y culturas juveniles, entre ellas, las
tribus urbanas como marco de análisis. Igualmente se plantean dinámicas colectivas
juveniles, como los comportamientos “desviados” (anomia) y los traducen como
elementos dinamizadores de lo social (Alvarado et al, 2009).
8	 La microsociología es una línea de desarrollo de la sociología que hace énfasis en la observación de
los procesos sociales de pequeña escala, como las interrelaciones de los sujetos, la familia y de los
individuos con la sociedad.
54
Para algunos autores (Gonzales, Tanaka, Nauca, Venturo.), existen tres grandes
perspectivas de análisis desde los cuales las ciencias sociales han leído y producido
saber sobre la juventud; es denotar, sin embargo, que esta síntesis recogida a
partir de la experiencia del Perú, se puede ampliar al contexto latinoamericano y
además, no da cuenta sólo de las perspectivas disciplinares sino de las posturas
sociales en torno a la juventud en las últimas décadas. Una primera perspectiva de
análisis hace referencia al denominado “protagonismo popular” en el cual centra su
análisis en los procesos que realizan las organizaciones de base y los movimientos
populares propios de los años 70’s desde los cuales “en el estudio de la juventud
popular se privilegia a aquellos jóvenes en tanto miembros de organizaciones y
las potencialidades que supuestamente “encarnan”” (Gonzales, Tanaka, Nauca &
Venturo, 1991:2).
Una segunda perspectiva es denominada de “desestructuración” que surge como
una respuesta a la agudización de los conflictos socioeconómicos en los años
80’s. “En ésta se relaciona la juventud con crisis, dispersión, desamparo, falta de
oportunidades, expectativas frustradas, criticidad, distancia y falta de solidaridad
con las instituciones, etc.” (Gonzales, Tanaka, Nauca & Venturo, 1991:2). Esta
perspectiva de análisis puede equipararse al denominado enfoque problémico desde
el cual se ha leído esta época en Colombia.
Una tercera perspectiva de análisis, denominada “cultural” se propone como una
respuesta precisamente a esta situación, (acaso también al hacerse más notorias
las dinámicas y prácticas juveniles a partir de la expansión en Latinoamérica de
los procesos de globalización y el mayor acceso e influencia de las posibilidades
tecnocomunicacionales). En esta se propone “ir hurgando en los nuevos procesos
de formación de identidades, individuales y colectivas y, desde ahí, descubrir las
motivaciones que explican su acción” (Gonzales, Tanaka, Nauca & Venturo, 1991:2).
Dado que estas perspectivas de análisis van más allá de las miradas disciplinares
y configuran posturas sociales frente al fenómeno juvenil, se podrían hacer
comparaciones con los tres contextos de producción de la condición juvenil en
Colombia propuestos por Quintero que son: un primero denominado de la
modernización política y económica que va desde los 50’s hasta los 80’s en los
cuales se piensa el joven en lo educativo, el tiempo libre, el relevo generacional y el
surgimiento como actor político que es por demás, reprimido. Un segundo contexto,
de los 70’s a finales de los 80’s, denominado de la crisis de la modernización, se
centra en la respuesta estatal a la crisis social en la cual se construye la particular
mirada de la juventud como problema social que debe ser intervenido por estar en
peligro o ser peligroso. En un tercer contexto, desde inicios de los 90’s se genera lo
que se puede denominar la institucionalización de lo juvenil, que, sin dejar de lado
los dos anteriores, empieza a ver al joven como actor estratégico del desarrollo,
articulado a lógicas globales y en el cual propone estrategias de institucionalización
y políticas de inserción económica como productor o consumidor (Quintero,
2005:100).
En la actualidad, algunos autores hablan de la unificación de todos estos contextos
a partir de discursos ya no desde la represión y coacción sino de seducción,
coptación, resarcimiento de derechos, asimilación e inclusión que tienen como
fin la producción y regulación de una condición de juventud adscrita e integrada
55
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
al sistema, disminuyendo la posibilidad de expresión del malestar social y la
agremiación colectiva alternativa. Sin embargo, cuando esto no es posible, se
puede volver a las viejas usanzas, aunque ya no de manera abierta sino con ciertos
disfraces a través de medios para estatales.
Otra síntesis interesante es la que presentan Londoño, Gallo y García en su estado
del arte sobre la oferta formativa para jóvenes en la ciudad de Medellín, donde
rastrean los enfoques más visibles tanto en las investigaciones como en las políticas
orientadas a la juventud en Latinoamérica, (apoyado en los trabajos de Pérez Islas y
M. Abad) donde esta correlación evidencia nuevamente la condición de saber-poder
que poseen las producciones académicas.
En este sondeo, se proponen tres momentos (y posiblemente un cuarto momento)
cronológicosyconceptualesdelaconcepcióndelsujetojoven.Enunprimermomento,
en la primera mitad del siglo XX la juventud vive el proceso de diferenciación de la
infancia y la adultez a través de la configuración de la categoría de estudiante,
asociada por tanto la educación, al uso del tiempo libre y a la prevención. En un
segundo momento, los procesos de crisis y transformación social latinoamericana
de los 60’s y 70’s, permiten la participación y visibilización de la juventud como
movimiento social o como integrante de estos, lo cual puso a la juventud en el
escenario social y político pero generó hacia ella estrategias de control y restricción,
coerción, a la vez que profundizó el estigma de rebelde, ya no sólo desde la
concepción inocente de “inmanejable” sino como sujeto peligroso para el orden.
En un tercer momento, las políticas y transformaciones mundiales tendientes a la
preocupación por la población vulnerable de los años 80’s y siguientes, implican
ampliar la mirada sobre la población juvenil que oscila entre la condición vulnerable
y la condición de actor estratégico (Londoño et al, 2008).
En Colombia en particular, las décadas de los 80’s y 90’s representaron una época
de tensión y confusión en el surgimiento y visibilización de la población juvenil. En
estos veinte años el ausentismo recurrente e histórico de políticas sociales en otras
poblaciones como la mujer, la infancia, y las denominadas minorías étnicas, sumado
a otros fenómenos como el narcotráfico, los procesos de apertura y globalización
y la democratización de los Estados latinoamericanos, conllevó a que la juventud
irrumpiera desde la pugna por encontrar un lugar social a través de tres formas:
las expresiones violentas, la participación y organización social y política y la
generación de identidades y prácticas culturales propias y diferenciadas del mundo
adulto. Los fenómenos de sicariato, barras bravas, delincuencia juvenil, narcotráfico
y adicciones proliferaron, pero también los componentes juveniles de los partidos
políticos, las organizaciones juveniles, la participación en los procesos políticos
como el fenómeno de la séptima papeleta y la expresión de gustos y tendencias
musicales, estéticas, vestuarios y lenguajes, llegaron a colorear un poco el ocaso de
la Colombia del siglo XX. Podríamos pensar en esta época como aquella en la que
se produce la juventud en Colombia y a la vez se da un proceso de aprendizaje y
acomodación, tanto de la juventud como del Estado y la sociedad.
Como consecuencia de este proceso, en la primera década del siglo XXI, sin implicar
que las características anteriores desaparezcan, la tendencia parece ser hacia un
mayor reconocimiento por parte del Estado y la sociedad de la condición juvenil y
por tanto de la ampliación de la oferta institucional, producto de la también creciente
56
discusión y visibilización de las políticas públicas de juventud como marco de acción.
Podemos nombrar esta época como la de la identificación de un sujeto juvenil, de
derechos y actor del desarrollo y de la explosión de la oferta institucional y de
mercado. Vale decir, sin embargo, que esta tendencia se traduce en mecanismos de
coptación, asimilación y regulación, soportados en discursos de reconocimiento de
la diversidad cultural, garantía de derechos, empleo, emprendimiento y participación
juvenil, por lo cual también se le podría reconocer como la época de la seducción y
asimilación de la juventud.
A este respecto, es común encontrar en los autores autorreflexiones criticas en
torno al desarrollo epistemológico de los saberes sobre la juventud, lo cual no
significa una descalificación de la producción y el saber sobre la juventud sino que la
ubica en un momento aún precario, aún de embelesamiento en el fenómeno juvenil.
Para Reguillo (2000), por ejemplo, se ha generado una “substancialización de los
sujetos juveniles y sus practicas” en la medida en que los estudios sobre juventud,
además de estar divididos en perspectivas descriptivas (centradas en el punto de
vista del joven) e interpretativas (centradas en el punto de vista del observador),
no logran, en términos del tratamiento, trascender un nivel descriptivo y poseen
“una escasa o nula explicitación de categorías y conceptos que oriente la mirada del
investigador”, lo cual “vuelve prácticamente imposible un dialogo epistémico entre
perspectivas, ya que las diferencias en la apreciación se convierten fácilmente en un
forcejeo inútil entre posiciones. Donde unos ven ‘’anomia’’ y ‘’desviaciones’’ otros
ven ‘’cohesión’’ y ‘’propuestas’’ (Reguillo, 2000:11).
2.1.4 La juventud entre la categoría y el concepto y entre la
construcción y la producción.
En las distintas áreas de las disciplinas sociales y en otros ámbitos del conocimiento,
la juventud es denominada ya sea como categoría social o como concepto social, en
el caso de su definición, y en el caso de su surgimiento o generación se le nombra
como construcción social o como producción. Es esclarecedor acercarse a estas
denominaciones, ya que como nos advierte Reguillo, “no debe olvidarse que las
categorías no son neutras, ni aluden a esencias; son productivas, hacen cosas, dan
cuenta de la manera en que diversas sociedades perciben y valoran el mundo y,
con ello, a ciertos actores sociales” (Reguillo, 2000:9). Igualmente, los conceptos y
las definiciones son herramientas de saber-poder, es decir, percepciones teorizadas
desde las cuales se define al otro y se le clasifica e interviene.
Del mismo modo, y como veremos a continuación, pensar que una condición social
es construida, implica la existencia de un otro constructor que de manera más o
menos conciente e intencionada desarrolla estrategias para que esta sea de una u
otra manera; ahora bien, desde el marco de la producción, se puede pensar que una
condición social emerge a partir de unas circunstancias particulares, incluso con el
concurso de quienes la encarnan.
Sin embargo, al intentar rastrear en la producción teórica esta diferenciación, nos
encontramos con la dificultad que presenta el uso poco riguroso o de manera
literaria de las nociones de joven, juventud y juvenil, tal cual lo hemos reflexionado
57
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
antes. Así, los diferentes autores hacen a veces referencia a la categoría “joven”
mientras otros se refieren a la “juventud”, que como hemos visto refiere a diferentes
momentos y perspectivas sobre lo social. Por ejemplo, para Reguillo, pareciera
que lo que se ha construido es la noción de “joven”, haciendo referencia quizá,
al discurso social sobre “la juventud”: “La construcción cultural de la categoría
“joven”, al igual que otras “calificaciones” sociales (mujeres e indígenas, entre
otros) se encuentra en fase aguda de recomposición, lo que de ninguna manera
significa que ha permanecido hasta hoy inmutable (Reguillo, 2000:9).
La denominación como una construcción social hace referencia a esta categoría
como resultado, más o menos pensado y consecuente de unas condiciones
contextuales particulares. Es desde esta perspectiva que se plantea que la juventud
contemporánea es una consecuencia tanto del proyecto moderno como de sus
procesos de operativización como fueron la industrialización, la escolarización y
la sociedad de consumo, así como de los efectos de la posguerra. Sin embargo esta
mirada no reconoce o no tiene en cuenta los procesos históricos de autoafirmación
de este grupo social, al verticalizar la influencia de los factores sociales, ya que
se plantea que en ellos se produjeron unas miradas y unos discursos “sobre” la
juventud, que de manera intencionada le ubican en un lugar de la sociedad, sin
tener en cuenta su voz.
Como concepto la juventud puede pensarse desde las diferentes definiciones que
ofrecen las disciplinas sociales que dan cuenta de una serie de comportamientos
y características que agrupados configuran una forma de ser de un sujeto o de un
colectivo en un conglomerado social. Estas definiciones específicas han corrido el
riesgo de sesgar, segmentar, taxonomizar a la juventud, respondiendo al modelo
científico positivista del cual provienen y poniéndose al servicio del saber-poder
desde el cual se regulan los procesos y las acciones sociales sobre la juventud. Estos
conceptos han sido más cercanos entonces al modelo de la construcción social
pues en ellos se leen las características de la juventud desde un ideal esperado y
toda característica diferente es leída como negativa generando miradas peyorativas
y representaciones prejuiciadas y estigmatizantes soportadas en sus fundamentos
científicos. Esto quiere decir, que ha sido en gran medida desde estos discursos
desde donde han surgido las denominaciones clásicas y se ha construido la categoría
de juventud como una acción biopolítica expresada en los mecanismos disciplinares
(del cuerpo, del pensamiento) y de control (de las prácticas), determinando su
lugar social y su subjetividad, al menos hasta épocas recientes y tal vez en algunos
sectores aún hoy.
Sería mejor hablar de la juventud no como una construcción sino como una
producción, (esto incluye tanto la juventud como categoría, como concepto y como
discurso, joven, juventud, juvenil) lo cual implica que ella misma hace parte de
los procesos y dinámicas que generan su condición, permitiéndole cada vez más
definirse a sí misma y generar su espacio simbólico y social delimitante; si bien,
inicialmente su condición fue producto de un contexto social dominado por la
hegemonía adulta, hoy por hoy, aunque esa condición no ha cambiado mucho,
la juventud genera espacios de resistencia y resignificación de este ordenamiento,
haciéndose dueña de su categorización. Lo que habría que discutir es por un
lado, qué fragmentos de esta población tienen mayor posibilidad de incidir en su
delimitación social y en qué condiciones y por otro, qué tanto esta nueva dinámica
58
esta siendo asimilada por los poderes sociales como una nueva estrategia para
mantener la hegemonía del ordenamiento social, ya no a través de los aparatos
ideológicos del Estado (Althousser), o de las tecnologías de gobierno (Foucault)
o de las instituciones legitimadoras, sino desde los nuevos poderes del mercado,
la industria cultural y las nuevas tecnologías. Sin embargo, para algunos autores,
construcción y producción van de la mano:
Según Serrano et al. (2003), la producción de una condición juvenil implica dos
procesos simultáneos: la construcción de la juventud que se refiere a los constructos
discursivos que se hacen de las generaciones jóvenes un objeto de conocimiento, y la
producción de lo juvenil que compromete todos los dispositivos, mecanismos, roles
y posicionamientos que tienen como tarea la producción y reproducción de dicha
condición. En consecuencia, los discursos pueden comprenderse como constructores-
productores de lo juvenil, pues con las cosas que enfatizan, y también con las que
dejan de lado, determinan los modos de relación y producción social de dicha
condición (Serrano et al. 2003 en Quintero, 2005:96).
No obstante, parece que en esta mirada la producción es una operativización o un
mecanismo de la construcción. En nuestra mirada de la producción, la juventud
como tal no está afuera de esta, sino que hace parte, se ve influenciada y a la
vez genera parte de los discursos que la configuran. Habría que entender que son
procesos sociales ambos, que se constituyen recíproca y articuladamente, como un
bucle. En tanto se producen las condiciones de juventud, se construyen modos de
entenderlos y nombrarlos, volcándose lo discursivo como constitutivo de lo social
mismo y lo social, como jalonador de nuevas y necesarias comprensiones.
2.1.5 ¿Cómo entendemos joven, juvenil, juvenilización y
juventud? Diferenciación conceptual
Guitarras juvenilizadas. Manuel López. 2010.
59
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
Otro aspecto necesario a tener en cuenta en las definiciones y concepciones sobre
juventud es la diferenciación, entre los términos juventud, joven y juvenil y del
fenómeno denominado juvenilización, ya que entre estos términos pueden existir
sutiles pero esclarecedoras diferencias para la comprensión de toda la fenoménica
causada por la irrupción y permanencia de esta franja poblacional, tal como lo
propone Cevallos:
De lo que se trata, también, es construir los puentes, para entender a estos nomádicos
sujetos de manera diferente, para percibir la realidad evitando lo obvio, y diferenciar
entre el sujeto (el o la joven), sus colectivos (los y las jóvenes), su presencia (lo
juvenil) y los imaginarios (la juvenilización) (Cevallos, 2006: último capitulo).
La primera dificultad que se enfrenta, al intentar establecer esta diferenciación es,
al igual que con otras terminologías, el uso indiferenciado a veces, símil otras o
incluso metafórico de estos términos. Si bien no se pretende una homologación
rigurosa de ellos, es importante reconocer que en su esclarecimiento se encuentran
pistas para un acercamiento más efectivo a la condición de juventud.
Esta diferenciación no ha sido ajena a la producción teórica; pasada por alto u
obviada por algunos o reseñada al paso por otros, está sin embargo presente de
manera implícita en todos los textos en los momentos de descripción de prácticas,
de definición, de rastreo de antecedentes históricos y de análisis, tal como nos lo
demuestra la cita anterior de Cevallos.
Para algunos autores como Dávila, lo juvenil hace parte constitutiva de la categoría
juventud, al igual que lo cotidiano, en tanto “lo juvenil nos remite al proceso
psicosocial de construcción de identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones
y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza” (Dávila, 2004:92),
evidenciando la asimilación de un término por el otro. En este autor, lo juvenil es un
proceso, no un discurso o imaginario social. Igualmente Alvarado, desde el enfoque
de una sociología de la juventud, sin entrar en mayores discusiones, entiende
que lo existente es la categoría social “joven” y los términos juventud, juvenil y
juvenilización son correlatos de esta (Alvarado et al, 2009:86). Acerquémonos más
a estas nociones.
	 Joven
El término “joven” hace referencia al sujeto como tal y designa a todo aquel que
reúne en un contexto en particular unas características más o menos diferenciadas
y dictaminadas por este, es decir, es quien encarna el discurso de lo juvenil y que se
convierte en fuente para el análisis conceptual de la juventud. La relevancia de este
término estriba en que este recuerda la existencia más allá de la idealización y de la
teorización, o mejor, antes, de unos sujetos hombres y mujeres que se comportan
y expresan y se reconocen o no como jóvenes.
Como se ha planteado antes, esta sutil diferencia en el uso de los términos nos remite
a diferentes lugares; en el caso de “la juventud” nos hallamos en el terreno de lo
teórico, de lo conceptual o de la mirada poblacional, no un o una joven, o un grupo,
sino el genérico, que puede estar soportado sobre lo representacional conceptual
o social. Al hablar de los y las jóvenes, hacemos referencia a quienes se comportan
60
como tales y que pueden o no, parecerse o encuadrar en las representaciones
establecidas. Es otra forma de decir que las teorías, las representaciones sociales y
los imaginarios van siempre más despacio que la producción social real.
El joven, en tanto sujeto, implica la movilidad en el tiempo y en el espacio, condición
sin embargo, propia de los seres humanos pero que es olvidada en la teorización
social, en particular en la disciplinar clásica. Hoyos al respecto de esta movilidad
nos recuerda que ser joven es una condición histórica cambiante:
Ser joven tal y como lo referenciamos hoy día es una invención de no más de un
siglo; basta comparar las condiciones de vida de una persona de 16 años en 1850,
1950 o el año 2000, en una ciudad cualquiera del mundo para entender y sentir los
privilegios que la sociedad entera ha cedido a la juventud, referente de vitalidad,
vigor, creatividad y lujuria (Hoyos, 2001: 1).
A este respecto, desde el marco de la teoría crítica y el pensamiento complejo se
proponen nociones que permitan comprender y analizar las dinámicas juveniles
sin olvidar la corporeidad y lo impredecible del sujeto joven como el devenir, la
hibridación, la percolación y el cronotopo.
El devenir hace referencia a la ya conocida premisa filosófica de Heráclito de Efeso,
según la cual el tiempo (y el espacio) no se repiten, el panta rei o flujo continuo,
lo cual llevado a la realidad de los y las jóvenes significa movilidad constante en su
búsqueda identitaria, en sus prácticas, en su adscripción y uso de material cultural,
haciendo inútil y reduccionista todo intento de caracterización y conceptualización
de su ser. Pero esta movilidad no debe ser interpretada como una insatisfacción en
su lugar, o como un proceso mediante el cual se pueda llegar a una cierta identidad o
condición (adulta quizá, como lo proponen las teorías clásicas sobre la adolescencia
y la identidad) sino como una forma de ser y estar en el mundo. La identidad ya
no es un fin, sino un medio que se nutre y expresa en el tiempo espacio de manera
subjetiva, haciendo de la idea del y la joven como sujeto en devenir, una noción,
un término más apropiado para las configuraciones contemporáneas del sujeto
joven.
Desde una perspectiva antropológica o del culturalismo, surgen otras nociones
que buscan contextualizar la mirada sobre el sujeto joven partiendo del análisis
de las transformaciones culturales y sus relaciones de influencia y correlación con
los procesos políticos, sociales e históricos de la contemporaneidad contextual
latinoamericana. Desde esta mirada, se plantean los preocupantes efectos de una
modernidad vivida a posteriori, que sin lograr establecerse se encuentra con el
embate avasallador de los procesos de globalización que se asientan de manera
irregular y dispersa pero homogenizante en los nichos sociales de los países latinos,
como el escenario que configura la realidad juvenil, donde nociones como exclusión,
desigualdad, subordinación, segregación, están a la orden del día como consecuencia
del establecimiento del modelo de desarrollo neoliberal – privatizante, la pérdida del
proyecto nacional y la deslegitimación estatal. Para Canclini, estos escenarios de la
globalización presentan algunas características comunes como son la fragmentación
generada por la mediatización y la interconectividad, la discontinuidad creada por
el inmediatismo y la velocidad de la información y, finalmente, el descreimiento que
61
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
disminuye la importancia de la percepción temporal y de la valoración de la realidad
(Canclini, 2004).
Sin embargo, sería muy apocalíptico pensar que este nuevo (des)-orden no posibilita
igualmente no sólo bondades sino que genera en las poblaciones mecanismos
espontáneos de resistencia, resignificación y recreación de sus realidades. De la
mano con las grandes transformaciones políticas y económicas de la modernidad
globalizante latinoamericana, vienen las ventajas y posibilidades (no accesibles a
todos) de los avances tecnocomunicacionales, la expansión de la expresión política
y cultural, el acceso a información de otras latitudes y el reconocimiento de la
diversidad social y cultural.
Los y las jóvenes en particular han reaccionado en este orden al ser ubicados como
los y las afectados por la reducción sistemática de un futuro cierto, engrosando
los datos sociodemográficos, epidemiológicos y estadísticos negativos, nutriendo
y produciendo su entorno de capital simbólico y cultural cuya característica
principal es la hibridación a partir de todas las fuentes de producción tanto locales
como foráneas y tradicionales o contemporáneas. Esto los hace ver como sujetos
híbridos que encarnan algunos aspectos de la tradición que son inculcados por las
instituciones de socialización y los discursos identitarios locales y a la vez portan
elementos de la producción tecnológica y cultural global.
De las comprensiones contemporáneas de lo social que proponen como marco de
lectura la indisolubilidad de las nociones de tiempo y espacio, surge la noción de
cronotopo (Bajtin, 1981) en donde el tiempo es una cuarta dimensión del espacio.
Esto implica la dimensión móvil de los objetos y de los sujetos, la no estaticidad
y la necesidad de la vivencia, de la experimentación para su comprensión. El
sujeto joven puede ser entendido como un sujeto cronotopo en la medida en
que confluyen en él diferentes significaciones del espacio y el tiempo, (recorridos
y rutas de movilización, lugares cargados de significación, virtualidad, generación
de temporalidades o lecturas del tiempo desde marcos no cronométricos o
científicos, sino afectivos o emocionales), el establecimiento de un entramado
de relaciones sociales, de escenarios performativos y de hibridaciones temporales
(Alvarado, 2009), entendidas estas no sólo como la coexistencia y “sincretismo de
posturas temporales de formas de ver el mundo” (Alvarado, 2009:99) sino como la
intensificación del tiempo.
La filosofía, a partir de una apropiación del concepto de percolación, propio de
la mecánica de fluidos, que hace referencia a la capacidad de retorno, mezcla y
reconcentración de estos propone una lectura similar de los procesos sociales
históricos y de la configuración de los sujetos (Serres, M. 1996). Esta postura
argumenta que no es posible identificar el origen de las cosas ni su secuencialidad
temporal, ya que estas se producen en infinitos movimientos de reapropiación y
resignificación de lo anterior, lo pasado, generando cambios hacia el futuro.
Desde esta perspectiva el accionar juvenil sería percolante, en la medida en que en
sus formas de ser, de producirse como sujetos, se recogen tendencias históricas
tanto en lo psicológico, como en lo fisiológico y en lo social. Esto implica pensar en
los y las jóvenes de hoy no como en sujetos actuales o proyectados hacia el futuro o
62
fuera de su tiempo, o incluso singulares, sino en sujetos percolantes que recogen
en cada individuo los capítulos de su especie mas no de la misma manera en que
estos fueron vividos.
Cada joven re-presenta al efebo, al mozo, a la doncella, al soldado, al obrero, al
alumno, al teen ager, al hippie; ha sido influenciado o puesto en comparación con
estas discursividades e imaginarios sobre lo juvenil, ha sido educado y socializado
con parámetros provenientes de épocas anteriores, resignificados ya por otras
generaciones; convive con y usa bienes materiales e inmateriales patrimonializados
por la cultura en la que se desenvuelve, es portador de tradiciones pero también de
tendencias alternativas innovadoras. Su fisiología es la consecuencia de las acciones
de transformación ejercidas por los procesos sociales y evolutivos en sus padres
y en él o ella mismos, su prácticas le transportan a pasados tan remotos como
el griego o tan recientes como su infancia, permitiéndole recapitular en su ser la
esencia de todas las juventudes de todos los tiempos y a la vez resignificarlas. Una
visibilidad de esta postura son los recurrentes apariciones de fenómenos neo –
retro, en la moda, la música, el cine, y en ciertas organizaciones sociales y políticas.
Vale decir finalmente, con relación a estas nociones, cuyo elemento común puede ser
la contextualización en el tiempo y en el espacio de las lecturas del sujeto joven, es
decir, movilidad y corporeidad, en un intento de la teoría de alejarse de las nociones
representacionales y pasar de la inamovilidad del sujeto cartesiano moderno
identitario en el marco del Estado Nación, al sujeto polisémico, contemporáneo,
subjetivo, de la globalización.
	 Juvenil
Si bien lo juvenil puede ser entendido como todas las prácticas, expresiones
actividades, emocionalidades propias de los sujetos que acabamos de definir; estas
prácticas están cada vez más supeditadas a los determinantes del contexto, en
particular a los discursos provenientes de la industria cultural y del entretenimiento
y del sistema de mercado y en cada vez menor medida a los discursos de las
instituciones de socialización, que se distribuyen las respuestas sobre el para qué
vivir y el cómo vivir, siendo estas últimas las que adquieren mayor importancia en el
contexto contemporáneo actual. Lo juvenil es entonces la respuesta más o menos
clara sobre el cómo vivir, un ideal a alcanzar y mantener, una sensación del espíritu,
una postura social, una propuesta estética que se operativiza en la moda, la música,
los consumos, la manera de hablar y comportarse.
El ideal de juventud, o mejor, la juventud como un ideal y lo que ello significa, es
decir, lo juvenil, tiene su origen en la paideia helénica griega, que proponía a demás
de una educación para la vida en la ciudad, un orden social que terminó oponiendo
a jóvenes y viejos. La juventud implicaba la inteligencia, la expresión artística, la
potencia física como preparación para la guerra, el deporte, la productividad y el
amor, este último como beneficio para los adultos, quienes se hacían rodear y hacían
uso de los favores y placeres sexuales de los efebos, mientras ellos se encargaban de
la reflexión, la política y la toma de decisiones.
63
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
De allí viene entonces la idea de lo juvenil como lo bello, lo activo, lo potente, lo
expresivo, pero también lo veleidoso, voluptuoso, vital y por oposición, lo rebelde,
lo no reflexivo, lo confuso, lo inadaptado y lo mortífero, características que fueron
agregándose a partir de la educación Romana y la hegemonía del discurso judeo-
cristiano en la edad media, que satanizó todas estas prácticas y estigmatizó al
juvenis y su comportamiento inadecuado, para lo cual se escribían exempla o
sermones que a la postre se convertirían en los discursos sobre el para qué vivir de
las instituciones socializadoras.
En la contemporaneidad, lo juvenil como un ideal es retomado a su favor por el
sistema de mercado como discurso publicitario y de promoción de formas de vida
articuladas por el consumo de objetos y servicios, en particular, de la industria
cultural y el entretenimiento, vaciando ya totalmente los pocos vestigios de la
paideia griega que subyacen en el mismo y ampliando lo juvenil como una condición
ideal para toda la humanidad.
Lo juvenil es entonces entendido como disfrutar la juventud al máximo, gozar,
convertirse en los portadores del ideal de vida para la sociedad, ser eternamente
joven, pero no solo en belleza, vitalidad o desarrollo físico únicamente sino en
consumir, disfrutar y experimentar todo hasta el límite e incluso más allá. También,
lo juvenil debe ser entendido como consumir para ser feliz. La cultura actual
ubica el deseo del sujeto en el tener, en el consumir por el consumo mismo de no
importa qué (es decir, el consumo como resultante de una necesidad sino como
práctica cultural) premisa a la cual los y las jóvenes responden de manera excesiva
pues lleva implícito el mensaje de que no se es si no se consume. Finalmente, lo
juvenil implica la idea de que lo joven es lo adecuado, incluso para todas las
edades. Esto ha dado como resultado la llamada juvenilización, simulacro social
de juventud, vivido tanto por los y las jóvenes como por los adultos y las adultas,
producto de la exaltación massmediática de una estética juvenil más ligada a la
apariencia física, las prácticas y la moda que a una posible actitud inherente a lo
joven. De esta manera lo juvenil se convierte en un modelo a seguir, en una pauta de
consumo social que es equiparado o sustituye peligrosamente un verdadero sentido
de la juventud. A este respecto, Carmona plantea que lo juvenil, entendido como
la búsqueda excesiva de la felicidad, tiene su precio, pues funciona con la lógica del
sistema capitalista de gozar primero y pagar después:
Es posible que no haya en la historia de la humanidad una cultura que jugara más
sucio a sus jóvenes, que les haya barajado el naipe e invertido la lógica de la existencia,
imponiéndoles hacer de la juventud (que suele ser una época caracterizada por
conflictos internos, incertidumbres y perplejidades), hacer de esta época, repito, un
paradigma de la vida deseable, del goce de la existencia, de la afirmación de la dicha.
(Carmona, 2002: cuarto párrafo).
A partir de estas reflexiones es necesario identificar lo juvenil, más allá de los
discursos idealistas e instrumentalistas del sistema de mercado y las instituciones
socializadoras, y comprenderlo no sólo como la reproducción acrítica que los y las
jóvenes (haciendo a un lado a los adultos) hacen de estos discursos, sino incluyendo
las diferentes maneras como resisten, resignifican, recrean o transforman estos
mismos en sus acciones performativas cotidianas, en sus expresiones vitales, en sus
64
maneras de usar los objetos, en sus lenguajes y formas de agregación y sociabilidad,
en su particular uso de las tecnologías, prácticas todas de las cuales se alimenta
nuevamente el sistema de mercado y las instituciones socializadoras para intentar
actualizar sus premisas.
	 Juvenilización
De la juventud lo que más le interesa a la sociedad adulta es su producción estética
y simbólica, es decir “lo juvenil” traducido a objetos, narrativas y posturas con
las cuales juvenilizarse sin perder sus lugares de poder, mantener el eufemismo de
la eterna juventud y de paso apropiarse del espacio social que ha sido producido
por los jóvenes de la mano de la industria cultural y los medios de comunicación.
Genera algo de indignación e irónica burla en ambos lados (adultos y jóvenes)
aquellas personas que encarnan – corporizan de manera visible esta actitud, las
llamadas “cuchibarbies”9
o la versión masculina conocida como el síndrome de
Peter Pan, pues hacen más notorio aquello que todos los adultos queremos hacer
pero no podemos confesar, de manera que, como plantean Cevallos y Alvarado, “la
sociedad enfrenta la paradoja: por un lado la sublimación de la juventud, y por otro,
su reprobación” (Cevallos, 2006: segundo capitulo):
Valdría la pena preguntarse por la emergencia de cierto proyecto de juvenilización
agenciado desde las dimensiones de lo corporal, lo político, lo estético, lo ambiental,
lo religioso, lo recreativo, lo jurídico, entre otras. Dicho proceso se mimetiza en lo
social como algo propio de lo “juvenil”, aunque no siempre parta de allí, caso, por
ejemplo, el del “uniforme” que adquiere la gente joven para sentirse “diferente” frente
a otros grupos “uniformados”, o cuando dicho proyecto es agenciado por discursos
del “poder adulto” (Alvarado et al, 2009:96).
Así, la juvenilización consistiría en que los niños quieren llegar pronto a jóvenes,
los adultos se quieren devolver y los jóvenes quieren permanecer allí eternamente,
viviendo en un ideal que se opera desde los objetos, el lugar social que se ocupa,
las prácticas, las posturas y como no, los consumos, y que es impulsado como
premisa de vida desde el sistema de mercado y avalado por las instituciones de
socialización, acaso como una estrategia de contención que evite el acceso
temprano a los lugares de poder. Sin embargo, por esta misma idealización, vivir
plenamente lo juvenil se torna difícil, haciendo que, incluso, grandes cantidades
de personas en edad de nombrarse como joven no puedan alcanzarlo y por tanto
quedan excluidos y reclasificados en otras categorías sociales como delincuente,
desplazado, desescolarizado y hasta fuera de moda, postura en la que “el intento
de parecer joven recurriendo a incorporar a la apariencia signos que caracterizan a
los modelos de juventud que corresponden a las clases acomodadas, popularizados
9	 Expresión peyorativa que hace referencia a las mujeres con edades superiores a las consideradas
socialmente como de la juventud y que buscan mantener una imagen juvenil a través de acciones
sobre su cuerpo como la realización de cirugías, implantes, moldeamientos, etc, y de sus prácticas
en los modos de hablar, los gustos, los modos de vestir, etc. La psiquiatría posee el término de “Bo-
varismo” para calificar este comportamiento y la psicología propone comprenderlo como una forma
de adolescencia tardía o de asuntos de la problemática adolescente sin elaborar.
65
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
por los medios, nos habla de esfuerzos por el logro de legitimidad y valorización por
intermedio del cuerpo (Margulis, M & Urresti, M, 98:3).
	 Juventud
Este término tiene cuatro acepciones relacionadas entre sí. En primer lugar es una
categoría social, un grupo de la sociedad que se enmarca en unas edades y con unas
características más o menos similares y en segundo lugar es un concepto expresado
en múltiples definiciones que pueden hacer referencia ya sea a dicha categoría
social, ya sea a todo el universo fenoménico al que puede hacer referencia y que por
tanto incluye a los y las jóvenes, las transformaciones históricas, la idealización de
esta condición y los imaginarios existentes. Aludiendo a Dávila, la juventud puede
definirse ya sea como construcción histórica, espacio simbólico, categoría etaria
(socio demográfica), etapa de maduración y como subcultura (Dávila, 2009), a lo
cual agregaríamos nosotros que es una producción sociocultural y sobre todo,
una condición subjetiva con características particulares según el contexto.
Las discusiones más recientes en torno a la conceptualización de la juventud,
señalan las limitaciones que generó la especificidad de las disciplinas sociales, al
abstraer al sujeto de su entorno social, al intentar homogenizarlo y objetivarlo,
vaciándolo de corporeidad y al introducir miradas tanto despolitizadas como
peyorativas de la población juvenil, todo ello, producto del imaginario positivista de
las ciencias sociales modernas. Para Serrano por ejemplo, muchas de las definiciones
de juventud construidas desde las ciencias sociales apuntan a resaltar su estado
de transitoriedad, de caos e incapacidad: “un momento de turbulencia, desorden,
desconcierto, crisis de identidad, rito de paso hacia el mundo adulto o inicio de
un cierto desarrollo psicológico que se supone completo en determinada edad”
(Serrano, J. 2002: 12).
Desde un marco de análisis sociológico, P. Bourdieu, antes que establecer una
definición, se opone a tal intento, al entender la juventud como una producción
desde la manipulación de lo biológico y desde su configuración social como grupo,
en favor de los intereses de los adultos o los grupos de poder:
El hecho de hablar de los jóvenes como de una unidad social, de un grupo constituido,
que posee intereses comunes y de referir estos intereses a una edad definida
biológicamente, constituye en sí una manipulación evidente. (…) sólo con un abuso
tremendo del lenguaje se puede colocar bajo el mismo concepto universos que no
tienen casi nada en común (Bourdieu, (2002: 164).
En la misma vía de la crítica a la definición disciplinar, Abramo propone que existe
una noción social de la juventud, sustentada en las diferentes posturas disciplinares,
pero que superficializa y peyorativiza su condición:
(…) la noción de juventud es socialmente variable. La definición del tiempo de
duración, de los contenidos y significados sociales de esos procesos se modifica de
sociedad en sociedad y, en la misma sociedad, a lo largo del tiempo y a través de
divisiones internas. Además, es solamente en algunas formaciones sociales que la
juventud se configura como un periodo destacado, o sea, aparece como una categoría
con visibilidad social (Abramo, citado por Dávila, 2004:92).
66
Para Reguillo, esta construcción se explica a través del surgimiento de un nuevo
orden que visibiliza a esta población:
La juventud como hoy la conocemos es propiamente una “invención” de la posguerra,
en el sentido del surgimiento de un nuevo orden internacional que conformaba una
geografía política en la que los vencedores accedían a inéditos estándares de vida e
imponían sus estilos y valores. La sociedad reivindicó la existencia de los niños y los
jóvenes, como sujetos de derecho y, especialmente en el caso de los jóvenes, como
sujetos de consumo (Reguillo, 2000:23).
En una análisis de las diferentes posturas que existen sobre la juventud, el Plan
Estratégico de Juventud de Medellín 2003-2013, propone una síntesis desde la cual
pensar y abordar la condición juvenil, intentando superar “miradas estigmatizantes,
coptantes, represivas y de intervención” (Plan Estratégico de Juventud de Medellín
2003-2013, 2002:39), en la cual ve a los y las jóvenes como actores sociales,
sujetos de derechos y de responsabilidades, sujetos estratégicos para el desarrollo,
sujetos promotores de vida y protagonistas en la construcción de lo público, síntesis
que aunque pretende ser abarcativa termina haciendo más énfasis en el carácter
socioeconómico de la condición juvenil.
Esta comprensión ha corrido los mismos riesgos de homogenización provenientes
de los enfoques disciplinares y más aún, en su intento de resarcir los derechos
fundamentales de esta población, se confunde con enfoques y discursos provenientes
del positivismo desarrollista desde el cual es nombrado como “actor estratégico del
desarrollo o actor social estratégico”, empaquetándolo nuevamente en propuestas
e intervenciones unívocas o ante las cuales el sujeto joven se debe homogenizar:
Si bien, en tanto saber “científico”, existe cierto consenso frente a que las definiciones
de la juventud son una construcción sociocultural que responde a cada momento
histórico de una sociedad determinada, el debate ha generado varios disensos: a)
Cuando no existen diferencias en cuanto a las categorías de riesgo o vulnerabilidad
relacionadas con la juventud, o de su reconocimiento como actores estratégicos
del desarrollo (visión un tanto funcionalista para con el rol de la juventud en la
sociedad); b) existe diferencias frente a que esta etapa de vida es un estado en sí
mismo, o una transición entre la niñez y la adultez (privilegiando por tanto un
modelo adultocéntrico) (Cevallos, 2006: tercer párrafo).
Partiendo de esta síntesis que realiza Cevallos sobre las tensiones presentes en la
definición de juventud, compartimos algunas que se acercan a nuestra visión, en
la que más allá de las definiciones disciplinares (de la sociología, la antropología,
la psicología tradicionales) nos acercamos a los estudios de la sociología y la
antropología cultural y las posturas transdisciplinares contemporáneas que
contemplan la juventud como una condición subjetiva y social en relación con el
entorno.
Inicialmente, para Dávila, los conceptos de adolescencia y juventud “corresponden
a una construcción social, histórica, cultural y relacional, que a través de
las diferentes épocas y procesos históricos y sociales han ido adquiriendo
connotaciones y delimitaciones diferentes” (Dávila, 2004: 86) De igual manera,
67
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
plantea, parafraseando a Lemus, “la juventud no es un “don” que se pierde con el
tiempo, sino una condición social con cualidades específicas que se manifiestan de
diferentes maneras según las características históricas sociales de cada individuo”
(Dávila, 2004:92).
En palabras de Pérez Islas, la juventud (lo juvenil en sus términos) es “un sector
de la población o grupo(s) con características propias según los espacios sociales
donde se encuentras, que se va modificando y diversificando históricamente como
producto de las transformaciones de la sociedad mismas y sus instituciones” (Pérez
Islas, 2008:10).
En esta misma vía, Serrano propone, más allá de las miradas esencialistas, entender
la juventud como una manera de constitución subjetiva, como “un acto discursivo
con implicaciones muy complejas, pues supone modos de organizar las biografías
individuales, pautas de interacción y de socialización, estilos de vida, tipos de
distribución de los recursos materiales y simbólicos con los cuales las sociedades se
organizan y determinan la circulación del poder que las sustentan” (Serrano, 2002:
11). Una concepción similar planteamos en un trabajo investigativo, al proponer
que “la juventud puede entenderse como una producción sociocultural relativa en
el tiempo y en el espacio, es decir, una manera particular de estar en la vida, con
potencialidades, aspiraciones, requisitos, modalidades éticas, estéticas y lenguajes” 
(López & Sepúlveda, 2010: 97).
La juventud es entonces una condición social producida contextualmente, lo que
significa un proceso de transformación constante en el tiempo y en el espacio de
los sujetos que llegan a esta, y en la que solo se puede establecer su duración,
características e impactos en contextos psicológicos, sociales, culturales, políticos,
económicos e históricos específicos y es a partir de estos determinantes que se
configura como categoría social y como concepto; la condición de juventud puede
ser “habitada” por un grupo poblacional más o menos delimitado por la edad y
otras variables y que adquiere o presenta expresiones diversas de su subjetividad
en tanto integrantes de esta condición. La juventud, usando las palabras de Lyotard
(1993), no es un gran relato, no tiene una historia mundial fija. No es un bloque
monolítico moldeado desde los conceptos como una escultura creada por la razón.
No hay una sola juventud. Hay, como un gran síntoma de la lógica postmoderna,
muchas juventudes. Ser joven hoy no es lo mismo que ayer, ni tampoco será lo de
mañana.
Los y las jóvenes transforman, reciclan y resignifican; son, en verdad, fuertes y febriles
reorganizadores de los modelos de socialización, hibridan culturas por los fenómenos
de transnacionalización y globalización, complejizan el mundo, proponiendo un
orden que entremezcla lo nuevo con lo viejo, generando rompimientos con las
dicotomías clásicas de la modernidad y convirtiéndose, contrario a lo que ocurría
con anteriores generaciones, en productores de su propio espacio y tiempo social,
aunque siempre en pugna con los intentos homogenizadores de la institucionalidad
adulta.
68
69
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
2.2. ¿CÓMO SE PRODUCE Y DETERMINA
LA CONDICIÓN JUVENTUD?
Son deberes de los jóvenes nacionales y extranjeros en Colombia acatar la Constitución y las leyes
y respetar los derechos ajenos, asumir el proceso de su propia formación, actuar con criterio de
solidaridad, respetar las autoridades legítimamente constituidas, defender y difundir los derechos
humanos como fundamento de la convivencia pacífica, participar activamente en la vida cívica,
política, económica y comunitaria del país, colaborar con el funcionamiento de la justicia y proteger
los recursos naturales y culturales, respetando las diferencias.
Ley de juventud de Colombia, 375 de 1997.Capítulo II
2.2.1 ¿Qué entendemos por condición de juventud?
La noción de Condición de juventud hace referencia a las miradas más recientes
sobre la población juvenil que buscan trascender los enfoques del ordenamiento
disciplinar de la modernidad, además de ubicarse en contraposición unas veces, y en
articulación, otras, a las miradas de orden situacional provenientes de los discursos
socioeconómicos, demográficos y epidemiológicos, aunque estas últimas también
son entendidas como el análisis en concreto en un contexto espacio temporal de la
condición juvenil de un grupo específico. Además, pensar la “situación” desde una
acepción no lingüística, haría referencia al análisis específico (a menudo sólo a nivel
descriptivo) de la juventud en un territorio específico o en una temática específica.
En este sentido, la condición se propone como un marco más amplio.
La noción de condición de juventud, busca precisamente relievar las diferencias que
existen tanto al interior de esta franja poblacional como en los contextos sociales
y territoriales en los que pueda aparecer, ya sea en el marco de los Estados- nación,
como en los marcos culturales que trascienden este ordenamiento, y ya sea desde
lo individual como en lo colectivo. La noción de condición de juventud permite la
ampliación y potenciación de características propias de los contextos actuales en
el marco de la globalización como son las subjetividades, las identidades juveniles,
la diversidad cultural, social y en particular sexual, la no linealidad de la trayectoria
vital, las hibridaciones, la desterritorialización de la expresión subjetiva y la
influencia del ámbito de las nuevas tecnologías en los procesos de individuación.
La producción de la condición de juventud ha estado ligada a procesos históricos y
sociales generados durante la industrialización y en el marco del proyecto moderno
que han visibilizado un sector de la población con aras en la distribución económica
y el sostenimiento de un ordenamiento social que ante el crecimiento poblacional, el
establecimiento de los Estados Nación, el aumento del conocimiento y la demanda
de fuerza laboral requería preparación para la inserción en el mundo social. Así,
desde todos estos ámbitos empezaron a surgir definiciones, enunciaciones,
nombramientos y caracterizaciones de un sujeto denominado joven que, además de
recoger en su esencia, algunas de las características planteadas en épocas anteriores
a poblaciones semejantes como el efebo o el mozo, proponían un lugar en la cadena
de reproducción social que ha variado desde el lugar de la espera para el acceso al
mundo adulto y su poder, hasta el del consumo y el disfrute, es decir, desde la no
70
significación social hasta un lugar de objeto y fin de mercado, que a menudo se
disfraza de representatividad social.
Sin embargo, esta producción de una condición juvenil nunca ha sido homogénea.
El acceso a esta siempre ha estado condicionado no sólo a una edad específica, sino
a la etnia, el género y en particular, al estrato social, pues han sido los sujetos de
sectores y clases sociales de mayor posibilidad económica quienes primero acceden
a esta condición. Esto implica una de las principales ideas que propone el marco
comprensivo de la condición de juventud: la juventud no es vivida de la misma
manera por quienes “llenan los requisitos” para estar allí; de hecho, se considera
que grandes sectores de la población que desde una mirada etaria podrían ubicarse
allí, no lo están, como son los casos de la población joven rural, joven en situación
de desplazamiento y joven de escasos recursos o que, mejor, viven esta condición
de manera precaria. No hay por tanto una “condición de juventud” aunque
desde los discursos instituyentes como el ámbito teórico y desde el mercado se
propongan y promuevan condiciones ideales; leer la condición de juventud implica
el reconocimiento del contexto particular en el que se inscribe el individuo o grupo
que se esté mirando. La condición de juventud no es por tanto sólo un estado sino
también un marco de lectura:
Por su parte, la producción discursiva que se hace de lo juvenil arroja imágenes
específicas y variadas de un sujeto denominado como joven. Ellas le dan sentido
y lugar en el marco de la experiencia social a las prácticas consideradas juveniles.
De manera que el nombramiento resultante de estos discursos es al mismo tiempo
la asignación e incorporación de un conjunto de prácticas sociales que lo ubican
de acuerdo con los intereses y prioridades que se tienen como sociedad (Quintero,
2005:95).
Entonces, la condición de juventud es tanto una producción social, un estado o una
condición de posibilidades, como una lectura analítica sobre la juventud misma,
que, como propone Sepúlveda, “permite comprender las relaciones, las formas de
articulación de unos sujetos con otros y con las instituciones políticas, religiosas,
económicas y mass mediáticas y las interacciones con el mundo adulto en tanto
se pueden complementar, oponer, diferenciar, independizar, restaurar o, adscribir”
(Sepúlveda, M, 2001: 5).
Dado que no existe un acuerdo sobre el uso y el significado de esta noción, en
la literatura académica se pueden encontrar diferentes definiciones que apuntan a
determinar los aspectos que se deben tener en cuenta para la comprensión de la
manera en que vive un grupo determinado de la población. Es así que términos como
contexto, situación, estado, aparecen relacionados, incluso de manera pluralizada,
como es el caso del marco comprensivo de las “condiciones de vida”, entendidas
estas como:
El conjunto de bienes que conforman la parte social de la existencia, tales como
la salud, educación, trabajo, sexualidad, etc. Merced a estos bienes, los individuos
coexisten en el espacio y en el tiempo y se desarrollan a lo largo de la vida, esto es,
ellas son las condiciones concretas de existencia que si bien son determinadas en una
buena parte por la pertenencia a un grupo social, otros aspectos de penden de cómo
el individuo materializa estas condiciones (Grisales, 2006:16).
71
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
2.2.2 Variables para comprender la condición de juventud
Ya hemos hecho una reflexión sobre cómo el contexto es determinante para
acercarse a la comprensión de la condición de juventud y de los fenómenos y
problemáticas que en ella aparecen. Sabemos también que el reconocimiento
de la juventud como fenómeno social está fuertemente asociado al crecimiento
poblacional, la urbanización, el crecimiento económico, la expansión y caida de la
clase media y el desarrollo de los medios de comunicación, factores que podríamos
asociar bajo los términos de empresa capitalista y globalización. En particular llama
la atención lo referente a los medios de comunicación que generan un rápido acceso
a cualquier información o uso y a la vez una rápida obsolescencia de cualquier
práctica o consumo, todo esto exacerbado por una industria cultural que vio allí
posibilidades de mercado y que se convirtió a su vez en la gran lectora y productora
de imaginarios juveniles. La condición de juventud (y su visibilidad) es generada
por unas variables que la producen y configuran, mismas que pueden influenciar a
todos los y las jóvenes en un contexto en particular pero no de la misma manera,
pues su grado de influjo depende de las características de la variable misma y su
interrelación con todas las demás:
Puede decirse entonces que son tres procesos los que “vuelven visibles” a los
jóvenes en la última mitad del siglo XX: la reorganización económica por la vía del
aceleramiento industrial, científico y técnico, que implicó ajustes en la organización
productiva de la sociedad; la oferta y el consumo cultural, y el discurso jurídico
(Reguillo, 2000:7).
Algunas de estas variables son de carácter más universal en la medida en que
están presentes en todos los contextos (Edad, género, generación, etnia, condición
socioeconómica y desarrollo biológico) y otras hacen parte de las características
contextuales particulares del occidente contemporáneo y en particular de
Latinoamérica, como son los conflictos sociopolíticos y armados, los procesos
de colonización económica y cultural, la modernización del Estado, entre otras.
Veamos unas reflexiones alrededor de estas variables.
	 Edad
La edad hace referencia al momento cronológico o biológico como punto de partida
o variable primordial para la determinación del acceso o salida de la etapa juvenil.
Sin embargo, dadas las dispersiones disciplinares en sus enfoques que incluyen o
excluyen indistintamente algunas miradas, esta noción puede variar; así, desde la
disciplina psicológica que hace referencia a la adolescencia, el marco cronológico
oscila entre los 10-12 a 18-20 años, desde un enfoque sociológico la juventud en
su espectro más amplio e incluyente abarca desde los 12 a 30 años inclusive; desde
un enfoque jurídico, las Naciones Unidas comprenden la juventud entre los 15 y
24 años, entre los 14 a 26 años en Colombia, y hasta los 30 en otros países del
continente. El periodo de pubertad se entrecruza con los anteriores y se ubica entre
los 8 y 12 años, según el enfoque biomédico pero que, como hemos dicho, puede
adelantarse (pubertad temprana) o atrasarse (pubertad tardía).
72
Sin embargo, es claro que la llegada a una edad no determina por sí misma la
condición de juventud; algunos autores plantean la necesidad de usar esta variable
como “edad social” más allá de lo cronológico (ver Cevallos, 2006), generando un
cruce entre las edades que se alcanzan, las prácticas culturales y la configuración
social en la que se encuentre el sujeto:
Pero los enclasamientos por edad ya no poseen competencias y atribuciones
uniformes y predecibles. Por el contrario, tales enclasamientos tienen características,
comportamientos, horizontes de posibilidad y códigos culturales muy diferenciados
en las sociedades actuales, en las que se ha reducido la predictibilidad respecto de sus
lugares sociales y han desaparecido los ritos de pasaje (Margulis & Urresti,1998:1).
En consecuencia, no se debe confundir la vivencia del fenómeno con su durabilidad.
Las lecturas disciplinares y a partir de ellas, las institucionales y sociales han
intentado construir diferenciaciones y clasificaciones para toda la juventud y a su
interior, tomando como eje de referencia el parámetro etario, “se trata de límites
arbitrarios establecidos por instituciones y gobiernos para legislar la población
juvenil” (Garcés, 2005: 37) lo cual, como plantea Brito Lemus, ha llamado a
confusión, pues “no debemos confundir un criterio demográfico (la edad), con
el fenómeno sociológico (la juventud).La edad sirve para delimitar un espacio
demográfico con un fenómeno sociológico: la juventud.” (Brito, 1996:3). Lo anterior
hace necesario aprender a leer la edad como una variable que adquiere importancia
como marco general para la determinación sociodemográfica de la juventud y como
guía en la comprensión de todas sus particularidades, más no como delimitador de
su emergencia y su fin.
	 Desarrollo biológico
La variable de desarrollo biológico se encuentra emparentada con la de edad, en
tanto existe cierta simetría entre los procesos de crecimiento y el tiempo, generando
las temporalidades que se configuran a partir de estos. Es por ello que es posible
hablar de edades de la infancia, la juventud, la adultez y la vejez. Sin embargo, como
hemos recalcado, los procesos de desarrollo biológico funcionan como disparadores
de condicionamientos psíquicos y sociales, mas no los determinan totalmente,
existiendo variaciones entre el desarrollo corporal y psíquico alcanzado y la edad
que se tiene. Ya en la explicación sobre el saber de las ciencias médicas al respecto
de la juventud hemos hablado de los posibles trastornos, alteraciones y fenómenos
que se presentan en la pubertad y sus efectos a nivel corporal y psicosocial.
Siendo de por si el crecimiento y sus manifestaciones un proceso difícil de manejar
para el y la joven, lleno de sorpresas, incertidumbres, expectativas e incomodidades,
aún el poseer características de desarrollo biológico cercanas a lo normal, que
se evidencian en lo corporal, es vital para la vivencia de la juventud, pues de lo
contrario no se contaría con lo necesario para llenar los parámetros ideales de
juventud sustentados sobretodo en la potencia y belleza del cuerpo y de paso se
expondrían al escarnio y estigma social. Así, el no lograr o no contar a tiempo con
la estatura, los tamaños, las medidas o poseer signos evidentes de alteraciones ya
sean están visibles o de orden fisiológico hormonal, determinará la manera como el
73
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
y la joven se inscriban en las dinámicas juveniles, adquieran un lugar en sus grupos
de socialización y accedan de manera tranquila a las vivencias juveniles.
	 Etnia
A menudo se piensa en la juventud como un otro, exótico, externo, distinto y lejano
en el espacio y el tiempo y con características similares al comportamiento tribal;
“nativos del presente” nos plantean Margulis y Urresti, como un sinónimo para la
condición juvenil; esta “tribalización”, que alcanza su expresión máxima en la noción
de “tribus urbanas” propuesta por Feixa (Feixa, 1999) no debe confundirse con el
origen étnico (ni a este con el concepto de raza) de determinado grupo de sujetos
jóvenes y sus implicaciones en la vivencia de la contemporaneidad occidental. La etnia
hace referencia a los factores de afiliación genealógica, cultural y geográfica de una
población. En tanto la idea de juventud hace parte de la civilización occidental y esta
ha producido sus maneras de desarrollarla, para algunas poblaciones como la indígena
y la afro, la noción de juventud está mediatizada por su propia cosmogonía en tensión
con los procesos de occidentalización o “blanqueamiento”. Esto permite pensar sus
consumos culturales, las diferentes expresiones estéticas, la apariencia física, la moda,
la concepción de territorios y territorialidades; el qué hacen, cómo se comportan,
dónde permanecen y cómo se reconocen a sí mismos de una manera diferente que
no ha sido suficientemente estudiada y que implica, en la mayoria de los casos,
una renuncia a sus parámetros originales. El pertenecer entonces a una condición
étnica diferente a la hegemónica, entendida esta como blanca, occidental, civilizada,
masculina y urbana, implica una forma diferente de vivencia de lo juvenil que puede
oscilar entre el rechazo o resistencia a la integración, la mímesis o hibridación cultural
que supone la conservación de algunos rasgos originales y el sincretismo de ciertas
prácticas y, finalmente, la adscripción total a las prácticas y discursos hegemónicos
con la consecuente renuncia o rechazo de la etnia de procedencia.
	 Nivel socioeconómico o de clase social
El nivel socioeconómico o de clase social es una gradación que hace referencia a las
posibilidades de compra, pago y ostentación de bienes y servicios que se evidencia
en la ubicación territorial en la ciudad, la posesión de bienes y el acceso a ciertos
círculos sociales. Así, “depende de la clase social el que símbolos, significados
y percepciones de la realidad tengan matices, contrastes, texturas diferentes en
segmentos poblacionales juveniles, incide igualmente en los lenguajes y sentidos de
futuro, sustrato de las prácticas culturales juveniles “(Arias, 2001:3).
En un contexto social y político cada vez más signado por la posibilidad de acceso a
determinados bienes y productos culturales que restringen su uso a quienes cargan
la marca de una clase social no privilegiada o no poseen el dinero suficiente para
granjeárselos, la vivencia de lo que podríamos llamar una condición juvenil plena
está fuertemente asociada a esta variable, mediante la cual en gran medida los y las
jóvenes viabilizan sus prácticas y nutren sus procesos identitarios y subjetivos; “las
condiciones socioeconómicas determinan entonces las expectativas e iniciativas de
74
los jóvenes frente a su presente y futuro, por lo cual se hace imprescindible considerar
este factor al momento de leer sus realidades y dinámicas” (Arias, 2001:3).
Sin embargo, los y las jóvenes buscan formas de saltarse esta determinación, como
plantea Arias: “en espacios y prácticas los jóvenes trascienden las determinaciones
de este factor, experimentando convergencias en gustos, intereses, experiencias
o pensamientos sin contemplar orígenes o condiciones socioeconómicas” (Arias,
2001:3), pero también desde la trasgresión de los límites normativos y sociales
que impiden el acceso, ya sea por la vía de la ilegalidad y la violencia o por la vía
de las reivindicaciones sociales, lo cual aparece como una forma de resistencia y
autoproducción.
	 Generación
La generación es una medida para grupos poblacionales que coinciden en el tiempo,
es decir, el número de personas que nacen y crecen en un contexto temporal
determinado por algunas características sociales particulares y que configuran una
cierta homogeneidad social10
. Los hechos sociales, las prácticas culturales y las
transformaciones estructurales son elementos de cohesión para la determinación
de una generación. Los y las integrantes de una generación compartirían entonces
vivencias similares, prácticas y percepciones similares del mundo. De igual
manera, podrían desarrollar un sentido de pertenencia, conformando una unidad
generacional con delimitaciones y marcajes en su producción cultural a través de
formas de agrupamiento, modas, comportamiento social, etc. Para Alvarado, “la
generación como categoría de apoyo para la comprensión de lo juvenil, remite a la
edad pero como una producción cultural, social e histórica” (Alvarado, 2009:99).
La noción de generación remite a la edad, pero desde una perspectiva histórica y
cultural que permite trascender la mirada económica de clase social y la biológica
de desarrollo bioevolutivo, ya que sus características perseveran en el tiempo, es
decir, se hace parte de una generación independiente del momento y el lugar social
que se ocupe:
Se es joven, entonces, también por pertenecer a una generación más reciente, y
ello es uno de los factores que plantean fácticamente un elemento diferencial para
establecer la condición de juventud. Pero la generación no es un grupo social, es una
categoría nominal que, en cierto sentido, dadas afinidades que provienen de otras
variables (sector social, institución, barrio, etc.) y de la coyuntura histórica, establece
condiciones de probabilidad para la agrupación (Margulis & Urresti, 1996:6).
Sin embargo, es de notarse lo arbitrario de esta percepción social, que puede ser
intencionada o reclasificada según intereses particulares y que hace referencia sólo
a ciertos sectores de la población. A este respecto Cevallos plantea:
10	 De acuerdo con José Ortega y Gasset, citado por Pérez Islas (2008), “El conjunto de los que son
coetáneos en un círculo de actual convivencia es una generación. El concepto de generación implica:
tener la misma edad y tener algún contacto vital. Comunidad de fecha y comunidad espacial son,
repito, los atributos primarios de una generación”.
75
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
Los enfoques utilizados han carecido de integralidad, pues han compartimentado
a sus sujetos de estudio y “perversamente” los ha llevado a estigmatizar y signar
sobre ellos generalizaciones sobre la base de sus roles o características particulares,
se los llama: “estudiantes”, “hippies”, “yupies”, “roqueros”, “raperos”, etc.; o sobre
la base de la influencia del contexto socioeconómico se las ha llamado generaciones:
“NAFTA”, “perdida”, “X”, “Y”, “del desencanto”, “del suspenso”, “@” (Cevallos,
2006: primer capitulo).
Cabe anotar que en el nuevo orden mundial, que como se dijo en el capítulo sobre
contexto,sehavenidoestableciendoenlasúltimasdécadasapartirdelosprocesosde
globalización (avance tecnocomunicacional, hibridación cultural, etc), que generan
mayor rapidez en el cambio social y cultural y el posicionamiento de un discurso
moral y social de mercado en el que predomina la inmediatez, la obsolescencia, la
fugacidad y la relativización de la importancia de los acontecimientos, no sólo es
más difícil establecer grupos generacionales, sino que estos se suceden con mayor
frecuencia, lo cual en la juventud es mucho más notorio.
Al realizar este tipo de marcajes (generacionales), las generaciones “mayores”
que detentan el poder del orden establecido, perpetúan las estrategias de
regulación social pero posibilitan el surgimiento de otras formas de agrupamiento
y su consecuente producción simbólica que es leída (y de hecho actúa) como
contracultural, emergiendo el denominado “choque generacional”. De acuerdo
con Margulis y Urresti “se es generalmente solidario con los códigos culturales
incorpo­rados durante la socialización, hay afinidades con otros miembros de la
misma generación con los que se comparten espacios sociales y, por ende, desde
esa perseverancia generacional se entra en contradicción y en desencuentro con las
cohortes generacionales siguientes” (Margulis & Urresti, 1998:6).
	 Moratoria psicosocial
La noción de moratoria psicosocial surge como una manera de comprender no sólo
cierta actitud de la sociedad frente a la población juvenil, sino como de la juventud
misma. Erik Erikson, quien es el postulador de esta idea, hace referencia a una pausa
en las demandas de la sociedad en la responsabilidad frente a asuntos sexuales,
sociales, académicos y laborales, teniendo como resultado un “periodo en el que el
joven puede dramatizar o, por lo menos, experimentar con pautas de conducta que
son – o no llegan a ser- infantiles y adultas a la vez, y sin embargo con frecuencia
incorporarse en forma aparatosa a ideales tradicionales o a nuevas direcciones
ideológicas” (Erikson, 1972: 121).
Esta comprensión supone que la estructura social genera de manera implícita (y
a veces explícita) un tiempo y unas condiciones que posibilitan la vivencia del ser
juvenil y a la vez un tiempo de espera para el ingreso a un nivel aparentemente más
elevado de la sociedad que es el mundo adulto institucional y su correspondiente
lugar de poder. La moratoria es entonces habitar y esperar, pero también de algún
modo, deber, en el sentido de que el argumento que parece sostener este orden
social es la no preparación para avanzar al siguiente estadio social. Las personas
entre los 12 y 18 años aproximadamente, deben entonces dedicarse a estudiar,
76
prepararse y divertirse o usar su tiempo libre, que en la lógica contemporánea se
traduce a menudo como consumir, configurando de esta manera la supuesta esencia
de lo juvenil:
La moratoria social alude a que, con la modernidad, grupos crecien­tes, que pertenecen
por lo común a sectores sociales medios y altos, postergan la edad de matrimonio y
de procreación y durante un período cada vez más prolongado, tienen la oportunidad
de estudiar y de avan­zar en su capacitación en instituciones de enseñanza que,
simultánea­mente, se expanden en la sociedad (Margulis & Urresti, 1998:3).
Sin embargo, esta variable de influencia sobre la producción de la juventud presenta
dos problemas en la dinámica contemporánea que se evidencian a manera de tensión:
el primero, es la tendencia hacia una moratoria infinita, como consecuencia de la
incapacidad del mundo adulto de ceder o abrir nuevos espacios para las generaciones
más recientes, aunado esto al aumento del tiempo de preparación para la vida,
debido al nivel de información acumulado por la humanidad, las especialización de
las profesiones y la exacerbación del ideal juvenil y sus posibilidades de vivencia.
En segundo lugar, la casi desaparición o el trastocamiento de las condiciones de
moratoria social para gran parte de la población juvenil, dado que el tiempo de
la producción y la responsabilidad no dan espera por la situación económica en
la que viven. La moratoria estaría relacionada con la clase social y la condición
socioeconómica, haciendo que muchos y muchas jóvenes dispongan de tiempo
libre más no de moratoria y para otros esta sea una condición alargada más allá de
los tiempos sociales de la juventud.
En paralelo con esta noción de moratoria social, Dávila y Ghiardo, proponen la
noción de “transición” en la que la permanencia no implica quietud o latencia, sino
que supone la vivencia de una serie de experiencias condicionadas por el contexto y
que determinarán y configurarán la vivencia y el proyecto adulto; un proceso en el
que “ser joven es «ir dejando» de ser niño sin aún llegar a ser adulto, estar expuesto
a la vivencia de lo indefinido, a la tensión por el desajuste que se produce cuando
se deja de ser lo que se era, cuando se altera la identidad entre cuerpo, mente y
condición social (Davila & Ghiardo, 2005:115).
Moratoria y transición podrían entenderse como la manera en que se operativiza
en la juventud las condiciones que la hacen posible, las experiencias y parámetros
sociales a los que hay que ajustarse (a las cuales no todos y todas se ajustan) y
a la vez como las estrategias resultantes de las relaciones de poder, en donde el
poder hegemónico adulto conmina a la población juvenil a un lugar y un tiempo
diferenciado y regulado al que hay que someterse para luego acceder al mundo
adulto.
En esta moratoria, o en esta transición, los y las jóvenes, de acuerdo a las
posibilidades que les presentan las demás variables que configuran su condición,
(socioeconómica, de género, étnica, etc) construyen “trayectorias”, es decir, se
movilizan hacia el logro de mejores condiciones de vida o hacia la satisfacción de
sus intereses y deseos vitales. Podríamos decir que esta variable en los contextos
latinoamericanos es la que menos define su condición.
77
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
	 Moratoria vital
La moratoria vital hace referencia a la cantidad de tiempo del que aparentemente
dispone un joven, en tanto su ubicación en el cíclo vital le otorga una posición
privilegiada, que hace pensar la juventud como un capital vital, que se traduce en
fuerza física o lozanía, mayor cantidad de oportunidades para experimentar, distancia
de la muerte y resistencia o inmunidad biológica, “lo cual implica una manera
diferente de estar en el mundo, con percepciones y apreciaciones distintas, con
abanicos de opción más amplios, y con una frecuente sensación de invulnerabilidad
que deriva de esa falta de huellas previas, raíz de la que emana esa característica
imagen de la disponibilidad” (Margulis & Urresti, 1998:10)
La moratoria vital es una actitud evidenciable en primera instancia en el plano
corporal, o más bien, en el uso que se hace de este, pero es también una
disposición vital que permite diferenciar la juventud de lo juvenil o a jóvenes de
adultos, independientemente de su condición social, en tanto el adulto considera
efectivamente disminuidas sus oportunidades, aumentan sus temores y aunque lo
niegue, la certeza del desgaste de su energía vital. Es esta variable la que impulsa y
posibilita en gran medida la vivencia y acumulación de experiencias y sensaciones y
alimenta la representación social de una juventud vital, alegre, dinámica y menudo
desenfrenada y temeraria.
Sin embargo, podemos pensar que la moratoria vital no siempre implica una
ventaja en relación con las generaciones precedentes, es decir, con los adultos cuya
moratoria vital se ha reducido. La conciencia de poseer semejante capital (conciencia
no siempre presente), a menudo implica angustia y excitación ante la obligatoriedad
social de hacer uso de esta (de manera adecuada o no, de acuerdo con cual sector de la
sociedad la plantee, ya sea, por ejemplo, la familia o el mercado), con el consecuente
temor ante el fracaso por no contar con parámetros de comportamiento o una guía
que les ayude a aventurarse en el mundo; es paradójico: para no excederse en el uso
de su capacidad de exceso. Muchos mueren en el intento.
	 Género
El género es una variable a tenerse en cuenta debido a que establece espacios
y temporalidades sociales, culturales y psicológicas diferentes para hombres
y mujeres. Para ello es necesario entender la especificidad del concepto y las
diferencias y cercanias con las nociones de “sexo” y “diversidad sexual” y con
la apuesta académico política de la perspectiva de género, campos todos ellos
altamente complejos y aún en construcción.
En principio, el género hace referencia a los parámeros de comportamiento propios o
ideales de lo masculino y lo femenino, los cuales han sido históricamente asignados
y distribuidos para los hombres y las mujeres: “los grupos humanos, a partir de
las diferencias biológicas, construyen los conceptos de masculinidad y feminidad y
atribuyen simbólicamente características, posibilidades de actuación y valoración
diferentes a las mujeres y a los hombres (Sepúlveda, 2000:1), haciendo que de
78
esta manera se confundan género y sexo. Esta última categoria hace referencia a la
condición biológica de hombre o mujer. La juventud entonces, en tanto hombres
y mujeres, posee condicionantes femeninos y masculinos que a menudo, como
hemos dicho en reflexiones anteriores, son borrados en la teorización y en las
representaciones sociales, ya que “el concepto de género es una construcción
social, lo cual implica que es creado y por lo tanto cambiante y, sobretodo, que se
genera, se mantiene y se reproduce, fundamentalmente, en los ámbitos simbólicos
del lenguaje y de la cultura (Sepúlveda, 2000:1).
De otro lado, la perspectiva de género “muestra que las diferencias entre mujeres y
hombres son cambiantes” y busca “la transformación de las actuales relaciones de
género, exige una reconstrucción del ordenamiento simbólico de lo femenino y de
lo masculino en la interacción social” (Sepúlveda, 2000:2).
Finalmente, la diversidad sexual hace referencia a las posibilidades de expresión y
vivencia tanto del género como del sexo, rebasando las delimitaciones culturales
y fisiológicas que han sido impuestas a partir del modelo social de la modernidad
occidental y el discurso religioso judeo-cristiano.
El género sin embargo, en su vivencia cotidiana, es decir, la construcción cultural de
lo masculino y lo femenino, trae consigo una serie de marcajes comportamentales
diferenciados y a menudo desiguales, como una forma más de expresión y
operativización de la lógica masculina del proyecto de la modernidad, que en
términos contemporáneos se convierte en una biopolítica, en una administración
del cuerpo hombre y del cuerpo mujer. Hombres y mujeres jóvenes han ocupado
históricamente en nuestro contexto lugares y tiempos diferentes en la reproducción
social, de los cuales llama la atención, los de producir vida por parte de la mujer
y muerte, por parte del hombre, dinámica que se hace visible en los embarazos
tempranos y en la participación de niños y jóvenes en las violencias. Una variable de
esta división puede encontrarse en la distribución de espacios y tiempos laborales,
de mayor acceso para hombres jóvenes que para mujeres o que se caracteriza por
una distribución de labores donde las menos ventajosas son ocupadas por mujeres
jóvenes.
Dado que la determinación de las características de esta variable, sus formas de
aparición y sus implicaciones, requiere de estudios y acercamientos que produzcan
un conocimiento que aún está en ciernes, lo importante por decir, además de la
necesidad de construir aprendizajes sobre género y juventud, es el reconocimiento
de la existencia de un aspecto que es transversal a la juventud en tanto condición
social y que toda mirada hacia ella debe tener en cuenta.
	 Las instituciones socializadoras o de mediación
No se puede hablar de variables sin reflexionar la manera en que estas son viabilizadas
en el contexto. Desde diferentes marcos comprensivos de lo social se han generado
nombramientos para este proceso y sus mecanismos: socialización, instituciones
socializadoras, aparatos ideológicos, mediaciones sociales, procesos de inserción,
79
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
entre otros, los cuales, sin embargo, guardan distancias y contradicciones entre sí,
en la manera en que conciben la labor cuyo fin es la determinación de una condición,
en este caso, la juvenil.
La modernidad adjudicó inicialmente esta función a la Escuela, la religión y la familia,
como los entes encargados de formar, de dotar de discurso identitario y de insertar
en la comunidad a los sujetos infantes y jóvenes, a partir de la implementación de
metodologías, normatividades, regulaciones y en general discursos que suponían
garantizar el buen desempeño y el éxito en el mundo social de la adultez. La
industrialización y las guerras trajeron consigo otros espacios y discursos que
apoyarían esta labor, como los ejércitos y las fábricas.
Sin embargo, el lugar de poder de mediación de estas instituciones socializadoras ha
variadoeneltiempo,desdeserlasúnicasproductorasdeldiscurso,suimplementación
social e introyección en los y las sujetos jóvenes, hasta su fusión o articulación
con otros discursos, que han emergido de la mano de los avances tecnocientíficos
y comunicacionales, que dieron más poder y autonomía a los sujetos para su
autodeterminación, a la vez que generaron un mayor acceso a la información y al
conocimiento de diversas formas de ser y estar en el mundo, situación actual en la
que ceden parte de su poder configurativo a nuevas mediaciones como la industria
cultural y del entretenimiento, los medios de comunicación y la misma creatividad
juvenil.
En este proceso, las instituciones socializadoras se han tenido que plegar a las
metodologías y discursos de las nuevas mediaciones, acercándose a los medios de
comunicación, las Nuevas Tecnologías Digitales de la Información y la comunicación,
las redes sociales virtuales, la música y las estéticas y lenguajes contemporáneos,
así como horizontalizando su relación no sólo con la población sino con el saber que
ostentan, logrando a veces, la conservación de su lugar y en otras, articulaciones
poco creíbles o que no logran deslindarse de la lógica adulta, en una batalla por la
hegemonía de la mediación para la socialización de la población juvenil que parece
estar ganando la industria cultural.
	 Industria cultural y del entretenimiento
La industria cultural y en general, el discurso mediático ha hecho de la población
juvenil (y por ende de la idea de juventud) una franja poblacional objeto de mercado
y una fuente constante de producción simbólica que es traducida en objetos y
espacios de consumo, que terminan siendo ofertados para toda la población como
fines de vida o al menos, como medios para obtener la felicidad y el bienestar,
reforzando la premisa de la juvenilización.
No se puede negar sin embargo, que ha sido este ámbito el de mayor acercamiento
y lectura de la juventud, toda vez que las miradas producidas desde lo académico
y desde lo social carecen de atractivo y de respuestas y ofertas inmediatas y
satisfactorias, pero al precio de la espectacularización de la juventud, es decir,
tanto de la creación de una imagen distorsionada de su esencia, como de la puesta
80
en clave de espectáculo de su vida. Además, se ha generado una segmentación
estereotipada y excluyente, a partir de la creación de franjas de mercado dentro de
la misma juventud y la disminución de su auto producción bajo la simulación de
darle la voz y la posibilidad de expresión a la juventud a través de sus medios y sus
objetos.
Así, el discurso juvenil en términos de “su” discurso, termina siendo elaborado
por la industria cultural por medio de una observación y una escucha interesada
y direccionada de las prácticas y expresiones juveniles, que han sido producto de
esta misma mecánica, en un círculo cada vez más cerrado en donde “las industrias
culturales, los medios de comunicación y las redes de consumo han sido más
efectivos en las definiciones de juventud; en lo concreto, encuentran en los jóvenes
sus clientes privilegiados a los que ofrecen productos exclusivos y particulares; son
“co-autores” del estilo juvenil y sus estéticas. (Cevallos, 2006: segundo capítulo).
Un ejemplo de la mirada “interactiva” de la juventud por parte de la industria
cultural nos lo da la industria cinematográfica que ha ubicado en los últimos años
a hombres y mujeres jóvenes en el lugar de actores principales de las temáticas
de violencia, injusticia social o grandes desastres con buenas dosis de epopeya.
El joven funge como antihéroe que resuelve los males de la sociedad pero que de
alguna manera antes había sido rechazado por esta; los deseos de esta población
por asumir las riendas del mundo se subliman y elaboran por vía del actor o actriz
de turno, mientras en la realidad sigue siendo una subalternidad.
Otro tanto, mucho más conocido, ocurre con los grandes ídolos de la industria
musical contemporánea, en su mayoría jóvenes, jóvenes adultos o adultos que
teatralizan la juventud o se comportan como lo que la sociedad cree que es ser
joven artista. En ellos y ellas, la juventud encuentra la fuente para su construcción
identitaria, para la definición de su subjetividad, para la viabilización de sus intereses
y expresiones políticas y estéticas, sin darse cuenta que estos referentes a menudo
son construidos por la vía del casting, los concursos de talento y los parámetros de
interés económico de la empresa de producción discográfica, que ya ha “leído” los
deseos y gustos de la juventud. El sistema como tal no es problemático, puesto que
en la aplicación constante ha aprendido a hacer uso de la diferencia, la diversidad
y la innovación estética, sin romper del todo el molde; preocupa eso si, la pobreza
ideológica, el vaciamiento de sentido critico y político y la instauración de un falso
discurso de expresión juvenil, así como la inserción irreflexiva de modelos culturales
foráneos que profundizan y perpetúan una colonialidad cultural que por fortuna,
como hemos dicho, es resignificada por algunos grupos de jóvenes, generando
prácticas culturales de origen foráneo pero con componentes estéticos locales.
No podemos olvidar el papel que en este andamiaje cumplen los medios de
comunicaciónylapublicidad,queactúancomomediacionesoperativas,recolectoras,
reproductoras y amplificadoras del discurso y los intereses de esta industria.
81
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
	 El estado de guerra como eje de pervivencia histórica.
La guerra, en todos sus tipos y a pesar de su crueldad, es considerada, a la par
del comercio, los descubrimientos y los avances científicos, como uno de los
factores que ha posibilitado el establecimiento de los conglomerados nacionales
y el desarrollo de las sociedades, aunque a un costo muy alto para ellas mismas;
inclusive, algunas posturas como el marxismo la han identificado como el motor de la
historia. Latinoamérica ha construido su historia a golpe de invasiones, conquistas,
enfrentamientos, revoluciones y genocidios, en los cuales las poblaciones de base,
los hombres, niños, jóvenes y mujeres han puesto la cuota más alta de sacrificio y
muerte.
Diferentes autores han intentado conceptualizar la guerra generando marcos
comprensivos amplios que puedan ser puestos a prueba en cada uno de los
contextos donde este fenómeno aparece, enfrentando desde diferentes ángulos
teóricos las vicisitudes del mismo. Esto ha llevado al establecimiento de categorías
y clasificaciones, más o menos generales, que están asociadas tanto a las
interpretaciones de las características visibles de la guerra, como a los momentos
históricos en que estas se dan.
Buena parte de esta indefinición del concepto de guerra se expresa en el conflicto
colombiano, que aunque no es una condición sui generis -en relación con otros
conflictos contemporáneos- si presenta algunas características y dinámicas que
complejizan su entendimiento. Luego de los procesos de consolidación de las
naciones, que implicaron guerras de independencia y revoluciones, siguieron
los enfrentamientos fratricidas, las dictaduras y sus estrategias de eliminación y
posteriormente,lasguerraspartidistasyelsurgimientodeguerrillas.Lacontundencia
de los actos violentos en Colombia es de un peso y una continuidad histórica tales
que se resisten a ser definidos desde una sola óptica estática o un tipo particular
de guerra y se hace más pertinente y productivo preguntarse por las dinámicas
históricas en que se ha venido articulando el fenómeno, sus transformaciones,
ritmos y acumulados.
En Colombia, nos hemos centrado en el estudio de “la violencia”; específicamente,
desde la segunda mitad del siglo XX, ha existido un especial interés por la influencia
de los partidos políticos, las relaciones con el Estado, los actores armados y en la
actualidad, la participación de los grupos paramilitares y el narcotráfico, pero pocas
veces se ha puesto el lente en las relaciones cotidianas, en la cultura, en los efectos
sobre poblaciones específicas, más aún cuando, en palabras de W. Ramírez, “es
cierto que en el conflicto actual hacen presencia elementos propios de las anteriores
crisis de nuestra turbulenta historia republicana, lo urgente ahora es identificar las
profundas modificaciones que desde las ya remotas razones de tipo social y político
le dieron sentido originario a la actual contienda armada” (Ramírez, 2002:157).
De esta manera, el autor desmiente aquellas posturas que pretenden reducir la
violencia en Colombia a enfrentamientos de grupos armados sin ningún sustento
social y político.
82
Partiendo de lo anterior, se puede plantear que en Colombia existe un estado
de guerra, más allá de las confrontaciones armadas; una situación en la que las
actitudes y comportamientos de la población, las estructuras y relaciones sociales,
son reguladas y mediatizadas por la sensación (y a menudo la constatación) de la
posibilidad de morir, y cuyo trasfondo es el conflicto sociopolítico generado por la
desigualdad histórica entre los diferentes grupos sociales, la incapacidad del Estado
para garantizar el bienestar y la instauración de un sistema socioecómico que
beneficia a unos pocos por encima de la mayoría, lo cual propone una espacialidad
social particular que tiene efectos en la manera como se es sujeto, como nos lo
plantea I.M. Baró al decir que “en base a este innegable deterioro colectivo de
las relaciones sociales, la guerra está precipitando numerosas crisis y trastornos
personales de quienes, por una u otra razón, ya no pueden descifrar adecuadamente
las exigencias de su situación vital” (Baró, 1984:506).
Los y las jóvenes en Colombia (y en otros países que viven vicisitudes semejantes),
también denominados metafórica y literalmente “hijos de la guerra” (en
contraposición a la metáfora de “hijos de la libertad” utilizada por Ulrich Beck para
referirse a las juventudes europeas) participan de este estado desde diferentes lugares
y roles sociales, no sólo como actores armados o víctimas, sino como hereditarios
de una cultura y un estado social que perpetúa la desigualdad, y promueve la
resolución de los conflictos y la satisfacción de las necesidades de supervivencia por
la vía de las violencias; Este efecto es más notorio con el surgimiento de la relación
grupos armados-narcotráfico, que degenera y complejiza el conflicto, aumentando
su nivel de urbanización, de tipos de actores y funciones, las cuales, en su mayoría
son realizadas por población juvenil, situación que no ha sido suficientemente
visibilizada y que conlleva a diferentes reacciones y efectos frente al mismo.
Entonces, el estado de guerra determina la condición juvenil no sólo por el hecho
de involucrar directamente en las filas de los distintos grupos armados legales
e ilegales, a grandes cantidades de jóvenes hombres y mujeres, o por descargar
sobre esta población, como uno de los eslabones más débiles de la sociedad, las
vicisitudes y efectos de ella en términos de deprivación cultural, ausencia estatal,
desarraigo, y en fin, toda suerte de violaciones de DDHH, sino en la medida en que
genera, lenguajes, actitudes, comportamientos y regulaciones que giran en torno
al egoísmo, la beligerancia, la competitividad y la idea de vivir en la incertidumbre
y el riesgo, discursividades que moldean el ser juvenil, se convierten en fuentes de
construcción identitaria y de sentido de vida y alimentan el estereotipo del joven
guerrero en los hombres, y el de la joven madre dadora de vida en las mujeres,
endilgándole finalmente a estos la culpa o el origen de la guerra, y por demás, la
labor de solucionarla.
	 El desarrollo y el actual modelo de desarrollo
La noción de desarrollo, entendido como todas las acciones de un individuo o
comunidad sobre sí misma o sobre otras, tendientes a mejorar sus condiciones
de vida, ha existido siempre, no sólo desde su posicionamiento como concepto
y discurso último de la modernidad, a partir de la segunda guerra mundial
83
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
-acontecimiento que exigió un replanteamiento del ordenamiento general del
mundo y los objetivos de las naciones vencedoras- sino desde el surgimiento mismo
de las organizaciones sociales humanas que configuraron su existencia, alrededor
de prácticas de supervivencia y modificación de su entorno y que, eventualmente
generaban avances o cambios que aumentaban su nivel de dominio del mundo y
comprensión de sí mismos.
Esta apreciación implica dos ideas fundamentales: la existencia de una necesidad
inherente a la condición humana de agenciamiento de su realidad (siempre con
la intención de mejorar) y el establecimiento en diferentes momentos en el
devenir histórico humano, de diversas formas de comprensión y operación de esa
necesidad, lógica en la que se inscribe la noción contemporánea de desarrollo, o se
debiera decir: las comprensiones contemporáneas del desarrollo, de las cuales la
comprensión liberal (ahora neoliberal) se instaura como hegemónica.
Para poder acercarnos a una comprensión de un modelo de desarrollo como
determinante de la condición juvenil, es necesario plantear en un principio la
evitación de la naturalización o el esencialismo del concepto de desarrollo, como
“una práctica de definir y categorizar para ordenar y dar significado a la intervención
en una determinada realidad social, en suma, un ejercicio de poder” (Cejas, 2000:
73 -74) a la manera en que actualmente opera dicha práctica, dando un salto de la
búsqueda del mejoramiento de las condiciones humanas como una necesidad, hacia
la implementación de estrategias de generalización, homogenización y objetivación
con el fin de producir sujetos gobernables (Cejas,2000: 73), en fin, que existe un
desarrollo, pero han sido posibles y son, otros desarrollos, es decir, otros modelos y
visiones del mundo, así como de los sujetos.
Entonces el desarrollo nace de sujetos y se dirige a sujetos en lugares desconocidos,
pero sobre los cuales se tiene un imaginario. Ya muchos autores han hablado del
desarrollo como la gran empresa para “occidentalizar” al mundo a su imagen.
Semejante propósito que en el imaginario social de los “beneficiarios” muchas
veces se representa en paisajes industrializados, avances tecnológicos y ciudades
modernas, tiene en su fundamento también una concepción sobre el sujeto
y sus modos de ser y estar, que (en el discurso “para” el desarrollo) promete la
interpretación occidental del nirvana: la satisfacción inmediata y absoluta de las
necesidades humanas, y que también trae implícita la idea del sujeto moderno:
insertado en los modos de producción pero también en los de consumo, social
mas no crítico, integrado mas que sumiso, reproductor mas que creador. Si hay un
horizonte de desarrollo que establecer es por que existe una concepción de sujeto
que lograr: el sujeto gobernable.
Se puede decir que el desarrollo busca sobre todo producir sujetos, idea que nos
aleja de la concepción del desarrollo económico como fin y lo convierte en un medio
biopolítico, una estrategia de control social en beneficio de sus diseñadores, que
busca la producción y el control de subjetividades que lo perpetúen o que al menos
no impidan su funcionamiento al insertarse o adscribirse al mundo que este le
ofrece. La mayoría de la población del tercer mundo no es beneficiaría directa de
los planes, programas o proyectos específicos y focalizados en un territorio y sobre
84
una problemática en particular, pero sí de los efectos históricos de la gran empresa
del desarrollo, que a la luz de hoy poco se parecen al sueño progresista enunciado
en sus inicios.
El discurso “para” el desarrollo, puesto en práctica, ha tenido un logro esperado
por sus diseñadores pero no por sus beneficiarios: el distanciamiento paulatino
e imperceptible de las comunidades receptoras de sus identidades originarias
y la generación de subjetividades integradas de manera acrítica al gran proyecto
de desarrollo: un modelo de desarrollo neoliberal y de raigambre colonialista que
produce estructuras sociales y sujetos mediatizados por el mercado y el consumo
que aceptan convertir en servicios lo que son derechos fundamentales.
Este efecto, en la medida en que se va dando el proceso de cambio crea grandes
cantidades de población sin un piso real para vivenciar la subjetividad (construida
o heredada), dado que los beneficios del desarrollo no están siempre al alcance de
la mano, pues los efectos de cambio positivo económicos y sociales prometidos de
éste nunca llegaron.
Así, los efectos del desarrollo en la subjetividad pueden plantearse en términos
de dos tensiones: exclusión y reclusión e integración y resistencia. La tensión
entre reclusión y exclusión se propone siguiendo las palabras de Ferrara (Ferrara,
2001), según las cuales lo contrario a la exclusión no es propiamente la inclusión,
en el sentido positivo en que siempre se ha pensado y que es de algún modo
equiparable al de integración, pues si bien, existen grandes cantidades de sujetos
que se encuentran por fuera de la modernidad construida por el desarrollo en tanto
viven en la pobreza, carecen de empleo, educación, acceso a servicios en salud y
disfrute cultural, existe otra gran cantidad de población que vive en un adentro
del desarrollo que en tanto acoge y posibilita el disfrute de sus beneficios, implica
rendirse al consumo, el sostenimiento de un status social, la corrección política y la
vivencia constante de sentimientos de miedo, soledad, aislamiento e incertidumbre
ante el futuro. Esto significa que hacer parte del lado “bueno” del desarrollo no
implica escapar a sus males.
La tensión entre integración y resistencia se articula a la anterior, en la medida
en que los sujetos pueden adoptar posturas de aceptación o de reacción según el
lugar social en el que se encuentran; en otras palabras, no todos los sujetos que
están del lado de la exclusión construyen subjetividades resistentes a las causas
de la misma, puesto que no las reconocen. La juventud es un ejemplo palpable
de este fenómeno. De acuerdo con Parra Sandoval (Parra,1978), en Colombia, la
génesis de la juventud como grupo social está asociada e incluso intencionada por
la implementación del modelo de modernización o de desarrollo urbano industrial
que expandió la juventud a grupos más amplios de la sociedad colombiana y no sólo
a las élites de los años 60’s en adelante.
Este acontecimiento ubicó población juvenil tanto del lado de la exclusión como de
la reclusión, aunque en el discurso “sobre” el desarrollo sea más notoria la segunda
pues viven los efectos más desastrosos de este, convirtiéndola en la población
“síntoma” del mundo contemporáneo y en un buen ejemplo para ilustrar el fracaso
85
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
del desarrollo en tanto ayuda beneficiosa para los países destinatarios, aunque los
organismos de seguimiento y los entes estatales locales no hagan esta lectura (véase
La juventud en Iberoamérica: tendencias y urgencias. CEPAL – OIJ. Santiago de Chile,
2004), sino que promuevan el establecimiento de ajustes y nuevas políticas que no
cuestionan estas subjetividades creadas sino que por el contrario las refuerzan:
Esta situación debe alertar sobre la necesidad de promover políticas innovadoras
para los jóvenes del sector rural que se enfrentan a la vez a un drástico cambio de
la estructura de la producción y el comercio agrícola, hasta hace poco, su fuente
natural de actividad económica y generación de ingresos, y a una fuerte desventaja
por la inequidad en la calidad y cantidad de educación que reciben, lo que les impide
insertarse oportuna y adecuadamente en el mercado de trabajo urbano e incluso
rural, incluyendo el agrícola (CEPAL, 2003:11).
Entonces, uno de los sectores de la población colombiana que vive en carne propia y
sufre las vicisitudes del desarrollo es la juventud. La visión que esta franja poblacional
posee sobre el país varía de acuerdo con la posición que ocupe o se le otorgue en
él como víctima o victimario, como consumidor u objeto de consumo, que son los
lugares más notables que ocupa la juventud actual en el país. Esa visión o visiones
podrá entonces oscilar entre el positivismo irracional y la desesperanza aprendida,
ambas, posiciones extremas; sin embargo, la visión más generalizada es aquella
donde aparentemente no se dice nada, una especie de indiferencia inconsciente. Se
plantea entonces que a la luz de la psicología los comportamientos juveniles son
expresiones o si se permite, síntomas a través de los cuales intentan transmitir de
manera codificada su opinión sobre el estado de cosas.
El interés por las modas, el consumo, la rumba y la cultura del entretenimiento en
general, asociado a actitudes de rebeldía y sectarismo, oscilantes entre momentos
de ubicación temporal en alguno de los extremos mencionados, es una solución
inteligente ante la presión del desarrollo que conmina a excluirse o recluirse, a
integrarse o resistirse, en una especie de negociación donde la objetivación aparece
como subjetividad, efecto de la presión del desarrollo hacia los sujetos que en
términos de M. Cejas (Cejas,2000), es violenta: el sujeto gobernable ha sido creado.
	 La modernización del Estado: generación de políticas y acceso a
servicios sociales
A pesar de (o acaso debido a) las dificultades históricas presentes en la conformación
de los Estados Nación latinoamericanos, - entre las cuales se encuentran las
dos variables que acabamos de mencionar- y que es además complejizada por
la irrupción de nuevos procesos y ordenamientos socioeconómicos, culturales y
políticos, bajo el signo de la denominada globalización, es indudable que la región ha
alcanzado niveles considerables de modernización, ampliación y fortalecimiento de
la estructura estatal tendientes a generar las condiciones mínimas de vida esperadas
en un estado social de derecho y que le alejan (si bien no le exorcizan totalmente)
de los fantasmas de dictaduras, revoluciones y guerras.
86
En concordancia con lo anterior, el conocido interés geopolítico y económico
de los países del primer mundo y en particular los EE.UU. desde donde se han
implementado proyectos de modernización, facilitación de recursos y alianzas
estratégicas (a menudo con beneficios desiguales) ha tenido efecto, a la par con
los procesos autonómicos de afirmación sociopolítica de nuestras naciones, en la
construcción de Estados más capaces, abiertos y actualizados a la hora de generar
políticas públicas y gubernamentales dirigidas a poblaciones y temas específicos,
así como de promover y garantizar el acceso a servicios y espacios de participación
social y política.
Los anteriores procesos de modernización y democratización mencionados, en
nuestro país coinciden en la década del noventa del siglo pasado, con la intervención
y la formulación de políticas explícitas para “la” juventud urbana popular.
Desde entonces, ha sido prolífico el reconocimiento de la población juvenil y la
promulgación de leyes nacionales y entes institucionales encargados de garantizar
el cumplimiento de los derechos de esta población, mejorar sus condiciones de vida
y promover su adscripción y participación por vía de mecanismos oficiales o por
el apoyo a las formas convencionales y emergentes de organización social juvenil.
Este fenómeno es posible de ver en la mejora de las estructuras físicas necesarias
para la salud, la educación, el deporte y la recreación, así como en la creación
de programas específicos para la juventud en el marco de lo cultural-artístico, lo
deportivo recreativo y competitivo, lo participativo-político y educativo-social.
Casos específicos como los parques biblioteca, los colegios de calidad, la estructura
recreodeportiva y educativa que incluye desde las canchas de futbol hasta el Parque
Explora, la red hospitalaria con énfasis en servicios amigables para jóvenes, el Consejo
Municipal de Juventud, el Programa musical Altavoz, la Red de Escuelas de Música y
el Programa de Presupuesto Participativo Joven, todos en la ciudad de Medellín, son
un ejemplo de esto, y en general, de las acciones de diseño e implementación de
Políticas Públicas de Juventud en diferentes países latinoamericanos. Cabe anotar
que un espacio en el que la modernización estatal no ha logrado incidir de manera
efectiva es en el de generación de trabajo y empleo, pues paulatinamente ha cedido
esta función al ámbito privado debido al modelo de desarrollo y corre el riesgo de
perder lo ganado en otros terrenos por la vía de la privatización de los servicios
sociales.
Esta disposición estatal se convierte en una variable determinante de la condición
juvenil en la medida en que se “disputa” con la industria cultural, el mercado y
la violencia, el lugar de preeminencia como fuente de producción identitaria y
subjetiva, como referente y como lugar de inserción social, en tanto ofrece a los y
las jóvenes otros discursos, otros lugares para ser y estar en la ciudad bajo el ala de
la protección institucional, facilita recursos para llevar a cabo sus sueños e intereses
y avala y visibiliza (incluso apropia) sus prácticas, sus estéticas y sus lenguajes,
así como premia aquellas acciones que se pueden difundir como ejemplares. Esto
hace que cada vez más jóvenes asistan a los conciertos, hagan uso de los servicios
y participen en los procesos. Habría que añadir que no solo está en pugna el
moldeamiento de una subjetividad juvenil para la prevención de la violencia o para
la adopción de una determinada cultura política, sino que la actitud estatal es un
87
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
mecanismo que posibilita o no el acceso al bienestar o a la denominada calidad de
vida a través de la regulación de las relaciones con el mercado y de la configuración
de instrumentos de distribución y redistribución de la riqueza; además, es la
instancia en la que para muchos jóvenes se define su posibilidad de vivir o de morir
a partir de las políticas y programas de seguridad y reinserción social.
Entonces, cada vez más, las generaciones jóvenes actuales reconocen e incluyen
dentro de sus prácticas, la participación política y la toma de decisiones, la adhesión
a organizaciones y la demanda de acceso a bienes y servicios, siempre moviéndose
en la tensión entre la resistencia crítica y la integración disciplinada al sistema. Sin
embargo, aunque algunos grupos juveniles y organizaciones no participen y decidan
reconfigurar la política por fuera de los mecanismos oficiales, las intervenciones
estatales sectoriales y poblacionales tienen influencia en el desarrollo de sus
acciones como grupo y de sus prácticas como individuos; Esto es especialmente
relevante para los y las jóvenes de las clases medias y sobre todo de las clases bajas
en las que se focalizan las políticas públicas de juventud.
De otro lado, no hay que olvidar que este proceso de ampliación de la oferta es
problemático debido a la tendencia a oficializar la organización juvenil, homogenizar
su discurso y reducir su capacidad crítica y de autonomía, al dirigirla hacia los
discursos oficiales e institucionalizar sus prácticas y comportamientos. La tendencia
general de las estructuras gubernamentales, como ya lo hemos mencionado, es la
de la asimilación por la vía de la seducción y el reconocimiento de las prácticas
juveniles, pero solicitando a cambio la adscripción a modelos de participación y
generando exclusiones sutiles de quienes no comparten el discurso oficial.
2.2.3 La autoproducción
Como hemos dicho anteriormente, algunos autores de la teoría social crítica, que
toma distancia de los preceptos establecidos en la modernidad para comprender
los diferentes ordenamientos sociales y las formas de producción de los sujetos,
plantean, a partir de este cambio de perspectiva, que el sujeto no está totalmente
atado ni supeditado por los esquemas y discursos institucionales y sociales, por
las diferentes expresiones del poder, que se entendía como vertical, alienante y
determinista; al menos no el sujeto de la contemporaneidad que se apodera cada
vez más de herramientas simbólicas y materiales para la expresión de su propia
subjetividad. Sin embargo, esta condición hay que plantearla en términos de
tensión, ya que a la vez que esto ocurre, los procesos de homogenización global11
,
tienden a borrar las diferencias generando una pugna entre diversidad subjetiva y
homogenización colectiva.
11	 La homogenización global hay que entenderla como una de las vías de las globalizaciones, que in-
cluso se apoya en el establecimiento de segregaciones, exclusiones y segmentaciones poblacionales,
es decir, la globalización no es homogénea, pero busca estandarizar al sujeto.
88
Es así como desde las comprensiones de las relaciones de poder propuestas por
teóricos como Michel Foucault y Pierre Bourdieu, en las cuales se plantea que hay
un poder en el sujeto y en los colectivos de base, en la propuesta de Henri Lefebvre
de entender el espacio social como una producción impulsada por las dinámicas de
sus habitantes, de Michel de Certeau sobre la producción de lo social y lo subjetivo
desde la cotidianidad en relación con el consumo y el uso del espacio social, entre
otros, es posible pensar que el sujeto contemporáneo ya no depende sólo de los
grandes metarrelatos religiosos, políticos, sociales y culturales para constituirse
como sujeto, sino que cada vez más, a partir de los procesos de expansión
tecnológica y sociocultural, tiene acceso a otras fuentes identitarias y de expresión
subjetiva y cada vez más reconoce la capacidad y el derecho a usarlas de manera
creativa y en función de sus intereses particulares.
Pudiéramos decir que el sujeto actual, y en particular el y la joven, en gran medida
se autoproduce, incluso como una obligatoriedad del sistema, que intenta por
todos lados, mediar en esta producción, ofreciendo por la vía del mercado objetos
y prácticas que se proponen para llenar los vacíos identitarios y servir de soporte al
discurso subjetivo.
La población juvenil genera cambios, transformaciones, descentramientos,
desespacializaciones (sobre los cuales hablaremos en el tercer capítulo), en
contraposición a los modos evidenciados en las estructuras sociales tradicionales, la
distribución social del trabajo, los discursos morales y trascendentes, las jerarquías
sociales, la concepción de sujeto, las distribuciones territoriales y las identidades
individuales y colectivas (Estados-Nación) cuyo fundamento se encuentra en la
triada generada por el posicionamiento del discurso judeocristiano occidental, los
descubrimientos científico técnicos de la industrialización y el triunfo del modelo
capitalista de desarrollo; en otras palabras, la disolución de las antítesis clásicas de la
modernidad occidental (masculino- femenino, centro-periferia, urbano-rural, bello-
feo, bueno-malo, obediencia-rebeldía, santidad- maldad, trabajo-ocio, tiempo-
espacio, entre otras) categorías que conminaban al sujeto a modos de actuación
determinados y deterministas, frente a los cuales la juventud contemporánea parece
deslindarse proponiendo la producción de nuevas subjetividades y el surgimiento
de un sujeto articulado a partir de su función social e incluso su imagen y no como
entidad ontológica inmanente, es decir, como una esencia, sino como un sujeto
polimorfo, diversificado en la extensa gama de posibilidades identitarias y sociales,
un sujeto “hecho trizas”, en palabras de Delgado (Delgado, 2002), mas “eso no
quiere decir que el individuo no perciba su sujeto como una unidad no estallada,
defienda su unidad biográfica y se niegue en redondo a aceptar que no es más que
las representaciones situacionales a que se ve abocado una y otra vez” (Delgado,
2002:218).
Esto significa entonces que la población juvenil, en la medida en que recibe el influjo
de las variables particulares del contexto en que se encuentra, adopta de manera
consciente o inconsciente, estrategias para evitar ya sea posibles efectos negativos
de estas, o todo aquello que no sea de su agrado o no responda a sus intereses, por
ejemplo resignificando el sentido de ciertas prácticas, adecuando los usos culturales
89
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
de los objetos, apropiándose de manera diferenciada de algunos espacios o generando
creativamente otros espacios y prácticas, transformando constantemente de esta
manera su discurso sobre sí mismo y su entorno y aumentando a la vez su poder
como sujeto, en tanto genera una espacialidad, un discurso o un campo social
diferenciado y estructurado a partir de sus propios códigos.
El y la joven, ya no son únicamente, si alguna vez lo fueron, la resultante de las
intervenciones de las instituciones socializadoras o más recientemente de los
discursos de la industria cultural y el entretenimiento a través de los medios de
comunicación, sino también de sus propias producciones discursivas, individuales
o colectivas, producto de la cada vez más amplia posibilidad de interacción.
Esto significa, hacerse a sí mismo, poseer desde tempranas edades, mayor control
sobre lo que gusta, lo que se viste, lo que se come, lo que se piensa o se quiere ser. La
autoproducción sería entonces, de acuerdo al influjo del contexto, variable; habría
jóvenes hombres y mujeres que se limitan a dotarse y reproducir subjetividades
construidas por sus ámbitos de socialización y habría jóvenes que se convierten en
productores ellos mismos de simbologías y objetos para su propia subjetividad y la
de los demás; son éstos aquellos jóvenes que a la luz del status quo aparecen como
rebeldes, inadaptados, confrontadores o en el mejor de los casos como creativos y
transformadores en todos los aspectos del mundo de la vida. Son jóvenes que en la
medida en que se producen, generan, como diría Muñoz, una “política de la vida”,
en la que “ellos/ellas anticipan se alimenta de preguntas como: ¿quién queremos
ser?, ¿cómo queremos vivir?” (Muñoz, D. citado por Muñoz, G. 2006:213). Veremos
más adelante qué la autoproducción es visible a partir de fenómenos emergentes
en las prácticas juveniles y que se pueden plantear unos modos de subjetividad
alrededor de ellos.
90
2.3 ¿CÓMO SE MIRA A LA JUVENTUD?
Yenuri Chihuala murió en 1995, durante la guerra de fronteras entre Perú y Ecuador. Tenía catorce
años. Como muchos otros muchachos de los barrios pobres de Lima, había sido reclutado por la
fuerza. La leva se lo había llevado, sin dejar rastros.
La televisión, la radio y la prensa exaltaron al niño mártir, ejemplo de la juventud, que se había
sacrificado por el Perú. En esos días de guerra, el diario El Comercio consagraba sus primeras
páginas a glorificar a los mismos jóvenes que maldecía en sus páginas policiales y deportivas. Los
cholos trinchudos, nietos de indios, pobres de pelo chuzo y piel oscura, eran héroes de la patria
cuando vestían el uniforme militar en los campos de batalla, pero esos mismos buenos salvajes eran
bestias peligrosas, violentas por naturaleza, cuando vestían de civil en las calles de las ciudades y
en los estadios de fútbol.
Eduardo Galeano. Patas arriba. p 98
2.3.1 Referentes de lectura de la condición de juventud
La juventud en tanto campo de estudio implica, -como lo proponen algunos autores
de la teoría social como Oscar Dávila y Pérez Islas-, un espacio en discusión y
disputa en el que esta franja poblacional es vista, ya sea como categoría social,
investigativa, como una definición conceptual o como una noción social, elementos
que se equiparan a la idea de jóvenes, juventud y juvenil y a la discusión sobre la
juventud como concepto y como categoría que ya hemos desarrollado.
Además, en los últimos años adquieren relevancia los marcos conceptuales y los
enfoques investigativos cualitativos de corte sociocultural en comparación con
los estudios cuantitativos de índole demográfico, epidemiológico o sociopolítico
o socioeconómico, estableciendo la necesidad de articular estas visiones. Es
importante relievar que estos enfoques adquieren posturas diferentes en el
sentido en que, pareciera que el enfoque cualitativo propugna por la visibilización
de las juventudes, su reconocimiento e inserción en lo social o el resarcimiento
de sus derechos como sujetos sociales, mientras que los enfoques cuantitativos,
buscan visibilizar las problemáticas subyacentes a su condición, su descripción y
caracterización socioeconómica como vías para pensar estrategias de inclusión. Sin
embargo, ambos enfoques son usados para el diseño de políticas que no siempre
van en beneficio de los intereses y necesidades de esta población ya que terminan
siendo de control y regulación.
Igualmente, si bien desde 1971 el Instituto latinoamericano y del Caribe de
Planificación Económica y Social (ILPES - CEPAL), proponía una síntesis de las
miradas disciplinares consistente en seis enfoques (psicobiológico, antropológico-
cultural, psicosocial o de la personalidad, demográfico, sociológico y político social)
(Gurrieri & Torres-Rivas, En Dávila, 2004:94) los cuales, a nuestro parecer, no se
correspondían directamente a disciplinas y confunden las nociones de enfoque
disciplinar y perspectiva temática, plantean ya las búsquedas para el encuentro
interdisciplinar y el surgimiento de marcos de lectura desde el pensamiento
complejo, rompiendo y a la vez acercando las diferentes enunciaciones que en torno
a la franja etaria amplia, de los 10 a los 30 años, han surgido en las disciplinas
91
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
sociohumanistas clásicas. De este modo, pubertad, adolescencia, juventud, minoría
de edad, estudiantado, y otros como tribus o identidades juveniles, no deben ser
vistas como compartimentos aislados o cronológicamente sucesivos sino como
énfasis disciplinares o especificidades de cada uno de sus campos teóricos, que
deben ser articulados, trascendiendo las miradas funcionalistas, biologicistas u
organicistas de las disciplinas de la modernidad.
Así, la reciente proliferación de estudios y análisis de toda índole en torno a la
población juvenil, su visibilización en el campo social por su aumento demográfico,
su pugna por ocupar un lugar social y su importancia por aparecer como portadores
del síntoma social a través de fenómenos y problemáticas, ha generado una
pluralización de su enunciación, diferentes formas discursivas y prácticas de mirarla,
teorizarla y construirla, no sólo desde los ámbitos académicos sino desde otros
como los culturales y económicos; miradas que responden a intencionalidades
de conocimiento, de regulación o incluso de utilización pragmática de esta franja
poblacional.
La metáfora de la mirada permite relievar el hecho de que la juventud existe para
el mundo adulto institucional en tanto es vista por este de una u otra manera,
de acuerdo a sus intereses y a su comprensión del mundo, pues se mira como
se piensa. Proponemos acá unas miradas que pueden ser diferenciadas sólo como
abstracción teórica pero que en la práctica operan de manera articulada y compleja
en todos los ámbitos de la vida social en los cuales la juventud se desenvuelve.
2.3.2 Ocho miradas sobre la juventud
	 Construcción sociohistórica
Es el marco de lectura más usado desde los discursos socioantropológicos y se
propone como el de mayor amplitud. La juventud como un producto de la historia,
y en particular del proyecto de la modernidad occidental. Diferentes sucesos del
acontecer sociohistórico se proponen como configurantes de la condición juvenil
actual, la cual va cambiando en la medida en que se dan nuevas transformaciones;
la consolidación del Estado - Nación, la industrialización, el surgimiento de la
educación institucionalizada, el posicionamiento del mercado y los avances
tecnocomunicacionales de las décadas recientes se consideran los principales hitos.
La consolidación en este proceso, de la juventud como una franja significativa de
la sociedad es su principal eje de discusión y en la actualidad, de cómo la juventud
misma se convierte en un determinante de lo sociohistórico, pasando como hemos
dicho, de ser una construcción a ser una producción sociohistórica. Es entonces, una
mirada espacio temporal, con diferentes matices, de acuerdo al enfoque disciplinar
o epistemológico de acercamiento.
92
	 Estado - Etapa bioevolutiva
Esta es la mirada biomédica, de las ciencias de la salud y de las psicologías. En estas
se concibe la juventud como una condición del cuerpo y de la mente que puede
variar, de acuerdo a ciertas condiciones del contexto que influenciarían este proceso
como la raza o la genética, los hábitos alimentarios, el ambiente, las acciones de
la educación sobre el cuerpo y desde luego, la vivencia de las etapas previas del
desarrollo bioevolutivo. Este marco incluye el saber sobre lo corporal, nombrado
como pubertad, el saber sobre lo psíquico nombrado como adolescencia e incluso,
nos atrevemos a decir, el saber sobre lo moral-jurídico nombrado como minoría de
edad,12
ya que este se soporta sobre la ideas de inadaptabilidad, desarrollo cognitivo
y madurez. Este marco concibe que los comportamientos y características visibles
de la juventud son consecuencia de los procesos internos fisiológicos y mentales
y que es hacia estas etiologías que deben dirigirse los procesos de intervención (y
acaso las Políticas Públicas).
Aunque inicialmente la comprensión de los fenómenos y problemáticas de este
estado-etapa desde este marco se realizaba desde lo patológico, es decir, desde
la noción de normalidad-anormalidad, el acercamiento de estas disciplinas a
otras miradas sobre el sujeto lo ha ampliado hacia los discursos de proceso
salud-enfermedad, prevención y promoción, hábitos o estilos de vida saludables,
mejoramiento de la salud pública y otros, que conciben la estrecha relación de lo
fisiológico mental con lo sociocultural.
	 Síntoma Social
No es fortuito que la noción de síntoma, perteneciente al ámbito biomédico, sea
usada para referirse a los comportamientos juveniles, dada su connotación negativa
al hacer referencia a la posible presencia de una enfermedad (lo cual es por demás
una confusión con lo que en medicina se denomina el “signo clínico”), que debe
ser intervenida para evitar su proliferación. Ocurre en esta mirada una aplicación
del discurso organicista social, según el cual las malformaciones y trastornos del
sistema deben ser intervenidos, extirpados o controlados en aras del equilibrio del
mismo.
Entonces, esta mirada se ampara en la idea de que la juventud es producto de
la sociedad en la que vive. La comprensión de la juventud como síntoma social
puede entenderse a partir del análisis comprensivo de sus dinámicas juveniles como
reacción ante crisis y resistencias, carencias y transformaciones del orden social
que son evidenciadas, visibilizadas, expresadas, vehiculizadas e incluso elaboradas
por la juventud. Esos comportamientos pueden ser leídos tanto por el común de
la sociedad como por las disciplinas sociales como “desviaciones” o anomias, que
12	 En la legislación colombiana la noción de minoría de edad ha entrado en desuso, pero sigue existien-
do como representación social.
93
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
generan ciertos etiquetamientos como delincuentes, contestatarios o consumidores
hedonistas (Alvarado, 2009).
Sin embargo, desde otros enfoques, se reconoce en estas reacciones un síntoma
positivo, un dinamizador social, no culpabilizante de la condición juvenil, sino
producto de las condiciones del contexto:
La anomia, en cuanto no-acogimiento de ciertas representaciones colectivas y
búsqueda de resignificaciones, da paso a la auto alteración de los mundos de vida
en lo micro y a la redefinición de los ordenes de vida en lo macro. Es decir, posibilita
la transformación y la renovación social. Las personas jóvenes y sus dinámicas, bien
podrían estar actuando como “agentes reguladores de la vida social” al descentrar
imaginarios y deconstruir ciertas sugestiones propias del orden social existente
(Alvarado et al, 2009:91-92).
Estas visiones encontradas generan en la percepción social de la juventud una
ambivalencia evidente en los discursos representacionales, que se traduce en
ambigüedad social no sólo en la concepción de lo juvenil sino en su intervención.
En el caso de la interpretación positiva del síntoma, se generan políticas y acciones
afirmativas de la condición juvenil, procesos de reconocimiento de sus prácticas
y de resarcimiento de sus derechos así como de solución a sus necesidades, de
manera que se convierta en vehiculante de mejoras a la sociedad. En el caso de
la interpretación negativa, se genera rechazo social hacia sus comportamientos y
acciones de coerción, control, victimización y adaptación, confundiendo el síntoma
con la enfermedad.
	 Objeto de mercado y recurso económico
Lamiradasobrelajuventudcomounobjetodemercadoyunrecursoeconómicoesuna
de las más extendidas pero menos explicitadas, acaso por su carácter instrumental,
que cosifica a la población juvenil al convertirla en un objeto consumible o hacia el
cual se pueden dirigir ofertas e influenciar sus prácticas de consumo, inoculando
un imaginario idealista sobre su condición, que ve “en el sujeto joven no solo un
productor o consumidor de bienes y servicios, sino la imagen ideal de la belleza, la
vitalidad y lo nuevo, que se extiende rápidamente entre los demás grupos sociales
y en todas las clases sociales, como la imagen deseable y envidiable que se obtiene
con la moda” (Londoño, J, Gallo, N & García, S., 2008: 51).
Esta mirada proviene obviamente del ámbito económico productivo y de la industria
cultural, en particular de la moda y los demás sectores que ofertan productos y
servicios para la satisfacción de necesidades vitales y estéticas. Sin embargo, y como
veremos más adelante, se convierte en una representación social idealizada que
construye una visión tanto del cuerpo como de la mente juvenil, pues interviene
y se desarrolla en asuntos que son importantes para la juventud: lo fisiológico (el
cuerpo), lo psicológico (lo cognitivo y lo afectivo), lo social relacional (la norma, el
rol) y lo económico (la generación de recursos y el trabajo, incluida la formación
para este).
94
En esta mirada, el cuerpo y la mente juvenil pueden ser estudiados, comprendidos
y separados por edad, género, condición social, gustos en intereses, en aras de
diseñar y producir los objetos que consumen, a la vez que se moldean los hábitos
de consumo mismo, asociados a las espacialidades y temporalidades juveniles, es
decir, el colegio o la universidad, el tiempo libre, la noche, la fiesta, el deporte, etc.
En lo económico, la juventud representa no sólo el potencial consumidor (población
objeto de mercado) o el referente para el diseño de la oferta de consumo, sino la
fuerza laboral que moviliza la economía de “lo juvenil” y otros sectores productivos;
es el cuerpo fuerte y dinámico o bello y sensual, pero además abundante, que, no
importando el nivel de formación, puede ser utilizado al servicio de los fines del
sistema de mercado que tiene dispuestas diversas funciones y desempeños, en las
cuales a menudo el y la joven se tienen que enfrentar a los rituales de iniciación
y las trabas puestas por los adultos para el acceso al poder, las pugnas entre sus
coetáneos para conservar el empleo o subalternizarse y aceptar las vejaciones del
sistema en el cual se violan derechos humanos y laborales bajo el supuesto de la
necesidad de trabajar.
	 Signo cultural
Lamiradadelajuventudcomosignoculturalsecentranosóloenlaideadelajuventud
como productora de nuestro tiempo, sino como aquel grupo poblacional que con su
presencia, sus prácticas y producciones culturales avizora, pronostica y adelanta el
futuro de toda la sociedad. Esta mirada puede estar presente tanto en la producción
teórica – académica como en la industria cultural y en las representaciones sociales
en las cuales es enunciada como “los y las jóvenes son el futuro” o bajo la idea de que
“cada sociedad posee la juventud que se merece”. En la perspectiva académica, leer
las prácticas juveniles se convierte no sólo en una metodología de acercamiento, que
comporta un enfoque centrado en la juventud misma, renunciando a adjetivaciones
del tipo “juventud y…” o a aquellos acercamientos centrados en un aspecto, ya
sea psicológico, sociológico de la condición juvenil, pero sobre todo a las miradas
esencialistas que construyen conceptos monolíticos de la juventud.
Igualmente, esta mirada permite juntar argumentos para la reivindicación de la
juventud como una condición y como un grupo social diferenciado. Es decir, en
términos de A. Garcés, que los y las jóvenes construyen un nos-otros en el cual
“crean ritualidades que marcan el espacio y el tiempo de su cotidianidad, y por
tanto producen una resignificación de la vida individual y colectiva que incide en
los diversos procesos de identificación juvenil” (Garcés, 2005:122) y por medio de
esto se convierten en una medida de lo que cambia, a la vez que lo van cambiando y
por tanto, muestran y construyen futuros posibles. A este proceso de reproducción
sociocultural en el cual las generaciones antiguas parecen ceder su lugar de
producción cultural y hegemonía en la previsión de futuro a las generaciones
más jóvenes, M. Mead lo denomina “cultura prefigurativa, en tanto “los jóvenes
adquieren y asumen una nueva autoridad mediante su captación prefigurativa del
futuro aún desconocido” (M. Mead, 1970,35, citada por Reguillo, 2000:63).
95
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
La juventud en tanto signo, habla, y en la construcción de sus significaciones se
debate entre los discursos de dominación y los discursos de resistencia los primeros
impulsados desde las mencionadas instituciones de socialización y los discursos de
mercado por medio de su aparato publicitario, y los segundos desde sus movimientos
y expresiones estético políticas que han sido identificadas como de carácter
underground o contracultural, (observación no siempre precisa y a menudo peyorativa
de sus prácticas. Al respecto véase: Garcés, A. La juventud-signo. Entre los discursos
publicitarios y los discursos de resistencia juvenil. UNIrevista - Vol. 1, N° 3: 3 julio
de 2006). Ya hemos visto como la industria cultural ha sabido sacar provecho de esta
tensión, implementando formas de mediación apropiación y reciclaje de las prácticas
juveniles, amplificando el lugar de la juventud como un signo de las transformaciones
culturales, pero obteniendo ganancias en este ejercicio.
Desde el ámbito académico, los esquemas de significación y los configuraciones
sociales mediante las cuales la juventud se hace signo, han sido caracterizadas y
categorizadas en una profusión de términos que a menudo se presta a confusión; de
acuerdo con Reguillo (2000), el “grupo”, el “colectivo”, el “movimiento juvenil” y
las “identidades juveniles” son los conceptos más usados para identificar los modos
de agregación, así como “agregaciones juveniles”, “adscripciones identitarias” y
“culturas juveniles” son los conceptos privilegiados por el observador externo o
investigador, ya que, en consecuencia con esta mirada, no existe en la juventud y
sus prácticas unas pautas de ordenamiento definidas. Esta última, la de “culturas
juveniles”, se propone como la noción más pertinente como marco para las
identificaciones del signo cultural juvenil.
Vale decir que la mirada de la juventud como un signo cultural implica una valoración
especial de su dimensión expresiva, de sus prácticas y formas de agregación y
socialización, ya que es en estas donde se puede “leer” no sólo lo que acontece
sino las transformaciones posibles; en palabras de Reguillo: “la dimensión expresiva
de las culturas juveniles no se reduce al comportamiento más o menos alocado de
unos “no-niños, no-adultos”, en sus prácticas y lecturas del mundo radican pistas
clave para descifrar las posibles configuraciones que asuma la sociedad”(Reguillo,
2000: 62).
Es interesante notar cómo esta mirada en el ámbito de las representaciones
sociales, está relacionada con la percepción de lo juvenil como ideal de vida, como
modelo de belleza, como símil de fuerza, como la portadora de los ideales y valores
estéticos, culturales y sociales adecuados o deseables que generan la tendencia a
la juvenilización de la cual hemos hablado. Es decir, la juventud se convierte en un
mito a seguir, a emular, a temer y a tratar de descifrar, pues parece poseer las claves
de lo que vendrá a la vez que su estilo de vida garantiza el aprovechamiento al
máximo de la experiencia vital.
	 Actor Social
La mirada de la juventud como actor social tiene su origen en los discursos e
intervenciones sociológicas en los fenómenos de organización social de base y
96
posteriormente en los conflictos armados en Latinoamérica, pero su antecedente
más primigenio es la discusión en las ciencias sociales entre las teorías del sujeto y
las teorías del agente (agency) de la cual proviene la noción de actor social utilizada
entre otros por A. Touraine, pero en la cual se critica la idea de los sujetos y los
grupos como entidades sujetas a las macroestructuras sin mayor capacidad de
movilización.
La teoría del actor social se propone como un avance, ya que en esta, los actores
sociales “disponen de cierto grado de autonomía, lo que a su vez implica una
identidad. Por lo tanto, el actor social se define ciertamente por su posición en
la estructura social (o “espacio social”, como diría Bourdieu); participa de las
normas, reglas y funciones de los procesos sociales; toma parte en los dramas de la
historia, así como también en la producción y dirección de la sociedad” (Gimenez.
En: http://www.paginasprodigy.com/peimber/actor.htm). Entonces, un actor social
es una persona, grupo u organización colectiva que interviene de manera activa e
intencionada en los procesos sociales, políticos, culturales y de desarrollo de su
comunidad.
Si bien alrededor de esta noción se pretende aglutinar todas las características de
la población juvenil en tanto sujetos (su aspecto cultural, expresivo, emocional,
político) en nuestros contextos, se hace énfasis en la juventud como actor social
como una estrategia para la visibilización positiva, la reivindicación de sus derechos
y la inserción en las dinámicas de participación social y económica girando en torno
a las dualidades actor social organizado-independiente, productivo-improductivo y
positivo-negativo (o legal-ilegal) desde las cuales se le caracteriza e interviene; sin
embargo la intencionalidad estratégico económica ha generado un reduccionismo en
esta mirada al limitarla sólo a los aspectos socioeconómicos, es decir, la participación
política y el acceso a los sistemas de trabajo, empleo y emprendimiento económico
y privilegiando la percepción del actor social como colectivo organizado, adscrito a
la institucionalidad pública y afecto a los discursos oficiales.
En el Plan Estratégico de Juventudes Medellín 2003- 2013, los y las jóvenes son
concebidos-as como “Actores sociales, que imbricados en dinámicas de conflicto,
confrontación, reconocimientos y resistencias, se reconocen con una identidad
propia, cuestionan su interioridad y buscan asumir una posición diferente consigo
mismos y frente a los otros” (Alcaldía de Medellín, Plan Estratégico de juventudes
2003-2013), enunciación que nos permite identificar cómo la noción del “actor
social” obra como una mirada sobre la juventud, ya que en esta se parte de un ideal,
una condición de posibilidad o una intencionalidad política más que de una realidad,
pues no todos los y las jóvenes hacen parte de dinámicas de conflicto, tienen
reconocimiento de su identidad y adoptan actitudes y posturas de cuestionamiento.
Es decir, se confunde la noción de actor social con el reconocimiento explícito,
individual y colectivo de esta condición y la lectura sociológica de las acciones de
un conglomerado como actuaciones más o menos conscientes sobre su entorno,
lo cual implica avanzar en la identificación de niveles y tipos al interior de un actor
social individual o colectivo.
97
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
	 Representación Social
Las representaciones sociales son formas de conocimiento o ideación construidas
socialmente, que no pueden explicarse como fenómenos de la vida individual (E.
Durkheim, 1898). Moscovici plantea que las representaciones sociales no son sólo
productos mentales, sino que son construcciones simbólicas que se crean y recrean
en el curso de las interacciones sociales. Se definen como maneras específicas de
entender y comunicar la realidad y determinan las relaciones entre sujetos, a la
vez que son determinadas por estos a través de sus interacciones. En términos de
Moscovici: “Las representaciones son un conjunto de conceptos, declaraciones y
explicaciones originadas en la vida cotidiana, en el curso de las comunicaciones
interindividuales. Equivalen en nuestra sociedad, a los mitos y sistemas de
creencias de las sociedades tradicionales; puede incluso afirmarse que son la versión
contemporánea del sentido común” (Moscovici, 1.981: 181).
En consecuencia, las representaciones sociales se emparentan con otras nociones
como las de “imaginario social”, “construcción cultural”, “estereotipos sociales” y
“prejuicios” en tanto todas son formas- saber en las que “toda sociedad construye
de manera especifica la realidad que experimenta, en aras de apropiársela para
afrontarla, dominarla o acomodarse a ella” (Navarro et al, 2007:2).
Las representaciones sociales están constituidas por elementos simbólicos, y en
este sentido, no sólo son formas de adquirir y reproducir el conocimiento, sino
que además dotan de sentido la realidad social y son por demás, una herramienta
teórico metodológica para el análisis de la misma. Su poder estriba en que compiten
con los saberes disciplinares en importancia como fundamento y argumentación
desde el cual el mundo adulto institucional se relaciona e interviene la población
juvenil y en esa medida produce y determina la condición juvenil.
En un sentido amplio de la noción de representación social, se pueden plantear
tres grandes fuentes de las representaciones sociales sobre la juventud. En primer
lugar, se encuentran las que tradicionalmente se entienden como representaciones
sociales, que son aquellos imaginarios y discursos sociales sobre la juventud,
palabras e ideas generadas por el común de la gente y amplificadas por las instancias
de socialización, los medios de comunicación, la publicidad, etc. En segundo
lugar, los discursos disciplinares, técnicos y políticos que establecen y difunden
definiciones de la condición de juventud, partiendo de un supuesto saber basado
en el método científico (mediciones, encuestas, observaciones, teorizaciones,
etc) que introducen en el saber social terminologías y valoraciones. Finalmente,
las autoconstrucciones y significaciones propias que surgen de las prácticas de la
misma población juvenil, la convierten en una fuente representacional en sí misma
y para sí misma. Sin embargo, el sentido común, el saber popular, termina primando
sobre las investigaciones y estudios, incluso, los reinterpretan de manera que les
sean útiles a la hora de otorgar un lugar y una comprensión a la población joven.
En nuestro contexto, hacen carrera una serie de representaciones sociales sobre la
juventud, cuyo trasfondo da cuenta de una ambigüedad en la mirada social sobre la
juventud, ya que puede oscilar desde las representaciones como población peligrosa
98
o en peligro, (que puede hacer o hace daño a la sociedad o que pone en riesgo a la
sociedad al hacerse daño a sí misma sobretodo por la vía de las drogas, las prácticas
sexuales inseguras y las violencias), pasando por población consumidora o de
consumo, (que dedica gran parte de su tiempo y sus recursos al uso del tiempo libre
ligado a la industria cultural musical y del entretenimiento, la moda y las tecnologías,
o que puede ser consumida corporalmente, por la vía del acceso sexual legal o ilegal
o del trabajo legal o ilegal), perdida o inadaptada (que se encuentra confundida o en
crisis, sin claridad sobre su futuro y el potencial que posee o que no logra adaptarse
a las prácticas tradicionales o a los ordenamientos sociales hegemónicos, los cuales
son leídos por el mundo adulto como adecuados e inamovibles), hasta población
constructora de futuro, ideal de vida y modelo de humanidad (que encarna los
ideales de belleza, alegría, disfrute de la vida y la función de salvar el mundo a través
de las transformaciones sociales y por qué no, del derrumbamiento de la hegemonía
adulta y su estructura social). Esta ambigüedad en las representaciones sobre la
juventud da cuenta de las positividades y negatividades existentes al interior de
la condición juvenil, pero también del intento del mundo adulto institucional por
comprender y controlar a esta franja poblacional.
En un reciente estudio sobre juventud (Juventud e integración suramericana:
diálogos para la construcción de una democracia regional. IBOPE, 2009, Brasil),
realizado en seis países del cono sur (Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Chile y
Argentina), se pudo identificar alrededor de mil palabras, en catorce mil adultos
y jóvenes encuestados, que dan cuenta de las significaciones e imágenes sobre la
juventud. Estas palabras o enunciaciones se agruparon en relatos que van desde
el planteamiento de la juventud no necesariamente ligada a un sujeto que la
encarne, pasando por la juventud como una etapa de la vida (que puede ser bonita,
la más hermosa de todas, que se fue y no volverá o que conlleva añoranzas de
experiencias afectivas ligadas a la etapa juvenil como la alegría o la felicidad o a
las características y posibilidades asociadas al cuerpo joven como la salud, el vigor
o la belleza), un conjunto de vivencias positivas que se mueven en el plano de la
afectividad y la sociabilidad (por ejemplo el amor, el compañerismo, salir con los
amigos), las particularidades de la juventud como condición social que diferencia de
la adultez y la niñez y asociadas a la idea más extendida del uso que la juventud da
al tiempo libre, asociado a libertad, menos obligaciones, soltería, fiesta, diversión
etc; igualmente surgieron relatos que asocian a la juventud con trabajo y sacrificio,
nociones asociadas a la idea de la juventud como madurez y criterio, que se
contraponen a otras que la asociaron con incompletad e inmadurez.
Otros relatos asocian la juventud con una función mesiánica en tanto representan la
esperanza y el porvenir, a través de la lucha, la rebeldía y el sueño, o la creatividad,
las ideas nuevas y la tecnología. Otro grupo de enunciaciones hacen referencia
a las ideas negativas sobre la juventud que incluyen disposiciones psicológicas
como la impulsividad, el individualismo o la insolencia, o comportamentales como
la flojera o el desorden. Otra serie de palabras implican juicios morales al asociar
juventud con sexo, violencia y drogas, con libertinaje, degeneración, depresión o
desorientación, así como maldad, caos y destrucción, poniendo el acento en la
relación entre juventud y orden social (Estudio juventudes sudamericanas, IBASE
99
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
y POLIS, 2009. En: Segovia, D, Dávila, O, et al. Sociedades sudamericanas: lo que
dicen jóvenes y adultos sobre las juventudes. IBASE, POLIS, CIDPA, 2009, Chile).
La posibilidad de construir relatos con palabras asociadas a un “deber ser” de la
juventud como un periodo de preparación para el futuro y el desligamiento de la
noción de juventud de un sujeto y un tiempo particulares, recalca la condición
ambivalente de las representaciones sociales sobre la juventud en Latinoamérica:
Juventud puede ser recuerdo de lo que uno mismo fue o de lo que era ser joven
en otro tiempo; puede ser anticipo de lo que vendrá y puede, por cierto, referirse
a los jóvenes actuales. Cuando el caso es este último, los significados se vuelven
ambivalentes. Aparecen palabras positivas y negativas, visiones apologéticas y
apocalípticas que expresan el choque de imágenes que produce la juventud (Segovia,
D, Dávila, O, et al. 2009:113).
La juventud como representación social implica entonces no sólo la lectura que la
sociedad hace de esta condición sino que se convierte a su vez en un referente de
vida, en un discurso que representa y guía, tanto a jóvenes como a adultos en su
comportamiento social.
	 Producción Biopolítica
La biopolítica es un concepto del teórico Francés Michel Foucault que está enmarcado
en el análisis de las relaciones de poder mediante las cuales se han generado los
diferentes constructos u ordenamientos sociales a lo largo de la historia. Este hace
referencia a los dispositivos o mecanismos mediante los cuales opera un poder
sobre la administración o regulación de los procesos vitales y sociales. En términos
más sencillos, la vida de los seres humanos ha estado siempre determinada por
los discursos y las acciones de las instituciones o entes a los cuales el mismo
ser humano ha concedido poder (religión, ciencia, política, gobierno, mercado
y la sociedad misma). La biopolítica es aquello “que hace entrar a la vida y sus
mecanismos en el dominio de los cálculos explícitos y convierte el poder-saber
en un agente de transformación de la vida humana” (Foucault, 1995:173). Esos
discursos y sus efectos en lo social, nos moldean y regulan y a menudo, adoptamos
posturas de resistencia individual o colectiva frente a ellos, reconfigurándolos pero
nunca negándolos, como en el caso de la condición juvenil:
Esta condición puede entenderse como una producción biopolítica en la medida en
que la construcción de un cuerpo juvenil implica la naturalización de la condición
juvenil en cuyo proceso se comprometen tres factores principalmente: a) la asociación
entre edad biológica y edad sociocultural; b) la incorporación de representaciones y
prácticas consideradas inherentes a una condición juvenil; y c) la adaptación a los
procesos político-económicos, especialmente los relacionados con las demandas del
sistema socio-productivo (Quintero, 2005:96).
Alvarado, apoyándose en Serrano enfatiza esta mirada al plantear el adultocentrismo
y el tiempo panóptico, entendidos el primero como “la hegemonía de la interpretación
del mundo desde la postura del sujeto adulto/masculino/occidental”(Alvarado,
100
2006:96), que opera como un dispositivo de control social, y el segundo, como la
intención de la sociedad (disciplinar) de regular y caracterizar los tiempos de vida de
las poblaciones. En la juventud en particular, este tiempo de observancia se traduce
en un momento de tránsito, de no-ser adulto y de moratoria social, es decir, de
desresponsabilización de lo adulto, pero que se “responsabiliza” del uso y consumo
del tiempo libre. Así, “existen ciertas tecnologías de normalización, que bien sea
desde la óptica del consumo o del poder, terminan por significar “la juventud como
una tecnología desarrollada en la modernidad capitalista para fomentar, mediante el
control de sujetos de la producción y el consumo” (Serrano, 2002:14 en Alvarado,
2006:96).
La mirada biopolítica implica comprender que históricamente, desde las diferentes
formas de gobierno, se han generado mecanismos explícitos e implícitos, violentos
o sugestivos de control, segmentación distribución y regulación de la población,
que incluyen no solo los diferentes ordenamientos discursivos del ámbito político
y religioso, sino también la producción de saber en torno a los sujetos (que es por
demás, segmentada también, tal cual vimos en las disciplinas sociales). Igualmente,
el mercado, a través de la publicidad y su sistema de vinculación por vía del
endeudamiento, y la industria cultural y del entretenimiento, se constituyen en
medios de regulación poblacional, cuyo fin es ajustar las dinámicas vitales a los
ciclos de producción y consumo, dictaminando o influenciando y distribuyendo los
roles sociales, las relaciones de poder y en fin, las producciones subjetivas.
Desde esta mirada entonces, la juventud (la población, el saber sobre ella y su
idealización discursiva) es una estrategia de regulación poblacional, donde incluso,
hasta las acciones de resistencia de todo tipo, realizadas por este sector, están
impulsados por algunos sectores del poder que instrumentalizan a la juventud o
bien, refuerzan a manera de comprobación del discurso, la idea de la necesidad de
constreñir, dirigir a la juventud, ya sea a través de estrategias de orden disciplinar,
físico, de regulación de los cuerpos, es decir, la cárcel, el control policial, ya sea a
partir de estrategias de control social discursivo, incluida la seducción y asimilación
de las prácticas de la población juvenil.
La mirada biopolítica, no es entonces una intencionalidad conciente de algún sector
social, sino una abstracción teórica explicativa que subsume a las anteriores miradas
y da cuenta de la interrelación de todos sus discursos y la dinámica subyacente
en ellos: unos discursos operantes a través de diferentes mecanismos sociales,
políticos, económicos, culturales, académicos, por medio de los cuales se produce
una idea de juventud, unos cuerpos juveniles y unas regulaciones sobre ellos.
Estos discursos, soportados y difundidos actualmente a través de los nuevos
medios de comunicación y las diferentes implementaciones de planes, programas
proyectos y escenarios de participación y expresión juvenil, se convierten en un
gran ojo y una voz, que direcciona e influencia el comportamiento juvenil buscando
su compartimentación y su normalización. La estrategia actual es el aplanamiento
de las diferencias sin negar su existencia, en un juego perverso de palabras en el que
101
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
la diversidad se enuncia pero se busca su unidad. Una forma perversa de la igualdad
en la diversidad, “de manera que los discursos producidos sobre la juventud y
los dispositivos políticos implementados a partir de dichos nombramientos se
constituyen en un mecanismo que naturaliza y homogeneiza un modo histórico
específico de experimentar lo juvenil” (Quintero, 2005:96).
102
103
Y cuando algún mamelfo de los más chicos decía: “¿Y si probamos? ¿Y si buscamos? ¿Y
si tratamos de encontrar de nuevo esos fulgores, esos brillos, ese sol?”. Cuando algún
mamelfo de los más chicos decía eso siempre había otro mamelfo, que caminaba muy
pesadamente, que se movía con mucha lentitud, que casi no podía avanzar ni esto por el
peso de todo lo que tenía pegado encima, que invariablemente contestaba: “Pero no, esos
son cuentos. El mundo que conocemos es así y no puede ser de otra manera. Las cosas son
como son”.
Adela Basch. Blunquimelfa. 1998
CAPITULO 3
PRÁCTICAS JUVENILES Y
FENÓMENOS EMERGENTES COMO VÍAS
DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL
Joven DJ. Taller de Hip Hop Comuna 16, Medellín. 2010.
104
Al igual que con los procesos de globalización, los avances y descubrimientos
tecnocientíficos y tecnocomunicacionales y su aplicación y visibilidad en la vida
cotidiana, las sociedades se sorprenden, se intimidan y se escandalizan, con los
cambios en las formas de ser de los y las jóvenes a lo largo de toda Latinoamérica
y el mundo; sus gustos, sus actividades, las músicas que escuchan y sus formas
de danzar, los deportes que practican, la forma de vestir y ataviar su cuerpo, sus
lenguajes y gestualidades y sus dinámicas grupales, sus maneras de estar, no sólo
en el tiempo libre sino en todos los espacios de su vida, a menudo perturban al
mundo adulto.
Acaso, esto no sea novedoso, pues como hemos dicho antes, entre la transformación
social que desde su aparición en el mundo moderno occidental ha generado
la juventud y la tendencia del mundo adulto institucional a conservar el orden
tradicional, se ha mantenido una constante pugna, una brecha que causa estupor,
enojo y desesperanza a ambos lados, pero también, la tranquilidad que genera la
certeza de la existencia de una estructura social que soporte a las generaciones
nuevas y mantenga la posibilidad de un futuro, permite nuevamente acercar, saltar
o eliminar momentáneamente esta brecha para el logro del avance social. Ello no
significa necesariamente que la juventud sea la única encargada del cambio social, ya
que si se adopta esta perspectiva generacional como única hipótesis de cambio, se
pone a la juventud del lado creativo y a la adultez del lado conservador, idealizando
a la primera y satanizando a la segunda.
Ligado a lo anterior, surge el interrogante de si lo novedoso del accionar juvenil
es simplemente producto de la oferta del mundo adulto institucional, hipótesis
que ya hemos cuestionado en apartados anteriores (véase la autoproducción) y
en la cual se plantea que la juventud reacciona y reproduce las transformaciones
operadas por el contexto, es decir, que sus estéticas, sus formas de hablar y en
general su rol social siguen siendo totalmente dictaminados por las instancias de
socialización y por tanto no son más que la visibilidad de las tendencias del mundo
contemporáneo, aquello que en términos generales se ha denominado la cultura
postmoderna, que es holística, hedonista, mutante, individualista, veloz, narrativa,
consumible, sexualmente diversa, obsolescente, visual y relativa, que establece una
actitud de cuestionamiento al pasado y al futuro, valora la imagen sobre la palabra
y genera procesos tanto de homogenización como de diversificación, análisis de
la contemporaneidad que como hemos dicho, no siempre aplica para nuestras
realidades latinoamericanas.
Siguiendo esta misma línea de pensamiento, sería posible establecer algunas
características generales de la juventud actual en relación con las tendencias del
nuevo milenio. Una de ellas, muy mencionada a lo largo de este texto, es la tensión
entre la idealización y la invisibilización de su condición, ligada a la objetivación
corporal y la adscripción adaptativa13
que se les propone bajo las premisas “sé
feliz, vive al máximo, consume”. En segundo lugar, la expansión – contracción de la
13	 La adscripción adaptativa es el comportamiento juvenil que busca incluirse en el sistema, sin re-
chazarlo y buscando obtener beneficios de él. Esta noción la ampliaremos en la reflexión sobre las
transformaciones de la experiencia subjetiva.
105
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
moratoria social, que se traduce en más tiempo para ser joven pero menos tiempo
para disfrutarlo. En tercer lugar, la disminución de la edad de ingreso que genera una
especie de juvenilismo infantil, un desarrollo precoz y en consecuencia un aumento
en el bono demográfico, fenómeno que sin embargo, parece estar disminuyendo
en América Latina. Otra característica es la deconstrucción cultural, consistente
en la modificación de tradiciones o el replanteamiento de los valores existentes,
el surgimiento de ciudadanías móviles o desterritorializadas, es decir, no ligadas
a un territorio o cultura particular, lo cual también es leído como tribalismos,
neoguetos o comunidades virtuales principalmente compuestas por jóvenes. En
estrecha relación con esta característica anterior, se plantea la tendencia en la
población juvenil hacia una transculturalidad y mundialidad que implica la mezcla,
la hibridación de culturas y el sincretismo cultural, y una percepción planetaria
de la cultura o globalismo pero con aplicación local, característica que ha sido
denominada por algunos como glo-calidad.
Finalmente, se proponen una serie de características en torno a la condición
subjetiva, como el indivualismo – colectivismo que consiste en que todos y todas las
jóvenes parecieran estar aparte haciendo lo mismo, sin vínculos obligantes, a través
de relaciones telemediadas el uso de NTDIC’s y el pantallismo, la preeminencia
de una cultura visual digital, en donde la imagen, y en particular la imagen en
movimiento es el principal soporte de lectura e información, y el virtualismo y en
general el uso cotidiano de tecnología como fuente por excelencia de la constitución
como sujeto, y, la fragmentación y pragmatismo, que da cuenta de la existencia de
discursos y posturas éticas cambiantes, de un paso de la ética a la estética como
valor predominante..
Creemos sin embargo, que cada vez más la juventud participa, individual y
colectivamente, no sólo en la construcción del contexto social y sus ofertas sino en
la generación de prácticas alternativas, resignificantes y re-creativas del mismo, que
no sólo hace uso de las nuevas tecnologías aplicadas por ejemplo a los juegos de
video, sino que cada vez son más jóvenes las personas que los diseñan y que incluso
ordenan su producción, adoptando posturas más proactivas y protagonistas en la
transformación sociocultural, ya que son las generaciones nuevas las que portan
la sensibilidad y la disposición para apropiarse, corporizar y crear nuevos mundos,
como los que surgen por vía de la música, las estéticas y las prácticas deportivas,
y tal vez sea esto lo que permite hablar de prácticas y fenómenos emergentes
en la juventud contemporánea, entendiendo que éstas no implican por tanto, el
rompimiento total con los hábitos y las ofertas tradicionales, sino un aumento, una
explosión constante de haceres y sentires.
Con relación a la diferenciación entre los fenómenos juveniles y las problemáticas
de la juventud, en nuestros contextos hace carrera la certeza de la existencia de tres
grandes problemáticas de la juventud: el manejo inadecuado de su sexualidad, la
relación y uso de la violencia y el consumo abusivo de sustancias psicoactivas. Es
tal el poder de estas ideas, que muchos programas y estrategias de intervención se
diseñan bajo este supuesto, sin preguntarse el transfondo de ellas y partiendo de
diagnósticos parciales de índole sociodemográfica y epidemiológica. No queremos
negar su veracidad, es indudable que existen altos niveles de embarazos no
106
planeados, no deseados y a temprana edad en nuestros contextos, así como gran
cantidad de jóvenes vinculados a grupos armados o a procesos violentos y que
hacen uso inadecuado de todo tipo de sustancias psicoactivas, pero creemos que
existen allí algunas dificultades en la comprensión de lo que implica caracterizar una
situación como problemática juvenil. El término fenómeno (del griego phaenomena:
apariencia) hace referencia a aquello que aparece sin necesidad de determinar su
condición negativa o positiva, a pesar de su carácter sorprendente.
Es necesario reflexionar cómo alrededor del discurso de las problemáticas juveniles
ha surgido, acaso como consecuencia de la lógica de los saberes-poder operantes en
las instituciones del mundo adulto, en primera instancia, una generalización en la
cual se piensa la parte por el todo, en segundo lugar, una estigmatización que lleva
a endilgar y centralizar los problemas en la población juvenil y en tercer lugar, una
confusión del síntoma con la causa, es decir del fenómeno subyacente, con la posible
problemática subsecuente; la no diferenciación entre lo que es una problemática y
lo que es un fenómeno. Se podría decir que los verdaderos problemas a los cuales
se enfrenta la población juvenil son el ser usados-as para la guerra, ser asesinados-
as o tener la vida en riesgo, tener que delinquir para sobrevivir, no tener dinero,
no tener acceso gratis a servicios u ofertas de la ciudad (o ser muy restringido),
no poder estudiar, aburrirse estudiando o ser costoso, no tener trabajo o empleo
significativo y justo, tener una oferta institucional gubernamental inadecuada o
limitada y, finalmente, no ser escuchados-as ni respetados-as en su diferencia.
Igualmente, la noción de emergencia puede ser vista desde dos perspectivas
o significados en relación con lo juvenil: uno en el que el término hace alusión
al surgimiento, la llegada, la aparición de prácticas juveniles que trascienden los
discursos de la modernidad y la configuración social de posguerra, en la que incluso
ocurren sucesivas emergencias generacionales, dada la brevedad de las generaciones
como característica contemporánea. Otro significado hace referencia a una condición
emergente, es decir, de apariciones momentáneas, visibilizaciones en los escenarios
de debate social, ya sea a partir de acciones violentas, de confrontación al orden, de
resignificación, o bien a partir de movilizaciones de afirmación del mismo, ambas de
carácter tanto individual como colectivo, pues en la lógica de la homogenización, la
acción de un-una joven puede ser interpretada como de toda la juventud.
Ya en el año 2000, Rosana Reguillo titulaba uno de sus textos como “Emergencia
de culturas juveniles. Estrategias del desencanto”, haciendo alusión al surgimiento
de prácticas y comportamientos juveniles que se proponen como alternativas a la
desesperanza generalizada por causa de los efectos de una globalización económica
desigual en Latinoamérica. En este texto, describe y analiza algunas prácticas y
culturas como los punks, los taggers, los raztecas (rastas) y los raves (tecnos), a
partir de los cuales propone variaciones características de la condición juvenil de fin
de siglo, como son la posesión de una conciencia planetaria, la priorización de la
vida cotidiana como trinchera para impulsar la transformación social, el respeto por
el individuo, la selección cuidadosa de las causas sociales a apoyar y el rompimiento
del barrio como epicentro del mundo y de sus prácticas (Reguillo, 2000). A este
análisis a la luz de hoy habría que plantearle por un lado, la pregunta por qué tanto
las prácticas juveniles contemporáneas son la consecuencia de un desencanto,
107
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
o son también producto de las transformaciones socioculturales a partir de las
posibilidades contextuales, en particular las tecnocomunicacionales y culturales,
pues ese primer análisis se nos antoja un tanto pesimista y reactivo.
De otro lado, preferimos la noción de “prácticas” a la de “culturas”, ya que estas
últimas implican acaso toda una construcción que supone procesos de adscripción,
pertenencia, rituales etc, que no siempre son identificables en el accionar juvenil;
aunque podrían estar indicando el surgimiento de una nueva cultura, inicialmente
son acciones, gestos, posturas, actividades creativas, espontáneas, lúdicas, difusas,
y sin un sentido explícito, que se dan en el anonimato o en la relación de pares y
grupos, como introducir un paso de baile, proponer una palabra nueva o un sentido
codificado a otra ya existente, combinar estilos de vestuario o agregar algún tipo de
accesorio nuevo o viejo a una moda, decorar los celulares con dibujos hechos con
esmalte para uñas, diseñar un nuevo estilo de Tagg (firma en la cultura Hip Hop),
reproducir en sus cuadernos hasta el cansancio las imágenes de los personajes
manga, para luego inventar los propios, construir speakers con los bafles para
celulares, incorporando una USB integrada, para reproducir música en formato mp3
y poderla escuchar en grupo mientras se camina por las calles, práctica que recrea
la antigua versión de la grabadora, adherir stickers a los pc portátiles o redecorarlos
con sus propias imágenes, (práctica que llevó a las empresas a salir de la monocromía
de sus productos y ofrecer una “línea juvenil”), y en fin, hacer uso de la posibilidad
creativa que surge ante la ausencia de recursos para adquirir ciertos objetos, la
necesidad de marcar, diferenciar o establecer apropiaciones de objetos y espacios,
que podría derivar en el surgimiento de una nueva cultura o en la transformación de
las prácticas al interior de una de ellas.
En últimas, estamos hablando acá de la forma en que surge en la cotidianidad aquello
que hemos llamado autoproducción, posibilidad que ha sido identificada por el
mercado y los medios tecnológicos que intentan también controlarla y adelantarse
al deseo de los sujetos, por lo cual sus productos, aunque homogéneos, ofrecen la
opción de “personalizar”,o “customizar” (del inglés: customer: cliente, comprador),
servicio en el cual el cliente participa activamente en el resultado final de aquello
que va a consumir, desde una hamburguesa hasta la cuenta en un foro virtual,
opciones que a menudo son rechazadas por la juventud en favor de sus propias
invenciones. Lo interesante es notar qué prácticas novedosas o qué emergencias se
están gestando en el mundo de la vida juvenil y cómo éstas pueden dar cuenta de
transformaciones y fenómenos socioculturales que por ahora, se podrían nombrar
como juveniles, pero que a la postre, con el avance de las generaciones, se podrían
convertir en características generales del orden social.
Se trata entonces de la aparición de prácticas juveniles novedosas y la resignificación
de prácticas tradicionales como signo de fenómenos emergentes o transformaciones
sociales. Así, las prácticas serían el comportamiento visible, la materialización de
transformaciones individuales o colectivas, de tendencias sociales. Habría que
dar cuenta primero de qué prácticas están surgiendo o cambiando para luego leer
en ellas la existencia de fenómenos sociales presentes con mayor intensidad en
la juventud o que son causados por esta y que a futuro podrían convertirse en
cambios evidentes del orden social establecido.
108
Aparecen en las últimas décadas, tendencias y prácticas en el ámbito de la música,
los bailes, los deportes, las tecnologías y las formas de agregación entre otras, que
pueden poseer tanta fuerza o visibilidad como para considerarse culturas y cuya
comprensión no debe reducirse a la descripción básica que haremos, ni a una visión
estática, pues siempre están en movimiento e incluso en fusión entre ellas mismas,
en tanto una característica contemporánea es la tensión entre el afianzamiento
cultural y la interculturalidad. Estas surgen en general de la fusión entre elementos
ideológicos, históricos, tecnológicos y sociales, a la vez que parece haber un
cambio de la concepción como tribus urbanas con fuertes marcajes identitarios a la
apropiación temporal, simultánea o relativa de la vinculación a ellas. Es importante
señalar que muchas de estas prácticas no nacen en el contexto latinoamericano,
pero que su implementación local por parte de la juventud adquiere matices,
cambios contextuales que representarían niveles de apropiación, hibridación y
resignificación de los que hablaremos más adelante.
En la música, los Emo y los screamo, que son estilos musicales provenientes del
hard core punk y del rock alternativo, acompañados de posturas filosóficas y
estéticas, estigmatizadas por su carácter aparentemente depresivo y suicida, pero
que se centran en la expresión genuina de las emociones y en el existencialismo,
con una alta preocupación por la apariencia y la imagen física que en cierta medida
contradice los lineamientos de la estética imperante, (el cabello, el uso de los
colores, cierto transformismo y androginia) y una actitud que cuestiona la inhibición
de las emociones negativas, la separación de los roles masculinos y femeninos y las
relaciones amorosas idealistas; El gothic rock y el gothic metal, también denominados
dark, post punk o música oscura, son considerados subgéneros del rock y el heavy
metal, provenientes del constante proceso de fusiones, que ha vivido el rock desde
los años 70’s e incluso desde su origen. Su música y su estética se caracteriza
por una mezcla entre lo tanático y lo romántico, inspirado por la ficción de la
mitología medieval europea que incluye lo depresivo, lo apasionado e intenso y lo
melodramático. El amor, la muerte y la oscuridad, así como la existencia de mundos
fantásticos tenebrosos, son sus principales temáticas. Su actitud es introspectiva y
su vestuario es oscuro, con mezclas de metal, cuero y materiales sintéticos. Serían
algo así como los Emos del rock.
De otro lado, el hip hop, más difundido en nuestros contextos latinoamericanos,
incluye los denominados cuatro elementos: Mc o rapper, el DJ o conductor de la
consola, el breakdancing (bboying o baile) y el graffiti, es decir, canto, música, baile
y escritura que se complementa con una imagen y una actitud de reivindicación
social, por provenir de grupos y contextos sociales más bajos o excluidos y poseer
una estructura estética que no demanda formación musical clásica y permite la
expresión libre, cuestionando (sin proponérselo) los moldes cultos de la música; El
hip hop ha tenido inicialmente dos vertientes: una tendencia hacia el hedonismo y
la vida lujosa y otra, de mayor eco en Latinoamérica de denuncia y reivindicación
social que ha vivido fusiones con otros ritmos y tendencias y ha aumentado su
aceptación social.
El reggaeton y el dembow, una mezcla del reggae, el hip hop y los ritmos caribeños,
originario de Panamá, Puerto Rico y Jamaica, también compuesto de un estilo
109
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
musical, un baile (el perreo), una estética y una filosofía que exalta el machismo, el
sexo y la vida lujosa y festiva, aunque en sus inicios, al igual que el hip hop era de
denuncia social. Existen otras tendencias de menor reconocimiento, con procesos de
hibridación retro o neo, o de gustos musicales y posturas políticas o filosóficas como
en el caso de los skinhead o cabeza rapada, y los neonazi, asociados inicialmente a
las clases medias de raza blanca y al gusto por el ska, que poseen tanto tendencias
de ultraderecha como de antirracismo (estas prácticas no poseían originalmente una
postura política definida); los krishnacore, fusión entre el hardcore/punk y la cultura
krisna, todos los tipos de techno music o electrónica, como el chill, el dance hall, el
house, el trans, el drum and bass, el progressive, y una infinidad de variaciones que
configuran una estética ligada a los instrumentos electrónicos o sintetizadores y
mixers, el futurismo, el uso de las tecnologías, las fiestas, las discotecas y conciertos
de larga duración como los raves, los after partys, los sound system, el consumo de
drogas sintéticas y en general el consumo y la vida lujosa; destaca también la casi
ausencia de letras y el uso de loops o sonidos programados repetitivos por lo cual
el sentido de esta música se asocia a una pobreza expresiva y a un cierto desinterés
por lo sociopolítico.. Recientemente ha surgido una variación en las formas de baile
asociadas a la electrónica, denominada tektonika, que introduce una actitud más
dinámica en el disfrute de esta música al proponer mayor movimiento y la creación
constante de pasos y figuras, la saca de las discotecas y la aleja de su asociación con
el consumo de sustancias psicoactivas. Es la respuesta de la población más joven
para esta música, que se podría denominar la música de la tecnología y que carga,
como las demás, estigmas sociales, por lo cual hace falta explorarla más.
Una práctica que sirve de ejemplo para mostrar las transformaciones musicales
y la hibridación con estilos de vida urbanos es el stomp, folclor industrial o solle
(versión colombiana), el cual es una forma de hacer música utilizando como
instrumentos objetos producidos industrialmente y deshechados como canecas,
tapas y toda suerte de implementos plásticos o metálicos con los cuales se generan
estructuras rítmicas de corte experimental y contemporáneo, aunque sin rechazar
lo folclórico tradicional. Esta forma de hacer música tiene sus raíces en el jazz y en
las formas percutidas tradicionales así como en otros experimentos sonoros que
buscan crear nuevos instrumentos, liberarse de los parámetros “cultos” y acercarse
a las sonoridades de la ciudad, haciendo metáforas de la vida urbana, sus ritmos
tecnologizados e industrializados, que oscilan entre la monotonía y la variedad, entre
la rapidez y la lentitud, permitiendo construir un lenguaje musical que expresaría lo
juvenil al permitir la vivencia libre de la música, una mayor participación del cuerpo,
su fuerza y su fogosidad y mezclar la expresión musical con otras expresiones y
prácticas contemporáneas como lo audiovisual, el uso de tecnologías y las puestas
en escena. El poder de la música como vehículo de transformación social y de
configuración subjetiva es tal, que es acaso de los pocos elementos del capital
simbólico juvenil que trasciende las edades, a tal punto que pervive hasta cuando
son adultos o puede ser apropiada por jóvenes de diferentes generaciones.
En las prácticas deportivas o actividades físicas de ocio parece darse una
resignificación de los deportes tradicionales, en donde éstos se alejan de la idea de
ser una práctica asociada a la virtud del triunfo y la representación de la identidad
nacional. Hay un surgimiento de nuevas actividades físicas asociadas a los discursos
110
sanitaristas de la salud, al ambientalismo, el cuidado y culto del cuerpo, la premisa
filosófica de la intensidad, el extremismo y la apropiación y uso recreativo de
espacios urbanos. Cada uno de estos deportes viene acompañado de un lenguaje
técnico y de socialización, una estética del vestuario y la imagen y en muchos de
ellos, un estilo de música y una concepción del mundo particular.
Algunas prácticas asociadas a lo ambiental, el disfrute y cuidado de la naturaleza,
también denominados algunos como deportes de aventura y deportes extremos,
son el cannopy que consiste en desplazarse a considerable velocidad a través de
un sistema de cuerdas ubicado a la altura de los árboles, rappel o descenso de
superficies verticales por medio de cuerdas, boungie o bungee jumping, el cual es
un salto al vacío desde lugares elevados como puentes o plataformas, soportado
sólo por una cuerda elástica amarrada a los tobillos, el rafting o descenso de ríos en
balsa y el b.a.s.e. jump (Building, Antenna, Span, Earth), consistente en saltos con
paracaídas desde lugares firmes.
En el caso de los deportes de vehículos como la bicicleta, la moto y los carros,
existen una serie de prácticas deportivas asociadas algunas a los deportes extremos
o de campo abierto y otras a los espacios urbanos, incluyendo también una
diferenciación socioeconómica por el alto costo de los equipos. Entre éstos se
encuentran el downhill o descenso de colina en bicicleta, el bmx Freestyle, gravityy y
flat floor, todos deportes relacionados con la habilidad en el manejo de la bicicleta
en espacios urbanos y en pistas construidas específicamente para ello. En el caso
de los carros, el allterrain o campercross o competencias de obstáculos para carros,
biketrial o pruebas de habilidad para sortear obstáculos naturales o artificiales en
bicicleta y su versión para las motos, el mototrial. Desde la óptica de la apropiación y
resignificación del uso de los espacios urbanos existen algunas prácticas deportivas
ya mencionadas como el flat floor y el base jump, y otras como el Skateboarding, el
wall o escalada de muros artificiales, el ultimate, conocido antes como freesby, el
pogo, versión moderna del canguro. Al igual que con la música, las hibridaciones y
experimentaciones en este campo son innumerables.
Caso especial son las prácticas asociadas al cuidado del cuerpo donde es notoria una
mayor estetización del ejercicio físico como son los centros de acondicionamiento o
gimnasios, que no solo realizan deportes intramurales, en lo privado o de carácter
urbano sino que generan toda un estilo de vida asociado a lo juvenil; los aeróbicos,
el spinnig o aeróbicos en bicicleta fija, el levantamiento de pesas y otros que borran
el límite entre el deporte, el baile y los usos del cuerpo como el pole dance o table
dance, baile de tubo y sus variaciones chair dance y sexy dance. Otro tanto ocurre
con el Porrismo o cheerleading, práctica importada de la cultura de las instituciones
educativas norteamericanas, bastante generalizada en nuestro contexto sin mayor
reflexión y cambio, lo cual también da cuenta de los procesos de influenciamiento
cultural de las prácticas juveniles.
Acaso el deporte que mejor muestra la resignificación del ejercicio físico y los
procesos de hibridación cultural que genera la juventud es el parkour (del francés
parcours: recorrido), o arte del desplazamiento, que sería una especie de versión
contemporánea de las denominadas “seguidillas”; esta práctica consistente en
111
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
desplazarse de manera inédita sobre superficies de la ciudad (también del campo),
sorteando todo tipo de obstáculos como muros altos, vallas, escalones, etc, fusiona
el ejercicio físico y la apropiación del espacio urbano con una filosofía de vida que
implica la autosuperación, el respeto y el apoyo mutuo entre otros, y una concepción
del cuerpo como un elemento a dominar y fortalecer como principal herramienta
para afrontar las vicisitudes de la vida. El parkour resignifica el deporte en tanto
no demanda escenarios deportivos, no requiere de equipamentos especiales y no
propone la competición entre sus practicantes; el reto va dirigido hacia el mismo
individuo. De igual manera, esta práctica confronta la ideologización del espacio
público al hacer un uso diferenciado e irrestrictivo del mismo pero sin violentar a
los demás habitantes.
Dado que muchas de estas prácticas ya poseen el status de deporte, la mayoría
de las veces con equipamentos, membresías, entrenamientos y escenarios
deportivos específicos, lo cual genera inversiones económicas significativas
que alejan a los sectores más pobres de la población juvenil, éstos se inventan
maneras de transformar la práctica deportiva y el ejercicio físico con sus versiones
de deportes, desde los gimnasios populares, los parques acondicionados para
hacer “barritas” (levantamiento de pesas), hasta el descenso por las pendientes
de los barrios en carros de rodillos y el pegarse de los buses en una bicicleta. Es
necesario resaltar la existencia alrededor de estas prácticas de espacios deportivos
también resignificados, que incluyen los escenarios deportivos naturales y aquellos
que se crean artificialmente y de manera fugaz para exhibiciones de carros,
competencias y espectáculos deportivos y espacios diferenciados como gimnasios,
placas polideportivas y pistas para deportes extremos. Vale mencionar también la
realización de Ex-games o juegos extremos y juegos olímpicos juveniles.
En la práctica del estar en grupo y vincularse parece tomar fuerza las sociedades
de interés, aunque con cierto carácter efímero; el club juvenil o la barra del barrio
que se proponían como duraderos, son reemplazados por las iniciativas juveniles,
los grupos transitorios o ligados a temas y gustos que pueden ser cambiados o
compartidos simultáneamente con otros. El grupo no demanda exclusividad. Además
de las dinámicas de sociabilidad, lo que emerge es la infinitud de posibilidades
temáticas y asociativas, que producen un carácter marginal y periférico a algunas de
ellas, dada la dificultad (y a la vez la no necesidad) de visibilizarse. Esto se traduce
en una profusión de grupos y estilos ligados a gustos musicales, estéticos y de uso
de tiempo libre que parece no ser posible de abarcar y comprender ni por los mismos
jóvenes.
Igual que en las anteriores prácticas, esta tendencia incluye su opuesto, en tanto
existen grupos con alta visibilidad y vinculación social, así como con un interés
de permanecer ligados a su práctica eternamente; esto es notorio en los grupos
religiosos y en los fanatismos del fútbol como las barras bravas. La lógica acá parece
ser “será eterno mientras dure”.
Las formas de agregación que más fuerza toman son las asociadas a los medios
tecnológicos o lo que se ha denominado comunidades virtuales; destacan acá los
twitteros o jóvenes que están continuamente enviando mensajes a través de esta
112
plataforma, los bloggers, que son fanáticos de la creación y el seguimiento de blogs
o bitácoras, que son sitios web personalizados, de actualización más o menos
constante (la gran mayoría de ellos son creados y casi abandonados) y que giran en
torno a un tema o interés particular y que permiten mayor interacción con quien los
visita; los posters o jóvenes expertos en subir información a los blogs y los floggers,
una práctica que nace en argentina y que consiste en subir fotos a un blog personal
y hacer y recibir comentarios sobre estas para medir la popularidad, así como la
práctica de agregarse a los foros sociales como facebook, hi5, Sonic, Quepasa, etc,
o poseer un sitio o canal, en estos y otros espacios como msn, myspace, youtube,
entre otros.
Estas prácticas tecnológicas, contrario a lo que se piensa, poseen niveles de uso
más elaborados que el común intercambio de saludos, imágenes, invitaciones y
expresiones del estado de ánimo, así como la aparente conversación banal, lo cual
es una concepción reduccionista y prejuiciosa del lugar y la función que ocupan
estas actividades en la vida de los y las jóvenes. Desde el típico “chateo” (Chat), el
cambio cotidiano de la información del muro o perfil, el envio de mensajes o texteo,
la búsqueda aleatoria de videos, hasta la elaboración de blogs, cuentas, canales
y sitios web, la subida de videos, la participación en foros y la movilización de
campañas ideológicas, la difusión de información política, comercial, académica y
cultural independiente que surge de los amigos y amigas o allegados, se convierten
en una forma poderosa de socialización y vínculo entre la juventud y de esta con
la institucionalidad, se construyen debates sociales, se movilizan sectores de la
juventud y se impulsan corrientes culturales e ideológicas.
La relación entre las prácticas juveniles y la expresión política es motivo de
investigaciones y análisis que oscilan entre identificar posturas apáticas,
individualistas o en el mejor de los casos coptadas por las formas tradicionales y
posturas de resistencia, movilización y mayor participación política de la juventud.
Creemos que ambos extremos son posibles y existen.
Más allá de esto, es posible identificar algunas características sobresalientes en la
relación entre la juventud, la política y lo político. La manera más amplia de concebir
esta relación en la actualidad es desde el surgimiento de procesos y expresiones
juveniles que resignifican el concepto y la práctica política, ampliando su margen de
acción. Esto implica cruces entre lo estético y lo político, o lo político expresado a
través de la estética y una virtualización de la política, es decir, el uso cada vez mayor
de los medios tecnocomunicacionales para la expresión y movilización política.
Esta resignificación genera una tensión entre las juventudes propicias a la
participación a través de los mecanismos oficialmente establecidos y las que
prefieren el rechazo a la institucionalidad tradicional pública, amparados en
discursos ambientales, contestatarios o de transformación social. Esta ampliación
de lo que significa lo político conlleva a nuevas modalidades asociativas, expresivas
y participativas formales y no formales, o sea, ofertadas por el Estado o generadas
de manera autónoma que hacen uso ya no sólo del lenguaje, de los medios y
escenarios oficiales, sino que acuden a todas las formas posibles de expresión cuyo
fin no es únicamente incidir en la toma de decisiones o aspirar a cargos de poder,
113
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
sino manifestar, movilizar la opinión en torno a un tema que en la medida en que se
hace masivo se torna “de interés político”:
Sin duda alguna, mucha de la movida juvenil de hoy se enarbola desde discursos de la
izquierda o del enfrentamiento al poder, critican procesos históricos como el nazismo,
la guerra, la globalización y a ciertos países con nombre y apellido; temas como la
protección del medio ambiente o los derechos humanos, incluso el anarquismo, son
revindicados. Basta ver sus camisetas, sus tatuajes, sus parches; oír sus canciones o
conversar con ellos (Cevallos, 2006: tercer capítulo).
Tal vez como nunca antes, la preocupación por la “polis”, se encuentra por fuera
de los estamentos de la Administración Pública y de los mecanismos oficiales
de participación. Circula en las acciones de los y las jóvenes, articulada a sus
necesidades, sus intereses, sus deseos y sus concepciones del mundo, amparadas
en la intuición de que lo político se puede expresar de cualquier manera y que no
debe estar supeditado a un comportamiento político conciente.
Sin embargo, es relevante en este panorama el papel que cumplen las organizaciones
y movimientos juveniles con conciencia e ideología política visible, la mayoría de
ellos de carácter resistente o crítico ante el sistema. Abundan en Latinoamérica las
redes juveniles, las organizaciones “anti” y los espacios de expresión física y virtual
de ideas políticas, que hacen uso de la música a través de conciertos, los espacios
urbanos públicos y privados a través de murales, stencils, vallas de contrapublicidad,
acciones directas no violentas, pintas; de la red con grupos en facebook, blogs,
portales, emisoras en live stream con contenido independiente así como medios de
prensa virtual críticos e infinidad de textos, audios, videos, flashes y movie clips.
Toda esta dinámica viene acompañada de lo que se ha denominado una estetización
de lo político y de la política; el arte y en general la expresión estética aparece
como el medio más expedito y menos cuestionable de manifestación política, sobre
todo cuando esta va en contravía de los intereses hegemónicos. Las canciones,
los mensajes en las camisetas, en botones, en las paredes; los cuerpos desnudos
realizando un performance en contra de las corridas de toros, los grafittis y murales
que a la vez que decoran cuestionan o hacen visible otra mirada.
Ciertas prácticas juveniles tienen la característica de bordear el límite. Al igual que
algunas ya mencionadas existen aquellas que hacen difuso el límite entre los géneros,
como es el caso de los denominados metrosexuales, hombres jóvenes que tienen una
alta preocupación por su apariencia física, adoptando prácticas de cuidado corporal
tradicionalmente femeninas pero sin perder su condición masculina. Otro tanto
ocurre con los seguidores de la cultura de dibujos animados manga y anime, cuyos
seguidores se denominan otakus y de la cual se generan otra serie de prácticas más
difusas que incluyen el vestirse y maquillarse de acuerdo con la estética anime. Tal
vez una de las que más preocupa a los adultos por su tendencia a la violencia, es la
práctica, no muy generalizada por fortuna, del acoso escolar o bullying, en la cual
un joven o un grupo de jóvenes asedian de manera repetida y constante a alguno de
sus compañeros con todo tipo de acciones simbólicas o físicas de carácter agresivo,
lesivo o humillante, sin que los demás compañeros intervengan, convirtiéndose en
testigos pasivos, fenómeno que bien pudiera leerse como un intento de los jóvenes
de resignificar y viabilizar toda la violencia que el contexto genera.
114
Adentrarse en las prácticas violentas, agresivas o de carácter extremo de la juventud
implicaría descripciones tan extensas como la que acabamos de hacer, pero en las
cuales la diferencia estriba en el nivel de instrumentalización que la juventud vive
en ellas; baste por mencionar la participación en todo tipo de combos, pandillas,
barras, con diferentes niveles de violencia y articulación a procesos de guerra,
narcotráfico y control territorial. Habría que diferenciar allí aquellas cuyo eje de
actuación es de carácter ideológico, racial, político, religioso e incluso deportivo,
pero que comportan algún componente de violencia.
Es conocido por todos el fenómeno del sicariato en Colombia, la existencia en
general de combos de jóvenes al servicio de los capos de la mafia, fenómeno que se
reproduce también en brasil y en México entre otros países y que constituye una vía
de configuración identitaria y toda una cultura, que en los tiempos de su auge y en
medio del estupor general fue llamada la “cultura de la muerte”. Es también famoso
el caso de las “maras” salvadoreñas, originadas por el retorno a centroamérica de
enormes cantidades de emigrantes deportados por delincuencia desde México y
Estados Unidos y que conforman una mezcla particular entre narcotráfico, control
territorial, construcción cultural e identitaria y filosofía de vida. Caso aparte
representan los grupos nacionalsocialistas o neonazis en Latinoamérica, práctica
sorprendente, sobre todo por el contrasentido que supone la defensa de una pureza
racial que no se tiene y una ideología que en caso de aplicarse los aniquilaría.
Finalmente cabe resaltar el fenómeno de barras bravas, importado hacia Argentina
desde Inglaterra y apropiado con diferentes niveles de agresividad a nuestros países,
no sin mencionar que es una de las prácticas de carácter inicialmente violento con
mayor tendencia a transformarse y articularse socialmente como práctica pacífica.
Como es notorio, es difícil identificar y clasificar estas prácticas juveniles emergentes,
por su carácter espontáneo, a menudo difuso y efímero, adscrito a veces a ciertos
grupos o clases sociales o a temporalidades y espacios en los que se vive “lo juvenil”.
Igual que con las miradas sobre la juventud propuestas en el capitulo anterior, estas
separaciones “fenoménicas” deben entenderse como abstracciones teóricas para su
comprensión, ya que podrá observarse como en la práctica no existe tal separación
entre por ejemplo, la ampliación de la percepción corporal y el extremismo en los
deportes. Intentaremos acá unas reflexiones sobre lo que parece estar detrás de
éstas prácticas juveniles emergentes.
3.1 TRANSFORMACIONES DE LAS PRÁCTICAS
EXPRESIONES Y CONSUMOS CULTURALES
Acaso la transformación más evidenciable en las formas de ser de la juventud
actual se halla en sus prácticas culturales. Dada la riqueza que las caracteriza,
parece imposible encontrar un solo término que las denomine y de cuenta de su
sentido. Este fenómeno tiene diferentes configuraciones que pueden ser nombradas
como cambio, transformación, interacción, traslocación, mutación, intercambio,
imposición, asimilación, resignificación, integración, fusión, mezcla, hibridación,
interculturalidad, aculturación y otros, según el enfoque o el énfasis que se quiera
115
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
hacer desde su relación con el tiempo, con el espacio, con lo cultural, con lo material
o lo sociopolítico.
Sobra repetir en este apartado las razones contextuales que impulsan estas
transformaciones; del por qué la juventud se esta yendo a otros países, individual
o masivamente, por qué sus referentes para definir su identidad ya no son locales
únicamente, por qué muchos adquieren cada vez más una imagen más “global” o
nutrida de elementos foráneos y sus posturas, por qué sus valores e imaginarios
son producto de la mezcla de dos o más culturas localizadas en diferentes
espacios o tiempos, por qué en algunos lugares, la cultura tradicional o local está
desapareciendo por el ejercicio de procesos de fuerza, seducción u olvido realizados
mayormente por esta población, etc.
Sinembargo,sepuedenseñalaralgunascausasespecíficasqueinfluencianlairrupción
de cambios en las prácticas culturales juveniles: -Nuevamente, las tecnologías de
la información y la comunicación por su posibilidad de vehicular culturas, formas
de ser, imaginarios y todo tipo de información cultural. -Las violencias (guerras y
confrontaciones bélicas) que obligan a poblaciones a movilizarse hacia otras culturas
(migración, diáspora, éxodo, desplazamiento) en busca de mejores condiciones o en
huida del riesgo de muerte. -El modelo de desarrollo socioeconómico y sus efectos
en lo local y lo global que conecta culturas pero también tiende a eliminarlas. -Los
procesos de racismo, exclusión, rechazo y segregación e incluso genocidio cultural,
para el caso de aquellos procesos culturales que tienden a desaparecer o a ser
desaparecidos y en particular para la juventud, que sin moverse de su lugar de origen
introduce elementos de otras culturas o es influenciada por ellas. -La hegemonía
de una cultura sobre otra que a través de diferentes mecanismos de seducción,
presión, difusión o invisibilización, promocionando estilos de vida y valores, se
impone impulsada por una idea geopolítica colonial que es implementada a través
del control (social, territorial) de lo cultural, de donde se hace evidente por demás,
que la cultura, la instauración de una forma de cultura, de una “tradición”, de una
cosmogonía, implica violencia y es (ha sido) un proceso violento. Y finalmente, la
capacidad creativa y la sensibilidad juvenil que le permite a esta población adoptar
posturas de adscripción, resistencia y resignificación o recreación, actitud que como
hemos recalcado, es cada vez más determinante y autodeterminante de las prácticas
culturales, no sólo juveniles sino de toda la sociedad.
Existen a nuestro modo de ver, cuatro características identificables en las
transformacionesdelasprácticasculturalesjuveniles:lahibridaciónespaciotemporal,
el extremismo, excesividad o intensidad, la resignificación y la complejidad.
3.1.1 Hibridación
Ya hemos dicho en apartados anteriores, amparados en las lecturas de Garcia
Canclini sobre la realidad latinoamericana, que una de sus características es
la coexistencia de tiempos y espacios socioculturales que conviven, a veces
mezclados, a veces diferenciados; en otras palabras, en nuestras ciudades hay
presencia de restos históricos de la conquista y la colonia que cohabitan con los
116
más avanzados desarrollos tecnológicos. De igual forma, estructuras sociales y
modos de pensamiento, como el de la modernidad se desarrollaron en presencia
de culturas precolombinas y ahora son cuestionados por nuevos modelos. La
hibridación es entonces un proceso que implica una mezcla constante no solo en el
ámbito racial sino en el mundo más amplio de la cultura y que también da cuenta
de las incertidumbres actuales como impacto de la crisis de la modernidad, pero
también de la capacidad creativa de las culturas y en particular de la juventud.
Viene ocurriendo en las últimas décadas con más fuerza, que la juventud se
convierte en la principal productora de hibridación cultural, en tanto es educada
bajo los parámetros de los viejos ordenes socioculturales, mientras los discursos
del desarrollo, el mercado y los avances tecnológicos le brindan la posibilidad
de cuestionar y construir mundos simultáneos y alternativos, a la vez que estos
mismos discursos entran en crisis. La hibridación surge entonces como búsqueda,
como respuesta y como negociación entre discursos; como búsqueda en la medida
en que la práctica cultural, ya sea musical, política o deportiva tradicional se acerca
o va adquiriendo elementos nuevos; es respuesta a partir de su consolidación como
práctica aceptada y generalizada al interior de una parte de la población juvenil, ya
que posibilita la vehiculización de un modo de ser y sentir, una interpretación del
mundo y un mensaje hacia la sociedad. Finalmente, tanto búsqueda como respuesta
implican negociaciones sobre lo que se conserva y lo que se agrega
Las hibridaciones se mueven en las lógicas del espacio y el tiempo inmersas en la
cultura; sus fusiones y mezclas retoman elementos históricos del pasado o visiones
futuristas, tanto como insumos culturales de regiones foráneas. Vale decir, que
debido a los procesos de colonización cultural que ha vivido Latinoamérica, algunos
procesos de hibridación ya se encuentran asentados como elementos culturales y
por lo tanto a menudo no se reconocen como tales, por ejemplo en las prácticas
religiosas y en las músicas.
Ya hemos hablado de algunas prácticas musicales híbridas, en las cuales sin embargo,
sigue primando cierto carácter foráneo. Un ejemplo de hibridación local a la inversa
lo brindan los movimientos de la nueva música folclórica que se gestan a lo largo
de toda Latinoamérica en los cuales los ritmos e instrumentos tradicionales étnicos
son fusionados con las tendencias musicales contemporáneas del jazz, el rock, el
hip hop y los ritmos afrocaribeños, movimientos impulsados por las generaciones
jóvenes de músicos y folcloristas. Estas transformaciones de la práctica musical
implican también resignificaciones del sentido de la música folclórica, alejándola
del discurso de preservación patrimonial, de la ceremonia de la repetición del
ritual folclórico y de los contenidos estéticos referidos a la tradición, la tierra y la
naturaleza e introducen lenguajes y temáticas urbanas y sociales como la guerra,
las drogas, la cotidianidad y la injusticia social, convirtiéndose también, como ya
hemos mencionado, en un vehículo de la expresión política.
117
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
3.1.2 Extremismo y excesividad
Otra de las características presentes en estas transformaciones es la tendencia
juvenil a realizar sus actividades en la lógica de la búsqueda de lo extremo, lo
excesivo, lo intenso o lo veloz; que sus prácticas lleguen al límite, más alto, más
lejos, más placentero, a poseer lo último, lo cual se traduce tanto en un impulso
para el desarrollo creativo e innovador o en acicate para sus logros artísticos o
deportivos, como en la premisa causante de algunas de las problemáticas en las que
se ven involucrados: drogarse al máximo, hacer uso excesivo de la violencia, correr
riesgos en el disfrute de la vivencia de su sexualidad.
El exceso, la velocidad, la intensidad, el presentismo y la obsolescencia, han sido
propuestas como características del mundo contemporáneo, como factores de la
postmodernidad; la necesidad inherente al ser humano de satisfacer de inmediato
sus instintos encuentra en la capacidad tecnológica y en el sistema de mercado la
posibilidad de cumplimiento, acelerando de esta manera todos los aspectos de la
vida y generando el deseo de avanzar hacia ese algo nuevo e inalcanzable: la plenitud,
el goce total, que parece cada vez más posible y que antes, dadas las condiciones
tecnológicas y sociales, debía esperar. No es por tanto extraño que sean las
generaciones más recientes las que en su mayoría desarrollen los comportamientos
y prácticas movilizados por estas premisas y vivan en sociedades y dinámicas
“dromológicas” (Virilio, 1995), es decir, aceleradas, violentas y movilizadas por lo
tecnológico.
No deben leerse estos comportamientos sólo como una respuesta al discurso del
consumo propuesto por el sistema de mercado que instaura lógicas de obsolescencia
programada y obsolescencia percibida en los objetos14
, para acelerar el uso y la
compra, ni como una consecuencia de la necesidad de huir, de una especie de
tendencia autodestructiva de los sujetos (jóvenes) ante el sinsentido del presente
y la incertidumbre del futuro; mejor, la presencia del extremismos en algunas
prácticas juveniles parece ser una forma de investigación de la realidad, una manera
de experimentar las posibilidades humanas, que otrora movilizara a aventureros y
científicos, y una manera de ser y producirse subjetivamente. Así, vivir el riesgo, o
buscar el límite deja de ser algo por fuera de lo normal y se concibe como parte de
la existencia. Si en la ansiada y dudosa sociedad del bienestar, la seguridad era el
fin último, la respuesta de las nuevas generaciones ante la insistencia del mundo
adulto por incentivar el miedo a lo inseguro, es hacer de éste último un estilo de
vida.
14	 La obsolescencia programada es la medida por la cual se determina la duración efectiva de un pro-
ducto, cuanto uso resiste. La obsolescencia percibida es el cambio en la apariencia de un producto,
cada determinado tiempo, para incentivar la compra del modelo nuevo. La regulación de ambas ob-
solescencias por parte del sistema de mercado son consideradas el motor que moviliza la economía
de consumo. (véase: la historia de las cosas En: http://www.youtube.com/watch?v=ykfp1WvVqAY)
118
3.1.3 Resignificación
Tal vez la resignificación sea una forma de hibridación o una característica de ella, en
la que se evidencia la necesidad y la capacidad a la vez, de dar un sentido nuevo a
lo que se hace, de construir y llenar la realidad de nuevas prácticas que den cuenta
de formas diferenciadas de ver el mundo, de búsquedas e intentos de apropiación
que establezcan diferencias con generaciones anteriores y los discursos y premisas
que los representan, a la vez que permite no tener que renunciar totalmente a la
herencia cultural.
En la resignificación se generan palimpsestos o formas culturales superpuestas,
reescrituras y transformaciones del sentido; acciones tan pequeñas como el cambio
en la manera de escribir en los chats o foros electrónicos, que desafían las normas
ortográficas, que mezclan imágenes o íconos (denominados emoticones, smilies
o gif’s, que surgen también de la resignificación del uso de signos del lenguaje
alfabético en el código ASCII de computación), con grafías para comprimir o abreviar
(en la lógica de la velocidad), el mensaje que se quiere enviar, generan procesos de
resignificación, - en esta caso, de las formas de comunicación- más grandes.
La resignificación implica entonces un proceso creativo que se nutre las fuentes de
realidad, de los objetos y los símbolos generados por la cultura, que en el caso de
la juventud se convierte en una característica habitual, en una búsqueda constante
por dotar de sentido nuevo lo que se hace. Lo cual se traduce, a la luz de los
investigadores, como plantea Reguillo (Reguillo 2000), en “nuevas” concepciones
de la política, de lo social, de lo cultural. Lo novedoso, de este proceso, propio de
la transformación cultural y si se nos permite un juego de palabras, lo resignificado,
es que más allá de la superposición cultural, es decir, la puesta de un discurso sobre
otro, de manera lineal, tal como se conciben los palimpsestos, es la manera como
la juventud contemporánea introduce una variante aprendida de las posibilidades
tecnológicas, al resignificar en hipertexto, es decir, en un permanente cambio y
conexión constante entre los discursos y las prácticas resignificadas (Reguillo
2000);diríamos nosotros, todo tiene que ver con todo o es posible cambiar el
sentido de una práctica al relacionarla con otro discurso u otra práctica. Así, la
resignificación se convierte en una de las funciones de la práctica y no en una
consecuencia de esta; se hace algo, cambiándolo o en constante búsqueda de su
cambio.
3.1.4 Complejidad
Otra resultante de cambios en los paradigmas sociales que surgen en la crisis de
la dualidad teleológica y monolítica del proyecto moderno, es decir, de un orden
social (occidental) que comprendía el mundo y su destino en una sola dirección
(la sociedad de bienestar), que otorgaba más validez a una verdad construida por
el discurso de la ciencia, y que vivía mayormente bajo una escala dual de valores,
en la que se separaba de manera tajante el bien y el mal, lo público y lo privado, lo
individual y lo colectivo, lo sagrado y lo profano, entre otros, es el surgimiento de
119
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
diversidad de discursos (o mejor, visibilización, ya que muchos de ellos ya existían
en el orden social pero no eran reconocidos, valorados o estaban proscritos), de
maneras de hacer, de ser y de comprender el mundo, sin renunciar del todo a la
anterior; una supuesta esquizofrenia social, un aparente caos en el cual pareciera
difícil mantenerse cuerdo, una posible pérdida del sentido de la civilización, que es
en mayor medida vivenciada por las generaciones formadas en la doctrina anterior
y a las cuales, la velocidad de los acontecimientos transformadores de las últimas
décadas no ha dado tiempo para salir de su perplejidad, que alcanza apenas a ser
enunciada en las diferentes formas del ¿“a dónde iremos a parar?”.
Son muchos los términos y los conceptos propuestos para nombrar y dar explicación
a esta emergente condición: dispersión, fractalismo, atomización, fragmentación,
bifurcaciones, fisuras, multiplicidad, disoluciones, liquidez, desespacialización,
descentramiento y desurbanización, diversidad, difusión, difuminación,
discontinuidad, rizoma…acogidos en su mayoría bajo techo del marco explicativo de
la postmodernidad, aludiendo a la diversidad de lógicas sociales y sus correlaciones
espaciotemporales.
Si bien esta aparente dispersión es consecuencia de la entrada en el orden social
de nuevas lógicas generadas por los avances tecnocientíficos y la ampliación
de la capacidad humana de autodeterminarse y expresarse, las juventudes
contemporáneas, contrario al temor de las anteriores, hacen de ésta una condición
de posibilidad para vivir, asumiendo que sus prácticas no son sólidas, son difusas
y dispersas en el espacio y el tiempo, a veces atomizadas, casi invisibles, efímeras,
llenas de vacios de sentido, contradictorias y no lineales, que es posible, permitida
y de hecho, necesaria, la hiperindividualización o la singularidad. A nuestro modo
de ver, esta comprensión del orden social para las juventudes, pasa de ser una
complejidad azarosa a convertirse en una complejidad fractal, es decir, relacionada
entre si, con multiplicidad y simultaneidad de voces y lenguajes, posible de descifrar
o modificar; una realidad en la que, no sin incertidumbres, se pueden desarrollar
prácticas y formas de ser, estableciendo recorridos y vínculos comprensibles sólo
para quienes los vivencian o para quienes poseen la información necesaria para
descifrarlos. Para un o una joven, cada vez hay menos diferencia entre lo afectivo
y lo político, entre asuntos tan dispares como lo tecnológico y lo cultural, y si la
hubiese, es concebible la posibilidad de establecer conexiones y dotarla de sentido
por las vías de la hibridación o la resignificación.
120
3.2 TECNOLOGIZACIÓN Y VIRTUALIZACIÓN
COMO SOPORTE DE RELACIONAMIENTO Y
CONFIGURACIÓN SUBJETIVA
La expansión del acceso y uso de las Tecnologías de la Información, la comunicación
y el Entretenimiento o TICE’s15
, ha venido creciendo de manera exponencial en casi
todo el mundo, como parte impulsora de los procesos de globalización o como
consecuencia de estos. Las tecnologías son la versión más avanzada de la capacidad
humana de generar prótesis, herramientas y dispositivos técnicos, de construir
objetos y máquinas para comunicarnos, entretenernos, adaptar el medio y satisfacer
todo tipo de necesidades. Las tecnologías son entonces un medio, que depende del
nivel de acceso, de la posibilidad de apropiación tecnológica, o sea de la capacidad
del usuario para solucionar problemas a través de ellas, así como del sentido social
que le de a su uso, del empoderamiento o transformación social que genere por
medio de ellas y de la capacidad de expresión que le permitan.
Es indudable, y además un lugar común en las reflexiones sobre las prácticas juveniles
actuales, el papel que han venido a ocupar las TICE’s y en particular la Internet en
la población juvenil, visibilizándose a través de ella los fenómenos de acceso y uso,
de exclusión y disponibilidad, entre los cuales sobresalen el posicionamiento de la
juventud como el sector social que prefigura la cultura y “adelanta” el futuro por
la vía de las nuevas tecnologías y por otro lado, la continuación o exacerbación de
las brechas sociales preexistentes en la población juvenil, como lo plantea el texto
“Juventud y cohesión social en Iberoamérica”:
Se ha mencionado insistentemente que el acceso, disponibilidad, disposición, usos y
sentidos asignados a las TIC pueden constituirse en nuevas formas de desigualdades,
en las cuales la brecha digital o “brecha en conectividad” estaría representando y
expresando (y en muchos casos exacerbando) brechas preexistentes, o brechas en
cuanto a condiciones de orígenes, principalmente en cuanto a ingresos, niveles
educacionales, actividad social, sector de residencia urbano o rural, etnia e inclusive
diferencias de género (Segovia, D, Dávila, O, et al, 2009:63).
Significa entonces, como lo corroboran estos estudios citados, que si bien la
población juvenil es la de mayor acercamiento a las TICE’s, y en particular a la
Internet, existen dos especificidades y particularidades en la relación juventud –
conectividad, que trascienden el lugar común de la juventud tecnológica: tienen
mayor acceso, pero dependiendo de otras variables contextuales como son la clase
social y la escolaridad, hacen un uso diferenciado y creativo, mas no por ello inútil
o nocivo.
15	 Sigla que recoge y amplia el campo de las TIC’s o Tecnologias de la Información y la comunicación y
de las Nuevas Tecnologías Digitales de la Información y la Comunicación o NTDIC’s al incluir todas
las formas de uso de los tecnológico.
121
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
Sin embargo, la existencia de un mundo cada vez más estructurado y mediado por
toda suerte de implementaciones de la tecnología digital, no sólo en la infinita gama
de posibilidades de la Internet, de las telecomunicaciones celulares, la televisión
digital y los juegos de video, en el mundo particular de los y las más jóvenes, sino
en la presencia de lo tecnodigital en la vida cotidiana de las sociedades, por ejemplo
a través del E- Gobierno (Pago de servicios, tramites ciudadanos, automatización
de la atención al ciudadno o contribuyente, etc), el E-Learnig o Tele-educación
(inscripciones a cursos, presentación de exámenes, clases por videoconferencias,
plataformas educativas interactivas, etc), o el E-comercio (uso cada vez mayor
del dinero plástico o tarjetas recargables en el transporte público, almacenes de
Cadenas, corporaciones bancarias, Hoteles o espacios turísticos, cadenas de salas
de cine, citiparks, o salones de Juego, etc), lo cual genera cada vez más interacciones
mediadas por máquinas, pantallas, dispositivos y softwares, hace pensar que
para los y las más jóvenes es “una realidad tan naturalizada y aceptada que no
merece ni siquiera la interrogación y menos aún la crítica. Se trata en efecto de una
condición constitutiva de la experiencia de las generaciones jóvenes, más instalada
e inadvertida a medida que se baja en la edad” (Urresti, 2008: 14).
La anterior afirmación introduce no sólo la noción de una “era de la Internet”, sino
de la existencia de una “cibercultura juvenil” (Urresti, 2008), es decir, un conjunto
de prácticas y materialidades que configuran y determinan una concepción particular
del mundo, unas formas de adscripción y relacionamiento, y unas subjetividades
(entendidas estas como percepciones del sí mismo) referenciadas o mediadas por
la acción de las nuevas tecnologías. La cibercultura juvenil es vivir no sólo rodeado
por la tecnología sino bajo la percepción de que todo se puede tramitar por vía
de esta, convirtiéndola en la fuente principal de satisfacción, entretenimiento,
educación, expresión y relacionamiento con el otro y consigo mismo; esto tendrá,
por supuesto, y como se ha comprobado, niveles nocivos y adecuados.
En la subjetividad aparece un nuevo parámetro o una nueva fuente de expresión
y trámite subjetivo que es la virtualidad, el virtualismo o la virtualización, la cual
como fenómeno emergente de las generaciones actuales debe entenderse no sólo
como lo que se ha llamado realidad o espacio virtual, es decir, “la simulación por
ordenador de diversos procesos que se presentan en ámbitos físicos, biológicos,
sociales, cognitivos, lúdicos, etc. así como la invención de nuevos fenómenos y
procesos perceptivos” (Echeverria, 2001: 23), sino como la capacidad de fabular o
imaginar experiencias perceptivas a partir de soportes reales, como ocurre en los
juegos, particularmente los infantiles, componente que pasa a un segundo plano en
los deportes, en donde cada vez más se incorporan Consolas Interactivas, como Wii
y las ultimas “Arcades” o máquinas de videojuegos disponibles en lugares públicos,
que incluyen tapetes electrónicos, dispositivos que emulan el objeto en un campo
de juego virtual; la experiencia deportiva con mas frecuencia, se presenta unida al
mundo de las pantallas.
Se trata de recrear el entorno, lo objetivo, introduciendo elementos reales (objetos-
artefactos) e imaginarios, ficticios o simbólicos (discursos-narraciones) de manera
subjetiva o concertada (consensuada), que permiten a su vez recrear a quienes
122
producen la experiencia en una reelaboración del espacio y el tiempo que en
términos de Echeverría tiene efectos reales en la subjetividad:
Aun siendo ficticias, esas simulaciones generan sensaciones reales en los usuarios
de dichas tecnologías. Además, esas simulaciones no son subjetivas, puesto que
cualquier persona que use dichas prótesis tecnológicas puede percibirlas. La realidad
virtual establece una frontera porosa entre la imaginación y la realidad, así como
entre lo subjetivo y lo objetivo (Echeverría, 2001: 24).
Significa esto que la virtualización y la tecnologización no introducen nada nuevo
sino novedoso o alternativo y expansivo, pues la fantasía siempre ha estado en
el ser humano; lo que cambia son las maneras de recreación subjetiva y la cada
vez mayor posibilidad, por vía tecnológica, de expresar y convertir en realidades
(imagen, sonido u objetos) los sueños y las fantasías, así como el lugar que ocupan
éstas en la producción como sujeto, hecho que es más visible en la población
juvenil al contar con la opción de generar diferentes identidades, nombres y
espacios personales en la red, de mutarse o camuflarse, de vivir historias y existir
en mundos creados en red, relacionarse, chatear y entablar amistad con jóvenes y
personas de lugares distantes, de vincularse a comunidades de interés y desarrollar
habilidades tecnológicas con opción laboral como bloggers, webmasters, hackers y
crackers, (Estos últimos son comúnmente coptados por el corporativismo privado,
y los Desarrolladores de Software de Open Sources (Código Abierto) que promueven
el uso no restrictivo de la Red y buscan la des-corporativización de lo Tecnológico).
También por esta vía es posible generar perfiles ficticios en los cuales “ensayar”
personalidades, divulgar gustos, intereses y pensamientos a quien quiera conocerlos,
como una manera de re-conocerse a sí misma, sin mencionar la dotación constante
y cambiante de aparatos y soportes que facilitan estos relacionamientos sociales
y expresiones de la subjetividad, desde el ya común celular hasta el Ipod y I
phone, las I pads, las memorias, consolas, juegos y computadores portátiles, las
tarjetas electrónicas, cámaras, Palms y toda suerte de accesorios de conectividad,
lectura, almacenamiento y transmisión de información que generan un contexto
sociotécnico, es decir, una articulación entre lo virtual y lo físico que en la práctica
demuestra lo errado de los temores frente a la posible despersonalización de las
relaciones, la disminución de la capacidad intelectual y el dominio de las máquinas
sobre la especie humana.
Así, en las Ciberculturas juveniles existen desde grupos que migran sus expresiones
al mundo-red, hasta los denominados “nativos digitales”, que impulsan
(intencionadamente o no) diversas causas políticas e ideológicas en este nuevo
campo de representaciones y juegos intersubjetivos que propone la era del Internet.
Un ejemplo de la fuerte relación entre lo tecnológico y el mundo juvenil y sus
subjetividades lo brindan los Hikikomoris, “los encerrados en si mismos”, jóvenes
japoneses que se recluyen en sus cuartos por largos periodos de tiempo, incluso
años, reduciendo al máximo el contacto social, incluso con su propia familia. Esta
práctica o estilo de vida, contrasta con los Otakus, grupos de jóvenes en Japón y
en el mundo occidental que configuran su identidad a partir de la estética Manga,
las músicas modernas y otras expresiones culturales de lo Nipón. Estos últimos
123
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
cuentan con una percepción social favorable mientras que los Hikikomoris son
percibidos como fracasados y seres que deshonran a sus familias.
Igualmente, entre los usos crecientes se encuentran los y las jóvenes empeñados
en las micro narrativas, es decir, los twitteros o los dedicados al microblogging,
están los creadores audiovisuales referidos solo al filmminute o a los celufilms,
o los que testean desde sus celulares al Twitter escribiendo microcuentos o
ficciones periodísticas o simplemente difundiendo sus opiniones y pensamientos,
interactuando con amigos e incluso con personajes de fama como músicos y artistas.
Lo anterior sin mencionar toda la gama de nombres y maneras de relacionamiento
en la red, y sus niveles de especialización con mayores desarrollos en Europa y
Norteamérica pero con algunas expresiones ya en Latinoamérica: tecnosexual,
generación X, Generación I, cybertráfico (tráfico de drogas vía Internet), phreaker
(hacker telefónico), bluesnarfing (ataques a móviles a corta distancia), bluebugging
(secuestro de teléfono), bluesniping (francotirador de móviles), bluejacking (piratas
entrometidos), tele o cyberdildónics (juguetes sexuales controlados vía Internet),
telebacanal, tribu del pulgar, erotosoftwareadictos, geeks (persona fascinada por
la telefonía y la informática), online speed dating (citas rápidas concertadas por
Internet), screenagers, tecnodivas (oferta de tecnologías con toque femenino) y
otras que quizá se estén inventando en este momento.
Es importante también resaltar la relación existente entre los espacios virtuales y
los espacios físicos en el papel socializador que cumplen las TICE’s; éstas no sólo
aglutinan en lo virtual, en los foros y redes sociales, sino que dependiendo del nivel
de acceso y del uso, se han generado espacios físicos como las salas de video, los
cibercafés, los centros comerciales tecnológicos, los tecnoparques y otros espacios
efímeros y vinculados a la dinámica social juvenil como los conciertos musicales, en
particular los de techno music y su despliegue de tecnología audiovisual, en donde es
posible ver una de las expresiones más significativas de los alcances transformativos
de las TICE’s: el VJ (Video Jokey) y el DJ o nuevo músico, que con unos audífonos
adheridos a sus oídos, una consola mezcladora de audio o mixer y una carpeta con
CD’s, crea músicas y nuevas sonoridades, ya sea a partir de canciones preexistentes
o de bases rítmicas programadas.
Así, dos asuntos se tornan importantes y hacen cada vez más, parte de los recursos
vitales y culturales básicos de pertenencia: el conocimiento y dominio de los recursos
y los lenguajes tecnológicos (desde cómo pagar el transporte urbano con una tarjeta
o recargar un celular, hasta por ejemplo, inscribirse y estudiar vía Internet en la
Universidad o saber realizar procesos de programación y diseño virtual) y el acceso
a los soportes y medios de conectividad (es decir, contar con señal de Internet, wi-
fi, tv digital, satelital o por cable, cobertura de red celular, etc.)
Todo lo anterior permite des- satanizar el influjo de las nuevas tecnologías en la
población juvenil y reconocer no sólo el rompimiento de la falsa dicotomía entre
realidad y virtualidad establecida por el mundo moderno, sino la existencia de un
mundo expandido por los objetos y discursos de la virtualidad tecnológica en el cual
viven y se relacionan las juventudes actuales.
124
3.3 AMPLIACIÓN DE LA PERCEPCIÓN
Y LA FUNCIÓN CORPORAL
El cuerpo, la corporalidad de los seres humanos, ha estado siempre en el centro de
las confrontaciones y los procesos de cambio social de la humanidad, es a menudo
el cuerpo el que nos habla del pasado: sus despojos, sus imágenes, sus atavíos,
la manera en que es narrado, poetizado, pintado o esculpido, nos enseña sobre la
percepción que cada cultura y época tiene de él. El cuerpo es la visibilidad de los
sujetos, el objeto (la materialidad) que delimita la esencia subjetiva o a partir de la
cual cada persona construye su espacio corporal.
El cuerpo es entonces depositario y medio para la expresión y consolidación de
las sociedades y las culturas, por lo cual cada una ha generado un imaginario y un
discurso sobre este, permitiendo o delimitando su poder, construyéndolo, de ma-
nera que, “el  dominio,  la  conciencia  del  cuerpo  no  han  podido  ser  adquiri-
dos  más  que  por  el  efecto  de  la  ocupación  del  cuerpo  por  el  poder:  la  gimna-
sia,  los  ejercicios,  el  desarrollo  muscular,  la  desnudez,  la  exaltación  del  cuer-
po  bello”(Foucault, 1979:77). Este poder, representado en cada época por los discur-
sos hegemónicos de las instancias de socialización y viabilizado por sus mecanismos
de gobierno y control, producía lo que podríamos denominar “cuerpos únicos” o
imaginarios estáticos del cuerpo, en los que el sujeto tenía poca participación en
la determinación de su corporalidad, aunque, como plantea el mismo autor, “des-
de  el  momento  en  que  el  poder  ha  producido  este  efecto,  en  la  línea  mis-
ma  de  sus  conquistas,  emerge  inevitablemente  la  reivindicación  del  cuerpo  con-
tra  el  poder,  la  salud  contra  la  economía,  el  placer  contra  las  normas  mora-
les  de  la  sexualidad,  del  matrimonio,  del  pudor” (Foucault, 1979:77).
Ello significa que el cuerpo ha sido uno de los elementos en los que los sujetos
de diferentes épocas se han resistido al direccionamiento de sus vidas, estrategia
que en las épocas más recientes, a raíz de las transformaciones socioculturales y
la ampliación de las posibilidades expresivas sociales, ha adquirido dimensiones
colectivas y conscientes, convirtiéndolo en algunos casos en la bandera y fin de
movimientos sociales, como en el caso de las mujeres, en objetivo y producto, como
en el caso del mercado y en vehículo de expresión y búsqueda, como en el caso
de la juventud, aunque habrá que entender que estos discursos, en la lógica de la
contemporaneidad, no vienen separados.
En particular la juventud actual, evidencia, al contrario de otras épocas, una
serie de transformaciones en la comprensión y uso del cuerpo y lo corporal, que
van desde la explosión, expansión o rompimiento de la univocidad del cuerpo,
la difuminación del límite entre la interioridad y la exterioridad (lo privado y lo
público), la desacralización o distanciamiento de los preceptos judeo-cristianos
sobre el cuerpo, hasta la consecuente comprensión del cuerpo en sí mismo como
un poder y una propiedad sobre la cual es posible construir e implementar una
ética y una estética, transformaciones que a la luz de hoy, y ampliando la visión de
Reguillo (Reguillo,. http://www.nombrefalso.com.ar/index.php?p116), generan dos
125
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
grandes narrativas sobre el cuerpo que implican a su vez una tensión: de un lado,
el cuerpo liberado y juvenil, portador y símbolo del espíritu de una época, potente,
dinámico, que consume y es consumido y que hace realidad el triunfo de la ciencia
sobre la naturaleza, y, del otro lado, el cuerpo pecador, que sufre y es derrotado
por las vicisitudes perversas de la sociedad actual exponiéndose a enfermedades,
virus, mutilaciones, intoxicaciones, etc, a lo cual se le podría sumar la metáfora
foucaultiana de la derrota del cuerpo del Estado-Nación moderno, es decir, el cuerpo
de la identidad étnica y de las regulaciones disciplinares físicas.
La juventud de hoy por hoy, (y todos aquellos y aquellas que ansían permanecer
en ese lugar imaginario) somete su cuerpo a transformaciones, implantes internos
y subcutáneos, decoraciones, extensiones, expansiones, perforaciones, divisiones,
correcciones, limpiezas, reconstrucciones, moldeamientos, diseños, exhibiciones,
excoriaciones, inyecciones, dietas, rutinas de gimnasio, masajes de relajación
o adelgazamiento, tatuajes en la piel, tinturas en el cabello, peinados, frenos
dentales, maquillajes, fajas y cirugías, todo con fines ya sea estéticos, para realzar
algunas características, de salud para evitar o corregir algún posible daño, o social,
para llenar los cánones establecidos, los ideales de belleza corporal masculina y
femenina, pero siempre en el marco de lo que se ha denominado el sanitarismo o el
higienismo autoritario, discursos que invitan (obligan) al cuidado del cuerpo, pero
que esconden un transfondo, primero, de regulación poblacional en tanto proscribe
algunas prácticas (como fumar por ejemplo) y promueve otras consideradas como
positivas (como hacer ejercicio), segundo, de salud pública y economía social, ya
que las acciones negativas sobre el cuerpo se traducen en inversiones que debe
realizar el Estado o los propios sujetos para su recuperación, y en tercer lugar, de
mercado, pues para cada necesidad, para cada temor o deseo sobre el cuerpo, existe
un producto.
Los discursos sobre el cuidado del cuerpo se convierten entonces en disputas por el
cuerpo; el mercado, el Estado y ciertos sectores de la juventud misma con posturas
críticas frente al sistema, entran en pugna por la posesión del cuerpo y los derechos
sobre este, las decisiones sobre cómo educarlo, cómo decorarlo, llevarlo o no a la
guerra, usarlo para el trabajo, intervenirlo para marcarlo, interrumpir sus procesos
vitales como en el caso del aborto o entregarlo a otro cuerpo, son los escenarios
más visibles de esta confrontación.
Estas posibilidades performativas y transformativas del cuerpo conllevan en la
población juvenil a una corporización de la identidad y a una subjetivación de la
corporalidad como nunca antes el cuerpo tuvo, es decir, gran parte de su pertenencia
social, lo que les constituye como sujetos y la forma en que esto es expresado
pasa por su cuerpo; éste se convierte en fuente y medio para la expresión política,
cultural, sexual, estética, social, “el cuerpo pasa de ser un recipiente de pecado a
ser un objeto de despliegue donde el self se manifiesta con precisión, es objeto de
cuidado, reconstruido y representado. Como resultado de lo anterior se reubican las
emociones y múltiples subjetividades y realidades, reconociendo en consecuencia
múltiples narrativas corporizadas” (Muñoz, 2006:200).
126
3.4 TRANSFORMACIONES DE LA EXPERIENCIA
SUBJETIVA - MODOS DE PRODUCCIÓN DE
SUBJETIVIDADES
Desde diferentes disciplinas sociales se plantea que los modos de estructuración
de los sujetos y por ende, de los sujetos sociales, han vivido en épocas recientes
cambios tan profundos como en ningún otro momento de la historia había ocurrido
a la humanidad. Estos cambios en las formas de ser, estar y comprender el mundo,
que se visibilizan precisamente en las actuaciones de los seres, en sus formas
relacionales y en las comprensiones de sí mismos y de su entorno, han implicado
que estas mismas disciplinas desarrollen nuevas nominaciones que den cuenta de
manera más comprehensiva, de estas producciones de lo social y de la definición que
los sujetos hacen de sí mismos. Se dice también que las principales protagonistas de
los mencionados cambios son las generaciones jóvenes de las últimas décadas y en
particular aquellas que les correspondió el fin de milenio y las que viven el inicio del
nuevo, a quienes podemos denominar como la juventud de la globalización.
Con la entrada en crisis de las ideas del proyecto moderno que proponía la efectividad
de la racionalidad científica, el bienestar y la libertad para toda la sociedad,
la seguridad de los Estados –Nación y la pertenencia a una identidad cultural
fija, la noción de sujeto único que podía vivir toda su vida bajo con las mismas
certezas se rompe, haciendo necesario un proceso constante de reconfiguración y
autoafirmación en el cual parecen hallarse más cómodas las generaciones recientes,
sujetos jóvenes que construyen la experiencia de sí a través de la sensibilidad y la
corporeidad, no necesariamente negando la racionalidad, sino ubicándola en un
plano de igualdad con las anteriores y desvirtuando su carácter unívoco lineal y
universalista,.asumiendo esta dinámica como normal, aunque no sin dificultades,
transformación de la idea de sí mismo que se ha denominado subjetividad.
Partiendo de estas ideas, algunos autores reconocen las subjetividades juveniles
como las manifestaciones de una franja poblacional frente a la incapacidad de las
normas para proteger la sociedad de los peligros que la contemporaneidad conlleva,
asociando riesgo y subjetividad, donde la subjetividad se manifiesta mayormente en
los comportamientos extremos que se convierten en generadores de sentido ante la
ausencia de un centro o de una coherencia entre los discursos de la institucionalidad,
que se expresa en la crisis de los sentidos unitarios, en la manera de concebir las
relaciones, las instituciones, las prácticas, las formas de ser (Maluf, 2002).
Las subjetividades juveniles pueden ser entendidas entonces como todas las
acciones, enunciaciones, discursos de reconfiguración y autoafirmación de la idea
de sí mismo que producen los y las jóvenes, es decir, de los anclajes identificatorios
que se evidencian en sus expresiones, a partir de los cuales se construye el sentido
de la vida.
127
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
Creemos que existen puentes comprensivos entre las tensiones generadas por la
dinámica de la contemporaneidad y los modos de ser de la juventud. Con esto
queremos decir, en relación a la juventud, que aunque sus modos de ser y estar
en el mundo, sus comprensiones de sí mismos, sus narrativas y comportamientos,
son múltiples y diferenciales, pueden mostrar algunas de las claves que permiten
comprender el funcionamiento y direccionalidad del mundo contemporáneo y que
sus prácticas y expresiones no son el resultado directo de estas tensiones como
una suerte de automatismo o alienación globalizante, sino que son también
elaboraciones discursivas y comportamentales que le permiten a esta población
formas de ser y estar en el mundo diferenciadas y particulares.
Sin embargo, aunque hemos venido hablando de una subjetividad juvenil, no es
posible reducir a una adjetivación etaria la subjetividad, sino que es a través de
identificación de sus formas de configuración y expresión que esta se establece; no
existe como tal una subjetividad juvenil sino expresiones, exteriorizaciones -si se
quiere- de su condición subjetiva, posturas frente al mundo que intentan agruparse
en maneras ordenadas mas no siempre coherentes para el mundo social, racionales
o racionalizadas, alrededor de viejas identidades resignificadas, nuevos núcleos
identificatorios, prácticas emergentes, discursos e imaginarios. Así, la experiencia
subjetiva juvenil, es decir, las formas de ser y estar juveniles en el contexto
contemporáneo, parecen tener unos modos de expresión que giran en torno a la
adscripción–integración, la reclusión–evitación y la resistencia–crítica.
En el modo de adscripción–integración, la juventud acepta vivir en las tensiones de
la contemporaneidad, acepta el modelo capitalista como adecuado y conveniente.
Sus fines vitales son el goce, el consumo, el control y el mantenimiento del
orden. Busca siempre hacer parte de este y promueve todas las acciones que sean
necesarias para impedir su destrucción. Su visión del mundo es esperanzadora y
deja a la ciencia y la política la solución de los problemas fundamentales. Su aporte
consiste en cumplir el orden. En este modo, el consumo opera como el principal
productor de subjetividad a partir de la premisa “consumo, luego soy”. En este
modo de subjetividad suelen encontrarse los y las jóvenes que por su condición
socioeconómica reciben los beneficios del sistema y cuentan con las posibilidades
para sacar provecho de él. Sin embargo, grandes cantidades de jóvenes que están
por fuera del sistema, enfilan sus acciones vitales hacia la pertenencia a este modo.
El miedo a no hacer parte o la angustia de ser arrojado, así como la frustración por
no acceder a todos beneficios son las emocionalidades que giran alrededor de este
modo.
El modo resistencia–crítica es opuesto al anterior. La juventud tiene cierto nivel de
comprensión de las tensiones del modelo. Su vida gira en torno a la realización de
acciones para evitar un mayor efecto negativo de estas en su existencia y en la de
otros. No persigue por tanto hacer parte del sistema e incluso en la medida en que
adquiere una mayor claridad propugna por su destrucción o su transformación.
Los beneficios del sistema son rechazados o usados estratégicamente en contra
del mismo o a favor de la construcción de estilos de vida acordes con su modo
subjetivo. La juventud que vive bajo este modo debe enfrentar constantemente la
tensión que se genera entre la oposición y el uso del sistema, ya que no siempre es
128
fácil identificar qué tipo de posturas lo promueven o lo confrontan. La frustración
por la condición avasallante del modelo y la sensación de minoría e incomprensión
son las emocionalidades propias de este modo.
La resistencia es entendida en este modo no necesariamente como oposición
consciente, contracultural o beligerante ante el sistema o desde una perspectiva de
acción política, sino como una forma de disenso o crítica reflexiva. La resistencia
puede darse, como mencionaremos más adelante, a partir de la producción de
espacios y subjetividades alternas, estratégicas, soportadas en formas de fuga
que no niegan la realidad sino que la resignifican, a partir de la imaginación, la
creatividad, la fabulación y la virtualización de mundos y formas de agregación y
de sociabilidad que comportan una propuesta de modificación al sistema y a los
sujetos, y de allí su componente crítico.
En el modo de reclusión–evitación, se vive con malestar en el sistema, se desean
hacer otras cosas diferentes a las propuestas por el modelo o al menos de manera
diferente (Franco, 2000). Estar en el sistema genera sentimientos de indignación
frente a las inequidades del mismo, pero se teme confrontarlo, so pena de perder
el equilibrio o los beneficios de estar en él aún a regañadientes. Este modo se
diferencia del de adscripción-integración en su menor grado de reconocimiento y
claridad política del funcionamiento del sistema, una sensación de desconocimiento
e indiferencia, pero también de impotencia para modificarlo o de incertidumbre para
diferenciar si es o no conveniente frente a otras posibilidades de estructuración del
mundo. El resultado es una sensación de estar atrapado en un modo de vida que se
manifiesta en temor frente a los riesgos que se generan y soledad, por la tendencia
al aislamiento producto de ciertas prácticas individuales. Cuando los sentimientos
de incomodidad, de temor, de impotencia e incomprensión son muy fuertes, ligados
a la problemática psicológica particular de la edad juvenil es posible que aparezcan
comportamientos tendientes a la evitación, la negación o fuga, tanto física como
imaginaria a través de los trastornos psicosomáticos, las psicopatologías, el estrés
postraumático, las fantasías paranoides, la depresión, los intentos de suicidio
o el refugio en formas de comportamiento subjetivo autodestructivo como el
consumo de drogas, las prácticas deportivas y sexuales de riesgo, y todas las formas
contemporáneas de la ilegalidad y la violencia.
Estos modos no son estáticos y excluyentes entre sí, ni pueden entenderse
como formas de personalidad; son maneras de expresión de la subjetividad que
los y las jóvenes pueden transitar o en los cuales permanecer e incluso, adoptar
estratégicamente de acuerdo al contexto y a cada uno de los ámbitos en que se
desenvuelven, cuyo fin es adaptarse, defenderse y resistirse de la sensación de
impersonalidad y desidentificación -que es una amenaza constante del entorno
contemporáneo-
Finalmente, ante la profusión de análisis y descripciones de las prácticas juveniles
desde diferentes enfoques, no es fácil hacer una síntesis sin correr el riesgo de
generar otro sistema categorial similar. Acá será importante diferenciar entre las
descripciones o caracterizaciones generadas en las miradas de la juventud actual,
las tendencias que se cree vienen surgiendo en las prácticas y el análisis de las
premisas discursivas, de los sentidos culturales que las movilizan, que es lo que
hemos intentado acá hasta cierto punto. Ello establece una diferenciación entre lo
129
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
fáctico o lo visible y el sentido o lo no visible de las prácticas juveniles. Las primeras
clasificaciones propuestas (idealizacion y la invisibilización, expansión- contracción
de la moratoria social, disminución de la edad de ingreso, deconstrucción cultural,
transculturalidad y mundialidad, indivualismo-colectivismo, cultura visual) apuntan
a lo fáctico.
Otro tanto ocurre con las apreciaciones sobre la posesión de una conciencia
planetaria, la priorización de la vida cotidiana como trinchera para impulsar la
transformación social, el respeto por el individuo, la selección cuidadosa de las
causas sociales a apoyar y el rompimiento del barrio como epicentro del mundo
y otras como la tecnologización y los usos del cuerpo. Habría que ampliar este
análisis rastreando los sentidos de todas ellas en la hibridación, el extremismo,
la excesividad, la intensidad y la dispersión, la fragmentación y el pragmatismo,
es decir, en la exploración de los relatos o premisas socioculturales que se vienen
gestando en la contemporaneidad, creación de la cual son protagonistas los y las
jóvenes.
Joven Emo. Manuel López. Medellín. 2010.
131
CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión
GLOSARIO
Adultocentrismo: concepción del mundo que parte de la idea de que la capacidad
para determinar el orden social es adquirida sólo al llegar a una supuesta edad de
experiencia y madurez desde la cual es posible dirigir la sociedad. El adultocentrismo
a menudo se traduce en rechazo y desacreditación de la juventud.
Anomia: falta, no comprensión o desinterés por las normas. Se confunde con la
transgresión de leyes y el delito, aunque puede ser una de sus consecuencias. La
anomia en la teoría social a menudo apunta al estado de “crisis”, a la falta de
normas y a procesos sociales de alta “conflictividad”. Se usa metafóricamente como
desgano o pasividad.
Autoreferenciado: que se usa a sí mismo para designarse. La autoreferencia en la
teoría social alude a aquellos discursos que se explican en sí mismos o a partir de
sus propios parámetros.
Coptación: el término parece ser un neologismo surgido en la teoría social,
proveniente tal vez de la palabra cooptación que designa un sistema de organización
que se elige por sí mismo. En la teoría social, el término hace referencia a la
vinculación instrumental de personas o grupos por parte de una institución o sector
a su discurso haciendo que estos terminen actuando a su favor. Pudiera ser un
primer paso hacia la instrumentalización.
Cronotopo: esta noción implica la concepción del tiempo y el espacio como
indisolubles. Un cronotopo sería un objeto material o simbólico que adquiere el
carácter de representar un momento de la historia en un lugar del planeta.
Esencialismo: Doctrina de los sistemas filosóficos que sostienen que la esencia
procede de la existencia. Tendencia a concebir las características de algo como
propias de sí e inamovibles. Naturalizar las cosas.
Identitario: lo referente a la identidad. La noción de identidad se encuentra hoy
en tensión por haber nacido en el seno de los Estados – Nación y su fuerte relación
con lo territorial y lo étnico. El concepto de subjetividad se propone como más
apropiado; sin embargo, los aspectos relacionados con el lugar de procedencia, la
etnia, la tradición, etc, siguen haciendo parte de las formas constitutivas del sujeto.
Multi –inter – trans-disciplinariedad: en la búsqueda de un mayor acercamiento
y articulación entre las diferentes disciplinas y teorías sociales, se han generado
términos que hacen referencia a su multiplicidad y diversidad, a la posibilidad de
relacionarse entre ellas y a la existencia de temas y métodos transversales.
Panoptismo: observar a todos. Tendencia de los diferentes órdenes sociales a generar
procesos y mecanismos de vigilancia, observación y control de las poblaciones y los
sujetos.
Percolante – percolación: en la mecánica de fluidos y en la física, es la acción de
moverse a través de medios porosos o de generar flujos y contraflujos. Esta noción,
132
llevada como metáfora de los procesos sociales, hace referencia a las dinámicas de
avance y retroceso de estos, en los cuales se recupera parte de lo pasado mientras
se avanza.
Performativo: se entiende como una capacidad y como una acción. Como una
capacidad es la posibilidad de convertir en actos lo que se piensa y siente. Como
una acción sería la realización de lo que se piensa y siente a través de todas las vías
expresivas del ser humano, con un alto contenido estético.
Precarización: hace referencia a la pérdida paulatina de las garantías para vivir o
a la disminución de las posibilidades de acceso a las condiciones socioeconómicas
mínimas para una subsistencia digna.
Reflexividad: capacidad del ser humano de ponerse en contacto con la realidad
para analizar el sentido de sus acciones. Pensarse a sí mismo en relación con su
entorno.
Rizoma: término propuesto por G. Deleuze y F. Guattari e importado de la biología
para describir y nombrar los procesos sociales, en tanto estos son concebidos como
interinfluyentes, es decir, que aunque partan de una misma raíz, pueden generar
múltiples ramas e influirse los unos a los otros. De acuerdo con esta noción, los
procesos sociales no son continuos ni lineales, no obedecen a subordinaciones
jerárquicas, determinismos o causalidades, sino que emergen y se articulan de
maneras no siempre previsibles.
Subalternización: ubicación de una clase o sector en posición inferior o marginal
a otra. El término adquiere esta connotación en la teoría social a partir del uso
propuesto por A. Gramsci
Sujeto -Subjetividad – Subjetivación: la noción de sujeto se entiende como la
forma de comprender al ser humano en el marco del proyecto moderno, el cual tiene
la capacidad de comprender la realidad y hacer su voluntad mediante el uso de la
razón. La subjetividad sería entonces el uso de esta condición y la subjetivación el
proceso mediante el cual se lega a ser sujeto. Sin embargo, dadas las constantes
transformaciones sociales, la subjetividad también es entendida como la forma-
sujeto de la contemporaneidad, en la que este expande sus límites expresivos y
tiene una mayor autoconcienca.
Tecnocientíficos- Tecnocomunicacionales: la relación entre los avances
tecnológicos y las formas y medios de comunicación es cada vez más cercana, así
como la mayoría de avances e implementaciones científicas se logran mediante
lo tecnológico. Estos términos se refieren a todos los dispositivos tecnológicos
generados para la comunicación y a los usos tecnológicos en la ciencia que se
traducen en objetos y procesos para el bienestar humano.
Teen ager: del ing. Adolescente. Hace referencia también a las generaciones de
jóvenes norteamericanos de las décadas de los 60’s y 70’s, primeros en adscribirse
a la naciente sociedad del tiempo libre, el consumo y el entretenimiento.
133
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QUIÉN ES EL AUTOR
Manuel Eduardo López Garcia.
Psicólogo de la Universidad de Antioquia y Magíster en Estudios
Socioespaciales del Instituto de Estudios Regionales – INER,
de la misma universidad. Es Diplomado en Contextos juveniles,
Enfoques de intervención y Gestión de Políticas Públicas de
Juventud de la Escuela de Animación Juvenil de Medellín, de la cual
también es docente y Coordinador Académico. Es docente y asesor
del pregrado de Gestión Cultural de la Universidad de Antioquia y
docente ocasional en otras universidades.
Gran parte de su vida profesional la ha realizado como coordinador,
asesor y tallerista en proyectos tanto públicos como privados
de intervención social con población juvenil en los ámbitos
de la prevención y la promoción, el fortalecimiento de redes y
organizaciones y la formación y acompañamiento a iniciativas
juveniles, así como la formación a adultos que trabajan con jóvenes
y la asesoría a instituciones que trabajan con juventud.
manuelope@une.net.co
materialysensible@hotmail.com
www.facebook.com/Manuel Lopez Garcia
6. contexto y_condicion_juvenil
6. contexto y_condicion_juvenil

6. contexto y_condicion_juvenil

  • 3.
    CONTEXTO Y CONDICIÓN DEJUVENTUD Reflexiones para su comprensión CUADERNO Nº 4 SERIE CUADERNOS DE ANIMACION SOCIOCULTURAL Manuel López García ALIANZA ESCUELA DE ANIMACIÓN JUVENIL Universidad Pontificia Bolivariana, Corporación Región, Comfenalco, Asociación Cristiana de Jóvenes ACJ- YMCA, Subsecretaría de Metrojuventud de la Secretaría de Cultura Ciudadana del Municipio de Medellín.
  • 4.
    Contexto y Condiciónde Juventud: Reflexiones para su comprensión Alcalde de Medellín Alonso Salazar Jaramillo Secretario de Cultura Ciudadana Luis Miguel Úsuga Samudio Subsecretario de Metrojuventud Yesid Henao Salazar Autor Manuel Eduardo López Garcia Psicólogo U de A. Magíster en Estudios Socio Espaciales INER - U de A. Coordinador Académico Escuela de Animación Juvenil Docente U de A. Corrección de texto Manuel López García Diseño e impresión Francisco Vélez. Producción Gráfica Editorial Mónica Sepúlveda - Escuela de Animación Juvenil www.animacionjuvenil.org – escuela@animacionjuvenil.org Medellín, octubre de 2010 ISBN: 978-958-44-7409-4 Todos los derechos reservados, se permite su reproducción citando la fuente Esta publicación se realiza con fondos de la Alianza Escuela de Animación Juvenil entre la Corporación Región, La Asociación Cristiana de Jóvenes ACJ, La Universidad Pontificia Bolivariana, la Caja de compensación Comfenalco y la Subsecretaría de Metrojuventud, de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín
  • 5.
    5 TABLA DE CONTENIDO PRESENTACIÓNDE LA SERIE......................................................................7 PRÓLOGO ................................................................................................9 INTRODUCCIÓN ......................................................................................11 CAPITULO 1: CONTEXTO .............................................................................13 1.1 ¿QUÉ ES CONTEXTO? .............................................................................14 1.2 DIMENSIONES COMPRENSIVAS DEL CONTEXTO ACTUAL.....................15 1.2.1 Espacial........................................................................................15 1.2.2 Histórica.......................................................................................17 1.2.3 Económica....................................................................................23 1.2.4 Política.........................................................................................25 1.2.5 Sociocultural.................................................................................27 1.3 TENSIONES DEL CONTEXTO ACTUAL ....................................................31 CAPITULO 2: CONDICIÓN DE JUVENTUD...............................................37 2.1 ¿CÓMO SE HA CONCEPTUALIZADO LA JUVENTUD? ............................38 2.1.1 Sobre la conceptualización...........................................................38 2.1.2 Las disciplinas sociales y humanas y las ciencias médicas y sus acercamientos al tema de juventud........................39 2.1.3 Las disciplinas sociales y humanas: del esencialismo a la diversidad conceptual. ..........................................................53 2.1.4 La juventud entre la categoría y el concepto y entre la construcción y la producción.......................................................56 2.1.5 ¿Cómo entendemos joven, juvenil, juvenilización, juventud? Diferenciación conceptual............................................58 2.2 CÓMO SE PRODUCE Y DETERMINA LA CONDICIÓN JUVENTUD? .........69 2.2.1 ¿Qué entendemos por condición de juventud?..............................69 2.2.2 Variables configurativas de la condición de juventud....................71 2.2.3 La autoproducción........................................................................87
  • 6.
    6 2. 3 ¿CÓMO SE MIRA LA JUVENTUD?............................................................90 2.3.1 Referentes de lectura de la condición de juventud ........................90 2.3.2 Ocho miradas sobre la juventud...................................................91 CAPITULO 3: PRÁCTICAS JUVENILES Y FENÓMENOS EMERGENTES COMO VÍAS DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL.................103 3.1 TRANSFORMACIONES DE LAS PRÁCTICAS EXPRESIONES Y CONSUMOS CULTURALES.................................................................114 3.1.1 Hibridación ................................................................................115 3.1.2 Extremismo y excesividad ..........................................................117 3.1.3 Resignificación............................................................................118 3.1.4 Complejidad ..............................................................................118 3.2. TECNOLOGIZACIÓN Y VIRTUALIZACIÓN COMO SOPORTE DE RELACIONAMIENTO Y CONFIGURACIÓN SUBJETIVA ....120 3.3 AMPLIACIÓN DE LA PERCEPCIÓN Y LA FUNCIÓN CORPORAL ...........124 3.4 TRANSFORMACIONES DE LA EXPERIENCIA SUBJETIVA - MODOS DE PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDADES...................................126 Glosario ............................................................................................131 Fuentes de referencia...............................................................................133 Quién es el autor.....................................................................................138
  • 7.
    7 SERIE CUADERNOS DEANIMACION SOCIOCULTURAL “Es el momento de poner en práctica propuestas pedagógicas que no enseñen a guardar silencio sobre lo que se piensa o se siente. Es hora de hacer realidad las pautas que no enseñan a fingir, que piensan, participan o sienten. Llego el tiempo de impulsar una práctica y una teoría pedagógica que forme en la convivencia desde el reconocimiento y la palabra” Alfredo Ghiso La Alianza Escuela de Animación Juvenil de Medellín, en su interés por aportar a los procesos de fortalecimiento de las acciones públicas y privadas con la población juvenil, que realizan instituciones y organizaciones, presenta la Serie Cuadernos de Animación Sociocultural, que propone un marco conceptual, metodológico y experiencial desde la Animación Sociocultural (ASC) como una práctica pertinente para la intervención con la juventud. Esta serie recoge en buena parte la experiencia formativa y los aprendizajes obtenidos por su equipo docente y operativo en sus primeros 10 años. Esta Serie de cuadernos en cada uno de sus números se acerca de manera crítica, reflexiva y propositiva a temas como la praxis de la Animación Sociocultural con jóvenes, teoría y referentes de la ASC, herramientas de trabajo con jóvenes, Contexto y Condición de juventud, Políticas Públicas de Juventud y enfoques de intervención con jóvenes. De acuerdo al espíritu de la Animación Sociocultural, estos cuadernos no pretenden convertirse en fórmulas o guías establecidas para la intervención e interacción con jóvenes, sino servir como referentes temáticos y metodológicos que deben ser constantemente reflexionados y contextualizados, acorde a las dinámicas, intereses y realidades contemporáneas así que, más que puntos de llegada son puntos de partida para la acción.
  • 9.
    9 “Juventud, divino tesoro, ¡yate vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer”. (Rubén Darío. Poeta nicaragüense) Escribir sobre la juventud y las y los jóvenes, nos toca. Sí, nos toca hacerlo y nos toca al hacerlo. No podemos perder de vista que a muchos, ese ideario se nos ha escapado como lo hacen las burbujas de jabón, se nos aparecen frente al rostro maravillado con el que las contemplamos y luego, sin darnos apenas cuenta, se desvanecen cual esperanza ilusoria. Los que somos adultos, vemos la juventud con retrovisor. Pero también, los más atrevidos la vemos cara a cara. Por eso nos toca, la sentimos respirando en el cuello, estorbando en nuestro zapato, hurgando nuestros pantalones, mancillando nuestras credulidades. Nos toca por doquier, sin remedio: habita con nosotros y a nuestro pesar, pues ella, la juventud, metáfora de lo indecible, nos gobierna el alma y nos cuestiona la existencia. Por ello, escribir acerca de la juventud, tiene por complemento la lectura, allí se constituye su significado. Empero, tiene por condición las experiencias. Unas, las de la calle, dónde se produce cualquier referente empírico de juventud. Otras, las del estudio y la discusión (que también puede hacerse, y ojala, en la calle). La reflexión, la lectura cuidadosa, el debate abierto, la participación en escenarios de construcción y deconstrucción de ideas, las andanzas con las y los jóvenes y con los no jóvenes, el trabajo educativo de y con jóvenes y la búsqueda de respuestas inacabadas pero entusiastas; todo ello foguea al que escribe sobre la juventud. Simultáneamente, sentir a las y los jóvenes como una causa, asumir que la “realidad juvenil” merece comprensión y crítica, no escapa a las pasiones. Esta es una virtud del autor. Por eso Manuel, y con él la Escuela de animación Juvenil, es una voz indicada para dar cuenta de la necesidad de fundamentar que la juventud es una condición, y eso es lo que trata de hacer en el presente texto, no sin algunas tendencias discutibles. Una de ellas llama la atención: el exceso. Pero, ¿por qué cuestionar el exceso, si ello es la materia prima de la pasión juvenil? No por excesivo, el texto pierde candor. Por ello, estimado lector-a, le invito a que se adentre con juicio y pasión, en los laberintos conceptuales acá expresados, dotado en la medida de lo posible de una actitud deliberativa, inquieta. El texto no es para ser consumido, es para ser degustado, con ardor, ardor juvenil, para que él mismo diga más de lo que dice, pues lo que hay que decir, sobre las y los jóvenes, sólo lo logra su estudio respetuoso y crítico. ¡Adelante! Carlos Darío Patiño Gaviria Sociólogo y magíster en Educación. Docente – investigador de la Universidad San Buenaventura. Coordinador de la línea de investigación en psicología social USB. PRÓ-LOGO Y PRO-SIENTO
  • 11.
    11 INTRODUCCIÓN “No sin desconfianzaacepta uno escribir otro articulo más sobre la juventud. La literatura sobre la “inquietud” contemporánea aumenta cada semana, cada día, cada hora. Gran parte de ella refleja una profunda inquietud en los adultos, un estado traumatizado, de hecho, que busca la catarsis en apresurados intentos de asegurar el control intelectual sobre un sorprendente curso de acontecimientos. Las conclusiones alcanzadas, por lo tanto, tienden a volverse anticuadas durante el periodo mismo de publicación”. Erik Erikson, Sociedad y Adolescencia, 1972 Escribir un texto que presente elementos de comprensión del contexto y de la condición de juventud supone un punto de partida fundamental: es difícil pensar la juventud sin analizar las dinámicas sociales de las que hace parte, premisa que aplica tanto para la lectura de los antecedentes históricos como para los fenómenos contemporáneos de este grupo social. Igualmente, resulta casi imposible entender nuestra realidad actual sin pasar por el tema de la juventud, o mejor, una revisión de las dinámicas juveniles sería una lectura de nuestra actualidad. Este texto hace una síntesis de las diferentes dimensiones y concepciones actuales sobre juventud, con el ánimo de plantear líneas desde las cuales se pueda construir o actualizar la mirada frente a este grupo social e identificar cuál es el estado de la juventud en Latinoamérica y desde allí pensar, como se propone en los anteriores cuadernos de esta serie, en relación con la Animación Sociocultural u otros marcos de intervención, las maneras más apropiadas de interactuar con ellos y ellas y garantizar sus derechos y su vida. Este texto gira en torno a algunas ideas básicas, que se proponen como supuestos para la reflexión en torno a la condición de juventud; entre ellas destacamos:  Es necesario inicialmente tener claridad sobre el contexto contemporáneo, sus antecedentes, características y tendencias.  Los términos juventud, jóvenes y juvenil, así como juvenilización no son iguales. Cada uno hace referencia a un aspecto diferente de la condición de juventud.  La condición de juventud se entiende como un referente de análisis que permite reconocer y analizar los modos de producción social de una población juvenil particular.  La juventud comporta un capital simbólico y cultural que refleja, amplifica, metaforiza y resignifica las tendencias del mundo actual a la vez que se convierte en la creadora y portadora de nuevas subjetividades.  El mundo adulto ha generado estrategias de relacionamiento, control y regulación del mundo juvenil. Desde el adultocentrismo, la reglamentación de la participación y la expresión social, hasta el panoptismo de lo juvenil y la juvenilización.
  • 12.
    12 A partir deestas ideas, en el primer capítulo, desarrollaremos las dimensiones comprensivas del contexto, que aunque parezca alejado de “lo juvenil” se constituye en el principal referente de análisis de la condición de juventud. En un segundo capítulo, nos adentraremos en las discusiones sobre la conceptualización, la determinación y el análisis de la condición de juventud, intentando llegar a una síntesis y una propuesta de unos marcos para su lectura. Finalmente, propondremos unos fenómenos emergentes en la condición juvenil y unas líneas de reflexión en torno a esta población. Sea esta la oportunidad para agradecer a todos mis amigos y amigas de la Alianza EAJ y de la vida, quienes con paciencia soportaron mis monólogos durante la elaboración de este texto y amorosamente aportaron su saber, en especial a Mónica Sepúlveda y su tesón para impulsar este sueño y a Julieth Alejandra Londoño, por su complicidad y reflexividad crítica. A la juventud latinoamericana. Manuel E. López Garcia. Medellín, Febrero a Octubre de 2010
  • 13.
    13 CAPITULO 1 CONTEXTO La máquinaacosa a los jóvenes: los encierra, los tortura, los mata. Ellos son la prueba viva de su impotencia. Los echa: los vende, carne humana, brazos baratos, al extranjero. La máquina, estéril, odia todo lo que crece y se mueve. Sólo es capaz de multiplicar las cárceles y los cementerios. No puede producir otra cosa que presos y cadáveres, espías y policías, mendigos y desterrados. Ser joven es un delito. La realidad lo comete todos los días, a la hora del alba; y también la historia que cada mañana nace de nuevo. Por eso la realidad y la historia están prohibidas. Eduardo Galeano. Días y noches de amor y de guerra. No disparen. Donaldo Zuluaga V. El Colombiano. 20 de mayo de 2002.
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    14 1.1 ¿QUÉ ESCONTEXTO?1 Creer que los fenómenos sociales son espontáneamente producidos o no tienen relación con las condiciones de la época o el lugar donde ocurren es una idea equívoca. Las reflexiones disciplinares y la experiencia investigativa han demostrado que son precisamente estas condiciones y posibilidades las que determinan o influencian el surgimiento de maneras de comportamiento social, de movilizaciones masivas o de cambios en las formas como un conglomerado se mueve en el mundo y produce su entorno. Estas condiciones y posibilidades son las que acá llamamos contexto, aludiendo al tejido, al entramado de características tanto positivas como negativas, potenciales o dificultosas de un lugar en un momento determinado de la historia. Estas condiciones pueden generarse y a la vez, leerse desde diferentes dimensiones, que a la postre se han convertido en líneas de desarrollo del conocimiento sobre lo social. Estas son la espacial, histórica, sociocultural, económica y política. Igualmente es importante para la determinación de un contexto, la comprensión y lectura de las características geofísicas de la región o lugar en el que vive la población que se quiere reconocer. Un contexto por tanto, puede tener también una dimensión escalar, puede ser macro, meso y micro, escalas que no necesariamente se relacionan con tamaños geográficos a nivel mundial, regional o local, sino también con el alcance interpretativo que se pretende; en últimas, la lectura de un contexto debe dimensionarse, tanto espacial como temporalmente en una relación dialéctica de sus contenidos, ya que los fenómenos sociales, económicos y políticos son una consecuencia de esta relación, que se mueve tanto en el espacio como en el tiempo, es decir, posee escalas o dimensiones, es histórica y además puede ir de lo individual a lo colectivo, de lo local a lo mundial, de lo macro a lo micro. Esta comprensión teórica desarrollada por M. Santos (Santos, 2000), implica una consideración que es a la vez un signo particular del contexto mundial actual y es, la tendencia, cada vez mayor, de interrelación e influjo de las características de una escala en otra, o sea, la posibilidad de que aspectos macrocontextuales influencien o determinen aspectos micro y viceversa; esto, en última instancia, es lo que se ha dado en llamar globalización. Contextualizar es entonces establecer relaciones entre lo histórico, lo espacial, lo político, lo cultural, etc., para comprender qué influencia o determina el surgimiento de un fenómeno social específico o qué hace posible su aparición con unas características particulares. 1 Algunas de las reflexiones de este apartado fueron inicialmente planteadas en: López, M. & Sepúl- veda, M. (2010) Mil espadas, mil espacios: Prácticas espaciales juveniles emergentes en Medellín: afianzamientos y rupturas en la sociedad contemporánea, INER, U de A, Medellín.
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    15 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión 1.2 DIMENSIONES COMPRENSIVAS DELCONTEXTO ACTUAL 1.2.1 Espacial A lo largo de la historia del pensamiento moderno, y en particular de las ciencias sociales, el componente temporal ha ocupado un lugar de preeminencia como variable para la lectura, comprensión y organización de los fenómenos; la “Historia”, el historicismo, la historiografía y en general la pregunta por el cuando se convirtieron en el eje explicativo de las teorías sociales, relegando a un segundo plano la reflexión por el dónde, por el espacio y todas sus acepciones materiales e inmateriales (lugar, territorio, nación, por ejemplo). De esta manera, el pensamiento de la modernidad convirtió al espacio en un subordinado del tiempo, y a este en el “núcleo de la historia, estructurante de la memoria y el ritmo social” (Piazzini, 2006: 55), lo que permitió incluso que el control político del espacio se hiciera posible mediante el ordenamiento del tiempo. Esta comprensión política y teórica del mundo, fue uno de los fundamentos ontológicos del pensamiento moderno que desde entonces, y hoy por hoy, hace que percibamos aquellos lugares o dinámicas sociales alejadas de los centros de mayor despliegue tecnológico, urbanístico o civilizatorio, no como otra cultura u otro lugar, sino como “atrasados” en el tiempo, premisa teleológica que posibilitó las acciones de colonialidad Europea sobre nuestro territorio y desde la cual se generaron los ordenamientos sociales que hoy conocemos. Sin embargo, con los avances en la física einsteniana, que han demostrado la estrecha relación entre estas dos dimensiones, su inseparabilidad, y con el cambio propuesto en el paradigma social por las teorías críticas que cuestionan los fundamentos dualistas científicos de la modernidad, han surgido, aunque aún como edificios conceptuales separados y con débil articulación, reflexiones en torno al fundamento espacio-temporal de los fenómenos. Estas revisiones de la teoría social han permitido una mayor visibilidad de lo espacial, entendido no como un contenedor material sino como la dinámica en la que se produce lo social y como producto de lo social mismo, que implica tanto elementos de tiempo como de lugar. A partir de estas comprensiones es posible pensar no sólo un tiempo sino un espacio social, el cual es susceptible de analizar a partir de las variables históricas, culturales, materiales y físicas en las que se produce. Así, elementos que antes eran despreciados por la comprensión temporal como la identidad, la cultura, las delimitaciones territoriales y los marcajes discursivos y emocionales de un lugar, son entendidos hoy como necesarios para la contextualización de un fenómeno. Desde este marco de análisis, podemos identificar características de la espacialidad social contemporánea o, si se quiere, algunos fenómenos actuales del espacio social. Uno de ellos es, de suyo, la mayor visibilización del espacio tanto en su índole material como inmaterial. Desde los avances tecnocientíficos que posibilitan la medición, reconocimiento y delimitación total del globo terrestre (Google Hearth,
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    16 gps, etc) hastalas demandas sociales por espacios de representación y expresión social, la noción de espacio adquiere mayor vigencia e importancia; el espacio público es un buen ejemplo, ya que en este se combina lo material e inmaterial, pues hace referencia tanto a algunos lugares del espacio urbano como al discurso sociopolítico de deberes y derechos que lo alienta. Otra característica es la intensificación y compresión del espacio, que consiste en que cada vez hay mayor concentración de los usos, verticalización arquitectónica y estructural y superposición de dinámicas en un espacio físico determinado. Las ciudades generan dinámicas de centralización de los servicios y de agregación y organización social. Como consecuencia de esta característica, una reacción espontánea es que se hace necesario buscar nuevos espacios, físicos y sociales generando procesos de expansión espacial; surgen nuevos centros urbanos al interior de las ciudades o en las afueras, ciudades o espacios urbanos intermedios son equipados o rediseñados. Se crean incluso, ciudades nuevas con una vocación específica, turística, de servicios, de producción o se generan espacios de encuentro, intercambio, organización y participación social alternativa, diferentes a los tradicionales. Cabe anotar que estos procesos de expansión, que se encuentran en la base de la globalización, no son homogéneos ni horizontales, intereses de índole político y económico movilizan la instalación o no de equipamientos y la visibilización o no de espacios sociales. Como resultado, aún al interior de una ciudad, pueden darse sectores con mayor nivel de desarrollo y otros en casi completo abandono. Al no existir ya una sola comprensión del espacio, este es diversificado tanto en su aspecto físico como en el social e incluso temporal; diferentes espacios coexisten en un mismo lugar, los espacios generan temporalidades de acuerdo con las dinámicas sociales, los usos se multiplican y se superponen (Foucault, 1997). La virtualidad aparece como un espacio nuevo que rompe con las temporalidades y las espacialidades fijas, espacio de espacios omnipresentes (siempre y cuando se tenga acceso a este). Vale decir, que esta percepción de la diversidad espacial esta muy ligada a la experiencia vital de los sujetos, aspecto en el cual los y las jóvenes destacan, pues son en particular, generadores de espacios y tendientes a hacer usos diferenciados de espacios predeterminados, como por ejemplo el espacio educativo. Es por ello que la juventud se ve a menudo enfrentada al mundo adulto institucional, pues su percepción del espacio es múltiple y alternativa; los estadios de fútbol son escenarios de reivindicación identitaria, el tiempo para la producción no precede al de la fiesta y la virtualidad genera otros canales y formas de encuentro. Finalmente, en tanto se genera una mayor visibilización del espacio físico y social, la concentración y densificación poblacional de las ciudades aumenta la demanda y uso del espacio físico disponible, los intereses estatales o privados propenden por el control de los mismos y los espacios sociales de representación se organizan, surgen luchas por el espacio, visibles a partir de las tensiones sociales y la manifestación violenta de los conflictos, pero también en la creatividad cotidiana de los sujetos y de los colectivos para garantizar su espacio. Desde la delincuencia juvenil, los paros y marchas en contra de medidas estatales, los grupos en facebook a favor o
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    17 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión en contra decasi todo, así como los procesos alternativos de organización social de índole político o cultural, hasta la manera como cada individuo hace uso de su celular o enfrenta los conflictos cotidianos de la vida diaria, son un ejemplo de ello. Todo lo anterior nos permite entender el espacio como una producción social en la que intervienen no sólo las grandes instituciones y los poderes estatales y del mercado, sino también las prácticas socioculturales de los individuos y los colectivos sociales, y que comporta lo físico-material, lo temporal-histórico, lo social-cultural, lo político y lo económico, dimensiones de las cuales, sin embargo, se puede hacer lecturas específicas. 1.2.2 Histórica La comprensión de la dimensión histórica del contexto no debe limitarse, por un lado, a la referenciación cronológica de acontecimientos, ni al establecimiento de hitos que marcan el acontecer social, lo cual sería historicismo, y por otro, a la comprensión de lo acontecido como un fenómeno dado que es posible de narrar y entender a partir de los discursos oficiales que determinan la manera en que esta ocurrió, lo cual sería “La Historia”. Más bien, la historia debe ser pensada como la reflexión (apoyada en acontecimientos históricos y en los discursos oficiales, entre otros) sobre la manera y el por qué se han generado transformaciones sociales y qué denominaciones han recibido estas épocas, así como las percepciones y efectos de estas transformaciones. Dos nociones son importantes para esta reflexión: modernidad y contemporaneidad. La modernidad es una noción que hace referencia inicialmente a una etapa determinada de la historia y que en su espectro más amplio podría rastrearse a partir del siglo XV hasta nuestros días. Sin embargo, para algunos autores como Habermas (Habermas, 2002), la modernidad es ante todo una percepción estética un modo de habitar, pensar y comprender el mundo y reconocen un proceso de configuración de diferentes momentos y sentidos del término. Esta medición de tiempo es producto de la reflexión del ser humano sobre su entorno y sobre sí mismo, en particular impulsada desde Europa como principal centro civilizatorio y hegemónico. Es así como una serie de pensamientos, descubrimientos, posturas y configuraciones sociales, políticas, culturales y de conocimiento, son leídos a posteriori como un giro, un avance, un cambio, -a menudo un logro- en el proceso de comprensión y denominación del ser humano y del supuesto distanciamiento de este con la naturaleza y con Dios. La modernidad como proyecto social tiene sus primeros antecedentes entre 1400- 1650, en el denominado Renacimiento, cuando ideas de autonomía y búsqueda del conocimiento surgen en la Florencia italiana; es la época cuando Galileo Galilei demuestra que la tierra no es el centro del universo, haciendo tambalear el dogma religioso. Igualmente, ideas de respeto y recuperación de lo antiguo Romano y Griego, así como la contemplación de la naturaleza se pusieron en boga. Luego en Inglaterra y en la misma Francia entre los años 1650 y 1800, a partir de las
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    18 numerosas y atrocesguerras de religión que se presentaron en Europa, una serie de ideas de tolerancia ante la diversidad de la fe, y otras en las que la razón aparecía como el elemento que une a la especie humana empezaron a surgir de la mano de Condorcet y otros filósofos, que afirmaban que la razón es la única forma de llegar a la objetividad, que nada es creíble si no es comprobado por medio de la racionalidad, y el saber humano de las artes y las ciencias haría libres y felices a los hombres. El proyecto de la modernidad es entonces el de la racionalidad que permite establecer un equilibrio en la distribución de los poderes laicos y eclesiásticos, entre el lugar de la razón y el de las emociones, entre lo divino y lo terreno. Otra serie de ideas en torno a la libertad, la justicia, la condición humana y en general, de todos los aspectos de la civilización se derivaron de estas, lo que permitió además, que los conocimientos y la capacidad técnica aumentaran. Se consolidan entonces una serie de premisas que han posibilitado y sostenido el orden occidental hasta nuestros días: el predominio de la razón, la autonomía del sujeto, la ciencia al servicio del hombre, la generación de Estados ligados a una identidad nacional, el dualismo en el pensamiento, la disciplina en el comportamiento social, el libre mercado y la posibilidad de generar en el futuro una sociedad de bienestar soportada en estas ideas, que entran en crisis en el siglo XX. Lo anterior implica comprender la modernidad, ya lo hemos dicho, más que como una serie de acontecimientos y dinámicas históricas y sociales, como una manera, un modo de pensar, entender y producir el mundo. La modernidad en tanto concepto es entonces construida a posteriori, surgió a partir del siglo XIX. La diversidad de enfoques acerca del desarrollo de esta época y de sus componentes (estético, cultural, político, filosófico, epistemológico), han permitido la proliferación de definiciones que ponen que hacen énfasis en sólo algunos de ellos. Habermas plantea que el rasgo común de la modernidad es una conciencia transformada del tiempo, que se expresa por la vanguardia, pero que en realidad es una exaltación del presente: “La modernidad estética se caracteriza por actitudes que encuentran un rasgo común en una conciencia transformada de tiempo. (…) Pero este avanzar a tientas, esta anticipación de un futuro indefinido y el culto de lo nuevo significan de hecho la exaltación del presente” (Habermas, 2002: 19). Para Foucault, a partir de Kant, la modernidad se correspondería más que con una época, con una actitud, un giro en la manera como el ser humano y la sociedad comprenden el mundo y los parámetros que utilizan para ello, donde lo actual cobra mayor importancia que lo tradicional o anterior. Sin embargo, a partir de sus búsquedas de la comprensión de las relaciones de poder y saber, el autor propone reconocer en la modernidad, la época en la que se instauran formas de poder y se operacionalizan los dispositivos que el autor nombra como biopolíticos (las formas de gobierno, las relaciones estratégicas y los estados de dominación y las prácticas de estructuración y control social), que se expresan en la población y en la corporeidad humana (Foucault, 1999). A su vez, Arjun Appadurai habla de la “modernidad desbordada”, y propone una reflexión en torno a cómo ésta es reformulada por efectos de la globalización y que
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    19 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión más “que unproyecto incompleto, como sostiene Habermas, la modernidad es vista como entrando en una nueva etapa donde grandes flujos reestructuran la vida de las sociedades en el conjunto del planeta, en particular el flujo migratorio y el de la información. Pero donde, además, el trabajo de la imaginación se ha vuelto central” (Appadurai, 2001:11). Entonces, hablar de modernidad implica problematizar sus referentes teóricos y epistemológicos, sus premisas ideológicas. La modernidad no es entonces sólo una época, que para algunos ya ha terminado y para otros se ha transformado, sino que es una actitud y una percepción del mundo aún vigente en gran medida, que rechaza o resignifica aquello que no está de acuerdo con sus parámetros y en la cual se genera una ordenación del mundo. Incluye también modernismo y modernización y por supuesto, colonización, ya que estas ideas fueron posteriormente impuestas a través de los procesos de descubrimiento y conquista, no sólo en América, sino en otras regiones del planeta. Igualmente, la Contemporaneidad puede ser entendida como una época que hace parte de la alta modernidad y que inicia para algunos autores en los tiempos posteriores a la revolución francesa, y para otros, en los tiempos de posguerra de la segunda guerra mundial. Mejor, la contemporaneidad debe ser la reflexión sobre los acontecimientos actuales y su efecto sobre lo social, en relación con los antecedentes históricos. Más allá de la determinación del nombre adecuado para la situación actual: modernidad, antimodernidad, (Habermas, 2002), postmodernidad (Lyotard, 1987), desmodernidad (Touraine, 1997), sobremodernidad (Augè,1999), modernidad desbordada (Apaddurai, 2001), modernidad reflexiva (Lash,1994), segunda modernidad (Beck, 2002), todos ellos producidos en el marco del pensamiento intelectual Europeo o Norteamericano, parece más pertinente la comprensión del tiempo-espacio que se está viviendo y la identificación de los factores de transformación que están configurando la concepción del mundo y de sí misma que tiene Latinoamérica, a partir de los autores que han rastreado su modernidad contextualizándola y espacializándola2 en los estudios culturales y poscoloniales: Néstor García Canclini, Jesús Martín Barbero, Renato Ortiz, Walter Mignolo, Santiago Castro, Arturo Escobar, Denise Najmanovich, entre otros, pensadores y pensadoras todos latinoamericanos, los cuales se proponen como referentes conceptuales y contextuales para entender la contemporaneidad: La civilización que creyó en las certezas definitivas, en el conocimiento absoluto y el progreso permanente esta derrumbándose y están abriéndose paso a nuevas formas de pensar, sentir, actuar y vivir en el mundo. La transformación de nuestra mirada, que estamos viviendo, implica pasar de la búsqueda de certezas a la aceptación de la incertidumbre, del destino fijado a la responsabilidad de la elección, de las leyes de la 2 Estas teorías surgidas en el contexto intelectual y político latinoamericano se pueden articular a las teorías más recientes sobre el espacio, donde, más allá de la hegemonía del tiempo, de lo histórico, se contempla lo social como una producción en el espacio, lo cual incluye por supuesto el tiempo, pero también lo material
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    20 historia a lafunción historizante, de una única perspectiva privilegiada al sesgo de la mirada (Najmanovich, 2001: 5). Estos autores concuerdan con las nociones generales en torno al marco histórico de la modernidad, los fundamentos de su proyecto y finalmente, la crisis a la que se enfrenta desde mediados del siglo XX, planteamiento que les permite ir en pos de claridades en torno a las formas en que no sólo este proyecto intentó instaurarse en Latinoamérica, sino sobre las maneras en que Latinoamérica vive la crisis del mismo, su forma particular de adscribirse o resistirse, no sin plantear escenarios posibles a futuro, en los cuales se inscribe la globalización como consecuencia de la modernidad. Así pues, pensar la modernidad contemporánea en América Latina implica reconocer que el proyecto ilustrado homogéneo, anclado en la razón y en la existencia de un Estado-Nación que garantizara su sustento, no logra configurarse, dadas las dificultades y diferencias no solo culturales, sino espaciales, sociales y políticas que se dan en ella. Para García Canclini, es posible rastrear cuatro nociones básicas para la comprensión de la modernidad en la relación entre Latinoamérica y el resto del mundo a partir del marco de los estudios culturales. La primera noción hace referencia a que la modernidad Latinoamericana es diferente de la Europea y Norteamericana y debe leerse con parámetros particulares ya que la forma en que estos se han presentado en la región difiere de las anteriores en los tiempos de establecimiento de estas dinámicas, en la manera en que se articularon las formas sociales locales con las emergentes y en las rupturas que se han generado; es decir, la modernidad surge y se construye en Europa, mientras que en Latinoamérica es un proyecto impuesto. Esta percepción tiene como consecuencia los denominados “procesos de hibridación cultural”: La hibridación es un proceso que implica una mezcla constante no solo en el ámbito racial sino en el mundo más amplio de la cultura. Así mismo, la hibridación es no solo un desafío para el conocimiento (la multidisciplinariedad) sino también una constatación de las incertidumbres actuales como impacto de la crisis de la modernidad (García Canclini, 2003: 25). Teniendo en cuenta esta idea de hibridación, la modernidad en Latinoamérica debe ser revisada como hibridación cultural y temporal que implican confrontaciones internas y externas, rupturas y afianzamientos con formas locales y foráneas y también coexistencias. Ante los procesos de los proyectos de modernización cultural, clásica o ilustrada, García Canclini considera que Latinoamérica vive una modernidad “americanizada” foránea, mezclada, hibridada con los procesos históricos de producción sociocultural locales. En segundo lugar, como la modernidad o lo que de ella se haya configurado en Latinoamérica, sus preceptos, narrativas e ideario original, han entrado en crisis, una modernidad incompleta coexiste con una postmodernidad “de manera que la coexistencia conflictiva entre modernización y modernismo y ciertas formas de postmodernidad es lo que actualmente caracteriza nuestras encrucijadas” (García Canclini, 2003: 27).
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    21 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión En tercer lugar,la modernidad en Latinoamérica involucra un paso de la dependencia política a la desterritorialización de la noción de lo Latinoamericano que implica además la construcción de representaciones foráneas de Latinoamérica, ya que: “En la actualidad varios procesos hacen trascender el sentido de lo latinoamericano a otros circuitos y escenarios: se es latinoamericano dentro de los países de América Latina, pero también en relación con comunidades y circuitos comunicacionales que desbordan el territorio” (García Canclini, 2003: 26). En cuarto lugar, la modernidad en Latinoamérica representa un proceso de paso por los avances de la industrialización, el acceso a nuevos recursos de confort y la transformación del campo a la ciudad, acompañado de una progresiva transformación de las fuentes locales de producción identitaria “fijados en repertorios de bienes exclusivos de una comunidad étnica o nacional” hacia una “explosión globalizada de las identidades y de los bienes de consumo que las diferenciaban” (García Canclini, 1995: 15). Para el autor, la condición Latinoamericana no puede resolverse entonces en los marcos explicativos espaciotemporales propuestos por otros autores, aunque concuerda con ellos en la existencia de una crisis del llamado proyecto moderno y en la existencia de un giro en las estructuras sociales que en el caso latinoamericano se traduce en formas culturales, sociales, económicas y políticas, que comportan elementos antiguos y nuevos, foráneos y locales, pero ambos con la posibilidad de ser resignificados en un nuevo orden sociocultural que tiene implicaciones directas en la condición de ser sujeto latinoamericano. Emergen en Latinoamérica unos referentes nuevos articulados a estas críticas al modelo de modernidad eurocéntrico, blanco, monolítico, “monocultural” y “universal”, “que posicionan el conocimiento científico occidental como central, negando así o relegando al estatus de no conocimiento, a los saberes derivados de lugar y producidos a partir de racionalidades sociales y culturales distintas” (Walsh, 2007:103). A estos referentes se les ha llamado decolonialidad. Esta decolonialidad problematiza las posturas de la colonialidad que ubicó a Latinoamérica como continente subalterno, como un lugar a desarrollar, que incivilizado había que llevar a la modernidad. Además, propone la autora que en esa perspectiva se pueden distinguir cuatro esferas o dimensiones de operación que, a partir de su articulación, contribuyen a mantener la diferencia colonial y la subalternización en America Latina. La primera de ellas es la colonialidad del poder, “entendida como los patrones del poder moderno que vinculan la raza, el control del trabajo, el Estado y la producción de conocimiento” (Walsh, 2007:104). En torno a esa mirada se propuso en América Latina la diferenciación social (el blanco como referente, el indio y el negro como incivilizado). La segunda es la de la colonialidad del saber, “que no sólo estableció el eurocentrismo como perspectiva única de conocimiento, sino que al mismo tiempo, descartóporcompletolaproducciónintelectualindígenayafrocomo“conocimiento” y, consecuentemente, su capacidad intelectual” (Ibíd.:104); y por ende el saber y conocimiento de los pueblos colonizados latinoamericanos. La tercera dimensión, la colonialidad del ser, “que ocurre cuando algunos seres se imponen sobre otros, ejerciendo así un control y persecución de diferentes subjetividades como una dimensión más de los patrones de racialización, colonialismo y dominación”
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    22 (Ibíd.:105), referente quejustificó por siglos la violencia colonizadora en nuestro continente. La cuarta dimensión de la colonialidad es la definida como colonialidad de la naturaleza, en la cual se propuso una “división binaria cartesiana entre naturaleza y sociedad, una división que descarta por completo la relación milenaria entre seres, plantas y animales como también entre ellos, los mundos espirituales y los ancestros (como seres también vivos)” (Ibíd.:105), precepto que justificó la depredación por siglos de nuestros recursos naturales y la instauración de modelos desarrollistas, modernizantes e incluso asociados a procesos de violencia y guerra. Entonces, comprender la modernidad contemporánea en América Latina implica pensar la relación constante entre adscripción y resistencia, entre la innovación y la continuidad, la homogenización y la heterogeneidad y la secuencialidad y las rupturas. Ello quiere decir, el acercamiento a los diversas formas de vivir, asimilar y recrear de sus habitantes que responden de diversas maneras a los requerimientos de los proyectos biopolíticos de la modernidad europeizante o norteamericanizante, donde lo tradicional indígena y lo afro descendiente no es el punto de partida de los procesos de modernidad y civilización de nuestros países, sino que estas tradiciones coexisten en las dinámicas urbanas y en las hibridaciones socioculturales de nuestros pueblos. Con relación a la juventud, podemos decir que la modernidad no sólo la produce, como consecuencia de las transformaciones sociales del siglo XIX, sino que potencia la configuración de una condición juvenil, desde el hombre joven (o aún, niño) campesino que se forma en las tareas del campo, la mujer joven (o aún, niña) que acompaña las tareas del hogar y se adiestra para poder conducir el propio y procrear; luego, el joven obrero no diferenciado por su edad sino por su capacidad de trabajo, el estudiante (hombre, y luego tardíamente, mujer) que inicia la visibilización social de la condición juvenil al introducir en el paisaje social moderno un imaginario, un cuerpo diferenciado en su vestir, un comportamiento y una función, pasando por el soldado, figura importante en las confrontaciones armadas de la última fase de la modernidad, hasta el que podríamos denominar “joven moderno” de los años 50’s y 60’s que empieza a desligarse de los marcajes de las instituciones de regulación y a producir su propia experiencia vital y su configuración e imaginario social. Como se ha dicho, la juventud de la modernidad más reciente, actúa en contraposición o actitud crítica hacia el proyecto moderno (expresado en el mundo adulto e institucional), lo cual le granjea una connotación de rebelde, desorientado e inmaduro, a lo cual las disciplinas del saber humano reaccionan produciendo un conocimiento moderno, compartimentado y aparentemente ordenado sobre estos sujetos, agregando a los nombramientos ya mencionados otros como el de púberes, adolescentes, menores de edad; ordenamiento que sirve tanto para conocerlo, como para regularlo y vigilarlo. Sin embargo, no todo el surgimiento de esta categoría social y de su condición es una consecuencia premeditada del proyecto moderno, de hecho, desde otro ángulo puede leerse como una de las sucesivas transformaciones que a la postre pondrían en crisis la modernidad. No en vano, fue la población juvenil no sólo signo y síntoma de los cambios, sino una de las principales protagonistas de éstos durante el siglo XX.
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    23 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión Para García Canclini,en la actualidad la juventud aparece en medio de los procesos de la globalización moderna latinoamericana y relacionada con las formas de producción cultural, como una vía de generación de formas identitarias y de subjetividades, que no necesariamente se adscriben a las lógicas establecidas del consumo y desarrollan maneras recreadas de expresión social, cultural y política, que buscan ya sea reivindicar los discursos tradicionales o bien producir nuevas maneras de ser y estar, nutridas de elementos foráneos y propios que se mueven entre la igualdad y la diferencia, la primera en el acceso a la globalización y la segunda en la expresión social y cultural: Los jóvenes actuales adhieren más a causas que a organizaciones. Este tipo de instantaneismo o espontaneismo de las luchas políticas tiene que ver, como sabemos, con muchos factores. Algunos provienen de la desintegración y la deslegitimación de las formas clásicas de representación política y otros del modo en que hoy se hace cultura o nos conectamos con el pasado, el presente y el futuro (García Canclini, 2003: 32). En suma, en las formas de expresión y producción cultural juvenil se pueden rastrear las transformaciones, impactos y procesos de la modernidad/colonialidad en América Latina, así como de las transformaciones socio culturales y espaciales producidas en ella, ya que en sus modos de ser y estar aparecen mezclas entre lo ancestral y lo moderno, entre lo local y lo global, donde coexisten historias, memorias y espacios que se funden en procesos profundos de socialización y producción de subjetividad individual y colectiva. 1.2.3 Económica Para la comprensión de la dimensión económica es necesario, antes de adentrarse en discusiones sobre la economía como tal, identificar y reflexionar algunos conceptos y nociones previas como progreso, desarrollo, capitalismo y modelo de desarrollo neoliberal. El progreso, entendido como todas las acciones de un individuo o comunidad sobre sí misma o sobre otras, tendientes a mejorar sus condiciones de vida, ha existido siempre y tomó en épocas anteriores a la modernidad otras formas y nombramientos como dominio o superioridad del hombre sobre la naturaleza, explotación de recursos, supervivencia, exploración o conquista, que eran a la vez dispositivos y nociones teleológicas, y que se hallaban relacionadas con otros discursos como el de la religión, la ciencia y la política. En la dimensión económica es importante reconocer el significado del término “desarrollo” como la representación de progreso que se tiene actualmente. Es conveniente evitar la naturalización o el esencialismo de este concepto, como “una práctica de definir y categorizar para ordenar y dar significado a la intervención en una determinada realidad social, en suma, un ejercicio de poder” (Cejas, 2000:73 -74), a la manera en que actualmente opera dicha práctica, dando un salto de la búsqueda del mejoramiento de las condiciones humanas como una necesidad, hacia la implementación de estrategias de generalización, homogenización y objetivación
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    24 con el finde producir sujetos gobernables (Cejas, 2000:75) y contextos adecuados para la producción capitalista; en fin, que existe un desarrollo, pero han sido posibles y son, otros desarrollos, entendidos estos como la búsqueda del ser humano más equitativa por el mejoramiento de su existencia y la satisfacción de sus necesidades existenciales. Esta comprensión de la(s) noción(es) de desarrollo, permite ubicar tres lugares del mismo: en primera instancia, el desarrollo como discurso o los discursos del desarrollo, entendidos como la o las ideologías y las nociones de bienestar o avance que proponen estrategias de acción y modos de ordenamiento socioeconómico; En segundo lugar, lo factual del desarrollo o las prácticas del desarrollo, que vienen a ser las implementaciones reales de aquellos discursos e ideologías y, en tercer lugar, los sujetos del desarrollo o las formas de subjetividad fomentadas por el desarrollo, que son por un lado, las concepciones de sujeto que se esconden tras los discursos del desarrollo, y por otro, las diferentes formas en que tanto los discursos como sus implementaciones generan respuestas en las poblaciones, como por ejemplo, las propuestas alternativas -como los movimientos sociales por ejemplo- al modelo establecido. Entonces, tras todo ordenamiento económico, se oculta una idea de progreso, que se configura en una forma de desarrollo, cuya versión en nuestro caso, y en la mayor parte del mundo es el sistema capitalista, que ha alcanzado su forma más “avanzada” en el modelo de desarrollo neoliberal. En este modelo, se parte de la idea de que los sujetos individuales o colectivos son responsables de la generación de sus condiciones de vida a partir de las posibilidades del sistema del capital y que es a través de éste que se puede generar bienestar, pues posee unas leyes, posee un equilibrio, un ordenamiento que posibilita la distribución de la riqueza; la libertad es el máximo principio y esto aplica no sólo para la relación política sino de mercado, por ello el Estado no debe intervenir, debe limitarse a generar posibilidades de seguridad y administrar. El ordenamiento económico es considerado por muchos autores como la dimensión contextual más importante para el surgimiento y moldeamiento de la condición juvenil. El orden social que se inició en la modernidad sentaba sus bases sobre los marcos del Estado - Nación3 y del libre mercado, estableciendo una distribución más o menos clara de las funciones de administración del Estado, cuidado de la población y movilización y sostenimiento económico, lo cual, aunado al crecimiento de la población, implicó la identificación y clasificación de los sectores poblacionales, visibilizando a uno nuevo, la juventud, que empezó a ser adiestrado para ingresar a la dinámica social y productiva. 3 Los Estados-Nación son las formas modernas de organización social y política, que se caracterizan por tener un territorio delimitado, una población vinculada a un cierto origen étnico y un gobierno, cuyas funciones son garantizar la justicia, la defensa del territorio y el monopolio de las armas, así como el bienestar de los habitantes. Los Estados-Nación se crean, históricamente, mediante el tratado de Westfalia, al final de la guerra de los 30 años (1648). Mediante este tratado se acaba con el antiguo orden feudal y se da paso a or- ganizaciones territoriales y poblacionales definidas en torno a un gobierno que reconoce sus límites espaciales, y por lo tanto, de poder.
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    25 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión Debido al crecimientopoblacional en el cual la juventud alcanzó su pico más alto, el modelo de desarrollo establecido no ha logrado dar lugar a todos los y las jóvenes y la idea de contenerles en la educación y en el tiempo libre mientras se preparan para su acceso al mundo productivo se ha resquebrajado. Habría que decir que posiblemente, no está en el interés del modelo dar solución a esta dificultad, ya que por un lado, se parte de la idea de que en el establecimiento definitivo y óptimo del modelo se generan daños colaterales o efectos secundarios y por otro, que la responsabilidad no está como tal en el modelo, sino en la misma juventud que no intenta adscribirse y hacer uso de las posibilidades que este tiene. 1.2.4 Política La variable política como elemento para la comprensión de un contexto debe tener en cuenta principalmente las transformaciones que en las últimas décadas ha tenido no sólo esta noción sino su práctica. Si bien la política es entendida básicamente como la preocupación por los asuntos de la ciudad, esta premisa griega se ha venido configurando en unas ideas y formas de actuación social cuyos pilares pueden rastrearse en el proyecto de la modernidad y en el surgimiento del modelo Estado-Nación, al menos para nuestro mundo occidental. Así, la política son todas aquellas relaciones que viabilizan el poder en un conglomerado social, implica unas concepciones de mundo y sociedad, unas formas de agrupamiento y unas estrategias y mecanismos para la difusión de las ideas y la toma de decisiones. La política no debe ser entendida únicamente como el ejercicio del poder gubernamental o la pugna por este, la participación en las maquinarias de partido o el ejercicio del sufragio, sino, de manera más amplia, las diferentes percepciones y relaciones de un individuo con la sociedad en la búsqueda del establecimiento de condiciones de vida. Esta última noción de la política es producto de las transformaciones históricas de la misma; aunque en principio conserve la esencia del pensamiento de la polis griega, éstas implican crisis, y para algunos autores, la estructura política actual presenta una crisis que conlleva transformaciones. En efecto, para Nicolas Tenzer (Tenzer, 1992), existe una crisis general de la sociedad, expresada en un estado general de perturbación y cuyo síntoma más significativo es la crisis de la política. Para Tenzer, esta crisis se evidencia en dos aspectos: crisis de las ideologías que sustentaron la política moderna (las teorías liberales y marxistas por ejemplo) aunadas a las ideas de organización social, desarrollo y bienestar, y, en un segundo aspecto, la pérdida del carácter colectivo de la política, que ha derivado hacia acciones excluyentes y de interés individual o privado, profundizando estados de dominación. Estadesvirtuacióndelapolíticaydelopolítico“generaunfenómenodefragmentación social en el que lo público entendido como lo colectivo, se privatiza, se refuerza la individuación de lo social, las representaciones colectivas en la esfera política se desdibujan y cada día evidenciamos representaciones parceladas de lo social” (Sanin 2000:6). Sin embargo, este aparente desdibujamiento también puede leerse como una forma emergente de la política en la contemporaneidad: lo público vivido desde
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    26 la individualidad, quepermite el surgimiento de nuevas formas de relacionamiento en lo social; ya no habría que tener una idea colectiva de lo público, ni participar colectivamente o adhiriéndose a partidos políticos por ejemplo; la acción individual genera representaciones colectivas también. Consecuente con lo anterior, las transformaciones de la política en nuestro contexto reciente, a partir de los tiempos de posguerra posterior a la segunda guerra mundial, implican la comprensión de la tensión entre los proyectos capitalista y autónomo o socialista, (tensión que explicaremos más adelante), aparentemente resuelta después de la guerra fría y con la caída del bloque soviético, pero que subsiste en los enfrentamientos y coaliciones estratégicas entre naciones que buscan evitar la hegemonía norteamericana, no sólo en lo político sino en lo económico y de contrarrestar o relacionarse en igualdad de condiciones con emporios económicos transnacionales de gran poder. Ligado a lo anterior, la relación entre política y mercado se ha transformado al evidenciarse una mayor preeminencia del aspecto económico en la toma de decisiones, lo cual ha generado el surgimiento de nuevos movimientos sociales cuyas preocupaciones oscilan entre asuntos de orden local y global, o mejor dicho, amparados en la conciencia de las problemáticas globales y del peso de lo económico. Otra transformación importante en lo político, tiene que ver con una mayor conciencia del pluralismo ideológico frente a la homogeneidad propuesta por el proyecto moderno, generando una mayor tensión entre las propuestas autoritarias y las democráticas, entre el totalitarismo y el pluralismo. Ninguno de estos cambios fuera posible si no se dieran transformaciones en la manera como la gente se concibe a sí misma, su idea de ser alguien en el mundo, su identidad y su subjetividad y estas a su vez implican transformaciones en sus maneras de relacionamiento. Así, la noción de la política, ha vivido ampliaciones en la manera como se concibe, expresa y practica, haciendo uso de nuevos medios y códigos, generando mecanismos alternativos y construyendo propuestas independientes en lo individual y lo colectivo. Se podría hablar de dos grandes tendencias en la concepción de la política y lo político en la contemporaneidad, en las cuales, la población juvenil tiene una participación cada vez más notoria. La primera de ellas hace referencia al surgimiento de nuevos movimientos sociales y formas de participación y acción política que van desde posturas extremas de transformación de todo el orden sociopolítico hasta posturas que promueven la inclusión de otros discursos y formas de expresión, haciendo énfasis en la visibilización de aquellos grupos poblacionales y aquellos temas que tradicionalmente no fueron tenidos en cuenta como las minorías étnicas, la mujer, y la población juvenil, y temas como la regulación del sistema de mercado, la participación social y el cuidado del medio ambiente. La segunda de ellas es la transformación y ampliación de la mecánica tradicional más allá de los partidos originarios de izquierda y derecha o federales y centralistas, o de tradición liberal o marxista, y de las formas de expresión y participación representativa jerárquica, hacia formas de mayor acercamiento de y a la población,
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    27 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión que incluso retomanpropuestas de la anterior tendencia mencionada, en las cuales, el Estado (y los gobiernos) se ubican más cerca de la gente del común y facilitan su acceso a los espacios de expresión y decisión a través de estrategias de organización y participación social en las cuales se da la posibilidad de decidir sobre parte del presupuesto o sobre aspectos de importancia menor en la dinámica social, pero sin modificar en lo estructural el sistema. La población juvenil, en tanto se moviliza en alguna de estas dos vertientes, ya sea participando en movimientos de resistencia o manifestando su pensar político por vías estéticas, ya sea agregándose activamente a partidos políticos o participando en los escenarios facilitados por el Estado, desarrolla cada vez más, formas de adscripción estratégicas que más que vincularse totalmente en una u otra, se nutren de aquello que en cada una les sea útil a sus intereses. Esto, más que leerse como una pérdida de principios o de integridad política, debe leerse como una forma alternativa de participación o una búsqueda de medios más adecuados a sus necesidades y realidades. 1.2.5 Sociocultural Estadimensiónhacereferenciaalosdiferentesordenamientos,imaginarios,premisas, prácticas y expresiones que surgen, configuran y delimitan el comportamiento de un conglomerado poblacional. Lo sociocultural es una conjunción de los elementos a través de los cuales una sociedad se organiza, tales como grupos, instituciones, mecanismos de distribución y clasificación poblacional, etc y los elementos que le dan un sentido y una expresión particular a estos. De acuerdo con Puig (1994), “la sociocultura denota una manera de trabajar solo posible en contextos donde existan relaciones cotidianas interpersonales e intergrupales, y en donde sus diferentes culturas entren en diálogo e interrelación”. Además, “la sociocultura haría también referencia a la expresión de la cultura de las comunidades y grupos. Desde esta visión, la diversidad de voces y el pluralismo cultural devienen elementos inherentes al hecho sociocultural” (Planas & Soler).Tanto los elementos tradicionales, geográficos, materiales e inmateriales, como los elementos emergentes, foráneos, innovadores son fuente de esta dimensión que se encuentra estrechamente relacionada con las demás y que, al igual que éstas, posee una relación escalar, es decir, es posible mirarla e identificarla en ámbitos o territorios pequeños, de carácter local y en ámbitos más amplios, que hagan referencia a regiones o naciones e incluso continentes. En esta medida, se puede pensar que existen algunos elementos característicos y determinantes de la dimensión sociocultural actual que permiten el establecimiento de una nueva escena de carácter globalizado (globalizante), notoria en la urbes de los países latinoamericanos y que supone una vivencia particular del espacio tiempo contemporáneo, una realidad propia, que tiene su mayor expresión en las generaciones jóvenes que se constituyen en sujetos que no solo la asimilan sino que la producen. Estos elementos son: la mundialización, globalización de la cultura o de lo cultural, los avances tecnológicos, el aumento de las fuentes y canales de
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    28 información y comunicación,la precarización de la sociedad por efecto del modelo de desarrollo económico, las transformaciones en la relación Estado – Sociedad Civil – Mercado, los procesos de movilidad y migración, la ampliación en el acceso, expresión y producción cultural, el consumo y la reconfiguración y diversificación de la idea de sujeto. Mundialización, globalización de la cultura o de lo cultural: en donde la reivindicación identitaria entra en tensión con la interculturalidad, las fuentes identitarias locales se mezclan o hibridan con las foráneas, se producen expresiones culturales desterritorializadas o reterritorializadas y en contacto con sus contextos de origen. Las principales fuentes productoras de cultura y que por ende determinan las tendencias, provienen de un exterior europeo o norteamericano y generan nichos de amplificación en las grandes ciudades latinoamericanas, ante lo cual se producen fenómenos de “glocalización”, es decir, de articulación o mezcla de lo local con lo global. Los avances tecnológicos y su implementación en el mundo de la vida cotidiana: la tecnología deja de ser el desarrollo de implementos para el avance científico e industrial y se convierte en un elemento facilitador y vinculante de las relaciones sociales y de la vida en general, introduciendo un nuevo campo social como lo es la virtualidad y que a la vez que intensifica lo social genera exclusiones y marginaciones por su relación con el mercado. El aumento de las fuentes y canales de información y comunicación: de la mano con lo anterior, los avances tecnocomunicacionales a partir del soporte digital y expresados en la ampliación de la Internet, la televisión digital, la tecnología celular, y toda una gama de dispositivos y formatos de transmisión e intercambio de información, cuya tendencia es a fusionarse (radio en Internet, por ejemplo, acceso al cine o a la televisión desde el celular, I phones, etc), permiten acceder a información de manera amplia y rápida, a la vez que se genera una pérdida del sentido y la relativización de la valoración de esta información. A esto habría que agregarle la posibilidad de producción de información de cada individuo, independiente de las grandes fuentes. Precarización de la sociedad por efecto del modelo de desarrollo económico: la transformación de los procesos productivos en el marco del modelo de desarrollo capitalista neoliberal, el paso de la industria fabril a la industria de servicios (de la fábrica a la empresa), el borramiento de prácticas y tecnologías de producción manuales o antiguas, y el poco control del Estado hacia las prácticas de la empresa privada, disminuyó y especializó el espacio laboral restringiendo el ingreso a él, generando competencia entre los empleados y perpetuando formas de esclavismo con presentación mejorada, que conducen a la emergencia de formas de trabajo en las cuales la empresa y el Estado se desresponsabilizan de la seguridad y el sostenimiento del trabajador y de sus condiciones de trabajo (tercerización, downsizing, outsourcing y teletrabajo, contratos de prestación de servicios o freelance, integrales, etc,)4 , así como de la generación de empleos permanentes, acrecentando el trabajo informal. 4 Estos términos hacen referencia a las diferentes formas administrativas de la empresa privada y pública de disminución de gastos como son las contrataciones externas sin vinculación laboral y traslado de costos asociados a la producción hacia el consumidor o el entorno.
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    29 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión La demanda cadavez más alta de formación para el empleo genera espacios de espera (moratoria educativa) sin acompañamiento estatal y social y transmite al individuo la obligación de generar su propio empleo o la consecución de uno. Los Estados intentan dar solución a esta problemática, ya no ofreciendo empleos de choque sino formación de choque (mano de obra con calificación técnica, el obrero del futuro). Esta situación hace que grandes cantidades de población no cuenten con los ingresos mínimos necesarios para garantizar una calidad de vida adecuada y acceder a las “bondades” del sistema, desconectándolas de la educación, la salud y la cultura, aumentando la sensación de desprotección e impotencia, generando atraso social y fomentando el establecimiento de una sociedad dual, que se mueve bajo la lógica de inclusión/exclusión, o mejor, como plantea Ferrara, de reclusión/ exclusión del sistema (Ferrara, 2007) o del riesgo, como plantea Ulrich Beck, que incluso va más allá de la incertidumbre planteada por el modelo de desarrollo y se pregunta por el sostenimiento del planeta y de la especie humana. Las transformaciones en la relación Estado – Población: Como consecuencia de lo anterior, se generan distanciamientos, reacomodaciones y tensiones en la relación entre los sujetos, el Estado (entendido este como estructura de gobierno) y el mercado, que entra a convertirse en un tercero en la producción de lo social. Gran parte de las necesidades básicas de los sujetos deben ser resueltas ya a través de la relación con el sistema de mercado; y con el Estado, que cumple un papel administrador y regulador más bien difuso, se discuten los asuntos de índole político y de ordenamiento social. La dificultad estriba en que ambos asuntos no van separados y los sujetos deben aprender a desenvolverse y desarrollar capacidades y estrategias individuales y colectivas para relacionarse y garantizar sus derechos, moviéndose entre la demanda a la empresa privada y la tutela al Estado, entre las asociaciones de consumidores y las organizaciones sociopolíticas. El consumo como estilo de vida: El consumo, entendido no sólo como el gasto económico o la consecución de bienes y servicios, sino también como la destinación del tiempo libre en participar de actividades que generan sentido de pertenencia y granjearse objetos y bienes simbólicos ofertados por la industria cultural o el mercado y que se hallan socialmente avalados, se convierte en el medio expedito para garantizar el reconocimiento como sujeto y la inserción en el sistema socioeconómico. El consumo, más allá de los marcajes identitarios tradicionales, el conocimiento e incluso el status social, se propone como el ideal del ser que además se encuentra más cercano al viejo sueño de la sociedad de bienestar, premisa que sostiene su paradigma: ser feliz. Es a través del consumo que es posible, de acuerdo con este ideal, ser mejor, hacerse escuchar, generar cultura e incidir en la transformación social. Así, el paso progresivo de la condición de ciudadanía a la de consumidor aparece como nuevo escenario donde se resuelve lo político debido a los cambios en el modelo económico. El consumo se propone como la forma moderna de ejercer la ciudadanía, de generar sentido de pertenencia y de participación en redes. Los procesos de movilidad y migración: La relación entre avance tecnológico, sistema de mercado y mejoramiento infraestructural, conlleva a la generación de medios
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    30 de transporte másrápidos y eficaces, más rutas y conexiones y más destinos interconectados, ya sea como centro de producción, de intercambio económico o de atracción para el cumplimiento del sueño del bienestar. La movilidad tiene tres vertientes: como estrategia del sistema de producción, como turismo y como opción de supervivencia. En esta última, la movilidad implica la búsqueda de permanencia en el lugar de llegada, que muchas veces es incierto. Ante las precarias condiciones de algunos sectores geográficos, aunadas a la acuciante presencia de la guerra, el hambre o la exclusión social, se generan procesos de movilidad y migración voluntaria o forzosa. Estos procesos se dan no sólo a gran escala entre continentes por ejemplo, sino de una ciudad a otra e incluso de manera intraurbana. Sobra decir que la movilidad y la migración tienen efectos en las prácticas socioculturales de quien vive en estas condiciones, ya sea generando ampliaciones en su espectro cultural, hibridaciones de sus prácticas con las del lugar de destino que implican borramientos del marco cultural de origen. La ampliación en el acceso, expresión y producción cultural: en la medida en que los sujetos colectivos o individuales viven en un contexto de mayor transformación y acceso a las innovaciones tecnológicas que traen consigo información, tendencias y discursos culturales foráneos y los procesos de sostenimiento socioeconómico dejan espacio a la expresión vital sensorial, todas las formas y prácticas culturales se alimentan, recrean y amplían a partir de estas nuevas fuentes. Una de las características principales de este elemento es la entrada en crisis de los discursos patrimonialistas, museificantes y en general proteccionistas o de conservación de la cultura y lo cultural identitario. Se revisan las nociones de cultura patriarcal y se amplía el marco de la memoria y la producción cultural material e inmaterial. En consecuencia, otra característica es la posibilidad de creación y expresión que se sale de los parámetros tradicionales de lo artístico y lo culto; cada sujeto puede pensarse como productor cultural, ya no sólo desde la perspectiva de sujeto transformador de su entorno con sus prácticas cotidianas, sino como ente activo, particularmente desde las plataformas tecnocomunicacionales en las que puede generar video, audio e imagen y promocionar acciones y discursos culturales. La expresión y producción cultural ya no está únicamente en manos de profesionales. Reconfiguración y diversificación de la idea de sujeto: A partir de los procesos antes señalados el sujeto latinoamericano ha vivido una serie de reconfiguraciones en sus formas de actuar, su noción de sujeto, su lugar en la sociedad y la manera como es visto, organizado, producido e influenciado por los estamentos públicos y privados. El sujeto Latinoamericano se piensa a sí mismo como ciudadano en unos aspectos y como consumidor en otros, como adscrito o resistente al modelo de desarrollo, que expande su derecho y su capacidad expresiva y sensorial con apoyo en las tecnologías, que concibe la posibilidad de transformar y moldear su cuerpo incluso con la inserción de dispositivos, que adquiere mayor autonomía en la producción del discurso identitario al cual adscribirse, a la vez que se entrega ciegamente a los parámetros de administración de lo vital generados desde el Mercado y el Estado, que implementan estrategias de regulación e influenciamiento social y moldean el comportamiento.
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    31 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión 1.3 TENSIONES DELCONTEXTO ACTUAL La globalización, por supuesto, no es una única cosa, y los múltiples procesos que reconocemos como globalización no están unificados ni son unívocos. Nuestra tarea política, argumentaremos, no es, simplemente resistir a estos procesos, sino reorganizarlos y redirigirlos hacia nuevos fines. Negri & Hardt. Imperio La juventud en la pared. Manuel López. 2010. La comprensión de la contemporaneidad, es decir, del contexto actual latinoamericano, de acuerdo a como lo hemos planteado anteriormente, goza de diversas clasificaciones, caracterizaciones y explicaciones, según el enfoque que se proponga, cada una de las dimensiones antes expuestas puede adquirir un lugar de preeminencia y considerarse el principal factor decisorio de las circunstancias. Una de estas clasificaciones de las que hablamos propone dos elementos comprensivos que estarían en la base de lo que se puede denominar contemporáneo; ellos son complejidad y nuevo orden global. El primero hace eferencia a la generación de diversos planos de diferenciación del sistema social en subsistemas particulares que son autónomos y a la vez interdependientes entre sí, en la irrupción de una pluralidad de significados y perspectivas expresados en la coexistencia de múltiples y discontinuos códigos de comunicación y en la variedad de posibilidades culturales y finalmente, en la creación de una conciencia de dicha complejidad que permite a los sujetos identificarse en y hacer uso de ella (reflexividad) (Gleizer, 2007). Otro tanto aporta el concepto de nuevo orden global, más conocido como globalización, entendido como un sistema de producción e intercambio de bienes, así como la preeminencia de tecnologías de la informática y la comunicación de alcance
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    32 planetario, la debilidadde los Estados - nación, y la creciente tendencia a generar interrelaciones planetariamente abarcadoras. Entonces, la comprensión de la contemporaneidad implica reconocer un giro en el nombramiento de la época, el surgimiento de nuevas y diversas formas de pensar, conocer y actuar cuyo fundamento es lo complejo, la generación de un nuevo orden mundial o planetario producto de diferentes procesos de globalización, y finalmente, la contextualización de las manifestaciones locales de estos fenómenos, que en el caso nuestro significa, la identificación de las maneras como Colombia y Latinoamérica se inscriben o participan de estas dinámicas. Antes de adentrarnos en dicha identificación, es necesario recordar que la separación que hemos hecho de las dimensiones del contexto es sólo teórica y que existe una constante correlación e influjo de unas sobre otras; igualmente, en esta misma vía de reflexión, es necesario tener en cuenta que estas dimensiones no son unívocas y coherentes en su interior y entre sí; la mirada disciplinar histórica privilegió la visibilización de tendencias, prácticas, discursos y acciones hegemónicas, es decir, las más prominentes o aceptadas en un mismo territorio, lo cual no significa que existieran otras; de hecho, una revisión de los acontecimientos históricos desde esta perspectiva nos permitiría reconocer como hasta el denominado proyecto moderno, que se presenta como unívoco y coherente fue producto de tensiones y transformaciones en relación con las dimensiones que hemos desarrollado. Por ello, consideramos esclarecedor intentar una comprensión de las dinámicas actuales en este marco general de comprensión de la contemporaneidad a partir de los procesos de globalización, como tensiones que se presentan debido a pugnas al interior de sus dimensiones. Se debe hacer énfasis en el hecho de que usamos deliberadamente el concepto de tensión, que implica el conflicto como un modo de gestión de la tensión, y que comporta fuerzas en constante pugna a partir de las cuales surgen nuevos órdenes y dinámicas socioculturales. Una tensión que se evidencia en casi todos los órdenes del acontecer humano actual es la que se da entre Globalidad y Localidad y que algunos autores denominan como glocalidad, entendiendo esta como la manera en que esta tensión se presenta o se resuelve. Esta tensión se genera a partir del encuentro entre modos de vida, economías, modelos políticos, discursos sociales, culturas y desarrollos tecnocientíficos generados desde los centros de poder con alcance planetario y las formas de hacer locales, encuentro que se da, como se ha dicho, bajo el sistema capitalista (y el modelo de desarrollo neoliberal) donde a pesar de la riqueza multi e inter cultural que pudiese generar resulta casi siempre en condiciones de inequidad y avasallamiento hacia las formas locales, lo cual es leído como “la constitución de una nueva forma de soberanía supranacional, que no pertenece a ningún Estado- nación y que configura un nuevo orden global al que se ha denominado imperio” (Hardt, M y Negri T, citados por Escobar, 2007: 148). Sin embargo, sería necesario tomar distancia de esta aparente visión apocalíptica en la que toda subjetividad es producto de la biopolítica del denominado imperio y desconoce la capacidad humana de resistirse y recrear su entorno social y donde el futuro posible sería el arrasamiento de lo local, contrario a lo que algunas
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    33 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión subjetividades y accioneslocales nos muestran, particularmente en las prácticas y expresiones culturales y políticas juveniles que recrean y resisten los modos de hacer y de vivir propuestos por modelos de desarrollo foráneos, tal como explicaremos en el último capítulo. Preferimos leer esta tensión o las formas de resolución que resultan de ella como hibridaciones socioculturales en las cuales no necesariamente existen relaciones de dominación hegemónica de lo global sobre lo local, sino formas dialécticas en las cuales se generan procesos de relectura y reacomodación de los ordenamientos sociales y económicos pensados a gran escala y desde los suprapoderes como procesos de resistencia a los avasallamientos de estos mismos. La tensión de orden político, es la tención generada entre el proyecto de autonomía y el proyecto capitalista. El proyecto de autonomía recoge todas las acciones sociales generadas alrededor de los últimos doscientos años que intentaban consolidar a nivel planetario la democracia como régimen en el que los sujetos, a partir de su condición, son los el creadores de sus propias leyes y donde la premisa de que todo puede ser posible mas no todo debe ser posible, es el marco para su autolimitación (Franco, 2000). Si bien a partir de los 60’s, (del siglo anterior) el proyecto autonómico debió dirigir sus fuerzas hacia el cuestionamiento de las nacientes significaciones imaginarias del capitalismo, con la caída del muro de Berlín a finales de los 80’s, se debilita hasta casi desaparecer, permitiendo la preeminencia del proyecto capitalista y su idea de que el crecimiento ilimitado de la producción y de las fuerzas productivas (del consumo en su versión neoliberal) es la finalidad central de la vida humana, Sin embargo, desde diferentes lugares del planeta y a través de estrategias sociales, políticas y culturales se sigue buscando impedir la hegemonía del proyecto capitalista o al menos equilibrar o matizar sus alcances. Esto último es evidenciable en los Nuevos Movimientos Sociales de carácter ambientalista como Greenpeace o Sea Shepherd e incluso los partidos verdes; de reivindicaciones étnicas y culturales como los movimientos indigenistas latinoamericanos y de cambio en el orden socioeconómico, como aquellas que promulgan el comercio justo (fair trade o alternative trade). Producto de las acciones del proyecto capitalista y sus alcances globalizadores, cantidad de seres humanos se ven en condiciones de abandono y desamparo social y carentes de las herramientas necesarias para insertarse en los flujos de producción y beneficio del sistema, mientras otra cantidad logra, a expensas de la anterior, alcanzar el bienestar en ellos o al menos mantenerse a flote, no sin pagar un precio en su autodeterminación como sujetos. Esta situación de un afuera y un adentro del sistema es expresada por la tensión entre Exclusión y Reclusión, (Ferrara, 2007) y no por el par exclusión-inclusión, ya que no por estar dentro del sistema se es inmune a los malestares generados por el modelo, donde uno de los más angustiantes es la siempre presente posibilidad de ser arrojado afuera, sin mencionar los temores y ansiedades que produce el estar recluido dentro del sistema, como el temor a la soledad que genera la impersonalidad de las instituciones, el individualismo, así como la amenaza de la violencia, la necesidad de consumir bienes y servicios para seguir haciendo parte; en últimas, estar del lado “bueno” del sistema no implica escapar a sus “males” o vivir en un mundo de bienestar.
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    34 La expansión globalizadoratambién tiene efectos en lo espacial que se expresan en términos de tensión entre movilidad poblacional y delimitación territorial o su versión inversa que es segregación poblacional y apertura territorial. El aumento en los flujos de intercambio económico, las aperturas de fronteras entre comunidades de naciones, el surgimiento de ciudades que atraen por su imaginada capacidad para brindar bienestar y empleo, el mejoramiento de las estructuras de transporte que acercan grandes distancias, los avances en las telecomunicaciones que posibilitan el conocimiento y deseo de otras culturas, la creación de grandes centros de poder en contraposición a la precarización de naciones enteras a causa de guerras, hambrunas, gobiernos autoritarios, escasez de empleo e inadecuadas condiciones de vida, motivan y generan posibilidades para la movilización de grandes cantidades de población entre continentes, países y regiones creando flujos migratorios masivos e individuales frente a los cuales las entidades de control migratorio, los gobiernos y las sociedades responden con acciones y estrategias de delimitación territorial, fortalecimiento de fronteras, segregaciones étnicas, afianzamiento de identidades y todo tipo de filtros económicos, culturales y políticos que no pueden ser implementadas de manera totalitaria, dado que parte de esas movilizaciones benefician el sistema e incluso son esperadas o generadas por el mismo. Tanto las poblaciones que permanecen en sus lugares de origen como las que migran de manera voluntaria u obligatoria deben enfrentar una nueva tensión entre el sostenimiento de su identidad cultural y la generación de formas transculturales, producto del descentramiento territorial que se genera, ya que este conlleva en sí un descentramiento cultural que implica la apropiación de nuevas formas identitarias o la defensa de las propias y tradicionales, situación que podría poner en riesgo la permanencia en el lugar de llegada o el acceso a sus beneficios y para los que permanecen podría implicar la pérdida o transformación de sus referentes tradicionales o de igual manera el no acceso a los beneficios del intercambio cultural. En el ámbito de lo simbólico, la multiplicación de sentidos, de significados, de imaginarios y discursos que circulan a través de los distintos sistemas sociales, de los dispositivos mediáticos y de las instituciones, genera una tensión entre la insignificancia y la profusión simbólica o el exceso de información y la importancia de la misma, en la cual la persona se mueve en una constante búsqueda de significaciones imaginarias sociales que le den sentido a la vida y el agotamiento del poder de los significados que le suministra su entorno, que podría tener como consecuencia el que ya nadie sepa cuales son los referentes adecuados para buscar información, cuál es la información pertinente o verdadera y a partir de esta determinar “cuál es su función en la sociedad, el sentido de esta y de su participación en la misma” (Franco, 2000:7) o que el sujeto entre precisamente en un individualismo, un collage de sentidos y discursos desde los cuales construir y deconstruir constantemente su propio relato vital, condición que se ha dado en llamar nuevas subjetividades. Semejantes condiciones de existencia en las que todo parece al alcance de la mano, pero la mano se hace cada vez más corta, donde el mundo se divide entre las posibilidades y los obstáculos, genera en los contextos sociales una cotidianidad que es experimentada por los sujetos como una tensión entre sus condiciones de riesgo y condiciones de seguridad que suelen estar separadas por una línea muy
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    35 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión delgada e invisible.Lo paradójico de tal situación es que tanto el discurso sobre el riesgo como el de la seguridad son a la vez producidos y fomentados por el orden globalizador del cual se derivan consecuencias ambiguas, pues el riesgo puede ser interpretado como “efectos de un proceso de modernización que es eminentemente benéfico y en cuyo seno los riesgos son legítimos” (Maluf, 2002:16) y la seguridad como la consecuencia ideal de un nuevo orden que conlleva beneficios para todos y cuyos efectos dependen del aprovechamiento de las oportunidades que genera. Entonces, riesgo y seguridad hacen parte del sistema y éste debe ser asumido así. Es necesario aclarar que acá la noción de seguridad no se refiere al bienestar o a la protección, sino a estar alejado del peligro que representa todo aquello que pueda ser una amenaza para la vida, desde el consumo excesivo de grasas, hasta las acciones de terrorismo, generando discursos y prácticas de higienismo, sanitarismo, autoprotección y blindaje, tanto físico como social, condiciones que el mercado oferta y que son más viables de obtener a través del dinero que por derecho ciudadano, pues la tensión que allí se produce debe ser resuelta, de acuerdo con el modelo, por cada sujeto.
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    37 CAPITULO 2 CONDICIÓN DEJUVENTUD Trazar un mapa de la condición juvenil latinoamericana plantea un importante desafío a las ciencias sociales de nuestra época. La coexistencia de diferencias internas hace de la juventud una situación de intercambios más que un espacio de referencias y visiones generacionales claramente discernibles, como lo fuera en décadas anteriores. Pese a la difuminación que caracteriza el universo juvenil, hay signos persistentes que ayudan a precisar la relación entre los jóvenes y el futuro de la región. Marcados por la desinstitucionalización, el consumo y la informalidad, los jóvenes siguen subrayando los modos en que la sociedad se renueva o reestiliza frente a lo político, lo social y lo popular. Néstor García Canclini En: Nueva Sociedad, 200 | Noviembre / Diciembre 2005 Clan Meleth, Comunidad Cultural Mil Espadas. Medellín. Manuel López. 2010.
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    38 2.1 ¿CÓMO SEHA CONCEPTUALIZADO LA JUVENTUD? 2.1.1 Sobre la conceptualización Establecer un concepto que defina a la juventud puede ser un esfuerzo inútil si se parte de la idea de construir una representación totalizante. Este intento puede dar como resultado un discurso tan complejo y diverso como el mismo sujeto social que pretende definir y por tanto de poca utilidad como referente para acercarse a este. De otro lado, se corre el riesgo, como ha ocurrido en diferentes espacios académicos y de la sociedad, de reemplazar la realidad por el concepto, siendo este último una única representación o una síntesis de esta. A pesar de ello, han sido múltiples las tentativas por generar una definición o una delimitación conceptual acabada de este grupo social sobre las que vale la pena hacer una reflexión somera. No es sólo el saber académico el que produce concepciones sobre la juventud y no son sólo éstas, por ende, las que deben interesar, en tanto se puede afirmar que toda concepción sobre la juventud es, en últimas, una representación social5 de ésta. Ocurre que hasta el estudio más juicioso puede hacer a un lado algún contenido, forma particular o característica de la misma, o al contrario, priorizarla, dependiendo ya sea del interés investigativo, el sector académico y social del que éste provenga y la experiencia y la postura personal de quienes lo realizan. Es necesario reconocer que existen diversos ámbitos desde los cuales se producen estas definiciones y diferentes modos o maneras de generarlas. Es necesario entonces, plantear una reflexión sobre el tipo de delimitación que se quiererastrear,omejor,notarqueenelejerciciodedeterminacióndeloqueseentiende por juventud, los sucesivos acercamientos han usado términos que provienen de diferentes escuelas, disciplinas, ámbitos sociales, líneas epistemológicas o maneras que plantean diferentes niveles de acercamiento y comprensión. Términos como: concepto, concepción, definición, categoría, representación, e incluso otros, como imaginarios, miradas, comprensiones, nociones son usados a menudo de manera sinonímica o literal. Otro elemento importante para la discusión es la migración del término y el concepto de juventud hacia otras disciplinas y discursos sociales o la ampliación de su alcance conceptual, pretendiendo abarcar con este toda la complejidad y diversidad de la población que representa. Un ejemplo a este respecto lo brinda Alvarado, quien apoyada en Manheim, nos propone el establecimiento de una Sociología de la Juventud, entendida como “el campo sociológico encargado de preguntarse por la producción de subjetividades y sociabilidades en el contexto de la condición cultural juvenil” (Alvarado et al, 2009:85) y que tiene como uno de sus supuestos el diálogo entre las teorías de las disciplinas sociales. La historia del surgimiento de las delimitaciones disciplinares, termina delimitando la conceptualización del fenómeno, en este caso, de la juventud; así, desde la 5 La noción de representación social es explicada en las miradas sobre la juventud
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    39 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión medicina, la psicología,la historia, la pedagogía, la jurisprudencia, la antropología, etc., se generaron acepciones y nociones de las cuales, la juventud, en tanto concepto sociológico tomó más vuelo, acaso por referirse a los aspectos más visibles de esta población, aunque algo similar ocurre con el concepto psicológico de “adolescencia” (Este concepto en particular, es un buen ejemplo de aquel riesgo señalado de convertir el concepto en la realidad, pues ya es de uso común y generalizado la connotación patológica de este término para referirse a quienes se les asocia a él). Esto sin olvidar la connotación ambivalente y peyorativa que desde su surgimiento y a lo largo de los años ha venido adquiriendo el término “juventud”, prestándose tanto para valoraciones positivas como negativas. En este orden de ideas, para Pérez Islas (2008), la juventud es un concepto en disputa, misma que nace desde la separación en tres vertientes de la concepción moderna de la juventud que según el autor, funda Rousseau con su obra el Emilio en 1762. Estas vertientes son la pedagógica, la psicológica y la social, que desarrollaron caminos paralelos y a menudo distantes, sin mencionar, por nuestra parte, los saberes biomédicos y jurídicos, generando la fragmentación del sujeto y la discontinuidad y diversidad de enfoques que hemos planteado. Finalmente, nos advierte Pérez Islas, en una reflexión sobre la veracidad y la pertinencia de estos “saberes clásicos” que “lo importante no es el producto, sino el proceso de dialogo que se establezca con ellos” (Pérez Islas, 2008:33). Por tal razón, a la par de la comprensión de las preguntas contemporáneas sobre el sujeto joven y el intento de acercarse a este rompiendo los moldes del enfoque disciplinar moderno, desde la teorías críticas, la inter y transdisciplinariedad, no se puede renunciar de plano a las posturas disciplinares ni a las teorías clásicas, ya que es a partir de esta “disputa” y búsqueda conceptual que han sido posibles las construcciones actuales. Acerquémonos entonces a unas nociones básicas de algunas de las disciplinas y sus aportaciones más significativas al tema de juventud. 2.1.2 Las disciplinas sociales y humanas, las ciencias médicas y sus acercamientos al tema de juventud  Psicología La psicología es la disciplina encargada del estudio, comprensión y tratamiento del comportamiento humano a partir de los enfoques que conciben la existencia del psiquismo, de lo mental o del mundo interior. La psicología empieza a nacer como disciplina a mediados del siglo XIX y debate su lugar entre las áreas sociales, humanas, naturales y de la salud. Habría que diferenciar la psicología o las psicologías de los discursos igualmente aportantes del psicoanálisis y de la psiquiatría. En relaciòn con el saber sobre la juventud, la psicología propone la noción de “adolescencia”, cuyo orígen dentro de las ciencias sociales y humanas y en particular de la psicología, data de principios del siglo XX con la aparición en Norteamerica del libro: “Adolescence, it’s Psychology and it’s relations to Psychology, Anthropology, Sociology, sex, crime, religion and education” del psicólogo G. Stanley Hall. Sin embargo, este hito histórico no puede olvidar los antecedentes que se remontan a
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    40 la paideia Helénica,pasando por J.J. Rousseau en el siglo XVIII hasta la Revolución Industrial de finales del XIX, donde aparece la juventud como fenómeno social. El término adolescencia, pretende designar en el ámbito psicológico lo que la sociología observa a nivel social: las características y comportamientos de una franja poblacional y las razones o causas de éstas. La adolescencia es entendida como una etapa del desarrollo psicoevolutivo o bien como un estado del psiquismo. Estas acepciones implican la noción de conflicto intrapsíquico donde todas las reacciones comportamentales del adolescente son comprensibles desde la perspectiva de sus elaboraciones de duelo, que no son más que defensas que le permiten la construcción de un discurso propio que dé cuenta de su Yo y lo relacione con el mundo externo. En otras palabras, la adolescencia es el surgimiento de una serie de conflictos que el sujeto debe resolver para construir una identidad. De acuerdo con Aberastury y Knobel (1984), dos palabras puedan englobar todo el fenómeno de la adolescencia: pérdida y búsqueda, que en términos psicológicos se corresponderían con duelo y elaboración, donde los duelos se deben a las pérdidas del cuerpo infantil, del rol y la identidad infantiles, de los padres de la infancia y de la bisexualidad latente y las elaboraciones se refieren a los mecanismos de defensa antes mencionados y que se manifiestan en comportamientos como la tendencia grupal, intelectualidad y fantaseamiento, crísis religiosas con oscilaciones entre el ateísmo y el misticísmo, actitud social reivindicatoria con tendencias antisociales o contestatarias, fluctuaciones en el humor y el estado de ánimo, desubicación temporal y distanciamiento de los padres. Sin embargo, dado que la psicología se divide en vertientes o corrientes disciplinares diferenciadas, existen posturas y especificidades de su comprensión sobre el fenómeno adolescente, por ejemplo, desde la psicología evolutiva y la cognitiva, las cuales centran su atención en el desarrollo de las capacidades intelectuales y morales del individuo y la forma en que estas son puestas en escena en lo social. Igualmente, hace parte del interés de la psicología en la adolescencia, la determinación de los estándares de normalidad y anormalidad desde los cuales identificar lo patológico del comportamiento. La preeminencia de una noción de adaptación asociada a los parámetros sociales y morales de la modernidad llevaron a la psicología a construir una mirada prejuiciosa y peyorativa de la vivencia adolescente que trascendió luego al imaginario social, postura que por fortuna ha sido superada en el pensamiento psicológico contemporáneo. Ya Erikson a finales de los 60’s plantea que “la adolescencia no debiera ser concebida exclusivamente como una fase de desequilibrios; de hecho, el desarrollo evolutivo individual es un proceso constante y continuo, por tanto los conflictos relacionados con la configuración personal no son exclusivos de ninguna etapa del ciclo vital” (Erikson, 1982:82). La relación entre las nociones de adolescencia y juventud se mueve entre el uso sinonímico indiferenciado (y poco riguroso) y los intentos de acercamiento interdisciplinar con la sociología, que introduce además, una diferencia en los tiempos cronológicos de vivencia de ambos fenómenos, lo cual no es del todo exacto:
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    41 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión Esta sustitución deun concepto por otro no es aleatoria y tiene que ver directamente con la influencia de los modelos teóricos explicativos del desarrollo psicológico del individuo y de los procesos que intervienen en la construcción- consolidación de la personalidad que han influenciado los desarrollos de la psicología evolutiva por largo tiempo (Patiño, C. & Garcés, A. 2008:36). Continúan los autores planteando que “tanto la adolescencia como la juventud son construcciones sociales, no determinados cronológicamente sino que obedecen precisamente a los requerimientos sociales y al número de moratorias necesarias para la construcción de un lugar del individuo en el sistema” (Patiño, C. & Garcés, A. 2008:37), postura desarrollada desde la psicología social que permite establecer las relaciones sociales, que son finalmente las que posibilitan la producción de identidad y subjetividad.  Antropología La antropologíaes la disciplina de las ciencias sociales que se ocupa de la comprensión del comportamiento social humano, por lo cual nociones como cultura, sociedad, etnia e identidad están en la base de sus reflexiones. Dada la amplitud de su objeto de estudio, desde sus inicios ha vivido un proceso tanto de diversificación en áreas como de fusión o acercamiento con otras disciplinas como la sociología, la historia (etnohistoria), psicología, biología (antropología biológica), siendo su principal interés actual el conocimiento y comprensión de la diversidad de formas y expresiones culturales humanas. El texto Historie Naturelle, de Georges-Louis Leclerc, Comte de Buffon, de 1749, es considerado el primer texto antropológico, pero los primeros textos con una rigurosidad de antropología (etnográfica) fueron lo escritos por Lewis Henry Morgan (The League of the Iriquois 1851) y Edward Burnett Tylor (Anahuac; or, Mexico and the Mexicans, Ancient and Modern, 1861). En relación con la juventud, inicialmente, la antropología ha sido importante a la hora de estudiar la diversidad de formas culturales en que las sociedades elaboran la transición de la niñez a la adultez, lo que en la sociedad occidental moderna se configura como la juventud, resaltando la importancia de que hay comunidades y sociedades en las cuales este tiempo, o este lugar social no existe, es muy corto o está mediado por rituales o vivencias, planteamiento que ayuda a fundamentar la idea de la juventud como una producción sociocultural no necesariamente ligada a momentos del desarrollo bioevolutivo. La antropología ha trasegado por tres nociones desde las cuales ha intentado leer el comportamiento sociocultural juvenil de la modernidad, no sin antes haber identificado a la juventud como una nueva agregación social: subcultura, contracultura y cultura juvenil. Si bien el surgimiento y aplicación de estas nociones se puede leer históricamente, no implica la renuncia total a estos marcos de referencia, como quiera que en revisiones críticas se les ha cuestionado por la mirada peyorativa que parece existir en las dos primeras. La juventud como subcultura parte de la comprensión de la cultura como un sistema en el cual se debaten relaciones de poder y la juventud representa el surgimiento de una nueva forma de comportamiento cultural con prácticas, marcajes identitarios,
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    42 territorialidades, estilos devida y discursividades que se convierte en un subsistema, en una microsociedad con alto grado de autoreferenciación. Aunque lo anterior implica también relaciones de dominación, no es este el eje de esta mirada; Desde esta perspectiva, la juventud sería un colectivo con sus propias estéticas y modas, valores y símbolos. Habría que señalar que esta mirada frente a lo juvenil se construyó desde dos corrientes diferenciadas tanto epistemológica como geográficamente: La Escuela de Chicago en los años 20’s y 30’s y la Escuela de Birmingham en la segunda postguerra. Posteriormenteseproponelanocióndecontraculturasjuvenilesendondelajuventud se manifiesta como un sistema propio y alternativo de valores, en rechazo de los valores adultos y de las instituciones. Usa medios difusos más individualizados, propone instituciones alternativas, y es notorio que no hay vivencia sin discurso ideológico justificatorio. En esta mirada, sí es más claro que una de las funciones de la juventud es la movilización cultural por medio del derrumbe o la confrontación de los valores hegemónicos establecidos, mas no siempre desde la acción violenta, si bien esta apareció como uno de los elementos que posibilitó esta mirada, a partir de las manifestaciones juveniles en la época de posguerra. La juventud como una contracultura “reflejaba una ruptura en la hegemonía cultural, una crisis en la “ética puritana” que había caracterizado la cultura burguesa desde sus orígenes: ya no se requería de trabajo, ahorro, sobriedad, gratificaciones pospuestas, represión sexual, etc., sino ocio, consumo, estilo, satisfacciones inmediatas y permisividad sexual” (Feixa, 1999: 96). La antropología contemporánea prefiere trascender las nociones de sub y contra, en la medida en que la cultura es una sola, pero hay diversidad de sociedades y de manifestaciones culturales. Además, el termino contracultura estaría haciendo referencia a una “no cultura” o una negación de la misma, mientras que los y las jóvenes en la actualidad reestructuran la cultura hegemónica a partir de sus prácticas alternativas. La diversidad y la manera de “innovar” por parte los y las jóvenes construye unos estilos de vida alternativos, que complementan la cultura y el mundo adulto, más no se alejan de del mismo creando una “contracultura”, lo cual agota en gran medida la utilidad de estas nociones. En la actualidad y desde la perspectiva de la antropología contemporánea, para Feixa (Feixa, 1999), el estudio de la juventud tiene dos caminos: por una lado, el estudio de la construcción cultural de la juventud, es decir, de las formas mediante las cuales cada sociedad modela las maneras de ser joven y por otro, el estudio de la construcción juvenil de la cultura, o sea de las formas mediante las cuales los/as jóvenes participan en los procesos de creación y circulación culturales, lo cual configura una mirada de la juventud como una cultura, que en sí misma encierra también diversidades producto de las comprensiones contemporáneas de lo cultural, donde expresión, diversidad, subjetividad, hibridación son las nuevas premisas de lectura.  Sociología Definir la sociología es una tarea tan compleja como el mismo desarrollo de esta disciplina,queesricaenescuelas,tendenciasdepensamiento,autoressobresalientes
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    43 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión y por tanto,propuestas teóricas. Desde el surgimiento de la sociología como una disciplina que se encarga del conocimiento y estudio de las relaciones sociales y las formas de ordenamiento humano, en los albores del siglo XIX (sin desconocer las aportaciones del periodo de la Ilustración), se han generado disímiles perspectivas teóricas, y métodos de análisis que se configuran en lo que la disciplina denomina como sistemas sociológicos y que han vivido un proceso de constante creación y crítica, generando uno de los corpus teóricos más amplios de las ciencias sociales Las teorías sociológicas de la juventud están ligadas a sus escuelas y corrientes teóricas más significativas, sobre todo a partir del siglo XX, cuando la juventud irrumpe en el escenario social demandando la construcción de teoría social a su alrededor. La sociología comprende a la juventud como el grupo social que, al tiempo que se constituye en el eslabón más débil en la reproducción social, es sometido al proceso de doma y de asimilación de los valores y normas que facilitan la cohesión y la reproducción social, y que aún en este marco logra construir una praxis masiva que le diferencia del resto de grupos sociales (Londoño, J, Gallo, N & García, S. 2008:54). Inicialmente, la sociología aportó al conocimiento social de la juventud, el planteamiento de la existencia de un grupo social con características propias, que surgía en Occidente por los procesos de industrialización y que se separaba de la clase obrera tanto por la edad como por el papel social que desempeña. En los años 20, el denominado Generacionismo, ve en la juventud (al menos en la que queda después de la guerra) al grupo social que introducirá cambios en el ordenamiento. De manera más o menos paralela, en los años 30’s, en asocio con la antropología, la Escuela de Chicago introduce la mirada subcultural, en la que se encuentran dos vías de estudio sobre la juventud: la primera se centra en la delincuencia juvenil, estudia la subcultura delincuente, la cual se asocia a los jóvenes populares. La segunda, se centra en la juventud, en la subcultura juvenil, y en los jóvenes estudiantes de clase media. En los años de posguerra surge otro enfoque denominado Estructural funcionalismo, en el que se considera que el alargamiento de la instancia en instituciones educativas separa al joven del sistema productivo y de las relaciones de clase. Por ello, en los institutos se estaría formando una cultura adolescente diferente de la adulta y sin distinción de clase, con un sistema autónomo de valores y normas esencialmente hedonistas, producto de las tensiones entre las generaciones pero funcional en tanto integra. Posteriormente surgen posturas críticas a estas escuelas que avanzan en la explicitación de nociones comprensivas como generación, clase, edad, categoría social y en la cada vez mayor identificación del lugar de la juventud como productora y no sólo reproductora de ordenamiento social. En los años 70’s el Centro de Estudios de Sociología y Cultura de Francia (CSEC), con Pierre Bourdieu a la cabeza, introduce un descentramiento de las miradas aparentemente esencialistas de estos enfoques, proponiendo la inexistencia de una juventud e invitando a revisar este fenómeno a partir de las relaciones de poder entre grupos sociales y de estos con las instituciones:
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    44 En la divisiónlógica entre jóvenes y viejos esta la cuestión del poder, de la división (en el sentido de repartición) de los poderes. Las clasificaciones por edad (y también por sexo, o, claro, por clase….) vienen a ser siempre una forma de imponer límites, de producir un orden en el cual cada quien debe mantenerse, donde cada quien debe ocupar su lugar (Bourdieu, 2002:164). Las propuestas comprensivas de la juventud en la sociología han generado lo que algunos autores llaman una sociología de la juventud, teoría que extiende sus límites o se fusiona con otras disciplinas convirtiéndose en uno de los motores de la transdisciplinariedad. El poder teórico de las escuelas sociológicas es tan fuerte que no es posible hablar de una sociología de la juventud de raigambre latinoamericana en tanto sus postulados sirven de referencia pertinente para las realidades de la juventud del continente; sin embargo, existen diversas investigaciones y aportaciones teóricas para la comprensión de la realidad social de la juventud latinoamericana, como las realizadas por Roberto Brito Lemus, en las cuales nuevamente, las relaciones de poder, el papel de productora de ordenamiento social a través de procesos de resistencia y movilización social y la ampliación del espacio social juvenil a través de la creatividad sociocultural son los principales ítems, pero establecen especificidades en torno a los efectos negativos de la perspectiva histórica en la producción conceptual de la sociología sobre la juventud en Latinoamérica y proponen conceptualizaciones de la juventud más como proceso que como clase o grupo social: Es así que los jóvenes generan sus propios espacios, dentro o en oposición a los ya establecidos, al reunirse en los centros educativos, en la calle, en el barrio; al compartir un tiempo y un espacio, al enfrentar problemas similares en circunstancias comunes, al intercambiar y compartir elementos culturales como el lenguaje, la música o la moda. Todo ello posibilita el vínculo y la identidad con los miembros de la propia generación estableciendo las bases para el desarrollo de lo que nosotros denominamos una praxis diferenciada, que unifica y simboliza a la juventud (Brito, L. 1996: 6).  Pedagogía La pedagogía se propone como la práctica social que posee el saber sobre las formas de educación y formación del ser humano y en particular del infante y el sujeto joven. Su importancia en la configuración de un saber sobre la juventud ha sido importante, pues introduce la mirada del y la joven como quien debe ser instruido inicialmente en los saberes de la humanidad para poder luego hacer parte del conglomerado social. Si bien la comprensión moderna de la pedagogía surge, como en las demás disciplinas a partir del proyecto ilustrado de la modernidad, sus raíces son anteriores. En la Grecia antigua, el término paidagogós designaba al esclavo que llevaba los niños a la escuela, de dónde se deslinda la idea de llevar, conducir a la juventud por los senderos del conocimiento. En la actualidad, la pedagogía es más conocida como ciencias de la educación, ya que no sólo se ha acercado y nutrido de otros saberes sobre lo humano sino que ha ampliado su comprensión y enfoque de los procesos educativos en términos de enseñanza aprendizaje, en los cuales desde diferentes metodologías el sujeto es más protagonista de su formación. Sería extenso describir las diferentes tendencias
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    45 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión pedagógicas (Pedagogía tradicional,Escuela nueva o activa, La tecnología educativa, Pedagogíaautogestionaria,Pedagogíanodirectiva,Pedagogíaliberadora,Laperspectiva cognoscitiva, Pedagogía operatoria, Constructivismo, Pedagogía diferenciada, etc) pero se pueden plantear como principales transformaciones en primer lugar, la ampliación de la noción de educación que va de la transmisión de información a la generación de actitudes proactivas frente al conocimiento; en segundo lugar, los avances en la implementación de metodologías tecnocomunicacionales, que van desde la oralidad, el ejemplo y la magistralidad hasta el uso de nuevas tecnologías digitales al servicio de la formación, lo cual implica además, la desterritorialización y la atemporalidad en el proceso de enseñanza aprendizaje; en tercer lugar, la comprensión del sujeto a educar, que va desde el alumno, aprendiz o discípulo, términos que en su época implicaban no sólo desconocimiento o ignorancia sino relaciones de poder desigual, hasta educando, estudiante y sujeto de la formación, lo cual ha permitido (al menos en la teoría) la promoción de sujetos críticos, con perspectiva política y con mayor conciencia de su función social. Esta última transformación es la que ha generado el acercamiento de la pedagogía a los saberes en torno a la juventud como grupo social.  Historia Lahistoriaesladisciplinaqueseocupanosólodelestudiodelpasadodelahumanidad sino de la reflexión en torno a los acontecimientos que configuran su situación actual. Al igual que las demás disciplinas ha vivido un proceso de especificación de su hacer desde sus antecedentes más remotos y desde el acercamiento o distanciamiento con ellas. Los primeros historiadores fueron en realidad cronistas de su tiempo, y en algunas culturas como la China y la Musulmana, existía el oficio de registrar los acontecimientos, lo cual se convertía en la historia oficial. A partir de allí, suele reducirse o confundirse la cronología y la historiografía y la historia misma en tanto, narración de acontecimientos, con el método y la reflexión en torno a los hechos, sus causas y consecuencias. Como con los saberes mencionados antes, la historia como disciplina surge en la Europa de la modernidad y se consolida luego en América del Norte, por tanto, sus reflexiones en torno al devenir humano y las periodicidades que establece son inicialmente occidentales. En ese sentido, la historia como disciplina se ha acercado a la juventud tanto desde el rastreo y la descripción de sus antecedentes y su surgimiento en la modernidad occidental como desde la revisión de sus implicaciones en el desarrollo histórico de la humanidad. En la primera mirada, la historia nos advierte del origen de la juventud, partiendo de lo que ocurría en Europa y América, como un proceso sociohistórico discontinuo, premisa fundamental en la comprensión actual de lo juvenil: Ser joven parece ser una condición social y cultural bastante antigua, pero no lo es. El recorrido que podamos hacer por la historia universal nos muestra la condición de lo juvenil como una característica cambiante, no siempre nombrada, cuando no desconocida por épocas y generaciones enteras (Hoyos, 2001:1). Por la historia se sabe de la existencia de clasificaciones poblacionales similares a la juventud actual, la cual por demás, comporta algunas de las características de sus antecesoras. El puber y el efebo de la Grecia y la Roma antigua, el juvenis, el mozo de la edad media y otros nombramientos cercanos como el antes mencionado
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    46 de discípulo eincluso el de soldado, hacen parte los antecedentes de la juventud actual. Estas clasificaciones se corresponderían o darían cuenta de configuraciones sociales históricas, es decir, de periodicidades y a la vez, de continuidades y discontinuidades en su interior. De otro lado, la historia se ha encargado, a la par que la sociología, de estudiar la participación de los y las jóvenes en los procesos de transformación social, para lo cual ha propuesto nociones explicativas como generación y movimientos sociales entre otras. La juventud ha sido no sólo participe sino impulsora de grandes cambios en la sociedad y a la vez, como nos lo ha señalado la antropología, es signo de éstos a partir de sus prácticas y expresiones culturales, particularmente en el siglo XX. El surgimiento de la noción más contemporánea occidental de la juventud está relacionada con el ordenamiento social de la posguerra (de la segunda guerra mundial), en el cual, para efectos de movilización económica fue necesario visibilizar no sólo la franja poblacional juvenil (cuya función como soldado había quedado inoperante) sino sus prácticas de uso de tiempo y de consumo cultural, con lo cual a su vez se expiaba la culpa de las generaciones perdidas en batalla. Antes de esto, la población juvenil guerrera era invocada ya fuera como adulto o metafóricamente como niños (“Bring the boys back home, Don’t leave the children on their own Bring the boys back home”6 haciendo referencia tanto a los jóvenes soldados caídos o perdidos en batalla como a sus familias e hijos abandonados en la patria). Así, fue la población juvenil no sólo signo y síntoma de los cambios, sino una de las principales protagonistas de éstos durante el siglo XX en el mundo occidental. De acuerdo con Hobsbawm, se dio una especie de revolución cultural que tuvo como principal característica y acicate el surgimiento y posicionamiento de una “cultura juvenil” que tenía como fundamento un rechazo hacia los valores de sus padres, la producción de un lenguaje identificatorio grupal y más apropiado para los cambios tecnológicos y sociales, es decir, la identificación de una necesidad de contar con marcos discursivos más apropiados para comprender y moverse en la realidad de su tiempo y espacio, lo cual implicaba un rechazo a “la vieja ordenación histórica de las relaciones humanas dentro de la sociedad, expresadas, sancionadas y simbolizadas por las convenciones y prohibiciones sociales” (Hobsbawm, 1996: 335). En un principio, las consignas, discursos y expresiones intelectuales de esta nueva cultura juvenil no tenían ni conciencia ni interés político y eran más bien altamente subjetivistas e individualistas, pero al popularizarse, debido a que esta era una característica del fenómeno, movilizaron masas e impulsaron movimientos sociales y políticos. De esta manera, ciertas actitudes y comportamientos, ciertas prácticas individuales como el consumo de drogas, el uso de blue jean, se convirtieron en simbolizaciones de rechazo, desafío a las prohibiciones y modelos de comportamiento establecidos por el mundo adulto 6 “Traigan los muchachos de regreso a casa, no dejen los niños por su cuenta, traigan los muchachos de regreso a casa” Canción del Grupo Inglés Pink Floyd, The Wall, 1979
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    47 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión Continúa planteando Hobsbawmque resulta interesante ver como este rechazo no se hace a nombre de otras pautas de ordenación social, no es un discurso político pero tiene efectos a la postre sobre la ordenación social; es resistencia social, en tanto resistirse es manifestar abiertamente no querer algo o tomar consciente o inconscientemente otra opción, lo cual, en la mirada actual de la historia sobre la juventud permite entenderlo tanto como consecuencia como productor de historia.  Ciencias Médicas o áreas de la salud Las ciencias médicas, o en general, la medicina, son aquellas que se dedican al estudio, conocimiento y tratamiento de la vida, de los factores que la posibilitan o la dificultan a través del proceso salud-enfermedad y cuyo objeto de estudio principal, por ende, es el cuerpo humano. Al igual que la sociología, las ciencias médicas, es uno de los campos más amplios y antiguos de conocimiento social y humano, lo cual ha permitido no sólo que sea el fundamento de otros saberes sino que tenga una mayor diversidad temática y riqueza conceptual. Si bien existen registros de acciones médicas en la antigüedad, es en el Siglo XVIII que se funda la medicina moderna a partir del cambio de enfoque hacia el pensamiento racional positivista y los descubrimientos que este permite. Se destacan entre ellas las, ciencias de la nutrición, la epidemiología, la medicina forense, la psiquiatría, la toxicología, la patología y otras derivaciones o énfasis como la salud pública o la medicina del trabajo. La medicina se ha preocupado por identificar las diferentes transformaciones del proceso de desarrollo vital del ser humano y los factores que le afectan. La pediatría y la medicina del adolescente son las especificidades médicas más cercanas al tema de juventud, si bien todas las áreas de la salud pueden intervenir el cuerpo joven. La medicina introduce la noción de pubertad para definir todo el fenómeno de cambios físicos y fisiológicos que surgen en el cuerpo humano y que marcan el fin de la niñez y la maduración de la capacidad reproductiva. En la pubertad se generan transformaciones internas que son visibles a partir de las características sexuales secundarias como el crecimiento corporal general o aumento de estatura y otros rasgos diferenciados según el género como lo son el crecimiento de las mamas o telarquia, la cual se considera el primer indicio de la pubertad femenina; el aumento de los genitales, la aparición del vello púbico o pubarquia y crecimiento del vello facial y corporal, el cambio de voz, cambios en el olor corporal y en la piel, de los cuales el más notorio es el acné, la primera menstruación o menarquia en las mujeres y el inicio de la producción y liberación de espermatozoides o espermaquia en los hombres, la cual por cierto es poco conocida, contrario a la menarquia, precisamente por la carga moral y social que hay alrededor del cuerpo joven femenino. Lo anterior implica pensar, al igual que con el concepto psicológico de adolescencia, que la pubertad no puede reducirse a una etapa crono-fisiológica establecida, que es vivenciada de manera similar por todos los seres humanos, ya que esta depende de factores genéticos, étnicos, ambientales e incluso socioculturales que también pueden ser identificados en el caso a caso. A partir de esto, y más allá de los parámetros cronológicos y de desarrollo evolutivo general desde los cuales se establece la normalidad, y que son por demás controlados a partir de medidas como
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    48 la Escala Tannerpara las mujeres y el Orquidómetro Prader7 , la medicina identifica una serie de trastornos o alteraciones (no enfermedades), en el fenómeno de la pubertad, que pueden o no generar dificultades en todo el proceso de maduración, tanto en los aspectos fisiológicos como en los psicosociales. En general, la medicina propone las nociones de pubertad precoz y pubertad tardía para identificar aquellas desviaciones del proceso considerado normal y que se evidencian en la aparición temprana o tardía de los rasgos que configuran la pubertad o en el surgimiento de alteraciones en la manera en que estos se presentan. La pubertad precoz es el desarrollo de caracteres sexuales antes de los 9 años en el varón o antes de los 8 años en la mujer. En el niño, el primer signo puberal es el crecimiento de los testículos junto a la aparición del vello pubiano. En la mujer es el desarrollo del botón mamario. La pubertad precoz, mucho más frecuente en niñas que en niños, se caracteriza por la aparición temprana de desarrollo sexual que suele ser completo, con aparición de todos los caracteres sexuales (olor axilar tipo adulto, vello pubiano en ambos sexos y tejido mamario en la mujer) y progresivo; no sólo se produce la aparición de los caracteres sexuales, sino que también tiene lugar el llamado “estirón” del crecimiento. Al producirse el “estirón” estos niños y niñas parecen más altos de lo normal durante un tiempo. Sin embargo, pierden años de crecimiento por lo que al final, pueden tener una talla baja, por lo que una de sus consecuencias es el compromiso de la estatura final, ya que quienes viven esta alteración suelen quedar más bajos; otras problemáticas son los aspectos psicológicos y sociales derivados del desarrollo precoz: la comparación y burla con sus pares en el colegio, las demandas sociales por el desarrollo corporal y una autopercepción negativa la estima y el autoconcepto. La pubertad precoz se produce generalmente, por una activación prematura, antes de tiempo, del sistema de hormonas sexuales. La causa de esta activación precoz, es en las niñas, en la mayoría de los casos desconocida. Sin embargo, en los niños, se requiere un estudio cuidadoso siempre y suele ser un efecto secundario de tumores en el sistema nervioso central. La pubertad tardía consiste en la no aparición de los síntomas de crecimiento en la edad de 13 años en las niñas y 14 años en los niños. La pubertad tardía puede ser hereditaria, por lo cual puede darse en miembros de la misma familia; sin embargo, también puede ser consecuencia de anomalías cromosómicas, trastornos genéticos, enfermedades crónicas o tumores que dañan la glándula pituitaria o el hipotálamo, lo que afecta la maduración. La notable falta de signos de crecimiento es el principal indicador de que un niño o niña puede estar sufriendo retraso en la pubertad. Los síntomas más frecuentes 7 Instrumentos comparativos de medida del crecimiento y desarrollo bioevolutivo, mediante los cuales se busca determinar el grado de desarrollo normal de acuerdo con la edad, el peso y otros signos de crecimiento. Para el caso de las mujeres, se usa la escala de medida Tanner, consistente en cinco imágenes del seno con unos tamaños y formas calificados del 1 al 5, siendo 1 el menor grado de crecimiento. Para el caso de los hombres, el Orquidómetro de Prader, es un aparato que permite la estimación del tamaño testicular. Puede llevarse a cabo de forma directa, mediante un calibrador que valora los ejes testiculares, o indirectamente, a través de la comparación con elipses de distintos volúmenes.
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    49 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión para las niñasson la ausencia de desarrollo de los senos hacia los 13 años, distancia de más de cinco años entre el crecimiento de los senos y el período menstrual o ausencia de menstruación hacia los 16 años y, ausencia de vello púbico hacia los 14 años. En el caso de los niños, la ausencia de crecimiento testicular hacia los 14 años, la ausencia de vello púbico hacia los 15 años y más de cinco años para completar el crecimiento genital. Sin embargo, cada niño o niña puede experimentar estas alteraciones de forma diferente. Se debe tener en cuenta que estos síntomas de la pubertad tardía pueden compartirse con otras patologías. El aspecto psicosocial es cada vez de mayor importancia para la medicina y las ciencias médicas, por lo cual se han generado acercamientos y cruces entre estos saberes, los cuales buscan identificar las implicaciones psicosociales en el proceso de desarrollo de los y las púberes y a su vez, las implicaciones de lo fisiobiológico en lo psicosocial.  Derecho El derecho es una de las disciplinas sociales aplicadas cuyo objeto es el estudio, la reflexión y manejo de los ordenamientos jurídicos, es decir, de la justicia, apoyada en premisas ideales sobre el deber ser, la legitimidad y la implementación coercitiva de las normas. El derecho es tanto el saber resultante de estas reflexiones, como su aplicación, así como la profesión que ejerce este conocimiento. Sin embargo, su quehacer se encuentra en estrecha relación de un lado, con la ciencia política, cuya reflexión gira en torno a las formas en que se concibe, configura y administra el poder, y de otro, con el ordenamiento jurídico que exista en un Estado – Nación. Entonces, en conjunto con las ciencias políticas, la estructura jurídica y de acuerdo a parámetros más o menos universales, las sociedades establecen formas de comprender, ordenar y aplicar la justicia, teniendo en cuenta, entre otros factores, las características históricas, psicológicas, culturales, etc, identificadas en las sociedades por las anteriores disciplinas. El discurso de lo jurídico gira en torno al eje de los derechos y deberes, para los cuales establece parámetros de cumplimiento y sanción. En Colombia existe un ordenamiento que se compone de leyes, códigos, ordenanzas y decretos, amparados bajo la constitución. Cabe señalar sin embargo, que se reconoce como legítima, en aras del pluralismo avalado por esta misma constitución, la existencia de otros ordenamientos generados por las comunidades indígenas, hecho importante, ya que esto implica que hay cierta población indígena “joven” regida por otras leyes. En particular, para la población juvenil, el derecho colombiano no ha generado una doctrina, es decir, una reflexión específica sobre lo justo en torno a la población juvenil, y han sido otros procesos sociales los que han impulsado la creación de un marco jurídico para la juventud, que se articula con leyes generadas para la población infantil, adolescente o la denominada menor de edad. La noción de “minoría de edad”, aplicada en el código del menor colombiano, que regía desde los años 80’s a partir del acuerdo internacional de reconocimiento de los derechos del niño establecido en la convención de la ONU, se basaba en la idea de madurez social establecida por el discurso ilustrado de la modernidad, el cual no reconocía en el individuo menor de 18 años y menos en el infante, las condiciones cognitivas y psicológicas necesarias para tener voz en el concierto social de la
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    50 participación y latoma de decisiones, es decir, no podía ser un sujeto político. Ello implica la ausencia de plena capacidad legal para obrar, lo cual de acuerdo con el derecho es una condición básica para la vida social y por tanto el no tenerla supone límites tanto a los derechos como a las responsabilidades. Este marco jurídico tiene una serie de regulaciones que establecen límites sobre lo que considera que el menor no tiene capacidad legal suficiente para hacer por su cuenta y se le exime de la responsabilidad de actos que no se le pueden imputar por su falta de capacidad. Dada la obsolescencia y el reduccionismo de esta noción, el discurso jurídico sobre la población juvenil ha trascendido hacia las nociones de adolescente y joven, que amplían las posibilidades de reconocimiento y participación social de esta población al otorgarles el estatus de actor social, amparados en un enfoque de derechos y de ciudadanía activa que promulgan los artículos 44 y 45 de la constitución, lo cual se explicita en la Ley 1098 de 2006 o Código de Infancia y adolescencia que se desarrolla en un enfoque de protección del individuo, y en la Ley 375 de 1997 o Ley de la juventud, que se mueve en el ámbito de la promoción de derechos y que son los principales ordenamientos jurídicos sobre la juventud en el País. Lo anterior no implica que haya desaparecido la separación entre mayor y menor de edad que se establece como medida para determinar la prevalencia de derechos sobre deberes o para el acceso a ciertas oportunidades sociales. El límite de los 18 años opera aún como el posibilitador o denegador de la condición de ciudadanía activa, a pesar de la insistencia de ciertos sectores sobre la necesidad de reconocimiento de una ciudadanía juvenil, lo cual en un régimen jurídico se traduce únicamente en ofertas de mejoramiento de calidad de vida y una cierta visibilidad y respeto hacia la condición juvenil. Otros conjuntos de normas importantes son el código civil, el código penal y el código de policía, ya que desde ellos se regula tanto el lugar o rol social como las condiciones de tratamiento en el ámbito de los comportamientos punibles, dada la mirada peligrosista que ha existido en torno a los y las jóvenes y su vinculación con los procesos de conflicto sociopolítico que ha vivido el país. Otras normas no atañen directamente a la condición juvenil pero inciden en ella, como son todas las leyes en torno a la educación, la cultura, la salud, etc. La existencia de distintas leyes y parámetros de edad jurídica evidencia que no sólo no hay articulación entre leyes (además, la ley de juventud no esta reglamentada y antes se ha propuesto derogarla), sino que en el derecho no se ha construido un saber o discurso específico sobre la juventud, no se ha indagado lo suficiente en la condición juvenil, sino que se han promulgado leyes y reglamentaciones sobre algunos asuntos que atañen a una población que desde la época de los 90’s ingresó al escenario social al demandar con sus acciones de visibilización violenta o pacífica, organizada o espontánea, el reconocimiento de su estatus de sujeto de derechos. Es entonces a través de la ley de la juventud que se puede indagar por una definición jurídica de la juventud, que en el artículo 3 se propone como articuladora de los elementos etarios y psicosociales de esta población: Artículo 3º. Juventud. Para los fines de participación y derechos sociales de los que trata la presente ley, se entiende por joven la persona entre 14 y 26 años de edad. Esta definición no sustituye los límites de edad establecidos en otras leyes
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    51 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión para adolescentes yjóvenes en las que se establecen garantías penales, sistemas de protección, responsabilidades civiles y derechos ciudadanos. Es claro entonces que ha habido avances en la búsqueda de un marco legal que se adecue a las necesidades de esta población, mismo que ha variado a partir de las representaciones sociales y los discursos disciplinares y que en los años recientes camina hacia el horizonte de las denominadas Políticas Públicas de Juventud. Los cambios en los enfoques jurídicos han variado de lo coercitivo o punitivo en los años 60’s, lo preventivo – proteccionista en los 80’s-90’s y lo promocional reivindicativo en los primeros años del Siglo XXI, sin querer decir que no se conserve parte de las anteriores posturas. A propósito de las Políticas Públicas de Juventud, en las décadas recientes se han convertido en la estrategia social y política para intentar organizar y direccionar el accionar público y privado de la población juvenil, partiendo de la idea de que la Política Pública de Juventud puede entenderse como el “conjunto coherente de principios, objetivos y estrategias que identifica, comprende y aborda las realidades de los jóvenes, da vigencia a sus derechos y responsabilidades, reconoce y reafirma sus identidades y afianza sus potencialidades, resultado de consensos y acuerdos entre Jóvenes, Estado y Sociedad. Como finalidad, busca crear condiciones para que los jóvenes participen en la vida social, económica, cultural y democrática y por ende en la construcción de un nuevo país” (Presidencia De La República, Colombia Joven. Presente y futuro de los Jóvenes, Diálogo Nacional. Bogotá, 2001:3). Si bien las PPJ no provienen directamente de la disciplina jurídica, si tienen su principal fundamento en el ordenamiento jurídico general que se produce amparado en el derecho, y se convierten ellas mismas en Leyes y Acuerdos, como es el caso del acuerdo 02 de 2000 por el cual se adopta la Política Pública de Juventud en el Municipio de Medellín según la Ley 375 de 1997 y el acuerdo 076 de 2006, por el cual se adopta el Plan Estratégico Municipal de Desarrollo Juvenil de Medellín 2007- 2015.
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    52 MIRADAS DISCIPLINARES YTEÓRICAS* CONCEPTOS Cómo nombran al joven OBJETO- CAMPO DE ESTUDIO Qué estudian de él --ella REFERENTES DE ANÁLISIS Nociones, conceptos, desde dónde, marco teórico. HORIZONTE DE ACTUACIÓN Con qué fin/uso social MEDICINA Púber Pubertad temprana media o tardía Adolescente Cambios Biológicos Trastornos del crecimiento Explica comportamiento: Sexualidad. Alimentación. Procesos de crecimiento y psicobiológicos. Funcionamiento hormonal Cuerpo Estilos de vida saludable Promoción de la salud Prevención de la enfermedad. HISTÓRIA Generación. Categoría de la Modernidad. Movimientos y presencia socio histórica con sus manifestaciones Procesos de cambio y confrontación Acontecimientos. Movimientos sociales Cambios generacionales Tiempo- Espacio Continuidad y discontinuidad Lecturas comparativas PSICOLÓGIA Adolescente. Transformación de la identidad. Elaboración de duelos Relación con Norma – Ley – Autoridad. Conductas y comportamientos Mundo adulto - Mundo Joven. Complejo edípico Síndrome normal de la adolescencia. Duelos y elaboraciones Escuelas psicológicas Adaptación Intervención Clínica Estilos de vida saludable Promoción y prevención SOCIOLÓGIA Joven, juventud Grupo social Generación. Actor social Persona Construcción social Maneras como adscribe, recicla, transforma o resiste Relación con el poder. Fenómenos y comportamientos de la juventud en tanto grupo social Sociedad Estructuras sociales Poder Moratoria social Sociomorfismo Hábitus Inclusión – participación y ciudadanía Lecturas comparativas Intervención ANTROPOLÓGIA Etnias, culturas, tribus Juventudes, identidades. Formas de ser, pensar, sentir y actuar (practicas, expresiones y consumos) Agregaciones Cultura, contracultura, subcultura, Consumo cultural. Diversidad Semiótica Semiología Simbología Diagnóstico Caracterización Interpretar y explicar fenómenos y problemáticas juveniles PEDAGÓGIA Alumno, estudiante Sujeto a moldear o modelar. Educación Procesos de enseñanza- aprendizaje Enseñanza - Aprendizaje Preventivo, formativo y/o instruccional transmisión y aprendizaje del conocimiento DEMOGRÁFIA Epidemiología Población Grupo social Dato Juventud Fenómenos y tendencias que afectan el desarrollo de la población juvenil. Educación, salud, violencia, etc. Datos ( Edad y sexo) Morbimortalidad Prevalencia Vulnerabilidad Joven en riesgo. Peligro – Peligroso Prevención Control. Referentes de intervención Seguimiento DERECHO Menor de edad capacidad para toma de decisiones, ley, norma, derechos y deberes Edad, Verticalidad, autoridad, responsabilidad, control Coerción, prevención punición, protección, regulación, * Matriz elaborada por Mónica Sepúlveda y Manuel López, con aportes de los estudiantes del Diplomado en Juventud de la EAJ.
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    53 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión 2.1.3 Las disciplinassociales y humanas: del esencialismo a la diversidad conceptual. Unacríticaestablecidaalasmiradasdisciplinarestienequeverconsunoreconocimiento del polimorfismo discursivo y de la necesaria contextualización temporal y espacial de los discursos frente a un fenómeno estudiado, ambas, consecuencia del positivismo científico exacerbado de la modernidad (Alvarado et al, 2009), dando como resultado, la generalización y supuesto consenso y un cierto esencialismo atemporal en el saber sobre la juventud, es decir, el borramiento de elementos diferentes a los más visibles de edad, y procedencia social, como el género, la etnia, el nivel de desarrollo bio y psico evolutivo y las prácticas e identidades, tienden a borrarse o encajonarse como asuntos propios de una disciplina en particular y que otra olvida o considera irrelevante, el discurso teórico, o sea de representación de la juventud, adquiere más peso que la juventud misma. Así, las disciplinas vivieron una fase de producción en la que todos los jóvenes eran iguales en el tiempo y en el espacio y su objeto de estudio se compartimentaba en el cuerpo, el psiquismo, el grupo y la identidad entre otros. Posterior a estas perspectivas clásicas centradas en el paradigma y el método positivista, (especialista, taxonómico, fragmentador, medible) de las ciencias sociales en la primera modernidad o de las primeras búsquedas disciplinares, surge, paralelo a la necesidad de producir saberes contextuados, un cambio de paradigma que busca o reivindica la inter y multidisciplinariedad y que finalmente desembocará en las propuestas post estructuralistas y contemporáneas o posmodernas como el pensamiento complejo, la biopolítica, constructivismo, amparadas en el marco de las teorías críticas y las transdisciplinariedad. En este intersticio, las corrientes disciplinares en su avance, rompen en gran medida los enfoques clásicos centrados en un aspecto del sujeto-objeto y avanzan a lecturas interdisciplinares que proponen marcos de análisis y metodologías como la microsociología (el interaccionismo simbólico, la etnometodología, el constructivismo)8 y la fenomenología, en los cuales leer el sujeto en relación con el entorno y no por fuera de este, haciendo énfasis en algún componente de la dinámica social. Prontamente, estos desarrollos epistemológicos desembocan en enfoques integrativos y transdisciplinares que acentúan este énfasis en lo contextual, articulando diferentes saberes y posturas sobre el sujeto, ubicándolo en relación contextuada e histórica con su entorno y propendiendo por la identificación de sus características particulares, en donde la generalización está siempre en entredicho y se transforma en tendencias. Es desde este marco que se producen líneas de análisis como la generación, los grupos sociales, la participación, las minorías culturales, las prácticas juveniles, el conflicto, las subjetividades y culturas juveniles, entre ellas, las tribus urbanas como marco de análisis. Igualmente se plantean dinámicas colectivas juveniles, como los comportamientos “desviados” (anomia) y los traducen como elementos dinamizadores de lo social (Alvarado et al, 2009). 8 La microsociología es una línea de desarrollo de la sociología que hace énfasis en la observación de los procesos sociales de pequeña escala, como las interrelaciones de los sujetos, la familia y de los individuos con la sociedad.
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    54 Para algunos autores(Gonzales, Tanaka, Nauca, Venturo.), existen tres grandes perspectivas de análisis desde los cuales las ciencias sociales han leído y producido saber sobre la juventud; es denotar, sin embargo, que esta síntesis recogida a partir de la experiencia del Perú, se puede ampliar al contexto latinoamericano y además, no da cuenta sólo de las perspectivas disciplinares sino de las posturas sociales en torno a la juventud en las últimas décadas. Una primera perspectiva de análisis hace referencia al denominado “protagonismo popular” en el cual centra su análisis en los procesos que realizan las organizaciones de base y los movimientos populares propios de los años 70’s desde los cuales “en el estudio de la juventud popular se privilegia a aquellos jóvenes en tanto miembros de organizaciones y las potencialidades que supuestamente “encarnan”” (Gonzales, Tanaka, Nauca & Venturo, 1991:2). Una segunda perspectiva es denominada de “desestructuración” que surge como una respuesta a la agudización de los conflictos socioeconómicos en los años 80’s. “En ésta se relaciona la juventud con crisis, dispersión, desamparo, falta de oportunidades, expectativas frustradas, criticidad, distancia y falta de solidaridad con las instituciones, etc.” (Gonzales, Tanaka, Nauca & Venturo, 1991:2). Esta perspectiva de análisis puede equipararse al denominado enfoque problémico desde el cual se ha leído esta época en Colombia. Una tercera perspectiva de análisis, denominada “cultural” se propone como una respuesta precisamente a esta situación, (acaso también al hacerse más notorias las dinámicas y prácticas juveniles a partir de la expansión en Latinoamérica de los procesos de globalización y el mayor acceso e influencia de las posibilidades tecnocomunicacionales). En esta se propone “ir hurgando en los nuevos procesos de formación de identidades, individuales y colectivas y, desde ahí, descubrir las motivaciones que explican su acción” (Gonzales, Tanaka, Nauca & Venturo, 1991:2). Dado que estas perspectivas de análisis van más allá de las miradas disciplinares y configuran posturas sociales frente al fenómeno juvenil, se podrían hacer comparaciones con los tres contextos de producción de la condición juvenil en Colombia propuestos por Quintero que son: un primero denominado de la modernización política y económica que va desde los 50’s hasta los 80’s en los cuales se piensa el joven en lo educativo, el tiempo libre, el relevo generacional y el surgimiento como actor político que es por demás, reprimido. Un segundo contexto, de los 70’s a finales de los 80’s, denominado de la crisis de la modernización, se centra en la respuesta estatal a la crisis social en la cual se construye la particular mirada de la juventud como problema social que debe ser intervenido por estar en peligro o ser peligroso. En un tercer contexto, desde inicios de los 90’s se genera lo que se puede denominar la institucionalización de lo juvenil, que, sin dejar de lado los dos anteriores, empieza a ver al joven como actor estratégico del desarrollo, articulado a lógicas globales y en el cual propone estrategias de institucionalización y políticas de inserción económica como productor o consumidor (Quintero, 2005:100). En la actualidad, algunos autores hablan de la unificación de todos estos contextos a partir de discursos ya no desde la represión y coacción sino de seducción, coptación, resarcimiento de derechos, asimilación e inclusión que tienen como fin la producción y regulación de una condición de juventud adscrita e integrada
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    55 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión al sistema, disminuyendola posibilidad de expresión del malestar social y la agremiación colectiva alternativa. Sin embargo, cuando esto no es posible, se puede volver a las viejas usanzas, aunque ya no de manera abierta sino con ciertos disfraces a través de medios para estatales. Otra síntesis interesante es la que presentan Londoño, Gallo y García en su estado del arte sobre la oferta formativa para jóvenes en la ciudad de Medellín, donde rastrean los enfoques más visibles tanto en las investigaciones como en las políticas orientadas a la juventud en Latinoamérica, (apoyado en los trabajos de Pérez Islas y M. Abad) donde esta correlación evidencia nuevamente la condición de saber-poder que poseen las producciones académicas. En este sondeo, se proponen tres momentos (y posiblemente un cuarto momento) cronológicosyconceptualesdelaconcepcióndelsujetojoven.Enunprimermomento, en la primera mitad del siglo XX la juventud vive el proceso de diferenciación de la infancia y la adultez a través de la configuración de la categoría de estudiante, asociada por tanto la educación, al uso del tiempo libre y a la prevención. En un segundo momento, los procesos de crisis y transformación social latinoamericana de los 60’s y 70’s, permiten la participación y visibilización de la juventud como movimiento social o como integrante de estos, lo cual puso a la juventud en el escenario social y político pero generó hacia ella estrategias de control y restricción, coerción, a la vez que profundizó el estigma de rebelde, ya no sólo desde la concepción inocente de “inmanejable” sino como sujeto peligroso para el orden. En un tercer momento, las políticas y transformaciones mundiales tendientes a la preocupación por la población vulnerable de los años 80’s y siguientes, implican ampliar la mirada sobre la población juvenil que oscila entre la condición vulnerable y la condición de actor estratégico (Londoño et al, 2008). En Colombia en particular, las décadas de los 80’s y 90’s representaron una época de tensión y confusión en el surgimiento y visibilización de la población juvenil. En estos veinte años el ausentismo recurrente e histórico de políticas sociales en otras poblaciones como la mujer, la infancia, y las denominadas minorías étnicas, sumado a otros fenómenos como el narcotráfico, los procesos de apertura y globalización y la democratización de los Estados latinoamericanos, conllevó a que la juventud irrumpiera desde la pugna por encontrar un lugar social a través de tres formas: las expresiones violentas, la participación y organización social y política y la generación de identidades y prácticas culturales propias y diferenciadas del mundo adulto. Los fenómenos de sicariato, barras bravas, delincuencia juvenil, narcotráfico y adicciones proliferaron, pero también los componentes juveniles de los partidos políticos, las organizaciones juveniles, la participación en los procesos políticos como el fenómeno de la séptima papeleta y la expresión de gustos y tendencias musicales, estéticas, vestuarios y lenguajes, llegaron a colorear un poco el ocaso de la Colombia del siglo XX. Podríamos pensar en esta época como aquella en la que se produce la juventud en Colombia y a la vez se da un proceso de aprendizaje y acomodación, tanto de la juventud como del Estado y la sociedad. Como consecuencia de este proceso, en la primera década del siglo XXI, sin implicar que las características anteriores desaparezcan, la tendencia parece ser hacia un mayor reconocimiento por parte del Estado y la sociedad de la condición juvenil y por tanto de la ampliación de la oferta institucional, producto de la también creciente
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    56 discusión y visibilizaciónde las políticas públicas de juventud como marco de acción. Podemos nombrar esta época como la de la identificación de un sujeto juvenil, de derechos y actor del desarrollo y de la explosión de la oferta institucional y de mercado. Vale decir, sin embargo, que esta tendencia se traduce en mecanismos de coptación, asimilación y regulación, soportados en discursos de reconocimiento de la diversidad cultural, garantía de derechos, empleo, emprendimiento y participación juvenil, por lo cual también se le podría reconocer como la época de la seducción y asimilación de la juventud. A este respecto, es común encontrar en los autores autorreflexiones criticas en torno al desarrollo epistemológico de los saberes sobre la juventud, lo cual no significa una descalificación de la producción y el saber sobre la juventud sino que la ubica en un momento aún precario, aún de embelesamiento en el fenómeno juvenil. Para Reguillo (2000), por ejemplo, se ha generado una “substancialización de los sujetos juveniles y sus practicas” en la medida en que los estudios sobre juventud, además de estar divididos en perspectivas descriptivas (centradas en el punto de vista del joven) e interpretativas (centradas en el punto de vista del observador), no logran, en términos del tratamiento, trascender un nivel descriptivo y poseen “una escasa o nula explicitación de categorías y conceptos que oriente la mirada del investigador”, lo cual “vuelve prácticamente imposible un dialogo epistémico entre perspectivas, ya que las diferencias en la apreciación se convierten fácilmente en un forcejeo inútil entre posiciones. Donde unos ven ‘’anomia’’ y ‘’desviaciones’’ otros ven ‘’cohesión’’ y ‘’propuestas’’ (Reguillo, 2000:11). 2.1.4 La juventud entre la categoría y el concepto y entre la construcción y la producción. En las distintas áreas de las disciplinas sociales y en otros ámbitos del conocimiento, la juventud es denominada ya sea como categoría social o como concepto social, en el caso de su definición, y en el caso de su surgimiento o generación se le nombra como construcción social o como producción. Es esclarecedor acercarse a estas denominaciones, ya que como nos advierte Reguillo, “no debe olvidarse que las categorías no son neutras, ni aluden a esencias; son productivas, hacen cosas, dan cuenta de la manera en que diversas sociedades perciben y valoran el mundo y, con ello, a ciertos actores sociales” (Reguillo, 2000:9). Igualmente, los conceptos y las definiciones son herramientas de saber-poder, es decir, percepciones teorizadas desde las cuales se define al otro y se le clasifica e interviene. Del mismo modo, y como veremos a continuación, pensar que una condición social es construida, implica la existencia de un otro constructor que de manera más o menos conciente e intencionada desarrolla estrategias para que esta sea de una u otra manera; ahora bien, desde el marco de la producción, se puede pensar que una condición social emerge a partir de unas circunstancias particulares, incluso con el concurso de quienes la encarnan. Sin embargo, al intentar rastrear en la producción teórica esta diferenciación, nos encontramos con la dificultad que presenta el uso poco riguroso o de manera literaria de las nociones de joven, juventud y juvenil, tal cual lo hemos reflexionado
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    57 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión antes. Así, losdiferentes autores hacen a veces referencia a la categoría “joven” mientras otros se refieren a la “juventud”, que como hemos visto refiere a diferentes momentos y perspectivas sobre lo social. Por ejemplo, para Reguillo, pareciera que lo que se ha construido es la noción de “joven”, haciendo referencia quizá, al discurso social sobre “la juventud”: “La construcción cultural de la categoría “joven”, al igual que otras “calificaciones” sociales (mujeres e indígenas, entre otros) se encuentra en fase aguda de recomposición, lo que de ninguna manera significa que ha permanecido hasta hoy inmutable (Reguillo, 2000:9). La denominación como una construcción social hace referencia a esta categoría como resultado, más o menos pensado y consecuente de unas condiciones contextuales particulares. Es desde esta perspectiva que se plantea que la juventud contemporánea es una consecuencia tanto del proyecto moderno como de sus procesos de operativización como fueron la industrialización, la escolarización y la sociedad de consumo, así como de los efectos de la posguerra. Sin embargo esta mirada no reconoce o no tiene en cuenta los procesos históricos de autoafirmación de este grupo social, al verticalizar la influencia de los factores sociales, ya que se plantea que en ellos se produjeron unas miradas y unos discursos “sobre” la juventud, que de manera intencionada le ubican en un lugar de la sociedad, sin tener en cuenta su voz. Como concepto la juventud puede pensarse desde las diferentes definiciones que ofrecen las disciplinas sociales que dan cuenta de una serie de comportamientos y características que agrupados configuran una forma de ser de un sujeto o de un colectivo en un conglomerado social. Estas definiciones específicas han corrido el riesgo de sesgar, segmentar, taxonomizar a la juventud, respondiendo al modelo científico positivista del cual provienen y poniéndose al servicio del saber-poder desde el cual se regulan los procesos y las acciones sociales sobre la juventud. Estos conceptos han sido más cercanos entonces al modelo de la construcción social pues en ellos se leen las características de la juventud desde un ideal esperado y toda característica diferente es leída como negativa generando miradas peyorativas y representaciones prejuiciadas y estigmatizantes soportadas en sus fundamentos científicos. Esto quiere decir, que ha sido en gran medida desde estos discursos desde donde han surgido las denominaciones clásicas y se ha construido la categoría de juventud como una acción biopolítica expresada en los mecanismos disciplinares (del cuerpo, del pensamiento) y de control (de las prácticas), determinando su lugar social y su subjetividad, al menos hasta épocas recientes y tal vez en algunos sectores aún hoy. Sería mejor hablar de la juventud no como una construcción sino como una producción, (esto incluye tanto la juventud como categoría, como concepto y como discurso, joven, juventud, juvenil) lo cual implica que ella misma hace parte de los procesos y dinámicas que generan su condición, permitiéndole cada vez más definirse a sí misma y generar su espacio simbólico y social delimitante; si bien, inicialmente su condición fue producto de un contexto social dominado por la hegemonía adulta, hoy por hoy, aunque esa condición no ha cambiado mucho, la juventud genera espacios de resistencia y resignificación de este ordenamiento, haciéndose dueña de su categorización. Lo que habría que discutir es por un lado, qué fragmentos de esta población tienen mayor posibilidad de incidir en su delimitación social y en qué condiciones y por otro, qué tanto esta nueva dinámica
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    58 esta siendo asimiladapor los poderes sociales como una nueva estrategia para mantener la hegemonía del ordenamiento social, ya no a través de los aparatos ideológicos del Estado (Althousser), o de las tecnologías de gobierno (Foucault) o de las instituciones legitimadoras, sino desde los nuevos poderes del mercado, la industria cultural y las nuevas tecnologías. Sin embargo, para algunos autores, construcción y producción van de la mano: Según Serrano et al. (2003), la producción de una condición juvenil implica dos procesos simultáneos: la construcción de la juventud que se refiere a los constructos discursivos que se hacen de las generaciones jóvenes un objeto de conocimiento, y la producción de lo juvenil que compromete todos los dispositivos, mecanismos, roles y posicionamientos que tienen como tarea la producción y reproducción de dicha condición. En consecuencia, los discursos pueden comprenderse como constructores- productores de lo juvenil, pues con las cosas que enfatizan, y también con las que dejan de lado, determinan los modos de relación y producción social de dicha condición (Serrano et al. 2003 en Quintero, 2005:96). No obstante, parece que en esta mirada la producción es una operativización o un mecanismo de la construcción. En nuestra mirada de la producción, la juventud como tal no está afuera de esta, sino que hace parte, se ve influenciada y a la vez genera parte de los discursos que la configuran. Habría que entender que son procesos sociales ambos, que se constituyen recíproca y articuladamente, como un bucle. En tanto se producen las condiciones de juventud, se construyen modos de entenderlos y nombrarlos, volcándose lo discursivo como constitutivo de lo social mismo y lo social, como jalonador de nuevas y necesarias comprensiones. 2.1.5 ¿Cómo entendemos joven, juvenil, juvenilización y juventud? Diferenciación conceptual Guitarras juvenilizadas. Manuel López. 2010.
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    59 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión Otro aspecto necesarioa tener en cuenta en las definiciones y concepciones sobre juventud es la diferenciación, entre los términos juventud, joven y juvenil y del fenómeno denominado juvenilización, ya que entre estos términos pueden existir sutiles pero esclarecedoras diferencias para la comprensión de toda la fenoménica causada por la irrupción y permanencia de esta franja poblacional, tal como lo propone Cevallos: De lo que se trata, también, es construir los puentes, para entender a estos nomádicos sujetos de manera diferente, para percibir la realidad evitando lo obvio, y diferenciar entre el sujeto (el o la joven), sus colectivos (los y las jóvenes), su presencia (lo juvenil) y los imaginarios (la juvenilización) (Cevallos, 2006: último capitulo). La primera dificultad que se enfrenta, al intentar establecer esta diferenciación es, al igual que con otras terminologías, el uso indiferenciado a veces, símil otras o incluso metafórico de estos términos. Si bien no se pretende una homologación rigurosa de ellos, es importante reconocer que en su esclarecimiento se encuentran pistas para un acercamiento más efectivo a la condición de juventud. Esta diferenciación no ha sido ajena a la producción teórica; pasada por alto u obviada por algunos o reseñada al paso por otros, está sin embargo presente de manera implícita en todos los textos en los momentos de descripción de prácticas, de definición, de rastreo de antecedentes históricos y de análisis, tal como nos lo demuestra la cita anterior de Cevallos. Para algunos autores como Dávila, lo juvenil hace parte constitutiva de la categoría juventud, al igual que lo cotidiano, en tanto “lo juvenil nos remite al proceso psicosocial de construcción de identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza” (Dávila, 2004:92), evidenciando la asimilación de un término por el otro. En este autor, lo juvenil es un proceso, no un discurso o imaginario social. Igualmente Alvarado, desde el enfoque de una sociología de la juventud, sin entrar en mayores discusiones, entiende que lo existente es la categoría social “joven” y los términos juventud, juvenil y juvenilización son correlatos de esta (Alvarado et al, 2009:86). Acerquémonos más a estas nociones.  Joven El término “joven” hace referencia al sujeto como tal y designa a todo aquel que reúne en un contexto en particular unas características más o menos diferenciadas y dictaminadas por este, es decir, es quien encarna el discurso de lo juvenil y que se convierte en fuente para el análisis conceptual de la juventud. La relevancia de este término estriba en que este recuerda la existencia más allá de la idealización y de la teorización, o mejor, antes, de unos sujetos hombres y mujeres que se comportan y expresan y se reconocen o no como jóvenes. Como se ha planteado antes, esta sutil diferencia en el uso de los términos nos remite a diferentes lugares; en el caso de “la juventud” nos hallamos en el terreno de lo teórico, de lo conceptual o de la mirada poblacional, no un o una joven, o un grupo, sino el genérico, que puede estar soportado sobre lo representacional conceptual o social. Al hablar de los y las jóvenes, hacemos referencia a quienes se comportan
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    60 como tales yque pueden o no, parecerse o encuadrar en las representaciones establecidas. Es otra forma de decir que las teorías, las representaciones sociales y los imaginarios van siempre más despacio que la producción social real. El joven, en tanto sujeto, implica la movilidad en el tiempo y en el espacio, condición sin embargo, propia de los seres humanos pero que es olvidada en la teorización social, en particular en la disciplinar clásica. Hoyos al respecto de esta movilidad nos recuerda que ser joven es una condición histórica cambiante: Ser joven tal y como lo referenciamos hoy día es una invención de no más de un siglo; basta comparar las condiciones de vida de una persona de 16 años en 1850, 1950 o el año 2000, en una ciudad cualquiera del mundo para entender y sentir los privilegios que la sociedad entera ha cedido a la juventud, referente de vitalidad, vigor, creatividad y lujuria (Hoyos, 2001: 1). A este respecto, desde el marco de la teoría crítica y el pensamiento complejo se proponen nociones que permitan comprender y analizar las dinámicas juveniles sin olvidar la corporeidad y lo impredecible del sujeto joven como el devenir, la hibridación, la percolación y el cronotopo. El devenir hace referencia a la ya conocida premisa filosófica de Heráclito de Efeso, según la cual el tiempo (y el espacio) no se repiten, el panta rei o flujo continuo, lo cual llevado a la realidad de los y las jóvenes significa movilidad constante en su búsqueda identitaria, en sus prácticas, en su adscripción y uso de material cultural, haciendo inútil y reduccionista todo intento de caracterización y conceptualización de su ser. Pero esta movilidad no debe ser interpretada como una insatisfacción en su lugar, o como un proceso mediante el cual se pueda llegar a una cierta identidad o condición (adulta quizá, como lo proponen las teorías clásicas sobre la adolescencia y la identidad) sino como una forma de ser y estar en el mundo. La identidad ya no es un fin, sino un medio que se nutre y expresa en el tiempo espacio de manera subjetiva, haciendo de la idea del y la joven como sujeto en devenir, una noción, un término más apropiado para las configuraciones contemporáneas del sujeto joven. Desde una perspectiva antropológica o del culturalismo, surgen otras nociones que buscan contextualizar la mirada sobre el sujeto joven partiendo del análisis de las transformaciones culturales y sus relaciones de influencia y correlación con los procesos políticos, sociales e históricos de la contemporaneidad contextual latinoamericana. Desde esta mirada, se plantean los preocupantes efectos de una modernidad vivida a posteriori, que sin lograr establecerse se encuentra con el embate avasallador de los procesos de globalización que se asientan de manera irregular y dispersa pero homogenizante en los nichos sociales de los países latinos, como el escenario que configura la realidad juvenil, donde nociones como exclusión, desigualdad, subordinación, segregación, están a la orden del día como consecuencia del establecimiento del modelo de desarrollo neoliberal – privatizante, la pérdida del proyecto nacional y la deslegitimación estatal. Para Canclini, estos escenarios de la globalización presentan algunas características comunes como son la fragmentación generada por la mediatización y la interconectividad, la discontinuidad creada por el inmediatismo y la velocidad de la información y, finalmente, el descreimiento que
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    61 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión disminuye la importanciade la percepción temporal y de la valoración de la realidad (Canclini, 2004). Sin embargo, sería muy apocalíptico pensar que este nuevo (des)-orden no posibilita igualmente no sólo bondades sino que genera en las poblaciones mecanismos espontáneos de resistencia, resignificación y recreación de sus realidades. De la mano con las grandes transformaciones políticas y económicas de la modernidad globalizante latinoamericana, vienen las ventajas y posibilidades (no accesibles a todos) de los avances tecnocomunicacionales, la expansión de la expresión política y cultural, el acceso a información de otras latitudes y el reconocimiento de la diversidad social y cultural. Los y las jóvenes en particular han reaccionado en este orden al ser ubicados como los y las afectados por la reducción sistemática de un futuro cierto, engrosando los datos sociodemográficos, epidemiológicos y estadísticos negativos, nutriendo y produciendo su entorno de capital simbólico y cultural cuya característica principal es la hibridación a partir de todas las fuentes de producción tanto locales como foráneas y tradicionales o contemporáneas. Esto los hace ver como sujetos híbridos que encarnan algunos aspectos de la tradición que son inculcados por las instituciones de socialización y los discursos identitarios locales y a la vez portan elementos de la producción tecnológica y cultural global. De las comprensiones contemporáneas de lo social que proponen como marco de lectura la indisolubilidad de las nociones de tiempo y espacio, surge la noción de cronotopo (Bajtin, 1981) en donde el tiempo es una cuarta dimensión del espacio. Esto implica la dimensión móvil de los objetos y de los sujetos, la no estaticidad y la necesidad de la vivencia, de la experimentación para su comprensión. El sujeto joven puede ser entendido como un sujeto cronotopo en la medida en que confluyen en él diferentes significaciones del espacio y el tiempo, (recorridos y rutas de movilización, lugares cargados de significación, virtualidad, generación de temporalidades o lecturas del tiempo desde marcos no cronométricos o científicos, sino afectivos o emocionales), el establecimiento de un entramado de relaciones sociales, de escenarios performativos y de hibridaciones temporales (Alvarado, 2009), entendidas estas no sólo como la coexistencia y “sincretismo de posturas temporales de formas de ver el mundo” (Alvarado, 2009:99) sino como la intensificación del tiempo. La filosofía, a partir de una apropiación del concepto de percolación, propio de la mecánica de fluidos, que hace referencia a la capacidad de retorno, mezcla y reconcentración de estos propone una lectura similar de los procesos sociales históricos y de la configuración de los sujetos (Serres, M. 1996). Esta postura argumenta que no es posible identificar el origen de las cosas ni su secuencialidad temporal, ya que estas se producen en infinitos movimientos de reapropiación y resignificación de lo anterior, lo pasado, generando cambios hacia el futuro. Desde esta perspectiva el accionar juvenil sería percolante, en la medida en que en sus formas de ser, de producirse como sujetos, se recogen tendencias históricas tanto en lo psicológico, como en lo fisiológico y en lo social. Esto implica pensar en los y las jóvenes de hoy no como en sujetos actuales o proyectados hacia el futuro o
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    62 fuera de sutiempo, o incluso singulares, sino en sujetos percolantes que recogen en cada individuo los capítulos de su especie mas no de la misma manera en que estos fueron vividos. Cada joven re-presenta al efebo, al mozo, a la doncella, al soldado, al obrero, al alumno, al teen ager, al hippie; ha sido influenciado o puesto en comparación con estas discursividades e imaginarios sobre lo juvenil, ha sido educado y socializado con parámetros provenientes de épocas anteriores, resignificados ya por otras generaciones; convive con y usa bienes materiales e inmateriales patrimonializados por la cultura en la que se desenvuelve, es portador de tradiciones pero también de tendencias alternativas innovadoras. Su fisiología es la consecuencia de las acciones de transformación ejercidas por los procesos sociales y evolutivos en sus padres y en él o ella mismos, su prácticas le transportan a pasados tan remotos como el griego o tan recientes como su infancia, permitiéndole recapitular en su ser la esencia de todas las juventudes de todos los tiempos y a la vez resignificarlas. Una visibilidad de esta postura son los recurrentes apariciones de fenómenos neo – retro, en la moda, la música, el cine, y en ciertas organizaciones sociales y políticas. Vale decir finalmente, con relación a estas nociones, cuyo elemento común puede ser la contextualización en el tiempo y en el espacio de las lecturas del sujeto joven, es decir, movilidad y corporeidad, en un intento de la teoría de alejarse de las nociones representacionales y pasar de la inamovilidad del sujeto cartesiano moderno identitario en el marco del Estado Nación, al sujeto polisémico, contemporáneo, subjetivo, de la globalización.  Juvenil Si bien lo juvenil puede ser entendido como todas las prácticas, expresiones actividades, emocionalidades propias de los sujetos que acabamos de definir; estas prácticas están cada vez más supeditadas a los determinantes del contexto, en particular a los discursos provenientes de la industria cultural y del entretenimiento y del sistema de mercado y en cada vez menor medida a los discursos de las instituciones de socialización, que se distribuyen las respuestas sobre el para qué vivir y el cómo vivir, siendo estas últimas las que adquieren mayor importancia en el contexto contemporáneo actual. Lo juvenil es entonces la respuesta más o menos clara sobre el cómo vivir, un ideal a alcanzar y mantener, una sensación del espíritu, una postura social, una propuesta estética que se operativiza en la moda, la música, los consumos, la manera de hablar y comportarse. El ideal de juventud, o mejor, la juventud como un ideal y lo que ello significa, es decir, lo juvenil, tiene su origen en la paideia helénica griega, que proponía a demás de una educación para la vida en la ciudad, un orden social que terminó oponiendo a jóvenes y viejos. La juventud implicaba la inteligencia, la expresión artística, la potencia física como preparación para la guerra, el deporte, la productividad y el amor, este último como beneficio para los adultos, quienes se hacían rodear y hacían uso de los favores y placeres sexuales de los efebos, mientras ellos se encargaban de la reflexión, la política y la toma de decisiones.
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    63 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión De allí vieneentonces la idea de lo juvenil como lo bello, lo activo, lo potente, lo expresivo, pero también lo veleidoso, voluptuoso, vital y por oposición, lo rebelde, lo no reflexivo, lo confuso, lo inadaptado y lo mortífero, características que fueron agregándose a partir de la educación Romana y la hegemonía del discurso judeo- cristiano en la edad media, que satanizó todas estas prácticas y estigmatizó al juvenis y su comportamiento inadecuado, para lo cual se escribían exempla o sermones que a la postre se convertirían en los discursos sobre el para qué vivir de las instituciones socializadoras. En la contemporaneidad, lo juvenil como un ideal es retomado a su favor por el sistema de mercado como discurso publicitario y de promoción de formas de vida articuladas por el consumo de objetos y servicios, en particular, de la industria cultural y el entretenimiento, vaciando ya totalmente los pocos vestigios de la paideia griega que subyacen en el mismo y ampliando lo juvenil como una condición ideal para toda la humanidad. Lo juvenil es entonces entendido como disfrutar la juventud al máximo, gozar, convertirse en los portadores del ideal de vida para la sociedad, ser eternamente joven, pero no solo en belleza, vitalidad o desarrollo físico únicamente sino en consumir, disfrutar y experimentar todo hasta el límite e incluso más allá. También, lo juvenil debe ser entendido como consumir para ser feliz. La cultura actual ubica el deseo del sujeto en el tener, en el consumir por el consumo mismo de no importa qué (es decir, el consumo como resultante de una necesidad sino como práctica cultural) premisa a la cual los y las jóvenes responden de manera excesiva pues lleva implícito el mensaje de que no se es si no se consume. Finalmente, lo juvenil implica la idea de que lo joven es lo adecuado, incluso para todas las edades. Esto ha dado como resultado la llamada juvenilización, simulacro social de juventud, vivido tanto por los y las jóvenes como por los adultos y las adultas, producto de la exaltación massmediática de una estética juvenil más ligada a la apariencia física, las prácticas y la moda que a una posible actitud inherente a lo joven. De esta manera lo juvenil se convierte en un modelo a seguir, en una pauta de consumo social que es equiparado o sustituye peligrosamente un verdadero sentido de la juventud. A este respecto, Carmona plantea que lo juvenil, entendido como la búsqueda excesiva de la felicidad, tiene su precio, pues funciona con la lógica del sistema capitalista de gozar primero y pagar después: Es posible que no haya en la historia de la humanidad una cultura que jugara más sucio a sus jóvenes, que les haya barajado el naipe e invertido la lógica de la existencia, imponiéndoles hacer de la juventud (que suele ser una época caracterizada por conflictos internos, incertidumbres y perplejidades), hacer de esta época, repito, un paradigma de la vida deseable, del goce de la existencia, de la afirmación de la dicha. (Carmona, 2002: cuarto párrafo). A partir de estas reflexiones es necesario identificar lo juvenil, más allá de los discursos idealistas e instrumentalistas del sistema de mercado y las instituciones socializadoras, y comprenderlo no sólo como la reproducción acrítica que los y las jóvenes (haciendo a un lado a los adultos) hacen de estos discursos, sino incluyendo las diferentes maneras como resisten, resignifican, recrean o transforman estos mismos en sus acciones performativas cotidianas, en sus expresiones vitales, en sus
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    64 maneras de usarlos objetos, en sus lenguajes y formas de agregación y sociabilidad, en su particular uso de las tecnologías, prácticas todas de las cuales se alimenta nuevamente el sistema de mercado y las instituciones socializadoras para intentar actualizar sus premisas.  Juvenilización De la juventud lo que más le interesa a la sociedad adulta es su producción estética y simbólica, es decir “lo juvenil” traducido a objetos, narrativas y posturas con las cuales juvenilizarse sin perder sus lugares de poder, mantener el eufemismo de la eterna juventud y de paso apropiarse del espacio social que ha sido producido por los jóvenes de la mano de la industria cultural y los medios de comunicación. Genera algo de indignación e irónica burla en ambos lados (adultos y jóvenes) aquellas personas que encarnan – corporizan de manera visible esta actitud, las llamadas “cuchibarbies”9 o la versión masculina conocida como el síndrome de Peter Pan, pues hacen más notorio aquello que todos los adultos queremos hacer pero no podemos confesar, de manera que, como plantean Cevallos y Alvarado, “la sociedad enfrenta la paradoja: por un lado la sublimación de la juventud, y por otro, su reprobación” (Cevallos, 2006: segundo capitulo): Valdría la pena preguntarse por la emergencia de cierto proyecto de juvenilización agenciado desde las dimensiones de lo corporal, lo político, lo estético, lo ambiental, lo religioso, lo recreativo, lo jurídico, entre otras. Dicho proceso se mimetiza en lo social como algo propio de lo “juvenil”, aunque no siempre parta de allí, caso, por ejemplo, el del “uniforme” que adquiere la gente joven para sentirse “diferente” frente a otros grupos “uniformados”, o cuando dicho proyecto es agenciado por discursos del “poder adulto” (Alvarado et al, 2009:96). Así, la juvenilización consistiría en que los niños quieren llegar pronto a jóvenes, los adultos se quieren devolver y los jóvenes quieren permanecer allí eternamente, viviendo en un ideal que se opera desde los objetos, el lugar social que se ocupa, las prácticas, las posturas y como no, los consumos, y que es impulsado como premisa de vida desde el sistema de mercado y avalado por las instituciones de socialización, acaso como una estrategia de contención que evite el acceso temprano a los lugares de poder. Sin embargo, por esta misma idealización, vivir plenamente lo juvenil se torna difícil, haciendo que, incluso, grandes cantidades de personas en edad de nombrarse como joven no puedan alcanzarlo y por tanto quedan excluidos y reclasificados en otras categorías sociales como delincuente, desplazado, desescolarizado y hasta fuera de moda, postura en la que “el intento de parecer joven recurriendo a incorporar a la apariencia signos que caracterizan a los modelos de juventud que corresponden a las clases acomodadas, popularizados 9 Expresión peyorativa que hace referencia a las mujeres con edades superiores a las consideradas socialmente como de la juventud y que buscan mantener una imagen juvenil a través de acciones sobre su cuerpo como la realización de cirugías, implantes, moldeamientos, etc, y de sus prácticas en los modos de hablar, los gustos, los modos de vestir, etc. La psiquiatría posee el término de “Bo- varismo” para calificar este comportamiento y la psicología propone comprenderlo como una forma de adolescencia tardía o de asuntos de la problemática adolescente sin elaborar.
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    65 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión por los medios,nos habla de esfuerzos por el logro de legitimidad y valorización por intermedio del cuerpo (Margulis, M & Urresti, M, 98:3).  Juventud Este término tiene cuatro acepciones relacionadas entre sí. En primer lugar es una categoría social, un grupo de la sociedad que se enmarca en unas edades y con unas características más o menos similares y en segundo lugar es un concepto expresado en múltiples definiciones que pueden hacer referencia ya sea a dicha categoría social, ya sea a todo el universo fenoménico al que puede hacer referencia y que por tanto incluye a los y las jóvenes, las transformaciones históricas, la idealización de esta condición y los imaginarios existentes. Aludiendo a Dávila, la juventud puede definirse ya sea como construcción histórica, espacio simbólico, categoría etaria (socio demográfica), etapa de maduración y como subcultura (Dávila, 2009), a lo cual agregaríamos nosotros que es una producción sociocultural y sobre todo, una condición subjetiva con características particulares según el contexto. Las discusiones más recientes en torno a la conceptualización de la juventud, señalan las limitaciones que generó la especificidad de las disciplinas sociales, al abstraer al sujeto de su entorno social, al intentar homogenizarlo y objetivarlo, vaciándolo de corporeidad y al introducir miradas tanto despolitizadas como peyorativas de la población juvenil, todo ello, producto del imaginario positivista de las ciencias sociales modernas. Para Serrano por ejemplo, muchas de las definiciones de juventud construidas desde las ciencias sociales apuntan a resaltar su estado de transitoriedad, de caos e incapacidad: “un momento de turbulencia, desorden, desconcierto, crisis de identidad, rito de paso hacia el mundo adulto o inicio de un cierto desarrollo psicológico que se supone completo en determinada edad” (Serrano, J. 2002: 12). Desde un marco de análisis sociológico, P. Bourdieu, antes que establecer una definición, se opone a tal intento, al entender la juventud como una producción desde la manipulación de lo biológico y desde su configuración social como grupo, en favor de los intereses de los adultos o los grupos de poder: El hecho de hablar de los jóvenes como de una unidad social, de un grupo constituido, que posee intereses comunes y de referir estos intereses a una edad definida biológicamente, constituye en sí una manipulación evidente. (…) sólo con un abuso tremendo del lenguaje se puede colocar bajo el mismo concepto universos que no tienen casi nada en común (Bourdieu, (2002: 164). En la misma vía de la crítica a la definición disciplinar, Abramo propone que existe una noción social de la juventud, sustentada en las diferentes posturas disciplinares, pero que superficializa y peyorativiza su condición: (…) la noción de juventud es socialmente variable. La definición del tiempo de duración, de los contenidos y significados sociales de esos procesos se modifica de sociedad en sociedad y, en la misma sociedad, a lo largo del tiempo y a través de divisiones internas. Además, es solamente en algunas formaciones sociales que la juventud se configura como un periodo destacado, o sea, aparece como una categoría con visibilidad social (Abramo, citado por Dávila, 2004:92).
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    66 Para Reguillo, estaconstrucción se explica a través del surgimiento de un nuevo orden que visibiliza a esta población: La juventud como hoy la conocemos es propiamente una “invención” de la posguerra, en el sentido del surgimiento de un nuevo orden internacional que conformaba una geografía política en la que los vencedores accedían a inéditos estándares de vida e imponían sus estilos y valores. La sociedad reivindicó la existencia de los niños y los jóvenes, como sujetos de derecho y, especialmente en el caso de los jóvenes, como sujetos de consumo (Reguillo, 2000:23). En una análisis de las diferentes posturas que existen sobre la juventud, el Plan Estratégico de Juventud de Medellín 2003-2013, propone una síntesis desde la cual pensar y abordar la condición juvenil, intentando superar “miradas estigmatizantes, coptantes, represivas y de intervención” (Plan Estratégico de Juventud de Medellín 2003-2013, 2002:39), en la cual ve a los y las jóvenes como actores sociales, sujetos de derechos y de responsabilidades, sujetos estratégicos para el desarrollo, sujetos promotores de vida y protagonistas en la construcción de lo público, síntesis que aunque pretende ser abarcativa termina haciendo más énfasis en el carácter socioeconómico de la condición juvenil. Esta comprensión ha corrido los mismos riesgos de homogenización provenientes de los enfoques disciplinares y más aún, en su intento de resarcir los derechos fundamentales de esta población, se confunde con enfoques y discursos provenientes del positivismo desarrollista desde el cual es nombrado como “actor estratégico del desarrollo o actor social estratégico”, empaquetándolo nuevamente en propuestas e intervenciones unívocas o ante las cuales el sujeto joven se debe homogenizar: Si bien, en tanto saber “científico”, existe cierto consenso frente a que las definiciones de la juventud son una construcción sociocultural que responde a cada momento histórico de una sociedad determinada, el debate ha generado varios disensos: a) Cuando no existen diferencias en cuanto a las categorías de riesgo o vulnerabilidad relacionadas con la juventud, o de su reconocimiento como actores estratégicos del desarrollo (visión un tanto funcionalista para con el rol de la juventud en la sociedad); b) existe diferencias frente a que esta etapa de vida es un estado en sí mismo, o una transición entre la niñez y la adultez (privilegiando por tanto un modelo adultocéntrico) (Cevallos, 2006: tercer párrafo). Partiendo de esta síntesis que realiza Cevallos sobre las tensiones presentes en la definición de juventud, compartimos algunas que se acercan a nuestra visión, en la que más allá de las definiciones disciplinares (de la sociología, la antropología, la psicología tradicionales) nos acercamos a los estudios de la sociología y la antropología cultural y las posturas transdisciplinares contemporáneas que contemplan la juventud como una condición subjetiva y social en relación con el entorno. Inicialmente, para Dávila, los conceptos de adolescencia y juventud “corresponden a una construcción social, histórica, cultural y relacional, que a través de las diferentes épocas y procesos históricos y sociales han ido adquiriendo connotaciones y delimitaciones diferentes” (Dávila, 2004: 86) De igual manera,
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    67 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión plantea, parafraseando aLemus, “la juventud no es un “don” que se pierde con el tiempo, sino una condición social con cualidades específicas que se manifiestan de diferentes maneras según las características históricas sociales de cada individuo” (Dávila, 2004:92). En palabras de Pérez Islas, la juventud (lo juvenil en sus términos) es “un sector de la población o grupo(s) con características propias según los espacios sociales donde se encuentras, que se va modificando y diversificando históricamente como producto de las transformaciones de la sociedad mismas y sus instituciones” (Pérez Islas, 2008:10). En esta misma vía, Serrano propone, más allá de las miradas esencialistas, entender la juventud como una manera de constitución subjetiva, como “un acto discursivo con implicaciones muy complejas, pues supone modos de organizar las biografías individuales, pautas de interacción y de socialización, estilos de vida, tipos de distribución de los recursos materiales y simbólicos con los cuales las sociedades se organizan y determinan la circulación del poder que las sustentan” (Serrano, 2002: 11). Una concepción similar planteamos en un trabajo investigativo, al proponer que “la juventud puede entenderse como una producción sociocultural relativa en el tiempo y en el espacio, es decir, una manera particular de estar en la vida, con potencialidades, aspiraciones, requisitos, modalidades éticas, estéticas y lenguajes”  (López & Sepúlveda, 2010: 97). La juventud es entonces una condición social producida contextualmente, lo que significa un proceso de transformación constante en el tiempo y en el espacio de los sujetos que llegan a esta, y en la que solo se puede establecer su duración, características e impactos en contextos psicológicos, sociales, culturales, políticos, económicos e históricos específicos y es a partir de estos determinantes que se configura como categoría social y como concepto; la condición de juventud puede ser “habitada” por un grupo poblacional más o menos delimitado por la edad y otras variables y que adquiere o presenta expresiones diversas de su subjetividad en tanto integrantes de esta condición. La juventud, usando las palabras de Lyotard (1993), no es un gran relato, no tiene una historia mundial fija. No es un bloque monolítico moldeado desde los conceptos como una escultura creada por la razón. No hay una sola juventud. Hay, como un gran síntoma de la lógica postmoderna, muchas juventudes. Ser joven hoy no es lo mismo que ayer, ni tampoco será lo de mañana. Los y las jóvenes transforman, reciclan y resignifican; son, en verdad, fuertes y febriles reorganizadores de los modelos de socialización, hibridan culturas por los fenómenos de transnacionalización y globalización, complejizan el mundo, proponiendo un orden que entremezcla lo nuevo con lo viejo, generando rompimientos con las dicotomías clásicas de la modernidad y convirtiéndose, contrario a lo que ocurría con anteriores generaciones, en productores de su propio espacio y tiempo social, aunque siempre en pugna con los intentos homogenizadores de la institucionalidad adulta.
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    69 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión 2.2. ¿CÓMO SEPRODUCE Y DETERMINA LA CONDICIÓN JUVENTUD? Son deberes de los jóvenes nacionales y extranjeros en Colombia acatar la Constitución y las leyes y respetar los derechos ajenos, asumir el proceso de su propia formación, actuar con criterio de solidaridad, respetar las autoridades legítimamente constituidas, defender y difundir los derechos humanos como fundamento de la convivencia pacífica, participar activamente en la vida cívica, política, económica y comunitaria del país, colaborar con el funcionamiento de la justicia y proteger los recursos naturales y culturales, respetando las diferencias. Ley de juventud de Colombia, 375 de 1997.Capítulo II 2.2.1 ¿Qué entendemos por condición de juventud? La noción de Condición de juventud hace referencia a las miradas más recientes sobre la población juvenil que buscan trascender los enfoques del ordenamiento disciplinar de la modernidad, además de ubicarse en contraposición unas veces, y en articulación, otras, a las miradas de orden situacional provenientes de los discursos socioeconómicos, demográficos y epidemiológicos, aunque estas últimas también son entendidas como el análisis en concreto en un contexto espacio temporal de la condición juvenil de un grupo específico. Además, pensar la “situación” desde una acepción no lingüística, haría referencia al análisis específico (a menudo sólo a nivel descriptivo) de la juventud en un territorio específico o en una temática específica. En este sentido, la condición se propone como un marco más amplio. La noción de condición de juventud, busca precisamente relievar las diferencias que existen tanto al interior de esta franja poblacional como en los contextos sociales y territoriales en los que pueda aparecer, ya sea en el marco de los Estados- nación, como en los marcos culturales que trascienden este ordenamiento, y ya sea desde lo individual como en lo colectivo. La noción de condición de juventud permite la ampliación y potenciación de características propias de los contextos actuales en el marco de la globalización como son las subjetividades, las identidades juveniles, la diversidad cultural, social y en particular sexual, la no linealidad de la trayectoria vital, las hibridaciones, la desterritorialización de la expresión subjetiva y la influencia del ámbito de las nuevas tecnologías en los procesos de individuación. La producción de la condición de juventud ha estado ligada a procesos históricos y sociales generados durante la industrialización y en el marco del proyecto moderno que han visibilizado un sector de la población con aras en la distribución económica y el sostenimiento de un ordenamiento social que ante el crecimiento poblacional, el establecimiento de los Estados Nación, el aumento del conocimiento y la demanda de fuerza laboral requería preparación para la inserción en el mundo social. Así, desde todos estos ámbitos empezaron a surgir definiciones, enunciaciones, nombramientos y caracterizaciones de un sujeto denominado joven que, además de recoger en su esencia, algunas de las características planteadas en épocas anteriores a poblaciones semejantes como el efebo o el mozo, proponían un lugar en la cadena de reproducción social que ha variado desde el lugar de la espera para el acceso al mundo adulto y su poder, hasta el del consumo y el disfrute, es decir, desde la no
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    70 significación social hastaun lugar de objeto y fin de mercado, que a menudo se disfraza de representatividad social. Sin embargo, esta producción de una condición juvenil nunca ha sido homogénea. El acceso a esta siempre ha estado condicionado no sólo a una edad específica, sino a la etnia, el género y en particular, al estrato social, pues han sido los sujetos de sectores y clases sociales de mayor posibilidad económica quienes primero acceden a esta condición. Esto implica una de las principales ideas que propone el marco comprensivo de la condición de juventud: la juventud no es vivida de la misma manera por quienes “llenan los requisitos” para estar allí; de hecho, se considera que grandes sectores de la población que desde una mirada etaria podrían ubicarse allí, no lo están, como son los casos de la población joven rural, joven en situación de desplazamiento y joven de escasos recursos o que, mejor, viven esta condición de manera precaria. No hay por tanto una “condición de juventud” aunque desde los discursos instituyentes como el ámbito teórico y desde el mercado se propongan y promuevan condiciones ideales; leer la condición de juventud implica el reconocimiento del contexto particular en el que se inscribe el individuo o grupo que se esté mirando. La condición de juventud no es por tanto sólo un estado sino también un marco de lectura: Por su parte, la producción discursiva que se hace de lo juvenil arroja imágenes específicas y variadas de un sujeto denominado como joven. Ellas le dan sentido y lugar en el marco de la experiencia social a las prácticas consideradas juveniles. De manera que el nombramiento resultante de estos discursos es al mismo tiempo la asignación e incorporación de un conjunto de prácticas sociales que lo ubican de acuerdo con los intereses y prioridades que se tienen como sociedad (Quintero, 2005:95). Entonces, la condición de juventud es tanto una producción social, un estado o una condición de posibilidades, como una lectura analítica sobre la juventud misma, que, como propone Sepúlveda, “permite comprender las relaciones, las formas de articulación de unos sujetos con otros y con las instituciones políticas, religiosas, económicas y mass mediáticas y las interacciones con el mundo adulto en tanto se pueden complementar, oponer, diferenciar, independizar, restaurar o, adscribir” (Sepúlveda, M, 2001: 5). Dado que no existe un acuerdo sobre el uso y el significado de esta noción, en la literatura académica se pueden encontrar diferentes definiciones que apuntan a determinar los aspectos que se deben tener en cuenta para la comprensión de la manera en que vive un grupo determinado de la población. Es así que términos como contexto, situación, estado, aparecen relacionados, incluso de manera pluralizada, como es el caso del marco comprensivo de las “condiciones de vida”, entendidas estas como: El conjunto de bienes que conforman la parte social de la existencia, tales como la salud, educación, trabajo, sexualidad, etc. Merced a estos bienes, los individuos coexisten en el espacio y en el tiempo y se desarrollan a lo largo de la vida, esto es, ellas son las condiciones concretas de existencia que si bien son determinadas en una buena parte por la pertenencia a un grupo social, otros aspectos de penden de cómo el individuo materializa estas condiciones (Grisales, 2006:16).
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    71 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión 2.2.2 Variables paracomprender la condición de juventud Ya hemos hecho una reflexión sobre cómo el contexto es determinante para acercarse a la comprensión de la condición de juventud y de los fenómenos y problemáticas que en ella aparecen. Sabemos también que el reconocimiento de la juventud como fenómeno social está fuertemente asociado al crecimiento poblacional, la urbanización, el crecimiento económico, la expansión y caida de la clase media y el desarrollo de los medios de comunicación, factores que podríamos asociar bajo los términos de empresa capitalista y globalización. En particular llama la atención lo referente a los medios de comunicación que generan un rápido acceso a cualquier información o uso y a la vez una rápida obsolescencia de cualquier práctica o consumo, todo esto exacerbado por una industria cultural que vio allí posibilidades de mercado y que se convirtió a su vez en la gran lectora y productora de imaginarios juveniles. La condición de juventud (y su visibilidad) es generada por unas variables que la producen y configuran, mismas que pueden influenciar a todos los y las jóvenes en un contexto en particular pero no de la misma manera, pues su grado de influjo depende de las características de la variable misma y su interrelación con todas las demás: Puede decirse entonces que son tres procesos los que “vuelven visibles” a los jóvenes en la última mitad del siglo XX: la reorganización económica por la vía del aceleramiento industrial, científico y técnico, que implicó ajustes en la organización productiva de la sociedad; la oferta y el consumo cultural, y el discurso jurídico (Reguillo, 2000:7). Algunas de estas variables son de carácter más universal en la medida en que están presentes en todos los contextos (Edad, género, generación, etnia, condición socioeconómica y desarrollo biológico) y otras hacen parte de las características contextuales particulares del occidente contemporáneo y en particular de Latinoamérica, como son los conflictos sociopolíticos y armados, los procesos de colonización económica y cultural, la modernización del Estado, entre otras. Veamos unas reflexiones alrededor de estas variables.  Edad La edad hace referencia al momento cronológico o biológico como punto de partida o variable primordial para la determinación del acceso o salida de la etapa juvenil. Sin embargo, dadas las dispersiones disciplinares en sus enfoques que incluyen o excluyen indistintamente algunas miradas, esta noción puede variar; así, desde la disciplina psicológica que hace referencia a la adolescencia, el marco cronológico oscila entre los 10-12 a 18-20 años, desde un enfoque sociológico la juventud en su espectro más amplio e incluyente abarca desde los 12 a 30 años inclusive; desde un enfoque jurídico, las Naciones Unidas comprenden la juventud entre los 15 y 24 años, entre los 14 a 26 años en Colombia, y hasta los 30 en otros países del continente. El periodo de pubertad se entrecruza con los anteriores y se ubica entre los 8 y 12 años, según el enfoque biomédico pero que, como hemos dicho, puede adelantarse (pubertad temprana) o atrasarse (pubertad tardía).
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    72 Sin embargo, esclaro que la llegada a una edad no determina por sí misma la condición de juventud; algunos autores plantean la necesidad de usar esta variable como “edad social” más allá de lo cronológico (ver Cevallos, 2006), generando un cruce entre las edades que se alcanzan, las prácticas culturales y la configuración social en la que se encuentre el sujeto: Pero los enclasamientos por edad ya no poseen competencias y atribuciones uniformes y predecibles. Por el contrario, tales enclasamientos tienen características, comportamientos, horizontes de posibilidad y códigos culturales muy diferenciados en las sociedades actuales, en las que se ha reducido la predictibilidad respecto de sus lugares sociales y han desaparecido los ritos de pasaje (Margulis & Urresti,1998:1). En consecuencia, no se debe confundir la vivencia del fenómeno con su durabilidad. Las lecturas disciplinares y a partir de ellas, las institucionales y sociales han intentado construir diferenciaciones y clasificaciones para toda la juventud y a su interior, tomando como eje de referencia el parámetro etario, “se trata de límites arbitrarios establecidos por instituciones y gobiernos para legislar la población juvenil” (Garcés, 2005: 37) lo cual, como plantea Brito Lemus, ha llamado a confusión, pues “no debemos confundir un criterio demográfico (la edad), con el fenómeno sociológico (la juventud).La edad sirve para delimitar un espacio demográfico con un fenómeno sociológico: la juventud.” (Brito, 1996:3). Lo anterior hace necesario aprender a leer la edad como una variable que adquiere importancia como marco general para la determinación sociodemográfica de la juventud y como guía en la comprensión de todas sus particularidades, más no como delimitador de su emergencia y su fin.  Desarrollo biológico La variable de desarrollo biológico se encuentra emparentada con la de edad, en tanto existe cierta simetría entre los procesos de crecimiento y el tiempo, generando las temporalidades que se configuran a partir de estos. Es por ello que es posible hablar de edades de la infancia, la juventud, la adultez y la vejez. Sin embargo, como hemos recalcado, los procesos de desarrollo biológico funcionan como disparadores de condicionamientos psíquicos y sociales, mas no los determinan totalmente, existiendo variaciones entre el desarrollo corporal y psíquico alcanzado y la edad que se tiene. Ya en la explicación sobre el saber de las ciencias médicas al respecto de la juventud hemos hablado de los posibles trastornos, alteraciones y fenómenos que se presentan en la pubertad y sus efectos a nivel corporal y psicosocial. Siendo de por si el crecimiento y sus manifestaciones un proceso difícil de manejar para el y la joven, lleno de sorpresas, incertidumbres, expectativas e incomodidades, aún el poseer características de desarrollo biológico cercanas a lo normal, que se evidencian en lo corporal, es vital para la vivencia de la juventud, pues de lo contrario no se contaría con lo necesario para llenar los parámetros ideales de juventud sustentados sobretodo en la potencia y belleza del cuerpo y de paso se expondrían al escarnio y estigma social. Así, el no lograr o no contar a tiempo con la estatura, los tamaños, las medidas o poseer signos evidentes de alteraciones ya sean están visibles o de orden fisiológico hormonal, determinará la manera como el
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    73 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión y la jovense inscriban en las dinámicas juveniles, adquieran un lugar en sus grupos de socialización y accedan de manera tranquila a las vivencias juveniles.  Etnia A menudo se piensa en la juventud como un otro, exótico, externo, distinto y lejano en el espacio y el tiempo y con características similares al comportamiento tribal; “nativos del presente” nos plantean Margulis y Urresti, como un sinónimo para la condición juvenil; esta “tribalización”, que alcanza su expresión máxima en la noción de “tribus urbanas” propuesta por Feixa (Feixa, 1999) no debe confundirse con el origen étnico (ni a este con el concepto de raza) de determinado grupo de sujetos jóvenes y sus implicaciones en la vivencia de la contemporaneidad occidental. La etnia hace referencia a los factores de afiliación genealógica, cultural y geográfica de una población. En tanto la idea de juventud hace parte de la civilización occidental y esta ha producido sus maneras de desarrollarla, para algunas poblaciones como la indígena y la afro, la noción de juventud está mediatizada por su propia cosmogonía en tensión con los procesos de occidentalización o “blanqueamiento”. Esto permite pensar sus consumos culturales, las diferentes expresiones estéticas, la apariencia física, la moda, la concepción de territorios y territorialidades; el qué hacen, cómo se comportan, dónde permanecen y cómo se reconocen a sí mismos de una manera diferente que no ha sido suficientemente estudiada y que implica, en la mayoria de los casos, una renuncia a sus parámetros originales. El pertenecer entonces a una condición étnica diferente a la hegemónica, entendida esta como blanca, occidental, civilizada, masculina y urbana, implica una forma diferente de vivencia de lo juvenil que puede oscilar entre el rechazo o resistencia a la integración, la mímesis o hibridación cultural que supone la conservación de algunos rasgos originales y el sincretismo de ciertas prácticas y, finalmente, la adscripción total a las prácticas y discursos hegemónicos con la consecuente renuncia o rechazo de la etnia de procedencia.  Nivel socioeconómico o de clase social El nivel socioeconómico o de clase social es una gradación que hace referencia a las posibilidades de compra, pago y ostentación de bienes y servicios que se evidencia en la ubicación territorial en la ciudad, la posesión de bienes y el acceso a ciertos círculos sociales. Así, “depende de la clase social el que símbolos, significados y percepciones de la realidad tengan matices, contrastes, texturas diferentes en segmentos poblacionales juveniles, incide igualmente en los lenguajes y sentidos de futuro, sustrato de las prácticas culturales juveniles “(Arias, 2001:3). En un contexto social y político cada vez más signado por la posibilidad de acceso a determinados bienes y productos culturales que restringen su uso a quienes cargan la marca de una clase social no privilegiada o no poseen el dinero suficiente para granjeárselos, la vivencia de lo que podríamos llamar una condición juvenil plena está fuertemente asociada a esta variable, mediante la cual en gran medida los y las jóvenes viabilizan sus prácticas y nutren sus procesos identitarios y subjetivos; “las condiciones socioeconómicas determinan entonces las expectativas e iniciativas de
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    74 los jóvenes frentea su presente y futuro, por lo cual se hace imprescindible considerar este factor al momento de leer sus realidades y dinámicas” (Arias, 2001:3). Sin embargo, los y las jóvenes buscan formas de saltarse esta determinación, como plantea Arias: “en espacios y prácticas los jóvenes trascienden las determinaciones de este factor, experimentando convergencias en gustos, intereses, experiencias o pensamientos sin contemplar orígenes o condiciones socioeconómicas” (Arias, 2001:3), pero también desde la trasgresión de los límites normativos y sociales que impiden el acceso, ya sea por la vía de la ilegalidad y la violencia o por la vía de las reivindicaciones sociales, lo cual aparece como una forma de resistencia y autoproducción.  Generación La generación es una medida para grupos poblacionales que coinciden en el tiempo, es decir, el número de personas que nacen y crecen en un contexto temporal determinado por algunas características sociales particulares y que configuran una cierta homogeneidad social10 . Los hechos sociales, las prácticas culturales y las transformaciones estructurales son elementos de cohesión para la determinación de una generación. Los y las integrantes de una generación compartirían entonces vivencias similares, prácticas y percepciones similares del mundo. De igual manera, podrían desarrollar un sentido de pertenencia, conformando una unidad generacional con delimitaciones y marcajes en su producción cultural a través de formas de agrupamiento, modas, comportamiento social, etc. Para Alvarado, “la generación como categoría de apoyo para la comprensión de lo juvenil, remite a la edad pero como una producción cultural, social e histórica” (Alvarado, 2009:99). La noción de generación remite a la edad, pero desde una perspectiva histórica y cultural que permite trascender la mirada económica de clase social y la biológica de desarrollo bioevolutivo, ya que sus características perseveran en el tiempo, es decir, se hace parte de una generación independiente del momento y el lugar social que se ocupe: Se es joven, entonces, también por pertenecer a una generación más reciente, y ello es uno de los factores que plantean fácticamente un elemento diferencial para establecer la condición de juventud. Pero la generación no es un grupo social, es una categoría nominal que, en cierto sentido, dadas afinidades que provienen de otras variables (sector social, institución, barrio, etc.) y de la coyuntura histórica, establece condiciones de probabilidad para la agrupación (Margulis & Urresti, 1996:6). Sin embargo, es de notarse lo arbitrario de esta percepción social, que puede ser intencionada o reclasificada según intereses particulares y que hace referencia sólo a ciertos sectores de la población. A este respecto Cevallos plantea: 10 De acuerdo con José Ortega y Gasset, citado por Pérez Islas (2008), “El conjunto de los que son coetáneos en un círculo de actual convivencia es una generación. El concepto de generación implica: tener la misma edad y tener algún contacto vital. Comunidad de fecha y comunidad espacial son, repito, los atributos primarios de una generación”.
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    75 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión Los enfoques utilizadoshan carecido de integralidad, pues han compartimentado a sus sujetos de estudio y “perversamente” los ha llevado a estigmatizar y signar sobre ellos generalizaciones sobre la base de sus roles o características particulares, se los llama: “estudiantes”, “hippies”, “yupies”, “roqueros”, “raperos”, etc.; o sobre la base de la influencia del contexto socioeconómico se las ha llamado generaciones: “NAFTA”, “perdida”, “X”, “Y”, “del desencanto”, “del suspenso”, “@” (Cevallos, 2006: primer capitulo). Cabe anotar que en el nuevo orden mundial, que como se dijo en el capítulo sobre contexto,sehavenidoestableciendoenlasúltimasdécadasapartirdelosprocesosde globalización (avance tecnocomunicacional, hibridación cultural, etc), que generan mayor rapidez en el cambio social y cultural y el posicionamiento de un discurso moral y social de mercado en el que predomina la inmediatez, la obsolescencia, la fugacidad y la relativización de la importancia de los acontecimientos, no sólo es más difícil establecer grupos generacionales, sino que estos se suceden con mayor frecuencia, lo cual en la juventud es mucho más notorio. Al realizar este tipo de marcajes (generacionales), las generaciones “mayores” que detentan el poder del orden establecido, perpetúan las estrategias de regulación social pero posibilitan el surgimiento de otras formas de agrupamiento y su consecuente producción simbólica que es leída (y de hecho actúa) como contracultural, emergiendo el denominado “choque generacional”. De acuerdo con Margulis y Urresti “se es generalmente solidario con los códigos culturales incorpo­rados durante la socialización, hay afinidades con otros miembros de la misma generación con los que se comparten espacios sociales y, por ende, desde esa perseverancia generacional se entra en contradicción y en desencuentro con las cohortes generacionales siguientes” (Margulis & Urresti, 1998:6).  Moratoria psicosocial La noción de moratoria psicosocial surge como una manera de comprender no sólo cierta actitud de la sociedad frente a la población juvenil, sino como de la juventud misma. Erik Erikson, quien es el postulador de esta idea, hace referencia a una pausa en las demandas de la sociedad en la responsabilidad frente a asuntos sexuales, sociales, académicos y laborales, teniendo como resultado un “periodo en el que el joven puede dramatizar o, por lo menos, experimentar con pautas de conducta que son – o no llegan a ser- infantiles y adultas a la vez, y sin embargo con frecuencia incorporarse en forma aparatosa a ideales tradicionales o a nuevas direcciones ideológicas” (Erikson, 1972: 121). Esta comprensión supone que la estructura social genera de manera implícita (y a veces explícita) un tiempo y unas condiciones que posibilitan la vivencia del ser juvenil y a la vez un tiempo de espera para el ingreso a un nivel aparentemente más elevado de la sociedad que es el mundo adulto institucional y su correspondiente lugar de poder. La moratoria es entonces habitar y esperar, pero también de algún modo, deber, en el sentido de que el argumento que parece sostener este orden social es la no preparación para avanzar al siguiente estadio social. Las personas entre los 12 y 18 años aproximadamente, deben entonces dedicarse a estudiar,
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    76 prepararse y divertirseo usar su tiempo libre, que en la lógica contemporánea se traduce a menudo como consumir, configurando de esta manera la supuesta esencia de lo juvenil: La moratoria social alude a que, con la modernidad, grupos crecien­tes, que pertenecen por lo común a sectores sociales medios y altos, postergan la edad de matrimonio y de procreación y durante un período cada vez más prolongado, tienen la oportunidad de estudiar y de avan­zar en su capacitación en instituciones de enseñanza que, simultánea­mente, se expanden en la sociedad (Margulis & Urresti, 1998:3). Sin embargo, esta variable de influencia sobre la producción de la juventud presenta dos problemas en la dinámica contemporánea que se evidencian a manera de tensión: el primero, es la tendencia hacia una moratoria infinita, como consecuencia de la incapacidad del mundo adulto de ceder o abrir nuevos espacios para las generaciones más recientes, aunado esto al aumento del tiempo de preparación para la vida, debido al nivel de información acumulado por la humanidad, las especialización de las profesiones y la exacerbación del ideal juvenil y sus posibilidades de vivencia. En segundo lugar, la casi desaparición o el trastocamiento de las condiciones de moratoria social para gran parte de la población juvenil, dado que el tiempo de la producción y la responsabilidad no dan espera por la situación económica en la que viven. La moratoria estaría relacionada con la clase social y la condición socioeconómica, haciendo que muchos y muchas jóvenes dispongan de tiempo libre más no de moratoria y para otros esta sea una condición alargada más allá de los tiempos sociales de la juventud. En paralelo con esta noción de moratoria social, Dávila y Ghiardo, proponen la noción de “transición” en la que la permanencia no implica quietud o latencia, sino que supone la vivencia de una serie de experiencias condicionadas por el contexto y que determinarán y configurarán la vivencia y el proyecto adulto; un proceso en el que “ser joven es «ir dejando» de ser niño sin aún llegar a ser adulto, estar expuesto a la vivencia de lo indefinido, a la tensión por el desajuste que se produce cuando se deja de ser lo que se era, cuando se altera la identidad entre cuerpo, mente y condición social (Davila & Ghiardo, 2005:115). Moratoria y transición podrían entenderse como la manera en que se operativiza en la juventud las condiciones que la hacen posible, las experiencias y parámetros sociales a los que hay que ajustarse (a las cuales no todos y todas se ajustan) y a la vez como las estrategias resultantes de las relaciones de poder, en donde el poder hegemónico adulto conmina a la población juvenil a un lugar y un tiempo diferenciado y regulado al que hay que someterse para luego acceder al mundo adulto. En esta moratoria, o en esta transición, los y las jóvenes, de acuerdo a las posibilidades que les presentan las demás variables que configuran su condición, (socioeconómica, de género, étnica, etc) construyen “trayectorias”, es decir, se movilizan hacia el logro de mejores condiciones de vida o hacia la satisfacción de sus intereses y deseos vitales. Podríamos decir que esta variable en los contextos latinoamericanos es la que menos define su condición.
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    77 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión  Moratoria vital Lamoratoria vital hace referencia a la cantidad de tiempo del que aparentemente dispone un joven, en tanto su ubicación en el cíclo vital le otorga una posición privilegiada, que hace pensar la juventud como un capital vital, que se traduce en fuerza física o lozanía, mayor cantidad de oportunidades para experimentar, distancia de la muerte y resistencia o inmunidad biológica, “lo cual implica una manera diferente de estar en el mundo, con percepciones y apreciaciones distintas, con abanicos de opción más amplios, y con una frecuente sensación de invulnerabilidad que deriva de esa falta de huellas previas, raíz de la que emana esa característica imagen de la disponibilidad” (Margulis & Urresti, 1998:10) La moratoria vital es una actitud evidenciable en primera instancia en el plano corporal, o más bien, en el uso que se hace de este, pero es también una disposición vital que permite diferenciar la juventud de lo juvenil o a jóvenes de adultos, independientemente de su condición social, en tanto el adulto considera efectivamente disminuidas sus oportunidades, aumentan sus temores y aunque lo niegue, la certeza del desgaste de su energía vital. Es esta variable la que impulsa y posibilita en gran medida la vivencia y acumulación de experiencias y sensaciones y alimenta la representación social de una juventud vital, alegre, dinámica y menudo desenfrenada y temeraria. Sin embargo, podemos pensar que la moratoria vital no siempre implica una ventaja en relación con las generaciones precedentes, es decir, con los adultos cuya moratoria vital se ha reducido. La conciencia de poseer semejante capital (conciencia no siempre presente), a menudo implica angustia y excitación ante la obligatoriedad social de hacer uso de esta (de manera adecuada o no, de acuerdo con cual sector de la sociedad la plantee, ya sea, por ejemplo, la familia o el mercado), con el consecuente temor ante el fracaso por no contar con parámetros de comportamiento o una guía que les ayude a aventurarse en el mundo; es paradójico: para no excederse en el uso de su capacidad de exceso. Muchos mueren en el intento.  Género El género es una variable a tenerse en cuenta debido a que establece espacios y temporalidades sociales, culturales y psicológicas diferentes para hombres y mujeres. Para ello es necesario entender la especificidad del concepto y las diferencias y cercanias con las nociones de “sexo” y “diversidad sexual” y con la apuesta académico política de la perspectiva de género, campos todos ellos altamente complejos y aún en construcción. En principio, el género hace referencia a los parámeros de comportamiento propios o ideales de lo masculino y lo femenino, los cuales han sido históricamente asignados y distribuidos para los hombres y las mujeres: “los grupos humanos, a partir de las diferencias biológicas, construyen los conceptos de masculinidad y feminidad y atribuyen simbólicamente características, posibilidades de actuación y valoración diferentes a las mujeres y a los hombres (Sepúlveda, 2000:1), haciendo que de
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    78 esta manera seconfundan género y sexo. Esta última categoria hace referencia a la condición biológica de hombre o mujer. La juventud entonces, en tanto hombres y mujeres, posee condicionantes femeninos y masculinos que a menudo, como hemos dicho en reflexiones anteriores, son borrados en la teorización y en las representaciones sociales, ya que “el concepto de género es una construcción social, lo cual implica que es creado y por lo tanto cambiante y, sobretodo, que se genera, se mantiene y se reproduce, fundamentalmente, en los ámbitos simbólicos del lenguaje y de la cultura (Sepúlveda, 2000:1). De otro lado, la perspectiva de género “muestra que las diferencias entre mujeres y hombres son cambiantes” y busca “la transformación de las actuales relaciones de género, exige una reconstrucción del ordenamiento simbólico de lo femenino y de lo masculino en la interacción social” (Sepúlveda, 2000:2). Finalmente, la diversidad sexual hace referencia a las posibilidades de expresión y vivencia tanto del género como del sexo, rebasando las delimitaciones culturales y fisiológicas que han sido impuestas a partir del modelo social de la modernidad occidental y el discurso religioso judeo-cristiano. El género sin embargo, en su vivencia cotidiana, es decir, la construcción cultural de lo masculino y lo femenino, trae consigo una serie de marcajes comportamentales diferenciados y a menudo desiguales, como una forma más de expresión y operativización de la lógica masculina del proyecto de la modernidad, que en términos contemporáneos se convierte en una biopolítica, en una administración del cuerpo hombre y del cuerpo mujer. Hombres y mujeres jóvenes han ocupado históricamente en nuestro contexto lugares y tiempos diferentes en la reproducción social, de los cuales llama la atención, los de producir vida por parte de la mujer y muerte, por parte del hombre, dinámica que se hace visible en los embarazos tempranos y en la participación de niños y jóvenes en las violencias. Una variable de esta división puede encontrarse en la distribución de espacios y tiempos laborales, de mayor acceso para hombres jóvenes que para mujeres o que se caracteriza por una distribución de labores donde las menos ventajosas son ocupadas por mujeres jóvenes. Dado que la determinación de las características de esta variable, sus formas de aparición y sus implicaciones, requiere de estudios y acercamientos que produzcan un conocimiento que aún está en ciernes, lo importante por decir, además de la necesidad de construir aprendizajes sobre género y juventud, es el reconocimiento de la existencia de un aspecto que es transversal a la juventud en tanto condición social y que toda mirada hacia ella debe tener en cuenta.  Las instituciones socializadoras o de mediación No se puede hablar de variables sin reflexionar la manera en que estas son viabilizadas en el contexto. Desde diferentes marcos comprensivos de lo social se han generado nombramientos para este proceso y sus mecanismos: socialización, instituciones socializadoras, aparatos ideológicos, mediaciones sociales, procesos de inserción,
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    79 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión entre otros, loscuales, sin embargo, guardan distancias y contradicciones entre sí, en la manera en que conciben la labor cuyo fin es la determinación de una condición, en este caso, la juvenil. La modernidad adjudicó inicialmente esta función a la Escuela, la religión y la familia, como los entes encargados de formar, de dotar de discurso identitario y de insertar en la comunidad a los sujetos infantes y jóvenes, a partir de la implementación de metodologías, normatividades, regulaciones y en general discursos que suponían garantizar el buen desempeño y el éxito en el mundo social de la adultez. La industrialización y las guerras trajeron consigo otros espacios y discursos que apoyarían esta labor, como los ejércitos y las fábricas. Sin embargo, el lugar de poder de mediación de estas instituciones socializadoras ha variadoeneltiempo,desdeserlasúnicasproductorasdeldiscurso,suimplementación social e introyección en los y las sujetos jóvenes, hasta su fusión o articulación con otros discursos, que han emergido de la mano de los avances tecnocientíficos y comunicacionales, que dieron más poder y autonomía a los sujetos para su autodeterminación, a la vez que generaron un mayor acceso a la información y al conocimiento de diversas formas de ser y estar en el mundo, situación actual en la que ceden parte de su poder configurativo a nuevas mediaciones como la industria cultural y del entretenimiento, los medios de comunicación y la misma creatividad juvenil. En este proceso, las instituciones socializadoras se han tenido que plegar a las metodologías y discursos de las nuevas mediaciones, acercándose a los medios de comunicación, las Nuevas Tecnologías Digitales de la Información y la comunicación, las redes sociales virtuales, la música y las estéticas y lenguajes contemporáneos, así como horizontalizando su relación no sólo con la población sino con el saber que ostentan, logrando a veces, la conservación de su lugar y en otras, articulaciones poco creíbles o que no logran deslindarse de la lógica adulta, en una batalla por la hegemonía de la mediación para la socialización de la población juvenil que parece estar ganando la industria cultural.  Industria cultural y del entretenimiento La industria cultural y en general, el discurso mediático ha hecho de la población juvenil (y por ende de la idea de juventud) una franja poblacional objeto de mercado y una fuente constante de producción simbólica que es traducida en objetos y espacios de consumo, que terminan siendo ofertados para toda la población como fines de vida o al menos, como medios para obtener la felicidad y el bienestar, reforzando la premisa de la juvenilización. No se puede negar sin embargo, que ha sido este ámbito el de mayor acercamiento y lectura de la juventud, toda vez que las miradas producidas desde lo académico y desde lo social carecen de atractivo y de respuestas y ofertas inmediatas y satisfactorias, pero al precio de la espectacularización de la juventud, es decir, tanto de la creación de una imagen distorsionada de su esencia, como de la puesta
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    80 en clave deespectáculo de su vida. Además, se ha generado una segmentación estereotipada y excluyente, a partir de la creación de franjas de mercado dentro de la misma juventud y la disminución de su auto producción bajo la simulación de darle la voz y la posibilidad de expresión a la juventud a través de sus medios y sus objetos. Así, el discurso juvenil en términos de “su” discurso, termina siendo elaborado por la industria cultural por medio de una observación y una escucha interesada y direccionada de las prácticas y expresiones juveniles, que han sido producto de esta misma mecánica, en un círculo cada vez más cerrado en donde “las industrias culturales, los medios de comunicación y las redes de consumo han sido más efectivos en las definiciones de juventud; en lo concreto, encuentran en los jóvenes sus clientes privilegiados a los que ofrecen productos exclusivos y particulares; son “co-autores” del estilo juvenil y sus estéticas. (Cevallos, 2006: segundo capítulo). Un ejemplo de la mirada “interactiva” de la juventud por parte de la industria cultural nos lo da la industria cinematográfica que ha ubicado en los últimos años a hombres y mujeres jóvenes en el lugar de actores principales de las temáticas de violencia, injusticia social o grandes desastres con buenas dosis de epopeya. El joven funge como antihéroe que resuelve los males de la sociedad pero que de alguna manera antes había sido rechazado por esta; los deseos de esta población por asumir las riendas del mundo se subliman y elaboran por vía del actor o actriz de turno, mientras en la realidad sigue siendo una subalternidad. Otro tanto, mucho más conocido, ocurre con los grandes ídolos de la industria musical contemporánea, en su mayoría jóvenes, jóvenes adultos o adultos que teatralizan la juventud o se comportan como lo que la sociedad cree que es ser joven artista. En ellos y ellas, la juventud encuentra la fuente para su construcción identitaria, para la definición de su subjetividad, para la viabilización de sus intereses y expresiones políticas y estéticas, sin darse cuenta que estos referentes a menudo son construidos por la vía del casting, los concursos de talento y los parámetros de interés económico de la empresa de producción discográfica, que ya ha “leído” los deseos y gustos de la juventud. El sistema como tal no es problemático, puesto que en la aplicación constante ha aprendido a hacer uso de la diferencia, la diversidad y la innovación estética, sin romper del todo el molde; preocupa eso si, la pobreza ideológica, el vaciamiento de sentido critico y político y la instauración de un falso discurso de expresión juvenil, así como la inserción irreflexiva de modelos culturales foráneos que profundizan y perpetúan una colonialidad cultural que por fortuna, como hemos dicho, es resignificada por algunos grupos de jóvenes, generando prácticas culturales de origen foráneo pero con componentes estéticos locales. No podemos olvidar el papel que en este andamiaje cumplen los medios de comunicaciónylapublicidad,queactúancomomediacionesoperativas,recolectoras, reproductoras y amplificadoras del discurso y los intereses de esta industria.
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    81 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión  El estadode guerra como eje de pervivencia histórica. La guerra, en todos sus tipos y a pesar de su crueldad, es considerada, a la par del comercio, los descubrimientos y los avances científicos, como uno de los factores que ha posibilitado el establecimiento de los conglomerados nacionales y el desarrollo de las sociedades, aunque a un costo muy alto para ellas mismas; inclusive, algunas posturas como el marxismo la han identificado como el motor de la historia. Latinoamérica ha construido su historia a golpe de invasiones, conquistas, enfrentamientos, revoluciones y genocidios, en los cuales las poblaciones de base, los hombres, niños, jóvenes y mujeres han puesto la cuota más alta de sacrificio y muerte. Diferentes autores han intentado conceptualizar la guerra generando marcos comprensivos amplios que puedan ser puestos a prueba en cada uno de los contextos donde este fenómeno aparece, enfrentando desde diferentes ángulos teóricos las vicisitudes del mismo. Esto ha llevado al establecimiento de categorías y clasificaciones, más o menos generales, que están asociadas tanto a las interpretaciones de las características visibles de la guerra, como a los momentos históricos en que estas se dan. Buena parte de esta indefinición del concepto de guerra se expresa en el conflicto colombiano, que aunque no es una condición sui generis -en relación con otros conflictos contemporáneos- si presenta algunas características y dinámicas que complejizan su entendimiento. Luego de los procesos de consolidación de las naciones, que implicaron guerras de independencia y revoluciones, siguieron los enfrentamientos fratricidas, las dictaduras y sus estrategias de eliminación y posteriormente,lasguerraspartidistasyelsurgimientodeguerrillas.Lacontundencia de los actos violentos en Colombia es de un peso y una continuidad histórica tales que se resisten a ser definidos desde una sola óptica estática o un tipo particular de guerra y se hace más pertinente y productivo preguntarse por las dinámicas históricas en que se ha venido articulando el fenómeno, sus transformaciones, ritmos y acumulados. En Colombia, nos hemos centrado en el estudio de “la violencia”; específicamente, desde la segunda mitad del siglo XX, ha existido un especial interés por la influencia de los partidos políticos, las relaciones con el Estado, los actores armados y en la actualidad, la participación de los grupos paramilitares y el narcotráfico, pero pocas veces se ha puesto el lente en las relaciones cotidianas, en la cultura, en los efectos sobre poblaciones específicas, más aún cuando, en palabras de W. Ramírez, “es cierto que en el conflicto actual hacen presencia elementos propios de las anteriores crisis de nuestra turbulenta historia republicana, lo urgente ahora es identificar las profundas modificaciones que desde las ya remotas razones de tipo social y político le dieron sentido originario a la actual contienda armada” (Ramírez, 2002:157). De esta manera, el autor desmiente aquellas posturas que pretenden reducir la violencia en Colombia a enfrentamientos de grupos armados sin ningún sustento social y político.
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    82 Partiendo de loanterior, se puede plantear que en Colombia existe un estado de guerra, más allá de las confrontaciones armadas; una situación en la que las actitudes y comportamientos de la población, las estructuras y relaciones sociales, son reguladas y mediatizadas por la sensación (y a menudo la constatación) de la posibilidad de morir, y cuyo trasfondo es el conflicto sociopolítico generado por la desigualdad histórica entre los diferentes grupos sociales, la incapacidad del Estado para garantizar el bienestar y la instauración de un sistema socioecómico que beneficia a unos pocos por encima de la mayoría, lo cual propone una espacialidad social particular que tiene efectos en la manera como se es sujeto, como nos lo plantea I.M. Baró al decir que “en base a este innegable deterioro colectivo de las relaciones sociales, la guerra está precipitando numerosas crisis y trastornos personales de quienes, por una u otra razón, ya no pueden descifrar adecuadamente las exigencias de su situación vital” (Baró, 1984:506). Los y las jóvenes en Colombia (y en otros países que viven vicisitudes semejantes), también denominados metafórica y literalmente “hijos de la guerra” (en contraposición a la metáfora de “hijos de la libertad” utilizada por Ulrich Beck para referirse a las juventudes europeas) participan de este estado desde diferentes lugares y roles sociales, no sólo como actores armados o víctimas, sino como hereditarios de una cultura y un estado social que perpetúa la desigualdad, y promueve la resolución de los conflictos y la satisfacción de las necesidades de supervivencia por la vía de las violencias; Este efecto es más notorio con el surgimiento de la relación grupos armados-narcotráfico, que degenera y complejiza el conflicto, aumentando su nivel de urbanización, de tipos de actores y funciones, las cuales, en su mayoría son realizadas por población juvenil, situación que no ha sido suficientemente visibilizada y que conlleva a diferentes reacciones y efectos frente al mismo. Entonces, el estado de guerra determina la condición juvenil no sólo por el hecho de involucrar directamente en las filas de los distintos grupos armados legales e ilegales, a grandes cantidades de jóvenes hombres y mujeres, o por descargar sobre esta población, como uno de los eslabones más débiles de la sociedad, las vicisitudes y efectos de ella en términos de deprivación cultural, ausencia estatal, desarraigo, y en fin, toda suerte de violaciones de DDHH, sino en la medida en que genera, lenguajes, actitudes, comportamientos y regulaciones que giran en torno al egoísmo, la beligerancia, la competitividad y la idea de vivir en la incertidumbre y el riesgo, discursividades que moldean el ser juvenil, se convierten en fuentes de construcción identitaria y de sentido de vida y alimentan el estereotipo del joven guerrero en los hombres, y el de la joven madre dadora de vida en las mujeres, endilgándole finalmente a estos la culpa o el origen de la guerra, y por demás, la labor de solucionarla.  El desarrollo y el actual modelo de desarrollo La noción de desarrollo, entendido como todas las acciones de un individuo o comunidad sobre sí misma o sobre otras, tendientes a mejorar sus condiciones de vida, ha existido siempre, no sólo desde su posicionamiento como concepto y discurso último de la modernidad, a partir de la segunda guerra mundial
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    83 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión -acontecimiento que exigióun replanteamiento del ordenamiento general del mundo y los objetivos de las naciones vencedoras- sino desde el surgimiento mismo de las organizaciones sociales humanas que configuraron su existencia, alrededor de prácticas de supervivencia y modificación de su entorno y que, eventualmente generaban avances o cambios que aumentaban su nivel de dominio del mundo y comprensión de sí mismos. Esta apreciación implica dos ideas fundamentales: la existencia de una necesidad inherente a la condición humana de agenciamiento de su realidad (siempre con la intención de mejorar) y el establecimiento en diferentes momentos en el devenir histórico humano, de diversas formas de comprensión y operación de esa necesidad, lógica en la que se inscribe la noción contemporánea de desarrollo, o se debiera decir: las comprensiones contemporáneas del desarrollo, de las cuales la comprensión liberal (ahora neoliberal) se instaura como hegemónica. Para poder acercarnos a una comprensión de un modelo de desarrollo como determinante de la condición juvenil, es necesario plantear en un principio la evitación de la naturalización o el esencialismo del concepto de desarrollo, como “una práctica de definir y categorizar para ordenar y dar significado a la intervención en una determinada realidad social, en suma, un ejercicio de poder” (Cejas, 2000: 73 -74) a la manera en que actualmente opera dicha práctica, dando un salto de la búsqueda del mejoramiento de las condiciones humanas como una necesidad, hacia la implementación de estrategias de generalización, homogenización y objetivación con el fin de producir sujetos gobernables (Cejas,2000: 73), en fin, que existe un desarrollo, pero han sido posibles y son, otros desarrollos, es decir, otros modelos y visiones del mundo, así como de los sujetos. Entonces el desarrollo nace de sujetos y se dirige a sujetos en lugares desconocidos, pero sobre los cuales se tiene un imaginario. Ya muchos autores han hablado del desarrollo como la gran empresa para “occidentalizar” al mundo a su imagen. Semejante propósito que en el imaginario social de los “beneficiarios” muchas veces se representa en paisajes industrializados, avances tecnológicos y ciudades modernas, tiene en su fundamento también una concepción sobre el sujeto y sus modos de ser y estar, que (en el discurso “para” el desarrollo) promete la interpretación occidental del nirvana: la satisfacción inmediata y absoluta de las necesidades humanas, y que también trae implícita la idea del sujeto moderno: insertado en los modos de producción pero también en los de consumo, social mas no crítico, integrado mas que sumiso, reproductor mas que creador. Si hay un horizonte de desarrollo que establecer es por que existe una concepción de sujeto que lograr: el sujeto gobernable. Se puede decir que el desarrollo busca sobre todo producir sujetos, idea que nos aleja de la concepción del desarrollo económico como fin y lo convierte en un medio biopolítico, una estrategia de control social en beneficio de sus diseñadores, que busca la producción y el control de subjetividades que lo perpetúen o que al menos no impidan su funcionamiento al insertarse o adscribirse al mundo que este le ofrece. La mayoría de la población del tercer mundo no es beneficiaría directa de los planes, programas o proyectos específicos y focalizados en un territorio y sobre
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    84 una problemática enparticular, pero sí de los efectos históricos de la gran empresa del desarrollo, que a la luz de hoy poco se parecen al sueño progresista enunciado en sus inicios. El discurso “para” el desarrollo, puesto en práctica, ha tenido un logro esperado por sus diseñadores pero no por sus beneficiarios: el distanciamiento paulatino e imperceptible de las comunidades receptoras de sus identidades originarias y la generación de subjetividades integradas de manera acrítica al gran proyecto de desarrollo: un modelo de desarrollo neoliberal y de raigambre colonialista que produce estructuras sociales y sujetos mediatizados por el mercado y el consumo que aceptan convertir en servicios lo que son derechos fundamentales. Este efecto, en la medida en que se va dando el proceso de cambio crea grandes cantidades de población sin un piso real para vivenciar la subjetividad (construida o heredada), dado que los beneficios del desarrollo no están siempre al alcance de la mano, pues los efectos de cambio positivo económicos y sociales prometidos de éste nunca llegaron. Así, los efectos del desarrollo en la subjetividad pueden plantearse en términos de dos tensiones: exclusión y reclusión e integración y resistencia. La tensión entre reclusión y exclusión se propone siguiendo las palabras de Ferrara (Ferrara, 2001), según las cuales lo contrario a la exclusión no es propiamente la inclusión, en el sentido positivo en que siempre se ha pensado y que es de algún modo equiparable al de integración, pues si bien, existen grandes cantidades de sujetos que se encuentran por fuera de la modernidad construida por el desarrollo en tanto viven en la pobreza, carecen de empleo, educación, acceso a servicios en salud y disfrute cultural, existe otra gran cantidad de población que vive en un adentro del desarrollo que en tanto acoge y posibilita el disfrute de sus beneficios, implica rendirse al consumo, el sostenimiento de un status social, la corrección política y la vivencia constante de sentimientos de miedo, soledad, aislamiento e incertidumbre ante el futuro. Esto significa que hacer parte del lado “bueno” del desarrollo no implica escapar a sus males. La tensión entre integración y resistencia se articula a la anterior, en la medida en que los sujetos pueden adoptar posturas de aceptación o de reacción según el lugar social en el que se encuentran; en otras palabras, no todos los sujetos que están del lado de la exclusión construyen subjetividades resistentes a las causas de la misma, puesto que no las reconocen. La juventud es un ejemplo palpable de este fenómeno. De acuerdo con Parra Sandoval (Parra,1978), en Colombia, la génesis de la juventud como grupo social está asociada e incluso intencionada por la implementación del modelo de modernización o de desarrollo urbano industrial que expandió la juventud a grupos más amplios de la sociedad colombiana y no sólo a las élites de los años 60’s en adelante. Este acontecimiento ubicó población juvenil tanto del lado de la exclusión como de la reclusión, aunque en el discurso “sobre” el desarrollo sea más notoria la segunda pues viven los efectos más desastrosos de este, convirtiéndola en la población “síntoma” del mundo contemporáneo y en un buen ejemplo para ilustrar el fracaso
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    85 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión del desarrollo entanto ayuda beneficiosa para los países destinatarios, aunque los organismos de seguimiento y los entes estatales locales no hagan esta lectura (véase La juventud en Iberoamérica: tendencias y urgencias. CEPAL – OIJ. Santiago de Chile, 2004), sino que promuevan el establecimiento de ajustes y nuevas políticas que no cuestionan estas subjetividades creadas sino que por el contrario las refuerzan: Esta situación debe alertar sobre la necesidad de promover políticas innovadoras para los jóvenes del sector rural que se enfrentan a la vez a un drástico cambio de la estructura de la producción y el comercio agrícola, hasta hace poco, su fuente natural de actividad económica y generación de ingresos, y a una fuerte desventaja por la inequidad en la calidad y cantidad de educación que reciben, lo que les impide insertarse oportuna y adecuadamente en el mercado de trabajo urbano e incluso rural, incluyendo el agrícola (CEPAL, 2003:11). Entonces, uno de los sectores de la población colombiana que vive en carne propia y sufre las vicisitudes del desarrollo es la juventud. La visión que esta franja poblacional posee sobre el país varía de acuerdo con la posición que ocupe o se le otorgue en él como víctima o victimario, como consumidor u objeto de consumo, que son los lugares más notables que ocupa la juventud actual en el país. Esa visión o visiones podrá entonces oscilar entre el positivismo irracional y la desesperanza aprendida, ambas, posiciones extremas; sin embargo, la visión más generalizada es aquella donde aparentemente no se dice nada, una especie de indiferencia inconsciente. Se plantea entonces que a la luz de la psicología los comportamientos juveniles son expresiones o si se permite, síntomas a través de los cuales intentan transmitir de manera codificada su opinión sobre el estado de cosas. El interés por las modas, el consumo, la rumba y la cultura del entretenimiento en general, asociado a actitudes de rebeldía y sectarismo, oscilantes entre momentos de ubicación temporal en alguno de los extremos mencionados, es una solución inteligente ante la presión del desarrollo que conmina a excluirse o recluirse, a integrarse o resistirse, en una especie de negociación donde la objetivación aparece como subjetividad, efecto de la presión del desarrollo hacia los sujetos que en términos de M. Cejas (Cejas,2000), es violenta: el sujeto gobernable ha sido creado.  La modernización del Estado: generación de políticas y acceso a servicios sociales A pesar de (o acaso debido a) las dificultades históricas presentes en la conformación de los Estados Nación latinoamericanos, - entre las cuales se encuentran las dos variables que acabamos de mencionar- y que es además complejizada por la irrupción de nuevos procesos y ordenamientos socioeconómicos, culturales y políticos, bajo el signo de la denominada globalización, es indudable que la región ha alcanzado niveles considerables de modernización, ampliación y fortalecimiento de la estructura estatal tendientes a generar las condiciones mínimas de vida esperadas en un estado social de derecho y que le alejan (si bien no le exorcizan totalmente) de los fantasmas de dictaduras, revoluciones y guerras.
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    86 En concordancia conlo anterior, el conocido interés geopolítico y económico de los países del primer mundo y en particular los EE.UU. desde donde se han implementado proyectos de modernización, facilitación de recursos y alianzas estratégicas (a menudo con beneficios desiguales) ha tenido efecto, a la par con los procesos autonómicos de afirmación sociopolítica de nuestras naciones, en la construcción de Estados más capaces, abiertos y actualizados a la hora de generar políticas públicas y gubernamentales dirigidas a poblaciones y temas específicos, así como de promover y garantizar el acceso a servicios y espacios de participación social y política. Los anteriores procesos de modernización y democratización mencionados, en nuestro país coinciden en la década del noventa del siglo pasado, con la intervención y la formulación de políticas explícitas para “la” juventud urbana popular. Desde entonces, ha sido prolífico el reconocimiento de la población juvenil y la promulgación de leyes nacionales y entes institucionales encargados de garantizar el cumplimiento de los derechos de esta población, mejorar sus condiciones de vida y promover su adscripción y participación por vía de mecanismos oficiales o por el apoyo a las formas convencionales y emergentes de organización social juvenil. Este fenómeno es posible de ver en la mejora de las estructuras físicas necesarias para la salud, la educación, el deporte y la recreación, así como en la creación de programas específicos para la juventud en el marco de lo cultural-artístico, lo deportivo recreativo y competitivo, lo participativo-político y educativo-social. Casos específicos como los parques biblioteca, los colegios de calidad, la estructura recreodeportiva y educativa que incluye desde las canchas de futbol hasta el Parque Explora, la red hospitalaria con énfasis en servicios amigables para jóvenes, el Consejo Municipal de Juventud, el Programa musical Altavoz, la Red de Escuelas de Música y el Programa de Presupuesto Participativo Joven, todos en la ciudad de Medellín, son un ejemplo de esto, y en general, de las acciones de diseño e implementación de Políticas Públicas de Juventud en diferentes países latinoamericanos. Cabe anotar que un espacio en el que la modernización estatal no ha logrado incidir de manera efectiva es en el de generación de trabajo y empleo, pues paulatinamente ha cedido esta función al ámbito privado debido al modelo de desarrollo y corre el riesgo de perder lo ganado en otros terrenos por la vía de la privatización de los servicios sociales. Esta disposición estatal se convierte en una variable determinante de la condición juvenil en la medida en que se “disputa” con la industria cultural, el mercado y la violencia, el lugar de preeminencia como fuente de producción identitaria y subjetiva, como referente y como lugar de inserción social, en tanto ofrece a los y las jóvenes otros discursos, otros lugares para ser y estar en la ciudad bajo el ala de la protección institucional, facilita recursos para llevar a cabo sus sueños e intereses y avala y visibiliza (incluso apropia) sus prácticas, sus estéticas y sus lenguajes, así como premia aquellas acciones que se pueden difundir como ejemplares. Esto hace que cada vez más jóvenes asistan a los conciertos, hagan uso de los servicios y participen en los procesos. Habría que añadir que no solo está en pugna el moldeamiento de una subjetividad juvenil para la prevención de la violencia o para la adopción de una determinada cultura política, sino que la actitud estatal es un
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    87 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión mecanismo que posibilitao no el acceso al bienestar o a la denominada calidad de vida a través de la regulación de las relaciones con el mercado y de la configuración de instrumentos de distribución y redistribución de la riqueza; además, es la instancia en la que para muchos jóvenes se define su posibilidad de vivir o de morir a partir de las políticas y programas de seguridad y reinserción social. Entonces, cada vez más, las generaciones jóvenes actuales reconocen e incluyen dentro de sus prácticas, la participación política y la toma de decisiones, la adhesión a organizaciones y la demanda de acceso a bienes y servicios, siempre moviéndose en la tensión entre la resistencia crítica y la integración disciplinada al sistema. Sin embargo, aunque algunos grupos juveniles y organizaciones no participen y decidan reconfigurar la política por fuera de los mecanismos oficiales, las intervenciones estatales sectoriales y poblacionales tienen influencia en el desarrollo de sus acciones como grupo y de sus prácticas como individuos; Esto es especialmente relevante para los y las jóvenes de las clases medias y sobre todo de las clases bajas en las que se focalizan las políticas públicas de juventud. De otro lado, no hay que olvidar que este proceso de ampliación de la oferta es problemático debido a la tendencia a oficializar la organización juvenil, homogenizar su discurso y reducir su capacidad crítica y de autonomía, al dirigirla hacia los discursos oficiales e institucionalizar sus prácticas y comportamientos. La tendencia general de las estructuras gubernamentales, como ya lo hemos mencionado, es la de la asimilación por la vía de la seducción y el reconocimiento de las prácticas juveniles, pero solicitando a cambio la adscripción a modelos de participación y generando exclusiones sutiles de quienes no comparten el discurso oficial. 2.2.3 La autoproducción Como hemos dicho anteriormente, algunos autores de la teoría social crítica, que toma distancia de los preceptos establecidos en la modernidad para comprender los diferentes ordenamientos sociales y las formas de producción de los sujetos, plantean, a partir de este cambio de perspectiva, que el sujeto no está totalmente atado ni supeditado por los esquemas y discursos institucionales y sociales, por las diferentes expresiones del poder, que se entendía como vertical, alienante y determinista; al menos no el sujeto de la contemporaneidad que se apodera cada vez más de herramientas simbólicas y materiales para la expresión de su propia subjetividad. Sin embargo, esta condición hay que plantearla en términos de tensión, ya que a la vez que esto ocurre, los procesos de homogenización global11 , tienden a borrar las diferencias generando una pugna entre diversidad subjetiva y homogenización colectiva. 11 La homogenización global hay que entenderla como una de las vías de las globalizaciones, que in- cluso se apoya en el establecimiento de segregaciones, exclusiones y segmentaciones poblacionales, es decir, la globalización no es homogénea, pero busca estandarizar al sujeto.
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    88 Es así comodesde las comprensiones de las relaciones de poder propuestas por teóricos como Michel Foucault y Pierre Bourdieu, en las cuales se plantea que hay un poder en el sujeto y en los colectivos de base, en la propuesta de Henri Lefebvre de entender el espacio social como una producción impulsada por las dinámicas de sus habitantes, de Michel de Certeau sobre la producción de lo social y lo subjetivo desde la cotidianidad en relación con el consumo y el uso del espacio social, entre otros, es posible pensar que el sujeto contemporáneo ya no depende sólo de los grandes metarrelatos religiosos, políticos, sociales y culturales para constituirse como sujeto, sino que cada vez más, a partir de los procesos de expansión tecnológica y sociocultural, tiene acceso a otras fuentes identitarias y de expresión subjetiva y cada vez más reconoce la capacidad y el derecho a usarlas de manera creativa y en función de sus intereses particulares. Pudiéramos decir que el sujeto actual, y en particular el y la joven, en gran medida se autoproduce, incluso como una obligatoriedad del sistema, que intenta por todos lados, mediar en esta producción, ofreciendo por la vía del mercado objetos y prácticas que se proponen para llenar los vacíos identitarios y servir de soporte al discurso subjetivo. La población juvenil genera cambios, transformaciones, descentramientos, desespacializaciones (sobre los cuales hablaremos en el tercer capítulo), en contraposición a los modos evidenciados en las estructuras sociales tradicionales, la distribución social del trabajo, los discursos morales y trascendentes, las jerarquías sociales, la concepción de sujeto, las distribuciones territoriales y las identidades individuales y colectivas (Estados-Nación) cuyo fundamento se encuentra en la triada generada por el posicionamiento del discurso judeocristiano occidental, los descubrimientos científico técnicos de la industrialización y el triunfo del modelo capitalista de desarrollo; en otras palabras, la disolución de las antítesis clásicas de la modernidad occidental (masculino- femenino, centro-periferia, urbano-rural, bello- feo, bueno-malo, obediencia-rebeldía, santidad- maldad, trabajo-ocio, tiempo- espacio, entre otras) categorías que conminaban al sujeto a modos de actuación determinados y deterministas, frente a los cuales la juventud contemporánea parece deslindarse proponiendo la producción de nuevas subjetividades y el surgimiento de un sujeto articulado a partir de su función social e incluso su imagen y no como entidad ontológica inmanente, es decir, como una esencia, sino como un sujeto polimorfo, diversificado en la extensa gama de posibilidades identitarias y sociales, un sujeto “hecho trizas”, en palabras de Delgado (Delgado, 2002), mas “eso no quiere decir que el individuo no perciba su sujeto como una unidad no estallada, defienda su unidad biográfica y se niegue en redondo a aceptar que no es más que las representaciones situacionales a que se ve abocado una y otra vez” (Delgado, 2002:218). Esto significa entonces que la población juvenil, en la medida en que recibe el influjo de las variables particulares del contexto en que se encuentra, adopta de manera consciente o inconsciente, estrategias para evitar ya sea posibles efectos negativos de estas, o todo aquello que no sea de su agrado o no responda a sus intereses, por ejemplo resignificando el sentido de ciertas prácticas, adecuando los usos culturales
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    89 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión de los objetos,apropiándose de manera diferenciada de algunos espacios o generando creativamente otros espacios y prácticas, transformando constantemente de esta manera su discurso sobre sí mismo y su entorno y aumentando a la vez su poder como sujeto, en tanto genera una espacialidad, un discurso o un campo social diferenciado y estructurado a partir de sus propios códigos. El y la joven, ya no son únicamente, si alguna vez lo fueron, la resultante de las intervenciones de las instituciones socializadoras o más recientemente de los discursos de la industria cultural y el entretenimiento a través de los medios de comunicación, sino también de sus propias producciones discursivas, individuales o colectivas, producto de la cada vez más amplia posibilidad de interacción. Esto significa, hacerse a sí mismo, poseer desde tempranas edades, mayor control sobre lo que gusta, lo que se viste, lo que se come, lo que se piensa o se quiere ser. La autoproducción sería entonces, de acuerdo al influjo del contexto, variable; habría jóvenes hombres y mujeres que se limitan a dotarse y reproducir subjetividades construidas por sus ámbitos de socialización y habría jóvenes que se convierten en productores ellos mismos de simbologías y objetos para su propia subjetividad y la de los demás; son éstos aquellos jóvenes que a la luz del status quo aparecen como rebeldes, inadaptados, confrontadores o en el mejor de los casos como creativos y transformadores en todos los aspectos del mundo de la vida. Son jóvenes que en la medida en que se producen, generan, como diría Muñoz, una “política de la vida”, en la que “ellos/ellas anticipan se alimenta de preguntas como: ¿quién queremos ser?, ¿cómo queremos vivir?” (Muñoz, D. citado por Muñoz, G. 2006:213). Veremos más adelante qué la autoproducción es visible a partir de fenómenos emergentes en las prácticas juveniles y que se pueden plantear unos modos de subjetividad alrededor de ellos.
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    90 2.3 ¿CÓMO SEMIRA A LA JUVENTUD? Yenuri Chihuala murió en 1995, durante la guerra de fronteras entre Perú y Ecuador. Tenía catorce años. Como muchos otros muchachos de los barrios pobres de Lima, había sido reclutado por la fuerza. La leva se lo había llevado, sin dejar rastros. La televisión, la radio y la prensa exaltaron al niño mártir, ejemplo de la juventud, que se había sacrificado por el Perú. En esos días de guerra, el diario El Comercio consagraba sus primeras páginas a glorificar a los mismos jóvenes que maldecía en sus páginas policiales y deportivas. Los cholos trinchudos, nietos de indios, pobres de pelo chuzo y piel oscura, eran héroes de la patria cuando vestían el uniforme militar en los campos de batalla, pero esos mismos buenos salvajes eran bestias peligrosas, violentas por naturaleza, cuando vestían de civil en las calles de las ciudades y en los estadios de fútbol. Eduardo Galeano. Patas arriba. p 98 2.3.1 Referentes de lectura de la condición de juventud La juventud en tanto campo de estudio implica, -como lo proponen algunos autores de la teoría social como Oscar Dávila y Pérez Islas-, un espacio en discusión y disputa en el que esta franja poblacional es vista, ya sea como categoría social, investigativa, como una definición conceptual o como una noción social, elementos que se equiparan a la idea de jóvenes, juventud y juvenil y a la discusión sobre la juventud como concepto y como categoría que ya hemos desarrollado. Además, en los últimos años adquieren relevancia los marcos conceptuales y los enfoques investigativos cualitativos de corte sociocultural en comparación con los estudios cuantitativos de índole demográfico, epidemiológico o sociopolítico o socioeconómico, estableciendo la necesidad de articular estas visiones. Es importante relievar que estos enfoques adquieren posturas diferentes en el sentido en que, pareciera que el enfoque cualitativo propugna por la visibilización de las juventudes, su reconocimiento e inserción en lo social o el resarcimiento de sus derechos como sujetos sociales, mientras que los enfoques cuantitativos, buscan visibilizar las problemáticas subyacentes a su condición, su descripción y caracterización socioeconómica como vías para pensar estrategias de inclusión. Sin embargo, ambos enfoques son usados para el diseño de políticas que no siempre van en beneficio de los intereses y necesidades de esta población ya que terminan siendo de control y regulación. Igualmente, si bien desde 1971 el Instituto latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES - CEPAL), proponía una síntesis de las miradas disciplinares consistente en seis enfoques (psicobiológico, antropológico- cultural, psicosocial o de la personalidad, demográfico, sociológico y político social) (Gurrieri & Torres-Rivas, En Dávila, 2004:94) los cuales, a nuestro parecer, no se correspondían directamente a disciplinas y confunden las nociones de enfoque disciplinar y perspectiva temática, plantean ya las búsquedas para el encuentro interdisciplinar y el surgimiento de marcos de lectura desde el pensamiento complejo, rompiendo y a la vez acercando las diferentes enunciaciones que en torno a la franja etaria amplia, de los 10 a los 30 años, han surgido en las disciplinas
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    91 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión sociohumanistas clásicas. Deeste modo, pubertad, adolescencia, juventud, minoría de edad, estudiantado, y otros como tribus o identidades juveniles, no deben ser vistas como compartimentos aislados o cronológicamente sucesivos sino como énfasis disciplinares o especificidades de cada uno de sus campos teóricos, que deben ser articulados, trascendiendo las miradas funcionalistas, biologicistas u organicistas de las disciplinas de la modernidad. Así, la reciente proliferación de estudios y análisis de toda índole en torno a la población juvenil, su visibilización en el campo social por su aumento demográfico, su pugna por ocupar un lugar social y su importancia por aparecer como portadores del síntoma social a través de fenómenos y problemáticas, ha generado una pluralización de su enunciación, diferentes formas discursivas y prácticas de mirarla, teorizarla y construirla, no sólo desde los ámbitos académicos sino desde otros como los culturales y económicos; miradas que responden a intencionalidades de conocimiento, de regulación o incluso de utilización pragmática de esta franja poblacional. La metáfora de la mirada permite relievar el hecho de que la juventud existe para el mundo adulto institucional en tanto es vista por este de una u otra manera, de acuerdo a sus intereses y a su comprensión del mundo, pues se mira como se piensa. Proponemos acá unas miradas que pueden ser diferenciadas sólo como abstracción teórica pero que en la práctica operan de manera articulada y compleja en todos los ámbitos de la vida social en los cuales la juventud se desenvuelve. 2.3.2 Ocho miradas sobre la juventud  Construcción sociohistórica Es el marco de lectura más usado desde los discursos socioantropológicos y se propone como el de mayor amplitud. La juventud como un producto de la historia, y en particular del proyecto de la modernidad occidental. Diferentes sucesos del acontecer sociohistórico se proponen como configurantes de la condición juvenil actual, la cual va cambiando en la medida en que se dan nuevas transformaciones; la consolidación del Estado - Nación, la industrialización, el surgimiento de la educación institucionalizada, el posicionamiento del mercado y los avances tecnocomunicacionales de las décadas recientes se consideran los principales hitos. La consolidación en este proceso, de la juventud como una franja significativa de la sociedad es su principal eje de discusión y en la actualidad, de cómo la juventud misma se convierte en un determinante de lo sociohistórico, pasando como hemos dicho, de ser una construcción a ser una producción sociohistórica. Es entonces, una mirada espacio temporal, con diferentes matices, de acuerdo al enfoque disciplinar o epistemológico de acercamiento.
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    92  Estado -Etapa bioevolutiva Esta es la mirada biomédica, de las ciencias de la salud y de las psicologías. En estas se concibe la juventud como una condición del cuerpo y de la mente que puede variar, de acuerdo a ciertas condiciones del contexto que influenciarían este proceso como la raza o la genética, los hábitos alimentarios, el ambiente, las acciones de la educación sobre el cuerpo y desde luego, la vivencia de las etapas previas del desarrollo bioevolutivo. Este marco incluye el saber sobre lo corporal, nombrado como pubertad, el saber sobre lo psíquico nombrado como adolescencia e incluso, nos atrevemos a decir, el saber sobre lo moral-jurídico nombrado como minoría de edad,12 ya que este se soporta sobre la ideas de inadaptabilidad, desarrollo cognitivo y madurez. Este marco concibe que los comportamientos y características visibles de la juventud son consecuencia de los procesos internos fisiológicos y mentales y que es hacia estas etiologías que deben dirigirse los procesos de intervención (y acaso las Políticas Públicas). Aunque inicialmente la comprensión de los fenómenos y problemáticas de este estado-etapa desde este marco se realizaba desde lo patológico, es decir, desde la noción de normalidad-anormalidad, el acercamiento de estas disciplinas a otras miradas sobre el sujeto lo ha ampliado hacia los discursos de proceso salud-enfermedad, prevención y promoción, hábitos o estilos de vida saludables, mejoramiento de la salud pública y otros, que conciben la estrecha relación de lo fisiológico mental con lo sociocultural.  Síntoma Social No es fortuito que la noción de síntoma, perteneciente al ámbito biomédico, sea usada para referirse a los comportamientos juveniles, dada su connotación negativa al hacer referencia a la posible presencia de una enfermedad (lo cual es por demás una confusión con lo que en medicina se denomina el “signo clínico”), que debe ser intervenida para evitar su proliferación. Ocurre en esta mirada una aplicación del discurso organicista social, según el cual las malformaciones y trastornos del sistema deben ser intervenidos, extirpados o controlados en aras del equilibrio del mismo. Entonces, esta mirada se ampara en la idea de que la juventud es producto de la sociedad en la que vive. La comprensión de la juventud como síntoma social puede entenderse a partir del análisis comprensivo de sus dinámicas juveniles como reacción ante crisis y resistencias, carencias y transformaciones del orden social que son evidenciadas, visibilizadas, expresadas, vehiculizadas e incluso elaboradas por la juventud. Esos comportamientos pueden ser leídos tanto por el común de la sociedad como por las disciplinas sociales como “desviaciones” o anomias, que 12 En la legislación colombiana la noción de minoría de edad ha entrado en desuso, pero sigue existien- do como representación social.
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    93 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión generan ciertos etiquetamientoscomo delincuentes, contestatarios o consumidores hedonistas (Alvarado, 2009). Sin embargo, desde otros enfoques, se reconoce en estas reacciones un síntoma positivo, un dinamizador social, no culpabilizante de la condición juvenil, sino producto de las condiciones del contexto: La anomia, en cuanto no-acogimiento de ciertas representaciones colectivas y búsqueda de resignificaciones, da paso a la auto alteración de los mundos de vida en lo micro y a la redefinición de los ordenes de vida en lo macro. Es decir, posibilita la transformación y la renovación social. Las personas jóvenes y sus dinámicas, bien podrían estar actuando como “agentes reguladores de la vida social” al descentrar imaginarios y deconstruir ciertas sugestiones propias del orden social existente (Alvarado et al, 2009:91-92). Estas visiones encontradas generan en la percepción social de la juventud una ambivalencia evidente en los discursos representacionales, que se traduce en ambigüedad social no sólo en la concepción de lo juvenil sino en su intervención. En el caso de la interpretación positiva del síntoma, se generan políticas y acciones afirmativas de la condición juvenil, procesos de reconocimiento de sus prácticas y de resarcimiento de sus derechos así como de solución a sus necesidades, de manera que se convierta en vehiculante de mejoras a la sociedad. En el caso de la interpretación negativa, se genera rechazo social hacia sus comportamientos y acciones de coerción, control, victimización y adaptación, confundiendo el síntoma con la enfermedad.  Objeto de mercado y recurso económico Lamiradasobrelajuventudcomounobjetodemercadoyunrecursoeconómicoesuna de las más extendidas pero menos explicitadas, acaso por su carácter instrumental, que cosifica a la población juvenil al convertirla en un objeto consumible o hacia el cual se pueden dirigir ofertas e influenciar sus prácticas de consumo, inoculando un imaginario idealista sobre su condición, que ve “en el sujeto joven no solo un productor o consumidor de bienes y servicios, sino la imagen ideal de la belleza, la vitalidad y lo nuevo, que se extiende rápidamente entre los demás grupos sociales y en todas las clases sociales, como la imagen deseable y envidiable que se obtiene con la moda” (Londoño, J, Gallo, N & García, S., 2008: 51). Esta mirada proviene obviamente del ámbito económico productivo y de la industria cultural, en particular de la moda y los demás sectores que ofertan productos y servicios para la satisfacción de necesidades vitales y estéticas. Sin embargo, y como veremos más adelante, se convierte en una representación social idealizada que construye una visión tanto del cuerpo como de la mente juvenil, pues interviene y se desarrolla en asuntos que son importantes para la juventud: lo fisiológico (el cuerpo), lo psicológico (lo cognitivo y lo afectivo), lo social relacional (la norma, el rol) y lo económico (la generación de recursos y el trabajo, incluida la formación para este).
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    94 En esta mirada,el cuerpo y la mente juvenil pueden ser estudiados, comprendidos y separados por edad, género, condición social, gustos en intereses, en aras de diseñar y producir los objetos que consumen, a la vez que se moldean los hábitos de consumo mismo, asociados a las espacialidades y temporalidades juveniles, es decir, el colegio o la universidad, el tiempo libre, la noche, la fiesta, el deporte, etc. En lo económico, la juventud representa no sólo el potencial consumidor (población objeto de mercado) o el referente para el diseño de la oferta de consumo, sino la fuerza laboral que moviliza la economía de “lo juvenil” y otros sectores productivos; es el cuerpo fuerte y dinámico o bello y sensual, pero además abundante, que, no importando el nivel de formación, puede ser utilizado al servicio de los fines del sistema de mercado que tiene dispuestas diversas funciones y desempeños, en las cuales a menudo el y la joven se tienen que enfrentar a los rituales de iniciación y las trabas puestas por los adultos para el acceso al poder, las pugnas entre sus coetáneos para conservar el empleo o subalternizarse y aceptar las vejaciones del sistema en el cual se violan derechos humanos y laborales bajo el supuesto de la necesidad de trabajar.  Signo cultural Lamiradadelajuventudcomosignoculturalsecentranosóloenlaideadelajuventud como productora de nuestro tiempo, sino como aquel grupo poblacional que con su presencia, sus prácticas y producciones culturales avizora, pronostica y adelanta el futuro de toda la sociedad. Esta mirada puede estar presente tanto en la producción teórica – académica como en la industria cultural y en las representaciones sociales en las cuales es enunciada como “los y las jóvenes son el futuro” o bajo la idea de que “cada sociedad posee la juventud que se merece”. En la perspectiva académica, leer las prácticas juveniles se convierte no sólo en una metodología de acercamiento, que comporta un enfoque centrado en la juventud misma, renunciando a adjetivaciones del tipo “juventud y…” o a aquellos acercamientos centrados en un aspecto, ya sea psicológico, sociológico de la condición juvenil, pero sobre todo a las miradas esencialistas que construyen conceptos monolíticos de la juventud. Igualmente, esta mirada permite juntar argumentos para la reivindicación de la juventud como una condición y como un grupo social diferenciado. Es decir, en términos de A. Garcés, que los y las jóvenes construyen un nos-otros en el cual “crean ritualidades que marcan el espacio y el tiempo de su cotidianidad, y por tanto producen una resignificación de la vida individual y colectiva que incide en los diversos procesos de identificación juvenil” (Garcés, 2005:122) y por medio de esto se convierten en una medida de lo que cambia, a la vez que lo van cambiando y por tanto, muestran y construyen futuros posibles. A este proceso de reproducción sociocultural en el cual las generaciones antiguas parecen ceder su lugar de producción cultural y hegemonía en la previsión de futuro a las generaciones más jóvenes, M. Mead lo denomina “cultura prefigurativa, en tanto “los jóvenes adquieren y asumen una nueva autoridad mediante su captación prefigurativa del futuro aún desconocido” (M. Mead, 1970,35, citada por Reguillo, 2000:63).
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    95 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión La juventud entanto signo, habla, y en la construcción de sus significaciones se debate entre los discursos de dominación y los discursos de resistencia los primeros impulsados desde las mencionadas instituciones de socialización y los discursos de mercado por medio de su aparato publicitario, y los segundos desde sus movimientos y expresiones estético políticas que han sido identificadas como de carácter underground o contracultural, (observación no siempre precisa y a menudo peyorativa de sus prácticas. Al respecto véase: Garcés, A. La juventud-signo. Entre los discursos publicitarios y los discursos de resistencia juvenil. UNIrevista - Vol. 1, N° 3: 3 julio de 2006). Ya hemos visto como la industria cultural ha sabido sacar provecho de esta tensión, implementando formas de mediación apropiación y reciclaje de las prácticas juveniles, amplificando el lugar de la juventud como un signo de las transformaciones culturales, pero obteniendo ganancias en este ejercicio. Desde el ámbito académico, los esquemas de significación y los configuraciones sociales mediante las cuales la juventud se hace signo, han sido caracterizadas y categorizadas en una profusión de términos que a menudo se presta a confusión; de acuerdo con Reguillo (2000), el “grupo”, el “colectivo”, el “movimiento juvenil” y las “identidades juveniles” son los conceptos más usados para identificar los modos de agregación, así como “agregaciones juveniles”, “adscripciones identitarias” y “culturas juveniles” son los conceptos privilegiados por el observador externo o investigador, ya que, en consecuencia con esta mirada, no existe en la juventud y sus prácticas unas pautas de ordenamiento definidas. Esta última, la de “culturas juveniles”, se propone como la noción más pertinente como marco para las identificaciones del signo cultural juvenil. Vale decir que la mirada de la juventud como un signo cultural implica una valoración especial de su dimensión expresiva, de sus prácticas y formas de agregación y socialización, ya que es en estas donde se puede “leer” no sólo lo que acontece sino las transformaciones posibles; en palabras de Reguillo: “la dimensión expresiva de las culturas juveniles no se reduce al comportamiento más o menos alocado de unos “no-niños, no-adultos”, en sus prácticas y lecturas del mundo radican pistas clave para descifrar las posibles configuraciones que asuma la sociedad”(Reguillo, 2000: 62). Es interesante notar cómo esta mirada en el ámbito de las representaciones sociales, está relacionada con la percepción de lo juvenil como ideal de vida, como modelo de belleza, como símil de fuerza, como la portadora de los ideales y valores estéticos, culturales y sociales adecuados o deseables que generan la tendencia a la juvenilización de la cual hemos hablado. Es decir, la juventud se convierte en un mito a seguir, a emular, a temer y a tratar de descifrar, pues parece poseer las claves de lo que vendrá a la vez que su estilo de vida garantiza el aprovechamiento al máximo de la experiencia vital.  Actor Social La mirada de la juventud como actor social tiene su origen en los discursos e intervenciones sociológicas en los fenómenos de organización social de base y
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    96 posteriormente en losconflictos armados en Latinoamérica, pero su antecedente más primigenio es la discusión en las ciencias sociales entre las teorías del sujeto y las teorías del agente (agency) de la cual proviene la noción de actor social utilizada entre otros por A. Touraine, pero en la cual se critica la idea de los sujetos y los grupos como entidades sujetas a las macroestructuras sin mayor capacidad de movilización. La teoría del actor social se propone como un avance, ya que en esta, los actores sociales “disponen de cierto grado de autonomía, lo que a su vez implica una identidad. Por lo tanto, el actor social se define ciertamente por su posición en la estructura social (o “espacio social”, como diría Bourdieu); participa de las normas, reglas y funciones de los procesos sociales; toma parte en los dramas de la historia, así como también en la producción y dirección de la sociedad” (Gimenez. En: http://www.paginasprodigy.com/peimber/actor.htm). Entonces, un actor social es una persona, grupo u organización colectiva que interviene de manera activa e intencionada en los procesos sociales, políticos, culturales y de desarrollo de su comunidad. Si bien alrededor de esta noción se pretende aglutinar todas las características de la población juvenil en tanto sujetos (su aspecto cultural, expresivo, emocional, político) en nuestros contextos, se hace énfasis en la juventud como actor social como una estrategia para la visibilización positiva, la reivindicación de sus derechos y la inserción en las dinámicas de participación social y económica girando en torno a las dualidades actor social organizado-independiente, productivo-improductivo y positivo-negativo (o legal-ilegal) desde las cuales se le caracteriza e interviene; sin embargo la intencionalidad estratégico económica ha generado un reduccionismo en esta mirada al limitarla sólo a los aspectos socioeconómicos, es decir, la participación política y el acceso a los sistemas de trabajo, empleo y emprendimiento económico y privilegiando la percepción del actor social como colectivo organizado, adscrito a la institucionalidad pública y afecto a los discursos oficiales. En el Plan Estratégico de Juventudes Medellín 2003- 2013, los y las jóvenes son concebidos-as como “Actores sociales, que imbricados en dinámicas de conflicto, confrontación, reconocimientos y resistencias, se reconocen con una identidad propia, cuestionan su interioridad y buscan asumir una posición diferente consigo mismos y frente a los otros” (Alcaldía de Medellín, Plan Estratégico de juventudes 2003-2013), enunciación que nos permite identificar cómo la noción del “actor social” obra como una mirada sobre la juventud, ya que en esta se parte de un ideal, una condición de posibilidad o una intencionalidad política más que de una realidad, pues no todos los y las jóvenes hacen parte de dinámicas de conflicto, tienen reconocimiento de su identidad y adoptan actitudes y posturas de cuestionamiento. Es decir, se confunde la noción de actor social con el reconocimiento explícito, individual y colectivo de esta condición y la lectura sociológica de las acciones de un conglomerado como actuaciones más o menos conscientes sobre su entorno, lo cual implica avanzar en la identificación de niveles y tipos al interior de un actor social individual o colectivo.
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    97 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión  Representación Social Lasrepresentaciones sociales son formas de conocimiento o ideación construidas socialmente, que no pueden explicarse como fenómenos de la vida individual (E. Durkheim, 1898). Moscovici plantea que las representaciones sociales no son sólo productos mentales, sino que son construcciones simbólicas que se crean y recrean en el curso de las interacciones sociales. Se definen como maneras específicas de entender y comunicar la realidad y determinan las relaciones entre sujetos, a la vez que son determinadas por estos a través de sus interacciones. En términos de Moscovici: “Las representaciones son un conjunto de conceptos, declaraciones y explicaciones originadas en la vida cotidiana, en el curso de las comunicaciones interindividuales. Equivalen en nuestra sociedad, a los mitos y sistemas de creencias de las sociedades tradicionales; puede incluso afirmarse que son la versión contemporánea del sentido común” (Moscovici, 1.981: 181). En consecuencia, las representaciones sociales se emparentan con otras nociones como las de “imaginario social”, “construcción cultural”, “estereotipos sociales” y “prejuicios” en tanto todas son formas- saber en las que “toda sociedad construye de manera especifica la realidad que experimenta, en aras de apropiársela para afrontarla, dominarla o acomodarse a ella” (Navarro et al, 2007:2). Las representaciones sociales están constituidas por elementos simbólicos, y en este sentido, no sólo son formas de adquirir y reproducir el conocimiento, sino que además dotan de sentido la realidad social y son por demás, una herramienta teórico metodológica para el análisis de la misma. Su poder estriba en que compiten con los saberes disciplinares en importancia como fundamento y argumentación desde el cual el mundo adulto institucional se relaciona e interviene la población juvenil y en esa medida produce y determina la condición juvenil. En un sentido amplio de la noción de representación social, se pueden plantear tres grandes fuentes de las representaciones sociales sobre la juventud. En primer lugar, se encuentran las que tradicionalmente se entienden como representaciones sociales, que son aquellos imaginarios y discursos sociales sobre la juventud, palabras e ideas generadas por el común de la gente y amplificadas por las instancias de socialización, los medios de comunicación, la publicidad, etc. En segundo lugar, los discursos disciplinares, técnicos y políticos que establecen y difunden definiciones de la condición de juventud, partiendo de un supuesto saber basado en el método científico (mediciones, encuestas, observaciones, teorizaciones, etc) que introducen en el saber social terminologías y valoraciones. Finalmente, las autoconstrucciones y significaciones propias que surgen de las prácticas de la misma población juvenil, la convierten en una fuente representacional en sí misma y para sí misma. Sin embargo, el sentido común, el saber popular, termina primando sobre las investigaciones y estudios, incluso, los reinterpretan de manera que les sean útiles a la hora de otorgar un lugar y una comprensión a la población joven. En nuestro contexto, hacen carrera una serie de representaciones sociales sobre la juventud, cuyo trasfondo da cuenta de una ambigüedad en la mirada social sobre la juventud, ya que puede oscilar desde las representaciones como población peligrosa
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    98 o en peligro,(que puede hacer o hace daño a la sociedad o que pone en riesgo a la sociedad al hacerse daño a sí misma sobretodo por la vía de las drogas, las prácticas sexuales inseguras y las violencias), pasando por población consumidora o de consumo, (que dedica gran parte de su tiempo y sus recursos al uso del tiempo libre ligado a la industria cultural musical y del entretenimiento, la moda y las tecnologías, o que puede ser consumida corporalmente, por la vía del acceso sexual legal o ilegal o del trabajo legal o ilegal), perdida o inadaptada (que se encuentra confundida o en crisis, sin claridad sobre su futuro y el potencial que posee o que no logra adaptarse a las prácticas tradicionales o a los ordenamientos sociales hegemónicos, los cuales son leídos por el mundo adulto como adecuados e inamovibles), hasta población constructora de futuro, ideal de vida y modelo de humanidad (que encarna los ideales de belleza, alegría, disfrute de la vida y la función de salvar el mundo a través de las transformaciones sociales y por qué no, del derrumbamiento de la hegemonía adulta y su estructura social). Esta ambigüedad en las representaciones sobre la juventud da cuenta de las positividades y negatividades existentes al interior de la condición juvenil, pero también del intento del mundo adulto institucional por comprender y controlar a esta franja poblacional. En un reciente estudio sobre juventud (Juventud e integración suramericana: diálogos para la construcción de una democracia regional. IBOPE, 2009, Brasil), realizado en seis países del cono sur (Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Chile y Argentina), se pudo identificar alrededor de mil palabras, en catorce mil adultos y jóvenes encuestados, que dan cuenta de las significaciones e imágenes sobre la juventud. Estas palabras o enunciaciones se agruparon en relatos que van desde el planteamiento de la juventud no necesariamente ligada a un sujeto que la encarne, pasando por la juventud como una etapa de la vida (que puede ser bonita, la más hermosa de todas, que se fue y no volverá o que conlleva añoranzas de experiencias afectivas ligadas a la etapa juvenil como la alegría o la felicidad o a las características y posibilidades asociadas al cuerpo joven como la salud, el vigor o la belleza), un conjunto de vivencias positivas que se mueven en el plano de la afectividad y la sociabilidad (por ejemplo el amor, el compañerismo, salir con los amigos), las particularidades de la juventud como condición social que diferencia de la adultez y la niñez y asociadas a la idea más extendida del uso que la juventud da al tiempo libre, asociado a libertad, menos obligaciones, soltería, fiesta, diversión etc; igualmente surgieron relatos que asocian a la juventud con trabajo y sacrificio, nociones asociadas a la idea de la juventud como madurez y criterio, que se contraponen a otras que la asociaron con incompletad e inmadurez. Otros relatos asocian la juventud con una función mesiánica en tanto representan la esperanza y el porvenir, a través de la lucha, la rebeldía y el sueño, o la creatividad, las ideas nuevas y la tecnología. Otro grupo de enunciaciones hacen referencia a las ideas negativas sobre la juventud que incluyen disposiciones psicológicas como la impulsividad, el individualismo o la insolencia, o comportamentales como la flojera o el desorden. Otra serie de palabras implican juicios morales al asociar juventud con sexo, violencia y drogas, con libertinaje, degeneración, depresión o desorientación, así como maldad, caos y destrucción, poniendo el acento en la relación entre juventud y orden social (Estudio juventudes sudamericanas, IBASE
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    99 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión y POLIS, 2009.En: Segovia, D, Dávila, O, et al. Sociedades sudamericanas: lo que dicen jóvenes y adultos sobre las juventudes. IBASE, POLIS, CIDPA, 2009, Chile). La posibilidad de construir relatos con palabras asociadas a un “deber ser” de la juventud como un periodo de preparación para el futuro y el desligamiento de la noción de juventud de un sujeto y un tiempo particulares, recalca la condición ambivalente de las representaciones sociales sobre la juventud en Latinoamérica: Juventud puede ser recuerdo de lo que uno mismo fue o de lo que era ser joven en otro tiempo; puede ser anticipo de lo que vendrá y puede, por cierto, referirse a los jóvenes actuales. Cuando el caso es este último, los significados se vuelven ambivalentes. Aparecen palabras positivas y negativas, visiones apologéticas y apocalípticas que expresan el choque de imágenes que produce la juventud (Segovia, D, Dávila, O, et al. 2009:113). La juventud como representación social implica entonces no sólo la lectura que la sociedad hace de esta condición sino que se convierte a su vez en un referente de vida, en un discurso que representa y guía, tanto a jóvenes como a adultos en su comportamiento social.  Producción Biopolítica La biopolítica es un concepto del teórico Francés Michel Foucault que está enmarcado en el análisis de las relaciones de poder mediante las cuales se han generado los diferentes constructos u ordenamientos sociales a lo largo de la historia. Este hace referencia a los dispositivos o mecanismos mediante los cuales opera un poder sobre la administración o regulación de los procesos vitales y sociales. En términos más sencillos, la vida de los seres humanos ha estado siempre determinada por los discursos y las acciones de las instituciones o entes a los cuales el mismo ser humano ha concedido poder (religión, ciencia, política, gobierno, mercado y la sociedad misma). La biopolítica es aquello “que hace entrar a la vida y sus mecanismos en el dominio de los cálculos explícitos y convierte el poder-saber en un agente de transformación de la vida humana” (Foucault, 1995:173). Esos discursos y sus efectos en lo social, nos moldean y regulan y a menudo, adoptamos posturas de resistencia individual o colectiva frente a ellos, reconfigurándolos pero nunca negándolos, como en el caso de la condición juvenil: Esta condición puede entenderse como una producción biopolítica en la medida en que la construcción de un cuerpo juvenil implica la naturalización de la condición juvenil en cuyo proceso se comprometen tres factores principalmente: a) la asociación entre edad biológica y edad sociocultural; b) la incorporación de representaciones y prácticas consideradas inherentes a una condición juvenil; y c) la adaptación a los procesos político-económicos, especialmente los relacionados con las demandas del sistema socio-productivo (Quintero, 2005:96). Alvarado, apoyándose en Serrano enfatiza esta mirada al plantear el adultocentrismo y el tiempo panóptico, entendidos el primero como “la hegemonía de la interpretación del mundo desde la postura del sujeto adulto/masculino/occidental”(Alvarado,
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    100 2006:96), que operacomo un dispositivo de control social, y el segundo, como la intención de la sociedad (disciplinar) de regular y caracterizar los tiempos de vida de las poblaciones. En la juventud en particular, este tiempo de observancia se traduce en un momento de tránsito, de no-ser adulto y de moratoria social, es decir, de desresponsabilización de lo adulto, pero que se “responsabiliza” del uso y consumo del tiempo libre. Así, “existen ciertas tecnologías de normalización, que bien sea desde la óptica del consumo o del poder, terminan por significar “la juventud como una tecnología desarrollada en la modernidad capitalista para fomentar, mediante el control de sujetos de la producción y el consumo” (Serrano, 2002:14 en Alvarado, 2006:96). La mirada biopolítica implica comprender que históricamente, desde las diferentes formas de gobierno, se han generado mecanismos explícitos e implícitos, violentos o sugestivos de control, segmentación distribución y regulación de la población, que incluyen no solo los diferentes ordenamientos discursivos del ámbito político y religioso, sino también la producción de saber en torno a los sujetos (que es por demás, segmentada también, tal cual vimos en las disciplinas sociales). Igualmente, el mercado, a través de la publicidad y su sistema de vinculación por vía del endeudamiento, y la industria cultural y del entretenimiento, se constituyen en medios de regulación poblacional, cuyo fin es ajustar las dinámicas vitales a los ciclos de producción y consumo, dictaminando o influenciando y distribuyendo los roles sociales, las relaciones de poder y en fin, las producciones subjetivas. Desde esta mirada entonces, la juventud (la población, el saber sobre ella y su idealización discursiva) es una estrategia de regulación poblacional, donde incluso, hasta las acciones de resistencia de todo tipo, realizadas por este sector, están impulsados por algunos sectores del poder que instrumentalizan a la juventud o bien, refuerzan a manera de comprobación del discurso, la idea de la necesidad de constreñir, dirigir a la juventud, ya sea a través de estrategias de orden disciplinar, físico, de regulación de los cuerpos, es decir, la cárcel, el control policial, ya sea a partir de estrategias de control social discursivo, incluida la seducción y asimilación de las prácticas de la población juvenil. La mirada biopolítica, no es entonces una intencionalidad conciente de algún sector social, sino una abstracción teórica explicativa que subsume a las anteriores miradas y da cuenta de la interrelación de todos sus discursos y la dinámica subyacente en ellos: unos discursos operantes a través de diferentes mecanismos sociales, políticos, económicos, culturales, académicos, por medio de los cuales se produce una idea de juventud, unos cuerpos juveniles y unas regulaciones sobre ellos. Estos discursos, soportados y difundidos actualmente a través de los nuevos medios de comunicación y las diferentes implementaciones de planes, programas proyectos y escenarios de participación y expresión juvenil, se convierten en un gran ojo y una voz, que direcciona e influencia el comportamiento juvenil buscando su compartimentación y su normalización. La estrategia actual es el aplanamiento de las diferencias sin negar su existencia, en un juego perverso de palabras en el que
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    101 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión la diversidad seenuncia pero se busca su unidad. Una forma perversa de la igualdad en la diversidad, “de manera que los discursos producidos sobre la juventud y los dispositivos políticos implementados a partir de dichos nombramientos se constituyen en un mecanismo que naturaliza y homogeneiza un modo histórico específico de experimentar lo juvenil” (Quintero, 2005:96).
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    103 Y cuando algúnmamelfo de los más chicos decía: “¿Y si probamos? ¿Y si buscamos? ¿Y si tratamos de encontrar de nuevo esos fulgores, esos brillos, ese sol?”. Cuando algún mamelfo de los más chicos decía eso siempre había otro mamelfo, que caminaba muy pesadamente, que se movía con mucha lentitud, que casi no podía avanzar ni esto por el peso de todo lo que tenía pegado encima, que invariablemente contestaba: “Pero no, esos son cuentos. El mundo que conocemos es así y no puede ser de otra manera. Las cosas son como son”. Adela Basch. Blunquimelfa. 1998 CAPITULO 3 PRÁCTICAS JUVENILES Y FENÓMENOS EMERGENTES COMO VÍAS DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL Joven DJ. Taller de Hip Hop Comuna 16, Medellín. 2010.
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    104 Al igual quecon los procesos de globalización, los avances y descubrimientos tecnocientíficos y tecnocomunicacionales y su aplicación y visibilidad en la vida cotidiana, las sociedades se sorprenden, se intimidan y se escandalizan, con los cambios en las formas de ser de los y las jóvenes a lo largo de toda Latinoamérica y el mundo; sus gustos, sus actividades, las músicas que escuchan y sus formas de danzar, los deportes que practican, la forma de vestir y ataviar su cuerpo, sus lenguajes y gestualidades y sus dinámicas grupales, sus maneras de estar, no sólo en el tiempo libre sino en todos los espacios de su vida, a menudo perturban al mundo adulto. Acaso, esto no sea novedoso, pues como hemos dicho antes, entre la transformación social que desde su aparición en el mundo moderno occidental ha generado la juventud y la tendencia del mundo adulto institucional a conservar el orden tradicional, se ha mantenido una constante pugna, una brecha que causa estupor, enojo y desesperanza a ambos lados, pero también, la tranquilidad que genera la certeza de la existencia de una estructura social que soporte a las generaciones nuevas y mantenga la posibilidad de un futuro, permite nuevamente acercar, saltar o eliminar momentáneamente esta brecha para el logro del avance social. Ello no significa necesariamente que la juventud sea la única encargada del cambio social, ya que si se adopta esta perspectiva generacional como única hipótesis de cambio, se pone a la juventud del lado creativo y a la adultez del lado conservador, idealizando a la primera y satanizando a la segunda. Ligado a lo anterior, surge el interrogante de si lo novedoso del accionar juvenil es simplemente producto de la oferta del mundo adulto institucional, hipótesis que ya hemos cuestionado en apartados anteriores (véase la autoproducción) y en la cual se plantea que la juventud reacciona y reproduce las transformaciones operadas por el contexto, es decir, que sus estéticas, sus formas de hablar y en general su rol social siguen siendo totalmente dictaminados por las instancias de socialización y por tanto no son más que la visibilidad de las tendencias del mundo contemporáneo, aquello que en términos generales se ha denominado la cultura postmoderna, que es holística, hedonista, mutante, individualista, veloz, narrativa, consumible, sexualmente diversa, obsolescente, visual y relativa, que establece una actitud de cuestionamiento al pasado y al futuro, valora la imagen sobre la palabra y genera procesos tanto de homogenización como de diversificación, análisis de la contemporaneidad que como hemos dicho, no siempre aplica para nuestras realidades latinoamericanas. Siguiendo esta misma línea de pensamiento, sería posible establecer algunas características generales de la juventud actual en relación con las tendencias del nuevo milenio. Una de ellas, muy mencionada a lo largo de este texto, es la tensión entre la idealización y la invisibilización de su condición, ligada a la objetivación corporal y la adscripción adaptativa13 que se les propone bajo las premisas “sé feliz, vive al máximo, consume”. En segundo lugar, la expansión – contracción de la 13 La adscripción adaptativa es el comportamiento juvenil que busca incluirse en el sistema, sin re- chazarlo y buscando obtener beneficios de él. Esta noción la ampliaremos en la reflexión sobre las transformaciones de la experiencia subjetiva.
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    105 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión moratoria social, quese traduce en más tiempo para ser joven pero menos tiempo para disfrutarlo. En tercer lugar, la disminución de la edad de ingreso que genera una especie de juvenilismo infantil, un desarrollo precoz y en consecuencia un aumento en el bono demográfico, fenómeno que sin embargo, parece estar disminuyendo en América Latina. Otra característica es la deconstrucción cultural, consistente en la modificación de tradiciones o el replanteamiento de los valores existentes, el surgimiento de ciudadanías móviles o desterritorializadas, es decir, no ligadas a un territorio o cultura particular, lo cual también es leído como tribalismos, neoguetos o comunidades virtuales principalmente compuestas por jóvenes. En estrecha relación con esta característica anterior, se plantea la tendencia en la población juvenil hacia una transculturalidad y mundialidad que implica la mezcla, la hibridación de culturas y el sincretismo cultural, y una percepción planetaria de la cultura o globalismo pero con aplicación local, característica que ha sido denominada por algunos como glo-calidad. Finalmente, se proponen una serie de características en torno a la condición subjetiva, como el indivualismo – colectivismo que consiste en que todos y todas las jóvenes parecieran estar aparte haciendo lo mismo, sin vínculos obligantes, a través de relaciones telemediadas el uso de NTDIC’s y el pantallismo, la preeminencia de una cultura visual digital, en donde la imagen, y en particular la imagen en movimiento es el principal soporte de lectura e información, y el virtualismo y en general el uso cotidiano de tecnología como fuente por excelencia de la constitución como sujeto, y, la fragmentación y pragmatismo, que da cuenta de la existencia de discursos y posturas éticas cambiantes, de un paso de la ética a la estética como valor predominante.. Creemos sin embargo, que cada vez más la juventud participa, individual y colectivamente, no sólo en la construcción del contexto social y sus ofertas sino en la generación de prácticas alternativas, resignificantes y re-creativas del mismo, que no sólo hace uso de las nuevas tecnologías aplicadas por ejemplo a los juegos de video, sino que cada vez son más jóvenes las personas que los diseñan y que incluso ordenan su producción, adoptando posturas más proactivas y protagonistas en la transformación sociocultural, ya que son las generaciones nuevas las que portan la sensibilidad y la disposición para apropiarse, corporizar y crear nuevos mundos, como los que surgen por vía de la música, las estéticas y las prácticas deportivas, y tal vez sea esto lo que permite hablar de prácticas y fenómenos emergentes en la juventud contemporánea, entendiendo que éstas no implican por tanto, el rompimiento total con los hábitos y las ofertas tradicionales, sino un aumento, una explosión constante de haceres y sentires. Con relación a la diferenciación entre los fenómenos juveniles y las problemáticas de la juventud, en nuestros contextos hace carrera la certeza de la existencia de tres grandes problemáticas de la juventud: el manejo inadecuado de su sexualidad, la relación y uso de la violencia y el consumo abusivo de sustancias psicoactivas. Es tal el poder de estas ideas, que muchos programas y estrategias de intervención se diseñan bajo este supuesto, sin preguntarse el transfondo de ellas y partiendo de diagnósticos parciales de índole sociodemográfica y epidemiológica. No queremos negar su veracidad, es indudable que existen altos niveles de embarazos no
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    106 planeados, no deseadosy a temprana edad en nuestros contextos, así como gran cantidad de jóvenes vinculados a grupos armados o a procesos violentos y que hacen uso inadecuado de todo tipo de sustancias psicoactivas, pero creemos que existen allí algunas dificultades en la comprensión de lo que implica caracterizar una situación como problemática juvenil. El término fenómeno (del griego phaenomena: apariencia) hace referencia a aquello que aparece sin necesidad de determinar su condición negativa o positiva, a pesar de su carácter sorprendente. Es necesario reflexionar cómo alrededor del discurso de las problemáticas juveniles ha surgido, acaso como consecuencia de la lógica de los saberes-poder operantes en las instituciones del mundo adulto, en primera instancia, una generalización en la cual se piensa la parte por el todo, en segundo lugar, una estigmatización que lleva a endilgar y centralizar los problemas en la población juvenil y en tercer lugar, una confusión del síntoma con la causa, es decir del fenómeno subyacente, con la posible problemática subsecuente; la no diferenciación entre lo que es una problemática y lo que es un fenómeno. Se podría decir que los verdaderos problemas a los cuales se enfrenta la población juvenil son el ser usados-as para la guerra, ser asesinados- as o tener la vida en riesgo, tener que delinquir para sobrevivir, no tener dinero, no tener acceso gratis a servicios u ofertas de la ciudad (o ser muy restringido), no poder estudiar, aburrirse estudiando o ser costoso, no tener trabajo o empleo significativo y justo, tener una oferta institucional gubernamental inadecuada o limitada y, finalmente, no ser escuchados-as ni respetados-as en su diferencia. Igualmente, la noción de emergencia puede ser vista desde dos perspectivas o significados en relación con lo juvenil: uno en el que el término hace alusión al surgimiento, la llegada, la aparición de prácticas juveniles que trascienden los discursos de la modernidad y la configuración social de posguerra, en la que incluso ocurren sucesivas emergencias generacionales, dada la brevedad de las generaciones como característica contemporánea. Otro significado hace referencia a una condición emergente, es decir, de apariciones momentáneas, visibilizaciones en los escenarios de debate social, ya sea a partir de acciones violentas, de confrontación al orden, de resignificación, o bien a partir de movilizaciones de afirmación del mismo, ambas de carácter tanto individual como colectivo, pues en la lógica de la homogenización, la acción de un-una joven puede ser interpretada como de toda la juventud. Ya en el año 2000, Rosana Reguillo titulaba uno de sus textos como “Emergencia de culturas juveniles. Estrategias del desencanto”, haciendo alusión al surgimiento de prácticas y comportamientos juveniles que se proponen como alternativas a la desesperanza generalizada por causa de los efectos de una globalización económica desigual en Latinoamérica. En este texto, describe y analiza algunas prácticas y culturas como los punks, los taggers, los raztecas (rastas) y los raves (tecnos), a partir de los cuales propone variaciones características de la condición juvenil de fin de siglo, como son la posesión de una conciencia planetaria, la priorización de la vida cotidiana como trinchera para impulsar la transformación social, el respeto por el individuo, la selección cuidadosa de las causas sociales a apoyar y el rompimiento del barrio como epicentro del mundo y de sus prácticas (Reguillo, 2000). A este análisis a la luz de hoy habría que plantearle por un lado, la pregunta por qué tanto las prácticas juveniles contemporáneas son la consecuencia de un desencanto,
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    107 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión o son tambiénproducto de las transformaciones socioculturales a partir de las posibilidades contextuales, en particular las tecnocomunicacionales y culturales, pues ese primer análisis se nos antoja un tanto pesimista y reactivo. De otro lado, preferimos la noción de “prácticas” a la de “culturas”, ya que estas últimas implican acaso toda una construcción que supone procesos de adscripción, pertenencia, rituales etc, que no siempre son identificables en el accionar juvenil; aunque podrían estar indicando el surgimiento de una nueva cultura, inicialmente son acciones, gestos, posturas, actividades creativas, espontáneas, lúdicas, difusas, y sin un sentido explícito, que se dan en el anonimato o en la relación de pares y grupos, como introducir un paso de baile, proponer una palabra nueva o un sentido codificado a otra ya existente, combinar estilos de vestuario o agregar algún tipo de accesorio nuevo o viejo a una moda, decorar los celulares con dibujos hechos con esmalte para uñas, diseñar un nuevo estilo de Tagg (firma en la cultura Hip Hop), reproducir en sus cuadernos hasta el cansancio las imágenes de los personajes manga, para luego inventar los propios, construir speakers con los bafles para celulares, incorporando una USB integrada, para reproducir música en formato mp3 y poderla escuchar en grupo mientras se camina por las calles, práctica que recrea la antigua versión de la grabadora, adherir stickers a los pc portátiles o redecorarlos con sus propias imágenes, (práctica que llevó a las empresas a salir de la monocromía de sus productos y ofrecer una “línea juvenil”), y en fin, hacer uso de la posibilidad creativa que surge ante la ausencia de recursos para adquirir ciertos objetos, la necesidad de marcar, diferenciar o establecer apropiaciones de objetos y espacios, que podría derivar en el surgimiento de una nueva cultura o en la transformación de las prácticas al interior de una de ellas. En últimas, estamos hablando acá de la forma en que surge en la cotidianidad aquello que hemos llamado autoproducción, posibilidad que ha sido identificada por el mercado y los medios tecnológicos que intentan también controlarla y adelantarse al deseo de los sujetos, por lo cual sus productos, aunque homogéneos, ofrecen la opción de “personalizar”,o “customizar” (del inglés: customer: cliente, comprador), servicio en el cual el cliente participa activamente en el resultado final de aquello que va a consumir, desde una hamburguesa hasta la cuenta en un foro virtual, opciones que a menudo son rechazadas por la juventud en favor de sus propias invenciones. Lo interesante es notar qué prácticas novedosas o qué emergencias se están gestando en el mundo de la vida juvenil y cómo éstas pueden dar cuenta de transformaciones y fenómenos socioculturales que por ahora, se podrían nombrar como juveniles, pero que a la postre, con el avance de las generaciones, se podrían convertir en características generales del orden social. Se trata entonces de la aparición de prácticas juveniles novedosas y la resignificación de prácticas tradicionales como signo de fenómenos emergentes o transformaciones sociales. Así, las prácticas serían el comportamiento visible, la materialización de transformaciones individuales o colectivas, de tendencias sociales. Habría que dar cuenta primero de qué prácticas están surgiendo o cambiando para luego leer en ellas la existencia de fenómenos sociales presentes con mayor intensidad en la juventud o que son causados por esta y que a futuro podrían convertirse en cambios evidentes del orden social establecido.
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    108 Aparecen en lasúltimas décadas, tendencias y prácticas en el ámbito de la música, los bailes, los deportes, las tecnologías y las formas de agregación entre otras, que pueden poseer tanta fuerza o visibilidad como para considerarse culturas y cuya comprensión no debe reducirse a la descripción básica que haremos, ni a una visión estática, pues siempre están en movimiento e incluso en fusión entre ellas mismas, en tanto una característica contemporánea es la tensión entre el afianzamiento cultural y la interculturalidad. Estas surgen en general de la fusión entre elementos ideológicos, históricos, tecnológicos y sociales, a la vez que parece haber un cambio de la concepción como tribus urbanas con fuertes marcajes identitarios a la apropiación temporal, simultánea o relativa de la vinculación a ellas. Es importante señalar que muchas de estas prácticas no nacen en el contexto latinoamericano, pero que su implementación local por parte de la juventud adquiere matices, cambios contextuales que representarían niveles de apropiación, hibridación y resignificación de los que hablaremos más adelante. En la música, los Emo y los screamo, que son estilos musicales provenientes del hard core punk y del rock alternativo, acompañados de posturas filosóficas y estéticas, estigmatizadas por su carácter aparentemente depresivo y suicida, pero que se centran en la expresión genuina de las emociones y en el existencialismo, con una alta preocupación por la apariencia y la imagen física que en cierta medida contradice los lineamientos de la estética imperante, (el cabello, el uso de los colores, cierto transformismo y androginia) y una actitud que cuestiona la inhibición de las emociones negativas, la separación de los roles masculinos y femeninos y las relaciones amorosas idealistas; El gothic rock y el gothic metal, también denominados dark, post punk o música oscura, son considerados subgéneros del rock y el heavy metal, provenientes del constante proceso de fusiones, que ha vivido el rock desde los años 70’s e incluso desde su origen. Su música y su estética se caracteriza por una mezcla entre lo tanático y lo romántico, inspirado por la ficción de la mitología medieval europea que incluye lo depresivo, lo apasionado e intenso y lo melodramático. El amor, la muerte y la oscuridad, así como la existencia de mundos fantásticos tenebrosos, son sus principales temáticas. Su actitud es introspectiva y su vestuario es oscuro, con mezclas de metal, cuero y materiales sintéticos. Serían algo así como los Emos del rock. De otro lado, el hip hop, más difundido en nuestros contextos latinoamericanos, incluye los denominados cuatro elementos: Mc o rapper, el DJ o conductor de la consola, el breakdancing (bboying o baile) y el graffiti, es decir, canto, música, baile y escritura que se complementa con una imagen y una actitud de reivindicación social, por provenir de grupos y contextos sociales más bajos o excluidos y poseer una estructura estética que no demanda formación musical clásica y permite la expresión libre, cuestionando (sin proponérselo) los moldes cultos de la música; El hip hop ha tenido inicialmente dos vertientes: una tendencia hacia el hedonismo y la vida lujosa y otra, de mayor eco en Latinoamérica de denuncia y reivindicación social que ha vivido fusiones con otros ritmos y tendencias y ha aumentado su aceptación social. El reggaeton y el dembow, una mezcla del reggae, el hip hop y los ritmos caribeños, originario de Panamá, Puerto Rico y Jamaica, también compuesto de un estilo
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    109 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión musical, un baile(el perreo), una estética y una filosofía que exalta el machismo, el sexo y la vida lujosa y festiva, aunque en sus inicios, al igual que el hip hop era de denuncia social. Existen otras tendencias de menor reconocimiento, con procesos de hibridación retro o neo, o de gustos musicales y posturas políticas o filosóficas como en el caso de los skinhead o cabeza rapada, y los neonazi, asociados inicialmente a las clases medias de raza blanca y al gusto por el ska, que poseen tanto tendencias de ultraderecha como de antirracismo (estas prácticas no poseían originalmente una postura política definida); los krishnacore, fusión entre el hardcore/punk y la cultura krisna, todos los tipos de techno music o electrónica, como el chill, el dance hall, el house, el trans, el drum and bass, el progressive, y una infinidad de variaciones que configuran una estética ligada a los instrumentos electrónicos o sintetizadores y mixers, el futurismo, el uso de las tecnologías, las fiestas, las discotecas y conciertos de larga duración como los raves, los after partys, los sound system, el consumo de drogas sintéticas y en general el consumo y la vida lujosa; destaca también la casi ausencia de letras y el uso de loops o sonidos programados repetitivos por lo cual el sentido de esta música se asocia a una pobreza expresiva y a un cierto desinterés por lo sociopolítico.. Recientemente ha surgido una variación en las formas de baile asociadas a la electrónica, denominada tektonika, que introduce una actitud más dinámica en el disfrute de esta música al proponer mayor movimiento y la creación constante de pasos y figuras, la saca de las discotecas y la aleja de su asociación con el consumo de sustancias psicoactivas. Es la respuesta de la población más joven para esta música, que se podría denominar la música de la tecnología y que carga, como las demás, estigmas sociales, por lo cual hace falta explorarla más. Una práctica que sirve de ejemplo para mostrar las transformaciones musicales y la hibridación con estilos de vida urbanos es el stomp, folclor industrial o solle (versión colombiana), el cual es una forma de hacer música utilizando como instrumentos objetos producidos industrialmente y deshechados como canecas, tapas y toda suerte de implementos plásticos o metálicos con los cuales se generan estructuras rítmicas de corte experimental y contemporáneo, aunque sin rechazar lo folclórico tradicional. Esta forma de hacer música tiene sus raíces en el jazz y en las formas percutidas tradicionales así como en otros experimentos sonoros que buscan crear nuevos instrumentos, liberarse de los parámetros “cultos” y acercarse a las sonoridades de la ciudad, haciendo metáforas de la vida urbana, sus ritmos tecnologizados e industrializados, que oscilan entre la monotonía y la variedad, entre la rapidez y la lentitud, permitiendo construir un lenguaje musical que expresaría lo juvenil al permitir la vivencia libre de la música, una mayor participación del cuerpo, su fuerza y su fogosidad y mezclar la expresión musical con otras expresiones y prácticas contemporáneas como lo audiovisual, el uso de tecnologías y las puestas en escena. El poder de la música como vehículo de transformación social y de configuración subjetiva es tal, que es acaso de los pocos elementos del capital simbólico juvenil que trasciende las edades, a tal punto que pervive hasta cuando son adultos o puede ser apropiada por jóvenes de diferentes generaciones. En las prácticas deportivas o actividades físicas de ocio parece darse una resignificación de los deportes tradicionales, en donde éstos se alejan de la idea de ser una práctica asociada a la virtud del triunfo y la representación de la identidad nacional. Hay un surgimiento de nuevas actividades físicas asociadas a los discursos
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    110 sanitaristas de lasalud, al ambientalismo, el cuidado y culto del cuerpo, la premisa filosófica de la intensidad, el extremismo y la apropiación y uso recreativo de espacios urbanos. Cada uno de estos deportes viene acompañado de un lenguaje técnico y de socialización, una estética del vestuario y la imagen y en muchos de ellos, un estilo de música y una concepción del mundo particular. Algunas prácticas asociadas a lo ambiental, el disfrute y cuidado de la naturaleza, también denominados algunos como deportes de aventura y deportes extremos, son el cannopy que consiste en desplazarse a considerable velocidad a través de un sistema de cuerdas ubicado a la altura de los árboles, rappel o descenso de superficies verticales por medio de cuerdas, boungie o bungee jumping, el cual es un salto al vacío desde lugares elevados como puentes o plataformas, soportado sólo por una cuerda elástica amarrada a los tobillos, el rafting o descenso de ríos en balsa y el b.a.s.e. jump (Building, Antenna, Span, Earth), consistente en saltos con paracaídas desde lugares firmes. En el caso de los deportes de vehículos como la bicicleta, la moto y los carros, existen una serie de prácticas deportivas asociadas algunas a los deportes extremos o de campo abierto y otras a los espacios urbanos, incluyendo también una diferenciación socioeconómica por el alto costo de los equipos. Entre éstos se encuentran el downhill o descenso de colina en bicicleta, el bmx Freestyle, gravityy y flat floor, todos deportes relacionados con la habilidad en el manejo de la bicicleta en espacios urbanos y en pistas construidas específicamente para ello. En el caso de los carros, el allterrain o campercross o competencias de obstáculos para carros, biketrial o pruebas de habilidad para sortear obstáculos naturales o artificiales en bicicleta y su versión para las motos, el mototrial. Desde la óptica de la apropiación y resignificación del uso de los espacios urbanos existen algunas prácticas deportivas ya mencionadas como el flat floor y el base jump, y otras como el Skateboarding, el wall o escalada de muros artificiales, el ultimate, conocido antes como freesby, el pogo, versión moderna del canguro. Al igual que con la música, las hibridaciones y experimentaciones en este campo son innumerables. Caso especial son las prácticas asociadas al cuidado del cuerpo donde es notoria una mayor estetización del ejercicio físico como son los centros de acondicionamiento o gimnasios, que no solo realizan deportes intramurales, en lo privado o de carácter urbano sino que generan toda un estilo de vida asociado a lo juvenil; los aeróbicos, el spinnig o aeróbicos en bicicleta fija, el levantamiento de pesas y otros que borran el límite entre el deporte, el baile y los usos del cuerpo como el pole dance o table dance, baile de tubo y sus variaciones chair dance y sexy dance. Otro tanto ocurre con el Porrismo o cheerleading, práctica importada de la cultura de las instituciones educativas norteamericanas, bastante generalizada en nuestro contexto sin mayor reflexión y cambio, lo cual también da cuenta de los procesos de influenciamiento cultural de las prácticas juveniles. Acaso el deporte que mejor muestra la resignificación del ejercicio físico y los procesos de hibridación cultural que genera la juventud es el parkour (del francés parcours: recorrido), o arte del desplazamiento, que sería una especie de versión contemporánea de las denominadas “seguidillas”; esta práctica consistente en
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    111 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión desplazarse de manerainédita sobre superficies de la ciudad (también del campo), sorteando todo tipo de obstáculos como muros altos, vallas, escalones, etc, fusiona el ejercicio físico y la apropiación del espacio urbano con una filosofía de vida que implica la autosuperación, el respeto y el apoyo mutuo entre otros, y una concepción del cuerpo como un elemento a dominar y fortalecer como principal herramienta para afrontar las vicisitudes de la vida. El parkour resignifica el deporte en tanto no demanda escenarios deportivos, no requiere de equipamentos especiales y no propone la competición entre sus practicantes; el reto va dirigido hacia el mismo individuo. De igual manera, esta práctica confronta la ideologización del espacio público al hacer un uso diferenciado e irrestrictivo del mismo pero sin violentar a los demás habitantes. Dado que muchas de estas prácticas ya poseen el status de deporte, la mayoría de las veces con equipamentos, membresías, entrenamientos y escenarios deportivos específicos, lo cual genera inversiones económicas significativas que alejan a los sectores más pobres de la población juvenil, éstos se inventan maneras de transformar la práctica deportiva y el ejercicio físico con sus versiones de deportes, desde los gimnasios populares, los parques acondicionados para hacer “barritas” (levantamiento de pesas), hasta el descenso por las pendientes de los barrios en carros de rodillos y el pegarse de los buses en una bicicleta. Es necesario resaltar la existencia alrededor de estas prácticas de espacios deportivos también resignificados, que incluyen los escenarios deportivos naturales y aquellos que se crean artificialmente y de manera fugaz para exhibiciones de carros, competencias y espectáculos deportivos y espacios diferenciados como gimnasios, placas polideportivas y pistas para deportes extremos. Vale mencionar también la realización de Ex-games o juegos extremos y juegos olímpicos juveniles. En la práctica del estar en grupo y vincularse parece tomar fuerza las sociedades de interés, aunque con cierto carácter efímero; el club juvenil o la barra del barrio que se proponían como duraderos, son reemplazados por las iniciativas juveniles, los grupos transitorios o ligados a temas y gustos que pueden ser cambiados o compartidos simultáneamente con otros. El grupo no demanda exclusividad. Además de las dinámicas de sociabilidad, lo que emerge es la infinitud de posibilidades temáticas y asociativas, que producen un carácter marginal y periférico a algunas de ellas, dada la dificultad (y a la vez la no necesidad) de visibilizarse. Esto se traduce en una profusión de grupos y estilos ligados a gustos musicales, estéticos y de uso de tiempo libre que parece no ser posible de abarcar y comprender ni por los mismos jóvenes. Igual que en las anteriores prácticas, esta tendencia incluye su opuesto, en tanto existen grupos con alta visibilidad y vinculación social, así como con un interés de permanecer ligados a su práctica eternamente; esto es notorio en los grupos religiosos y en los fanatismos del fútbol como las barras bravas. La lógica acá parece ser “será eterno mientras dure”. Las formas de agregación que más fuerza toman son las asociadas a los medios tecnológicos o lo que se ha denominado comunidades virtuales; destacan acá los twitteros o jóvenes que están continuamente enviando mensajes a través de esta
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    112 plataforma, los bloggers,que son fanáticos de la creación y el seguimiento de blogs o bitácoras, que son sitios web personalizados, de actualización más o menos constante (la gran mayoría de ellos son creados y casi abandonados) y que giran en torno a un tema o interés particular y que permiten mayor interacción con quien los visita; los posters o jóvenes expertos en subir información a los blogs y los floggers, una práctica que nace en argentina y que consiste en subir fotos a un blog personal y hacer y recibir comentarios sobre estas para medir la popularidad, así como la práctica de agregarse a los foros sociales como facebook, hi5, Sonic, Quepasa, etc, o poseer un sitio o canal, en estos y otros espacios como msn, myspace, youtube, entre otros. Estas prácticas tecnológicas, contrario a lo que se piensa, poseen niveles de uso más elaborados que el común intercambio de saludos, imágenes, invitaciones y expresiones del estado de ánimo, así como la aparente conversación banal, lo cual es una concepción reduccionista y prejuiciosa del lugar y la función que ocupan estas actividades en la vida de los y las jóvenes. Desde el típico “chateo” (Chat), el cambio cotidiano de la información del muro o perfil, el envio de mensajes o texteo, la búsqueda aleatoria de videos, hasta la elaboración de blogs, cuentas, canales y sitios web, la subida de videos, la participación en foros y la movilización de campañas ideológicas, la difusión de información política, comercial, académica y cultural independiente que surge de los amigos y amigas o allegados, se convierten en una forma poderosa de socialización y vínculo entre la juventud y de esta con la institucionalidad, se construyen debates sociales, se movilizan sectores de la juventud y se impulsan corrientes culturales e ideológicas. La relación entre las prácticas juveniles y la expresión política es motivo de investigaciones y análisis que oscilan entre identificar posturas apáticas, individualistas o en el mejor de los casos coptadas por las formas tradicionales y posturas de resistencia, movilización y mayor participación política de la juventud. Creemos que ambos extremos son posibles y existen. Más allá de esto, es posible identificar algunas características sobresalientes en la relación entre la juventud, la política y lo político. La manera más amplia de concebir esta relación en la actualidad es desde el surgimiento de procesos y expresiones juveniles que resignifican el concepto y la práctica política, ampliando su margen de acción. Esto implica cruces entre lo estético y lo político, o lo político expresado a través de la estética y una virtualización de la política, es decir, el uso cada vez mayor de los medios tecnocomunicacionales para la expresión y movilización política. Esta resignificación genera una tensión entre las juventudes propicias a la participación a través de los mecanismos oficialmente establecidos y las que prefieren el rechazo a la institucionalidad tradicional pública, amparados en discursos ambientales, contestatarios o de transformación social. Esta ampliación de lo que significa lo político conlleva a nuevas modalidades asociativas, expresivas y participativas formales y no formales, o sea, ofertadas por el Estado o generadas de manera autónoma que hacen uso ya no sólo del lenguaje, de los medios y escenarios oficiales, sino que acuden a todas las formas posibles de expresión cuyo fin no es únicamente incidir en la toma de decisiones o aspirar a cargos de poder,
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    113 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión sino manifestar, movilizarla opinión en torno a un tema que en la medida en que se hace masivo se torna “de interés político”: Sin duda alguna, mucha de la movida juvenil de hoy se enarbola desde discursos de la izquierda o del enfrentamiento al poder, critican procesos históricos como el nazismo, la guerra, la globalización y a ciertos países con nombre y apellido; temas como la protección del medio ambiente o los derechos humanos, incluso el anarquismo, son revindicados. Basta ver sus camisetas, sus tatuajes, sus parches; oír sus canciones o conversar con ellos (Cevallos, 2006: tercer capítulo). Tal vez como nunca antes, la preocupación por la “polis”, se encuentra por fuera de los estamentos de la Administración Pública y de los mecanismos oficiales de participación. Circula en las acciones de los y las jóvenes, articulada a sus necesidades, sus intereses, sus deseos y sus concepciones del mundo, amparadas en la intuición de que lo político se puede expresar de cualquier manera y que no debe estar supeditado a un comportamiento político conciente. Sin embargo, es relevante en este panorama el papel que cumplen las organizaciones y movimientos juveniles con conciencia e ideología política visible, la mayoría de ellos de carácter resistente o crítico ante el sistema. Abundan en Latinoamérica las redes juveniles, las organizaciones “anti” y los espacios de expresión física y virtual de ideas políticas, que hacen uso de la música a través de conciertos, los espacios urbanos públicos y privados a través de murales, stencils, vallas de contrapublicidad, acciones directas no violentas, pintas; de la red con grupos en facebook, blogs, portales, emisoras en live stream con contenido independiente así como medios de prensa virtual críticos e infinidad de textos, audios, videos, flashes y movie clips. Toda esta dinámica viene acompañada de lo que se ha denominado una estetización de lo político y de la política; el arte y en general la expresión estética aparece como el medio más expedito y menos cuestionable de manifestación política, sobre todo cuando esta va en contravía de los intereses hegemónicos. Las canciones, los mensajes en las camisetas, en botones, en las paredes; los cuerpos desnudos realizando un performance en contra de las corridas de toros, los grafittis y murales que a la vez que decoran cuestionan o hacen visible otra mirada. Ciertas prácticas juveniles tienen la característica de bordear el límite. Al igual que algunas ya mencionadas existen aquellas que hacen difuso el límite entre los géneros, como es el caso de los denominados metrosexuales, hombres jóvenes que tienen una alta preocupación por su apariencia física, adoptando prácticas de cuidado corporal tradicionalmente femeninas pero sin perder su condición masculina. Otro tanto ocurre con los seguidores de la cultura de dibujos animados manga y anime, cuyos seguidores se denominan otakus y de la cual se generan otra serie de prácticas más difusas que incluyen el vestirse y maquillarse de acuerdo con la estética anime. Tal vez una de las que más preocupa a los adultos por su tendencia a la violencia, es la práctica, no muy generalizada por fortuna, del acoso escolar o bullying, en la cual un joven o un grupo de jóvenes asedian de manera repetida y constante a alguno de sus compañeros con todo tipo de acciones simbólicas o físicas de carácter agresivo, lesivo o humillante, sin que los demás compañeros intervengan, convirtiéndose en testigos pasivos, fenómeno que bien pudiera leerse como un intento de los jóvenes de resignificar y viabilizar toda la violencia que el contexto genera.
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    114 Adentrarse en lasprácticas violentas, agresivas o de carácter extremo de la juventud implicaría descripciones tan extensas como la que acabamos de hacer, pero en las cuales la diferencia estriba en el nivel de instrumentalización que la juventud vive en ellas; baste por mencionar la participación en todo tipo de combos, pandillas, barras, con diferentes niveles de violencia y articulación a procesos de guerra, narcotráfico y control territorial. Habría que diferenciar allí aquellas cuyo eje de actuación es de carácter ideológico, racial, político, religioso e incluso deportivo, pero que comportan algún componente de violencia. Es conocido por todos el fenómeno del sicariato en Colombia, la existencia en general de combos de jóvenes al servicio de los capos de la mafia, fenómeno que se reproduce también en brasil y en México entre otros países y que constituye una vía de configuración identitaria y toda una cultura, que en los tiempos de su auge y en medio del estupor general fue llamada la “cultura de la muerte”. Es también famoso el caso de las “maras” salvadoreñas, originadas por el retorno a centroamérica de enormes cantidades de emigrantes deportados por delincuencia desde México y Estados Unidos y que conforman una mezcla particular entre narcotráfico, control territorial, construcción cultural e identitaria y filosofía de vida. Caso aparte representan los grupos nacionalsocialistas o neonazis en Latinoamérica, práctica sorprendente, sobre todo por el contrasentido que supone la defensa de una pureza racial que no se tiene y una ideología que en caso de aplicarse los aniquilaría. Finalmente cabe resaltar el fenómeno de barras bravas, importado hacia Argentina desde Inglaterra y apropiado con diferentes niveles de agresividad a nuestros países, no sin mencionar que es una de las prácticas de carácter inicialmente violento con mayor tendencia a transformarse y articularse socialmente como práctica pacífica. Como es notorio, es difícil identificar y clasificar estas prácticas juveniles emergentes, por su carácter espontáneo, a menudo difuso y efímero, adscrito a veces a ciertos grupos o clases sociales o a temporalidades y espacios en los que se vive “lo juvenil”. Igual que con las miradas sobre la juventud propuestas en el capitulo anterior, estas separaciones “fenoménicas” deben entenderse como abstracciones teóricas para su comprensión, ya que podrá observarse como en la práctica no existe tal separación entre por ejemplo, la ampliación de la percepción corporal y el extremismo en los deportes. Intentaremos acá unas reflexiones sobre lo que parece estar detrás de éstas prácticas juveniles emergentes. 3.1 TRANSFORMACIONES DE LAS PRÁCTICAS EXPRESIONES Y CONSUMOS CULTURALES Acaso la transformación más evidenciable en las formas de ser de la juventud actual se halla en sus prácticas culturales. Dada la riqueza que las caracteriza, parece imposible encontrar un solo término que las denomine y de cuenta de su sentido. Este fenómeno tiene diferentes configuraciones que pueden ser nombradas como cambio, transformación, interacción, traslocación, mutación, intercambio, imposición, asimilación, resignificación, integración, fusión, mezcla, hibridación, interculturalidad, aculturación y otros, según el enfoque o el énfasis que se quiera
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    115 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión hacer desde surelación con el tiempo, con el espacio, con lo cultural, con lo material o lo sociopolítico. Sobra repetir en este apartado las razones contextuales que impulsan estas transformaciones; del por qué la juventud se esta yendo a otros países, individual o masivamente, por qué sus referentes para definir su identidad ya no son locales únicamente, por qué muchos adquieren cada vez más una imagen más “global” o nutrida de elementos foráneos y sus posturas, por qué sus valores e imaginarios son producto de la mezcla de dos o más culturas localizadas en diferentes espacios o tiempos, por qué en algunos lugares, la cultura tradicional o local está desapareciendo por el ejercicio de procesos de fuerza, seducción u olvido realizados mayormente por esta población, etc. Sinembargo,sepuedenseñalaralgunascausasespecíficasqueinfluencianlairrupción de cambios en las prácticas culturales juveniles: -Nuevamente, las tecnologías de la información y la comunicación por su posibilidad de vehicular culturas, formas de ser, imaginarios y todo tipo de información cultural. -Las violencias (guerras y confrontaciones bélicas) que obligan a poblaciones a movilizarse hacia otras culturas (migración, diáspora, éxodo, desplazamiento) en busca de mejores condiciones o en huida del riesgo de muerte. -El modelo de desarrollo socioeconómico y sus efectos en lo local y lo global que conecta culturas pero también tiende a eliminarlas. -Los procesos de racismo, exclusión, rechazo y segregación e incluso genocidio cultural, para el caso de aquellos procesos culturales que tienden a desaparecer o a ser desaparecidos y en particular para la juventud, que sin moverse de su lugar de origen introduce elementos de otras culturas o es influenciada por ellas. -La hegemonía de una cultura sobre otra que a través de diferentes mecanismos de seducción, presión, difusión o invisibilización, promocionando estilos de vida y valores, se impone impulsada por una idea geopolítica colonial que es implementada a través del control (social, territorial) de lo cultural, de donde se hace evidente por demás, que la cultura, la instauración de una forma de cultura, de una “tradición”, de una cosmogonía, implica violencia y es (ha sido) un proceso violento. Y finalmente, la capacidad creativa y la sensibilidad juvenil que le permite a esta población adoptar posturas de adscripción, resistencia y resignificación o recreación, actitud que como hemos recalcado, es cada vez más determinante y autodeterminante de las prácticas culturales, no sólo juveniles sino de toda la sociedad. Existen a nuestro modo de ver, cuatro características identificables en las transformacionesdelasprácticasculturalesjuveniles:lahibridaciónespaciotemporal, el extremismo, excesividad o intensidad, la resignificación y la complejidad. 3.1.1 Hibridación Ya hemos dicho en apartados anteriores, amparados en las lecturas de Garcia Canclini sobre la realidad latinoamericana, que una de sus características es la coexistencia de tiempos y espacios socioculturales que conviven, a veces mezclados, a veces diferenciados; en otras palabras, en nuestras ciudades hay presencia de restos históricos de la conquista y la colonia que cohabitan con los
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    116 más avanzados desarrollostecnológicos. De igual forma, estructuras sociales y modos de pensamiento, como el de la modernidad se desarrollaron en presencia de culturas precolombinas y ahora son cuestionados por nuevos modelos. La hibridación es entonces un proceso que implica una mezcla constante no solo en el ámbito racial sino en el mundo más amplio de la cultura y que también da cuenta de las incertidumbres actuales como impacto de la crisis de la modernidad, pero también de la capacidad creativa de las culturas y en particular de la juventud. Viene ocurriendo en las últimas décadas con más fuerza, que la juventud se convierte en la principal productora de hibridación cultural, en tanto es educada bajo los parámetros de los viejos ordenes socioculturales, mientras los discursos del desarrollo, el mercado y los avances tecnológicos le brindan la posibilidad de cuestionar y construir mundos simultáneos y alternativos, a la vez que estos mismos discursos entran en crisis. La hibridación surge entonces como búsqueda, como respuesta y como negociación entre discursos; como búsqueda en la medida en que la práctica cultural, ya sea musical, política o deportiva tradicional se acerca o va adquiriendo elementos nuevos; es respuesta a partir de su consolidación como práctica aceptada y generalizada al interior de una parte de la población juvenil, ya que posibilita la vehiculización de un modo de ser y sentir, una interpretación del mundo y un mensaje hacia la sociedad. Finalmente, tanto búsqueda como respuesta implican negociaciones sobre lo que se conserva y lo que se agrega Las hibridaciones se mueven en las lógicas del espacio y el tiempo inmersas en la cultura; sus fusiones y mezclas retoman elementos históricos del pasado o visiones futuristas, tanto como insumos culturales de regiones foráneas. Vale decir, que debido a los procesos de colonización cultural que ha vivido Latinoamérica, algunos procesos de hibridación ya se encuentran asentados como elementos culturales y por lo tanto a menudo no se reconocen como tales, por ejemplo en las prácticas religiosas y en las músicas. Ya hemos hablado de algunas prácticas musicales híbridas, en las cuales sin embargo, sigue primando cierto carácter foráneo. Un ejemplo de hibridación local a la inversa lo brindan los movimientos de la nueva música folclórica que se gestan a lo largo de toda Latinoamérica en los cuales los ritmos e instrumentos tradicionales étnicos son fusionados con las tendencias musicales contemporáneas del jazz, el rock, el hip hop y los ritmos afrocaribeños, movimientos impulsados por las generaciones jóvenes de músicos y folcloristas. Estas transformaciones de la práctica musical implican también resignificaciones del sentido de la música folclórica, alejándola del discurso de preservación patrimonial, de la ceremonia de la repetición del ritual folclórico y de los contenidos estéticos referidos a la tradición, la tierra y la naturaleza e introducen lenguajes y temáticas urbanas y sociales como la guerra, las drogas, la cotidianidad y la injusticia social, convirtiéndose también, como ya hemos mencionado, en un vehículo de la expresión política.
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    117 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión 3.1.2 Extremismo yexcesividad Otra de las características presentes en estas transformaciones es la tendencia juvenil a realizar sus actividades en la lógica de la búsqueda de lo extremo, lo excesivo, lo intenso o lo veloz; que sus prácticas lleguen al límite, más alto, más lejos, más placentero, a poseer lo último, lo cual se traduce tanto en un impulso para el desarrollo creativo e innovador o en acicate para sus logros artísticos o deportivos, como en la premisa causante de algunas de las problemáticas en las que se ven involucrados: drogarse al máximo, hacer uso excesivo de la violencia, correr riesgos en el disfrute de la vivencia de su sexualidad. El exceso, la velocidad, la intensidad, el presentismo y la obsolescencia, han sido propuestas como características del mundo contemporáneo, como factores de la postmodernidad; la necesidad inherente al ser humano de satisfacer de inmediato sus instintos encuentra en la capacidad tecnológica y en el sistema de mercado la posibilidad de cumplimiento, acelerando de esta manera todos los aspectos de la vida y generando el deseo de avanzar hacia ese algo nuevo e inalcanzable: la plenitud, el goce total, que parece cada vez más posible y que antes, dadas las condiciones tecnológicas y sociales, debía esperar. No es por tanto extraño que sean las generaciones más recientes las que en su mayoría desarrollen los comportamientos y prácticas movilizados por estas premisas y vivan en sociedades y dinámicas “dromológicas” (Virilio, 1995), es decir, aceleradas, violentas y movilizadas por lo tecnológico. No deben leerse estos comportamientos sólo como una respuesta al discurso del consumo propuesto por el sistema de mercado que instaura lógicas de obsolescencia programada y obsolescencia percibida en los objetos14 , para acelerar el uso y la compra, ni como una consecuencia de la necesidad de huir, de una especie de tendencia autodestructiva de los sujetos (jóvenes) ante el sinsentido del presente y la incertidumbre del futuro; mejor, la presencia del extremismos en algunas prácticas juveniles parece ser una forma de investigación de la realidad, una manera de experimentar las posibilidades humanas, que otrora movilizara a aventureros y científicos, y una manera de ser y producirse subjetivamente. Así, vivir el riesgo, o buscar el límite deja de ser algo por fuera de lo normal y se concibe como parte de la existencia. Si en la ansiada y dudosa sociedad del bienestar, la seguridad era el fin último, la respuesta de las nuevas generaciones ante la insistencia del mundo adulto por incentivar el miedo a lo inseguro, es hacer de éste último un estilo de vida. 14 La obsolescencia programada es la medida por la cual se determina la duración efectiva de un pro- ducto, cuanto uso resiste. La obsolescencia percibida es el cambio en la apariencia de un producto, cada determinado tiempo, para incentivar la compra del modelo nuevo. La regulación de ambas ob- solescencias por parte del sistema de mercado son consideradas el motor que moviliza la economía de consumo. (véase: la historia de las cosas En: http://www.youtube.com/watch?v=ykfp1WvVqAY)
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    118 3.1.3 Resignificación Tal vezla resignificación sea una forma de hibridación o una característica de ella, en la que se evidencia la necesidad y la capacidad a la vez, de dar un sentido nuevo a lo que se hace, de construir y llenar la realidad de nuevas prácticas que den cuenta de formas diferenciadas de ver el mundo, de búsquedas e intentos de apropiación que establezcan diferencias con generaciones anteriores y los discursos y premisas que los representan, a la vez que permite no tener que renunciar totalmente a la herencia cultural. En la resignificación se generan palimpsestos o formas culturales superpuestas, reescrituras y transformaciones del sentido; acciones tan pequeñas como el cambio en la manera de escribir en los chats o foros electrónicos, que desafían las normas ortográficas, que mezclan imágenes o íconos (denominados emoticones, smilies o gif’s, que surgen también de la resignificación del uso de signos del lenguaje alfabético en el código ASCII de computación), con grafías para comprimir o abreviar (en la lógica de la velocidad), el mensaje que se quiere enviar, generan procesos de resignificación, - en esta caso, de las formas de comunicación- más grandes. La resignificación implica entonces un proceso creativo que se nutre las fuentes de realidad, de los objetos y los símbolos generados por la cultura, que en el caso de la juventud se convierte en una característica habitual, en una búsqueda constante por dotar de sentido nuevo lo que se hace. Lo cual se traduce, a la luz de los investigadores, como plantea Reguillo (Reguillo 2000), en “nuevas” concepciones de la política, de lo social, de lo cultural. Lo novedoso, de este proceso, propio de la transformación cultural y si se nos permite un juego de palabras, lo resignificado, es que más allá de la superposición cultural, es decir, la puesta de un discurso sobre otro, de manera lineal, tal como se conciben los palimpsestos, es la manera como la juventud contemporánea introduce una variante aprendida de las posibilidades tecnológicas, al resignificar en hipertexto, es decir, en un permanente cambio y conexión constante entre los discursos y las prácticas resignificadas (Reguillo 2000);diríamos nosotros, todo tiene que ver con todo o es posible cambiar el sentido de una práctica al relacionarla con otro discurso u otra práctica. Así, la resignificación se convierte en una de las funciones de la práctica y no en una consecuencia de esta; se hace algo, cambiándolo o en constante búsqueda de su cambio. 3.1.4 Complejidad Otra resultante de cambios en los paradigmas sociales que surgen en la crisis de la dualidad teleológica y monolítica del proyecto moderno, es decir, de un orden social (occidental) que comprendía el mundo y su destino en una sola dirección (la sociedad de bienestar), que otorgaba más validez a una verdad construida por el discurso de la ciencia, y que vivía mayormente bajo una escala dual de valores, en la que se separaba de manera tajante el bien y el mal, lo público y lo privado, lo individual y lo colectivo, lo sagrado y lo profano, entre otros, es el surgimiento de
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    119 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión diversidad de discursos(o mejor, visibilización, ya que muchos de ellos ya existían en el orden social pero no eran reconocidos, valorados o estaban proscritos), de maneras de hacer, de ser y de comprender el mundo, sin renunciar del todo a la anterior; una supuesta esquizofrenia social, un aparente caos en el cual pareciera difícil mantenerse cuerdo, una posible pérdida del sentido de la civilización, que es en mayor medida vivenciada por las generaciones formadas en la doctrina anterior y a las cuales, la velocidad de los acontecimientos transformadores de las últimas décadas no ha dado tiempo para salir de su perplejidad, que alcanza apenas a ser enunciada en las diferentes formas del ¿“a dónde iremos a parar?”. Son muchos los términos y los conceptos propuestos para nombrar y dar explicación a esta emergente condición: dispersión, fractalismo, atomización, fragmentación, bifurcaciones, fisuras, multiplicidad, disoluciones, liquidez, desespacialización, descentramiento y desurbanización, diversidad, difusión, difuminación, discontinuidad, rizoma…acogidos en su mayoría bajo techo del marco explicativo de la postmodernidad, aludiendo a la diversidad de lógicas sociales y sus correlaciones espaciotemporales. Si bien esta aparente dispersión es consecuencia de la entrada en el orden social de nuevas lógicas generadas por los avances tecnocientíficos y la ampliación de la capacidad humana de autodeterminarse y expresarse, las juventudes contemporáneas, contrario al temor de las anteriores, hacen de ésta una condición de posibilidad para vivir, asumiendo que sus prácticas no son sólidas, son difusas y dispersas en el espacio y el tiempo, a veces atomizadas, casi invisibles, efímeras, llenas de vacios de sentido, contradictorias y no lineales, que es posible, permitida y de hecho, necesaria, la hiperindividualización o la singularidad. A nuestro modo de ver, esta comprensión del orden social para las juventudes, pasa de ser una complejidad azarosa a convertirse en una complejidad fractal, es decir, relacionada entre si, con multiplicidad y simultaneidad de voces y lenguajes, posible de descifrar o modificar; una realidad en la que, no sin incertidumbres, se pueden desarrollar prácticas y formas de ser, estableciendo recorridos y vínculos comprensibles sólo para quienes los vivencian o para quienes poseen la información necesaria para descifrarlos. Para un o una joven, cada vez hay menos diferencia entre lo afectivo y lo político, entre asuntos tan dispares como lo tecnológico y lo cultural, y si la hubiese, es concebible la posibilidad de establecer conexiones y dotarla de sentido por las vías de la hibridación o la resignificación.
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    120 3.2 TECNOLOGIZACIÓN YVIRTUALIZACIÓN COMO SOPORTE DE RELACIONAMIENTO Y CONFIGURACIÓN SUBJETIVA La expansión del acceso y uso de las Tecnologías de la Información, la comunicación y el Entretenimiento o TICE’s15 , ha venido creciendo de manera exponencial en casi todo el mundo, como parte impulsora de los procesos de globalización o como consecuencia de estos. Las tecnologías son la versión más avanzada de la capacidad humana de generar prótesis, herramientas y dispositivos técnicos, de construir objetos y máquinas para comunicarnos, entretenernos, adaptar el medio y satisfacer todo tipo de necesidades. Las tecnologías son entonces un medio, que depende del nivel de acceso, de la posibilidad de apropiación tecnológica, o sea de la capacidad del usuario para solucionar problemas a través de ellas, así como del sentido social que le de a su uso, del empoderamiento o transformación social que genere por medio de ellas y de la capacidad de expresión que le permitan. Es indudable, y además un lugar común en las reflexiones sobre las prácticas juveniles actuales, el papel que han venido a ocupar las TICE’s y en particular la Internet en la población juvenil, visibilizándose a través de ella los fenómenos de acceso y uso, de exclusión y disponibilidad, entre los cuales sobresalen el posicionamiento de la juventud como el sector social que prefigura la cultura y “adelanta” el futuro por la vía de las nuevas tecnologías y por otro lado, la continuación o exacerbación de las brechas sociales preexistentes en la población juvenil, como lo plantea el texto “Juventud y cohesión social en Iberoamérica”: Se ha mencionado insistentemente que el acceso, disponibilidad, disposición, usos y sentidos asignados a las TIC pueden constituirse en nuevas formas de desigualdades, en las cuales la brecha digital o “brecha en conectividad” estaría representando y expresando (y en muchos casos exacerbando) brechas preexistentes, o brechas en cuanto a condiciones de orígenes, principalmente en cuanto a ingresos, niveles educacionales, actividad social, sector de residencia urbano o rural, etnia e inclusive diferencias de género (Segovia, D, Dávila, O, et al, 2009:63). Significa entonces, como lo corroboran estos estudios citados, que si bien la población juvenil es la de mayor acercamiento a las TICE’s, y en particular a la Internet, existen dos especificidades y particularidades en la relación juventud – conectividad, que trascienden el lugar común de la juventud tecnológica: tienen mayor acceso, pero dependiendo de otras variables contextuales como son la clase social y la escolaridad, hacen un uso diferenciado y creativo, mas no por ello inútil o nocivo. 15 Sigla que recoge y amplia el campo de las TIC’s o Tecnologias de la Información y la comunicación y de las Nuevas Tecnologías Digitales de la Información y la Comunicación o NTDIC’s al incluir todas las formas de uso de los tecnológico.
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    121 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión Sin embargo, laexistencia de un mundo cada vez más estructurado y mediado por toda suerte de implementaciones de la tecnología digital, no sólo en la infinita gama de posibilidades de la Internet, de las telecomunicaciones celulares, la televisión digital y los juegos de video, en el mundo particular de los y las más jóvenes, sino en la presencia de lo tecnodigital en la vida cotidiana de las sociedades, por ejemplo a través del E- Gobierno (Pago de servicios, tramites ciudadanos, automatización de la atención al ciudadno o contribuyente, etc), el E-Learnig o Tele-educación (inscripciones a cursos, presentación de exámenes, clases por videoconferencias, plataformas educativas interactivas, etc), o el E-comercio (uso cada vez mayor del dinero plástico o tarjetas recargables en el transporte público, almacenes de Cadenas, corporaciones bancarias, Hoteles o espacios turísticos, cadenas de salas de cine, citiparks, o salones de Juego, etc), lo cual genera cada vez más interacciones mediadas por máquinas, pantallas, dispositivos y softwares, hace pensar que para los y las más jóvenes es “una realidad tan naturalizada y aceptada que no merece ni siquiera la interrogación y menos aún la crítica. Se trata en efecto de una condición constitutiva de la experiencia de las generaciones jóvenes, más instalada e inadvertida a medida que se baja en la edad” (Urresti, 2008: 14). La anterior afirmación introduce no sólo la noción de una “era de la Internet”, sino de la existencia de una “cibercultura juvenil” (Urresti, 2008), es decir, un conjunto de prácticas y materialidades que configuran y determinan una concepción particular del mundo, unas formas de adscripción y relacionamiento, y unas subjetividades (entendidas estas como percepciones del sí mismo) referenciadas o mediadas por la acción de las nuevas tecnologías. La cibercultura juvenil es vivir no sólo rodeado por la tecnología sino bajo la percepción de que todo se puede tramitar por vía de esta, convirtiéndola en la fuente principal de satisfacción, entretenimiento, educación, expresión y relacionamiento con el otro y consigo mismo; esto tendrá, por supuesto, y como se ha comprobado, niveles nocivos y adecuados. En la subjetividad aparece un nuevo parámetro o una nueva fuente de expresión y trámite subjetivo que es la virtualidad, el virtualismo o la virtualización, la cual como fenómeno emergente de las generaciones actuales debe entenderse no sólo como lo que se ha llamado realidad o espacio virtual, es decir, “la simulación por ordenador de diversos procesos que se presentan en ámbitos físicos, biológicos, sociales, cognitivos, lúdicos, etc. así como la invención de nuevos fenómenos y procesos perceptivos” (Echeverria, 2001: 23), sino como la capacidad de fabular o imaginar experiencias perceptivas a partir de soportes reales, como ocurre en los juegos, particularmente los infantiles, componente que pasa a un segundo plano en los deportes, en donde cada vez más se incorporan Consolas Interactivas, como Wii y las ultimas “Arcades” o máquinas de videojuegos disponibles en lugares públicos, que incluyen tapetes electrónicos, dispositivos que emulan el objeto en un campo de juego virtual; la experiencia deportiva con mas frecuencia, se presenta unida al mundo de las pantallas. Se trata de recrear el entorno, lo objetivo, introduciendo elementos reales (objetos- artefactos) e imaginarios, ficticios o simbólicos (discursos-narraciones) de manera subjetiva o concertada (consensuada), que permiten a su vez recrear a quienes
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    122 producen la experienciaen una reelaboración del espacio y el tiempo que en términos de Echeverría tiene efectos reales en la subjetividad: Aun siendo ficticias, esas simulaciones generan sensaciones reales en los usuarios de dichas tecnologías. Además, esas simulaciones no son subjetivas, puesto que cualquier persona que use dichas prótesis tecnológicas puede percibirlas. La realidad virtual establece una frontera porosa entre la imaginación y la realidad, así como entre lo subjetivo y lo objetivo (Echeverría, 2001: 24). Significa esto que la virtualización y la tecnologización no introducen nada nuevo sino novedoso o alternativo y expansivo, pues la fantasía siempre ha estado en el ser humano; lo que cambia son las maneras de recreación subjetiva y la cada vez mayor posibilidad, por vía tecnológica, de expresar y convertir en realidades (imagen, sonido u objetos) los sueños y las fantasías, así como el lugar que ocupan éstas en la producción como sujeto, hecho que es más visible en la población juvenil al contar con la opción de generar diferentes identidades, nombres y espacios personales en la red, de mutarse o camuflarse, de vivir historias y existir en mundos creados en red, relacionarse, chatear y entablar amistad con jóvenes y personas de lugares distantes, de vincularse a comunidades de interés y desarrollar habilidades tecnológicas con opción laboral como bloggers, webmasters, hackers y crackers, (Estos últimos son comúnmente coptados por el corporativismo privado, y los Desarrolladores de Software de Open Sources (Código Abierto) que promueven el uso no restrictivo de la Red y buscan la des-corporativización de lo Tecnológico). También por esta vía es posible generar perfiles ficticios en los cuales “ensayar” personalidades, divulgar gustos, intereses y pensamientos a quien quiera conocerlos, como una manera de re-conocerse a sí misma, sin mencionar la dotación constante y cambiante de aparatos y soportes que facilitan estos relacionamientos sociales y expresiones de la subjetividad, desde el ya común celular hasta el Ipod y I phone, las I pads, las memorias, consolas, juegos y computadores portátiles, las tarjetas electrónicas, cámaras, Palms y toda suerte de accesorios de conectividad, lectura, almacenamiento y transmisión de información que generan un contexto sociotécnico, es decir, una articulación entre lo virtual y lo físico que en la práctica demuestra lo errado de los temores frente a la posible despersonalización de las relaciones, la disminución de la capacidad intelectual y el dominio de las máquinas sobre la especie humana. Así, en las Ciberculturas juveniles existen desde grupos que migran sus expresiones al mundo-red, hasta los denominados “nativos digitales”, que impulsan (intencionadamente o no) diversas causas políticas e ideológicas en este nuevo campo de representaciones y juegos intersubjetivos que propone la era del Internet. Un ejemplo de la fuerte relación entre lo tecnológico y el mundo juvenil y sus subjetividades lo brindan los Hikikomoris, “los encerrados en si mismos”, jóvenes japoneses que se recluyen en sus cuartos por largos periodos de tiempo, incluso años, reduciendo al máximo el contacto social, incluso con su propia familia. Esta práctica o estilo de vida, contrasta con los Otakus, grupos de jóvenes en Japón y en el mundo occidental que configuran su identidad a partir de la estética Manga, las músicas modernas y otras expresiones culturales de lo Nipón. Estos últimos
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    123 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión cuentan con unapercepción social favorable mientras que los Hikikomoris son percibidos como fracasados y seres que deshonran a sus familias. Igualmente, entre los usos crecientes se encuentran los y las jóvenes empeñados en las micro narrativas, es decir, los twitteros o los dedicados al microblogging, están los creadores audiovisuales referidos solo al filmminute o a los celufilms, o los que testean desde sus celulares al Twitter escribiendo microcuentos o ficciones periodísticas o simplemente difundiendo sus opiniones y pensamientos, interactuando con amigos e incluso con personajes de fama como músicos y artistas. Lo anterior sin mencionar toda la gama de nombres y maneras de relacionamiento en la red, y sus niveles de especialización con mayores desarrollos en Europa y Norteamérica pero con algunas expresiones ya en Latinoamérica: tecnosexual, generación X, Generación I, cybertráfico (tráfico de drogas vía Internet), phreaker (hacker telefónico), bluesnarfing (ataques a móviles a corta distancia), bluebugging (secuestro de teléfono), bluesniping (francotirador de móviles), bluejacking (piratas entrometidos), tele o cyberdildónics (juguetes sexuales controlados vía Internet), telebacanal, tribu del pulgar, erotosoftwareadictos, geeks (persona fascinada por la telefonía y la informática), online speed dating (citas rápidas concertadas por Internet), screenagers, tecnodivas (oferta de tecnologías con toque femenino) y otras que quizá se estén inventando en este momento. Es importante también resaltar la relación existente entre los espacios virtuales y los espacios físicos en el papel socializador que cumplen las TICE’s; éstas no sólo aglutinan en lo virtual, en los foros y redes sociales, sino que dependiendo del nivel de acceso y del uso, se han generado espacios físicos como las salas de video, los cibercafés, los centros comerciales tecnológicos, los tecnoparques y otros espacios efímeros y vinculados a la dinámica social juvenil como los conciertos musicales, en particular los de techno music y su despliegue de tecnología audiovisual, en donde es posible ver una de las expresiones más significativas de los alcances transformativos de las TICE’s: el VJ (Video Jokey) y el DJ o nuevo músico, que con unos audífonos adheridos a sus oídos, una consola mezcladora de audio o mixer y una carpeta con CD’s, crea músicas y nuevas sonoridades, ya sea a partir de canciones preexistentes o de bases rítmicas programadas. Así, dos asuntos se tornan importantes y hacen cada vez más, parte de los recursos vitales y culturales básicos de pertenencia: el conocimiento y dominio de los recursos y los lenguajes tecnológicos (desde cómo pagar el transporte urbano con una tarjeta o recargar un celular, hasta por ejemplo, inscribirse y estudiar vía Internet en la Universidad o saber realizar procesos de programación y diseño virtual) y el acceso a los soportes y medios de conectividad (es decir, contar con señal de Internet, wi- fi, tv digital, satelital o por cable, cobertura de red celular, etc.) Todo lo anterior permite des- satanizar el influjo de las nuevas tecnologías en la población juvenil y reconocer no sólo el rompimiento de la falsa dicotomía entre realidad y virtualidad establecida por el mundo moderno, sino la existencia de un mundo expandido por los objetos y discursos de la virtualidad tecnológica en el cual viven y se relacionan las juventudes actuales.
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    124 3.3 AMPLIACIÓN DELA PERCEPCIÓN Y LA FUNCIÓN CORPORAL El cuerpo, la corporalidad de los seres humanos, ha estado siempre en el centro de las confrontaciones y los procesos de cambio social de la humanidad, es a menudo el cuerpo el que nos habla del pasado: sus despojos, sus imágenes, sus atavíos, la manera en que es narrado, poetizado, pintado o esculpido, nos enseña sobre la percepción que cada cultura y época tiene de él. El cuerpo es la visibilidad de los sujetos, el objeto (la materialidad) que delimita la esencia subjetiva o a partir de la cual cada persona construye su espacio corporal. El cuerpo es entonces depositario y medio para la expresión y consolidación de las sociedades y las culturas, por lo cual cada una ha generado un imaginario y un discurso sobre este, permitiendo o delimitando su poder, construyéndolo, de ma- nera que, “el  dominio,  la  conciencia  del  cuerpo  no  han  podido  ser  adquiri- dos  más  que  por  el  efecto  de  la  ocupación  del  cuerpo  por  el  poder:  la  gimna- sia,  los  ejercicios,  el  desarrollo  muscular,  la  desnudez,  la  exaltación  del  cuer- po  bello”(Foucault, 1979:77). Este poder, representado en cada época por los discur- sos hegemónicos de las instancias de socialización y viabilizado por sus mecanismos de gobierno y control, producía lo que podríamos denominar “cuerpos únicos” o imaginarios estáticos del cuerpo, en los que el sujeto tenía poca participación en la determinación de su corporalidad, aunque, como plantea el mismo autor, “des- de  el  momento  en  que  el  poder  ha  producido  este  efecto,  en  la  línea  mis- ma  de  sus  conquistas,  emerge  inevitablemente  la  reivindicación  del  cuerpo  con- tra  el  poder,  la  salud  contra  la  economía,  el  placer  contra  las  normas  mora- les  de  la  sexualidad,  del  matrimonio,  del  pudor” (Foucault, 1979:77). Ello significa que el cuerpo ha sido uno de los elementos en los que los sujetos de diferentes épocas se han resistido al direccionamiento de sus vidas, estrategia que en las épocas más recientes, a raíz de las transformaciones socioculturales y la ampliación de las posibilidades expresivas sociales, ha adquirido dimensiones colectivas y conscientes, convirtiéndolo en algunos casos en la bandera y fin de movimientos sociales, como en el caso de las mujeres, en objetivo y producto, como en el caso del mercado y en vehículo de expresión y búsqueda, como en el caso de la juventud, aunque habrá que entender que estos discursos, en la lógica de la contemporaneidad, no vienen separados. En particular la juventud actual, evidencia, al contrario de otras épocas, una serie de transformaciones en la comprensión y uso del cuerpo y lo corporal, que van desde la explosión, expansión o rompimiento de la univocidad del cuerpo, la difuminación del límite entre la interioridad y la exterioridad (lo privado y lo público), la desacralización o distanciamiento de los preceptos judeo-cristianos sobre el cuerpo, hasta la consecuente comprensión del cuerpo en sí mismo como un poder y una propiedad sobre la cual es posible construir e implementar una ética y una estética, transformaciones que a la luz de hoy, y ampliando la visión de Reguillo (Reguillo,. http://www.nombrefalso.com.ar/index.php?p116), generan dos
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    125 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión grandes narrativas sobreel cuerpo que implican a su vez una tensión: de un lado, el cuerpo liberado y juvenil, portador y símbolo del espíritu de una época, potente, dinámico, que consume y es consumido y que hace realidad el triunfo de la ciencia sobre la naturaleza, y, del otro lado, el cuerpo pecador, que sufre y es derrotado por las vicisitudes perversas de la sociedad actual exponiéndose a enfermedades, virus, mutilaciones, intoxicaciones, etc, a lo cual se le podría sumar la metáfora foucaultiana de la derrota del cuerpo del Estado-Nación moderno, es decir, el cuerpo de la identidad étnica y de las regulaciones disciplinares físicas. La juventud de hoy por hoy, (y todos aquellos y aquellas que ansían permanecer en ese lugar imaginario) somete su cuerpo a transformaciones, implantes internos y subcutáneos, decoraciones, extensiones, expansiones, perforaciones, divisiones, correcciones, limpiezas, reconstrucciones, moldeamientos, diseños, exhibiciones, excoriaciones, inyecciones, dietas, rutinas de gimnasio, masajes de relajación o adelgazamiento, tatuajes en la piel, tinturas en el cabello, peinados, frenos dentales, maquillajes, fajas y cirugías, todo con fines ya sea estéticos, para realzar algunas características, de salud para evitar o corregir algún posible daño, o social, para llenar los cánones establecidos, los ideales de belleza corporal masculina y femenina, pero siempre en el marco de lo que se ha denominado el sanitarismo o el higienismo autoritario, discursos que invitan (obligan) al cuidado del cuerpo, pero que esconden un transfondo, primero, de regulación poblacional en tanto proscribe algunas prácticas (como fumar por ejemplo) y promueve otras consideradas como positivas (como hacer ejercicio), segundo, de salud pública y economía social, ya que las acciones negativas sobre el cuerpo se traducen en inversiones que debe realizar el Estado o los propios sujetos para su recuperación, y en tercer lugar, de mercado, pues para cada necesidad, para cada temor o deseo sobre el cuerpo, existe un producto. Los discursos sobre el cuidado del cuerpo se convierten entonces en disputas por el cuerpo; el mercado, el Estado y ciertos sectores de la juventud misma con posturas críticas frente al sistema, entran en pugna por la posesión del cuerpo y los derechos sobre este, las decisiones sobre cómo educarlo, cómo decorarlo, llevarlo o no a la guerra, usarlo para el trabajo, intervenirlo para marcarlo, interrumpir sus procesos vitales como en el caso del aborto o entregarlo a otro cuerpo, son los escenarios más visibles de esta confrontación. Estas posibilidades performativas y transformativas del cuerpo conllevan en la población juvenil a una corporización de la identidad y a una subjetivación de la corporalidad como nunca antes el cuerpo tuvo, es decir, gran parte de su pertenencia social, lo que les constituye como sujetos y la forma en que esto es expresado pasa por su cuerpo; éste se convierte en fuente y medio para la expresión política, cultural, sexual, estética, social, “el cuerpo pasa de ser un recipiente de pecado a ser un objeto de despliegue donde el self se manifiesta con precisión, es objeto de cuidado, reconstruido y representado. Como resultado de lo anterior se reubican las emociones y múltiples subjetividades y realidades, reconociendo en consecuencia múltiples narrativas corporizadas” (Muñoz, 2006:200).
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    126 3.4 TRANSFORMACIONES DELA EXPERIENCIA SUBJETIVA - MODOS DE PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDADES Desde diferentes disciplinas sociales se plantea que los modos de estructuración de los sujetos y por ende, de los sujetos sociales, han vivido en épocas recientes cambios tan profundos como en ningún otro momento de la historia había ocurrido a la humanidad. Estos cambios en las formas de ser, estar y comprender el mundo, que se visibilizan precisamente en las actuaciones de los seres, en sus formas relacionales y en las comprensiones de sí mismos y de su entorno, han implicado que estas mismas disciplinas desarrollen nuevas nominaciones que den cuenta de manera más comprehensiva, de estas producciones de lo social y de la definición que los sujetos hacen de sí mismos. Se dice también que las principales protagonistas de los mencionados cambios son las generaciones jóvenes de las últimas décadas y en particular aquellas que les correspondió el fin de milenio y las que viven el inicio del nuevo, a quienes podemos denominar como la juventud de la globalización. Con la entrada en crisis de las ideas del proyecto moderno que proponía la efectividad de la racionalidad científica, el bienestar y la libertad para toda la sociedad, la seguridad de los Estados –Nación y la pertenencia a una identidad cultural fija, la noción de sujeto único que podía vivir toda su vida bajo con las mismas certezas se rompe, haciendo necesario un proceso constante de reconfiguración y autoafirmación en el cual parecen hallarse más cómodas las generaciones recientes, sujetos jóvenes que construyen la experiencia de sí a través de la sensibilidad y la corporeidad, no necesariamente negando la racionalidad, sino ubicándola en un plano de igualdad con las anteriores y desvirtuando su carácter unívoco lineal y universalista,.asumiendo esta dinámica como normal, aunque no sin dificultades, transformación de la idea de sí mismo que se ha denominado subjetividad. Partiendo de estas ideas, algunos autores reconocen las subjetividades juveniles como las manifestaciones de una franja poblacional frente a la incapacidad de las normas para proteger la sociedad de los peligros que la contemporaneidad conlleva, asociando riesgo y subjetividad, donde la subjetividad se manifiesta mayormente en los comportamientos extremos que se convierten en generadores de sentido ante la ausencia de un centro o de una coherencia entre los discursos de la institucionalidad, que se expresa en la crisis de los sentidos unitarios, en la manera de concebir las relaciones, las instituciones, las prácticas, las formas de ser (Maluf, 2002). Las subjetividades juveniles pueden ser entendidas entonces como todas las acciones, enunciaciones, discursos de reconfiguración y autoafirmación de la idea de sí mismo que producen los y las jóvenes, es decir, de los anclajes identificatorios que se evidencian en sus expresiones, a partir de los cuales se construye el sentido de la vida.
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    127 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión Creemos que existenpuentes comprensivos entre las tensiones generadas por la dinámica de la contemporaneidad y los modos de ser de la juventud. Con esto queremos decir, en relación a la juventud, que aunque sus modos de ser y estar en el mundo, sus comprensiones de sí mismos, sus narrativas y comportamientos, son múltiples y diferenciales, pueden mostrar algunas de las claves que permiten comprender el funcionamiento y direccionalidad del mundo contemporáneo y que sus prácticas y expresiones no son el resultado directo de estas tensiones como una suerte de automatismo o alienación globalizante, sino que son también elaboraciones discursivas y comportamentales que le permiten a esta población formas de ser y estar en el mundo diferenciadas y particulares. Sin embargo, aunque hemos venido hablando de una subjetividad juvenil, no es posible reducir a una adjetivación etaria la subjetividad, sino que es a través de identificación de sus formas de configuración y expresión que esta se establece; no existe como tal una subjetividad juvenil sino expresiones, exteriorizaciones -si se quiere- de su condición subjetiva, posturas frente al mundo que intentan agruparse en maneras ordenadas mas no siempre coherentes para el mundo social, racionales o racionalizadas, alrededor de viejas identidades resignificadas, nuevos núcleos identificatorios, prácticas emergentes, discursos e imaginarios. Así, la experiencia subjetiva juvenil, es decir, las formas de ser y estar juveniles en el contexto contemporáneo, parecen tener unos modos de expresión que giran en torno a la adscripción–integración, la reclusión–evitación y la resistencia–crítica. En el modo de adscripción–integración, la juventud acepta vivir en las tensiones de la contemporaneidad, acepta el modelo capitalista como adecuado y conveniente. Sus fines vitales son el goce, el consumo, el control y el mantenimiento del orden. Busca siempre hacer parte de este y promueve todas las acciones que sean necesarias para impedir su destrucción. Su visión del mundo es esperanzadora y deja a la ciencia y la política la solución de los problemas fundamentales. Su aporte consiste en cumplir el orden. En este modo, el consumo opera como el principal productor de subjetividad a partir de la premisa “consumo, luego soy”. En este modo de subjetividad suelen encontrarse los y las jóvenes que por su condición socioeconómica reciben los beneficios del sistema y cuentan con las posibilidades para sacar provecho de él. Sin embargo, grandes cantidades de jóvenes que están por fuera del sistema, enfilan sus acciones vitales hacia la pertenencia a este modo. El miedo a no hacer parte o la angustia de ser arrojado, así como la frustración por no acceder a todos beneficios son las emocionalidades que giran alrededor de este modo. El modo resistencia–crítica es opuesto al anterior. La juventud tiene cierto nivel de comprensión de las tensiones del modelo. Su vida gira en torno a la realización de acciones para evitar un mayor efecto negativo de estas en su existencia y en la de otros. No persigue por tanto hacer parte del sistema e incluso en la medida en que adquiere una mayor claridad propugna por su destrucción o su transformación. Los beneficios del sistema son rechazados o usados estratégicamente en contra del mismo o a favor de la construcción de estilos de vida acordes con su modo subjetivo. La juventud que vive bajo este modo debe enfrentar constantemente la tensión que se genera entre la oposición y el uso del sistema, ya que no siempre es
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    128 fácil identificar quétipo de posturas lo promueven o lo confrontan. La frustración por la condición avasallante del modelo y la sensación de minoría e incomprensión son las emocionalidades propias de este modo. La resistencia es entendida en este modo no necesariamente como oposición consciente, contracultural o beligerante ante el sistema o desde una perspectiva de acción política, sino como una forma de disenso o crítica reflexiva. La resistencia puede darse, como mencionaremos más adelante, a partir de la producción de espacios y subjetividades alternas, estratégicas, soportadas en formas de fuga que no niegan la realidad sino que la resignifican, a partir de la imaginación, la creatividad, la fabulación y la virtualización de mundos y formas de agregación y de sociabilidad que comportan una propuesta de modificación al sistema y a los sujetos, y de allí su componente crítico. En el modo de reclusión–evitación, se vive con malestar en el sistema, se desean hacer otras cosas diferentes a las propuestas por el modelo o al menos de manera diferente (Franco, 2000). Estar en el sistema genera sentimientos de indignación frente a las inequidades del mismo, pero se teme confrontarlo, so pena de perder el equilibrio o los beneficios de estar en él aún a regañadientes. Este modo se diferencia del de adscripción-integración en su menor grado de reconocimiento y claridad política del funcionamiento del sistema, una sensación de desconocimiento e indiferencia, pero también de impotencia para modificarlo o de incertidumbre para diferenciar si es o no conveniente frente a otras posibilidades de estructuración del mundo. El resultado es una sensación de estar atrapado en un modo de vida que se manifiesta en temor frente a los riesgos que se generan y soledad, por la tendencia al aislamiento producto de ciertas prácticas individuales. Cuando los sentimientos de incomodidad, de temor, de impotencia e incomprensión son muy fuertes, ligados a la problemática psicológica particular de la edad juvenil es posible que aparezcan comportamientos tendientes a la evitación, la negación o fuga, tanto física como imaginaria a través de los trastornos psicosomáticos, las psicopatologías, el estrés postraumático, las fantasías paranoides, la depresión, los intentos de suicidio o el refugio en formas de comportamiento subjetivo autodestructivo como el consumo de drogas, las prácticas deportivas y sexuales de riesgo, y todas las formas contemporáneas de la ilegalidad y la violencia. Estos modos no son estáticos y excluyentes entre sí, ni pueden entenderse como formas de personalidad; son maneras de expresión de la subjetividad que los y las jóvenes pueden transitar o en los cuales permanecer e incluso, adoptar estratégicamente de acuerdo al contexto y a cada uno de los ámbitos en que se desenvuelven, cuyo fin es adaptarse, defenderse y resistirse de la sensación de impersonalidad y desidentificación -que es una amenaza constante del entorno contemporáneo- Finalmente, ante la profusión de análisis y descripciones de las prácticas juveniles desde diferentes enfoques, no es fácil hacer una síntesis sin correr el riesgo de generar otro sistema categorial similar. Acá será importante diferenciar entre las descripciones o caracterizaciones generadas en las miradas de la juventud actual, las tendencias que se cree vienen surgiendo en las prácticas y el análisis de las premisas discursivas, de los sentidos culturales que las movilizan, que es lo que hemos intentado acá hasta cierto punto. Ello establece una diferenciación entre lo
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    129 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión fáctico o lovisible y el sentido o lo no visible de las prácticas juveniles. Las primeras clasificaciones propuestas (idealizacion y la invisibilización, expansión- contracción de la moratoria social, disminución de la edad de ingreso, deconstrucción cultural, transculturalidad y mundialidad, indivualismo-colectivismo, cultura visual) apuntan a lo fáctico. Otro tanto ocurre con las apreciaciones sobre la posesión de una conciencia planetaria, la priorización de la vida cotidiana como trinchera para impulsar la transformación social, el respeto por el individuo, la selección cuidadosa de las causas sociales a apoyar y el rompimiento del barrio como epicentro del mundo y otras como la tecnologización y los usos del cuerpo. Habría que ampliar este análisis rastreando los sentidos de todas ellas en la hibridación, el extremismo, la excesividad, la intensidad y la dispersión, la fragmentación y el pragmatismo, es decir, en la exploración de los relatos o premisas socioculturales que se vienen gestando en la contemporaneidad, creación de la cual son protagonistas los y las jóvenes. Joven Emo. Manuel López. Medellín. 2010.
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    131 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión GLOSARIO Adultocentrismo: concepción delmundo que parte de la idea de que la capacidad para determinar el orden social es adquirida sólo al llegar a una supuesta edad de experiencia y madurez desde la cual es posible dirigir la sociedad. El adultocentrismo a menudo se traduce en rechazo y desacreditación de la juventud. Anomia: falta, no comprensión o desinterés por las normas. Se confunde con la transgresión de leyes y el delito, aunque puede ser una de sus consecuencias. La anomia en la teoría social a menudo apunta al estado de “crisis”, a la falta de normas y a procesos sociales de alta “conflictividad”. Se usa metafóricamente como desgano o pasividad. Autoreferenciado: que se usa a sí mismo para designarse. La autoreferencia en la teoría social alude a aquellos discursos que se explican en sí mismos o a partir de sus propios parámetros. Coptación: el término parece ser un neologismo surgido en la teoría social, proveniente tal vez de la palabra cooptación que designa un sistema de organización que se elige por sí mismo. En la teoría social, el término hace referencia a la vinculación instrumental de personas o grupos por parte de una institución o sector a su discurso haciendo que estos terminen actuando a su favor. Pudiera ser un primer paso hacia la instrumentalización. Cronotopo: esta noción implica la concepción del tiempo y el espacio como indisolubles. Un cronotopo sería un objeto material o simbólico que adquiere el carácter de representar un momento de la historia en un lugar del planeta. Esencialismo: Doctrina de los sistemas filosóficos que sostienen que la esencia procede de la existencia. Tendencia a concebir las características de algo como propias de sí e inamovibles. Naturalizar las cosas. Identitario: lo referente a la identidad. La noción de identidad se encuentra hoy en tensión por haber nacido en el seno de los Estados – Nación y su fuerte relación con lo territorial y lo étnico. El concepto de subjetividad se propone como más apropiado; sin embargo, los aspectos relacionados con el lugar de procedencia, la etnia, la tradición, etc, siguen haciendo parte de las formas constitutivas del sujeto. Multi –inter – trans-disciplinariedad: en la búsqueda de un mayor acercamiento y articulación entre las diferentes disciplinas y teorías sociales, se han generado términos que hacen referencia a su multiplicidad y diversidad, a la posibilidad de relacionarse entre ellas y a la existencia de temas y métodos transversales. Panoptismo: observar a todos. Tendencia de los diferentes órdenes sociales a generar procesos y mecanismos de vigilancia, observación y control de las poblaciones y los sujetos. Percolante – percolación: en la mecánica de fluidos y en la física, es la acción de moverse a través de medios porosos o de generar flujos y contraflujos. Esta noción,
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    132 llevada como metáforade los procesos sociales, hace referencia a las dinámicas de avance y retroceso de estos, en los cuales se recupera parte de lo pasado mientras se avanza. Performativo: se entiende como una capacidad y como una acción. Como una capacidad es la posibilidad de convertir en actos lo que se piensa y siente. Como una acción sería la realización de lo que se piensa y siente a través de todas las vías expresivas del ser humano, con un alto contenido estético. Precarización: hace referencia a la pérdida paulatina de las garantías para vivir o a la disminución de las posibilidades de acceso a las condiciones socioeconómicas mínimas para una subsistencia digna. Reflexividad: capacidad del ser humano de ponerse en contacto con la realidad para analizar el sentido de sus acciones. Pensarse a sí mismo en relación con su entorno. Rizoma: término propuesto por G. Deleuze y F. Guattari e importado de la biología para describir y nombrar los procesos sociales, en tanto estos son concebidos como interinfluyentes, es decir, que aunque partan de una misma raíz, pueden generar múltiples ramas e influirse los unos a los otros. De acuerdo con esta noción, los procesos sociales no son continuos ni lineales, no obedecen a subordinaciones jerárquicas, determinismos o causalidades, sino que emergen y se articulan de maneras no siempre previsibles. Subalternización: ubicación de una clase o sector en posición inferior o marginal a otra. El término adquiere esta connotación en la teoría social a partir del uso propuesto por A. Gramsci Sujeto -Subjetividad – Subjetivación: la noción de sujeto se entiende como la forma de comprender al ser humano en el marco del proyecto moderno, el cual tiene la capacidad de comprender la realidad y hacer su voluntad mediante el uso de la razón. La subjetividad sería entonces el uso de esta condición y la subjetivación el proceso mediante el cual se lega a ser sujeto. Sin embargo, dadas las constantes transformaciones sociales, la subjetividad también es entendida como la forma- sujeto de la contemporaneidad, en la que este expande sus límites expresivos y tiene una mayor autoconcienca. Tecnocientíficos- Tecnocomunicacionales: la relación entre los avances tecnológicos y las formas y medios de comunicación es cada vez más cercana, así como la mayoría de avances e implementaciones científicas se logran mediante lo tecnológico. Estos términos se refieren a todos los dispositivos tecnológicos generados para la comunicación y a los usos tecnológicos en la ciencia que se traducen en objetos y procesos para el bienestar humano. Teen ager: del ing. Adolescente. Hace referencia también a las generaciones de jóvenes norteamericanos de las décadas de los 60’s y 70’s, primeros en adscribirse a la naciente sociedad del tiempo libre, el consumo y el entretenimiento.
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    133 CONTEXTOYCONDICIÓNDEJUVENTUD,Reflexionesparasucomprensión FUENTES DE REFERENCIA Aberasturi,A & Knobel, M. (1984) La adolescencia normal. Paidos. Buenos Aires. Alvarado et al, (2009) Revista latinoamericana de ciencias sociales, niñez y juventud, Manizales, 7(1) Appadurai, A. (2001) La modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Uruguay: Trilse Arias, E. (2001). Generación posible: Prácticas Culturales y Expresiones Juveniles. Vídeos “Los Jóvenes Aquí y Ahora”. Corporación Convivamos, Medellín. Baró, I. (1984) Guerra y Salud Mental. En: Revista Estudios Centroamericanos, Nº. 429/430, pp. 503-514. San Salvador Bourdieu, P. (2002). La juventud no es más que una palabra. En Sociología y cultura, México Grijalbo. CONACULTA. Entrevista original de 1978 por Anne Marie Metailiè. Brito Lemus, R. (1996) Hacia una sociología de la juventud, JovenES, Cuarta Época, Año 1, N°1, México, 1996; editada por el Centro de Investigación y Estudios sobre Juventud de México Carmona, J. (2002). Goce ahora y pague después. Revista electrónica Poiesis Nº 5 Facultad de Psicología. FUNLAM Medellín. http://www.funlam.edu.co/poiesis/ Edicion005/poiesis5.contenido.htm Cejas, M (2000). Pensar el desarrollo como violencia: algunos casos en África. En: Devatte, Susana (comp). Poder y cultura de la violencia. México: El Colegio de México, pp. 73 -74) CEPAL. (2003) Juventud, pobreza y desarrollo en America Latina y el Caribe. XII Conferencia de Primeras Damas, Esposas y Representantes de los Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas. Santo Domingo, República Dominicana Cevallos, F. (2006): Comprender lo joven. Sublimación y condena: los desencuentros del discurso. En: DEBATE N° 68.Ecuador Dávila, O. (2004). Adolescencia y juventud, de las nociones a los abordajes. Ultima década, Diciembre N° 21, Viña del mar, Chile. Pp83-104 Dávila, O. & Ghiardo, F. (2005) Trayectorias, transiciones y condiciones juveniles en Chile. Revistas Nueva Sociedad. 200. Chile Delgado, M. (2002). Disoluciones urbanas. Colección Estética Expandida. U. Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas y Económicas. Medellín Editorial U de A.
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    QUIÉN ES ELAUTOR Manuel Eduardo López Garcia. Psicólogo de la Universidad de Antioquia y Magíster en Estudios Socioespaciales del Instituto de Estudios Regionales – INER, de la misma universidad. Es Diplomado en Contextos juveniles, Enfoques de intervención y Gestión de Políticas Públicas de Juventud de la Escuela de Animación Juvenil de Medellín, de la cual también es docente y Coordinador Académico. Es docente y asesor del pregrado de Gestión Cultural de la Universidad de Antioquia y docente ocasional en otras universidades. Gran parte de su vida profesional la ha realizado como coordinador, asesor y tallerista en proyectos tanto públicos como privados de intervención social con población juvenil en los ámbitos de la prevención y la promoción, el fortalecimiento de redes y organizaciones y la formación y acompañamiento a iniciativas juveniles, así como la formación a adultos que trabajan con jóvenes y la asesoría a instituciones que trabajan con juventud. manuelope@une.net.co materialysensible@hotmail.com www.facebook.com/Manuel Lopez Garcia