El positivismo se consolida en el siglo XIX como un método científico y una concepción filosófica basada en los hechos empíricos y la experiencia, rechazando la metafísica. Tuvo diversos antecedentes pero fue Auguste Comte quien lo desarrolló como una filosofía que busca el conocimiento de las leyes naturales a través de la observación y experimentación. Más tarde fue adaptado por filósofos sociales como John Stuart Mill y Herbert Spencer.