Historia del Pensamiento Ambiental
Capitulo 1. África
Hace cinco millones de años un tipo de homínido, antepasado cercano del ser humano,
habitaba el sur y el este de África. Hace 1,5 millones de años este homínido fabricante de
herramientas evolucionó hacia formas más avanzadas: el Homo habilis y el Homo erectus.
El primer hombre que existió en África, el Homo sapiens, data de hace más de 200.000
años. Cazador y recolector, capaz de realizar toscas herramientas de piedra, el Homo
sapiens se asociaba con otros de su especie para formar grupos nómadas; finalmente estos
pueblos bosquimanos nómadas se extendieron por todo el continente africano. El proceso
de diferenciación racial data del año 10.000 a. C. La creciente población negroide, que
dominaba la domesticación de animales y la agricultura, expulsó a los grupos bosquimanos
hacia las zonas más inhóspitas. En el siglo I, el pueblo bantú, uno de estos grupos
dominantes, comenzó una migración que duró 2.000 años y pobló la mayor parte de África
central y meridional. Las sociedades negroides dependían de la agricultura de subsistencia
o, en las sabanas, del pastoreo. La organización política era, en general, local, aunque más
tarde se desarrollarían reinos en África occidental y central.
La primera gran civilización africana comenzó en el valle del Nilo en el 5000 a. C.
aproximadamente. Estos asentimientos, que dependían de la agricultura, se beneficiaron
de las crecidas del Nilo como fuente de regadío y nuevos terrenos. La necesidad de
controlar la corriente del Nilo produjo finalmente una compleja y bien estructurada
nación, con elaborados sistemas políticos y religiosos. El reino de Egipto se desarrolló e
influyó en las sociedades mediterráneas y africanas durante miles de años. La fabricación
de utensilios de hierro se extendió hacia el sur, desde Egipto, alrededor del año 800 a.C.
Las ideas de monarquía real y de organización estatal también fueron exportadas, en
particular a zonas vecinas como Kush y Punt. El reino cusita del este, Meroë, fue
reemplazado en el siglo IV por Aksum, que se transformó en Etiopía.
Durante un periodo que transcurrió entre finales del siglo III a.C. y principios del siglo I,
Roma conquistó Egipto, Cartago y otras áreas del norte de África, que se convirtieron en
los graneros del Imperio romano. El Imperio fue dividido en dos partes en el siglo IV.
Todos los territorios al oeste de Libia siguieron perteneciendo al Imperio de
Occidente, controlado por Roma, y los territorios al este, incluido Egipto, pasaron a
formar parte del Imperio bizantino, gobernado desde Constantinopla. En esta época
la mayoría de la población se había convertido al cristianismo. En el siglo V los
vándalos, una tribu germánica, conquistaron gran parte del norte de África. Los reyes
vándalos gobernaron hasta el siglo VI, cuando fueron derrotados por las fuerzas
bizantinas y el área fue absorbida por el Imperio de Oriente.
La era de los imperios y las ciudades-estado
Los ejércitos islámicos invadieron África tras la muerte de Mahoma en el 632 y
rápidamente vencieron la resistencia bizantina en Egipto.
El Islam
Los 5 pilares
1. La creencia en un solo y único Dios
2. La oración diaria viendo hacia la Meca, el lugar sagrado de los creyentes
musulmanes
3. La obligación de los ricos de dar limosna a los pobres
4. La peregrinación, al menos una vez en la vida, a la Meca.
5. Hacer ayuno en los días santos musulmanes.
El norte de África
Desde sus bases en Egipto, los árabes invadieron los reinos bereberes del oeste y en el
siglo VIII conquistaron Marruecos. Mientras que los bereberes de la costa se convirtieron
al Islam, muchos otros se retiraron a los montes Atlas y al interior del Sahara. La minoría
árabe estableció un reino autocrático en Argelia y Marruecos. Los reinos cristianos de
Alwa y Makuria en Sudán fueron conquistados; sólo el reino cristiano de Nobatia fue lo
suficientemente fuerte como para resistir a los invasores, y forzar la firma de un tratado
que mantuvo su independencia durante 600 años. Los árabes permanecieron como la
minoría gobernante durante varios siglos.
El comercio a través del Sahara se hizo frecuente durante el siglo VIII. Los guías de
caravanas y los maestros religiosos traspasaron sus valores políticos, religiosos y sociales
a los pueblos de las rutas de comercio. Anteriormente, los invasores musulmanes del
Yemen rechazaron a los pueblos de la costera Aksum hacia el interior y establecieron una
serie de ciudades-estado como Adal y Harar. El mar Rojo pertenecía ahora a los
comerciantes musulmanes.
Varias dinastías rivales surgieron en la costa norte africana. En el siglo VIII los
musulmanes norteafricanos conquistaron la mayor parte de la península Ibérica, y durante
siglos intentaron ataques y expediciones de conquista a la Europa cristiana. Ya antes de
las Cruzadas algunos reinos islámicos muy civilizados dominaban el sur y el este del
Mediterráneo. En el siglo XIV el Sudán cristiano sucumbió ante los ejércitos mamelucos
de Egipto. Los turcos otomanos conquistaron Egipto en 1517 y durante los cincuenta años
siguientes establecieron un control nominal sobre la costa norteafricana. El poder real, sin
embargo, permaneció en manos de los mamelucos, que gobernaron Egipto hasta que
fueron derrotados por Napoleón Bonaparte en 1798. Los etíopes fueron invadidos por los
ejércitos del sultanato de Adal, pero derrotaron en 1542 a los musulmanes con la ayuda
de Portugal.
Reinos de África occidental
En África occidental surgieron una serie de reinos de raza negra cuya base económica
yacía en el control de las rutas comerciales transaharianas. Se enviaban al norte oro,
nueces de kola y esclavos a cambio de ropas, utensilios y sal.
Ghana
El primero de estos reinos, Ghana, comenzó a existir el siglo V en lo que hoy es el sureste
de Mauritania; su capital, Kumbi Saleh, ha sido excavada en tiempos modernos. Ya en el
siglo XI, los ejércitos de Ghana, equipados con armas de hierro, se adueñaron de las rutas
de comercio que se extienden desde el actual Marruecos a los bosques costeros de África
occidental al sur. Los bereberes nómadas de la confederación sanhaja (la actual
Mauritania central) formaban el nexo principal entre Ghana y el norte. Una vez que los
árabes consiguieron controlar las costas del noroeste, comenzaron a explotar estas rutas
comerciales. A principios del siglo XI había consejeros musulmanes en la corte de Ghana,
y los mercaderes musulmanes vivían en grandes barrios de extranjeros desde los que
dirigían un comercio a gran escala muy lucrativo. En el siglo XI, Ghana fue destruida por
los almorávides, una belicosa facción musulmana fundada entre los bereberes sanhaja. A
principios del siglo XI se alzaron en guerra santa (yihad) y controlaron las rutas de
caravanas del Sahara. Entonces el movimiento se separó; un grupo avanzó hacia el norte
para conquistar Marruecos y España, mientras que el otro se dirigió al sur para destruir
(en el año 1076) la capital de Ghana. Durante el siglo siguiente el pueblo Soso de Futa
Yallon, anteriormente vasallos de Ghana, tomó el control del área, pero fueron
conquistados a su vez por los pueblos de Mali en el año 1240 aproximadamente.
Mali y Songay
En el centro de las cuencas altas de los ríos Senegal y Níger, Mali evolucionó a principios
del siglo XI a partir de un grupo de las tribus mande. A mediados del siglo XIII, el reino
comenzó un periodo de expansión bajo el vigoroso monarca Sundiata. Se supone que
poco después los gobernantes de Mali se convirtieron al Islam. El imperio de Mali
alcanzó su punto culminante bajo el mansa (rey) Musa, que condujo una peregrinación a
La Meca en 1324-1325, inició relaciones diplomáticas con Túnez y Egipto, y llevó a
varios eruditos y sabios musulmanes a su imperio; a partir de la época de Mansa Musa,
Mali apareció en los mapas de Europa. Después de 1400, el imperio decayó y Songay se
convirtió en el reino más importante del Sudán occidental. Aunque Songay data de antes
del siglo IX, su gran periodo de expansión se produjo con el reinado de Sunni Alí y Askia
Muhammad. Durante el reinado de este último el Islam prosperó en la corte, y Tombuctu
se convirtió en el mayor centro de la cultura musulmana, famoso por su universidad y su
mercado de libros. Atraídos por su riqueza, los ejércitos de al-Mansur de Marruecos
destruyeron la capital de Songay, Gao, en 1591. Tras la caída de Songay, varios reinos
pequeños -Macina, Gonja, Ségou, Kaarta- intentaron dominar el oeste del Sudán, pero las
luchas continuas y el declive económico fueron los únicos resultados.
Los reinos de Hausa y Kanem-Bornu
Al este de Songay, entre el río Níger y el lago Chad, surgieron las ciudades-estado de
Hausa y el imperio de Kanem-Bornu. Los reinos hausa (Biram, Daura, Katsina, Zaria,
Kano, Rano y Gobir) nacieron antes del siglo X. Después de la desaparición de Songay,
el comercio transahariano se trasladó al este, donde cayó bajo el control de Katsina y
Kano. Éstos se convirtieron en los centros de un floreciente comercio y vida urbana. Al
parecer, el Islam fue introducido en los reinos hausa en el siglo XIV desde Kanem-Bornu.
Este último imperio existía en el siglo VIII como un impreciso reino intermedio al norte y
al este del lago Chad. En un principio fue gobernado por un pueblo nómada, los zaghawa,
pero fueron reemplazados por una nueva dinastía, los saifawa, que reinó desde el año 800
hasta el año 1846 aproximadamente. Los nuevos soberanos se convirtieron al Islam en el
siglo XI. A finales del siglo XIV se trasladaron a la región de Bornu, y la zona anterior,
Kanem, fue conquistada por el pueblo bulala procedente del sur. El soberano bornu más
conocido fue Mai Idris Alooma (reinó entre 1580-1617 aproximadamente), que introdujo
armas de fuego compradas a los turcos otomanos. En su momento de esplendor, Kanem-
Bornu controló las rutas saharianas hacia Egipto, pero a mitad del siglo XVII ya había
comenzado su decadencia.
La expansión del Islam
Durante el periodo de los grandes imperios sudaneses la vida de los agricultores y
pescadores prácticamente no cambió; sólo las clases dirigentes disfrutaban de las
importaciones y los artículos de lujo. Los agricultores vivían en economías de subsistencia,
sujetos a los impuestos periódicos y a las ocasionales incursiones en sus aldeas en busca de
esclavos. El Islam se asociaba con los grandes centros urbanos y era la religión de la clase
dirigente y de los residentes extranjeros. Sin embargo, antes del final del siglo XV, los
árabes nómadas kunta empezaron a predicar, y durante la mitad del siglo XVI la hermandad
qadiriyya, a la que pertenecían, comenzó a extender el Islam por todo Sudán occidental.
Aproximadamente en la misma época, los fulani, un pueblo nómada y pastor, se trasladaron
lentamente hacia el este desde la región de Futa Toro, en Senegal, ganando adeptos para el
Islam. Durante este periodo, el Islam se convirtió en una religión personal más que en una
mera religión de estado. De hecho, el Islam parece haber declinado entre las clases
dirigentes y dinastías no musulmanas que gobernaron en antiguos centros musulmanes
hasta el siglo XVIII. Los movimientos islámicos de reforma y renacimiento comenzaron
entre los pueblos fulani, mandingo, soso y tukolor.
Las viejas dinastías fueron derrocadas y se crearon reinos teocráticos que extendieron el
Islam a nuevas áreas. En los reinos hausa, Shehu Usuman dan Fodio, un maestro
musulmán, encabezó la rebelión de los fulani, que entre los años 1804 y 1810 derrocó a
los monarcas hausa y estableció nuevas dinastías. Sin embargo, un intento de conquistar
Bornu fue resistido con éxito por el líder religioso al-Kanemi. El nuevo imperio fulani fue
dividido en un principio entre el hermano de Shehu, Abdullahi, y su hijo, Muhammad
Bello, pero, después de 1817, Muhammad y sus sucesores fueron sus únicos señores.
Seku Ahmadu, un musulmán fulani, creó otro reino teocrático en Macina, en 1818.
Durante su reinado desarrolló un imperio que abarcaba toda la región del río Níger, desde
Jenne hasta Tombuctu. Tras su muerte en 1844 su hijo tomó el poder, pero en 1862
Macina cayó ante otro reformador musulmán, al-Hajj Umar, que creó el vasto imperio
tukolor, en la región de Senegambia, antes de su muerte en 1864.
Reinos de África oriental
Los primeros restos de la historia de África oriental aparecen en el periplo del mar de
Eritrea (c. 100), que describía la vida comercial de la región, así como sus lazos con el
mundo más allá de África. Inmigrantes indonesios llegaron a Madagascar durante el primer
milenio con nuevos productos alimentarios, sobre todo bananas, que pronto se difundieron
por todo el continente. Pueblos de habla bantú que se establecieron en el interior, formaron
reinos basados en el clan y absorbieron a los pueblos bosquimanos y nilóticos que
ocupaban las llamadas áreas interlacustres, o entre lagos, más al interior. Los colonos
árabes ocuparon la costa y establecieron ciudades comerciales. Marfil, oro y esclavos eran
las principales exportaciones. Ya en el siglo XIII se habían creado algunas notables
ciudades-estado. Entre estos reinos zenj se puede citar a Mogadiscio, Malindi, Lamu,
Mombasa, Kilwa, Pate y Sofala. La cultura urbana swahili se desarrolló gracias al
intercambio mutuo de hablantes bantúes y árabes. Las clases gobernantes eran de
ascendencia afro-árabe; las masas eran bantúes, muchos de ellos esclavos. Estas ciudades-
estado mercantiles estaban orientadas hacia el mar, y su impacto político en los pueblos del
interior fue mínimo hasta el siglo XIX.
Los avanzados y complejos reinos de los lagos empezaron su desarrollo en el siglo XIV.
Poco se sabe de su historia primitiva. Una de las teorías afirma que los pueblos cusitas de
las montañas etíopes llegaron a dominar a las tribus bantúes. Se cree que otros cusitas
fueron los antepasados de los pueblos tutsi de la actual Tanzania, Ruanda y Burundi.
Entre los lagos Victoria y Eduardo, los primeros reinos gobernados por los bachwezi
florecieron antes del año 1500, época en la que fueron suplantados por la primera ola de
pueblos luo, que emigraron del Sudán. Los nuevos inmigrantes adoptaron las lenguas
bantúes en el país de Bunyoro, pero en Acholiland, Alurland y el país de Lango (toda la
actual Uganda) conservaron su propio lenguaje. Más tarde se crearon nuevos reinos, entre
ellos Bunyoro, Ankole, Buganda y Karagwe. De estos reinos, Bunyoro fue el más
poderoso hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Entonces Buganda comenzó a
expandirse, y sus ejércitos hicieron incursiones por extensas zonas. El reino de Buganda
creó una burocracia compleja y centralizada, en la que los jefes de distrito y subdistrito
eran designados por el kabaka („rey‟).
Más al sur, en Ruanda, los bachwezi (llamados alternativamente bututsi o bahima en esta
zona) fundaron una aristocracia de pastores de ganado que gobernó a los pueblos bantúes
a partir del siglo XVI.
Reinos centroafricanos
Los reinos centroafricanos son aún menos conocidos que los interlacustres. En la sabana
del Congo, al sur de los bosques tropicales, pueblos de habla bantú establecieron
comunidades agrícolas a comienzos del siglo IX. En algunos lugares se desarrolló el
comercio a larga distancia con la costa oriental; el cobre y el marfil eran las principales
exportaciones. Durante el siglo XIV se estableció el reino del Congo, que dominaba una
zona de la actual Angola entre los ríos Congo y Loge y desde el río Kwango al Atlántico,
con un elaborado sistema político, con gobernadores provinciales y un rey elegido de
entre los descendientes del rey fundador, Wene. En la zona entre el Kasai superior y el
lago Tanganica, se organizaron varios reinos en el año 1500 aproximadamente, y
formaron el imperio luba. Su fundador, Kongolo, sometió a varios pueblos pequeños de la
región y los usó como base para ulteriores conquistas. Sin embargo, el imperio no
desarrolló mecanismos centralizadores, así que las luchas dinásticas y los reinos
separatistas fueron un problema continuo. En el año 1600, aproximadamente, uno de los
hijos más jóvenes de la dinastía abandonó el reino y fundó el imperio lunda. El reino
lunda pronto se separó, y miembros de la dinastía real se fueron para fundar nuevos
reinos como Bemba, Kasanje y Kazembe. Este último se convirtió en el reino más
poderoso y grande de los luba-lunda, y entre 1750 y 1850 dominó Katanga del sur y parte
de la meseta de Rhodesia.
Se cree que los pueblos de habla bantú que se trasladaron al este desde la región del
Congo, durante el primer milenio, asimilaron a los pueblos neolíticos nativos. Más tarde,
los inmigrantes bantúes, llamados karanga, fueron los antepasados del actual pueblo
shona. Los karanga comenzaron a construir el Gran Zimbabwe, un impresionante edificio
de piedra que albergaba a la corte real. También formaron el imperio Monomotapa, que
obtuvo su riqueza gracias a la minería de oro a gran escala y alcanzó su máximo
esplendor durante el siglo XV.
Reinos surafricanos
Antes del siglo XIX, los pueblos de habla bantú habían expulsado o admitido a sus
predecesores de África del Sur y habían establecido varios reinos sedentarios. A principios
del siglo XIX, la presión de la población y el hambre provocó una serie de guerras y
migraciones a gran escala a través de África meridional y central. Comenzaron en 1816,
cuando el rey zulú Shaka desarrolló nuevas técnicas militares y se embarcó en guerras de
conquista contra los pueblos vecinos. Las tribus derrotadas por los zulúes emigraron del
sureste de la actual Sudáfrica y, al reorganizar sus técnicas de combate tomando como
modelo las de los zulúes, arrollaron a pueblos más distantes, que, en consecuencia, se
vieron forzados a buscar nuevos hogares. Los ndwandwe, guiados por su jefe Sobhuza, se
dirigieron al norte y establecieron el reino de Swazi a partir del año 1820. Los ngoni
también fueron al norte y avanzaron a través del actual Mozambique y más allá del lago
Malawi, donde, en 1848 aproximadamente, se dividieron en cinco reinos, que lucharon
intensamente entre el lago Victoria y el Zambezi. Otro grupo, dirigido por Soshangane,
emigró al sur de Mozambique, donde fundaron el reino de Gaza cerca del año 1830. Los
kololo emigraron al norte hacia Barotseland y comenzaron una lucha por el poder con el
pueblo local, los lozi. Los ndebele fueron al oeste (1824-34) y después al norte (1837),
hasta lo que hoy es Zimbabwe, y fundaron un reino en Matabeleland.
Comienzo del imperialismo europeo
El primer esfuerzo continuado de los europeos con respecto a África se desarrolló gracias
al interés de Enrique el Navegante, príncipe de Portugal. Fueron enviadas numerosas
expediciones después de 1434, cada una aumentando el conocimiento europeo sobre la
costa sur, hasta que, en 1497-1498, Vasco da Gama rodeó el cabo de Buena Esperanza y
llegó a la India.
Las expediciones portuguesas fueron impulsadas por varios motivos: el deseo de
conocimiento y de llevar el cristianismo a los pueblos paganos, la búsqueda de aliados
potenciales contra la amenaza musulmana y la esperanza de encontrar rutas de comercio
lucrativas y fuentes de riqueza. Más tarde, dondequiera que portugueses, ingleses,
franceses y holandeses pasaban, alteraban las estructuras vigentes de la vida comercial y
política y cambiaban los sistemas económicos y religiosos.
Rutas comerciales
Los portugueses establecieron una cadena de colonias comerciales a lo largo de la costa
africana occidental. El Mina, fundada en la Costa de Oro (actual Ghana) en 1482, fue la
más importante; de hecho, fue la única en la Costa de Oro y las áreas de Congo y Luanda
en donde el comercio fue realmente lucrativo. Oro, marfil, productos alimentarios y
esclavos africanos se intercambiaron por armas de fuego, tejidos y alimentos. El comercio
portugués atrajo a los rivales comerciales europeos, que en el siglo XVI crearon sus
propios puestos e intentaron captar el comercio existente. En África occidental el nuevo
comercio tuvo efectos profundos. Las antiguas rutas comerciales habían estado orientadas
al norte a través del Sahara, sobre todo hacia el mundo musulmán. Ahora las rutas fueron
reorganizadas hacia la costa y la importancia económica de los reinos de la sabana entró
en decadencia, mientras que los reinos de la costa incrementaron su riqueza y poder.
Pronto se entablaron luchas entre los pueblos costeros por el control de las rutas
comerciales y para acceder a las nuevas armas de fuego traídas de Europa.
El comercio de esclavos
Con el auge del comercio de esclavos para las Américas, las guerras por el control del
comercio africano se hicieron más intensas. Durante los cuatro siglos de trata de esclavos,
un número incalculable de africanos fueron víctimas de este tráfico de vidas humanas. La
mayoría fueron capturados por otros africanos e intercambiados por distintos artículos. El
primer reino importante que se benefició del comercio de esclavos fue Benín, al oeste de
la actual Nigeria, fundado en el siglo XV. Al final del siglo XVII había sido sustituido
por los reinos de Dahomey y Oyo. A mediados del siglo XVIII, el pueblo ashanti
comenzó su auge como el mayor poder del África occidental. Bajo el asantehene „rey‟
Osei Kojo (que reinó entre 1764-77), los ejércitos ashanti comenzaron a presionar en
dirección sur hacia las estaciones o puestos comerciales europeos de la Costa de Oro.
Aunque no pudieron limpiar la ruta de intermediarios, se aseguraron un abastecimiento
estable de armas de fuego, que usaron para expandirse hacia el norte y disputar sus
fronteras orientales con Dahomey. Más al este, el reino yoruba de Oyo se debilitaba a
finales del siglo XVIII, lo que provocó la guerra civil y la intervención de las fuerzas
fulani desde el norte y un incremento en la cantidad de esclavos disponibles para el
comercio. En el año 1835 aproximadamente, la capital imperial, Old Oyo, fue
abandonada, pero en la batalla de Oshogbo (c. 1840) los fulani fueron expulsados. Las
guerras civiles se extendieron hasta 1893, cuando el poder yoruba se dividió en varios
reinos competidores.
Durante la última parte del siglo XVIII, la opinión pública en Gran Bretaña se volvió en
contra del comercio de esclavos. Debido a la decisión de Mansfield de 1772, que liberaba
a los esclavos en Gran Bretaña, se planteó la posibilidad de crear una colonia africana de
antiguos esclavos. El primer intento (1787-90), en la bahía de San Jorge (actualmente
Sierra Leona), fracasó; los abolicionistas lo intentaron una segunda vez y en 1792
fundaron Freetown en la misma zona. Cuando los británicos declararon ilegal el comercio
de esclavos para los ciudadanos británicos en 1807, consideraron que Freetown era la
base adecuada para las operaciones navales contra tal comercio y, en 1808, Sierra Leona
fue convertida en una colonia de la Corona. El ejemplo de Sierra Leona atrajo a los
estadounidenses, interesados en la colonización del África negra, y a principios de 1822
la Sociedad de Colonización Estadounidense logró establecer su colonia, Liberia, en las
cercanías de cabo Mesurado.
La expansión británica
El deseo británico de acabar con el comercio de esclavos se basó en los intentos de
reorganizar el comercio africano hacia otras exportaciones (como el aceite de palma), en
aumentar la actividad misionera y en imponer la jurisdicción del gobierno británico sobre
propiedades que habían pertenecido a comerciantes británicos. Tales acciones
involucraron con frecuencia a Gran Bretaña, por descuido, en luchas con los reinos
africanos y condujeron a que asumiera la soberanía de ciertos territorios africanos. En
1821, el gobierno británico tomó el control de una serie de fuertes en la Costa de Oro.
Debido a una serie de malentendidos, la primera de varias guerras entre los ashanti y los
británicos ocurrió entre 1823 y 1826; estos conflictos se sucederían intermitentemente
hasta fin de siglo. Aunque el gobierno británico renunció al control de los fuertes en
1828, volvió a asumir la jurisdicción en 1843. En cambio, la autoridad británica sobre los
ashanti no quedó firmemente establecida hasta 1900. En el delta del Níger, la abolición
británica de la esclavitud obligó a sustituir la trata de esclavos por el comercio de aceite
de palma; para ello, Gran Bretaña precisaba un puerto cercano. Además, los británicos
estaban ansiosos por eliminar a los intermediarios de los reinos del delta, tales como
Calabar, Bonny y Brass. En 1852 los británicos obligaron al gobernante de Lagos a
aceptar su protección y así, en 1861, Lagos fue convertido en una colonia de la Corona.
África oriental y central
En el centro y el este de África el impacto europeo fue diferente. Cuando los portugueses
llegaron a las costas del Congo y Angola, a partir de 1480, se aliaron rápidamente con los
soberanos del Congo, que se convirtieron al cristianismo, e intentaron crear un estado
occidentalizado. Este objetivo se frustró, sin embargo, por las guerras civiles y la
introducción del comercio de esclavos. La región pronto quedó inmersa en luchas y
durante el siglo XVI el reino se derrumbó. Más al sur, los portugueses fundaron Luanda
en 1575 como base para penetrar en el interior de Angola; de aquí salieron casi la mitad
de todos los esclavos enviados a las Américas. Cuando alcanzaron la costa este de África,
los portugueses intentaron cortar las conexiones comerciales con el mundo musulmán. En
el proceso, gran número de ciudades-estado fueron destruidas, otras ocupadas y toda la
zona entró en decadencia económica. Después de que los portugueses fueran expulsados
definitivamente de Mombasa en 1698, la costa volvió a tener un gobierno nativo, pero
durante el siglo XVIII los gobernantes de Omán establecieron al menos un control
nominal. A comienzos del siglo XIX, el sultán Sayyid Said, gobernante de Omán,
transfirió su capital a Zanzíbar, que le sirvió de base para fortalecer su control sobre la
costa y penetrar al interior para comerciar con los reinos interlacustres. Los esfuerzos
británicos por regular el comercio de esclavos de África oriental condujeron, en 1822, a
un tratado que prohibía la venta de esclavos a súbditos de reinos cristianos. Sin embargo,
el comercio de esclavos continuó muy activo, debido al gran número de africanos
secuestrados para hacer frente a la demanda de esclavos en las plantaciones de clavo de
Zanzíbar y los mercados de esclavos del Medio este estadounidense.
La llegada de los portugueses a Etiopía había ayudado a evitar la conquista musulmana.
En 1542 una fuerza combinada de etíopes y portugueses derrotó al ejército musulmán, y
los etíopes reconquistaron gran parte de su territorio perdido. Sin embargo, tras las
disputas doctrinales entre los eclesiásticos coptos y los jesuitas portugueses, los
portugueses fueron expulsados en 1632. Etiopía pasó una época de aislamiento y, ya en el
siglo XVIII, la monarquía se derrumbó. Desde 1769 a 1855, Etiopía soportó la „edad de
los príncipes‟, durante la cual los emperadores eran gobernantes títeres, controlados por
los poderosos nobles provinciales. Dicha era acabó con la coronación del emperador
Theodore II, un jefe menor que llegó al trono tras derrotar a sus rivales. Véase Etiopía.
Sudáfrica
Aunque los portugueses ignoraron Sudáfrica durante mucho tiempo, sus rivales, los
holandeses, comenzaron en 1652 a desarrollar el área como una estación en la ruta a las
Indias orientales. Durante un corto periodo, los colonos fueron animados a establecerse
alrededor de Ciudad de El Cabo, al tiempo que empezaba a desarrollarse una nueva cultura
y pueblo, los bóers o afrikáners. A pesar de la resistencia del gobierno iniciaron una
inmigración hacia el interior en busca de mejores tierras y, después de 1815, para escapar
del control del gobierno británico. Mientras avanzaban hacia el interior, se encontraron con
los zulúes y otros pueblos bantúes en su expansión hacia el sur. El resultado fue una serie
de guerras por la tierra. En el curso de sus migraciones, los bóers fueron los primeros
blancos en explorar el interior de África.
A finales del siglo XVIII, el interés científico y la búsqueda de nuevos mercados
comenzó a estimular una era de exploraciones. El explorador británico James Bruce
alcanzó las fuentes del Nilo Azul en 1770; su compatriota Mungo Park exploró (en 1795
y 1805) el curso del río Niger; el explorador alemán Heinrich Barth viajó extensamente
por el oeste del Sudán musulmán; el misionero escocés David Livingstone exploró el río
Zambezi y en 1855 bautizó las cataratas Victoria; los exploradores británicos John
Hanning Speke y James Augustus Grant, río abajo, y sir Samuel White Baker, río arriba,
resolvieron el misterio de la fuente del Nilo en 1863. A los exploradores les siguieron (y
en algún caso precedieron) los misioneros cristianos y, más tarde, los comerciantes
europeos.
La política europea
A medida que crecía el interés europeo por África, las dificultades de sus gobiernos se
incrementaban. Los franceses comenzaron la conquista de Argelia y Senegal a partir de
1830, pero la ocupación sistemática del África tropical no comenzó hasta la segunda mitad
del siglo. Al penetrar al interior de África, ciudadanos y administradores europeos
encontraron resistencia por parte de los pueblos dominantes y fueron bienvenidos por los
pueblos subordinados que buscaban aliados o protectores. Desde 1880 a 1905,
aproximadamente, buena parte de África fue dividida entre Bélgica, Francia, Alemania,
Gran Bretaña, Italia y Portugal. En 1876 el rey Leopoldo II de Bélgica estableció la
Asociación Internacional del Congo, una compañía privada, para explorar y colonizar la
región. Su principal agente en esta tarea fue sir Henry M. Stanley. En 1884 la intensa
rivalidad de las potencias europeas, deseosas de conseguir más territorios africanos, y las
mal definidas fronteras de sus diversas posesiones amenazaron las relaciones
internacionales. Entonces se convocó una conferencia a la que las naciones de Europa,
junto con Estados Unidos, enviaron delegados.
En la Conferencia de Berlín (1884-85) las potencias definieron sus zonas de influencia y
establecieron reglas con vistas a la futura ocupación de la costa de África y para ordenar
la navegación en los ríos Congo y Níger. Entre las importantes disposiciones del Acta de
Berlín había una que obligaba a las potencias que adquirieran un nuevo territorio en
África, o asumieran un protectorado sobre cualquier parte del continente, a notificarlo al
resto de las potencias signatarias. Durante los quince años siguientes se negociaron
numerosos tratados entre las naciones europeas para ejecutar y modificar las
disposiciones de la conferencia. Gran Bretaña firmó en 1890 dos tratados de este tipo. El
primero, con Alemania, demarcaba las zonas de influencia de las dos potencias en África.
El segundo tratado, con Francia, reconocía los intereses británicos en la región
comprendida entre el lago Chad y el río Niger y admitía la influencia francesa en el
Sahara. Otros acuerdos, en especial los que firmaron Gran Bretaña e Italia en 1891,
Francia y Alemania en 1894 y Gran Bretaña y Francia en 1899, clarificaron aún más las
fronteras entre las posesiones africanas de Europa.
La resistencia africana
Ningún reino africano había sido invitado a la Conferencia de Berlín y ninguno firmó estos
acuerdos. Siempre que fue posible, los africanos se opusieron a las decisiones tomadas en
Europa en el momento de ser aplicadas en suelo africano. Los franceses afrontaron una
revuelta en Argelia en 1870 y la resistencia a sus esfuerzos por controlar el Sahara (1881-
1905). En el Sudán occidental, el gobernante mandinka Samory Toure y Ahmadu, el hijo y
sucesor de AlHajj Umar, del reino tukolor, intentaron mantener su independencia. Sin
embargo, ambos fueron derrotados por los franceses (Ahmadu en 1893 y Samory cinco
años más tarde). Dahomey fue ocupado por las fuerzas francesas en 1892, y la región de
Wadai fue la última en caer bajo la dominación francesa, en 1900. Los administradores
británicos encontraron una resistencia similar por parte de los bóers en Sudáfrica durante
los periodos 1880-81 y 1899-1902. Los colonos británicos y bóers conquistaron el país de
Matabele en 1893, y tres años más tarde los matabele (ndebele) y sus subordinados, los
shona, se revelaron. Estallaron revueltas en Ashantiland en 1893-94, 1895-96 y 1900, y en
Sierra Leona en 1897. Los reinos fulani de Mausa se resistieron a la conquista británica
(1901-03). Sokoto se sublevó en 1906. Los alemanes se enfrentaron a la insurrección herero
(1904-08) de África del Sudoeste y a la revuelta de la tribu maji maji (1905-07) en
Tanganica. Sólo los etíopes, bajo el emperador Menelik II (que reinó de 1889 a 1911),
tuvieron éxito en su resistencia a la conquista europea, al aniquilar una fuerza
expedicionaria italiana en la batalla de Adua (Aduwa) en 1896.
Incremento del desarrollo
Una vez que los territorios fueron conquistados y pacificados, las administraciones
europeas comenzaron a desarrollar sistemas de transporte, de manera que las materias
primas destinadas a la exportación pudieran ser embarcadas con mayor facilidad en los
puertos, y a establecer sistemas de impuestos que iban a obligar a los agricultores de
subsistencia a plantar cultivos rentables o a dedicarse al trabajo migratorio. El comienzo
de la I Guerra Mundial interrumpió ambos esfuerzos políticos ya encauzados. Durante el
curso de la guerra, los territorios alemanes del oeste y sudoeste de África fueron
conquistados y más tarde, bajo el mandato de la Sociedad de Naciones, fueron repartidos
entre las distintas potencias aliadas. Miles de africanos lucharon en la guerra o sirvieron
como porteadores para las fuerzas aliadas. La resistencia a la guerra se limitó a la corta
rebelión, en 1915, de John Chilembwe, un sacerdote africano, en Nyasaland (hoy
Malawi).
Tras la I Guerra Mundial los esfuerzos destinados a explotar las colonias se moderaron y
se prestó más atención a mejorar los servicios educativos y médicos, a ayudar al
desarrollo y a salvaguardar los derechos territoriales de las colonias africanas. No
obstante, algunas colonias ocupadas por blancos, como Argelia, Rhodesia del sur (hoy
Zimbabwe) y Kenia, recibieron una considerable autonomía interna. Rhodesia del sur se
convirtió en colonia autónoma de la Corona británica en 1923, con casi ninguna
disposición referente al voto de africanos. Durante el periodo de entreguerras comenzaron
a emerger varios movimientos nacionalistas y de protesta. Sin embargo, la mayoría de las
veces la elección de miembros se limitaba a los grupos africanos occidentalizados. Sólo
en Egipto y Argelia, donde gran número de africanos habían abandonado su modo de vida
tradicional y desarrollaban nuevas identidades y fidelidades, se formaron partidos
políticos de masas. Etiopía, que anteriormente había resistido con éxito la colonización
europea, cayó ante la invasión italiana de 1936 y no recobró su independencia hasta la
II Guerra Mundial. Con el comienzo de la guerra, los africanos sirvieron en las fuerzas
aliadas, incluso en número superior a la anterior guerra, y las colonias apoyaron en
general la causa aliada. La lucha en el continente, que se limitó al norte y noroeste de
África, acabó en mayo de 1943.
La nueva África
Tras la guerra, las potencias coloniales europeas quedaron psicológica y físicamente
debilitadas, y la balanza de poder internacional se trasladó a los Estados Unidos y la Unión
Soviética, dos estados declarados anticolonialistas. En el norte de África, la oposición al
gobierno francés se desarrolló a partir de 1947 con actos terroristas esporádicos y motines.
La revolución argelina comenzó en 1954 y continuó hasta la independencia del país en
1962, seis años después de que Marruecos y Túnez lograran su independencia. En el África
subsahariana francesa se hicieron esfuerzos para contrarrestar los movimientos
nacionalistas, al conceder a los habitantes de los territorios la ciudadanía total y permitir a
diputados y senadores de cada territorio asistir a las sesiones de la Asamblea Nacional
francesa. No obstante, el sufragio limitado y la representación comunal asignada a cada
territorio se demostró inaceptable. En los territorios británicos el ritmo de cambio también
se aceleró después de la guerra. Empezaron a aparecer partidos políticos que englobaron a
tantos grupos étnicos, económicos y sociales como fue posible. En Sudán, los desacuerdos
entre Egipto y Gran Bretaña sobre la dirección de la autonomía sudanesa obligó a que los
británicos aceleraran el proceso de independencia de estos territorios, y Sudán se
independizó en 1954. Durante la década de 1950, el ejemplo de las nuevas naciones
independientes de otros continentes, las actividades del movimiento terrorista Mau Mau de
Kenia y la efectividad de líderes populares como Kwame Nkrumah incrementaron todavía
más la velocidad de dicho proceso. La independencia de Ghana en 1957 y de Guinea en
1958 desató una reacción en cadena de demandas nacionalistas. Sólo en 1960 empezaron a
existir diecisiete naciones africanas.
A finales de la década de los setenta casi toda África era independiente. Las posesiones
portuguesas -Angola, Cabo verde, Guinea-Bissau, y Mozambique- se independizaron
entre 1974 y 1975, después de años de lucha violenta. Francia renunció a las islas
Comores en 1975, y Djibouti consiguió la independencia en 1977. En 1976 España dejó
el Sahara español, que entonces fue dividido entre Mauritania y Marruecos. Aquí, sin
embargo, estalló una cruda guerra por la independencia. Mauritania renunció a su parte en
1979, pero Marruecos, que tomó posesión de todo el territorio, continuó la lucha con el
Frente Polisario, de carácter independentista. Zimbabwe consiguió la independencia legal
en 1980 (véase Zimbabwe: Historia). El último resto de la larga dependencia del
continente, Namibia, consiguió la independencia en 1990.
Los jóvenes estados africanos se enfrentan a varios problemas fundamentales. Uno de los
más importantes es la creación de un Estado nacional. Gran parte de los países africanos
retuvieron las fronteras que habían trazado arbitrariamente los diplomáticos y
administradores europeos del siglo XIX. Los grupos étnicos podían quedar divididos por
las fronteras nacionales, pero los lazos de lealtad que unían a tales grupos eran a menudo
más fuertes que los nacionales. No obstante, cuando los estados africanos consiguieron la
independencia, los movimientos nacionalistas dominantes y sus líderes se instalaron en
un poder casi permanente. Llamaron a la unidad nacional y recomendaron
encarecidamente que los sistemas parlamentarios de varios partidos fueran descartados en
favor de un Estado con partido único. Cuando estos gobiernos no pudieron o no quisieron
cumplir las expectativas populares, el recurso era a menudo la intervención militar. Al
dejar la administración rutinaria en manos de la burocracia civil, los nuevos líderes
militares se presentaron como eficientes y honestos guardianes públicos, pero pronto
desarrollaron el mismo interés por el poder que caracterizó a sus predecesores civiles. En
muchos estados, el comienzo de la década de 1990 despertó un renovado interés en la
democracia parlamentaria de varios partidos.
El desarrollo económico también representa un gran problema. Aunque gran número de
países africanos poseen considerables recursos naturales, pocos tienen los fondos
financieros necesarios para el desarrollo de sus economías. Las empresas privadas
extranjeras a menudo han considerado la inversión en áreas subdesarrolladas demasiado
arriesgada, y este punto de vista se justifica en muchos casos. Las mayores fuentes de
financiación alternativas son las instituciones de préstamos nacionales y las
multinacionales.
Las esperanzas de un mejor nivel de vida para las naciones africanas se han
incrementado, y los precios de los bienes de consumo y otros bienes manufacturados se
han mantenido, pero el precio de la mayoría de las materias primas africanas ha bajado.
La recesión mundial de principios de la década de 1980 multiplicó las dificultades
iniciadas con el aumento del precio del petróleo en la década de los setenta. Serios
problemas con las divisas y una deuda exterior creciente agravaron el descontento
público. El hambre y las sequías se extendieron por las regiones centrales y norteñas del
continente en la década de los ochenta, y millones de refugiados abandonaron sus hogares
en busca de comida, incrementando los problemas de los países a los que huían. Los
recursos médicos, todavía inadecuados e insuficientes, se vieron desbordados por las
epidemias, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), el cólera y otras
enfermedades. A finales de la década de 1980 y primera mitad de la siguiente década, los
conflictos locales en Chad, Somalia, la zona del Sahara, Sudáfrica y otras zonas del
continente desestabilizaron gobiernos, interrumpieron el progreso económico y costaron
la vida a miles de africanos. Después del final de la guerra civil en Somalia en 1991, un
gobierno separado se estableció en Eritrea, que declaró su independencia en 1993. En
abril de 1994 estalló la lucha entre los dos principales grupos étnicos de Ruanda, los hutu
y los tutsi, después de que los presidentes de Ruanda y Burundi murieran en un
sospechoso accidente aéreo. Los problemas en esta zona central de África han continuado
a lo largo de 1996 y 1997, así como en Argelia, al norte, cuya paz y desarrollo están
siendo amenazados por los atentados violentos cometidos por grupos integristas
islámicos.
Otro gran problema del continente africano ha sido la incapacidad de proyectar su voz en
los asuntos internacionales. La mayoría de los estados africanos se consideran parte del
Tercer Mundo y son miembros de la Organización de Países No-Alineados, a la que
consideran un instrumento válido para hacerse oír en el concierto internacional de
naciones. Sin embargo, a causa de su falta de poder militar o financiero, las opiniones de
los países africanos rara vez son tomadas en cuenta. El fin de la política de segregación
racial (apartheid) en Sudáfrica, a principios de la década de los noventa, llevó a la
celebración de las primeras elecciones multirraciales en abril de 1994. La transferencia de
poder a la mayoría negra de Sudáfrica apunta hacia nuevas formas de poder en África,
mientras el siglo XX se acerca a su final.
El comercio de esclavos africanos
Al final del siglo XIV, los europeos empezaron a llevarse a la fuerza a gente de África. Al
principio usaron a estas personas como sirvientes para los ricos. Los europeos justificaron
el robo de personas como esclavos alegando que les estaban dando la oportunidad a los
africanos de hacerse cristianos. Ya para el siglo XVII, la extracción de esclavos de África
se convirtió en una causa santa con el apoyo total de la Iglesia Cristiana.
Cuando los capitanes de mar españoles y portugueses empezaron a explorar las Américas,
se llevaron consigo a sus sirvientes africanos. Algunos de estos africanos resultaron siendo
exploradores excelentes. El más importante de ellos fue Estevanico, quien dirigió la
primera expedición europea a Nuevo México y Arizona.
La gente que vivía en las Américas resistió el intento de los europeos de acaparar sus
tierras. Una de las luchas más importantes se llevó a cabo en Cuba en 1512. Los cubanos,
dirigidos por el Cacique Hatuey, finalmente fueron derrotados por las armas superiores de
los españoles.
Se calcula que había más de un millón de personas viviendo en Cuba antes de la llegada de
los europeos. Después de veinticinco años sólo quedaban 2,000. Habían matado a muchos,
mientras que otros murieron de hambre o enfermedades, se suicidaron o murieron por ser
forzados a trabajar durante largas horas en las minas de oro.
Después de la llegada de los europeos, hubo un declive marcado en la población local de la
mayoría de las islas del mar Caribe. Esto creó un problema para los europeos, ya que
necesitaban mano de obra para explotar los recursos naturales de estas islas. Al final, los
europeos concibieron una solución: la importación de esclavos desde África. Para 1540, se
calcula que unos 10,000 esclavos al año eran traídos de África para reponer las poblaciones
decrecientes.
Los mercaderes ingleses se involucraron en el comercio y finalmente llegaron a dominarlo.
Construyeron fuertes en las costas de África donde mantenían a los africanos capturados
hasta que llegaran los barcos de esclavos. Los mercaderes obtenían a los esclavos de los
caciques africanos a cambio de mercancías de Europa. Al principio, estos esclavos eran los
soldados capturados durante las guerras entre las tribus. Sin embargo, la demanda por
esclavos incrementó tanto que se organizaron destacamentos de asaltos para conseguir a
jóvenes africanos.
(1) Ottobah Cugoano, Narrative of the Enslavement of a Native of Africa (1787)
(Narrativa acerca de la esclavitud de un nativo de África)
A mí me robaron de mi país natal a temprana edad, junto con otros dieciocho o veinte niños
y niñas mientras jugábamos en un prado. Vivíamos a una distancia de sólo unos días de
viaje de la costa donde fuimos raptados y fuimos enviados a Granada. Algunos de nosotros
en vano intentamos fugarnos, pero pronto nos amenazaron con pistolas y espadas
diciéndonos que si tan sólo intentábamos movernos terminaríamos todos muertos ahí
mismo
Pronto nos llevaron lejos del camino que conocíamos. Por la noche, al llegar a un pueblo,
me condujeron rápidamente a una prisión. Ahí pasé tres días escuchando los gemidos y
lamentos de muchos otros y vi a algunos de mis compañeros que habían sido capturados.
Cuando llegó una nave para conducirnos al barco, hubo una escena horrible; lo único que se
escuchaba era el sonido de nuestras cadenas, los latigazos que nos daban y el quejido y el
llanto de nuestros compatriotas. Algunos quedaban inmóviles tras ser azotados y golpeados
de una manera espantosa.
(2) Olaudah Equiano, fue capturado y vendido como esclavo en el reinado de Benin en
África. Él escribió acerca de sus experiencias en, The Life of Olaudah Equiano the African
(1789) (La vida de Olaudah Equiano, el africano) Generalmente, cuando los adultos del
barrio estaban lejos trabajando en los campos, los niños nos reuníamos en alguna parte del
barrio para jugar. Era común que algunos de nosotros nos subiéramos a los árboles para
vigilar que no nos sorprendieran los asaltantes o secuestradores, ya que a veces ellos se
aprovechaban de la ausencia de nuestros padres para atacarnos y robarse a cuantos podían
capturar.
Un día cuando toda la gente de nuestro pueblo andaba trabajando como siempre y sólo
estábamos mi querida hermana y yo cuidando de la casa, dos hombres y una mujer treparon
nuestras paredes y en un sólo instante nos capturaron a ambos. Sin darnos un momento para
gritar o resistir, nos taparon la boca y salieron corriendo con nosotros hacia un bosque
cercano. Ahí nos amarraron las manos y siguieron cargándonos lo más lejos que les fue
posible hasta que cayó la noche. Al llegar a una casa pequeña, los ladrones pararon para
comer y pasar la noche. Ahí nos soltaron las amarras pero no pudimos coger comida y, por
estar tan rendidos y angustiados, nuestro único consuelo fue dormir, ya que el sueño nos
permitió postergar nuestra desgracia aunque fuera sólo por un poco tiempo. Lo primero que
vislumbré al llegar a la costa fue el mar y un barco de esclavos que estaba anclado
esperando su carga. Estas cosas me llenaron de un asombro que rápidamente se convirtió en
terror al ser conducido al barco. Inmediatamente algunos miembros de la tripulación me
agarraron y me sacudieron para ver si estaba saludable. Fue entonces cuando quedé
convencido de que había entrado a un mundo de malos espíritus y que me iban a matar.
(3) Mungo Park era un explorador escocés que fue a África a encontrar la fuente del Río
Níger. Él escribió acerca de sus experiencias en su libro, Travels to the Interiors of Africa
(1799) (Viajes al interior de África).
Comúnmente, la manera de amarrar a los esclavos es de poner la pierna derecha de uno y la
pierna izquierda de otro en el mismo par de grillos. Los esclavos pueden caminar muy
lentamente al sostener los grillos con una cuerda. De la misma manera, a cada cuatro
esclavos se les amarra juntos por el cuello. Se les sacaba con los grillos todas las mañanas
para que estuvieran debajo del árbol de tamarindo. Los animaban a que cantaran canciones
divertidas para que se mantuvieran alegres ya que, aunque algunos de ellos soportaron las
dificultades de su situación con fortaleza sorprendente, casi todos estaban muy desalentados
y se quedaban sentados todo el día con sus miradas melancólicas fijas sobre el suelo.
(4) Alexander Falcolnbridge visitó África en los años 1780s. Él escribió acerca de lo que
vio en su libro, An Account of the Slave Trade on the Coast of Africa (1788) (Un informe
acerca del comercio de esclavos en la costa de África).
Cuando los comerciantes de negros exhiben a los negros que quieren vender ante los
compradores europeos, los compradores primero los examinan de acuerdo a sus edades.
Luego los inspeccionan minuciosamente y preguntan por el estado de salud de cada uno.
Quieren saber si padecen de cualquier dolencia o están deformes, si tienen la vista o los
dientes malos, si son cojos o tienen debilidad en las coyunturas, si tienen la espalda
distorsionada, si son flacos o tienen el pecho muy angosto; en fin, si han sido aquejados por
alguno de estos males que les impediría realizar una labor rigurosa, se les rechaza.
Frecuentemente, los comerciantes golpean a los negros que ha sido rechazados por los
capitanes. Ha habido ocasiones donde los comerciantes, al ver que ha habido alguna
objeción contra uno de los negros, los han decapitado ante la vista del capitán
Portugal y la trata de esclavos:
La aparición de los esclavos negros en la Europa de la Baja Edad Media fue un momento
decisivo para la historia de la humanidad. Se produjo una caza del hombre que duró
cuatrocientos años y que convirtió Africa en un continente manchado de sangre y de
lágrimas.
Creencia en la inferioridad del hombre africano:
En una descripción de la época se les califica de "grandes monos, tan hábiles que, bien
adiestrados, son capaces de ocupar el lugar de un criado". Las crónicas de los descubridores
suelen ser muy subjetivas: "caníbales bárbaros, que sacrifican a sus prisioneros", "negros,
que adoran al demonio", "desde la más tierna infancia tienden a la inmoralidad y se hacen
cortes lastimosamente en el rostro y en el cuerpo y se los pintan de colores para mayor
ostentación". El desconocimiento inicial fue seguido de justificaciones interesadas.
La idea de un "negro bárbaro" es una creación europea que continuó ejerciendo sus efectos
sobre Europa hasta los inicios del siglo veinte (Leo Frobenius).
En 1704, en una enciclopedia, la última palabra de la ciencia, decía: "Los africanos suelen
ser negros y se les llama negritos o moros. Son viciosos, salvajes, crueles y muy fuertes, y
cada año, se venden gran cantidad de ellos como esclavos a los europeos".
Implicación de otras potencias coloniales:
Lo iniciado por los portugueses (y antes por los árabes) fue muy pronto adoptado por las
demás potencias coloniales. Los españoles, los holandeses, los ingleses, los franceses, los
alemanes, los daneses y los norteamericanos se dedicaron en los siglos siguientes al
comercio de negros. A principios del siglo XIX, según Livingstone, se capturaban
anualmente trescientas cincuenta mil personas en Africa, de las cuales sólo de una quinta a
una décima parte llegaba al lugar de destino. El cardenal francés Lavigerie, uno de los
hombres que más decididamente luchó contra la esclavitud, suponía que en el siglo XVIII,
la esclavitud costaba unos dos millones de vidas al año. El sistema de la esclavitud se
convirtió en un elemento indispensable de la economía. Ligado al cultivo del azúcar, del
algodón y del café. Carlos V dio la concesión del comercio entre Africa y América Central
a partir del año 1517 a mercaderes flamencos. John Hawkins, entre 1563 y 1570 atacaba
con su barco que llevaba el nombre Jesús, los transportes de esclavos portugueses y los
poblados africanos y gracias a su comercio de esclavos llegó a ser el hombre más rico de su
tiempo, caballero y tesorero de la armada real. Las compañías inglesas "African Company"
y "Company of Barbary Merchants" en el transcurso de cuarenta años transportaron tres
millones y medio de esclavos negros a América.
El papel destacado de Portugal:
Portugal se convirtió en el comerciante de esclavos número uno de toda Europa. Se llegó a
considerar el trabajo de los esclavos como la base de la existencia nacional. La actitud que
transformó un pequeño pueblo de la Península ibérica en una verdadera nación de
navegantes esforzados, se deterioró con el paso del tiempo. Hasta fines del siglo XV el
comercio de esclavos estuvo casi exclusivamente en manos de los árabes y de los
portugueses. Los árabes proveían al mundo oriental, los portugueses a las potencias
occidentales. Al abrigo de las fortalezas construidas por João II los esclavos eran reunidos y
embarcados. Cuando la colonización de América requería, ochenta años más tarde, mayor
cantidad de esclavos, Portugal creó en Lagos y en Angola una organización aún más
importante. Había cristianos portugueses que insistían en que la finalidad principal de los
viajes a Africa no debía ser el comercio de esclavos, sino la conversión de las almas de los
indígenas.
Actitud cristiana de Enrique El Navegante:
Personajes idealistas como el propio príncipe Enrique esbozaron programas utópicos, según
los cuales los negros, después de bautizados, tenían que ser devueltos a su país, para hacer
proselitismo entre los que se habían quedado allí. Estos programas también contribuyeron a
que se considerara a los africanos como hombres verdaderos. El príncipe Enrique hizo
devolver a Africa a algunos negros bautizados, con la esperanza de ganar así pueblos
enteros para la fe cristiana. Pero los cristianos negros desaparecieron rápidamente en la
selva y no volvieron a dar señales de vida.(Wendt)
(el impulso de los viajes y de los descubridores) era una mezcla de fe y de codicia, de
religión y de rapacidad. Allí se juntaron el espíritu de los cruzados y de los apóstoles con
los más viles intereses de lucro y condujeron a la caza de los negros desarmados, que eran
apresados por sorpresa y hechos esclavos de la manera más indigna y desconsiderada.
(Georg Friedrici)
Desembarco en Lisboa de los africanos capturados por Tristao (1441):
Se desembarcaba a los prisioneros. Estos eran negros y tan feos de rostro y de figura, que
parecían venir de un mundo inferior. Pero nadie hubiera tenido el corazón tan duro que no
sintiera compasión por ellos. Algunos inclinaban el rostro cubierto de lágrimas. Otros
dirigían la mirada al cielo y se lamentaban amargamente. Otros, por fin, se golpeaban el
rostro con los puños. Luego se tendieron sobre el duro suelo. Algunos entonaron cantos de
lamentación de su tierra. No podíamos comprender su lengua, pero aquel tono tan triste nos
llegó al corazón. Su dolor aumentó aún por el hecho de que separaban a las familias.
Arrancaron a los padres de sus hijos y a los maridos de sus esposas. Los empleados no
tenían en cuenta nada y lo arreglaban todo a capricho. Pero apenas se había hecho la
distribución, cuando los hijos corrieron hacia sus padres y las madres abrazaron
desesperadas a sus pequeños. Se acurrucaron en el suelo; no profirieron la menor queja
cuando cayeron los latigazos sobre sus cuerpos desnudos. Pero en vano esperaban que al
final les dejaran a sus hijos. (Gomes Eannes Azurara, 1444)
Consecuencias del tráfico para Africa:
Efectos demograficos:
El tráfico de esclavos provocó estragos en Africa, los cuales aún hoy en día se hacen sentir.
Durante cuatro siglos este continente fue escenario de guerras y razzias por la captura de
esclavos. Millones de africanos fueron exportados para tierras lejanas, otros tantos millones
murieron en largas marchas hasta la costa y en los almacenes a la espera de ser embarcados.
Este éxodo forzado de millones de personas provoco la disminución del crecimiento
vegetativo de la población africana, ya que los hombres y mujeres en edad de procreación
eran vendidos. Algunos investigadores llegan a decir que entre los siglos XV y XIX el
continente perdió más de cien millones de hombre y mujeres jóvenes. Varias regiones
africanas quedaron casi totalmente despobladas. El investigador André Gunder Frank en su
libro La Acumulación Mundial 1492-1789 señala la cifra de 13.750.000 esclavos traídos a
América entre los siglos XVI y XIX, a lo que el investigador Enrique Peregalli añade un
25% por muertes en el trayecto y un 25% más por muertes en Africa con motivo de las
guerras de captura, lo que da un total de 20.625.000 africanos perdidos para el continente
en ese período(). Igualmente, se calcula que en ese período sólo desde la costa de Angola a
los puertos de São Tomé y América fueron transportados tres millones de esclavos. Así se
explica que las zonas más pobladas en el Siglo XV como el Congo, Ndongo y Quissana, en
el Siglo XVII estuviesen ya despobladas. Además, muchas poblaciones, ante el peligro de
la esclavitud, abandonaron sus zonas originales, refugiándose en las regiones interiores,
ayudando a la despoblación.
Efectos políticos:
El comercio de esclavos era el más lucrativo y los europeos se encargaron de persuadir a
los jefes locales y a los mercaderes africanos para participar en él. De este modo se produjo
una reacción en cadena. La aristocracia, los jefes y los comerciantes africanos querían
aumentar su riqueza, autoridad y poder, queriendo también defender su independencia. Para
ello, necesitaban de armas de fuego y mercancías de Europa. En este contexto, la
fabricación de armas de fuego se transformó en un gran negocio de exportación. Con ellas
se organizaban extensas cazas de hombres, ataques a otros pueblos, tribus y aldeas, con el
fin de someterlos y venderlos como esclavos. De este modo, se deterioraron las relaciones
entre los diversos estados y pueblos. Los pueblos del litoral y del interior más próximo se
encontraban en guerra continua. Así, a partir del Siglo XVI los reinos de Benín, Congo y
Angola en Africa Occidental, tal como el Imperio Mutapa en Africa Oriental, se
desmoronaron. En los siglos XVII, XVIII y XIX, en las selvas del Golfo de Guinea y en el
valle del río Zambeze se desarrollaron estados militares con base en el comercio de
esclavos. Tenían una rígida organización militar, poseían grandes ejércitos permanentes y
se enriquecían con la venta de sus propios hermanos, haciendo la guerra a los pueblos
vecinos.
Efectos económicos:
Además de la captura de hombres y mujeres, el tráfico promovió el saqueo sistemático de
los bienes producidos. Ya sea a través de tributos o de pillaje, los traficantes saqueaban el
producto de las cosechas, ganado, marfil, pieles, cera, maderas preciosas. Las actividades
económicas como la agricultura, minería, artesanía, alfarería y el comercio local fueron
abandonados y se orientaron a una actividad económicamente más productiva: la
esclavitud. El tráfico de esclavos trajo al continente africano un estancamiento, por no decir
un retroceso económico. La agricultura, los tejidos, la fundición y la forja de metales se
fueron reduciendo. En contrapartida, se desarrollo la exportación de seres humanos. En
lugar de poner a la venta productos, ahora el único producto de fácil venta en el mercado
eran los propios productores. Las pequeñas industrias locales no pudieron sobrevivir. Por lo
tanto, el tráfico de esclavos retardó el desarrollo y creó condiciones para el actual estado de
subdesarrollo(). (Marco Antonio Barticevic)
Livingstone relata la liberación de un grupo de esclavos
Al cabo de unos instantes, Mbamé nos dijo que una cuerda de esclavos iba a cruzar el
poblado para ir a Tete. ¿Debíamos intervenir? Esta era la pregunta que nos hacíamos. Todo
nuestro equipaje personal que contuviera algo de valor estaba en manos de los habitantes de
Tete. Si liberábamos a los esclavos, era posible que, en compensación, nos arrebataran
nuestros bienes, e incluso objetos que nos habían sido confiados por necesidades de la
expedición. Pero estos negreros que penetraban gracias a nosotros en un lugar a donde no
se atrevían a aventurarse hasta entonces, estos cazadores de hombres que fomentaban la
guerra civil para abastecerse de cautivos y que se llamaban hijos nuestros para mejor
alcanzar su meta, se oponían tanto a la misión que se nos había encargado, misión aprobada
por el gobierno portugués, que no podíamos permanecer con los brazos cruzados. Se
decidió pues que intentaríamos detener este odioso comercio que se aprovechaba de
nuestros descubrimientos para ampliarse. Llevábamos sólo unos pocos minutos sobre aviso
cuando una larga cuerda compuesta de hombres, mujeres y niños, atados en fila uno tras
otro y maniatados, serpenteó en la colina y tomó el sendero hacia el poblado. Los agentes
negros de los portugueses, armados con fusiles, ataviados con vistosos atuendos, y situados
en la vanguardia, en los flancos y en la retaguardia de la tropa, caminaban con paso
decidido. Algunos le arrancaban alegres notas a unos largos cuernos de hojalata; todos
ponían cara de gloria, como gente convencida de que ha llevado a cabo una noble acción.
No obstante, en cuanto nos vieron, estos triunfadores se precipitaron tan rápidamente
bosque adentro que sólo pudimos entrever sus gorros rojos y las plantas de sus pies. El jefe,
que iba delante, fue el único en permanecer en su puesto. Uno de mis hombres lo reconoció
y le estrechó fuertemente la mano. Era un esclavo del antiguo comandante de Tete;
nosotros mismos lo habíamos tenido a nuestro servicio. [...] A las preguntas que se le
dirigieron con respecto a los cautivos, contestó que los había comprado, pero cuando más
tarde se interrogó a los cautivos, nos dijeron todos, excepto cuatro de ellos, que habían sido
apresados en combate. Pronto tuvimos cortadas las ataduras de las mujeres y de los niños,
pero liberar a los hombres resultaba más difícil. Todos estos desgraciados tenían el cuello
apresado en la horcadura de una gruesa rama de unos dos metros de largo, mantenida en el
cuello por una varilla de hierro firmemente clavada en los dos extremos. Sin embargo por
medio de un serrucho, que por fortuna se encontraba en el equipaje del jefe de la diócesis,
les devolvimos la libertad. Les dijimos entonces a las mujeres que cogieran la harina que
transportaban y que hicieran con ella unas gachas para ellas y para los niños. Al principio
no se lo quisieron creer: era demasiado bonito para ser verdad. Pero cuando se les reiteró la
invitación, rápidamente se pusieron manos a la obra, hicieron un gran fuego y arrojaron las
cuerdas y las horcaduras, sus malditas compañeras durante tantas noches dolorosas y de
tantos días de fatiga. Muchos de los niños apenas tenían cinco años de edad, e incluso los
había más jóvenes. Un pequeño le decía a nuestros hombres, con la simplicidad propia de
su edad: "Nos habéis desatado, y luego nos habéis dado de comer. ¿Quiénes sois y de
donde venís?" La víspera habían sido matadas dos mujeres por haber intentado desatarse las
correas. Se les había advertido a todos los cautivos que les ocurriría lo mismo si intentaban
evadirse. Una desafortunada madre, que no había querido coger un fardo que le impedía
llevar a su niño, vio inmediatamente cómo le saltaban la tapa de los sesos de un tiro al
pobre pequeño. Un hombre que no podía seguir a los demás debido al cansancio, había sido
despachado de un hachazo. Ya que no la humanidad, el interés al menos debería haber
impedido estos asesinatos. En este horroroso comercio siempre hemos visto que el
desprecio por la vida humana y la sed de sangre prevalecían sobre la razón.(David
Livingstone.)
La esclavitud: América conquistada, África esclavizada
1. Introducción
El descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón en 1492 y la posterior
conquista de este continente a manos de españoles y portugueses repercutieron a partir del
Siglo XVI en otra región del planeta, un tanto alejada de los acontecimientos de conquista:
trátase de África.
Aunque separados ambos continentes por el Océano Atlantico, con desarrollos historicos,
sociales y económicos completamente diferentes, a partir del Siglo XVI se produce un
acercamiento entre América y Africa. La causa de esta aproximación radica en que la
conquista de América, con todas las riquezas naturales y perspectivas de desarrollo que
ofrecio a sus conquistadores, requeria de la complementación indispensable de mano de
obra para la apropiación de tales riquezas y la obtención de ventajas en la explotación
económica de tan vastas zonas.
Es justamente Africa la que tendrá el "monopolio" en el abastecimiento de la fuerza de
trabajo necesaria, en calidad de esclavos. Comenzará un flujo incesante que durará
cuatrocientos años, en el cual millones de africanos atravesarán compulsivamente en barcos
negreros el Océano Atlántico para posteriormente ser vendidos a los colonizadores de
América.
En este trabajo se pretende describir los momentos que antecedieron al tráfico mismo,
dando a conocer la expansión y la penetración europea en Africa a partir del Siglo XV, en
la cual Portugal hace de vanguardia. Luego se hace una reseña del tráfico de esclavos,
primero desde la costa occidental de Africa y posteriormente desde la oriental.
Más adelante, se menciona el denominado comercio triangular entre Europa, Africa y
America, para finalmente pasar a apreciar algunos de los efectos demográficos, políticos y
económicos que el tráfico de esclavos produjo al continente africano.
2. Penetración europea en Africa
El Siglo XV fue un siglo marcado por grandes avances técnicos y científicos, especialmente
en materias relacionadas con la navegación y la construcción naval. Este desarrollo animó a
las potencias europeas de la época a intentar algunos cambios en el comercio internacional.
Hasta ese siglo, el comercio internacional, restringido casi sólo al Mar Mediterráneo y
Océano Indico, se encontraba en manos de mercaderes árabes, tanto en el Norte y Oriente
de Africa como en el mismo Océano Indico. Portugal fue el primer Estado europeo en
intentar un cambio de sentido, tratando de abrir una vía marítima con la India a fin de
importar directamente las especias y otros productos suntuarios desde el Oriente,
boicoteando a los intermediarios árabes que traían estos productos a Europa a través del
Mar Rojo y Mar Mediterraneo.
En el Siglo XV, los portugueses comienzan a buscar un camino a lo largo de la costa
occidental africana. Es así como en el año 1481 construyen el primer fuerte en Costa de
Oro (Forte da Mina), intentando desde allí alcanzar las vetas de oro de esta parte de Africa.
Es desde este fuerte, construído con autorización de los jefes africanos de la región, de
donde envían misiones diplomáticas al interior.
Con el tiempo, el comercio se diversificó, dejando de ser el oro la única mercancía que
Africa ofrecía. Comienza la extracción de marfil, de pieles, maderas y, finalmente, como se
verá, de esclavos.
En la costa oriental de Africa, Portugal requiere de apoyo estratégico para sus
embarcaciones que se dirigen a la India. Para conseguirlo, necesita destruir las
fortificaciones árabes en la costa. Así, Vasco da Gama, el primer navegante europeo en
llegar a la zona, ya en 1502 bombardea la ciudad costera de Kilwa() y posteriormente
también son atacados los puertos de Sofala() y Mombaza(). Las ciudades costeras no
pueden hacer frente a los ataques portugueses y sucumben.
En 1507, la Isla de Mozambique se convierte en el cuartel general portugués de la costa
oriental africana, a partir del cual se recogen los tributos de los jefes locales, se imponen
aranceles de importación y exportación y se suprimen todas las intentonas de revuelta
contra el poder del conquistador.
Ya a finales del Siglo XVI, para fortalecer su posición, los portugueses construyen en 1592
el Fuerte Jesús, en Mombaza, capaz de hacer frente a ataques desde tierra y mar. Este fuerte
se convierte en el centro costero más poderoso de la región.
En Africa Austral, los portugueses intentan abrir rutas para las áreas de extracción de oro a
partir de los establecimientos en Sofala e Isla de Mozambique, usando el río Zambeze
como vía de comunicación con el interior. Fundan y fortifican ciudades fluviales (Sena y
Tete) y destruyen los antiguos puestos comerciales swahilies().
Por su parte, en 1561 los jesuitas consiguen penetrar en la corte real de Mutapa() y bautizar
al rey, parientes y consejeros. En 1569 el rey portugués Don Sebastián envía mil hombres
para obtener el control de las minas de oro, expulsar a los mercaderes swahilies y abrir
camino a los misionarios. Toda esta presión origina divisiones en la corte, las cuales
conducen a la declinación definitiva de Mutapa. Además, a finales del Siglo XVI los barcos
franceses, ingleses y holandeses comienzan a rondar el Cabo de Buena Esperanza, con lo
que se inicia la generalización de la ocupación europea.
Bajo la influencia de la Corte de Lisboa, el tráfico de esclavos se transforma en una de las
principales motivaciones de esta penetración.
3. Inicios del trafico de esclavos
Entre el Siglo VII y el Siglo XVI, en Africa se produce un gran desarrollo económico,
político y cultural, coronado con la creación de varios estados y reinos como el del Gran
Zimbabwe(), de Mutapa, el Imperio del Congo(), de Ghana(), de Mali() y de Songhay().
Africa nunca estuvo aislada de los continentes vecinos. Varias regiones fueron directamente
influenciadas por el islamismo. Estos contactos con el exterior, especialmente con el mundo
árabe a través del comercio, dieron a Africa una contribución valiosa y una experiencia
importante.
Sin embargo, a partir del Siglo XVI el rumbo de la historia africana tiene un vuelco total,
cuando Europa entra en un período de expansión económica y geográfica, pasando a
interferir negativamente en el desarrollo de las sociedades africanas.
Entre los siglos XVI y XIX, millones de africanos son arrancados violentamente de sus
tierras y aldeas con destino a América y las islas del Oceano Indico(), donde son obligados
a trabajar en grandes plantaciones de azúcar, tabaco, algodón, cacao y en las minas de oro y
plata. Estos productos son aprovechados posteriormente como materia prima para las
industrias en evolución en Europa.
Debido al hecho que en América los colonizadores no consiguieron utilizar a los indígenas
como fuerza de trabajo en volumen y condiciones deseadas, recurren a los esclavos
importados desde Africa. Alrededor del año 1550, comienza este tráfico de esclavos del
continente africano a América y a partir de 1720 a las islas despobladas del Oceano Indico.
Con el tráfico de esclavos, el hombre pasa a ser un objeto de cambio, una mercancía y una
máquina de trabajo, en lugar del buey o del arado.
Eran varios los métodos utilizados para la obtención de esclavos. Las guerras entre los
reinos por el control del comercio y la extensión de sus territorios constituían las
principales formas de apropiacion de esclavos, los que posteriormente eran vendidos en la
costa a los traficantes. Incluso, a veces el tráfico se realizaba entre grupos de una misma
jefatura, cuando la demanda era abundante. En ocasiones, los esclavos eran obtenidos a
través de la imposición de tributos a los jefes sometidos. También los traficantes hacían por
su cuenta guerras y "razzias" para conseguir esclavos.
4. El tráfico en Africa Occidental
En esta parte, el trabajo se centrará en el trafico de esclavos desde el territorio que
corresponde aproximadamente a lo que hoy es Angola.
Como ya se dijo, en la costa occidental de Africa el tráfico de esclavos comenzó en el siglo
XV. En 1441, por primera vez, los portugueses capturan esclavos africanos.
Antes de la llegada de los europeos a la costa occidental africana muchos reinos e imperios
de esta región habían logrado gran prosperidad económica y eran cultural y políticamente
fuertes.
En 1482, los portugueses llegan por primera vez al Congo. Desembarcan en la
desembocadura del río Congo y contactan con los habitantes de la jefatura Soyo y con el
propio Mani-Soyo().
La noticia de la presencia de los portugueses llegó hasta Mbanza Congo, capital del
Imperio, donde vivía Manicongo Nzinga Nkuvu. A partir de entonces comienzan a
establecerse relaciones entre el Imperio del Congo y el Reino de Portugal. Estas relaciones
se consolidan cuando Manicongo Nzinga Mbemba sucede a Manicongo Nzinga Nkuvu.
En 1512, Manicongo Nzinga Mbemba firma un acuerdo con el rey de Portugal. En este
acuerdo, Portugal se compromete a enviar al Congo misionarios, profesores, constructores,
médicos, farmacéuticos y también consejeros jurídicos que ayudarían a Mbemba a
reorganizar el sistema administrativo y jurídico.
Por su parte, Mbemba retribuiría otorgando facilidades comerciales a los comerciantes
lusitanos, permitiendo la propagación del cristianismo en su territorio, facilitando la
obtención de oro, cobre, marfil y esclavos. El Congo enviaría a Lisboa y Roma varios
jovenes para que aprendiesen a leer y escribir y fuesen formados como sacerdotes.
El oro, el cobre, el marfil y los esclavos servirían como moneda de cambio para pagar los
gastos de viaje, estudio y formación; igualmente como retribución por todos los productos
valiosos, ornamentos, armas, vestuario y otros que serían enviados a Mbemba. Con este
acuerdo, Mbemba pretendía obtener ayuda técnica y económica para desarrollar su Imperio.
Para los portugueses, este acuerdo significaba penetrar y obtener las riquezas tan deseadas
en Portugal y Europa. Bajo el pretexto de expandir el cristianismo entre los pueblos
paganos, la religión se convierte inicialmente en la principal forma de penetración y facilita
la dominación posterior y el pillaje del Congo.
Mbemba fue el primero en convertirse al cristianismo y es bautizado con el nombre de
Alfonso I.
Sin embargo, el futuro traería grandes sorpresas para Manicongo Alfonso I. Nunca recibió
los barcos que solicitaba. Algunos de los jóvenes congoleses enviados a estudiar a Europa
fueron reducidos a esclavos. El Congo poco y nada recibió de Portugal, salvo misionarios y
comerciantes.
Con el correr de los años, el comercio fue ganando una dinámica sin precedentes en esta
región. Se abrían nuevas rutas de acceso al interior, la competencia por el tráfico de
esclavos se generalizaba, muchos manis de las jefaturas y reinos dependientes comenzaron
a hacer directamente el comercio con los traficantes de São Tomé. Manicongo ya no
conseguía controlar el tráfico en el Imperio. Algunos reinos tributarios entran en luchas por
su autonomía. Alrededor del año 1586 se produce un conflicto de autoridad entre Ngola,
"mani" del reino de Ndongo() y Manicongo, que acaba por fijar la frontera entre los dos
reinos en el río Dande.
Por su parte, los portugueses construyen grandes fortalezas, instalan colonos y desarrollan
actividades militares en la parte del reino del Congo. A partir de la Isla de Luanda
esperaban conseguir esclavos, oro, plata y otros metales en mayor cantidad.
En 1575 comienzan a implementar el plan de ocupación. Se funda la ciudad de Luanda y
construye un fuerte. A partir de Luanda penetran con apoyo militar a fin de obtener mas
esclavos.
La conquista de Luanda y la desintegración del Imperio del Congo significan la
culminación de la autonomía e independencia política de Manicongo, comienza la
competencia comercial, se propaga la lucha contra los reinos vasallos y se pone de
manifiesto la interferencia en su política interna y externa.
La posición geográfica de Ndongo (Angola) facilita el tráfico de esclavos a lo largo de la
costa y desde el interior. Loango y Mpinda fueron inicialmente los principales puertos de
exportación de esclavos en el reino del Congo, ubicados en el actual territorio de Angola.
Las rutas terrestres más utilizadas eran: Mpinda a Mbanza Congo (Sao Salvador) y de allí a
Mpunbu; de Ambrizete a Mbanza Congo, pasando por Bembe; de Mbanza Congo a Soyo.
La ruta marítima era de Loango a Luanda.
El tráfico de esclavos en la costa occidental africana paso a ser monopolio de los
portugueses, que no permitían socios en este negocio altamente lucrativo. Sin embargo, este
monopolio no se prolongó por mucho tiempo. Las noticias de las riquezas provenientes del
Golfo de Guinea alimentaban la codicia del resto de Europa, comenzando por los
españoles. En 1475, los españoles enviaban una flota de 30 barcos a Guinea, contra la cual
Portugal preparó otra para combatirla. Las tentativas de incursion por parte de los españoles
en el tráfico establecido continuarían.
A su vez, los ingleses también interfieren el tráfico de esclavos en esta región. Inicialmente
practicaban la piratería en las posesiones portuguesas del Golfo de Guinea, Costa de Mina y
Costa de Malagueta.
Se realizan extensas negociaciones que toman siempre en cuenta los intereses comerciales
de los ingleses en Portugal y el mantenimiento del monopolio portugués en la costa
occidental de Africa. Estas negociaciones culminan con la Convención del 29 de octubre de
1576, que reconoce la libertad de los mercaderes ingleses en Portugal, pero reserva a los
portugueses el negocio de Africa por tres años.
Mientras tanto, otros países europeos entran en el tráfico de esclavos. Así, en el Siglo XVII
junto a Portugal y España compiten Inglaterra, Francia y Holanda, lo que desencadena una
verdadera disputa a los intereses del monopolio portugués.
Debido a esto, por Ley del 19 de marzo de 1605, Portugal cerró los puertos de sus colonias
a la navegación extranjera. Sin embargo, esta medida fue ineficaz, aún más cuando su
superioridad marítima habia desaparecido.
En esta guerra comercial, el 2 de octubre de 1608, España prohibía el comercio con sus
colonias a cualquier extranjero, incluyendo a los lusitanos.
Los holandeses, a partir de 1612, desencadenan ataques de ocupación a las posesiones
portuguesas. Los centros comerciales lusitanos que se encontraban a lo largo de la costa son
atacados desde el mar. En agosto de 1641, después de varios anos de batallas, es ocupada la
costa de Angola y de Benguela. Los holandeses pusieron fin al monopolio en los territorios
y mares de dominio portugués. Como consecuencia de la ocupación de Angola, los
portugueses no tienen otro camino que recurrir a Mozambique como fuente de
aprovisionamiento de esclavos para su colonia en el Brasil.
5. El tráfico en Africa Oriental
Es así como el tráfico transatlántico de esclavos llega a la costa oriental africana más tarde
que a la costa occidental. Fue a partir de 1645 que los traficantes y comerciantes
portugueses comienzan a frecuentar los puertos de la costa oriental africana con más
asiduidad, especialmente Mozambique.
Este tráfico se intensifica a partir de la segunda mitad del Siglo XVIII, cuando la demanda
de esclavos en esta región supera la extracción de oro y marfil.
A partir de los primeros anos del Siglo XIX, las relaciones comerciales con el exterior
pasan a depender casi exclusivamente de la exportación de esclavos. De todos los puertos
de Mozambique se exportan esclavos para las islas francesas del Indico, América, Arabia,
Golfo Pérsico, India y Goa (posesión portuguesa en la India).
Ya antes del Siglo XVIII habían salido esclavos de Mozambique según fuentes árabes y
portuguesas, pero en ningún caso el número fue tan elevado y alarmante como desde el
Siglo XVIII en adelante.
Si las condiciones físicas de los puertos favorecían las actividades de los negreros, la
complicidad de los gobernantes, desde los gobernadores generales hasta los gobernadores
de capitanías(), agravó la situación. Ellos fueron los principales traficantes y exportadores
de esclavos hasta los años sesenta del Siglo XIX. Vendían esclavos a los franceses, quienes
los llevaban a sus plantaciones de azúcar y café a las islas del Indico.
Dadas las necesidades de mano de obra en las plantaciones de America del Sur,
especialmente del Brasil, mercaderes brasileños, norteamericanos y centroamericanos
comenzaron a llegar y a principios del Siglo XIX el tráfico hacia América superaba al de
las islas del Indico.
En este tráfico se destacan también los yao() y los maravies() del Lago de Niassa, que
venían hasta la costa con caravanas de esclavos para ser vendidas a los traficantes árabes.
Los yaos llevaban también esclavos para los "prazos" del valle del Zambeze().
A partir de 1830, los árabes fueron los principales traficantes de esclavos. Muchas
embarcaciones árabes, pangaios(), desde diferentes puertos del norte de Mozambique
acarreaban gran número de esclavos para las islas Comores y Madagascar. A mediados del
Siglo XIX, estos traficantes cambian tejidos por esclavos. La isla de Ibo paso a ser
frecuentada por los árabes de Zanzibar, Kilwa, Mombaza y sobre todo por los de las islas
Comores.
A partir de 1854, el tráfico de esclavos para las islas francesas paso a llamarse "exportación
de trabajadores libres". Esto se debió a la prohibición del tráfico y al control de los ingleses
en el Indico. En la práctica, este tipo de comercio terminó sólo en 1902.
Como medida de la magnitud del tráfico, sirve el siguiente cuadro que indica el número de
esclavos embarcados sólo desde Mozambique a las islas del Indico entre 1720 y 1902():
Período Número de esclavos
1720-1799 125.306
1800-1854 255.000
1855-1902 115.133
Total 495.439
Otro ejemplo es el caso de la ciudad de Zanzíbar, una de las que más evidenció el tráfico de
esclavos. A partir de 1811 Zanzíbar ya exportaba entre 6 y 10 mil esclavos por año. A partir
de 1839 se convirtió en un verdadero centro del tráfico de esclavos en la costa oriental de
Africa. Se calcula que eran vendidos entre 40 y 45 mil esclavos por año.
6. El comercio triangular
Inicialmente, desde que en 1441 los portugueses capturaron por primera vez esclavos
africanos, estos eran exportados para Portugal, España e Italia y otras partes de Europa,
aunque en pequeñas cantidades.
Después de la conquista de América, el tráfico de esclavos no sólo aumentó
extraordinariamente, sino que se transformó en una institución que por cerca de cuatro
siglos iría a relacionar en forma dramática a tres continentes: Africa-América-Europa. Esta
relación es conocida como comercio o tráfico triangular.
A inicios del Siglo XVI varios territorios en América fueron colonizados por portugueses y
españoles. Los aborígenes fueron masacrados o reducidos a la esclavitud durante la
conquista.
Como ya se señaló, en estas tierras conquistadas los europeos introdujeron el cultivo de la
cana de azúcar, tabaco, algodón y café y la extracción de oro y plata, productos todos muy
apetecidos en Europa.
Estas labores exigían de mucha mano de obra. Los aborígenes diezmados por las guerras,
las epidemias, el trabajo forzado y el alcohol no podían satisfacer las necesidades de mano
de obra. Los traficantes ávidos de lucro y con experiencia en el tráfico de esclavos ponen
sus ojos en Africa, como región con fuerte mano de obra barata.
Por otro lado, a inicios del Siglo XVI, Europa ya es el centro del comercio que liga todos
los continentes. Los navíos negreros que transportan esclavos parten para Africa desde los
puertos europeos cargados de artículos de reducido valor: barras de fierro, tejidos,
uniformes, bebidas alcohólicas, espejos, collares, armas, etc.
En Africa, estos artículos son trocados por oro, pieles, goma, marfil y sobre todo por
esclavos, para después ser llevados a América y ser entregados a los colonos que
explotaban las plantaciones y minas.
También en el continente americano funciona el trueque y los esclavos son cambiados por
azúcar, algodón, tabaco, café, madera, oro, plata y otros metales preciosos, que los
comerciantes negreros venden posteriormente en los mercados de Europa. Se podría
comparar este comercio con el que actualmente se conoce con el nombre de "barter", en el
cual no hay dinero en circulación, sino sólo bienes y productos.
En un comienzo, el comercio es monopolio absoluto de españoles y portugueses, pero a
partir de finales del Siglo XVI las compañías holandesas, francesas e inglesas entran en este
circuito mercantil, luchando por controlar estas regiones. Surge así una competencia
encarnizada entre los países europeos que se mantiene durante todo el período del tráfico de
esclavos.
Los holandeses traficaban y exportaban los esclavos que vendían en el Brasil y en América
Central. En el Siglo XVIII, los ingleses transportaban para sus colonias en América del
Norte, para Mexico, Cuba, Jamaica y el Perú.
A partir del Siglo XVII y especialmente en el siglo XVIII los negreros franceses
desembarcan esclavos en la isla de Santo Domingo (Haití), en las Antillas Francesas y en
Lousiana en América del Norte.
En el transcurso de los siglos XV y XVI el tráfico negrero fue obra especialmente de
navegantes particulares, comerciantes y piratas. A partir del Siglo XVII pasa a ser ejercido
por grandes compañías. Ellas se encargan del comercio en el Atlántico y de la explotación
de las colonias. Organizan también la instalación de factorias, la construcción de fuertes y
bodegas para almacenar esclavos.
En el caso de Portugal, el tráfico de esclavos fue realizado prácticamente sólo por negreros
particulares, que llevaban del Brasil a Africa tabaco de mala calidad y ron y regresaban con
esclavos a cambio. Esto se desarrollo especialmente a partir del Siglo XVII, cuando las
relaciones entre las posesiones de Africa y el Brasil comenzaron a ser directas. En el
comercio del Atlántico, Portugal se ve superado por los grandes países expansionistas de la
época: Holanda, Francia e Inglaterra
7. Consecuencias del tráfico para Africa
Efectos demograficos
El tráfico de esclavos provocó estragos en Africa, los cuales aún hoy en día se hacen sentir.
Durante cuatro siglos este continente fue escenario de guerras y "razzias" por la captura de
esclavos. Millones de africanos fueron exportados para tierras lejanas, otros tantos millones
murieron en largas marchas hasta la costa y en los almacenes a la espera de ser embarcados.
Este éxodo forzado de millones de personas provoco la disminución del crecimiento
vegetativo de la población africana, ya que los hombres y mujeres en edad de procreación
eran vendidos.
Algunos investigadores llegan a decir que entre los siglos XV y XIX el continente perdió
más de cien millones de hombre y mujeres jóvenes. Varias regiones africanas quedaron casi
totalmente despobladas. El investigador André Gunder Frank en su libro La Acumulación
Mundial 1492-1789 señala la cifra de 13.750.000 esclavos traídos a América entre los
siglos XVI y XIX, a lo que el investigador Enrique Peregalli añade un 25% por muertes en
el trayecto y un 25% más por muertes en Africa con motivo de las guerras de captura, lo
que da un total de 20.625.000 africanos perdidos para el continente en ese período().
Igualmente, se calcula que en ese período sólo desde la costa de Angola a los puertos de
São Tomé y América fueron transportados tres millones de esclavos. Así se explica que las
zonas más pobladas en el Siglo XV como el Congo, Ndongo y Quissana, en el Siglo XVII
estuviesen ya despobladas.
Además, muchas poblaciones, ante el peligro de la esclavitud, abandonaron sus zonas
originales, refugiándose en las regiones interiores, ayudando a la despoblación.
Efectos políticos
El comercio de esclavos era el más lucrativo y los europeos se encargaron de persuadir a
los jefes locales y a los mercaderes africanos para participar en él. De este modo se produjo
una reacción en cadena. La aristocracia, los jefes y los comerciantes africanos querían
aumentar su riqueza, autoridad y poder, queriendo también defender su independencia. Para
ello, necesitaban de armas de fuego y mercancías de Europa. En este contexto, la
fabricación de armas de fuego se transformó en un gran negocio de exportación. Con ellas
se organizaban extensas cazas de hombres, ataques a otros pueblos, tribus y aldeas, con el
fin de someterlos y venderlos como esclavos.
De este modo, se deterioraron las relaciones entre los diversos estados y pueblos. Los
pueblos del litoral y del interior más próximo se encontraban en guerra continua. Así, a
partir del Siglo XVI los reinos de Benín, Congo y Angola en Africa Occidental, tal como el
Imperio Mutapa en Africa Oriental, se desmoronaron.
En los siglos XVII, XVIII y XIX, en las selvas del Golfo de Guinea y en el valle del río
Zambeze se desarrollaron estados militares con base en el comercio de esclavos. Tenían
una rígida organización militar, poseían grandes ejércitos permanentes y se enriquecian con
la venta de sus propios hermanos, haciendo la guerra a los pueblos vecinos.
Efectos económicos
Además de la captura de hombres y mujeres, el tráfico promovió el saqueo sistemático de
los bienes producidos. Ya sea a traves de tributos o de pillaje, los traficantes saqueaban el
producto de las cosechas, ganado, marfil, pieles, cera, maderas preciosas.
Las actividades económicas como la agricultura, minería, artesanía, alfarería y el comercio
local fueron abandonados y se orientaron a una actividad económicamente más productiva:
la esclavitud.
El tráfico de esclavos trajo al continente africano un estancamiento, por no decir un
retroceso económico. La agricultura, los tejidos, la fundición y la forja de metales se fueron
reduciendo. En contrapartida, se desarrollo la exportación de seres humanos.
En lugar de poner a la venta productos, ahora el único producto de fácil venta en el
mercado eran los propios productores. Las pequenas industrias locales no pudieron
sobrevivir. Por lo tanto, el tráfico de esclavos retardo el desarrollo y creó condiciones para
el actual estado de subdesarrollo().
8. Bibliografia
.
Del Siglo XII al XIV, Kilwa fue la ciudad más importante de la costa oriental de Africa.
En su apogeo, Kilwa llego a controlar Sofala (s. XIII), Mafia, Zanzíbar, Pemba y otras
ciudades costeras del sur. Ubicada en el actual territorio de Tanzania.
.
Sofala era una ciudad portuaria que se situaba un poco al sur de lo que es hoy el puerto
mozambiqueño de Beira. Era el puerto más al sur de la costa oriental africana conocido por
los árabes. A través de Sofala obtenían el oro producido en el Gran Zimbabwe y en el
Imperio de Mutapa.
.
Principal puerto de Kenya.
.
Pueblo que habitaba la costa oriental de Africa. Su nombre proviene de la palabra árabe
"swahel" que significa "costa marítima". El swahili es una lengua bantú. En el Siglo VII de
nuestra era estas poblaciones se convirtieron al islamismo.
.
Entre 1440 y 1450 Nyantaimba Mutota sale del Gran Zimbabwe con sus guerreros y
familias para el norte y se queda en la región de Dande, en el valle del río Zambeze. Los
ejércitos de Mutota conquistaron esta zona del norte del altiplano y formaron entre los ríos
Mazoe y Luia un nuevo reino. Matope, hijo y sucesor de Mutota, unificó todas las tierras
entre el desierto de Kalahari y la región de Sofala. Fundó el Imperio Mutapa, cuyos límites
se extendían desde el desierto de Kalahari al Océano Indico y del río Zambeze al río
Limpopo, rodeado de reinos vasallos que le obedecían.
.
El Reino de Zimbabwe fue uno de los más poderosos de toda Africa Austral. Las
poblaciones de Karanga lo fundaron entre los ríos Zambeze y Limpopo. Su apogeo se sitúa
entre los años 1250 y 1450. Hoy aún existen las ruinas de lo que fue la capital de este
Reino, el "Gran Zimbabwe" o "Casa de Piedra", construída en varios períodos entre el Siglo
VIII y el Siglo XV.
.
El Imperio del Congo fue un reino poderoso que creció y se desarrolló sobre las márgenes
del río que después tomó su nombre. Fue fundado por Nimia Lukeni a finales del primer
milenio de nuestra era. Se extendía desde el río Congo al norte hasta el río Cuanza por el
sur, ocupando toda la región norte del territorio actual de Angola, desde el Océano
Atlántico por el occidente hasta el río Cuango por el oriente.
.
Ghana fue el reino mas antiguo de Africa Occidental. Ya en el Siglo IV Ghana era una
confederación de clanes. Su apogeo se produjo en el Siglo X, siendo destruído en el siglo
siguiente. Se situó entre los ríos Senegal y Niger. Tenía a Kumbi-Saleh como capital.
.
En las ruinas de Ghana se encuentran los fundamentos de los orígenes del reino de Mali.
Sus fundadores pertenecían al grupo lingüístico Mande. Alrededor del año 1350 los Mande
extendieron su autoridad a todo el valle superior del río Niger (hasta Gao), a una parte del
Sahara (Walata), al Bambuk y a toda la región costera comprendida entre el río Senegal y el
río Geba. Su capital era Niani.
.
Songhay fue el último de los imperios sudaneses. Fue construído por campesinos Gabibis
y pescadores Sorko de las márgenes del río Níger. Su apogeo se sitúa entre los siglos XIV y
XVI.
.
Las islas del Océano Indico a que se refiere este trabajo son: las islas Seychelles (89 islas e
islotes), las islas Mascarenas (actualmente constituídas por el estado de Mauricio -Agalea,
Albatros, Cargados, Coco y Rodríguez- y la Isla de la Reunión, posesión francesa), las islas
Comores y la isla de Madagascar.
.
Mani significa jefe, especialmente para designar al jefe de tribu.
.
El nombre de Angola proviene de Ngola, rey de Ndongo.
.
Sobre la complicidad de los gobernadores portugueses en las colonias respecto al tráfico
de esclavos existe abundante documentacion en el Archivo Histórico Ultramarino de
Lisboa y en el Archivo Histórico de Mozambique en Maputo.
.
El pueblo "yao" (conocido como "mujao" por autores portugueses antiguos o como "ajau"
por los contemporáneos) tenía su centro en los contornos del lago de Niassa y entre los años
1840/50 el pilar de su economía se basaba en el comercio de esclavos.
.
El Imperio Marave fue formado por los Lunda, pueblo que vivía en la región de Tete, al
norte del río Zambeze y que salió de su territorio avanzando a lo largo de este río hasta la
costa, siguiendo luego hacia el norte más allá del río Rovuma (actual frontera entre
Mozambique y Tanzania).
.
Alrededor del año 1600, Portugal envió a Mozambique colonos portugueses e indios
cristianos de Goa para establecerse en el valle del río Zambeze. En 1650, el Rey de
Portugal decidió que las tierras del valle pertenecían a Portugal y que sus propietarios
debían pagar tributos a la Corona. Las tierras pasaron a ser arrendadas por un plazo
("prazo" en portugués, de allí su denominación como "prazos da Zambézia" o "prazos da
Coroa"). Los "prazos" fueron utilizados por Portugal como una tentativa de garantizar la
colonización en esta región del interior, aunque durante muchos años hubo disputas entre
los "prazeiros" y la Corona.
.
Los "pangaios" eran pequeñas embarcaciones utilizadas por los traficantes árabes, las
cuales por sus condiciones especiales eran propicias para el tráfico clandestino de esclavos
desde pequeñas ensenadas y bahías, donde los navíos de guerra no podían hacer un control
efectivo.
.
Tomado del libro O tráfico de escravos de Mocambique para as ilhas do Indico, 1720-
1902, de José Capela. Período 1720-1799: pág. 25; período 1800-1854: pág. 41; período
1855-1902: pág. 62; Núcleo Editorial de la Universidad Eduardo Mondlane, Maputo, junio
de 1987.
.
Enrique Peregalli, Escravidão no Brasil, Global Editora, São Paulo, 1988, pág. 51.
.
Ver Madre Negra, de Basil Davidson.
CAPELA, José; O tráfico da escravatura nas costas de Moçambique, em 1902, en Arquivo,
Boletin Semestral del Archivo Histórico de Mozambique, Número 3, abril de 1988, pág. 5-
11.
Apontamento sobre os negreiros da Ilha de Moçambique, en Arquivo, Número 4, octubre
de 1988, pág. 83-90.
CAPELA, José; MEDEIROS, José; O tráfico de escravos de Moçambique para as ilhas do
Indico,
1720-1902; Núcleo Editorial da Universidade Eduardo
Mondlane, Maputo, 1987.
INDE, Editorial Escolar, Historia de Africa, Sexta Clase, varios autores, Maputo, 1987.
PANTOJA, Selma; Fontes manuscritas para a historia de Moçambique no Rio de Janeiro -
até final
do século XX, en Arquivo, Número 5, abril de 1989, pág. 41-48.
PEREGALLI, Enrique; Escravidão no Brasil, Global Editora, São Paulo, 1988.
Varios Autores; A historia da minha Patria, INDE, Editorial Escolar, Maputo, 1986.
RESUMEN: Introducción. Penetración europea en Africa. Inicios del tráfico de esclavos. El
tráfico en Africa Occidental. El tráfico en Africa Oriental. El comercio triangular.
Consecuencias del tráfico para Africa: efectos demográficos, políticos y económicos.
(Para sección HISTORIA)
Angola
Historia
Todo lo que se sabe de la historia antigua es que en la edad de piedra los cazadores y
recolectores de la región fueron reemplazados por la cultura bantú hacia el siglo VII d.C.
El país estaba en las rutas migratorias de los pueblos del norte y del este, lo que dio como
resultado una considerable mezcla de pueblos. Por ejemplo, la cultura lunda, en el río
Kasai al este, se juntó con la chokwe, de forma que se conocen ahora como lunda-
chokwe; de forma similar, los kongo, que emigraron al norte de Angola, dejaron su huella
en los reinos locales preexistentes.
Llegada de los europeos
Cuando los portugueses llegaron en 1483, buscando el legendario reino del preste Juan,
además de metales preciosos, encontraron el reino del Kongo bien asentado. El
gobernador del estado recibió a los recién llegados. En 1491 los comerciantes y
misioneros portaban regalos para enviar a la corte del manikongo (rey) Nzinga Nkuwu
(reinó entre 1482 y 1505), el cual se convirtió al cristianismo, como hizo su sucesor,
Afonso I (reinó entre 1505 y 1543), que también aceptó la dirección portuguesa en la
administración de su reino. Los portugueses, sin embargo, estaban más interesados en los
beneficios del comercio creciente de esclavos que en los trabajos misioneros o de
extensión de la civilización europea. El comercio de esclavos, con la ayuda de los jefes
locales, afectó gradualmente a la autoridad del manikongo, pues pasados 25 años de la
muerte de Afonso, el estado kongo sucumbió al ataque de los jaga, un pueblo nómada
bárbaro del este.
Periodo colonial y resistencia
Los portugueses, mientras tanto, habían extendido su influencia al sur del área de la
actual Luanda, sobre la cual pronto ejercieron su autoridad colonial. Fue el título del
gobernante local, ngola, el que dio nombre al país. Portugal establecía los gobernadores
reales que intentaban imponer su voluntad sobre la población, pero al dominio de un
extranjero se resistían obstinadamente. La lucha prolongada continuó, mientras el
apresamiento de esclavos contribuía a mantener el país en continua agitación.
No se estableció prácticamente ningún asentamiento europeo durante este periodo: en
1845 sólo había 1.800 europeos en toda Angola. Los mayores beneficios procedían del
comercio de esclavos, que continuó de forma ininterrumpida a lo largo del siglo XIX.
Hasta ese momento, habían sido hechos esclavos y enviados a las plantaciones de
América unos 3 millones de personas.
Portugal no obtuvo el control completo del interior del país hasta comienzos del siglo XX.
Posteriormente fue gobernado bajo el llamado Regime do indigenato, un sistema colonial,
en el que la explotación económica, el abandono cultural y la represión política estuvieron
en vigor hasta 1961. En 1951 el rango oficial de Angola se cambió de colonia a provincia
de ultramar; poco después, se adoptó una política de rápidos asentamientos europeos, en un
inútil intento del poder colonial para evitar lo inevitable. Durante la década de 1950 surgió
un rápido movimiento nacionalista, y en 1961 empezó una guerra de guerrillas contra los
portugueses.
VASCOS NEGREROS
Felipe II dejó en manos de los portugueses la explotación del mercado de esclavos, por lo
que percibia ciertos derechos. Las licencias se concedían a particulares, quienes se
encargaban de encaminar a los negros hacia las Indias.
Este sistema de explotación siguió funcionando, siempre dirigido por portugueses, hasta la
excisión de España y Portugal en 1640. Sevilla se convirtió, durante el siglo XVI, en
opinión de Ruth Pike, en el segundo centro más importante de esclavos en Europa, después
de Lisboa. Desde estos dos centros se proporcionaba mano de obra abundante y barata para
las minas y las plantaciones americanas 62
Pero ¿podemos imaginarnos a MARINOS VASCOS participando en una complicada
operación de aproximación a la costa africana, la posterior compra de negros en aquellas
tierras, y su transporte a las costas americanas para venderlos?
En principio, los implicados en estas actividades por tradición parecían ser los propios
portugueses, y por afinidad y cercanía a las costas africanas, los andaluces. Sin embargo, la
presencia de los vascos en lugares alejados de sus propios puertos y la participación en las
prácticas más ajenas a su primera vocación marinera queda reiteradamente ACREDITADA
por la documentación, y el tráfico de negros en las costas africanas tampoco escapó a sus
diversificadas actividades.
El control portugués en el comercio negrero
Lisboa se constituyó en la sede central del tráfico de esclavos. Desde la capital portuguesa,
donde residía el Consejo que regulaba este negocio, la mercancía se repartía allí donde la
clientela lo solicitaba. Pero este control fue cuestionado y torpedeado por las naciones
poderosas que no entraban en el reparto, descontentas tanto con el dominio ejercido sobre
la trata de esclavos como sobre el dominio de las Indias.
Un pleito de la segunda década del siglo XVII nos proporciona interesantes datos que
avalan este comportamiento del Sur y las reacciones del Norte, cuyos pueblos se mostraron
pronto dispuestos a sabotear el engranaje del poderío hispano-portugués.
A través de este pleito se observa la participación de los vascos en un mercado en el que,
obviamente, los maestros seguían siendo los portugueses, quienes no en vano habían sido
los iniciadores de la exploración y explotación del Atlántico.
Pero asimismo las noticias que se nos proporcionan en este pleito perfilan un marco
perfecto de la “legalidad” de esta explotación, que atribuía a los súbditos del Rey de España
la facultad de intervenir en el tráfico negrero.
Guinea y el tráfico masivo de esclavos
Guinea es, según muchos testimonios de la época, EL PUNTO donde se realiza la compra
de esclavos e inicia el tráfico a las Indias Un testigo de este pleito describe gráficamente el
papel que esta tierra tenía en referencia a este negocio: “Los negros en Guinea, donde es su
tierra, y de ella vienen a estos Indias de España, y no vienen de otras partes, y son de estos
reinos que van a las dichas partes”. Se de quiénes tienen derechos sobre aquellas tierras y
aquí otros que los naturales de los reinos de España y Don Felipe III.
Pero, como ocurre con casi todos los que traficaron con esclavos, éstos no eran más que un
elemento más entre una ingente serie de MERCADERÍAS que respondían a las múltiples
necesidades que acarreaba la EXCUSA de la exigencia de “hispanizar” todas las nuevas
tierras conquistadas, necesidades surgidas ante las circunstancias provocadas por el
descubrimiento del inmenso territorio americano.
La fortuna que consiguieron los URRUTIA en América fue enorme, pero así como el hecho
de traficar con negros no suponía ningún cargo de conciencia para la mentalidad religiosa
de la época, las mismas ideas religiosas trasplantadas a las Indias e impuestas en aquellas
tierras con naturalidad les incitaba, ante la idea de la muerte, a conceder la liberación de
algunos de los esclavos que tenían a su servicio.
En fin, eran simplemente hombres de la época, hijos de su tiempo, y los vascos de los
inicios de la modernidad lo eran por muchos conceptos.
La conexión vasca en el tráfico negrero
El tráfico de negros constituía legalmente un negocio controlado por los portugueses, como
hemos tenido la oportunidad de comprobar. Pero la piratería de potencias celosas de este
monopolio conseguía con frecuencia desbaratar los planes de los traficantes, robándoles los
esclavos. Los VASCOS, que según se ha visto intentaban participar en este tráfico
recurriendo a los métodos usuales y legales, acudiendo para ello a Lisboa, Angola, etc.,
tampoco despreciaban la oportunidad para adquirir las PIEZAS ROBADAS por franceses,
ingleses o flamencos.
La situación geográfica del País Vasco era la más propicia para jugar a varias bandas en el
comercio internacional.
Los negocios de esclavos en el Sur tenían el sello de la legalidad, pero los vascos no
desdeñaban adquirir en el Norte irregularmente esclavos robados por los piratas.
Tanto el caso de Juan de Zabala, del que se hablará a continuación, como del vascofrancés
Ariztoy “Amacabeaz” u “Oncededos”, ofrecen un muestrario muy significativo de
situaciones intrincadas que propiciaba el mundo de la trata de esclavos.
Una vez más, la participación de vascos en este oscuro negocio son datos que ayudan a
enriquecer el panorama del conocimientc ofreciendo nuevos haces de luz e importantes
conexiones que se no a esta actividad.
Juan de Zabala, un rico mercader guipuzcoano
Juan de Zabala, aunque su apellido completo es Zabalairala, mercader del interior de la
Provincia que tiene sus tratos con diversos materiales compra barcos, los fabrica, y maneja
cantidades muy importantes, está relacionado con lo más florido del comercio vasco de
principios del siglo XVI. Entre las mercaderías que se citan como empleadas por Zabala
nos encontramos grasa de ballena, bacalao curadillo, brea, paste
Los mercaderes con los que Zabala mantiene tratos, aparte extranjeros que no nombramos,
son vecinos de Medina del Campo, Vitoria, poblaciones vascofrancesas, etc.
En la lista de la gente que mantiene relaciones comerciales aparecen nombres vascos como
Asencio de Alzola, Sabat de Yturbide, el donostia Arnézqueta y el vitoriano Miguel de
Echebarri.
Si las cantidades de dinero significan algo en este campo, los que se barajan en relación con
los negocios de Zabala son realmente fabulosas. Aparecen partidas valoradas en miles de
escudos, y entre los muchos modos de dinero se habla en una ocasión de “veinte mil reales
en un caja que me envió de su casa”, y en otra de “seis mil ducados de ochavosi que en
cuatro cajones me envió de su casa, que de trece mil reala dinero e quedaron los dichos seis
mil ducados quietos en mi poder, etc. testifica un enorme movimiento de numerario.
Se trata pues de un mercader potente, de gran solvencia, con sus propios medios de
transporte marítimo, y que utiliza lo para transporte de hierro o pescado como para
comerciar con Azores y los principales mercados europeos.
Cuando Zabala quiere algo no repara en medios, ni legales ni económicos, como ocurre
cunado da la orden oculta y fuera del contrato legal de COMPRAR en el precio en el que se
cotizan esclavos en aquel momento.
Un caso tardío de tratante vasco de esclavos: el vitoriano Pedro Juan de Zulueta
Entre los vascos que hicieron fortuna en América no faltaron quienes basaron su negocio en
la explotación de esclavos. Candelaria Sáiz Pastor publicó hace pocos años un artículo
sobre las características de las inversiones españolas en el Caribe .
Esta autora afirma al inicio de su trabajo que de finales del siglo XVIII a finales del siglo
XIX se consolidó la industria azucarera cubana, y que en la raíz de esta implantación se
significó la masiva presencia de ESCLAVOS en las plantaciones. Este fenómeno no era
nuevo en América.
Lo que interesa destacar en esta introducción de esclavos en Cuba es la activa participación
de un importante hombre de negocios y banquero vitoriano afincado en Londres, Pedro
Juan de ZULUETA, que no es otro que el propietario del edificio que alberga la biblioteca
sobre temas vascos.
La autora de este artículo afirma en relación con los negocios que se traían en Cuba entre
Juan Manuel de Manzanedo y Zulueta que “mientras que la vinculación de Manzanedo al
negocio „negrero‟ en su primera etapa cubana resulta dificil de verificar con fuentes
empíricas, el caso de Zulueta adquirió mayores proporciones cuanto fue encausado
directamente por el Parlamento británico por su vinculación en el TRÄFICO DE
ESCLAVOS.
Su implicación en el tráfico negrero, en principio, y del asiático más legal, después, fue
clara en la década 1840-1850.
Haciendas con esclavos indios y negros
Los vascos, naturalmente, ejercieron muy activamente de comercio y esclavización
formado parte de la élite dominante, de los soldados en busca riquezas, y de los artesanos
en busca de hacer dinero rápido, y tuvieron oportunidades para adquirir esclavos, incluso
para comercio. Nos encontramos con haciendas propiedad de vascos que utilizan
trabajadores indios en situación similar a la servidumbre. Con esclavos negros trabajando
para un propietario salido de del País Vasco que intentó, desde los principios de la
conquista acuñar la frase de “hacer las Américas”.
Sobre la participación de personajes vascos en la conquista de Méjico nos lleva a
numerosos informes sobre la compraventa de esclavos llevada a por la gente que andaba en
torno a Hernán Cortés.
Uno de los principales hombres de la conquista de Méjico, el vasco Juan de Oñate,
participó también este tráfico de esclavos en el golfo de México.
En esta tipo de documentación se descubre la relación de los “indianos” con el hecho de la
esclavitud.
Martín de Ribera, vecino de Hondarribia, había vivido en Perú, y al volver confiado la
resolución de algunos de sus negocios en manos de un paisano, el mercader Martín de
Goizueta, vecino de Errenteria.
CÓMO SE ORGANIZABA UNA EXPEDICIÓN
Don Pío Baroja es uno de los expertos más documentados en el tema de la trata de negros
en los siglos XVIII y XIX, y da detalles muy reales en su obra "Pilotos de Altura".
He aquí como describe el modo de fletar un buque negrero.
"Como ya no puede quedar vivo nadie que haya presenciado con sus propios ojos cómo se
creaba y cómo funcionaba una empresa de trata de negros, lo explicaré yo con detalles.
Se constituía una sociedad de ocho o diez personas de La Habana, comerciantes,
bodegueros y almacenistas.
Se reunía un capital de cien mil duros, por lo menos.
Uno de los armadores solía ser el administrador.
Se calculaba que un buque de trescientas toneladas podía llevar a bordo, entre el sollado y
la cubierta, de quinientos a seiscientos negros. Claro que iban estibados como si fueran
vacas o caballos.
La sociedad elegía un capitán, y el capitán nombrado giraba una visita a la bahía, para ver
si hallaba un buque de buena marcha, y de preferencia construido en los Estados Unidos.
En el caso de no encontrar en la bahía uno a gusto, el capitán emprendía un viaje a
Baltimore; en este puerto yanqui se construían los más veloces.
Después de comprar el buque, el capitán se hacía cargo de él; lo llevaba a La Habana, Casa
Blanca, a uno de los muelles. Se examinaba el barco desde la quilla hasta el tope, tanto el
casco como la arboladura, y se reparaban todas las deficiencias encontradas.
En seguida se ajustaban con un maestro tonelero doscientas pipas de aguada estibadas en la
bodega. Un carpintero tomaba la contrata para construir un sollado de tablas de quita y pon
sobre las barricas de la aguada y bajo la cubierta. El velero cosía un juego nuevo de velas,
pues las que solía llevar el buque se deshacían en el camino antes de llegar a la costa de
África.
Aquellas lonas servían también para abrigar a los negros cuando dormían sobre cubierta.
Las faenas preparatorias se terminaban en dos o tres semanas a fuerza de gente y de oro. En
tanto, los armadores se agenciaban un factor para las compras de negros en África. Casi
todos aquellos factores eran portugueses o agentes de los portugueses. En el intervalo, el
capitán encontraba sus oficiales: tres pilotos, primero, segundo y tercero; dos guardianes,
un condestable y el cirujano. Como los puestos eran peligrosos, se buscaba gente fiel y de
confianza.
Ningún capitán se embarcaba en la carrera africana sin llevar varios viajes de piloto. El
elegido debía ser hombre valiente, experimentado y sereno; había que sostener en el barco
una disciplina rígida; si venían las cosas mal, entregarse al crucero inglés que intimaba la
rendición, y si existían posibilidades de resistir con éxito, contestarle a cañonazos.
Al mismo tiempo, el capitán debía conocer las costumbres y las enfermedades de los
negros.
Al momento de instalarse el factor en el barco hacía una lista de los géneros que tenía que
llevar; se la entregaba a los armadores, y el administrador y él comenzaban a recorrer los
almacenes. Los géneros comprados se depositaban en un cobertizo.
Los guardianes y el condestable vigilaban la aguada y se agenciaban leña, calderos para el
rancho, alambiques y filtros, por si escaseaba el agua; coys, sirenas de mano, maletas de
cinc, jarras para llevar la pólvora de la santabárbara, bombas, palanquetas, sacos de
metralla, lampazos con que enjugar la cubierta, carracas, que usaban a veces los capataces
africanos, y zambullos o baldes de madera.
El bodeguero almacenaba toda clase de géneros de comer y beber, como dulces, conservas,
cecinas, mermeladas, vinos y licores.
El factor se ocupaba sólo de lo relativo a los negros, y compraba, primero, aguardiente.
Los reyezuelos y personajes importantes de África no podían vivir sin aguardiente, al que
llamaban, en las orillas del Congo, mala fo.
Por lo general, los barcos negreros llevaban treinta o cuarenta pipas de alcohol, ocho o diez
fardos de guineas azules y cuatro de guineas blancas. A estas telas de algodón las llamaban
guineas, porque eran las que servían para la compra de negros en la costa de Guinea.
Cargaban también los factores dos fardos de telas de romales, dos de sarasa, cuatro o seis
cajas de abalorios, ocho o diez de fusiles, cien barriles de pólvora, de arroba y de arroba y
media, y un sinnúmero de chucherías. Se llevaban trescientos pares de grillos dobles para
poner a cada negro en el pie, una o dos barras de justicia y cien pares de esposas. Al mismo
tiempo se embarcaban útiles de carpintería, de herrería y de artillería.
Cuando el barco se encontraba ya listo, se largaba en el tope del palo trinquete una bandera
cuadrada, roja, indicación para pedir gente. Al llamamiento acudían marineros de todas las
naciones, muchos reincidentes en el viaje a la costa de Guinea, y el contramaestre los
escogía uno a uno.
Generalmente, se pagaba a cada marinero de cuarenta a cincuenta duros al mes, por
adelantado, y en el caso de lucha, el armador se comprometía a darles una gratificación de
cincuenta a cien duros.
Al tercer día después del ajuste, por la madrugada, debían estar todos a bordo.
Entre la oficialidad del barco negrero, el factor era de los más importantes; además de su
sueldo, cobraba el diez por ciento de los negros llegados a salvo. Si un capitán, factor o
piloto traía a bordo algunos negros adquiridos por él, al armador le correspondía la mitad
del precio de tales negros por el pasaje y la manutención. Los factores, generalmente, iban
contratados para comprar tres o cuatro cargamentos de ébano. A veces pasaban largas
temporadas en África, y escribían a los armadores cuando reunían el cargamento completo.
Los capitanes de los buques negreros cobraban la comisión del diez por ciento y cien o
ciento veinte duros al mes.
El primer piloto ganaba ochenta duros mensuales y seis duros por cabeza; su obligación era
la derrota, ocuparse del consumo del agua y de los víveres, llevar una lista de los muertos
en alta mar, subir a los palos con el anteojo cuando el vigía cantaba vela y curar a las negras
enfermas.
El segundo piloto ganaba cuatro duros por cabeza y setenta al mes. Su obligación consistía
en montar la guardia del capitán y llevar el diario de a bordo.
El tercer piloto tenía dos duros por cabeza y sesenta mensuales. Hacía guardias, copiaba los
apuntes del factor y se hallaba encargado del botiquín.
Generalmente, el reyezuelo o el cacique prestaba sus carpinteros para construir las barracas.
El tercer piloto debía hacer, además, la cura a los negros, en compañía del contramaestre;
cuidar de la bodega, probar la comida y estar siempre con el fouet o musinga en la mano.
El contramaestre tenía el mismo sueldo que el tercer piloto.
El contramaestre se ocupaba en cumplir las órdenes del capitán, mandar a la marinería,
disponer el aseo del buque y vigilar para que la comida fuese buena.
Los primeros y segundos guardianes espiaban a los negros, observaban si comían o no, si
complotaban algo, y tenían siempre media caldera de agua hirviendo con sus grandes
cucharones de hierro, pues en caso de sublevación, lo que más terror producía a los negros
era el agua hirviendo, y con este procedimiento bárbaro se acababan sus batallas. Los
guardianes ganaban cincuenta y sesenta duros mensuales y un duro por cabeza de negro.
Había además otro empleado, llamado pañolero o bodeguero. El bodeguero vigilaba la
bodega, los víveres y la aguada; solía tener a sus órdenes ocho o diez negros jóvenes,
llamados muleques, encargados de poner orden.
El cirujano cobraba diez reales por cabeza de negro y cincuenta duros mensuales.
A veces aparecía en la dotación un capitán, llamado de bandera, capitán ficticio, puramente
de aparato, y que servía de testaferro.
Cuando existía capitán de bandera a bordo, éste ganaba un duro por cabeza y cincuenta al
mes.
Entonces el capitán efectivo solía presentarse oficialmente como si fuera pasajero.
Cuando el buque negrero se encontraba ya listo, se disparaba un cañonazo, se levaba el
anda, y si no había viento, lo remolcaban algunos botes.
Al aproximarse al muelle de Caballería de La Habana, se acercaban al costado casi siempre
quince o veinte guadaños o botes de alquiler llenos de gente, comerciantes de la ciudad
interesados en la expedición. Venían a almorzar a bordo fuera del Morro. El capitán solía
disponer un gran almuerzo.
Regía la costumbre de que cada convidado escogiera los cubiertos, platos y copas, y
después de servirse de ellos los tirara al agua. Esto se practicaba para dar una impresión de
riqueza y de rumbo.
Tras de la ceremonia, los comerciantes habaneros daban la mano de despedida a los
oficiales del buque y en seguida se embarcaban en los guadaños, haciendo grandes saludos
con sombreros y pañuelos.
Algunos capitanes, socios en las empresas, solían al despedirse dar verdaderos banquetes,
que les costaban cientos de pesetas, a los que acudían los negreros de La Habana y sus
queridas y otras mujeres de vida alegre.
EL VIAJE y LA COMPRA DE NEGROS
Desde el momento en que se emprendía el viaje y se salía a alta mar, se ponía un grumete
en el tope de proa para avisar al oficial de guardia cualquier vela que se presentara a la
vista.
Todo barco mercante o de guerra era un enemigo para el negrero. Nunca paz por debajo de
la línea. "No peace beyond the une", decía Drake. Todo es enemigo fuera del puerto,
podíamos decir nosotros. Si se veía algún buque de guerra, se variaba el rumbo, y luego se
iba enderezándolo hasta llegar a África.
Al aproximarse al punto de destino, generalmente la costa desde Sierra Leona a la orilla del
río Congo, llegaban unas cuantas canoas con dos o tres negros a bordo. El capitán mandaba
darles aguardiente y les compraba huevos, gallinas y pescado.
Aquellos negros proporcionaban al capitán y al factor cuantas noticias pudieran desear: qué
buque salió el último, cuántos esclavos llevó, si iba a La Habana o al Brasil, si quedaban
muchos negros en la plaza, a qué precio se cotizaban, cómo se llamaba el reyezuelo.
Contaban también si había estallado alguna guerra entre las tribus, si se hicieron muchos
prisioneros, si rondaban ios buques ingleses y si frecuentaban aquellas aguas las canoas de
los curmanes.
Los curmanes servían de espías a los ingleses y daban aviso a los buques de guerra cuando
recalaba un negrero. Los curmanes, gente de Liberia y de Sierra Leona, pagadas por el
gobierno de Inglaterra, hablaban inglés.
Al llegar al poblado, el capitán se embarcaba en su bote y saltaba a tierra, se presentaba en
la casa del reyezuelo, le explicaba su objeto y discutía con él; el reyezuelo exigía primero
sus derechos: cuatro o seis garrafones de aguardiente, un barril de pólvora, un fusil y seis
piezas de guinea. A este lote daban el nombre de cábala.
El capitán preguntaba al reyezuelo cuántos esclavos podía entregarle pagándole lo de
costumbre, y le pedía que pusiera guardias cuando se construyeran las barracas para que no
se le escapasen los presos.
El buque se conducía a un fondeadero y se daba principio a la construcción de las barracas,
cerca de la costa. El capitán y el factor se internaban río arriba llevando género para
comprar cincuenta o sesenta hombres.
En el primer poblado alquilaban una choza, que les servía de tienda. Con sus sirvientes
principiaban a hacer unos lotes.
TRATOS EN AFRIKA
En un listón de madera como el que sirve para tallar a los quintos marcaban siete pies de
altura, los dos últimos de arriba divididos en pulgadas.
El negro valía más cuanto mayor fuese su estatura. Si medía seis pies, valía dieciocho
piezas, entre ropas, abalorios, pólvora, aguardiente, fusil, etcétera. Cada pulgada de menos
se rebajaba una pieza. Las mujeres tenían mas valor si eran jóvenes y de buen aspecto.
La unidad de medida para la compra era diferente en los distintos países: en Bonny se
llamaba una barra; en la Costa de Oro, una onza; en Calabar, un cobre; en Benin, una
caldera; en Angola y en el Congo, una pieza.
Concluidas las barracas se desembarcaba todo el cargamento, y el tercer piloto solía remitir
en lanchones hacia el interior la mayoría de los artículos clasificados.
A los pocos días el reyezuelo se presentaba en el buque con su estado mayor, todos
armados, y el jefe con una corona de barbas de elefante en la cabeza.
El capitán invitaba al jefe o reyezuelo a sentarse en un taburete, mandaba sacar unas
cuantas botellas de aguardiente; la primera copa la recibía el jefe, pero no podía beber sin
dar antes su parte a su dios, Grigri o Xuxu.
Este dios venía a ser unas ataduras que llevaba en el puño y en la cintura, con unos nudos, y
dentro de ellos un poco de tierra, hierbas, barbas de elefante y cortezas de distintos árboles.
El reyezuelo echaba un poco de aguardiente a su dios, a quien suponía amigo del alcohol, y
el resto se lo bebía él; los de su estado mayor le imitaban.
Celebrada la ceremonia, comenzaban las operaciones financieras en grande. Se presentaban
dos o tres comerciantes con ocho o diez negros, tomaban asientos, bebían aguardiente y
discutían los precios; después de ellos venían otros, y otros, casi todos portugueses o
mestizos de portugueses.
Con relación al precio, los muchachos robustos tenían más valor; los viejos con la cabeza
rapada, menos; las mujeres con hijos, menos que las solteras, y a las viejas no las quería
nadie. En general, el negro, cuanto más oscuro era y más robusto, valía más. El negro
pálido no producía confianza.
Los negros venían al mercado con sus comerciantes y havildares, generalmente sueltos,
pero si eran prisioneros de guerra, cimarrones del bosque o ladrones, los traían atados.
Solían emplear para ello una caña de bambú de una vara de larga, con dos agujeros en los
extremos; en cada agujero de éstos iba sujeto cada brazo con un bejuco, y con los dos
brazos en forma de cruz y con un cordel atado a la cintura, el amo llevaba a su esclavo
como un aldeano lleva a su vaca al mercado o al matadero.
Cuando un jefe mandaba un pelotón de soldados suyos a los bosques, a cazar a los
cimarrones, recomendaba que los cogieran a palos o con trampas, y que si les disparaban
tiros de fusil lo hicieran de las nalgas para abajo; así muchos prisioneros, al parecer fuertes,
tenían las piernas débiles por las heridas, y eran inútiles para trabajar.
En ocasiones, un reyezuelo guardaba hasta doscientos presos de esta clase, y si no llegaba
pronto algún buque de trata, el reyezuelo no encontraba mejor procedimiento de zafarse de
ellos que cortarles la cabeza.
Cuando se les reprochaban estas muertes, decían que la manutención de tanta gente les
costaba mucho.
Los esclavos eran de distintas procedencias: unos hechos por astucia por el factor, otros
prisioneros del reyezuelo y cautivados por él, algunos, criminales, ladrones y adúlteros que
el gobierno de la tribu vendía.
Había también prisioneros de guerra, esclavos nacidos de madre esclava, y algunos, muy
raros, hombres libres que, impulsados por su pasión por el juego, se jugaban a sí mismos y
a sus familias, convirtiéndose voluntariamente en esclavos.
Había otra clase de esclavos llamados en el país esclavos de casa, hijos de los esclavos
unidos al servicio de la finca de un dueño. Era raro que estos cautivos fueran vendidos a los
extranjeros. Se consideraba deshonroso entre los negros propietarios el venderlos.
Únicamente lo hacían los hombres desprestigiadós, jugadores y borrachos.
Allí, en el Congo, cada familia tenía muchos hijos.
Un jefe podía reunir cuarenta o sesenta mujeres propias; un particular, hasta ocho. Cuando
un congolés se quería casar con una mujer, debía pedir permiso al reyezuelo, e ir de gala.
Para esta ceremonia cada uno llevaba una piel blanca de gato sujeta a la cintura y colgando
por delante.
EL VIAJE DE VUELTA CON LA CARGA
Respecto a la moral de los capitanes y pilotos negreros, era indudable que se
acostumbraban a ver en sus expediciones una aventura peligrosa en que se podía perder el
dinero y la vida y ganar la fortuna.
La desdicha del africano encadenado no les hacía mella: lo consideraban como a un animal.
La codicia les impulsaba a no dejar a los negros en su barco más que un espacio parecido al
que ocupa un muerto en su ataúd.
Muchos negros estaban obligados a viajar siempre sobre un lado, replegados sobre sí
mismos, sin poder extender los pies. Acostados, sin vestidos, sobre un suelo muy duro,
traídos y llevados por el movimiento del barco, su cuerpo se cubría de úlceras y sus
miembros no tardaban en ser desgarrados por los hierros y las cadenas que los tenían atados
unos a otros.
Cuando llegaba el mal tiempo y se cerraban las escotillas del barco, los sufrimientos eran
horribles; echados los unos sobre los otros, sofocados por el calor insoportable de la zona
tórrida y por la exhalación nauseabunda que salía de sus cuerpos, la sentina del barco
parecía un horno ardiente y pestífero.
Aquellos desgraciados, encerrados de tal manera en un calabozo infecto y privado de aire,
solían lanzar gritos lamentables; se les oía llamar y decir en su lengua:
"Aquí nos ahogamos"; pero los negreros no hacían caso.
Había terribles negreros, capitanes crueles y desalmados, con instintos sádicos, que no sólo
estibaban a los negros como si fueran fardos, sin dejarles sitio para moverse, y si morían los
tiraban al mar para que sirvieran de pasto a los tiburones, sino que los martirizaban.
Éstos utilizaban la barra de justicia, una barra de hierro con grillos para los pies, y el collar
que se conocía con el nombre francés de carcan.
Había casos terribles. Cuando el barco negrero la Jeune Estelle, de la Martinica, con su
capitán, Olimpio Sanguines, se dirigía camino de las Antillas, un crucero inglés le dio caza.
Mientras se efectuaba la persecución pasaron por cerca del çrucero varias barricas. Cuando
los ingleses entraron en el barco se quedaron asombrados de no ver negros, pero oyeron
gemidos que salían de una barrica.
La abrieron y encontraron dos muchachas negras asfixiadas y medio muertas. Todo el
cargamento había ido al mar metido en las barricas, y aquellas dos muchachas quedaban
porque los negreros no tuvieron tiempo de echarlas por la borda.
El capitán Sanguines, de la Martinica, hizo su procedimiento famoso entre los negreros, y
algunos le imitaron en casos parecidos.
Los portugueses y brasileños, que llevaban muy poca tripulación en sus barcos, sólían tener
a los negros encadenados por brazos, piernas y cuello, sin sacarlos al aire, y muchas veces
se morían asfixiados por el ambiente espeso y el calor de la bodega.
Algunos negreros eran verdaderamente satánicos; muchos llevaban a bordo perros
antropófagos, que se alimentaban de carne y bebían sangre humana. Estos animales feroces,
conocidos por los colonos de América con el nombre de perros devoradores, eran
empleados en las colonias para la caza de los cimarrones.
En algunos barcos negreros se les colocaba durante la noche cerca de las escotillas, a fin de
que se echaran sobre el negro que intentara, a favor de la oscuridad, salir de la bodega para
respirar o para tirarse al mar.
También solían usar, sobre todo los brasileños, otro sistema muy bárbaro. Tenían a todos
los negros con un par de grillos a los pies, lo mismo en la bodega que en la cubierta o en el
entrepuente, y pasaban por entre las piernas de los esclavos una cadena delgada, a la cual
ponían un sistema de poleas. A la menor alteración o bulla, tiraban de la cadena, la ponían
tensa a cierta altura y quedaban los negros cabeza abajo.
En épocas anteriores a la mía, muchos de los negreros eran también piratas. Se recordaba el
caso del capitán Lemoine, al mando de la Bamboche.
Lemoine partió de L´Íle-de-France para hacer la trata, encontró un barco portugués cargado
de negros y de polvo de oro, se lanzó al abordaje, mató al capitán, al contramaestre, a un
coronel portugués que iba de pasajero, encerró a los marinos en la bodega, robó cuanto
había, hizo un agujero en el barco, para hundirlo, y se marchó.
A los negrófilos, lo que más les indignaba era el baile que se celebraba en los barcos
negreros al son del tamtam. En general era un baile inocente. A veces, los negros se
excitaban y había que poner marineros en las bordas para que no se tirasen al agua porque
se volvían como locos. Después de estos bailes las escenas en la sentina debían de ser
terribles.
El espíritu de lucro de los negreros se comunicó a los negros, y los padres vendían a los
hijos y los maridos a las mujeres. Los agentes europeos impulsaban con frecuencia a la
guerra a unas tribus contra otras y a los reyezuelos entre sí. El odio se unía a la codicia,
porque el vencedor no sólo ganaba la guerra cuando la ganaba, sino que vendía a todos los
prisioneros.
Los franceses, en el Senegal, acostumbraron a los reyezuelos a hacer prisioneros a los
indígenas de su mismo país y a venderlos; desde entonces solían coger todos los habitantes
y hacerlos esclavos.
Los negros mismos eran los peores traficantes de la gente de su raza y de los que con más
dureza trataban a sus esclavos.
Antiguamente, y en tiempo de Zaldumbide, por lo que me dijeron, los capitanes se
entendían con los mismos negros comerciantes, que tiraban tiros, tocaban el tambor o
encendían hogueras en la costa para dar a entender que tenían esclavos a la venta. Era la
época en que con unos paquetes de guinea, abalorios y unas cuantas escopetas viejas, todo
por valor de cinco o seis mil pesetas, se compraban cargamentos de negros para venderlos
en La Habana o en el Brasil por ochenta o cien mil duros.
Respecto a las tripulaciones negreras, naturalmente, podía asegurarse que las constituían lo
peor de cada casa. A los marineros no se les exigía libreta ni documentos.
Los capitanes y pilotos eran de distinta procedencia: franceses, ingleses, españoles,
portugueses o italianos y de varios países de América, en particular brasileños y cubanos.
De éstos no se podía decir quiénes eran mejores ni peores: había de todo.
Entre los marineros negreros se notaban diferencias grandes: los franceses se mostraban
reñidores y borrachos; los portugueses y gallegos, roñosos y disciplinados y un tanto
serviles; los italianos, ladrones y vengativos; los brasileños y cubanos, gandules y
perezosos, y los primeros más crueles, pues trataban a los negros peor que al ganado, como
si tuvieran algún agravio que vengar de ellos.
Entre los españoles, los peores marinos para los viajes negreros eran los catalanes y los
vascos. Los catalanes reclamaban siempre y creían que los engañaban, todas eran quejas.
Los vascos se mostraban indisciplinados, desesperados, marineros rebeldes, marineros
tigres. Creían, sin duda, que, fuera de su país y de su pueblo y en un barco dedicado a la
trata, no quedaba en pie ni leyes ni respetos humanos. Probablemente, de ser marinero, yo
hubiera creído lo mismo. Esta condición se sabía entre los negreros, y una tripulación
completa de vascos no la hubiese aceptado ningún capitán, de miedo a la rebelión.
La gente de color tampoco se admitía en un barco negrero, al menos en gran número,
porque podían jugar una mala pasada; así que, fueran soplets, como llamaban los franceses
a los marineros negros, o curmanes que hablaran inglés, no entraban en las dotaciones de
barcos negreros más que en exigua minoría.
Aunque en Hispanoamérica hubo esclavos indios (los Caribes), esta condición fue propia
de los africanos. La ética entonces vigente dudó de la posibilidad de esclavizar a los
indios, que fueron declarados libres, pero no a los africanos, situación que era
considerada normal. Había esclavos negros en casi todas las ciudades costeras de
España y hasta en la misma corte papal. Es más, la solución de importar negros en las
Indias para aliviar el trabajo de los naturales fue sugerida por los mismos religiosos
(dominicos) que luchaban en favor de los indios (el padre Las Casas incluido). Los negros
fueron así emigrantes forzosos a América. Se les cazaba como animales o se les compraba
en los mercados esclavistas africanos, transportándoles luego al Nuevo Mundo para ser
vendidos como mercancía. El negocio esclavista es una de la mayores lacras de la
civilización occidental y en la que están implicados por igual los países que vendieron y
compraron dichos esclavos. Los primeros negros llegaron como compañeros de los
conquistadores y procedían de la Península, donde había unos cien mil, principalmente en
las zonas ribereñas del Mediterráneo. El tráfico empezó a operar a raíz de la transformación
de la economía minera de La Española en agrícola, debido al cultivo de la caña. La primera
licencia conocida fue otorgada a Lorenzo de Gorrevod, en 1518, para transportar 4.000 a
Santo Domingo. Luego hubo otras a los Welzer, a la mujer de Diego Colón, etc. Más tarde
se compraron a los esclavistas portugueses e ingleses. Finalmente, los portugueses lograron
regularizar este negocio a partir de 1595, obteniendo licencias. Desde 1595 y 1600 se
llevaron a Hispanoamérica 25.338 esclavos. Durante los primeros 40 años del siglo XVII se
mantuvo el asiento portugués, que introdujo otros 268.664. La independencia de Portugal
hizo disminuir luego el negocio negrero, que cayó en manos de algunos asentistas de menor
consideración. Entre 1663 y 1674 se introdujeron otros 18.917 esclavos. Naturalmente estos
datos se refieren al tráfico legal, que algunos cifran en la mitad o un tercio del ilegal. En
total, se supone que durante el siglo XVII entrarían en Hispanoamérica unos 400.000, que
sumados a los 75.000 que Curtin da para el siglo XVI darían un total de casi medio millón
para ambas centurias. Los puertos a los que llegaba mayor número eran Cartagena,
Veracruz, Buenos Aires, seguidos por los de otras zonas del Caribe: Cuba, Margarita, Santo
Domingo, Puerto Rico y Venezuela. Los esclavos procedían de diversos lugares de África
(Guinea, Senegal y Congo sobre todo) y se les embarcaba en algunos puertos, reflejados en
los gentilicios que se les daban(mandingas, congos, angolas, minas, etc.). Se llevaban en las
bodegas de los buques negreros y en condiciones inhumanas, muriendo en la travesía el
23% de ellos. Los supervivientes eran vendidos en subasta y obligados a trabajar para sus
amos en minas o plantaciones. Se ha asegurado que en la aclimatación (vida en esclavitud y
adaptación a la nueva dieta) moría otro 25%. Lo increíble es que este grupo sobreviviera a
su circunstancia y se reprodujera (en algunos lugares fue realmente difícil), llegando a
configurar los esclavos criollos, una tipología esencial en la nueva América. Los datos
sobre población negra existente en Hispanoamérica son aún más discutibles que los del
tráfico. Se calcula que hacia 1570 había unos 40.000, y que serían ya 735.000 a mediados
del siglo XVII. Por esta época había ya muchos negros libres. Plantean un verdadero
enigma, pues las posibilidades de salir de la condición de esclavo eran mínimas. Algunos lo
lograban porque sus amos les entregaban la libertad cuando se veían a punto de morir, otros
la compraban poco a poco, cultivando en su tiempo libre una pequeña parcela, que se les
entregaba en la plantación, o robándole algo al amo cuando los arrendaba a otros españoles
para algunos oficios. Los más, lograban la libertad huyendo al monte y convirtiéndose allí
en cimarrones o negros alzados. Se asociaban entre sí y formaban los llamados Palenques o
repúblicas independientes, donde vivían con sus propias autoridades y sus leyes peculiares.
Desde los palenques asaltaban los caminos o haciendas próximas, constituyendo una
verdadera pesadilla para las autoridades españolas de algunas gobernaciones (Cartagena,
Panamá, Santa Marta), que enviaban periódicamente tropas contra ellos. Ante la
imposibilidad de reducirles, terminaron por ofrecerles la libertad y tierras si accedían a
radicarse en algún sitio, lo que hicieron en no pocos casos. La situación de estos libres en
las ciudades era muy variable, y Le Riverend cita un caso de un libre habanero que tenía un
corral de puercos, poseía un esclavo y tenía un indio asalariado.
"EL SISTEMA PORTUARIO Y MERCANTIL EN EL CARIBE EN EL SIGLO XVIII: PRECIOS DE CACAO, LA
TRATA E ESCLAVOS Y SU IMPACTO EN LA PROVINCIA DE CARACAS"
Robert J. Ferry. Universidad de Colorado, Estados Unidos
Desde temprano en el siglo diecisiete hasta más allá de la mitad del siglo dieciocho, la
economía de Caracas tenía solamente dos aspectos de importancia: la importación de
esclavos negros africanos, y la exportación del cacao. La trata de esclavos, la mano de obra
esclava, y el comercio de cacao formaron la sociedad caraqueña a su alrededor. Durante el
siglo dieciocho hubo cambios dramáticos en la estructura del comercio caribeño-atlántico,
cambios que tuvieron también dramáticas consecuencias en Caracas, pero la esclavitud y el
cacao nunca dejaron de ser sobresaliente ahí.
Aunque el cacao era nativo de los valles de la costa caribeña, casi desde el comienzo de su
cultivo para el mercado las arboledas de cacao dependían de la esclavitud africana.
Curiosamente, con toda probabilidad, en sus primeros años la comercialización del cacao
dependió más de la trata de esclavos que de la mano de obra esclava en sí. Originalmente, o
sea en los años veinte del siglo diecisiete, los primeros dueños de cacao, porque eran
encomenderos de indios, tenían suficientes trabajadores indígenas como para hacer la
cosecha. No les hacía falta esclavos. En los primeros años del comercio, más bien antes del
comienzo de la venta del cacao, sí les hizo falta los barcos y mercaderes para llevar sus
cosechas al mercado. Les convenía, entonces, la llegada a las costas de Caracas de los
mercaderes de esclavos portugueses, hombres plenamente conscientes de los mercados de
la Nueva España, quienes estaban dispuestos a cambiar sus cargamentos de esclavos por
cacao con valor equivalente. Según los estudios ya clásicos de la pareja Chaunu, en
términos del tiempo que se tardaba en navegar el Atlántico, en ese entonces Caracas estaba
situada casi a la mitad del viaje desde la costa de Africa occidental hasta México, y es lo
más probable que los mercaderes portugueses estaban muy contentos de hacer trueque de
su frágil mercancía humana por el mucho más durable cacao que se podía vender ganando
bien en la Nueva España. Para los caraqueños los esclavos representaban una fuerza de
trabajo mucho más perdurable que sus indios de encomienda (también movible y
heredable). Tenemos pruebas de la existencia de haciendas de cacao hubicadas en la costa
caraqueña de 80 o 100 esclavos ya desde los años 1650.
Todavía nos falta un estudio del mercado de cacao en México. No sabemos en detalle por
qué el cacao caraqueño disfrutó de una constante demanda ahí durante todo el resto del
período colonial. Pero en muchos casos los herederos de los mantuanos (nombre usado para
la élite caraqueña) de la primera fase de la exportación de cacao, los que iniciaron sus
actividades comprando esclavos antes de 1650, aún pertenecían a la clase dirigente (y aun
esclavista) al final del siglo dieciocho. Es bastante notable y sin paralelo en la historia
hispanoaméricana colonial el éxito en cuanto a su supervivencia durante tantas
generaciones como clase dominante de los grandes cacaos (apodo que se usaba en el siglo
dieciocho). Recordamos que Simón Bolívar representaba la séptima generación de la
familia Bolívar en Caracas.
La poderosa demanda de sus cosechas les permitía a los caraqueños dueños de esclavos y
cacao conseguir extensas parcelas de tierra apropiada para el cultivo del cacao, y en
muchos casos antes del final del siglo diecisiete se había formado una clase terrateniente
con terrenos bastante en exceso de lo que ellos podían cultivar con los esclavos que tenían.
Durante las primeras tres décadas del siglo dieciocho ésta demanda siguió sin pausa, y con
la llegada de la Real Compañía Guipuzcoana también llegó a Caracas el nuevo, muy
amplio, y completamente abierto mercado europeo para chocolate. Por lo tanto, la
producción del cacao caraqueña continuaba aumentándose.
Como un imán, Caracas atraía inmigrantes en búsqueda de los beneficios que les aportaba
el cacao. Sobre todo durante los primeros años del siglo dieciocho-bien antes del
establecimiento del monopolio guipuzcoano es necesario decir-llegaron a Caracas personas
decididas a establecerse con haciendas de cacao. Sobre todo eran personas isleñas, muchas
de ellas sin esclavos y sin tierras propias para el cultivo, pero siempre muy entusiasmadas
con las posibilidades de continuar con la tradición que ya venía de generaciones y
aprovecharse del constante buen mercado para el cacao. Con el tiempo no tardó en aparecer
conflictos sobre tierra entre isleños y mantuanos, quienes poseían la tierra en exceso-
inclusive valles enteros, y también conflictos con la gente criolla de color, ex-esclavos
muchos de ellos. Estos morenos libres, quienes tampoco tenían tierra para sembrar cacao,
estaban dispuestos a luchar juntos con los isleños, tal vez porque creían que así tenían
mejor oportunidad de persuadir la corona de darles porciones de las extensas posesiones de
la élite. Rechazados como aliados por los inmigrantes isleños, que les veían como
competidores en la lucha, los libres se aprovecharon de precedentes históricos para
conseguir su meta. Su petición le pedía a la corona que se acordara de una real órden del
año 1697 después de la pérdida de la mitad de la isla de Española a los franceses. En este
entonces el rey decretó que los esclavos que se escaparon de sus nuevos amos franceses
serían libres al llegar a territorio español (Santo Domingo).
También recibirían terreno gratis para ganarse la vida. En su petición los morenos de
Caracas informaron a la corona que algunos de ellos, cuando eran esclavos, habían huido de
los holandeses de la isla de Curaçao, y que otros eran hijos de esclavos quienes antes
habían pertenecido a holandeses caribeños de Curaçao y otros lugares. Por su parte los
isleños tomaron por ridículo los argumentos de los morenos, advirtiendo en 1728 que sería
muy riezgoso para la seguridad de la colonia establecer gente de color en terrenos lejanos
de Caracas. Refiriéndose a otra recién pérdida grave, la de Jamaica a Inglaterra, los isleños
insistieron en su contra-petición que en caso de una invasión de ingleses, los negros
situados en valles lejos de la supervisión de blancos fieles a la corona apoyarían al enemigo
y entonces Caracas se convertiría en una "Nueva Jamaica."
Después de todo, tanto morenos libres como isleños recibieron terrenos para el cultivo de
cacao en zonas distantes a veinte leguas o más de la ciudad de Caracas. Los sitios más
conocidos son el valle de Curiepe, donde los morenos recibieron derecho de establecerse y
títulos de terrenos en la década de 1730, y el valle de Panaquire, tributario del importante
río Tuy, donde los isleños montaron su iglesia parroquial en 1737 después de años de lucha
por a estar ahí. A la vez, como es de suponer, la mayor parte de la buena tierra para el cacao
quedó en manos de los mantuanos. Un estudio muy detallado del asunto nos indica que de
los más de cinco millones de árboles de cacao que se encontraban en la provincia de
Caracas en el año 1744, tres millones y medio pertenecían exclusivamente a los "grandes
cacaos." En 1720 la proporción de árboles en manos de la élite era igual a lo que sería la
situación veinticuatro años después; en menos de una generación el número de árboles
aumentó en casi cincuenta por ciento (de aproximadamente 3.25 millones de árboles a 5.06
millones), pero el boom de cacao no afectó el dominio por parte de los mantuanos de la
tierra productiva.
La expansión constante de los mercados y sembradíos sí permitía entrada a la economía
cacaotera de Caracas a cierto número de individuos de origen humilde. Basados en
documentación de buena calidad, mis estimados indican que había un aumento de alrededor
del cincuenta por ciento en el número de árboles de cacao en la provincia de Caracas entre
1720 y 1744. Pero el aumento de 1684 hasta 1720 fue aún más dramático: de alrededor de
cuatrocientos treinta mil árboles en 1684 a los tres millones doscientos cincuenta mil en
1720. En treinta y seis años la cantidad de plantas de cacao aumentó por más de siete veces.
Durante los sesenta años comprendidos entre 1684 y 1744 la producción de cacao en la
provincia de Caracas se multiplicó por más de diez. Por supuesto que había lugar para
algunos cosecheros ambiciosos en esta frontera expansiva.
Probablemente la mayor diferencia entre los nuevos cacaoteros y los que disfrutaban más
antigüedad en la colonia (en sí la antigüedad era una diferencia social de importancia) fué
el que los mantuanos tenían esclavos y los nuevos no los tenían o tenían pocos.
Recordémonos que la esclavitud fue el otro polo del eje fundamental de la Caracas colonial.
La demanda por el cacao era enorme, aumentada por un número cada vez más grande de
consumidores indígenas de México, quienes lo mezclaba con chiles como tradición, y un
número cada vez más grande de consumidores europeos, quienes lo preferían como
chocolate. La tierra para el cultivo del cacao también era extensa, aunque algo difícil de
adquirir para algunos. Pero la mano de obra esclava no fue así de elástica.
Aunque había quejas sobre lo inadecuado de la trata de esclavos durante los últimos años
del siglo diecisiete y los primeros años del dieciocho, las fuentes nos permiten suponer que
hasta 1739 los esclavos que llegaron a Caracas sí eran, en términos generales, suficientes
como para satisfacer la demanda que existía por ellos. El número de esclavos africanos que
fueron vendidos en Caracas es modesto en comparación con las ventas en otros lugares de
las Américas, pero en cada año de la década de los treinta centenares de ellos sí pasaron por
Caracas rumbo a las nuevas arboledas de cacao ubicadas en la zona fronteriza del río Tuy.
En 1739 la trata fue parada en una manera abrupta como consecuencia de guerra entre
España e Inglaterra, la cual puso fin al asiento de negros, licencia exclusiva de la corona
española para importar esclavos que hasta ese entonces estaba en manos de la inglesa South
Sea Company.
La disolución del asiento británico causó cambios de suma importancia en la provincia de
Caracas. De ese momento en adelante, por cuarenta y cinco años-una generación entera, no
hubo importaciones de esclavos a Caracas. Hasta ahora la historia no ha apreciado en lo
más mínimo este hecho sobresaliente, el análisis del cual debería tomar dos formas. En
primer lugar es el impacto del South Sea Company sobre los precios pagado en Caracas por
el cacao.
Los contratistas ingleses no solamente abastecían esclavos a sus clientes caraqueños. De
igual o tal vez mayor importancia, la presencia de la South Sea Company mantenía alta la
demanda por el cacao. En todos los demás mercados del imperio español donde tenía
factorías, los ingleses estaban dispuestos a vender su mercancía humana a crédito, pero en
Caracas no aceptaba sino cacao (o pesos de plata mexicana). Los precios subían
irregularmente durante los primeros años del régimen de la compañía inglesa, pero durante
los diez años cuando los dos monopolios funcionaban juntos en Caracas-desde el
establecimiento de la Compañía Guipuzcoana en 1728 hasta el fin de la South Seas
Company en 1739, la competencia por el cacao entre ellos, combinado con la demanda
tradicional de la Nueva España, causó que los precios pagados por el cacao alcanzaran altos
niveles nunca experimentados en Caracas. La palabra dinámica caracteriza bien la década
de los treinta. La lucha comercial entre los vascos y los británicos contribuyó directamente
a: 1) una ola de inmigración canaria y el establecimiento de muchos isleños en nuevas
haciendas de cacao; 2) una ola de importación de esclavos; 3) prosperidad general, pero
especialmente beneficiosa a los mantuanos "grandes cacaos," quienes ya tenía cantidades
de cacao que podían vender a precios al doble de lo que estaban antes de 1728. La
eliminación de la South Seas Company, más como comprador de cacao que abastecedor de
esclavos, tuvo un impacto impresionante en Caracas.
Después de 1739 la Compañía Guipuzcoana quedó sola en una situación dominante en
Caracas. La política internacional eliminó la competencia de los ingleses, y la política local
les permitió a los vascos controlar el comercio tradicional con la Nueva España, ya que el
comercio con México había sido explícitamente excluido de su monopolio. Los
comerciantes vascos, con la ayuda de dos gobernadores vascos (Martín de Lardizábal, 1731
á 1737, y Gabriel José de Zuloaga, 1737 á 1747), pusieron un fuerte control global sobre la
exportación de cacao. La reacción de la colonia en contra de sus actuaciones fue de quejas á
protestas y por fin á rebelión en 1749. Por casi dos siglos y medio los argumentos
presentados por la misma Compañía han sido aceptados como una explicación válida de la
respuesta fuerte caraqueña: los colonos se enojaron porque la Compañía y los gobernadores
mencionados pararon lo que hasta ese entonces había sido un extenso comercio
contrabandista. Hasta ahora la historia nos repite el mismo mensaje: los caraqueños,
mantuanos inclusive pero especialmente los canarios inmigrantes, vivían de un trato
cacaotero ilegítimo, pero los vascos les trajeron órden y les impuso la ley real.
Un análisis frío revela algo diferente: desde que llegaron a una cumbre sin precedentes en
1737 y 1738, los precios pagados por el cacao cayeron a niveles bajos nunca conocidos en
1748 y 1749. Liberado de la competencia de los ingleses, los vascos solamente tuvieron que
impedir o bloquear el comercio con México como para apoderarse de todo el comercio de
cacao cultivado en la provincia de Caracas. Para este fin aplicaron una política que explotó
en controversia. En 1731, a apenas dos años del comienzo de operaciones del monopolio
guipuzcoano, el gobernador Lardizábal estableció un nuevo reglamento en cuanto al
proceso de tomar carga en el puerto de La Guaira. Antes de esta fecha los cosecheros tenían
el derecho de vender o consignar su cacao a cualquier mercader o capitán del barco. Era
común que varios barcos se llenaron de cacao simultáneamente, y cada capitán podía
decidir por sí mismo cuando zapar-con la bodega de su barco llena o no.
Pero esta libertad fue cambiada radicalmente por el reglamento de 1731, el cual puso en
régimen un sistema llamado simplemente la alternativa. Seguramente el motivo de la
alternativa era conseguir cargos de cacao para los navíos de la Compañía Guipuzcoana,
porque con la nueva órden el primer barco que llegaba al puerto para tomar cargo de cacao
no podía salir sino cuando su bodega estaba completamente llena. Ningún otro barco podía
empezar el proceso de tomar cargo hasta que el primero se hubiese llenado. Así la
compañía vasca estaba asegurada de que podía conseguir el cacao que deseaba aunque
tuviera que competir con los mercaderes de esclavos ingleses y los cosecheros caraqueños
que preferían participar en la carrera de Veracruz. La alternativa trajo quejas desde el
momento de su creación, porque muchos mantuanos ganaban bien si vendían su proprio
cacao en México, donde los precios siempre estaban por muy por encima de los de Caracas,
y entonces no estaban dispuestos de vender sus cosechas a los vascos.
Mientras los precios seguían subiendo, aparentemente la alternativa no era mucho más que
una molestia para los con contactos comerciales en la Nueva España, y ningún problema
para los nuevos cosecheros como los isleños, quienes no tenían tales relaciones comerciales
en lugares distantes y por eso estaban contentos de vender su cacao en Caracas o La Guaira,
igual a mantuano caraqueño, inglés, o vasco.
Después de 1739, con los precios en pleno declive, al llegar un navío de la Compañía
Guipuzcoana a la cabeza de la fila de barcos, el cosechero se encontraba en una situación
difícil, porque no le quedaba otro remedio sino vender su cacao por lo que la Compañía
estaba dispuesto darle. Así la Compañía ganó dominio del comercio con Nueva España,
porque gracias a la alternativa nadie podía mandar cacao para el mercado mexicano (o
ningún otro destino) mientras un barco de los vascos tenía su buque abierto para recibir
carga. La fila de barcos esperando en el muelle de La Guaira se alargaba, el cacao se
acumulaba en los almacenes de mantuanos en Caracas y las casas del campo de los isleños.
A la vez el poco cacao que llegaba a México hizo que la demanda allá elevara por mucho
los precios que los mexicanos estaban dispuestos a pagar por él. En estas circunstancias
podemos imaginar cómo lo atractivo del comercio contrabandista pasó a ser más bien
necesario en algunos casos. ¡Qué irónico es el que por tantos años la historia47 haya
aceptado el cuento de la Compañía sobre el éxito de sus esfuerzos en contra de las
tendencias tradicionales de los caraqueños hacía el contrabando! Irónico porque ahora
estamos seguros que fueron la política de la alternativa y el dominio sobre el régimen de
precios después de 1739 lo que les permitió a los vascos gobernadores-monopolistas
controlar la economía en una manera casi hermética. En enero de 1745 el cabildo de
Caracas, en una carta de protesta escrita al rey, expresó la crisis en términos gráficos y
precisos: el comercio legitimo ya era "garganta muy pequeña para el vómito del estomago
grande que es esta provincia."48 Sin exageración se puede decir que en su dedicación de
llenar sus navíos con cacao, la Compañía Guipuzcoana rompió con tradiciones de comercio
y en el proceso forzó algunos cosecheros al comercio ilegítimo primero, y a la rebelión
después.
Es conveniente regresar al otro punto del eje, dejar el cacao y considerar muy brevemente
la esclavitud, por lo menos la trata de esclavos, en la región de Caracas en el siglo
dieciocho. La rebelión de Juan Francisco de León, el isleño quien encabezó el movimiento
en contra de la Compañía Guipuzcoana de 1749-1751, nos sirve bien para marcar el fin de
más de un siglo de expansión económica basada en la mano de obra esclava. En términos
generales, debido al hecho de que la población de esclavos en la provincia de Caracas se
reproducía, los descendientes de caraqueños que tenían cantidades de esclavos en 1739
cuando se acabó la South Seas Company siguieron siendo dueños de esclavos hasta las
guerras de independencia. Por otro lado, los que no los tenían para esa fecha no los iban a
tener después, y sus herederos y descendientes tampoco.
Aparentemente los rebeldes de 1749 estaban conscientes de lo significativo de las
transiciones que estaban pasando a su alrededor. Sin esclavos para comprar, y con los
precios tan bajos que no podían pagar los fletes de los arrieros para llevar su cacao al puerto
de La Guaira, los canarios y otros que llegaron tarde a la agricultura cacaotera perdieron la
esperanza de pertenecer a la clase terrateniente. Muchos de ellos creían que la situación era
el resultado de una política nefasta vasca de no solo negarles haciendas de cacao y esclavos,
sino también de convertirlos en obreros trabajadores para los mantuanos, y así liberar la
provincia de su dependencia tradicional de mercaderes de esclavos extranjeros. Cuando el
hijo de Juan Francisco de León le dijo a un compatriota canario que el debía unirse a la
causa de su padre porque "los vascos quieren hacer esclavos de todos nosotros," su uso de
la palabra "esclavo" probablemente era más preciso que metafórico.49
Los historiadores no se han dirigido directamente al asunto del cese del comercio de
esclavos, aceptando la opinión expresada en la obra clásica de Roland Hussey de que la
Compañía Guipuzcoana simplemente falló por ser incapaz con su responsabilidad de
proveer esclavos a la provincia.50 Desde sus primeros estudios de la provincia en la década
de 1720, cuando estaban preparando sus proyectos y solicitudes para el monopolio real, los
vascos hablaban de un "exceso" de mano de obra hispana en Caracas, nombrando canarios
sobre todo como "vagabundos" sin trabajo. Los primeros comentarios que conocemos sobre
las posibilidades de pagar salarios a trabajadores no esclavos en las haciendas de cacao
aparecen en 1745, justamente coincidiendo con la caída fuerte de precios.51 Años más
tarde, en 1775, cuando el encargado de la Compañía Guipuzcoana en Caracas recibió un
órden del metrópoli pidiéndole información sobre el número de esclavos que se necesitaba
en la provincia y las capacidades de los hacendados de pagar por ellos, se negó a hacer el
estudio, diciendo que "era administrador de agenos intereses."52 Obviamente los vascos de
la Guipuzcoana no querían tener nada que ver con la esclavitud en Caracas. ¿Podría haber
sido que la rápida acomodación con la Compañía que hicieron muchos mantuanos después
de 1752 fue porque la élite caraqueña también reconoció lo que el hijo de León y muchos
de sus compañeros vieron: que los canarios inmigrantes y otra gente humilde hispana iban a
ser obligados a sustituir a los esclavos en sus arboledas de cacao?
Una vez acabada la competencia entre los vascos y los ingleses monopolistas y contratistas
el boom de cacao llegó a su fin. La trata atlántica de esclavos terminó, y la inmigración
canaria a Caracas se entorpeció.53 También se congeló la estructura social de la provincia.
Los que tenían cantidades de esclavos seguirían siendo amos de ellos en las siguientes
generaciones, y los que no los tenían no los tendrían. No hubo importaciones de esclavos a
Caracas hasta 1784 cuando la compañía de Baker y Dawson de Liverpool recibió permiso
para renovar la trata y vendió más de tres mil africanos en tres años. Esta prolongada
suspensión del comercio de esclavos resultó en la división central de la sociedad caraqueña
por el resto del siglo: los miembros de la élite eran de viejas familias cuyos muchos
esclavos les distinguían de otros que no los tenían. El valor social de poseerlos es evidente
en la composición de las casas de Caracas-el famoso viajero francés François Depons
observó en 1806 que en Caracas "la riqueza de una casa está en proporción al número de
esclavos que contiene."54 En 1759 una casa caraqueña en tres tenía esclavos, y el promedio
de esclavos en estas casas era entre cinco y seis por casa. Pero en las casas de los
mantuanos (85 casas) había un promedio de 17.5 esclavos (y menos de 7 blancos).
En 1792 estas proporciones habían cambiado pero poco. Es un proceso curioso pero
sobresaliente en la historia de Caracas del siglo dieciocho el que el casi absoluto cese del
comercio de esclavos dio lugar a la superabundancia de esclavos en el servicio doméstico
en las casas de la élite, un símbolo profundo de su éxito como grandes cacaos.
Pasado y presente de la esclavitud africana
Trinidad Tuttolomondo
Observatorio de conflictos. Argentina, enero del 2002.
Introducción
La esclavitud es una forma de sometimiento del hombre por el hombre que se practicó
desde la antigüedad y para vergüenza del hombre, continúa en nuestros días bajo
formas diversas.
En África, como en otros continentes, la esclavitud no era desconocida antes de la llegada
de los europeos. A diferencia de Grecia antigua, por ejemplo, donde el esclavo era
asimilado a la categoría de "cosa", en este continente el esclavo poseía derechos cívicos y
derechos de propiedad, existiendo además, múltiples procedimientos de emancipación. Se
distinguía generalmente entre esclavos de casa y esclavos de guerra, aunque estos últimos
terminaban por formar parte de la primera categoría después de cierto tiempo. En general,
en África, el esclavo se integraba rápidamente en la familia que lo poseía. En Kongo, por
ejemplo, un padre de familia llamaba a su esclavo mwana (el hijo, el niño). En otros lugares
de África, la situación no era tan favorable, pero la estructura patriarcal y comunitaria
impedía que el esclavo negro fuese un bien en el sentido griego del término. Por otro lado,
existían étnias en las que el esclavo era desconocido, como entre los fang de África
ecuatorial.[i]
Los europeos produjeron un giro en la historia de la esclavitud de África, exportaron
esclavos en cantidades alarmantes a regiones desconocidas para los africanos y modificaron
la concepción de esclavitud asimilando directamente esclavo = cosa, con todo lo que esta
caracterización implica para la vida del hombre.
El descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón en 1492 y la posterior
ocupación de este continente por parte de los europeos va a repercutir a partir del Siglo XVI
en otra región del planeta: el continente africano. La causa de este hecho radica en que la
conquista de América, con todas las riquezas naturales y perspectivas de desarrollo que
ofreció a sus conquistadores, requería de la complementación indispensable de mano de
obra para la apropiación de tales riquezas y la obtención de ventajas en la explotación
económica de tan vastas zonas. Va a ser justamente en África en la que pondrán los
europeos los ojos para subsanar la falta de mano de obra que se producirá en América luego
del exterminio de la población nativa. Comenzará así, un flujo incesante que durará
cuatrocientos años, en el cual millones de africanos atravesarán compulsivamente en barcos
negreros el océano Atlántico para posteriormente ser vendidos a los colonizadores de
América.
En este trabajo voy a esbozar superficialmente -dada su complejidad- la problemática de la
esclavitud africana, dando a conocer en términos generales las características inhumanas
que implicó la trata, sus consecuencias, las formas de resistencia que los esclavos
implementaron a la misma, las causas de la abolición y las formas de esclavitud que
subsisten en la actualidad. Quiero destacar que este trabajo es simplemente un ensayo que
no pretende de ninguna manera abarcar la complejidad de la cuestión tratada; simplemente
pretendo aportar un granito de arena a la toma de conciencia de una problemática que lejos
de haber terminado con los decretos abolicionistas continúa en nuestros días.
La trata negrera
La exploración de las costas de África, el descubrimiento de América en el siglo XV y su
colonización en los tres siglos siguientes, impulsó de forma considerable el comercio de
esclavos.
Los conquistadores españoles y portugueses, en un primer momento utilizaron a los
indígenas para cultivar las grandes plantaciones y trabajar en las minas, pero con el paso del
tiempo, estos "bienes inagotables" terminaron agotándose debido a las durísimas
condiciones de trabajo, a la miserable alimentación, a las deficientes condiciones de
higiene, a los durísimos castigos, a la falta de inmunidad contra las enfermedades europeas,
en una palabra, a las duras condiciones de vida a la que eran sometidos. El derrumbe de las
poblaciones indígenas (total en las Antillas y parcial en el continente americano) provocó el
aumento del número de esclavos, la relación era directamente proporcional: cuantos más
esclavos morían, más se necesitaban. Al ser millones los nativos que murieron a causa de la
rudeza de los trabajos, se optó por importar a las colonias españolas y portuguesas - a partir
del siglo XVI- esclavos africanos creyendo que podrían soportar mejor el trabajo forzado:
suposición errada y nuevamente desastrosa para los hombres elegidos.
El tráfico negrero se realizaba a través de factorías que rodeaban el continente africano. En
un primer momento eran los piratas, comerciantes y navegantes particulares quienes se
dedicaban a esa actividad, pero a partir del siglo XVII comenzó a ser ejercido por las
grandes compañías. Estas se encargaron también de la instalación de factorías y la
construcción de fuertes y bodegas para almacenar a los esclavos. Hay que destacar que el
monopolio que intentaba imponer la compañía no excluía la presencia de otros sujetos
implicados en la trata. Por ejemplo, en el caso de Portugal, el tráfico continuó llevándose a
cabo por negreros particulares -especialmente a partir del Siglo XVII- cuando las relaciones
entre las posesiones de África y el Brasil comenzaron a ser directas debido a la
interferencia en el Atlántico de otras potencias traficantes de esclavos.
Debemos distinguir entre la trata oriental y la occidental. En rasgos generales, la trata
oriental abarcaba a un grupo reducido de esclavos, mientras que la trata occidental era
altamente superior en cifras y se llevaba a cabo con medios mucho más poderosos. Esta
última se centraba principalmente en la obtención de "bienes de producción", por esto, se
exportaban en su mayoría hombres vigorosos y una minoría de mujeres de edad adulta. La
trata oriental, en cambio, estaba orientada a la consecución de "bienes de consumo", en su
mayoría niños y mujeres para servidumbre doméstica, para engrosar los harenes, etc.; los
hombres solían ser utilizados como mercenarios o bien como guardias de palacio. El trabajo
de esclavos negros en las plantaciones sólo comenzará a darse tardíamente.
En la costa occidental de África el tráfico trasatlántico de esclavos comenzó en el siglo XV,
más concretamente en el año 1441 con el tráfico de los primeros esclavos africanos llevado
a cabo por los portugueses. Los futuros esclavos eran capturados generalmente por otros
africanos y transportados a la costa occidental de África. España, al poco tiempo, imitó esta
práctica aunque durante más de un siglo Portugal siguió monopolizando el comercio. A
finales del siglo XVI, el Reino Unido empezó a competir por el derecho a abastecer de
esclavos a las colonias ultramarinas detentado hasta entonces por Portugal, Francia,
Holanda y Dinamarca. En este momento, los ingleses que llegaron con retrazo a la carrera,
comienzan a dominar los mares, adjudicándose el liderazgo en el comercio negrero: el
primer cargamento fue transportado en 1562. En 1713, la British South Sea Company
consiguió el derecho exclusivo de suministro de esclavos a las colonias transoceánicas.[ii]
La trata continuará siendo legal hasta finales del siglo XIX, con grandes diferencias
temporales en los diferentes países.
A través de la costa oriental africana, ya durante el siglo XV, los comerciantes árabes
enviaban esclavos de África central a los mercados de Arabia, Irán y la India. Ahora bien,
el tráfico de esclavos realizado por europeos, llegó más tarde que a la costa occidental. Fue
a partir de 1645 que los traficantes y comerciantes portugueses comenzaron a capturar y
exportar esclavos de Mozambique debido a la ocupación realizada por los holandeses, en
agosto de 1641, de Angola y Benguela, dominadas hasta entonces por los portugueses. El
tráfico se intensificó a partir de la segunda mitad del Siglo XVIII. Ya antes de ese siglo
habían salido esclavos de Mozambique, pero en ningún caso el número fue tan elevado y
alarmante como desde el Siglo XVIII en adelante. A partir de los primeros años del Siglo
XIX, las relaciones comerciales con el exterior pasaron a depender casi exclusivamente de
la exportación de esclavos. De todos los puertos de Mozambique se exportaban cautivos
para las islas francesas del Indico, América, Arabia, Golfo Pérsico, India y Goa. A partir
de 1830, los árabes fueron los principales traficantes de esclavos. Muchas
embarcaciones árabes, desde diferentes puertos de Mozambique trasportaron gran número
de esclavos para las islas Comores y Madagascar, entre otras regiones. La ciudad de
Zanzíbar a partir de 1839 se convirtió en un verdadero centro del tráfico de esclavos en la
costa oriental de África.[iii] A partir de 1854, el tráfico de esclavos para las islas francesas
pasó a llamarse "exportación de trabajadores libres". Esto se debió a la prohibición del
tráfico y al control de los ingleses en el Indico.
En términos generales, en África los esclavos eran trocados por productos europeos, en
general de calidad mediocre y de escaso valor, como tejidos, bebidas alcohólicas, espejos,
armas, collares, etc. Una vez llegados a América también continuaba el trueque, en general
eran cambiados por tabaco, algodón, madera, café, oro, plata, y otros minerales preciosos.
La trata se desarrollaba según un esquema rutinario: los futuros esclavos eran capturados en
el interior o a lo largo de la costa, actividad que desencadenaba verdaderas guerras que
dejaban como saldo infinidad de heridos y muertos, pero casi siempre un saldo "preciado":
los esclavos. Estos, una vez encadenados, eran trasladados a pie hasta los barracones -se
encontraran donde se encontraran- con todo el esfuerzo físico que implicaba sobre todo
para los heridos -por no hablar de los niños. Estos sitios eran sucios, pestilentes, el agua
potable escaseaba, y el calor ahogaba.
Obligados a convivir con las enfermedades, el maltrato, la sed, el hambre y la aglomeración
se veían diezmados poco a poco. Dentro de esas estructuras se llevaba a cabo una de las
actividades repugnantes de la trata: la separación de padres de hijos, de hermanos, esposos,
amigos, parientes o vecinos, de acuerdo con la elección que llevara a cabo el comerciante.
En estos lugares esperaban semanas o incluso meses hasta que el barco pasara a recogerlos,
y una vez a bordo debían permanecer en las costas africanas hasta que el cargamento se
completara. En el barco las condiciones eran incalificables, el hacinamiento, el hambre, la
suciedad, la pestilencia, el calor sofocante, la tortura, el dolor y el pánico lo inundaba todo.
Como la travesía duraba dos meses -en el mejor de los casos- la mortandad que se producía
bajo esas condiciones era inmensa. Sumado a estos tormentos, antes de la llegada, los
enfermos o heridos, que corrían el riesgo de no poder venderse, eran lanzados al mar.[iv]
Una vez llegados a destino los esclavos solían ser cebados o incluso drogados para que
lucieran saludables, eran sometidos nuevamente a un examen anatómico pormenorizado y
luego, eran comprados por algún plantador o minero ávido de explotarlos. Su calvario
comenzaba un nuevo capítulo. En las plantaciones o en las minas, el hambre, la falta de
sueño, las condiciones de trabajo inhumanas y los malos tratos, terminaban por agotar el
vigor del esclavo, y una vez sin fuerzas, el amo prefería comprar uno nuevo que cuidar de
su esclavo enfermo. El círculo mortal comenzaba de nuevo su curso...
Formas de resistencia
Resulta relativamente sencillo hablar de las diversas formas de resistencia a las que se
puede echar mano, para quienes no hemos conocido esa forma de esclavitud. Muchas veces
olvidamos la dificultad que implica resistirse viviendo, o más precisamente, "sobre-
viviendo" extenuado, aterrorizado, enfermo, herido, sediento, golpeado, famélico y agotado
intelectual y psicológicamente. No obstante, la resistencia constituyó la contrapartida de la
esclavitud. Esto nace del hecho de que el esclavo nunca puede reducirse a la categoría de
"objeto" a la que se le quiere confinar. Por esto, la esclavitud siempre implicó una
vigilancia continua y los castigos físicos fueron de aplicación común para los esclavos. Para
someterlos se desarrolló una cruel tecnología para la tortura y el suplicio: los grilletes, las
sogas, el cepo, las cadenas, el látigo y la marca con hierros al rojo vivo para asegurar la
propiedad.
Los esclavos adoptaron infinidad de formas de resistencia como contrapartida al
dominio de los amos: los gritos, la lucha, la huída, el trabajo realizado en más tiempo que
el exigido, el robo de propiedades, los sabotajes, las huelgas de brazos caídos, el asesinato
de capataces y amos, la quema de los edificios de las haciendas, las sublevaciones, las
rebeliones, etc., etc.[v]
Los palenques fueron otra forma de resistencia. Constituyeron núcleos en donde los
fugitivos reorganizaban su proyecto de vida, trastocado por la esclavitud. En ellos crearon
verdaderas "republicas independientes" y eran el centro de su acción guerrera, ya que no
eran construidos al azar en cualquier sitio, sino que correspondían a una necesidad de
defensa, ubicados en lugares estratégicos de acuerdo a la topografía del terreno, contando
con fosos, trampas y empalizadas (de ahí el nombre de palenques).
Entre las miles de rebeliones de esclavos que tuvieron lugar a lo largo de la historia de la
esclavitud, no puedo dejar de mencionar al menos algunas de ellas: las rebeliones de
esclavos negros en 1532 en Venezuela; en 1533 en Cuba y Panamá. En 1547 la prolongada
rebelión de Sebastián Lemba en La Española; en 1550 la rebelión de Juan Criollo que duró
varios años. En 1579, la sublevación de los negros rebeldes en Portobelo (Panamá) que
llevó a la firma de un tratado de paz con los colonos españoles mediante el cual los
esclavos consiguieron la libertad colectiva. En 1635 se destacan, las rebeliones de los
esclavos negros de Jamaica que llegaron a tal extremo que la Asamblea de Jamaica se vio
en la necesidad de enviar una petición de ayuda a la metrópoli. La lista no se agota: la
rebelión de los esclavos de Haití en 1791 que constituyó el núcleo del proceso haitiano
de independencia y las rebeliones de Puerto Rico y Cuba en 1812 que fueron fuertemente
sofocadas por miedo a que se duplicaran los sucesos de Haití.[vi] Estas rebeliones, se
suman a la larga lista de resistencias personales, sublevaciones y rebeliones llevadas a cabo
en la misma África, en el Caribe, en América, y en aquellos sitios donde se conoció la
esclavitud. La mención de las innumerables rebeliones de esclavos implica un trabajo
investigativo arduo y está fuera del propósito de este trabajo, por esto, simplemente me he
limitado a mencionar unas pocas de todas ellas, a modo de ejemplo y de recuerdo.
Entre otras formas de resistencia adoptadas por los esclavos es interesante prestar atención
a las canciones y los cuentos que realizaban los esclavos. Dos canciones pueden servirnos
de ejemplo a este respecto:
"Cultivamos el trigo,
y ellos nos dan el maíz;
Horneamos el pan,
y nos dan el mendrugo;
Cribamos la harina,
y nos dan la cáscara;
Pelamos la carne,
y nos dan la piel;
Y de esta forma,
nos van engañando."[vii]
"No más migajas de maíz para mí, no más, no más,
No más latigazos del amo para mí, no más no más..."[viii]
Con esta somera descripción de las formas de resistencia sólo he intentado mostrar que la
resistencia no se agota simplemente en rebeliones triunfantes, huidas exitosas o luchas
campales, sino que también, una mirada; un "¿por qué?"; un grito; por qué no, el silencio;
una canción; un relato o una poesía constituyen otras formas de resistencia que no deben
ser olvidadas.
Consecuencias del tráfico
Las consecuencias del tráfico de esclavos para África fueron negativas, más bien
desastrosas, en todos los aspectos.
A nivel demográfico, el tráfico de esclavos causó estragos en el continente africano cuyas
consecuencias son sufridas incluso en la actualidad. El éxodo forzado de millones de
personas provocó la disminución del crecimiento vegetativo de la población africana, ya
que los hombres y mujeres en edad de procreación fueron los más vendidos. Hay regiones
que no se han recuperado de la exportación masiva de sus habitantes, los espacios vacíos e
improductivos y la falta de mano de obra, delatan día a día el genocidio perpetrado. Es
interesante apuntar que entre 1500 y 1870 el crecimiento demográfico acusó en África un
retraso sensible con relación al de cualquier otro continente durante el mismo período, y
cuando cesó la demanda de esclavos hacia finales del siglo XIX, el crecimiento
demográfico alcanzó entre 1900 y 1950 una de las tasas más elevadas del mundo.
En cuanto a las cifras, los datos estadísticos que se obtienen de los libros de a bordo de los
barcos o de los puertos negreros no permiten llegar a conclusiones exactas, sino tan sólo
aproximadas. Un error que se ha cometido muchas veces es tomar en cuenta sólo el número
de esclavos que llegaban a las colonias, sin tener en cuenta las pérdidas humanas que se
producían en África a lo largo de todas las etapas por las que atravesaba el esclavo antes de
llegar a destino: durante las guerras, la larga marcha hasta la costa, durante el
almacenamiento esperando el embarque y en el mismo barco. Algunos investigadores
llegan a decir que entre los siglos XV y XIX el continente perdió más de cien millones de
hombres y mujeres jóvenes, contando la trata occidental y oriental, y teniendo en cuenta
que por cada negro vendido, otros cuatro o cinco, aproximadamente, morían en África
durante las batallas, en el camino o en el mar [ix].
A lo expuesto hay que agregar el gigante movimiento de población que provocó la trata:
muchas poblaciones, ante el peligro de la esclavitud, abandonaron sus regiones originales,
refugiándose en las zonas interiores, ayudando de esta forma a la despoblación. Si
apuntamos que las poblaciones africanas se fundamentan en una economía agrícola, es
decir, sobre la estabilidad y la permanencia, resulta incalculable el daño que estos traslados
generaron a las actividades productivas. Si sumamos a esto, el fuerte desarraigo, el terror y
la inseguridad crónica en la que vivían permanentemente estas poblaciones, hay que
agregar que, el hecho mismo de proyectar actividades productivas a largo plazo -
indispensable en la agricultura- también se tornaba imposible.
En el plano político, la trata desencadenó guerras crónicas, acentuó la violencia tribal e
intertribal y fue una de las causas del desmoronamiento de muchos reinos. Una vez que las
armas de fuego se introdujeron en África, los soberanos comenzaron a depender de ellas ya
sea para capturar esclavos o para defenderse de vecinos con las mismas intenciones. De
este modo se produjo una reacción en cadena. La aristocracia, los jefes y los comerciantes
africanos querían aumentar su riqueza, autoridad y poder, queriendo también defenderse de
otros pueblos, para ello, necesitaban de armas de fuego y mercancías de Europa. Esto hizo
surgir un circulo vicioso: para obtener los fusiles -u otras mercancías- necesitaban vender
esclavos, y para capturarlos necesitaban fusiles. En este contexto, la fabricación de armas
de fuego se transformó en un gran negocio de exportación. Con ellas se organizaban
extensas cazas de hombres, ataques a otros pueblos, tribus y aldeas, con el fin de someterlos
y venderlos como esclavos.
De este modo, se deterioraron las relaciones entre los diversos reinos y tribus. Los pueblos
del litoral y del interior más próximo se encontraban en guerra continua. Así, a partir del
Siglo XVI los reinos de Benín, Congo y Angola en África Occidental, tal como el Imperio
Mutapa en África Oriental, se desmoronaron. En los siglos XVII, XVIII y XIX, en las
selvas del Golfo de Guinea y en el valle del río Zambeze se desarrollaron estados militares
con base en el comercio de esclavos. Tenían una rígida organización militar, poseían
grandes ejércitos permanentes y se enriquecían con la venta de esclavos capturados
haciendo la guerra a los pueblos vecinos.[x]
A nivel económico, las consecuencias negativas directas e indirectas para el continente
africano son incalculables.
Además de la captura de hombres y mujeres, el tráfico promovió el saqueo sistemático de
los bienes producidos, a través de tributos o de pillaje. Los traficantes saqueaban el
producto de las cosechas, ganado, marfil, pieles, cera, maderas preciosas, etc. Sumado a
todo esto, el hecho de que las poblaciones, huyendo de la esclavitud, se movilizaran a
lugares escogidos en función de su inaccesibilidad, dificultó el desarrollo de vías de
comunicación, y la elección de sitios propicios para la construcción y para el desarrollo de
actividades económicas productivas como la minería y la agricultura. El tipo de hábitat
elegido, favoreció la economía de subsistencia y desalentó las actividades comerciales.
El tráfico de esclavos trajo al continente africano un estancamiento, por no decir un
retroceso económico. Las actividades económicas como la agricultura, los tejidos, la
minería, la artesanía, la alfarería y el comercio local se fueron reduciendo y se orientaron a
una actividad económicamente más productiva: la exportación de seres humanos.
No solamente la trata de negros retrasó el desarrollo de las economías africanas por sus
efectos demográficos y por las conmociones que produjo sino que ha impedido también, la
expansión de intercambios "normales" entre África y el resto del mundo en una época en
que los intercambios eran un poderoso motor de desarrollo económico.[xi] En lugar de
poner a la venta productos, ahora el único producto de fácil venta en el mercado eran los
propios productores. Por lo tanto, el tráfico de esclavos retardó el desarrollo y creó
condiciones para el actual estado de subdesarrollo que sufre en la actualidad el continente
africano.
Pero no todos fueron perdedores, Europa y América del Norte durante este período fueron
ampliamente favorecidos por la expansión del comercio mundial, y esta expansión fue
debida en gran parte a la movilización de esclavos africanos para explotar los recursos de
América. Además, gracias a los grandes beneficios del tráfico negrero, las ganancias
pudieron ser invertidas en industrias de transformación cuyo nacimiento marca el de la gran
industria. En concepto de recursos humanos y de materias primas, podemos decir, entonces,
que África ha contribuido en el desarrollo económico de Europa y de América del Norte.
A nivel psicológico la historia de esclavitud dejó una huella imborrable en la mente de todo
africano sometido o no a la esclavitud. El hecho de haber sido esclavo es una violación
imborrable al derecho más intrínseco del ser humano que es la libertad. El golpe
psicológico es sentido como traumático tanto para quién ha vivido la esclavitud en carne
propia, como para aquél que ha tenido contacto indirecto con ella, a través por ejemplo, de
la esclavización de su pueblo, de un hermano, marido, hijo, pariente o conocido.
De la constante presencia de la cuestión de la esclavitud en la mente de los africanos dan
testimonio unos niños negros de una escuela privada de Cincinnati. Frente a la pregunta:
"¿En qué piensas más?", de las cinco respuestas que constan en los informes todas tienen
que ver con la esclavitud. Un niño de siete años escribió: "Me da pena pensar que el barco...
se hundió con doscientos pobres esclavos provenientes de río arriba. ¡Oh, cuánta pena
siento al oírlo! Me apena tanto el corazón que podría desmayarme en un minuto.[xii]
Abolición de derecho
Es un hecho que la esclavitud como forma legal de trabajo ha sido abolida en todos los
países del mundo, pero día a día descubrimos que fue tan sólo una abolición de derecho,
porque de hecho la esclavitud -bajo formas diversas- subsiste en la actualidad.
La abolición de la esclavitud fue un proceso lento que se resiste a generalizaciones ya que
las aboliciones respondieron a diversos factores, que se combinaron de formas distintas de
acuerdo a cada caso en particular. Ahora bien, para acercarnos al análisis, podemos
convenir en el hecho de que las causas ideológicas, sociales, políticas y económicas,
jugaron un papel importante.
A nivel ideológico, en el siglo XVIII algunos filósofos franceses, Voltaire, entre otros,
comenzaron a hacer públicas sus posturas resueltas en contra de la esclavitud. Los abates
Raynal y Grégoire, con la Sociedad de Amigos de los Negros, fueron otros que iniciaron
una ofensiva contra la esclavitud de los negros, y partir del siglo XIX Roma lanzará una
campaña de amplitud en contra del esclavismo. En cuanto a Gran Bretaña, serán los
cuáqueros y los metodistas quienes bregarán por la abolición de la esclavitud. Por otra
parte, en cada país donde funcionaba el sistema esclavista comenzaron a surgir voces de
diferentes ámbitos que se levantaron en su contra.
En el plano social, es claro que las rebeliones de esclavos jugaron un papel importante a la
hora de evaluar la viabilidad y rentabilidad de la esclavitud. No hay que olvidar que en
Haití la abolición de la esclavitud fue el resultado de una revuelta de esclavos. En el ámbito
político, sin lugar a dudas las coyunturas locales e internacionales aceleraban o retrazaban
el proceso de abolición. En Estados Unidos, por ejemplo, la esclavitud fue abolida a través
de una guerra civil.
A nivel económico, no cabe duda de que a medida que evolucionaba el sistema capitalista,
el antiguo sistema de trabajo comenzaba a ser desplazado. En efecto, Gran Bretaña, que era
la primera potencia europea que iniciaba la revolución industrial, luego de haber relegado la
agricultura en aras de la industria, tenía una imperiosa necesidad de ampliar la demanda de
productos manufacturados. Ahora, los negros que interesaban ya no eran los productores
manuales, sino los consumidores de tejidos de Manchester y de útiles y herramientas de
Birmingham o de Sheffield. Holanda, Francia y el resto de las potencias europeas seguirán
más tarde el camino que en 1792 inició Dinamarca constituyéndose en el primer país
europeo que abolió el comercio de esclavos.
Hay un hecho que hay que resaltar: la abolición no implicó la supresión definitiva de la
esclavitud sino su ilegalidad. De hecho, la servidumbre forzosa, la trata clandestina, la
explotación y los prejuicios no se extinguieron con la abolición. La mayoría de los antiguos
esclavos continuaron viviendo en condiciones de miseria, muchos de ellos incluso bajo el
mismo amo y sometidos a la misma explotación -física y mental- que antes de la abolición.
Por otro lado, abandonar al amo implicaba dejar el único reducto conocido en un país
extranjero y someterse a la deriva total en cuanto a trabajo, techo, comida, etc. Legalmente
ya eran libres, pero de hecho eran esclavos con pocas posibilidades de llegar a ser libres: la
dominación, el sometimiento, la discriminación y la explotación seguían formando parte de
su realidad.
La esclavitud, presente
La esclavitud como forma de trabajo legal ha sido abolida en todos los países del mundo
pero la abolición no implicó su desaparición: la esclavitud es una realidad que subsiste.
Hoy la esclavitud toma variadas formas, por esto en este último punto, no voy a limitarme a
la esclavitud africana porque hoy la esclavitud nos acecha a todos: por un lado, los países
desarrollados mantienen a los países subdesarrollados bajo un régimen de servilismo y
explotación, donde las cadenas y los látigos se han camuflado en los requerimientos del
Fondo Monetario Internacional, el cual exige cada día más las reservas y recursos naturales
como pago de intereses de una deuda externa agiotista y oportunista a la cual entregamos
nuestra autonomía y nuestra propia supervivencia como pueblos; por otro lado, subsiste la
venta y tráfico ilegal de personas, tráfico donde las principales -aunque no exclusivas-
víctimas son los niños, los pobres, las mujeres, los desvalidos, los inmigrantes y las
minorías étnicas o raciales. Sus actividades más frecuentes son: el trabajo forzoso en la
agricultura y en la industria (en industrias famosas y no tan famosas),[xiii] la prostitución,
la pornografía, el tráfico de drogas, el robo, el trabajo doméstico, la mendicidad obligatoria,
la venta callejera, etc., etc.
Existen otras formas de esclavitud: la servidumbre por deudas; la participación obligatoria
de ciudadanos en trabajos públicos en el contexto del desarrollo económico, una práctica
dominante en algunos países asiáticos (entre ellos Vietnam) y africanos (República
Centroafricana, Sierra Leona y Tanzania);[xiv] otra cara de la esclavitud es el trabajo
forzoso impuesto por militares; el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para
utilizarlos en conflictos armados; el uso del trabajo de los presos en países en los que el
trabajo forma parte de la pena como en China, o en los que está autorizada la contratación
de prisioneros por parte de organizaciones privadas, como en Estados Unidos. La cárcel -
con imposición de trabajo forzoso- se convierte antes que en un lugar de "rehabilitación de
los presos" en un medio de explotación de personas y fuente de grandes ganancias. Una vez
tildados de "criminales" la explotación resulta de esta forma legitimada.
Otra forma de esclavitud es la que se lleva a cabo en trabajos tildados de "legales", pero
donde se explota al empleado bajo diferentes formas: salarios míseros, deudas, falta de
pago, extensas horas de trabajo, posturas corporales perjudiciales para la salud, grandes
esfuerzos físicos y/o mentales, manipulación de productos tóxicos, ambientes insalubres,
tratos inhumanos, ausencia de descansos, trabas o simple prohibición del abandono del
empleo, etc., etc.
A modo de síntesis creo que, las condiciones de explotación que genera el sistema socio-
económico vigente, privilegiando la ganancia por encima de todo y de todos, lo convierte
en el generador de pauperización por excelencia: La escasez de controles a nivel local,
nacional e internacional; la falta de educación; el desinterés y la despreocupación a nivel
individual y social; la falta de leyes -o su aplicación- que garanticen la igualdad y
protección jurídica de las personas; la complicidad encubierta; la ausencia de canales de
información y denuncia; los conflictos civiles y la discriminación por motivos raciales o de
género, contribuyen -entre otras causas- a crear un ambiente propicio a la explotación de
personas por parte de los traficantes.
Por todo esto, considero que actuando sobre las causas y no sobre "los síntomas" es la única
forma concreta de comenzar a trabajar para combatir esta dramática realidad que hoy nos
acecha a todos. Nuestros antepasados áfricanos vinieron principalmente de las costas
occidentales de África. A continuación los grupos principales que definen a los negros
esclavos introducidos en Puerto Rico y otras áreas del Caribe
Negros Ladinos: Incluye todas las etnias áfricanas utilizadas en las América como esclavos.
Eran negros criados y/o nacidos en España o Portugal. Fueron los primeros en traerse a las
colonias. Se importaron mayormente de Castilla y Sevilla. Ya habían sido cristianizados y
hechos a las costumbres españolas. Su libertad sufrió un mayor control y las exigencias del
trabajo eran mayores. De aquí llegaron los llamados libertos (esclavos que habían
conseguido su libertad).
Negros Bozales: Pertenecientes a pueblos y tribus en el Sudan Occidental. Estos fueron los
esclavos de los primeros siglos. Este grupo lo componían las siguientes tribus:
Jelofes - vivían en las márgenes del río Senegal. Eran de religión islámica. Se les
consideraba rebeldes y peligrosos.
Mandinga - eran de territorios entre Senegal y Gambia. De religión islámica. De aquí sale
el refrán: "el que no tiene dinga tiene mandinga".
Fula - venían también de Senegambia. Su religión era la islámica. Se dedicaban a la
ganadería. Se caracterizaban por sus rasgos caucásicos o blancos.
Bláfadas - del sur de Senegambia llegaron en el siglo XVI. Fueron muy importantes entre
los esclavos de las antillas.
Cangá - venían de Sierra Leona. En el siglo 18 y 19 llegó la mayoría de este grupo.
Farti - negros de minas. Vinieron de Costa de Oro en los siglos 16 y 17. Se adquirían
mayormente por contrabando con los ingleses y holandeses. Tenían tendencia al suicidio.
Creían que renacerían en su tierra natal.
Yorubas - venían de Nigeria. De ellos son las tradiciones yoruba y el culto a shangó. Se
cree que los festivales de Loíza Aldea vienen de este grupo.
Grupos de África Bant: Buenos agricultores. Conocían el hierro. Sus sociedades obtuvieron
un alto desarrollo político. Minaban el oro. Creían en la poligamia. Tenían un sistema
agrícola bien desarrollado. Existía el trabajo en forma cooperativa y organizada.
o Congos o Bozales - eran vendidos a los barcos negreros que comerciaban cerca de
la desembocadura del río Congo. Eran grupos étnicos de África ecuatorial. Tenían
un nivel de desarrollo material y técnico bastante alto.
o Angolos - eran de Angola. Fueron introducidos por los portugueses. Fueron
importados al caribe hasta el siglo 19. Su aportación al léxico nuestro incluye:
candungo, funche, motete, etc.
o Mozambiques - provenían de la parte oriental de África. Fueron traídos por los
portugueses. Se le conocían como Zambos o Mozambos. Las palabras "monga y
cachimbo" vienen de este grupo
No es suficientemente conocido el hecho de que cabe a España y a Portugal el dudoso
honor de haber sido los primeros estados europeos en iniciar la etapa moderna de la
esclavitud. No era un fenómeno nuevo en la historia de la Península ibérica, ya que había
habido esclavos, de diversas naciones y razas, en la Edad Media, tanto en la parte
musulmana como en la cristiana, hecho estudiado ampliamente por el historiador cubano
José Antonio Saco en el siglo pasado en su enciclopédica Historia de la esclavitud de la
raza africana en el Nuevo Mundo, y más modernamente por Charles Verlinden en
L'esclavage au Moyen Age. El modo en que se desarrolló lo que llamamos "esclavitud
moderna" en España, Portugal y sus posesiones imperiales adquirió un sentido muy preciso
con respecto a los africanos de las zonas al sur del Sahara, pues su piel oscura se convirtió
en marca universal de una condición social: la de esclavo. La sociedad española se
adelantaba a lo que luego toda la sociedad europea y americana haría, es decir, ver a todos
los "negros" como esclavos en potencia (Delacampagne 73). En la Península ibérica la
esclavitud de africanos de piel oscura se empezó a practicar en gran escala desde mediados
del siglo XV, y sólo decayó cuando las colonias americanas empezaron a desarrollarse
plenamente como sociedades esclavistas.
La literatura española del Renacimiento testimonió el cambio de actitud con respecto al
pasado, y los negros eran vistos por regla general como seres con un único destino natural.
La literatura española de los siglos XVI y XVII desarrolló el binomio negro/esclavo con
gran variedad de tratamientos y reflexiones. Sylvia Winter define esta actitud como un
fenómeno global en Europa:
the black entered the Western architecture of signs conjoined as fact and fiction--black
slave. He was black (negro) because he was naturally a slave (esclavo); he was a slave
(esclavo) because he was naturally black (negro). To be a Negro was to be a slave. (10)
No fue la literatura española la primera en reunir a todos los africanos de piel oscura en un
grupo totalizador, diferenciado y ahistórico bajo la denominación de "negros." "Negros"
eran los africanos que no eran "moros." Esta clasificación ya venía de antiguo.(1)
Los
nombres usados para referirse a los esclavos negros--etíopes, negros, morenos, prietos,
pardos--reflejaban en mayor o menor medida ciertas tensiones ideológicas, pero que se
inscribían en un denominador común: los negros eran un ser colectivo, una naturaleza
diferente. Había que crear una teoría del género humano que los incluyese, pero que los
diferenciase también. Los tonos de pigmentación distintos se convierten todos en uno solo,
el "color negro," significante de una condición social de inferioridad. De la posición de
inferioridad social impuesta se pasó a pensar en la inferioridad de su ser moral e intelectual.
El discurso filosófico humanista del siglo XVI no ignoró la experiencia vital del negro,
pero la invalidó. Siguiendo las ideas de Guillaumin en su obra L'idéologie raciste: genese et
langage actuel (64-65), ciertas características biológicas externas (piel, pelo, nariz, boca)
pasaron a convertirse en marca o significante de la condición social de esclavitud. De ahí se
pasó a una consideración moral: su inferioridad social empezó a verse como inferioridad
natural. De esa forma el color negro de la piel adquirió un nuevo sentido: los negros no eran
humanos completamente. El nuevo significado de piel negra pasó a ser el de la brutalidad y
la inferioridad. Elio Antonio de Nebrija, en su Gramática de la lengua castellana pone como
ejemplo de sinécdoque la significativa frase "el guineo: blanco los dientes, se enfría los
pies."
Los negros de la literatura española, comparados con las otras minorías étnicas excluidas
sufrieron un tratamiento marcado por la diferencia. Judíos, moriscos y en menor medida los
gitanos--debido a su menor poder como grupo--, eran el enemigo interno por antonomasia
de la colectividad española, y su exclusión era explicada siempre en razón a
consideraciones de ortodoxia religiosa.(2)
Tenían una historia dentro de la España medieval.
En los siglos XVI y XVII se les consideraba grupos refractarios a la asimilación por la
razón misma de su cohesividad, que les dotaba de identidad cultural definida.(3)
El negro de
la literatura, por el contrario, no es visto como amenaza porque está solo, no pertenece a un
grupo social con cohesión interna como las otras minorías. Los negros, por razón de ser en
su inmensa mayoría esclavos, no poseían poder social o económico digno de causar miedo
o preocupación. Un grupo de individuos sin poder era equiparable a un grupo de niños, y
como niños los quería ver la mayoría blanca. La risa y el tono humorístico fueron las
respuestas literarias a la esclavitud de los negros, que eran representados como seres
graciosos e inocentes. En palabras del crítico Lemuel Johnson:
There is nonetheless, a tolerant mockery in these representations. One might almost say
benign, were it poosible for an essentially malignant historical process to be so described.
(71)
Si comparamos el tratamiento de la figura del negro en las diferentes literaturas europeas
del Renacimiento observamos una diferencia fundamental entre la literatura española y
portuguesa y las demás. Francia, Inglaterra, Italia y Alemania, durante todo el siglo XVI y
parte del XVII, se nutrieron fundamentalmente de nociones puramente literarias, tanto
clásicas como medievales, en su construcción de figuras africanas. Los negros de estas
literaturas eran seres fundamentalmente exóticos, situados fuera de la sociedad nacional.
Sus figuras estaban ancladas en tradiciones literarias anteriores que los hacían seres poco
dinámicos, por lo general. Esta visión estática se representó en formas literarias de todo
tipo. Europa, en la época que nos ocupa, tenía una imagen legendaria de Africa y los
africanos de piel oscura eran comúnmente llamados "etíopes," y sólo a veces "moros,"
siguiendo de lejos descripciones medievales provenientes de la Península ibérica. Esta
imagen estaba en contradicción con los datos que proporcionaba el contacto directo con la
costa del golfo de Guinea. La imagen legendaria tenía como leitmotif el de la "anomalía."
Los negros o etíopes fueron considerados por el Renacimiento y Barroco europeos
como contradicciones humanas. La literatura emblemática, por ejemplo, glosa
abundantemente el concepto del color negro de la piel como algo raro y al tiempo
imperfecto. En abundantes ediciones de los Emblemata de Andrea Alciato, de las que hubo
ediciones españolas importantes (Van Norden 82-85, 117), aparece la figura del negro
etíope al que dos hombres blancos quieren lavar: no puede cambiar de color por más que se
le lave; es el símbolo de la negatividad, de lo imposible, como reza el lema del Emblema
59.(4)
España y Portugal tenían contacto directo con negros africanos "de verdad," dado el tráfico
de esclavos negros y la presencia de éstos en suelo ibérico. Autores como Enrique da Mota,
o cancioneros como el de García de Resende dan muestra clara del impacto social de los
negros en suelo portugués. Pronto surgieron imitadores en España, siendo el primero
Rodrigo de Reinosa.(5)
Para la época de Gil Vicente, que contribuyó notablemente al
establecimiento del tipo de "negro" dramático peninsular, tanto en España como en
Portugal los negros ya eran tipos relativamente corrientes en la literatura, vistos como parte
integrante de la sociedad de la época. Pero salvo contadísimas excepciones, los negros eran
objeto de representación, sin poder dar testimonio independiente de su visión de la
sociedad.(6)
2. La visión de Africa y los africanos en España.
Para Sancho Panza (Don Quijote, cap. 31) Africa--o Guinea--era un almacén de esclavos,
mientras que para Don Quijote el reino de Micomicón era un espacio idóneo para practicar
su caballería andante. La mezcla de intereses económicos y propósitos evangélicos estaba
en la génesis de la práctica esclavista portuguesa y española en Africa. En la literatura
española de los siglos XVI y XVII Africa era un lugar simbólico, un paraíso a la vez que
una selva y un abismo. En la definición del "concepto" Africa luchaban tres ideas
conflictivas entre sí: existía en la mente de los intelectuales un Africa del Preste Juan, otra
Africa poblada por monstruos y llena de peligros y también el Africa de los paganos
salvajes, futuros esclavos.
La leyenda medieval del Preste Juan, situado por las cosmografías del siglo XIV y XV en
un lugar indeterminado en "Etiopía," que a veces coincidía con "la India," tenía un gran
atractivo para los escritores españoles, ya que aportaba el dato de un imperio cristiano más
allá de las tierras dominadas por los musulmanes, los enemigos "naturales" de las coronas
ibéricas.(7)
El Preste Juan era la confirmación de la universalidad cristiana, y con motivo de
esta creencia y de las expediciones portuguesas por la costa del este africano, se reanudó el
interés misional por "reconducir" a los etíopes, cristianos, pero con creencias heréticas. Tal
era el pensamiento de dominicos y jesuitas, y entre los últimos figuras como san Francisco
Javier o san Ignacio son testimonio fiel del deseo de incorporar a los cristianos de Etiopía al
concepto católico encarnado por Roma y España.(8)
La época de los descubrimientos da al traste con toda la panoplia de saberes heredados,
tanto los antiguos como los medievales. El Renacimiento, como época de novedades, se
hizo eco del adagio de Plinio en su Naturalis historia, repetido por Erasmo:
Semper Africa novi aliquid apportat
Africa trae siempre algo de nuevo, como traduce Alonso de Sandoval en su De
instauranda aethiopum salute (libro I, capítulo III). Pero lo nuevo es también indeseable. De
una geografía imprecisa los autores españoles sacaron estereotipos que repetían hasta la
saciedad: Libia y sus ardientes arenas; Etiopía la tierra de los negros; el río Nilo y sus
orígenes en los montes de la Luna; Guinea, tierra de animales feroces y seres humanos
monstruosos, como los pigmeos, los cinocéfalos, u hombres de cabeza de perro, otros con
cara plana, o gente con un solo agujero en la cara, y que comen con una paja, otros que no
tienen lengua y también, por supuesto, los negros, los menos raros--y los más
aprovechables--entre tantos monstruos.(9)
Esta noción de Africa como una tierra de extraños portentos estaba tan extendida que el
jesuita Alonso de Sandoval, mencionado arriba, interesado en la labor apostólica entre los
esclavos negros, se vio en la necesidad de dedicar todo un capítulo, el tercero de su primer
libro a "las causas de los extraordinarios monstruos y demás cosas maravillosas que se
hallan en Africa." Sandoval intenta convertir todo el discurso de lo monstruoso africano en
algo positivo. Su celo apostólico le lleva a justificar la naturaleza imperfecta de los
"morenos" como consecuencia de las especiales circunstancias de su origen en tierras tan
llenas de cosas deformes (Tardieu 177). Sandoval expresa su necesidad de "explicar" por
qué hay monstruos debido a que tiene que explicar lo más importante: por qué los negros,
los etíopes como él los llama, son diferentes:
Para entender...la diversidad de formas, que se halla en la especie humana entre los
Etiopes, y demas Reinos de negros, es necesario saber la causa de la generación de los
monstruos y su principio.
Lo maravilloso y monstruoso de Africa, sus animales fabulosos sobre todo, son un correlato
de la gente que habita las tierras. Para Sandoval, como para los portugueses Diego Eanes da
Zurara (Chrónica da conquista de Guiné, c. 1460) o Duarte Pacheco de Pereira (Esmeraldo
de situ orbis, c. 1506-8), el concepto de monstruosidad iba unido al de variedad y
diversidad de los seres maravillosos que encontraban. Existía una escala de imperfección
entre los seres más extraordinarios, de los que tiene noticia por sus lecturas de los autores
antiguos, y los seres menos imperfectos de todos los que produce Africa: los esclavos
negros.
Lo monstruoso del lugar se extiende a sus habitantes, los futuros candidatos a esclavos. El
discurso de lo monstruoso está íntimamente conectado con la tercera visión africana: la
tierra de salvajes paganos. La justificación de la esclavitud tenía uno de sus argumentos en
la doctrina aristotélica de que ciertos pueblos habían nacido para ser esclavos. Para
justificar la trata de esclavos, referida como "rescate," muchos autores vieron en la práctica
una forma de apostolado evangelizador. Pero la visión de los negros como salvajes y
paganos presentaba una contradicción, que fue resuelta de forma diferente por protestantes
y católicos europeos. Para los primeros, excluidos al principio del negocio esclavista,
los negros eran seres tan monstruosos que su evangelización no merecía la pena. Las
imágenes literarias de la Inglaterra isabelina los presentan por lo general como seres
demoníacos (Barthelemy 72-76). Sin embargo, para los católicos contrarreformistas
españoles, los negros, por poseer alma, tenían que ser incluidos en el mundo cristiano, el
orden católico de la Christianitas.
Así pues, para los españoles, los negros, como paganos, eran merecedores de la redención,
con lo que entraban de lleno dentro del género humano.(10)
Como salvajes, sin embargo,
quedaban fuera de la noción de dignidad humana, que era lo que apetecían los mercaderes y
traficantes, y entraban en el concepto de "mercancía" que no estaba sujeta a las
consideraciones de teólogos y moralistas. La dicotomía pagano/salvaje ponía a prueba el
edificio teológico del Renacimiento. La justificación de la esclavitud como redención de
paganos estaba necesitada de un argumento casuístico para explicar por qué a estos paganos
se les redimía "fuera" de su tierra. Tal justificación se hacía con el argumento del
salvajismo de Africa y los africanos. Africa no era tierra de misión, sino almacén natural de
esclavos. Lo esencial de la teoría renacentista era que el negro africano era pagano porque
era salvaje, y no al revés. Es decir, el negro era pagano porque era negro, del mismo modo
que el blanco era cristiano por ser blanco, europeo. De esta forma, el español que pensaba
en los negros, aunque los quisiera "ayudar" como era la intención de un Sandoval, no
pensaba en seres humanos como lo era él, sino en seres de otra categoría. Es lo que Frantz
Fanon en Peau noire, masques blancs define como la invención del hombre negro por el
hombre blanco. Una vez inventado este "negro" (pagano/salvaje), lo más que se podía hacer
por él era sacarle de su miseria espiritual, y la esclavitud, con lo que tenía de transporte a
otra realidad, se veía como un beneficio espiritual.(11)
Sacar al negro del Africa espiritual donde vive es uno de los leitmotiven de la literatura
española de los siglos XVI y XVII. Los comediógrafos, los más asiduos en crear personajes
negros, se concentran en desvestir al negro de su negritud. La presencia en escena de
protagonistas negros es una propuesta de diferentes modelos de desafricanización. Estos
personajes caminan, cada uno en su comedia respectiva, desde un origen "africano" de
fantasía, hacia una aceptación de valores y modos de vida "españoles." Por "españoles" se
ha de entender cristianos, representativos de una sociedad estamentaria en la que ellos
ocuparán una posición subordinada. La nueva sociedad y los nuevos valores están definidos
como superiores a cualquier otro valor que venga de Africa. El problema es que no hay
nada "africano" en los negros protagonistas de comedias barrocas, por más que se insista en
su origen etíope, guineano o cualquier otro lugar del Africa de la fantasía de cada autor.
Africa no existe más que en el color de la piel del protagonista. El lleva a Africa en su
persona, es decir, la idea de Africa preconcebida por autor y público. Africa no es España,
por lo que se convierte en símbolo de la anti-España, pero una anti-España diferente a la
Europa protestante. Africa es "españolizable," vienen a decir estas comedias, y lo
demuestran los personajes negros que deambulan por el escenario. De esta manera
pensaba el periodista José Pellicer en sus Avisos históricos del 4 de septiembre de
1640:
En la casa de campo están 400 negros de Angola valentísimos, que traen al hombro
carcages y flechas de tal calidad que en hiriendo mueren. Hanlos vestido al uso de España,
y traen capitán y cabo de su nación. Dicen es muestra de más gente que se ha ofrecido a
enviar el rey de Angola, vasallo de España.
Este vestir a los negros "al uso de España" resume una de las actitudes de la literatura
española del Siglo de Oro hacia los negros. Corresponde a lo que Tzvetan Todorov afirma
de las actitudes filosóficas europeas hacia los no europeos durante la era moderna: los
"otros" (negros) no son esencialmente "distintos" a "nosotros" (blancos). La diferencia que
se observa (color de la piel, lengua y costumbres diferentes) es sólo una manifestación del
paganismo (que hoy se llamaría "atraso" o "subdesarrollo") en que viven, lo cual tiene
remedio (evangelización, colonización, esclavitud). La igualdad esencial de los hombres,
blancos o negros, está acompañada por una estructuración social desigual: los blancos son
superiores y los negros inferiores. El texto anterior del publicista Pellicer no puede ser más
revelador. Los negros "valentísimos" traen por armas flechas, en una época en que Europa
usaba armas de fuego para la guerra. Los cuatrocientos negros están en la Casa de Campo, a
las afueras de Madrid, donde hoy hay, irónicamente, un parque zoológico. La desigualdad
social entre blancos y negros se explicaba mediante argumentos de tipo cultural. La
inestabilidad de este edificio lógico (igualdad esencial pero desigualdad social) fue una
tensión vivida en toda la literatura española del Renacimiento y Barroco.
3. Las ideas renacentistas sobre la esclavitud
Una de las cosas que más llama la atención sobre el asunto de la esclavitud en el
Renacimiento y Barroco español es la tímida actitud de filósofos, moralistas y teólogos
sobre ella. Domínguez Ortiz (406) observa que los pensadores españoles de la época se
limitaron a citar la autoridad de Aristóteles y la Biblia (Epístola de san Pablo a Tito) sin
añadir mucho más. Sin embargo la situación que vivían los esclavos del Renacimiento era
bien distinta de la de Grecia o Roma. Intelectuales como Las Casas, o el moralista Luis
Molina, veían delante de ellos la prosperidad de una institución basada en el comercio de
hombres, mujeres y niños y sin embargo apenas se ocuparon del tema.
No hay en toda la literatura filosófica o jurídica de estos siglos ni una sola obra dedicada a
la esclavitud, mientras que abundaron los textos sobre la condición de los indios, los
moriscos, gitanos y judíos.(12)
Ya nos hemos referido más arriba al único texto de
importancia sobre los esclavos negros, la obra titulada De instauranda aethiopum salute,
escrita por el jesuita Alonso de Sandoval, que no aparecería hasta 1627, y dedicada
fundamentalmente al problema de la presencia de los esclavos negros en la América
española.(13)
Estuvieran a favor o en contra de la esclavitud, los diferentes autores no
dedicaron al tema muchas páginas. Este silencio, por otra parte, se nos antoja elocuente
testimonio de una actitud de incomprensión, cuando no contemporización, delante de lo que
estaba pasando.
La atención de los moralistas españoles se dirigió sobre todo a la cuestión de la licitud del
tráfico y comercio de esclavos. No se discutía la institución misma de la esclavitud como
forma social legítima. Parecía fuera de toda duda que la esclavitud era una institución
"natural" en la sociedad. Aristóteles lo afirmaba en la Política y la costumbre lo
confirmaba: siempre había habido "cautivos," los prisioneros de guerra a los que les era
perdonada la vida a cambio de sujección total a sus vencedores. Esta cuestión del llamado
derecho de guerra, el que el vencedor podía hacer de su prisionero un esclavo a cambio de
perdonarle la vida era practicada por los diferentes pueblos mediterráneos conocidos, tanto
cristianos como musulmanes. Las Siete Partidas del rey Alfonso X el Sabio recogían estos
principios de la antigüedad y la práctica medieval, y por tanto servían como autoridad y
principio de derecho en teoría.(14)
Los negros africanos habían estado presentes en la vida peninsular desde tiempo
inmemorial, bien en los reinos musulmanes, bien en las tierras del reino de Aragón
(Verlinden 358 y ss.). La mayoría de estos esclavos, sin embargo, provenían de capturas en
territorios musulmanes. La esclavitud estaba aún ligada al hecho de la guerra, al concepto
político-religioso de la Reconquista. Un esclavo negro era capturado a los moros, y
constituía botín de guerra.
Pero en el siglo XVI trajo cambios. La guerra contra el Islam ya no era el motivo ni la
excusa, porque se montaban en Lisboa y Sevilla expediciones sin otro fin que capturar
esclavos en la costa occidental africana. El motivo era el simple lucro, por más que los
apologistas portugueses y castellanos, como Eanes da Zurara en su Chrónica dos feitos de
Guiné, o Duarte Pacheco Pereira en su Esmeraldo, justificaran el negocio con argumentos
apostólicos de extender la fe cristiana, junto con la mención de la historia bíblica de Cam, a
quien la tradición medieval convirtió en ancestro mítico de los negros.(15)
El primer moralista español en declarar su oposición a la esclavización de los negros fue
Bartolomé de las Casas. Las Casas fue objeto de una de las controversias más apasionadas
entre los abolicionistas y pro-esclavistas de los siglos XVIII y XIX. La razón estuvo en los
primeros escritos del religioso dominico, en los cuales propuso como solución al genocidio
de los indios de América la importación de esclavos negros de Africa, y así lo recomendó al
rey Carlos I. Las Casas abogaba por los indios y parecía insensible al destino de los negros
africanos. En su contra también estaba el hecho de haber sido el propio Las Casas un
encomendero y propietario de esclavos en la isla de la Española antes de pasarse a la vida
religiosa. Sin embargo fue el mismo Las Casas el que condenó su primera postura inicial,
en un gesto de honestidad intelectual que no tuvo ningún eco, pues la obra en que dejó
constancia de su rectificación no salió a la luz pública hasta trescientos años después de su
muerte: la Historia de las Indias.(16)
La propuesta inicial de Las Casas, traer negros
africanos para hacer el trabajo que los indios hacían en régimen de encomienda, fue
interpretada por muchos historiadores como la causa de la importación de los negros a
América. No fue ese el caso, ya que los esclavos negros hicieron su aparición en el
continente americano desde los primeros momentos de la conquista.
La rectificación de Las Casas (Historia de las Indias, III, cap. 102), a pesar de lo poco que
sirvió, tiene la importancia de ser uno de los primeros alegatos antiesclavistas y
abolicionistas de los tiempos modernos:
Este aviso de que se diese licencia para traer esclavos negros a estas tierras [a las
colonias americanas], dio primero el clérigo Casas, no advirtiendo la injusticia con que
los portugueses los toman y hacen esclavos, el cual, después que cayó en ello, no lo diera
por cuanto había en el mundo, porque siempre lo tuvo por injusticia y tiránicamente
hechos esclavos, porque la misma razón es dellos que de los indios.(17)
Otros moralistas y teólogos españoles se refirieron a la esclavitud de los negros basándose
únicamente en aspectos parciales. Ninguno atacaba la institución de forma frontal como
hizo el religioso dominico, lo que explica los motivos que tuvo la Inquisición para prohibir
durante trescientos años la publicación de la Historia de las Indias.
Argumentos teológicos en contra del tráfico de esclavos africanos, no de la esclavitud, son
los de Domingo de Soto, Tomás de Mercado y Bartolomé de Albornoz. Soto encontraba
algunos detalles de los métodos de captura moralmente torpes, con lo que el proceso
quedaba viciado. Tomás de Mercado, en su Suma de tratos y contratos de 1571, no se
oponía de principio a la esclavitud de los negros africanos, basándose en el estado de
"pecado" y "desorden" en que vivían, una situación que para su mente de teólogo era de
pecado original. Sin embargo, su mente de jurista interponía una serie de impedimentos a la
práctica de la esclavitud. Lo que invalida todo el proceso de la práctica esclavista, para
Mercado, es el modo cruel e injusto con que se captura a los africanos, mediante engaños,
provocando guerras entre ellos y creando en las propias sociedades africanas injusticias a
propósito. Es curioso el razonamiento que utiliza Mercado para atacar la validez del
argumento de la guerra justa. Primero deshace la entelequia de que se trata de guerras
contra infieles. Está claro que castellanos y portugueses promueven estas guerras intestinas
entre africanos para mantener el aprovisionamiento. Añade, sin embargo, una consideración
nueva, el que los africanos negros no viven en un estado de derecho:
Como son bárbaros [los negros africanos que se enfrentan entre sí en guerras], no se
mueven por razón, sino por pasión, ni examinan ni ponen en consulta el derecho que
tienen. (230-31)
Los negros no tienen derecho a vender esclavos hechos en guerra, porque sus guerras no
son justas nunca, ya que son bárbaros. La inferioridad innata de los africanos los convierte
en seres especiales, en especie a proteger.
Otro argumento usado en la época para justificar el tráfico de esclavos era que los
castellanos y portugueses los compraban de reyes y príncipes, señores "naturales" de sus
súbditos. Al igual que en el caso de las guerras para hacer esclavos, estos príncipes pierden
su derecho por la forma tiránica en que actúan. Frente a la potestad del príncipe para
reducir a la esclavitud a ciertos criminales, reconocida por los juristas en la época, enfrenta
Mercado la realidad de los abusos e injusticias cometidos por dichos príncipes para proveer
de esclavos a los negreros:
Y no se espante nadie esta gente se trate tan mal y se vendan unos a otros, porque es
gente bárbara y salvaje y silvestre, y esto tiene anexo la barbaridad, bajeza y rusticidad
cuando es grande, que unos a otros se tratan como bestias... (232)
El argumento de Mercado contra la trata de esclavos es tan casuístico como los argumentos
que ataca en favor de la esclavitud: la guerra justa, el derecho del rey a esclavizar a un
criminal o el derecho de los padres a vender a sus hijos. Los negros, por vivir en la
barbarie, equivalente a un estado de torpeza moral constante, no tienen ningún derecho a
actuar en contra unos de otros. El resultado es el mismo, en términos de ética y derecho,
que el argumento pro-esclavista: a los negros, al no ser cristianos, no se les reconocen sus
instituciones políticas y sociales.(18)
Mercado concluye que "la venta y compra de negros en
Cabo Verde es de suyo lícita y justa" (236), pero dadas las condiciones en que tal trata tiene
lugar, "es pecado mortal y viven en mal estado y gran peligro los mercaderes de gradas que
tratan en sacar negros de Cabo Verde" (236).
A Mercado le preocupaba la trata de negros en su origen y con dirección a las colonias,
pero prefiere no tratar en profundidad lo que pasaba en casa, en Sevilla, tal vez porque la
institución era ya consustancial a la ciudad. No obstante las reticencias y ambigüedades,
Tomás de Mercado usa la imagen clásica de la fuente y el agua para explicar el origen del
negocio esclavista en Africa y sus consecuencias morales:
En este otro negocio [la venta de esclavos negros en los mercados de Sevilla] que pasa en
este río y toca a toda la ciudad, ni lo apruebo ni lo repruebo aquí, ni quiero decir en ello
más de un refrán que dice Plutarco en De republica, maestro del gran Trajano: cuando
la fuente está dañada, no suele ser sana, sino siempre sospechosa y enferma el agua que
della sale y por sus arroyos viene. En lo demás cada uno consulte su confesor. (239)
Bartolomé de Albornoz, al igual que Mercado y Las Casas, habló en contra de la esclavitud
desde una posición de conocimiento directo. Como los anteriores estuvo en las Indias,
concretamente como catedrático de derecho de la Universidad mexicana. En el capítulo "De
la esclavitud" de su obra Arte de los contratos, Albornoz hace un repaso de los argumentos
pro esclavistas de su tiempo, para encontrar defectos en todos ellos. Como buen
aristotélico, Albornoz rechaza la justificación de la esclavitud como derecho de guerra: no
se encuentra en Aristóteles. Tampoco en la ley cristiana. Rechaza el argumento de la guerra
justa, ya que el comprador nunca sabrá si el que le vende el esclavo le está engañando o no.
La obra de Albornoz acabó en el Indice de la Inquisición (Vila Vilar 23).
El historiador francés Georges Scèlle (La traite negrière aux Indes de Castille, 1906),
refiriéndose a la esclavitud de los negros en América, contrastó las diferencias existentes
entre los moralistas españoles, diferencias debidas a su pertenencia a órdenes religiosas
distintas. Mercado y Albornoz eran dominicos. Los jesuitas, sin embargo, parecieron tomar
una postura más acomodaticia con respecto a la institución. Tal es el caso del Padre Molina
o del Padre Alonso de Sandoval, cuya obra expresa la ambigüedad de la Iglesia con
respecto a la esclavitud de los negros. Sandoval vivió casi toda su vida en Cartegena de
Indias. Su ministerio apostólico lo dirigió al bautismo y conversión de los esclavos
africanos recién arribados, y al enfrentarse con el trato tan inhumano que recibían los
esclavos, condena la trata por la forma en que es practicada, pero se abstiene positivamente
de dar un juicio moral sobre la práctica de la esclavitud. Remite a los "doctores de la
Iglesia" como autoridades de más peso, zafándose del problema (libro I, capítulo XVII).
Sí le importa a Sandoval, como a los otros moralistas, la forma de tratar a los esclavos
capturados. Las Casas había condenado el principio esclavista, pero Sandoval y los
moralistas del siglo XVII condenan la forma en que se produce la esclavización, de la que
son testigos:
los traen que vienen de seis en seis con argollas por los cuellos en las corrientes...no ven
sol ni luna, que no ay Español que se atreva a poner la cabeza al escotillón sin
almediarse, ni a perseverar dentro [de la bodega del barco] sin riesgo de grave
enfermedad. Tanta es la hediondez, apretura y miseria de aquel lugar. (Libro I, cap.
XVII).
Después de narrar los horrores de la llegada de cargamentos de esclavos a Cartagena de
Indias, a Sandoval todavía le importa saber si el negrero peca o no peca, y requiere el
testimonio de los jesuitas de Angola. Estos jesuitas, envueltos como estaban en el tráfico,
beneficiándose de él como lo hacían, pasaban la responsabilidad moral a la autoridad
eclesiástica de Lisboa, que nunca presentó objección alguna.(19)
En las páginas que siguen vamos a observar cómo se articula artísticamente el discurso
filosófico de la pretendida inferioridad de los negros. El teatro aporta la mayor
producción de imágenes de los negros, documentando gran cantidad de aspectos de su
vida en la España del XVI y XVII. También es el teatro el máximo exponente de la visión
"oficial" de la España imperial hacia los negros.
El estudio de los negros en la literatura de los siglos XVI y XVII en España ha contado con
interesantes trabajos desde los años veinte de este siglo. Por lo general han sido trabajos de
recopilación, dejando constancia de autores y obras en que aparecen personajes negros.(20)
Al analizar la imagen y el papel de los personajes negros en los diversos géneros literarios
del Renacimiento y Barroco españoles, nos fijaremos particularmente en la interpretación
literaria del fenómeno de la esclavitud. La introducción de personajes negros en la literatura
tuvo como efecto la adopción de técnicas literarias como la "lengua de negro,"
manifestación de una visión cultural del negro, esclavo o no, como anomalía.(21)
Los negros son convertidos por la esclavitud y para la esclavitud en un Otro unificado,
eliminando las diferencias nacionales, enfatizando el color y desenfatizando lengua,
cultura, origen nacional o cualquier otra circunstancia individualizadora. Sin embargo, el
teatro, al presentar a un santo negro, tiene que hacer una excepción, darle un linaje
(hacerlo etíope, no guineano). Surge la diferencia literaria, entre Etiopía/Africa y
Guinea/Africa. La primera está legitimada literariamente por la antigüedad grecolatina,
mientras que Guinea es el Africa nuevamente descubierta, la tierra de esclavos (como
nos aclara Sancho Panza). Los negros de la antigüedad no eran necesariamente esclavos.
Pero la realidad moderna de la esclavitud penetra en la concretización de estos héroes
literarios. Quieren ser esclavos a toda costa, y renuncian a su etiopicidad literaria, que se
revela así como una estrategia postiza, una máscara: creíais que este negro era diferente,
noble, distinto. No. Es igual a los demás en el fondo. Quiere acercarse al "ideal" cristiano y
católico del negro: el esclavo. Pero como la máscara es siempre máscara, un artilugio que
no se le escapa al público, ocurre que estos negros de comedia son iguales y diferentes a la
vez. Con ellos se le da la vuelta al traje ideológico del arte barroco. Los negros creados por
el teatro español son diferentes porque aceptan la esclavitud--oh maravilla--, lo que revela
la verdad negada--que los negros no aceptan la esclavitud voluntariamente, sino a la fuerza.
Un negro que la acepte por voluntad propia será tan raro (tan "heroico") que su vida
merecerá ser narrada/mostrada al público. El negro "normal" es la negación del ideal
cristiano católico: no acepta ser esclavo.
La ideología de la sociedad esclavista española estaba constituida por un plan social de
felicidad para todos, incluidos los esclavos, y un modo de producción y relaciones sociales
rígidamente estratificado. Una sociedad esclavista no puede aceptar en su seno el cambio
social sin verse amenazada. La sociedad española, en lo tocante a la esclavitud, se veía
continuadora de Grecia y Roma, y sin embargo era muy diferente. La esclavitud de los
negros se incorporó ideológicamente a la idea de la translatio imperii que los humanistas
españoles defendieron ardorosamente.
El libro está dividido en dos partes. En la primera examino tres comedias de santos negros,
El prodigio de Etiopia, El santo negro Rosambuco de la ciudad de Palermo y El negro del
mejor amo, las tres de Lope de Vega, aunque la primera, El prodigio de Etiopia, con
considerables dudas. La segunda parte va dedicada a dos héroes de la controversia entre las
armas y las letras, El valiente negro en Flandes de Andrés de Claramonte y Juan Latino de
Diego Ximénez de Enciso.
Fuera de este estudio quedan otras comedias en las que figuran personajes negros de la
antigüedad y la Biblia, o puramente inventados, pero que no reflejan directamente la
institución esclavista contemporánea a los dramaturgos. El estudio de estas comedias
requiere una aproximación diferente, y me refiero a El mayor rey de los reyes, de Andrés de
Claramonte, Virtudes vencen señales de Vélez de Guevara, La sibila de Oriente y gran
reina de Sabá y Los hijos de la Fortuna, Teágenes y Cariclea de Calderón de la Barca, o la
estupenda Las misas de San Vicente Ferrer, de Antonio Enríquez Gómez.
Las obras de las que vamos a tratar en los capítulos siguientes son escasamente conocidas.
Aunque de relativo fácil acceso, y por ello en parte han sido seleccionadas, su argumento
necesita ser contado, "porque importa," como dijo Lope de Vega en una acotación al texto
de su comedia El negro del mejor amo. Debido a ello me he visto obligado a dedicar más
espacio del que quisiera a un comentario lineal de la acción.
Notas
1. Términos como etíope, del griego aithiops ("cara quemada") designaban a todos los
hombres y mujeres de piel oscura y no sólo a los que vivían al sur de Egipto (Snowden 7).
La palabra latina niger sirvió para describir el color de la piel de diversos pueblos con los
que Roma entró en contacto en el norte de Africa, y de ella deriva el español negro,
aplicado a personas de piel oscura. En el uso español culto, africano, tomado del latín
africanus, a su vez derivado de afer, significaba "relacionado con Africa," cuando por
Africa se entendía sobre todo la costa mediterránea del continente. Así Lope de Vega titula
su comedia sobre san Agustín El divino africano, señalando el lugar donde vivía el santo,
no que fuera de raza negra necesariamente.
2. Leblon en Les gitans dans la littérature espagnole y Caro Baroja en Los judíos en la
España moderna y contemporánea estudian ampliamente la presencia de estos dos grupos
minoritarios en la literatura española, que los sitúa con frecuencia como autores de
crímenes execrables y sacrílegos. La literatura sobre los moriscos presenta una situación
más compleja. Véanse los estudios de Caro Baroja, Bernard Vincent y Antonio Domínguez
Ortiz.
3. Las singularidades culturales de los gitanos, por ejemplo, eran condenadas como
elementos demoníacos en los tratados de la época, y las calamidades públicas se atribuían a
su presencia en suelo hispano, como declaraban diversas Cortes de Castilla (Cardillac 12 y
ss.).
4. Lope de Vega, en El mayor imposible:
es como el negro el necio
que aunque le lleven al baño
es fuerza volverse negro (Jornada I, v. 350)
que no está lejos del versículo bíblico de Jeremías (13-23):"puede el etíope cambiar su
color, o el leopardo sus lunares?" (Brooks 239). En la colección de principios del XVI
Refranes que dicen las viejas tras el fuego ya se recogían varias expresiónes populares:
"callar como negra en baño" (181), "fue la negra al baño y tuvo que contar un año" (329),
"jurado ha el baño de lo negro no hacer blanco" (375).
5. En dicho cancionero (edición de 1910-17: 204-205) un poema de Fernao da Silveira,
posiblemente de 1455 (Teyssier 1959: 228), se presenta a un rey de Sierra Leona hablando
en "lingua de preto" y prestando vasallaje al rey de Portugal y alabando a los portugueses y
su corona por lo que hacían en Africa, lo que para P. E. Russell (225) es la primera muestra
del uso de la literatura como vehículo de propaganda imperialista sobre el Africa negra. En
El príncipe perfecto, primera parte de Lope de Vega se repite la escena--en castellano culto,
con posible antecedente en Torres Naharro y su Comedia Trophea.
6. Portugal dio el primer escritor de color de la Europa renacentista. Se trata del mulato
Afonso Alvares, contemporáneo de Gil Vicente y autor de autos como él. Colaboró en
algunas representaciones teatrales suyas. Su fama en la literatura portuguesa le viene de una
pelea literaria con otro escritor de la época, el poeta Chiado (Seyers 23-25). En España se
da el caso prácticamente aislado de Juan Latino, al que nos referiremos más adelante.
7. Como parte del concepto de los etíopes como "los otros cristianos" estaban las leyendas
medievales de los Reyes Magos, entre los cuales la iconografía empezó, a partir del siglo
XII, a representar a uno de ellos de color negro (Devisse 2.1: 132)
8. En su carta al Negus de Etiopía por intermedio del jesuita Padre Barreto (Lettres 414-
417), san Ignacio de Loyola le recomienda que deje de obedecer al patriarca de Alejandría
y preste fidelidad a Roma. San Francisco Javier incluyó las costas somalíes en su periplo
evangelizador por el oriente, y los dominicos intentaron establecer misiones en el país, de
las que surgieron varias obras documentales histórico fantásticas, como la del dominico
Padre Luis Urreta, Historia eclesiástica, política, natural y moral de los grandes y remotos
reinos de la Etiopía... (Valencia, 1610). El Padre Urreta pretendía demostrar que los etíopes
habían sido católicos desde hacía muchos siglos, gracias a la milagrosa predicación de los
dominicos en los primeros tiempos de la cristiandad (Glaser 388).
9. La visión de Africa como una tierra llena de monstruos y portentos inhumanos aparece
insistentemente en los escritos de Plinio, Herodoto, Estrabón, Tolomeo (a través de la
transmisión árabe), las Etimologías de san Isidoro de Sevilla, y sobre todo el Polyhistor del
romano Julio Solino (siglo II d. C.), traducida al castellano en 1573, en Sevilla, cuyas
descripciones fantásticas tuvieron amplio eco en la España del Siglo de Oro (Morales
Oliver 2: 4 y ss).
10. Para Sandoval, por ejemplo, la cuestión está muy clara: todo su libro segundo de De
instauranda aethiopum salute está dedicado a la justificación del ministerio religioso, como
un mandato divino. El libro tercero de su obra no es sino un manual práctico de
catequización de los esclavos llegados a Cartagena.
11. Fenómeno parecido se da en el mundo árabe musulmán del siglo XVII, cuando se
define el tipo de negro esclavizable por los musulmanes en un tratado del jurista de
Timbuctú exiliado en Marrakesh Ahmed Baba: la condición de no creyente--kafara--es la
base legítima de posesión de un esclavo, aunque éste se convierta al Islam posteriormente
(Barbour and Jacobs 128).
12. La expulsión de los moriscos, por ejemplo, generó toda una serie de obras justificadoras
de la medida, con títulos como Memorable expulsión y justísimo destierro de los Moriscos
de España de Fray Marcos de Guadalajara y Javier (1613), o la obra del Padre Damián de
Fonseca, Justa expulsión de los Moriscos de España, publicada en Roma un año antes.
13. El título por el que se conoce la obra es el de la segunda edición, fechada en Madrid, en
1647. La primera edición, en Sevilla y en 1627, llevaba por título Naturaleza, policia
sagrada i profana, costumbres i ritos, disciplina i catecismo evangélico de todos etiopes...
Fue escrita por su autor en Cartagena de Indias, donde desempeñaba su ministerio pastoral
entre los esclavos negros recién desembarcados en aquella ciudad. Un discípulo suyo sería
Pedro Claver, el llamado "apóstol de los negros" en la hagiografía católica.
14. Las Siete Partidas reconocían los principios del derecho de guerra, la autoventa y el
nacimiento como causas de esclavitud. Igualmente reconocían la libertad humana como
estado natural del hombre, siendo la esclavitud una condición traída por la "fortuna," lo que
daba ciertos derechos al esclavo (Doerig 341). Las Partidas, sin embargo, no eran un código
legal en sí, sino un cuerpo de doctrina jurídica escrito por intelectuales de la corte de
Alfonso X, conscientes de la discrepancia entre sus opiniones y la práctica real (Davis 102-
103.
15. El episodio de la burla de Cam ante la borrachera de su padre Noé (Génesis 9, 25), y su
posterior maldición fue reinterpretada por san Agustín y otros Padres de la Iglesia como
signo de la esclavitud natural de los negros, a los que se consideraba descendientes de Cam,
siguiendo una oscura tradición compartida por exégetas judíos y musulmanes (Isaac 3-17).
16. Las Casas dejó mandado que no se publicara el texto hasta pasados cuarenta años de su
muerte. La Inquisición condenó definitivamente el texto de la Historia en 1660 y esta obra
no vio la imprenta hasta 1875 (Benítez-Rojo 261).
17. En otro lugar de su Historia de las Indias (III, cap. 129) Las Casas comenta que
"nosostros somos causa de todos los pecados que los unos y los otros cometen [se refiere a
las guerras entre africanos para proveer esclavos a los portugueses], sin los nuestros que en
comprallos cometemos."
18. Para reforzar su caso contra los mercaderes de esclavos negros, Mercado observa que se
está haciendo trata ya con cristianos: "porque en la ribera, al tiempo de embarcarlos, los
bautizan a todos juntos con un hisopo --que es otra barbaridad grandísima" (234). Esto es
peor que "la crueldad que usan los turcos con los cristianos cautivos poniéndolos de noche
en sus mazmorras" (234). Mercado pone énfasis en que la trata de negros "barbariza" a los
cristianos.
19. Sandoval preguntó al rector jesuita de Luanda, en Angola, sobre la forma en que eran
capturados los esclavos negros que llegaban a Cartagena de Indias. El rector, Padre Luis
Brandón, le respondió en una carta curiosísima. Le pide que no se preocupe, que ninguna
autoridad eclesiástica se ha quejado hasta entonces, y para tranquilizarle, añade: " y assi
nosotros, y los Padres del Brasil compramos estos esclavos para nuestro servicio sin
escrupulo ninguno" (144).
20. Destacan entre estos trabajos de recopilación el de Brooks sobre la esclavitud en el
teatro de Lope de Vega, así como los estudios de V.B. Spratlin sobre el humanista negro
español Juan Latino, junto con el de C. G. Woodson, un ensayo sobre las actitudes raciales
de España sobre Africa vistas a través de la literatura. Los trabajos de Spratlin y Woodson
son especialmente entrañables por encuadrarse en el movimiento intelectual negro
norteamericano inmediatamente posterior al "Harlem Renaissance" de los años veinte, que
vio florecer a escritores como Langston Hughes y Zora Neale Hurston.
21. La lengua o habla de negro es uno de los aspectos que ha recibido cierta atención por
parte de la crítica erudita. Los trabajos más recientes son los de Baranda Letuario y Santos
Domínguez. Es de destacar el artículo de John Lipski, que conecta aspectos fonológicos y
morfológicos del español del teatro del Siglo de Oro con aspectos del español de diferentes
comunidades afrohispánicas de la actualidad.
Descendientes de esclavos africanos demandarán a la más antigua aseguradora del
mundo
Afronorteamericanos descendientes de esclavos anunciaron que entablarán una demanda
contra la aseguradora británica Lloyds, con sede en Londres, a la que acusan de
complicidad en el genocidio y la destrucción de comunidades nativas de Africa hace dos
siglos. El abogado patrocinante es el mismo que logró que los bancos suizos compensaran a
la víctimas del holocausto nazi.
Al menos 12 millones de esclavos africanos fueron llevados a Norteamérica, A. Latina y el
Caribe.
Un grupo de norteamericanos negros, descendientes de esclavos, anunció que comenzará en
Nueva York una demanda de compensación contra la compañía de seguros Lloyds, con
sede en Londres, Reino Unido.
Los demandantes plantean que Lloyds, la más antigua empresa de su tipo en el mundo,
aseguró a los barcos en que sus antepasados fueron llevados a la esclavitud.
Según ellos, la compañía británica fue cómplice en el genocidio y la destrucción de
comunidades indígenas de África hace dos siglos.
Para defender su caso, han contratado al abogado norteamericano Ed Fagan, quien se hizo
famoso al ganar compensación de bancos suizos para víctimas del holocausto nazi.
Precedentes
Fagan está ahora enfrascado en otro litigio, contra compañías que supuestamente apoyaron
el apartheid en Sudáfrica.
Según él, la demanda de los descendientes de esclavos es válida porque otras comunidades
han logrado obtener compensación en los tribunales en relación con hechos del pasado
lejano.
Lloyds se negó a hacer comentarios, argumentando que desconoce los pormenores del caso.
Un vocero de la empresa aseguradora dijo que, en otras ocasiones, las demandas de
compensación relacionadas con la esclavitud habían sido rechazadas por los tribunales.
En 2002 tres grandes corporaciones norteamericanas fueron acusadas por afroamericanos
de beneficiarse de la esclavitud, antes de que fuera abolida oficialmente en 1865.
Naciones Unidas declaró 2004 el Año Internacional de Conmemoración de la Lucha
contra la Esclavitud y de su Abolición.
Entre 1450 y 1850, al menos 12 millones de esclavos africanos cruzaron el Atlántico desde
sus regiones de origen a las colonias ubicadas en los Estados Unidos, América Latina y el
Caribe.
Además, se estima que, debido al trato inhumado que recibían, cerca de un 20% de los
hombres, mujeres y niños tomados como esclavos murieron antes de llegar a sus destinos
de trabajo en las colonias de los países europeos.
Esclavitud moderna
Diversas asociaciones de defensa de los derechos humanos han denunciado que todavía
subsiste el problema de personas sometidas a cautiverio.
La esclavitud contemporánea adopta diversas formas y afecta a personas de todas las
edades, géneros y razas
Según la organización Anti-Slavery International, "la esclavitud contemporánea adopta
diversas formas y afecta a personas de todas las edades, géneros y razas", pese a que "está
prohibida en la mayoría de los países donde se practica".
La organización señala que "el trabajo en condiciones de servidumbre afecta a, por lo
menos, 20 millones de personas en todo el mundo".
Según el grupo, "hoy en día, hay mujeres de Europa oriental que trabajan en la prostitución
en condiciones de servidumbre por deudas, se trafica a niños y a niñas entre estados de
África Occidental y en Brasil se obliga a hombres a trabajar como esclavos en haciendas
agrícolas".
La fuente: página web de la BBC (Londres).
La Conferencia Mundial Contra el Racismo y las posibilidades de que Europa pida
disculpas por la comercialización de esclavos ha motivado la discusión sobre las reales
magnitudes de este comercio.
El número exacto de africanos afectados por el comercio de esclavos varía según
estimaciones entre los 10 y 28 millones de personas.
En lo que no existe discusión es en la salvaje crueldad a que estuvieron sujetas estas
personas. Se estima que un 20% de los hombres, mujeres y niños esclavos murieron antes
de llegar a sus destinos de trabajo en las diferentes colonias europeas.
Entre 1450 y 1850, al menos 12 millones de esclavos africanos cruzaron el Atlántico desde
sus países de orígen a las colonias ubicadas en Norte América, Sud América y el Caribe.
Partes de la cadena
El negocio de los esclavos estuvo movido principalmente por las necesidades comerciales
de los países europeos.
La cadena de comercialización comenzaba cuando los comerciantes europeos entregaban
manufacturas a cambio de esclavos africanos, y luego los vendían a altos precios a las
colonias en América.
El círculo se cerraba cuando el dinero obtenido de la trata de esclavos era utilizado para
comprar las materias primas producidas en las colonias y destinadas a la industria
manufacturera europea.
Paralelamente, la trata de esclavos produjo una industria independiente, que involucró la
construcción de barcos, el mantenimiento de embarcaciones, el desarrollo de puertos y las
finanzas.
El comercio de esclavos fue un importante actor de la revolución industrial y comercial.
Ciudades como Liverpool, en Gran Bretaña, y Amsterdam, en Holanda, lograron un gran
desarrollo económico debido a este comercio.
Fin de la esclavitud
A finales del siglo XVIII, los levantamientos de esclavos en el Caribe impulsaron un
movimiento abolicionista destinado a detener el negocio de esclavos.
Gran Bretaña prohibió el mercado de esclavos en 1807, mientras que en Estados Unidos la
discusión motivó la guerra civil entre el norte abolicionista y el sur, defensor del
mantenimiento de la esclavitud.
La esclavitud quedó abolida en Estados Unidos en 1865 con la 13ª enmienda de la
constitución.
El último país en prohibir la esclavitud en América fue Brasil, cuando recién en 1888
declaró la trata de esclavos como ilegal.
ESCLAVOS DEL SIGLO XXI
Según la ONU, doscientos cincuenta millones de personas viven en situación de esclavitud.
De ellas, ciento cincuenta millones son niños.
Las víctimas son las mismas que hace siglos.
El objetivo que se persigue no ha variado: sigue siendo el poder y el dinero. Conozcamos
las nuevas fórmulas y los que mueven los hilos de la esclavitud del siglo XXI.
Texto: Mariló Hidalgo
Isla de Gorée (Senegal). Año 1550.
Nos encontramos a sólo tres kilómetros de la famosa ciudad de Dakar, en una isla pequeña,
silenciosa, con calles estrechas y sin asfaltar y algunos edificios de estilo colonial. Gorée,
hoy convertida en un museo, fue un lugar clave en la historia del comercio de esclavos.
Desde la llamada "Puerta del viaje sin retorno", abierta de par en par a las aguas del
Atlántico, miles de senegaleses decían el último adiós a la tierra que les vio nacer, antes de
navegar rumbo a América. Como esta factoría, existían cerca de doscientas en el Golfo de
Guinea.
Desde comienzos del siglo XVI hasta mediados del siglo XIX tiene lugar en el más
absoluto de los silencios, el genocidio de 140 millones de esclavos africanos. Uno de los
más crueles de toda la historia donde hombres, mujeres y niños fueron raptados de sus
aldeas, encadenados y trasladados en barcos negreros rumbo al Nuevo Mundo. En sólo un
instante esas vidas vieron cambiar su valor y se convirtieron en mercancía objeto de
compraventa.
Isla de Gorée (Senegal). Año 2003.
Es el lugar elegido por George W. Bush para iniciar su gira por varios países africanos,
hacerse la foto paseando cogido de la mano de su mujer y lamentar que allí "la vida y la
libertad fuesen robadas" a millones de africanos. Hecho por el que además de no pedir
perdón, sí utiliza para señalar que la historia de EEUU cuenta con un gran número de
negros ilustres, cuestión por la que se sienten orgullosos. Además quiere recordar al mundo
que desde el otro lado del charco hubo muchos norteamericanos que lucharon para abolir la
esclavitud. Hasta aquí suponemos que tiene lugar el lavado de conciencia, pero las razones
de este viaje no tenían nada que ver con la memoria histórica. Hoy, la historia se repite y el
pueblo africano vuelve a quedar sometido y esclavizado en pleno siglo XXI.
Como decíamos, las razones de esta gira eran diversas. Primero, EEUU necesitaba
aumentar la extracción de crudo en esta región ya que Oriente Medio es un polvorín.
Segundo, Africa sigue siendo -al igual que en aquel tiempo- un importante enclave
geoestratégico que a EEUU le interesa tener bajo control. Y tercero, unos meses más tarde,
Bush se enfrentaba a su reelección y necesitaba conquistar el voto negro, tradicionalmente
demócrata. Como contrapartida los responsables de estos cinco países objeto de la gira -
Senegal, Sudáfrica, Botswana, Uganda y Nigeria- recibían con cara de orgullo y sonrisas,
las promesas de la Administración Bush sin valorar lo que a cambio estaban entregando: el
ejercicio de su soberanía efectiva y la renuncia a su derecho de disponer libremente de sus
recursos energéticos en detrimento del pueblo africano.
Aquellos primeros esclavos fueron arrancados de su tierra, encadenados con grilletes y
sometidos, pero nunca dejaron de entonar sus cantos y gritos de libertad que consiguieron
mantener viva la esperanza generación tras generación. Hoy, los grilletes son dorados. La
falta de libertad y la ausencia de derechos parece no ser importante para seguir caminando.
El dinero lo compra todo y las víctimas vuelven a ser las mismas: los pobres, los débiles o
los que están enfrentados a los grupos de poder.
Pacto entre amos
"Primero te quitan la dignidad, te hacen sentir miserable, que no vales nada. Dejas de ser
persona. No tienes poder de elección sobre tu propia vida. Pasas a ser una mercancía que
pertenece a un amo. Te sitúas en una especie de limbo jurídico donde no existen los
derechos más elementales. Puedes ser comprado y vendido. Eres una especie de marioneta
cuyos hilos son movidos por unos individuos que deciden por ti el resto de tu vida..."
Esta declaración puede ser de alguien con nombre y apellidos, pero correríamos el peligro
de quedarnos en un caso concreto. La esclavitud que vivimos en nuestro tiempo, no es un
fenómeno individual, como señala Manos Unidas en su informe "La esclavitud hoy, un
problema de nuestros días", sino que tiene un carácter social y colectivo. "La esclavitud
actual sigue siendo un fenómeno social que afecta a determinados grupos de población,
que se produce en determinados países, con determinadas políticas y que se genera y
mantiene por determinados mecanismos de carácter económico, político y cultural. A
medida que aumenta la capacidad de elegir y optar de un pueblo crece su nivel de
desarrollo y disminuye la condición de esclavitud". Según la ONU, doscientos cincuenta
millones de personas viven en situación de esclavitud; servidumbre por deudas, explotación
sexual, salarios ínfimos, reclutamiento forzoso, niños trabajadores o soldados, matrimonios
forzados, e incluso esclavitud como antaño. Y estos esclavos conviven al lado de otros, que
no se consideran tales porque también se benefician de la situación y miran sonrientes a sus
amos. Ocupan puestos de responsabilidad y como vimos al principio, pueden tomar
decisiones que conducen a los pueblos hacia la esclavitud. "Los derechos humanos han sido
relegados -explica la periodista de la Agencia de Información Solidaria (AIS) Marta
Caravantes- y pospuestos siempre a favor del libre comercio que promueve como 'derecho
fundamental' la producción al menor coste posible. Incluso numerosos líderes de los países
del Sur han reprochado a las ONG sus reivindicaciones sobre los derechos laborales". Los
gobiernos afirman que este reconocimiento significaría la pérdida de suculentas inversiones
de empresas que se implantan en los países pobres para lograr un abaratamiento de los
costes de producción. "La oferta que los gobiernos del Sur plantean a las multinacionales -
continúa- se basa en la posibilidad de explotar mejor a sus ciudadanos, de pagarles los
salarios más bajos, con contratos más precarios y condiciones laborales indignas. Ese es
el eslogan de quienes se preocupan más por atraer inversiones y lucir cifras
macroeconómicas que por mejorar el nivel de vida de la población". El gobierno mexicano
por ejemplo, está encantado de que el comercio con EEUU se haya duplicado desde la
entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio. El reclamo para atraer la inversión
extranjera es por supuesto la mano de obra barata. Así, el país cuenta por un lado con una
importante entrada de capital extranjero y por otro, tiene a un pueblo cada vez más
empobrecido que ha perdido más del 34% del poder adquisitivo y cuenta en estos
momentos con un salario mínimo de los más bajos del mundo semiindustrializado.
"Cuando algunos líderes manifiestan su intención de incorporarse al primer mundo,
parece que se refieren sólo a la minoría de multimillonarios que aprovechan los privilegios
ofrecidos por el libre comercio. Mientras los mercados se abren, los trabajadores más
pobres son las víctimas propicias para el sacrificio", añade Caravantes.
"Cuanto mayor es la 'libertad' de los mercados, mayor es la esclavitud de los pueblos y la
pobreza de las naciones. Cuanto mayor es la 'libertad' financiera, mayor es el provecho de
ladrones y zánganos y menor el bienestar de los trabajadores. Cuanto mayor es la
'libertad' del dinero, mayor es la humillación de los pobres y menor la probabilidad de ser
respetados como personas", explica Luis Ferreira, miembro de ATACC, en La Opinión
Pública. Los responsables de la mayoría de los Estados hoy, hacen prevalecer los intereses
económicos y de poder, por encima de la dignidad de sus ciudadanos y la justicia social. El
pacto entre "amos" sigue siendo por dinero o poder. ¿Cuáles son las nuevas formas de
sometimiento?
Nuevas formas de esclavitud.
No existe una distinción clara entre las diversas formas de esclavitud, señala Naciones
Unidas (1). "Las mismas familias o grupos son muchas veces víctimas de varios tipos de
esclavitud contemporánea y el factor que los une a todos suele ser la extrema pobreza",
recoge el citado texto.
Familias enteras son obligadas a trabajar la tierra generación tras generación mientras no
consigan reunir el dinero necesario para pagar una deuda que previamente han contraído.
Pero la realidad es que a pesar de todos los esfuerzos, esa familia nunca saldará su deuda ya
que los intereses crecerán más que el dinero conseguido y esa lacra pesará sobre su
descendencia. El deudor pasa a convertirse en siervo de por vida.
Pero además de las familias, son las mujeres y los niños los grupos más vulnerables.
Infancias rotas
A medida que la crisis económica se hace más patente, las cifras de la explotación infantil
aumentan. Según UNICEF, en la actualidad se calcula que existen unos doscientos millones
de niños trabajadores entre cinco y diecisiete años. Trabajan en las calles -venta ambulante,
guías turísticos, repartidores, limpiabotas-; en lugares peligrosos e insalubres -hornos,
minas, picando piedra, en el campo o pesca a pulmón libre-; son vendidos como esclavos
por sus padres por cantidades irrisorias a usureros para trabajar en la fabricación de
alfombras, ladrillos, obras públicas, etc.; niñas son entregadas al servicio doméstico en
jornadas de quince horas a cambio de cama y comida. Y además, en muchas ocasiones esto
lleva asociado el abuso sexual del menor, cuando no son vendidos a redes de prostitución
que operan por todo el mundo. Un 61% de los menores que trabajan, en torno a 153
millones de niños, según un informe (2) de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), se
encuentra en Asia. Un 32%, 80 millones en Africa y un 7%, 17,5 millones en América
Latina. "Una de las razones por la que los gobiernos y sociedades de estos países no se han
mostrado más activos en la oposición a las formas más perjudiciales de trabajo infantil
según la OIT, es que los niños trabajadores no suelen ser fácilmente visibles. Es un ejemplo
de 'ojos que no ven, corazón que no siente'". Y lo más lacerante es que mientras estos niños
trabajan sus padres están desempleados. Son mano de obra barata, no dan problemas, son
fáciles de adoctrinar y tienen miedo, razón por la que también son más dóciles. Y una de las
cuestiones por las que muchos acaban siendo reclutados a la fuerza para participar de forma
activa en conflictos armados. Un gran número pierde la vida o es torturado, golpeado,
interrogado o hecho prisionero de guerra. Según Amnistía Internacional, al menos 300.000
niños y niñas combaten en algún conflicto bélico. Una parte del futuro del planeta está
siendo minada.
Estos millones de niños han sido privados de su derecho sagrado a una vida digna, a una
formación y una cultura. Pero no sólo eso, sino que han sido privados de experiencias
profundas, sensaciones, en los años más sensibles de su vida, básicos para su desarrollo
como personas. Y eso, no se puede devolver.
Esclavas silenciosas, revolución silenciosa.
Por el hecho de haber nacido mujer en este planeta, millones de personas no tienen derecho
a vivir porque al nacer son asesinadas; o torturadas, violadas, agredidas, insultadas o están
exentas de los derechos humanos más fundamentales. En una palabra y según define la
ONU, "son tratadas de una u otra manera como una propiedad". Las leyes de los gobiernos,
la economía y sus objetivos, junto con la educación, o mejor dicho, la falta de educación,
han conseguido mantener en silencio y seguir "produciendo" a estas rentables esclavas.
Explotación sexual, trabajo doméstico servil, matrimonios forzados, compra y venta... Las
cifras son impresionantes, más en estos momentos donde muchas mujeres, cabeza de
familia, toman la decisión de abandonar el país para buscar un futuro para los suyos y
acaban inmersas en redes de prostitución o similar.
Todo esto está pasando ahora. Pero también otras cosas de las que vamos a hablar a
continuación y forman parte de otro movimiento que surge imparable.
Un grupo de mujeres están rompiendo el silencio. Hay firmeza en su voz, en sus
movimientos, pero también hay dolor, sacrificio y lucha. Quieren explicar al mundo sus
ideas y su forma de ver la vida, muy distinta a lo conocido hasta el momento. Están
rompiendo cadenas y están ayudando a otros a romperlas porque quieren escribir ellas
mismas su guión, fuera del dictado de los que hasta ahora las han tenido sometidas. Para
ello están empleando algo que nadie les ha podido quitar, su libertad interior, su
imaginación y su creatividad. Y con ello están explorando nuevos espacios, están abriendo
nuevos caminos que otros hombres y mujeres están siguiendo.
Como Shirin Ebadi, abogada iraní, último Nobel de la Paz por su defensa de la democracia
y los derechos humanos dentro del hermetismo del mundo árabe. Esta activista y defensora,
no sólo de los derechos de la mujer sino de otro modelo de democracia participativa, ha
dejado atrás las persecuciones y los encarcelamientos de los que ha sido objeto para
convertirse en un importante referente en la lucha por la liberación de la mujer, a pesar de
las amenazas de los sectores más integristas de su país que aún hoy pesan sobre ella.
Como también Somaly Mam, una camboyana que fue vendida como esclava y vivió el
infierno de la explotación sexual cuando contaba apenas catorce años. Hoy esta mujer está
entregada en cuerpo y alma a la lucha contra la explotación sexual de las menores en su
país y ayuda a las jóvenes a salir de esa situación como pudo hacer ella en su día. Ha creado
a la ONG de Ayuda a mujeres en situaciones desfavorecidas, AFESIP y ha sido merecedora
del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. A pesar de que su labor es
reconocida internacionalmente, está amenazada de muerte.
La esclavitud que vivimos en nuestro tiempo, no es un fenómeno individual, sino que tiene
un carácter social y colectivo.
La pasión por la libertad de ideas une a filósofas que están renovando los espacios de
reflexión. Bajo el eslogan "Paremos el mundo para cambiarlo", cientos de sindicalistas
hablan de una nueva relación del ser humano con el trabajo. Otras mujeres están
accediendo a la primera línea política y trabajan por la democracia participativa. Otras lo
hacen a través de la literatura, la investigación, el periodismo, la economía... Estas y otras
tantas mujeres anónimas han soñado con un mundo diferente al que les ha tocado vivir y
están luchando por ello.
Existe una mujer que aún permanece esclava, pero también está surgiendo una nueva raza
de mujeres que pueden cambiar el mundo y lo están haciendo.
La lucha por la dignidad.
La humanidad se encuentra en un punto sin retorno, como nunca antes había estado. La
mayor parte de la riqueza del planeta se encuentra en manos de un reducido grupo de
personas que con sus decisiones e intereses han puesto en marcha un sistema político y
económico donde el hombre es un número más con el que comerciar. Lo mismo ha
ocurrido con la biodiversidad, los ecosistemas, el aire, la tierra, hasta el agua, elementos
que han acompañado al hombre desde sus orígenes, forman parte ahora de intereses
privados.
El grupo de excluidos aumenta de forma galopante. Pero ni el hambre, ni la explotación, ni
el haber sido arrancados de la tierra, han conseguido hacer callar a un grupo cada vez más
numeroso de hombres que se está levantando en diferentes lugares del mundo para luchar
por algo que nadie puede quitarles: la dignidad.
Más del 60% del pueblo boliviano poseedor de uno de los subsuelos más ricos del planeta,
vive por debajo del umbral de pobreza. Mientras, un pequeño grupo de poderosos acapara
la riqueza del país desde hace más de dos siglos. A finales del pasado año fuimos testigos
de cómo el pueblo se lanzó a la calle para defender sus recursos naturales y expulsar del
poder a Sánchez de Lozada y su gobierno, subordinados de EEUU. Pero esta rebelión
popular coincidió -nos recuerda un grupo de intelectuales firmantes de la Declaración por la
Defensa de la Humanidad (3)- con la resistencia civil y política en Haití contra el
autoritarismo de Aristide; con la de Puerto Rico al exigir el desmantelamiento de la base
norteamericana de Vieques; con la de Argentina y los desocupados que bloquean rutas; con
la de indígenas en Ecuador, que se levantan en contra del racismo y la discriminación; con
la de Brasil y los campesinos sin tierra; con la de México que defiende sus recursos
estratégicos frente a la voracidad trasnacional; con la de Venezuela y los activistas que han
emprendido la defensa de la revolución boliviana, y con la de Chile y los jóvenes que
luchan contra un sofisticado modelo de exclusión social.
Hoy, los grilletes son dorados. El dinero lo compra todo y las víctimas vuelven a ser las
mismas: los pobres, los débiles o los que están enfrentados a los grupos de poder.
Y todo esto estaba teniendo lugar a finales del pasado año. Un impresionante movimiento
en cadena que ya había comenzado antes y que desde FUSION hemos denominado la voz
del Pueblo Universal; una voz que está sonando y marca la diferencia cada vez más abismal
entre las dos concepciones del mundo.
Estas voces suenan en las calles, gritan y en sus pancartas podemos leer: ¡Juntos somos
más!, ¡juntos podemos parar un país!
Anteponer el dinero o el poder a la vida de las personas es declarar la guerra al ser humano
y eso no están dispuestos a permitirlo, aseguran los portavoces de las organizaciones de
campesinos, sindicatos e indígenas. "Creemos en el vecino -exclaman- y en la fuerza que
tiene uno con otro".
El Pueblo Universal está en la calle, se representa a sí mismo, y tiene un objetivo común:
Recuperar la tierra, luchar por su dignidad y contra cualquier tipo de sometimiento o
explotación del ser humano. Cada día son más los hombres y mujeres que desde todos los
lugares del mundo, se unen con sus protestas a este movimiento. Todos han soñado con
otro mundo. ∆
(1) "Formas contemporáneas de la esclavitud". Informe nº14. Naciones Unidas. (2) "El
trabajo infantil: Lo intolerable en el punto de mira", de la Oficina Internacional del
Trabajo. (3) Declaración "En Defensa de la Humanidad", firmada por intelectuales de
todo el mundo reunidos en la ciudad de México en octubre del pasado año (Diario La
Jornada, México D.F. Domingo, 26-10-03).
Cuanto mayor es la 'libertad' de los mercados, mayor es la esclavitud de los pueblos y la
pobreza de las naciones
Los niños son mano de obra barata, no dan problemas, son fáciles de adoctrinar y tienen
miedo, razón por la que también son más dóciles
MUJER, OBJETO DE CONSUMO
Unos cuatro millones de niñas y mujeres han sido vendidas o compradas con uno de estos
tres destinos: matrimonio, prostitución o esclavitud.
Lorena Pajares es vicepresidenta en España de AFESIP, asociación creada por Somaly
Mam -Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional- con el objetivo de
conseguir la reinserción sociolaboral de mujeres en situación precaria y más especialmente,
las menores víctimas de explotación sexual.
-Por nuestro país pasan cada año 500.000 mujeres que luego son obligadas a prostituirse,
aquí o en otros lugares. ¿Cómo se inicia este círculo vicioso?
-Una de las principales razones es la demanda masculina de acceso sexual a las mujeres,
aunque de eso no se habla. El hombre se siente legitimado para poder reclamar "servicios
sexuales" en cualquier momento y a cualquier precio. La mujer es mercantilizada y como
objeto de consumo se reclama que haya "variedad". Por esta razón cada vez hay más tráfico
de mujeres de muy diferentes países, razas, edades. Sólo hace falta relacionar esto con las
condiciones de vida de estas mujeres en sus países de origen, las circunstancias de pobreza,
las políticas de género, la violencia...
-Ahora parece que la decisión de salir de un país a buscar un futuro, es tomada en más
ocasiones por la mujer que por el hombre. ¿A qué se debe el cambio?
-Es una realidad complicada en la que influyen muchos factores. Uno de los principales es
lo que se ha llamado feminización de la pobreza, la consecuencia sobre las mujeres de los
planes de ajuste estructural, las estructuras patriarcales, los conflictos militares, la violencia
doméstica, el hecho de que cada vez más mujeres sean cabeza de familia, hacen que sea la
mujer la que se ve obligada a buscar otras salidas y nuevas formas de acceso a los recursos
económicos.
-La explotación sexual se ha sufrido en silencio y desde la marginación por parte de las
víctimas; y con la mirada hacia otro lado por parte de la sociedad. Esto ocurre en
Tailandia por ejemplo, pero también en nuestro país. ¿Hay diferencia para una víctima
según se trate de uno u otro lugar?
-No. Las consecuencias en la identidad, dignidad y autoestima de la persona no dependen
del lugar en el que se encuentre. Estamos hablando de esclavitud. La esclavitud sexual es
un atentado contra los derechos fundamentales tanto en Botswana como en Suecia. Por
tanto, es un problema que debemos abordar desde este punto de vista, el de los derechos
humanos, independientemente de las circunstancias concretas o situación geográfica de
cada mujer.
-Este tipo de esclavitud ¿qué valores destruye en la víctima? ¿Se pueden recuperar?
-Los traumas son enormes. Los perfiles psicológicos de estas mujeres reflejan destrucción
de la autoestima, estrés, falta de esperanza, desmotivación, depresión, soledad, ansiedad...
La recuperación es muy complicada, requiere mucho esfuerzo y energía por su parte, pero
es posible, aunque la violencia sufrida es imposible de olvidar. Hacen falta políticas
contundentes que ataquen la raíz del problema, que impidan que las mujeres sean víctimas
de ello y que dispongan de los medios necesarios para su eficaz reintegración. ∆
AFESIP-Spain. C/Marqués de Santa Ana, 18. Bajo. 28004-Madrid. Tfno. 91 360 46 65/
www.afesip.org El hombre se siente legitimado para poder reclamar 'servicios sexuales' en
cualquier momento y a cualquier precio. La mujer es mercantilizada y como objeto de
consumo se reclama que haya variedad
Que en pleno siglo XXI siga existiendo esclavitud puede parecer increíble o, como mucho,
pensar que se está hablando de algún país perdido en el mapa. Pero no, existe esclavitud en
todas partes, allí donde no se respeten los derechos humanos, allí donde existan hombres
que desprecien la dignidad humana, que se crean superiores, diferentes, mejores.
La esclavitud nunca se ha erradicado, sólo ha cambiado de forma, ha mutado, para
adaptarse a los tiempos y para pasar desapercibida entre el ruido y las prisas.
Ya no cruzan los mares barcos cargados de negros hacinados en las bodegas para ser
vendidos luego como mano de obra, como criados de los terratenientes. Pero hoy cruzan en
pateras para morir en la costa o para acabar siendo explotados por empresarios sin
escrúpulos.
Pero también se trafica con mujeres, con niños, con todo aquello que sirve para satisfacer
las "necesidades" del primer mundo.
Esclavos del siglo XXI que no se diferencian en nada a los de cualquier tiempo, porque las
miserias humanas no conocen épocas, ni entienden de progreso.
Antes la esclavitud se definía en una línea concreta de actuación. Ahora se ha diversificado
e introducido en todos los niveles de la sociedad, en todos los terrenos.
En el fondo se trata de explotar al prójimo, de robarle su dignidad, de utilizarle para tu
provecho y para la satisfacción de los más bajos instintos.
La humanidad ha cambiado de ropajes, pero ningún cambio ha podido disimular sus eternas
carencias.
El hombre sigue siendo el peor enemigo del hombre.
¿Hasta cuándo?
Cómo el sistema ha traicionado al pueblo negro: Momentos decisivos
by Bob Avakian
Obrero Revolucionario #1229, 15 de febrero, 2004, posted at rwor.org
Este artículo salió por primera vez en el Obrero Revolucionario No. 894, 16 de febrero de
1997.
En un sentido decisivo y fundamental, este sistema le ha fallado, ha traicionado, al pueblo
negro en momentos decisivos de la historia. En concreto, podemos mencionar dos
momentos decisivos después de la guerra de Secesión, que abolió la esclavitud.
Después de la guerra de Secesión, durante la Reconstrucción (un período corto de no más
de 10 años, aproximadamente entre 1867 y 1877), el ejército federal, el ejército de la
Unión, permaneció en el Sur para garantizar el cumplimiento de importantes reformas,
tanto en la base económica como en la superestructura política.
Hoy, en las películas de Spike Lee sale una línea de "40 acres y una mula". Eso se refiere a
la promesa que les hicieron a los negros durante la guerra de Secesión de darles tierra (y los
medios necesarios para trabajarla). En ese entonces, para los negros, la propiedad de la
tierra era crucial, una especie de "ancla" económica para impedir que los volvieran a
esclavizar o los sometieran a la servidumbre en las plantaciones del Sur.
Además de las "40 acres y una mula", les prometieron otros derechos económicos y
políticos. De hecho, en el breve período de la Reconstrucción, aunque no se cumplieron del
todo las promesas de esos derechos, sí hubo importantes cambios y mejoras en la situación
de los negros del Sur. Durante la Reconstrucción, los esclavos emancipados practicaron,
aunque no plenamente, el derecho al voto, a ocupar cargos y otros derechos
constitucionales de los ciudadanos. Incluso, algunos negros fueron elegidos a puestos altos,
aunque nunca a la gobernación, de varios estados sureños.
Ese proceso fue muy contradictorio. La fuerza armada del estado, o sea el ejército federal,
nunca garantizó plenamente esos derechos y a menudo aplastó luchas populares en pro de
esos derechos. Pero en el Sur se estaba dando una especie de renacimiento democrático-
burgués, no solo en favor de las masas negras sino también de muchos blancos pobres y de
la clase media. A pesar de agudas contradicciones, durante los 10 años que duró la
Reconstrucción, hubo un florecimiento de reformas democrático-burguesas. No fue una
revolución proletaria, pero fue algo significativo para la época.
En 1877, todo eso se acabó y se traicionó. La burguesía había conseguido lo que quería:
consolidar la totalidad del país; consolidar su posición económica y política en el Sur, así
como en el Norte y el Oeste.
Muchos de los antiguos esclavistas estaban empezando a recuperar sus plantaciones y a
poner en marcha una forma de explotación básicamente feudal (o semifeudal) de millones
de negros por medio del sistema de aparcería (sharecropping), una especie de servidumbre
feudal impuesta por el terror judicial y extrajudicial. El capital bancario y otros sectores de
capital del Norte habían penetrado en la economía sureña y estaban entrelazados con el
sistema de plantaciones y otros aspectos de la economía sureña a múltiples niveles. Así que
el renacimiento democrático-burgués que signó a la Reconstrucción estaba empezando a ser
una amenaza para la burguesía, así como para los terratenientes sureños. Los capitalistas
del Norte ya no querían seguir protegiéndolo o tolerándolo, y mucho menos permitir que
cobrara fuerza o que se escapara de su control.
Así que en 1877 sucedió algo dramático: el ejército federal se retiró, les quitaron a los
negros los parciales logros económicos y políticos, y los sometieron de la forma más
salvaje al viejo sistema de plantaciones, ahora como peones en vez de esclavos. Al ejército
federal le dieron dos tareas inmediatas: una, aplastar huelgas, que en ese entonces eran
esencialmente de trabajadores blancos; y dos, continuar el genocidio de los indígenas y
meter a los que quedaban en los campos de concentración y pobreza que llaman "reservas".
Aquí se puede ver otro ejemplo dramático de cómo la clase dominante divide para
conquistar a grupos de oprimidos: uno de los ejemplos más trágicos fue la formación de los
"Buffalo soldiers" (negros reclutados por el ejército para luchar contra los indígenas) justo
cuando se traicionaba la Reconstrucción.
Pero el punto general que quiero recalcar es que en un momento decisivo de la historia de
Estados Unidos se planteó muy claramente la pregunta: ¿serían los negros "incluidos",
integrados o asimilados a la sociedad en pie de igualdad? ¿Se atacaría y extirparía
sistemáticamente la esclavitud y sus vestigios o no? Y la respuesta fue un tajante ¡NO! Y
hay una razón objetiva para eso: la burguesía no podía hacerlo sin destripar todo su sistema.
Por el contrario, volvieron a encadenar a los negros, no con cadenas de hierro sino con
cadenas económicas, como deuda y otras formas de explotación económica, y con opresión
y terror judicial y extrajudicial. Así que ese fue un momento decisivo en el cual el sistema
le falló al pueblo negro y lo traicionó. Y todos, no solo los negros, sino todos los proletarios
de todas las nacionalidades y las amplias masas populares, deben entender eso bien,
aplicando la posición, el método y el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico.
Los blues del aparcero y la acción afirmativa
El otro momento decisivo en que el sistema le falló al pueblo negro y lo traicionó fue
después de la II Guerra Mundial, durante el movimiento de derechos civiles. En ese
entonces, cambios en la economía y la "geopolítica" mundial, así como cambios en la
economía estadounidense, causaron un cambio dramático en la situación de millones de
negros.
Todo mundo sabe de la masiva migración hacia el Norte de negros durante la II Guerra
Mundial y especialmente después. En los años 50 y 60, millones de negros se trasladaron
de las plantaciones a los centros urbanos, especialmente del Norte, pero también del Sur.
Como señalamos en La pura verdad, verdad liberadora: Cómo este sistema ha oprimido al
pueblo negro, cómo se puede acabar finalmente con toda la opresión,el mismo sistema que
esclavizó a los negros y que después los sometió a la aparcería y otras formas de
explotación semifeudal, ese mismo sistema y su clase dominante, que se benefició de eso
debido a las particularidades del modo de producción burgués, ese mismo sistema, después
de la II Guerra Mundial, los expulsó de la tierra, sin consideración alguna por todo el
trabajo que le habían dedicado ni todo lo que producían.
Hoy se oyen canallas ataques contra la acción afirmativa, como: "No es justo, a mi hijo le
fue muy bien en el examen SAT y no puede ingresar a la universidad que quería porque le
dieron el puesto a un negro que sacó menos en el SAT, bla, bla, bla". Cada vez que oigo
arremetidas y quejas ignorantes así, me pongo a pensar en algo que vi en la serie The
Promised Land (La tierra prometida) que transmitió la cadena PBS sobre la migración de
los negros de Misisipí a Chicago, y de sus experiencias tanto en el Norte como en el Sur.
La serie presentó en términos históricos generales el fenómeno social del que hablo: la
migración masiva de negros hacia el Norte después de la II Guerra Mundial. Se enfocó en
los que fueron a Chicago desde Misisipí, y a Detroit, Cleveland, etc. También relató esa
historia en términos personales. Entrevistó a varias personas que contaron cómo y por qué
se fueron del Sur y qué encontraron en el Norte. Algo que contó un señor negro me
impactó, especialmente en vista de las pendejadas que están fomentado contra la acción
afirmativa.
El señor contó cómo era el sistema de aparcería. Además de la explotación "normal" de los
aparceros, para colmo los estafaban. En el sistema de aparcería, la tierra pertenecía al amo,
y cada año adelantaba a los aparceros semillas para la siembra. Esencialmente todo, desde
la tierra que trabajaban, pertenecía al amo, y al fin del año este hacía las cuentas. Los
aparceros tenían que entregarle toda la cosecha a él, y él les devolvía una parte. En este
caso se trataba de un sistema modificado, o sea que no recibían el pago "en especie" (con lo
mismo que habían producido) sino en dinero. Así funcionaba la aparcería en el Sur en ese
tiempo, así que se puede ver por qué no era fácil irse si uno se sentía descontento,
explotado y estafado, pues estaba endeudado desde el principio, siempre estaba endeudado.
Bueno, no solo existía un sistema de explotación permanente, institucionalizado y
legitimado, sino que para colmo los estafaban. El amo, que además de ser dueño de todo
manejaba las cuentas y era el dueño de la tienda donde los aparceros tenían que comprar lo
que necesitaban, siempre los estafaba.
Un año, el día de arreglar cuentas, el padre del señor que contaba la historia fue a reclamar
su dinero por todo el año de trabajo. Pero el amo lo estafó: subió el precio de todo, de los
suministros, la comida y la ropa que la familia tenía que comprarle. Y el amo le dijo: "Aquí
está lo que te debo". Una miserable cantidad. Además de explotado, estafado. Pero eso no
fue todo. El amo le dijo: "Sí, eso es lo que te debo, pero no te puedo pagar este año porque
lo necesito para pagar la matrícula de mi hijo en la universidad". ¡Qué es eso si no acción
afirmativa para la supremacía blanca! Y el aparcero, además de estafado, engañado y
explotado, dijo: "Me está diciendo que después de tanto trabajo para dar de comer a mis
hijos, darles calzado, no me va a pagar ni eso por lo que trabajé tanto, porque lo necesita
para pagar la matrícula de su hijo".
Así que no quiero oír más pendejadas de que la acción afirmativa es una ventaja injusta
para los oprimidos.
Traición en la tierra prometida
Volvamos al movimiento de los derechos civiles, que empezó en los años 50 y continuó
durante los 60. Ese fue otro momento decisivo. Después de la esclavitud vino la
Reconstrucción y eso fue traicionado: se instituyó el sistema de aparcería, acompañado del
surgimiento del KKK y todo ese terror. Pero en los años 1950 y 1960, algo nuevo se puso
sobre el tapete: la cuestión de verdadera igualdad y derechos iguales para todos, la
abolición del sistema racista conocido como Jim Crow y de toda esa discriminación.
Esa fue la demanda que se hizo, eso fue lo que se puso sobre el tapete. ¿Y qué pasó?
Bueno, se abolieron ciertos aspectos del sistema Jim Crow y la segregación legal, ciertos
principios de "apartheid" que negaban a los negros por ley la igualdad formal; por ejemplo,
que en una corte la palabra de un negro no valía lo mismo que la de un blanco.
¿Pero se logró siquiera acercarse a la plena igualdad, dio el sistema a los negros igualdad?
¡NO! A pesar de la tremenda y heroica lucha y sacrificio de las masas negras (y de otros
que las apoyaban), la respuesta es ¡NO!
El sistema que por siglos los encadenó a las plantaciones sureñas, ahora los echaba de las
plantaciones como consecuencia de los cambios operados en la economía sureña y del país,
así como de la economía y geopolítica mundial.
Para ese sistema, la mano de obra negra en las plantaciones había dejado de ser necesaria,
se había vuelto superflua. Así que millones de negros se fueron a las ciudades, donde
vivieron segregados y superexplotados en los sectores inferiores del proletariado.
Otra dimensión de esa situación la expuso poderosamente Carl Dix en una charla en que
contó de cuando trabajó en una acería de Baltimore. Tan pronto llegó, lo pusieron a trabajar
en el peor oficio, en la fundición, donde trabajaban los demás negros. Contó que una vez
estaba hablando con un obrero negro mayor (¡y esta es otra historia que arroja luz sobre la
acción afirmativa y la tal "discriminación a la inversa"!) y le contó que tenía 25 años
trabajando en el mismo departamento, donde se hace el trabajo más pesado, el que menos
paga y ofrece menos seguridad, a pesar de que llevaba 25 años trabajando ahí. Le contó que
él adiestraba a todos los blancos que llegaban y que cuando sabían el oficio los ascendían,
pero él nunca salió de ese departamento infernal. ¡¿Qué es eso si no acción afirmativa para
la supremacía blanca?! Repito, no quiero oír más ataques reaccionarios contra la acción
afirmativa porque estamos lejísimos de la igualdad, ni de que los oprimidos tengan ventajas
injustas; hágame el favor.
*****
De hecho, como dice La pura verdad, verdad liberadora,la discriminación no está
operando "a la inversa"; sigue operando de la misma manera que siempre ha operado a lo
largo de la historia de Estados Unidos, sigue promoviendo la supremacía blanca y el
machismo.
En términos históricos, aquí tenemos dos importantes momentos decisivos (después de la
guerra de Secesión y después de la II Guerra Mundial, o sea, la Reconstrucción y el
movimiento de derechos civiles) en los que se planteó claramente la pregunta: ¿dará el
sistema derechos iguales a todos? Y la respuesta del sistema fue: ¡NO! No se trata
simplemente de que la clase dominante no quisiera hacerlo, sino de que no podía hacerlo.
No podía hacerlo porque hubiera tenido que desmantelar todo su sistema, y minar su base
económica y superestructura.

Africa

  • 1.
    Historia del PensamientoAmbiental Capitulo 1. África Hace cinco millones de años un tipo de homínido, antepasado cercano del ser humano, habitaba el sur y el este de África. Hace 1,5 millones de años este homínido fabricante de herramientas evolucionó hacia formas más avanzadas: el Homo habilis y el Homo erectus. El primer hombre que existió en África, el Homo sapiens, data de hace más de 200.000 años. Cazador y recolector, capaz de realizar toscas herramientas de piedra, el Homo sapiens se asociaba con otros de su especie para formar grupos nómadas; finalmente estos pueblos bosquimanos nómadas se extendieron por todo el continente africano. El proceso de diferenciación racial data del año 10.000 a. C. La creciente población negroide, que dominaba la domesticación de animales y la agricultura, expulsó a los grupos bosquimanos hacia las zonas más inhóspitas. En el siglo I, el pueblo bantú, uno de estos grupos dominantes, comenzó una migración que duró 2.000 años y pobló la mayor parte de África central y meridional. Las sociedades negroides dependían de la agricultura de subsistencia o, en las sabanas, del pastoreo. La organización política era, en general, local, aunque más tarde se desarrollarían reinos en África occidental y central. La primera gran civilización africana comenzó en el valle del Nilo en el 5000 a. C. aproximadamente. Estos asentimientos, que dependían de la agricultura, se beneficiaron de las crecidas del Nilo como fuente de regadío y nuevos terrenos. La necesidad de controlar la corriente del Nilo produjo finalmente una compleja y bien estructurada nación, con elaborados sistemas políticos y religiosos. El reino de Egipto se desarrolló e influyó en las sociedades mediterráneas y africanas durante miles de años. La fabricación de utensilios de hierro se extendió hacia el sur, desde Egipto, alrededor del año 800 a.C. Las ideas de monarquía real y de organización estatal también fueron exportadas, en particular a zonas vecinas como Kush y Punt. El reino cusita del este, Meroë, fue reemplazado en el siglo IV por Aksum, que se transformó en Etiopía. Durante un periodo que transcurrió entre finales del siglo III a.C. y principios del siglo I, Roma conquistó Egipto, Cartago y otras áreas del norte de África, que se convirtieron en los graneros del Imperio romano. El Imperio fue dividido en dos partes en el siglo IV. Todos los territorios al oeste de Libia siguieron perteneciendo al Imperio de Occidente, controlado por Roma, y los territorios al este, incluido Egipto, pasaron a formar parte del Imperio bizantino, gobernado desde Constantinopla. En esta época la mayoría de la población se había convertido al cristianismo. En el siglo V los vándalos, una tribu germánica, conquistaron gran parte del norte de África. Los reyes vándalos gobernaron hasta el siglo VI, cuando fueron derrotados por las fuerzas bizantinas y el área fue absorbida por el Imperio de Oriente. La era de los imperios y las ciudades-estado Los ejércitos islámicos invadieron África tras la muerte de Mahoma en el 632 y rápidamente vencieron la resistencia bizantina en Egipto.
  • 2.
    El Islam Los 5pilares 1. La creencia en un solo y único Dios 2. La oración diaria viendo hacia la Meca, el lugar sagrado de los creyentes musulmanes 3. La obligación de los ricos de dar limosna a los pobres 4. La peregrinación, al menos una vez en la vida, a la Meca. 5. Hacer ayuno en los días santos musulmanes. El norte de África Desde sus bases en Egipto, los árabes invadieron los reinos bereberes del oeste y en el siglo VIII conquistaron Marruecos. Mientras que los bereberes de la costa se convirtieron al Islam, muchos otros se retiraron a los montes Atlas y al interior del Sahara. La minoría árabe estableció un reino autocrático en Argelia y Marruecos. Los reinos cristianos de Alwa y Makuria en Sudán fueron conquistados; sólo el reino cristiano de Nobatia fue lo suficientemente fuerte como para resistir a los invasores, y forzar la firma de un tratado que mantuvo su independencia durante 600 años. Los árabes permanecieron como la minoría gobernante durante varios siglos. El comercio a través del Sahara se hizo frecuente durante el siglo VIII. Los guías de caravanas y los maestros religiosos traspasaron sus valores políticos, religiosos y sociales a los pueblos de las rutas de comercio. Anteriormente, los invasores musulmanes del Yemen rechazaron a los pueblos de la costera Aksum hacia el interior y establecieron una serie de ciudades-estado como Adal y Harar. El mar Rojo pertenecía ahora a los comerciantes musulmanes. Varias dinastías rivales surgieron en la costa norte africana. En el siglo VIII los musulmanes norteafricanos conquistaron la mayor parte de la península Ibérica, y durante siglos intentaron ataques y expediciones de conquista a la Europa cristiana. Ya antes de las Cruzadas algunos reinos islámicos muy civilizados dominaban el sur y el este del Mediterráneo. En el siglo XIV el Sudán cristiano sucumbió ante los ejércitos mamelucos de Egipto. Los turcos otomanos conquistaron Egipto en 1517 y durante los cincuenta años siguientes establecieron un control nominal sobre la costa norteafricana. El poder real, sin embargo, permaneció en manos de los mamelucos, que gobernaron Egipto hasta que fueron derrotados por Napoleón Bonaparte en 1798. Los etíopes fueron invadidos por los ejércitos del sultanato de Adal, pero derrotaron en 1542 a los musulmanes con la ayuda de Portugal. Reinos de África occidental En África occidental surgieron una serie de reinos de raza negra cuya base económica yacía en el control de las rutas comerciales transaharianas. Se enviaban al norte oro, nueces de kola y esclavos a cambio de ropas, utensilios y sal. Ghana El primero de estos reinos, Ghana, comenzó a existir el siglo V en lo que hoy es el sureste de Mauritania; su capital, Kumbi Saleh, ha sido excavada en tiempos modernos. Ya en el
  • 3.
    siglo XI, losejércitos de Ghana, equipados con armas de hierro, se adueñaron de las rutas de comercio que se extienden desde el actual Marruecos a los bosques costeros de África occidental al sur. Los bereberes nómadas de la confederación sanhaja (la actual Mauritania central) formaban el nexo principal entre Ghana y el norte. Una vez que los árabes consiguieron controlar las costas del noroeste, comenzaron a explotar estas rutas comerciales. A principios del siglo XI había consejeros musulmanes en la corte de Ghana, y los mercaderes musulmanes vivían en grandes barrios de extranjeros desde los que dirigían un comercio a gran escala muy lucrativo. En el siglo XI, Ghana fue destruida por los almorávides, una belicosa facción musulmana fundada entre los bereberes sanhaja. A principios del siglo XI se alzaron en guerra santa (yihad) y controlaron las rutas de caravanas del Sahara. Entonces el movimiento se separó; un grupo avanzó hacia el norte para conquistar Marruecos y España, mientras que el otro se dirigió al sur para destruir (en el año 1076) la capital de Ghana. Durante el siglo siguiente el pueblo Soso de Futa Yallon, anteriormente vasallos de Ghana, tomó el control del área, pero fueron conquistados a su vez por los pueblos de Mali en el año 1240 aproximadamente. Mali y Songay En el centro de las cuencas altas de los ríos Senegal y Níger, Mali evolucionó a principios del siglo XI a partir de un grupo de las tribus mande. A mediados del siglo XIII, el reino comenzó un periodo de expansión bajo el vigoroso monarca Sundiata. Se supone que poco después los gobernantes de Mali se convirtieron al Islam. El imperio de Mali alcanzó su punto culminante bajo el mansa (rey) Musa, que condujo una peregrinación a La Meca en 1324-1325, inició relaciones diplomáticas con Túnez y Egipto, y llevó a varios eruditos y sabios musulmanes a su imperio; a partir de la época de Mansa Musa, Mali apareció en los mapas de Europa. Después de 1400, el imperio decayó y Songay se convirtió en el reino más importante del Sudán occidental. Aunque Songay data de antes del siglo IX, su gran periodo de expansión se produjo con el reinado de Sunni Alí y Askia Muhammad. Durante el reinado de este último el Islam prosperó en la corte, y Tombuctu se convirtió en el mayor centro de la cultura musulmana, famoso por su universidad y su mercado de libros. Atraídos por su riqueza, los ejércitos de al-Mansur de Marruecos destruyeron la capital de Songay, Gao, en 1591. Tras la caída de Songay, varios reinos pequeños -Macina, Gonja, Ségou, Kaarta- intentaron dominar el oeste del Sudán, pero las luchas continuas y el declive económico fueron los únicos resultados. Los reinos de Hausa y Kanem-Bornu Al este de Songay, entre el río Níger y el lago Chad, surgieron las ciudades-estado de Hausa y el imperio de Kanem-Bornu. Los reinos hausa (Biram, Daura, Katsina, Zaria, Kano, Rano y Gobir) nacieron antes del siglo X. Después de la desaparición de Songay, el comercio transahariano se trasladó al este, donde cayó bajo el control de Katsina y Kano. Éstos se convirtieron en los centros de un floreciente comercio y vida urbana. Al parecer, el Islam fue introducido en los reinos hausa en el siglo XIV desde Kanem-Bornu. Este último imperio existía en el siglo VIII como un impreciso reino intermedio al norte y al este del lago Chad. En un principio fue gobernado por un pueblo nómada, los zaghawa, pero fueron reemplazados por una nueva dinastía, los saifawa, que reinó desde el año 800 hasta el año 1846 aproximadamente. Los nuevos soberanos se convirtieron al Islam en el
  • 4.
    siglo XI. Afinales del siglo XIV se trasladaron a la región de Bornu, y la zona anterior, Kanem, fue conquistada por el pueblo bulala procedente del sur. El soberano bornu más conocido fue Mai Idris Alooma (reinó entre 1580-1617 aproximadamente), que introdujo armas de fuego compradas a los turcos otomanos. En su momento de esplendor, Kanem- Bornu controló las rutas saharianas hacia Egipto, pero a mitad del siglo XVII ya había comenzado su decadencia. La expansión del Islam Durante el periodo de los grandes imperios sudaneses la vida de los agricultores y pescadores prácticamente no cambió; sólo las clases dirigentes disfrutaban de las importaciones y los artículos de lujo. Los agricultores vivían en economías de subsistencia, sujetos a los impuestos periódicos y a las ocasionales incursiones en sus aldeas en busca de esclavos. El Islam se asociaba con los grandes centros urbanos y era la religión de la clase dirigente y de los residentes extranjeros. Sin embargo, antes del final del siglo XV, los árabes nómadas kunta empezaron a predicar, y durante la mitad del siglo XVI la hermandad qadiriyya, a la que pertenecían, comenzó a extender el Islam por todo Sudán occidental. Aproximadamente en la misma época, los fulani, un pueblo nómada y pastor, se trasladaron lentamente hacia el este desde la región de Futa Toro, en Senegal, ganando adeptos para el Islam. Durante este periodo, el Islam se convirtió en una religión personal más que en una mera religión de estado. De hecho, el Islam parece haber declinado entre las clases dirigentes y dinastías no musulmanas que gobernaron en antiguos centros musulmanes hasta el siglo XVIII. Los movimientos islámicos de reforma y renacimiento comenzaron entre los pueblos fulani, mandingo, soso y tukolor. Las viejas dinastías fueron derrocadas y se crearon reinos teocráticos que extendieron el Islam a nuevas áreas. En los reinos hausa, Shehu Usuman dan Fodio, un maestro musulmán, encabezó la rebelión de los fulani, que entre los años 1804 y 1810 derrocó a los monarcas hausa y estableció nuevas dinastías. Sin embargo, un intento de conquistar Bornu fue resistido con éxito por el líder religioso al-Kanemi. El nuevo imperio fulani fue dividido en un principio entre el hermano de Shehu, Abdullahi, y su hijo, Muhammad Bello, pero, después de 1817, Muhammad y sus sucesores fueron sus únicos señores. Seku Ahmadu, un musulmán fulani, creó otro reino teocrático en Macina, en 1818. Durante su reinado desarrolló un imperio que abarcaba toda la región del río Níger, desde Jenne hasta Tombuctu. Tras su muerte en 1844 su hijo tomó el poder, pero en 1862 Macina cayó ante otro reformador musulmán, al-Hajj Umar, que creó el vasto imperio tukolor, en la región de Senegambia, antes de su muerte en 1864. Reinos de África oriental Los primeros restos de la historia de África oriental aparecen en el periplo del mar de Eritrea (c. 100), que describía la vida comercial de la región, así como sus lazos con el mundo más allá de África. Inmigrantes indonesios llegaron a Madagascar durante el primer milenio con nuevos productos alimentarios, sobre todo bananas, que pronto se difundieron por todo el continente. Pueblos de habla bantú que se establecieron en el interior, formaron
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    reinos basados enel clan y absorbieron a los pueblos bosquimanos y nilóticos que ocupaban las llamadas áreas interlacustres, o entre lagos, más al interior. Los colonos árabes ocuparon la costa y establecieron ciudades comerciales. Marfil, oro y esclavos eran las principales exportaciones. Ya en el siglo XIII se habían creado algunas notables ciudades-estado. Entre estos reinos zenj se puede citar a Mogadiscio, Malindi, Lamu, Mombasa, Kilwa, Pate y Sofala. La cultura urbana swahili se desarrolló gracias al intercambio mutuo de hablantes bantúes y árabes. Las clases gobernantes eran de ascendencia afro-árabe; las masas eran bantúes, muchos de ellos esclavos. Estas ciudades- estado mercantiles estaban orientadas hacia el mar, y su impacto político en los pueblos del interior fue mínimo hasta el siglo XIX. Los avanzados y complejos reinos de los lagos empezaron su desarrollo en el siglo XIV. Poco se sabe de su historia primitiva. Una de las teorías afirma que los pueblos cusitas de las montañas etíopes llegaron a dominar a las tribus bantúes. Se cree que otros cusitas fueron los antepasados de los pueblos tutsi de la actual Tanzania, Ruanda y Burundi. Entre los lagos Victoria y Eduardo, los primeros reinos gobernados por los bachwezi florecieron antes del año 1500, época en la que fueron suplantados por la primera ola de pueblos luo, que emigraron del Sudán. Los nuevos inmigrantes adoptaron las lenguas bantúes en el país de Bunyoro, pero en Acholiland, Alurland y el país de Lango (toda la actual Uganda) conservaron su propio lenguaje. Más tarde se crearon nuevos reinos, entre ellos Bunyoro, Ankole, Buganda y Karagwe. De estos reinos, Bunyoro fue el más poderoso hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Entonces Buganda comenzó a expandirse, y sus ejércitos hicieron incursiones por extensas zonas. El reino de Buganda creó una burocracia compleja y centralizada, en la que los jefes de distrito y subdistrito eran designados por el kabaka („rey‟). Más al sur, en Ruanda, los bachwezi (llamados alternativamente bututsi o bahima en esta zona) fundaron una aristocracia de pastores de ganado que gobernó a los pueblos bantúes a partir del siglo XVI. Reinos centroafricanos Los reinos centroafricanos son aún menos conocidos que los interlacustres. En la sabana del Congo, al sur de los bosques tropicales, pueblos de habla bantú establecieron comunidades agrícolas a comienzos del siglo IX. En algunos lugares se desarrolló el comercio a larga distancia con la costa oriental; el cobre y el marfil eran las principales exportaciones. Durante el siglo XIV se estableció el reino del Congo, que dominaba una zona de la actual Angola entre los ríos Congo y Loge y desde el río Kwango al Atlántico, con un elaborado sistema político, con gobernadores provinciales y un rey elegido de entre los descendientes del rey fundador, Wene. En la zona entre el Kasai superior y el lago Tanganica, se organizaron varios reinos en el año 1500 aproximadamente, y formaron el imperio luba. Su fundador, Kongolo, sometió a varios pueblos pequeños de la región y los usó como base para ulteriores conquistas. Sin embargo, el imperio no desarrolló mecanismos centralizadores, así que las luchas dinásticas y los reinos separatistas fueron un problema continuo. En el año 1600, aproximadamente, uno de los hijos más jóvenes de la dinastía abandonó el reino y fundó el imperio lunda. El reino lunda pronto se separó, y miembros de la dinastía real se fueron para fundar nuevos reinos como Bemba, Kasanje y Kazembe. Este último se convirtió en el reino más
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    poderoso y grandede los luba-lunda, y entre 1750 y 1850 dominó Katanga del sur y parte de la meseta de Rhodesia. Se cree que los pueblos de habla bantú que se trasladaron al este desde la región del Congo, durante el primer milenio, asimilaron a los pueblos neolíticos nativos. Más tarde, los inmigrantes bantúes, llamados karanga, fueron los antepasados del actual pueblo shona. Los karanga comenzaron a construir el Gran Zimbabwe, un impresionante edificio de piedra que albergaba a la corte real. También formaron el imperio Monomotapa, que obtuvo su riqueza gracias a la minería de oro a gran escala y alcanzó su máximo esplendor durante el siglo XV. Reinos surafricanos Antes del siglo XIX, los pueblos de habla bantú habían expulsado o admitido a sus predecesores de África del Sur y habían establecido varios reinos sedentarios. A principios del siglo XIX, la presión de la población y el hambre provocó una serie de guerras y migraciones a gran escala a través de África meridional y central. Comenzaron en 1816, cuando el rey zulú Shaka desarrolló nuevas técnicas militares y se embarcó en guerras de conquista contra los pueblos vecinos. Las tribus derrotadas por los zulúes emigraron del sureste de la actual Sudáfrica y, al reorganizar sus técnicas de combate tomando como modelo las de los zulúes, arrollaron a pueblos más distantes, que, en consecuencia, se vieron forzados a buscar nuevos hogares. Los ndwandwe, guiados por su jefe Sobhuza, se dirigieron al norte y establecieron el reino de Swazi a partir del año 1820. Los ngoni también fueron al norte y avanzaron a través del actual Mozambique y más allá del lago Malawi, donde, en 1848 aproximadamente, se dividieron en cinco reinos, que lucharon intensamente entre el lago Victoria y el Zambezi. Otro grupo, dirigido por Soshangane, emigró al sur de Mozambique, donde fundaron el reino de Gaza cerca del año 1830. Los kololo emigraron al norte hacia Barotseland y comenzaron una lucha por el poder con el pueblo local, los lozi. Los ndebele fueron al oeste (1824-34) y después al norte (1837), hasta lo que hoy es Zimbabwe, y fundaron un reino en Matabeleland. Comienzo del imperialismo europeo El primer esfuerzo continuado de los europeos con respecto a África se desarrolló gracias al interés de Enrique el Navegante, príncipe de Portugal. Fueron enviadas numerosas expediciones después de 1434, cada una aumentando el conocimiento europeo sobre la costa sur, hasta que, en 1497-1498, Vasco da Gama rodeó el cabo de Buena Esperanza y llegó a la India. Las expediciones portuguesas fueron impulsadas por varios motivos: el deseo de conocimiento y de llevar el cristianismo a los pueblos paganos, la búsqueda de aliados potenciales contra la amenaza musulmana y la esperanza de encontrar rutas de comercio lucrativas y fuentes de riqueza. Más tarde, dondequiera que portugueses, ingleses, franceses y holandeses pasaban, alteraban las estructuras vigentes de la vida comercial y política y cambiaban los sistemas económicos y religiosos. Rutas comerciales
  • 7.
    Los portugueses establecieronuna cadena de colonias comerciales a lo largo de la costa africana occidental. El Mina, fundada en la Costa de Oro (actual Ghana) en 1482, fue la más importante; de hecho, fue la única en la Costa de Oro y las áreas de Congo y Luanda en donde el comercio fue realmente lucrativo. Oro, marfil, productos alimentarios y esclavos africanos se intercambiaron por armas de fuego, tejidos y alimentos. El comercio portugués atrajo a los rivales comerciales europeos, que en el siglo XVI crearon sus propios puestos e intentaron captar el comercio existente. En África occidental el nuevo comercio tuvo efectos profundos. Las antiguas rutas comerciales habían estado orientadas al norte a través del Sahara, sobre todo hacia el mundo musulmán. Ahora las rutas fueron reorganizadas hacia la costa y la importancia económica de los reinos de la sabana entró en decadencia, mientras que los reinos de la costa incrementaron su riqueza y poder. Pronto se entablaron luchas entre los pueblos costeros por el control de las rutas comerciales y para acceder a las nuevas armas de fuego traídas de Europa. El comercio de esclavos Con el auge del comercio de esclavos para las Américas, las guerras por el control del comercio africano se hicieron más intensas. Durante los cuatro siglos de trata de esclavos, un número incalculable de africanos fueron víctimas de este tráfico de vidas humanas. La mayoría fueron capturados por otros africanos e intercambiados por distintos artículos. El primer reino importante que se benefició del comercio de esclavos fue Benín, al oeste de la actual Nigeria, fundado en el siglo XV. Al final del siglo XVII había sido sustituido por los reinos de Dahomey y Oyo. A mediados del siglo XVIII, el pueblo ashanti comenzó su auge como el mayor poder del África occidental. Bajo el asantehene „rey‟ Osei Kojo (que reinó entre 1764-77), los ejércitos ashanti comenzaron a presionar en dirección sur hacia las estaciones o puestos comerciales europeos de la Costa de Oro. Aunque no pudieron limpiar la ruta de intermediarios, se aseguraron un abastecimiento estable de armas de fuego, que usaron para expandirse hacia el norte y disputar sus fronteras orientales con Dahomey. Más al este, el reino yoruba de Oyo se debilitaba a finales del siglo XVIII, lo que provocó la guerra civil y la intervención de las fuerzas fulani desde el norte y un incremento en la cantidad de esclavos disponibles para el comercio. En el año 1835 aproximadamente, la capital imperial, Old Oyo, fue abandonada, pero en la batalla de Oshogbo (c. 1840) los fulani fueron expulsados. Las guerras civiles se extendieron hasta 1893, cuando el poder yoruba se dividió en varios reinos competidores. Durante la última parte del siglo XVIII, la opinión pública en Gran Bretaña se volvió en contra del comercio de esclavos. Debido a la decisión de Mansfield de 1772, que liberaba a los esclavos en Gran Bretaña, se planteó la posibilidad de crear una colonia africana de antiguos esclavos. El primer intento (1787-90), en la bahía de San Jorge (actualmente Sierra Leona), fracasó; los abolicionistas lo intentaron una segunda vez y en 1792 fundaron Freetown en la misma zona. Cuando los británicos declararon ilegal el comercio de esclavos para los ciudadanos británicos en 1807, consideraron que Freetown era la base adecuada para las operaciones navales contra tal comercio y, en 1808, Sierra Leona fue convertida en una colonia de la Corona. El ejemplo de Sierra Leona atrajo a los estadounidenses, interesados en la colonización del África negra, y a principios de 1822
  • 8.
    la Sociedad deColonización Estadounidense logró establecer su colonia, Liberia, en las cercanías de cabo Mesurado. La expansión británica El deseo británico de acabar con el comercio de esclavos se basó en los intentos de reorganizar el comercio africano hacia otras exportaciones (como el aceite de palma), en aumentar la actividad misionera y en imponer la jurisdicción del gobierno británico sobre propiedades que habían pertenecido a comerciantes británicos. Tales acciones involucraron con frecuencia a Gran Bretaña, por descuido, en luchas con los reinos africanos y condujeron a que asumiera la soberanía de ciertos territorios africanos. En 1821, el gobierno británico tomó el control de una serie de fuertes en la Costa de Oro. Debido a una serie de malentendidos, la primera de varias guerras entre los ashanti y los británicos ocurrió entre 1823 y 1826; estos conflictos se sucederían intermitentemente hasta fin de siglo. Aunque el gobierno británico renunció al control de los fuertes en 1828, volvió a asumir la jurisdicción en 1843. En cambio, la autoridad británica sobre los ashanti no quedó firmemente establecida hasta 1900. En el delta del Níger, la abolición británica de la esclavitud obligó a sustituir la trata de esclavos por el comercio de aceite de palma; para ello, Gran Bretaña precisaba un puerto cercano. Además, los británicos estaban ansiosos por eliminar a los intermediarios de los reinos del delta, tales como Calabar, Bonny y Brass. En 1852 los británicos obligaron al gobernante de Lagos a aceptar su protección y así, en 1861, Lagos fue convertido en una colonia de la Corona. África oriental y central En el centro y el este de África el impacto europeo fue diferente. Cuando los portugueses llegaron a las costas del Congo y Angola, a partir de 1480, se aliaron rápidamente con los soberanos del Congo, que se convirtieron al cristianismo, e intentaron crear un estado occidentalizado. Este objetivo se frustró, sin embargo, por las guerras civiles y la introducción del comercio de esclavos. La región pronto quedó inmersa en luchas y durante el siglo XVI el reino se derrumbó. Más al sur, los portugueses fundaron Luanda en 1575 como base para penetrar en el interior de Angola; de aquí salieron casi la mitad de todos los esclavos enviados a las Américas. Cuando alcanzaron la costa este de África, los portugueses intentaron cortar las conexiones comerciales con el mundo musulmán. En el proceso, gran número de ciudades-estado fueron destruidas, otras ocupadas y toda la zona entró en decadencia económica. Después de que los portugueses fueran expulsados definitivamente de Mombasa en 1698, la costa volvió a tener un gobierno nativo, pero durante el siglo XVIII los gobernantes de Omán establecieron al menos un control nominal. A comienzos del siglo XIX, el sultán Sayyid Said, gobernante de Omán, transfirió su capital a Zanzíbar, que le sirvió de base para fortalecer su control sobre la costa y penetrar al interior para comerciar con los reinos interlacustres. Los esfuerzos británicos por regular el comercio de esclavos de África oriental condujeron, en 1822, a un tratado que prohibía la venta de esclavos a súbditos de reinos cristianos. Sin embargo, el comercio de esclavos continuó muy activo, debido al gran número de africanos secuestrados para hacer frente a la demanda de esclavos en las plantaciones de clavo de Zanzíbar y los mercados de esclavos del Medio este estadounidense.
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    La llegada delos portugueses a Etiopía había ayudado a evitar la conquista musulmana. En 1542 una fuerza combinada de etíopes y portugueses derrotó al ejército musulmán, y los etíopes reconquistaron gran parte de su territorio perdido. Sin embargo, tras las disputas doctrinales entre los eclesiásticos coptos y los jesuitas portugueses, los portugueses fueron expulsados en 1632. Etiopía pasó una época de aislamiento y, ya en el siglo XVIII, la monarquía se derrumbó. Desde 1769 a 1855, Etiopía soportó la „edad de los príncipes‟, durante la cual los emperadores eran gobernantes títeres, controlados por los poderosos nobles provinciales. Dicha era acabó con la coronación del emperador Theodore II, un jefe menor que llegó al trono tras derrotar a sus rivales. Véase Etiopía. Sudáfrica Aunque los portugueses ignoraron Sudáfrica durante mucho tiempo, sus rivales, los holandeses, comenzaron en 1652 a desarrollar el área como una estación en la ruta a las Indias orientales. Durante un corto periodo, los colonos fueron animados a establecerse alrededor de Ciudad de El Cabo, al tiempo que empezaba a desarrollarse una nueva cultura y pueblo, los bóers o afrikáners. A pesar de la resistencia del gobierno iniciaron una inmigración hacia el interior en busca de mejores tierras y, después de 1815, para escapar del control del gobierno británico. Mientras avanzaban hacia el interior, se encontraron con los zulúes y otros pueblos bantúes en su expansión hacia el sur. El resultado fue una serie de guerras por la tierra. En el curso de sus migraciones, los bóers fueron los primeros blancos en explorar el interior de África. A finales del siglo XVIII, el interés científico y la búsqueda de nuevos mercados comenzó a estimular una era de exploraciones. El explorador británico James Bruce alcanzó las fuentes del Nilo Azul en 1770; su compatriota Mungo Park exploró (en 1795 y 1805) el curso del río Niger; el explorador alemán Heinrich Barth viajó extensamente por el oeste del Sudán musulmán; el misionero escocés David Livingstone exploró el río Zambezi y en 1855 bautizó las cataratas Victoria; los exploradores británicos John Hanning Speke y James Augustus Grant, río abajo, y sir Samuel White Baker, río arriba, resolvieron el misterio de la fuente del Nilo en 1863. A los exploradores les siguieron (y en algún caso precedieron) los misioneros cristianos y, más tarde, los comerciantes europeos. La política europea A medida que crecía el interés europeo por África, las dificultades de sus gobiernos se incrementaban. Los franceses comenzaron la conquista de Argelia y Senegal a partir de 1830, pero la ocupación sistemática del África tropical no comenzó hasta la segunda mitad del siglo. Al penetrar al interior de África, ciudadanos y administradores europeos encontraron resistencia por parte de los pueblos dominantes y fueron bienvenidos por los pueblos subordinados que buscaban aliados o protectores. Desde 1880 a 1905, aproximadamente, buena parte de África fue dividida entre Bélgica, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Portugal. En 1876 el rey Leopoldo II de Bélgica estableció la Asociación Internacional del Congo, una compañía privada, para explorar y colonizar la región. Su principal agente en esta tarea fue sir Henry M. Stanley. En 1884 la intensa rivalidad de las potencias europeas, deseosas de conseguir más territorios africanos, y las
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    mal definidas fronterasde sus diversas posesiones amenazaron las relaciones internacionales. Entonces se convocó una conferencia a la que las naciones de Europa, junto con Estados Unidos, enviaron delegados. En la Conferencia de Berlín (1884-85) las potencias definieron sus zonas de influencia y establecieron reglas con vistas a la futura ocupación de la costa de África y para ordenar la navegación en los ríos Congo y Níger. Entre las importantes disposiciones del Acta de Berlín había una que obligaba a las potencias que adquirieran un nuevo territorio en África, o asumieran un protectorado sobre cualquier parte del continente, a notificarlo al resto de las potencias signatarias. Durante los quince años siguientes se negociaron numerosos tratados entre las naciones europeas para ejecutar y modificar las disposiciones de la conferencia. Gran Bretaña firmó en 1890 dos tratados de este tipo. El primero, con Alemania, demarcaba las zonas de influencia de las dos potencias en África. El segundo tratado, con Francia, reconocía los intereses británicos en la región comprendida entre el lago Chad y el río Niger y admitía la influencia francesa en el Sahara. Otros acuerdos, en especial los que firmaron Gran Bretaña e Italia en 1891, Francia y Alemania en 1894 y Gran Bretaña y Francia en 1899, clarificaron aún más las fronteras entre las posesiones africanas de Europa. La resistencia africana Ningún reino africano había sido invitado a la Conferencia de Berlín y ninguno firmó estos acuerdos. Siempre que fue posible, los africanos se opusieron a las decisiones tomadas en Europa en el momento de ser aplicadas en suelo africano. Los franceses afrontaron una revuelta en Argelia en 1870 y la resistencia a sus esfuerzos por controlar el Sahara (1881- 1905). En el Sudán occidental, el gobernante mandinka Samory Toure y Ahmadu, el hijo y sucesor de AlHajj Umar, del reino tukolor, intentaron mantener su independencia. Sin embargo, ambos fueron derrotados por los franceses (Ahmadu en 1893 y Samory cinco años más tarde). Dahomey fue ocupado por las fuerzas francesas en 1892, y la región de Wadai fue la última en caer bajo la dominación francesa, en 1900. Los administradores británicos encontraron una resistencia similar por parte de los bóers en Sudáfrica durante los periodos 1880-81 y 1899-1902. Los colonos británicos y bóers conquistaron el país de Matabele en 1893, y tres años más tarde los matabele (ndebele) y sus subordinados, los shona, se revelaron. Estallaron revueltas en Ashantiland en 1893-94, 1895-96 y 1900, y en Sierra Leona en 1897. Los reinos fulani de Mausa se resistieron a la conquista británica (1901-03). Sokoto se sublevó en 1906. Los alemanes se enfrentaron a la insurrección herero (1904-08) de África del Sudoeste y a la revuelta de la tribu maji maji (1905-07) en Tanganica. Sólo los etíopes, bajo el emperador Menelik II (que reinó de 1889 a 1911), tuvieron éxito en su resistencia a la conquista europea, al aniquilar una fuerza expedicionaria italiana en la batalla de Adua (Aduwa) en 1896. Incremento del desarrollo Una vez que los territorios fueron conquistados y pacificados, las administraciones europeas comenzaron a desarrollar sistemas de transporte, de manera que las materias primas destinadas a la exportación pudieran ser embarcadas con mayor facilidad en los puertos, y a establecer sistemas de impuestos que iban a obligar a los agricultores de subsistencia a plantar cultivos rentables o a dedicarse al trabajo migratorio. El comienzo
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    de la IGuerra Mundial interrumpió ambos esfuerzos políticos ya encauzados. Durante el curso de la guerra, los territorios alemanes del oeste y sudoeste de África fueron conquistados y más tarde, bajo el mandato de la Sociedad de Naciones, fueron repartidos entre las distintas potencias aliadas. Miles de africanos lucharon en la guerra o sirvieron como porteadores para las fuerzas aliadas. La resistencia a la guerra se limitó a la corta rebelión, en 1915, de John Chilembwe, un sacerdote africano, en Nyasaland (hoy Malawi). Tras la I Guerra Mundial los esfuerzos destinados a explotar las colonias se moderaron y se prestó más atención a mejorar los servicios educativos y médicos, a ayudar al desarrollo y a salvaguardar los derechos territoriales de las colonias africanas. No obstante, algunas colonias ocupadas por blancos, como Argelia, Rhodesia del sur (hoy Zimbabwe) y Kenia, recibieron una considerable autonomía interna. Rhodesia del sur se convirtió en colonia autónoma de la Corona británica en 1923, con casi ninguna disposición referente al voto de africanos. Durante el periodo de entreguerras comenzaron a emerger varios movimientos nacionalistas y de protesta. Sin embargo, la mayoría de las veces la elección de miembros se limitaba a los grupos africanos occidentalizados. Sólo en Egipto y Argelia, donde gran número de africanos habían abandonado su modo de vida tradicional y desarrollaban nuevas identidades y fidelidades, se formaron partidos políticos de masas. Etiopía, que anteriormente había resistido con éxito la colonización europea, cayó ante la invasión italiana de 1936 y no recobró su independencia hasta la II Guerra Mundial. Con el comienzo de la guerra, los africanos sirvieron en las fuerzas aliadas, incluso en número superior a la anterior guerra, y las colonias apoyaron en general la causa aliada. La lucha en el continente, que se limitó al norte y noroeste de África, acabó en mayo de 1943. La nueva África Tras la guerra, las potencias coloniales europeas quedaron psicológica y físicamente debilitadas, y la balanza de poder internacional se trasladó a los Estados Unidos y la Unión Soviética, dos estados declarados anticolonialistas. En el norte de África, la oposición al gobierno francés se desarrolló a partir de 1947 con actos terroristas esporádicos y motines. La revolución argelina comenzó en 1954 y continuó hasta la independencia del país en 1962, seis años después de que Marruecos y Túnez lograran su independencia. En el África subsahariana francesa se hicieron esfuerzos para contrarrestar los movimientos nacionalistas, al conceder a los habitantes de los territorios la ciudadanía total y permitir a diputados y senadores de cada territorio asistir a las sesiones de la Asamblea Nacional francesa. No obstante, el sufragio limitado y la representación comunal asignada a cada territorio se demostró inaceptable. En los territorios británicos el ritmo de cambio también se aceleró después de la guerra. Empezaron a aparecer partidos políticos que englobaron a tantos grupos étnicos, económicos y sociales como fue posible. En Sudán, los desacuerdos entre Egipto y Gran Bretaña sobre la dirección de la autonomía sudanesa obligó a que los británicos aceleraran el proceso de independencia de estos territorios, y Sudán se independizó en 1954. Durante la década de 1950, el ejemplo de las nuevas naciones independientes de otros continentes, las actividades del movimiento terrorista Mau Mau de Kenia y la efectividad de líderes populares como Kwame Nkrumah incrementaron todavía más la velocidad de dicho proceso. La independencia de Ghana en 1957 y de Guinea en
  • 12.
    1958 desató unareacción en cadena de demandas nacionalistas. Sólo en 1960 empezaron a existir diecisiete naciones africanas. A finales de la década de los setenta casi toda África era independiente. Las posesiones portuguesas -Angola, Cabo verde, Guinea-Bissau, y Mozambique- se independizaron entre 1974 y 1975, después de años de lucha violenta. Francia renunció a las islas Comores en 1975, y Djibouti consiguió la independencia en 1977. En 1976 España dejó el Sahara español, que entonces fue dividido entre Mauritania y Marruecos. Aquí, sin embargo, estalló una cruda guerra por la independencia. Mauritania renunció a su parte en 1979, pero Marruecos, que tomó posesión de todo el territorio, continuó la lucha con el Frente Polisario, de carácter independentista. Zimbabwe consiguió la independencia legal en 1980 (véase Zimbabwe: Historia). El último resto de la larga dependencia del continente, Namibia, consiguió la independencia en 1990. Los jóvenes estados africanos se enfrentan a varios problemas fundamentales. Uno de los más importantes es la creación de un Estado nacional. Gran parte de los países africanos retuvieron las fronteras que habían trazado arbitrariamente los diplomáticos y administradores europeos del siglo XIX. Los grupos étnicos podían quedar divididos por las fronteras nacionales, pero los lazos de lealtad que unían a tales grupos eran a menudo más fuertes que los nacionales. No obstante, cuando los estados africanos consiguieron la independencia, los movimientos nacionalistas dominantes y sus líderes se instalaron en un poder casi permanente. Llamaron a la unidad nacional y recomendaron encarecidamente que los sistemas parlamentarios de varios partidos fueran descartados en favor de un Estado con partido único. Cuando estos gobiernos no pudieron o no quisieron cumplir las expectativas populares, el recurso era a menudo la intervención militar. Al dejar la administración rutinaria en manos de la burocracia civil, los nuevos líderes militares se presentaron como eficientes y honestos guardianes públicos, pero pronto desarrollaron el mismo interés por el poder que caracterizó a sus predecesores civiles. En muchos estados, el comienzo de la década de 1990 despertó un renovado interés en la democracia parlamentaria de varios partidos. El desarrollo económico también representa un gran problema. Aunque gran número de países africanos poseen considerables recursos naturales, pocos tienen los fondos financieros necesarios para el desarrollo de sus economías. Las empresas privadas extranjeras a menudo han considerado la inversión en áreas subdesarrolladas demasiado arriesgada, y este punto de vista se justifica en muchos casos. Las mayores fuentes de financiación alternativas son las instituciones de préstamos nacionales y las multinacionales. Las esperanzas de un mejor nivel de vida para las naciones africanas se han incrementado, y los precios de los bienes de consumo y otros bienes manufacturados se han mantenido, pero el precio de la mayoría de las materias primas africanas ha bajado. La recesión mundial de principios de la década de 1980 multiplicó las dificultades iniciadas con el aumento del precio del petróleo en la década de los setenta. Serios problemas con las divisas y una deuda exterior creciente agravaron el descontento público. El hambre y las sequías se extendieron por las regiones centrales y norteñas del continente en la década de los ochenta, y millones de refugiados abandonaron sus hogares en busca de comida, incrementando los problemas de los países a los que huían. Los
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    recursos médicos, todavíainadecuados e insuficientes, se vieron desbordados por las epidemias, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), el cólera y otras enfermedades. A finales de la década de 1980 y primera mitad de la siguiente década, los conflictos locales en Chad, Somalia, la zona del Sahara, Sudáfrica y otras zonas del continente desestabilizaron gobiernos, interrumpieron el progreso económico y costaron la vida a miles de africanos. Después del final de la guerra civil en Somalia en 1991, un gobierno separado se estableció en Eritrea, que declaró su independencia en 1993. En abril de 1994 estalló la lucha entre los dos principales grupos étnicos de Ruanda, los hutu y los tutsi, después de que los presidentes de Ruanda y Burundi murieran en un sospechoso accidente aéreo. Los problemas en esta zona central de África han continuado a lo largo de 1996 y 1997, así como en Argelia, al norte, cuya paz y desarrollo están siendo amenazados por los atentados violentos cometidos por grupos integristas islámicos. Otro gran problema del continente africano ha sido la incapacidad de proyectar su voz en los asuntos internacionales. La mayoría de los estados africanos se consideran parte del Tercer Mundo y son miembros de la Organización de Países No-Alineados, a la que consideran un instrumento válido para hacerse oír en el concierto internacional de naciones. Sin embargo, a causa de su falta de poder militar o financiero, las opiniones de los países africanos rara vez son tomadas en cuenta. El fin de la política de segregación racial (apartheid) en Sudáfrica, a principios de la década de los noventa, llevó a la celebración de las primeras elecciones multirraciales en abril de 1994. La transferencia de poder a la mayoría negra de Sudáfrica apunta hacia nuevas formas de poder en África, mientras el siglo XX se acerca a su final.
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    El comercio deesclavos africanos Al final del siglo XIV, los europeos empezaron a llevarse a la fuerza a gente de África. Al principio usaron a estas personas como sirvientes para los ricos. Los europeos justificaron el robo de personas como esclavos alegando que les estaban dando la oportunidad a los africanos de hacerse cristianos. Ya para el siglo XVII, la extracción de esclavos de África se convirtió en una causa santa con el apoyo total de la Iglesia Cristiana. Cuando los capitanes de mar españoles y portugueses empezaron a explorar las Américas, se llevaron consigo a sus sirvientes africanos. Algunos de estos africanos resultaron siendo exploradores excelentes. El más importante de ellos fue Estevanico, quien dirigió la primera expedición europea a Nuevo México y Arizona. La gente que vivía en las Américas resistió el intento de los europeos de acaparar sus tierras. Una de las luchas más importantes se llevó a cabo en Cuba en 1512. Los cubanos, dirigidos por el Cacique Hatuey, finalmente fueron derrotados por las armas superiores de los españoles. Se calcula que había más de un millón de personas viviendo en Cuba antes de la llegada de los europeos. Después de veinticinco años sólo quedaban 2,000. Habían matado a muchos, mientras que otros murieron de hambre o enfermedades, se suicidaron o murieron por ser forzados a trabajar durante largas horas en las minas de oro. Después de la llegada de los europeos, hubo un declive marcado en la población local de la mayoría de las islas del mar Caribe. Esto creó un problema para los europeos, ya que necesitaban mano de obra para explotar los recursos naturales de estas islas. Al final, los europeos concibieron una solución: la importación de esclavos desde África. Para 1540, se calcula que unos 10,000 esclavos al año eran traídos de África para reponer las poblaciones decrecientes. Los mercaderes ingleses se involucraron en el comercio y finalmente llegaron a dominarlo. Construyeron fuertes en las costas de África donde mantenían a los africanos capturados hasta que llegaran los barcos de esclavos. Los mercaderes obtenían a los esclavos de los caciques africanos a cambio de mercancías de Europa. Al principio, estos esclavos eran los soldados capturados durante las guerras entre las tribus. Sin embargo, la demanda por esclavos incrementó tanto que se organizaron destacamentos de asaltos para conseguir a jóvenes africanos.
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    (1) Ottobah Cugoano,Narrative of the Enslavement of a Native of Africa (1787) (Narrativa acerca de la esclavitud de un nativo de África) A mí me robaron de mi país natal a temprana edad, junto con otros dieciocho o veinte niños y niñas mientras jugábamos en un prado. Vivíamos a una distancia de sólo unos días de viaje de la costa donde fuimos raptados y fuimos enviados a Granada. Algunos de nosotros en vano intentamos fugarnos, pero pronto nos amenazaron con pistolas y espadas diciéndonos que si tan sólo intentábamos movernos terminaríamos todos muertos ahí mismo Pronto nos llevaron lejos del camino que conocíamos. Por la noche, al llegar a un pueblo, me condujeron rápidamente a una prisión. Ahí pasé tres días escuchando los gemidos y lamentos de muchos otros y vi a algunos de mis compañeros que habían sido capturados. Cuando llegó una nave para conducirnos al barco, hubo una escena horrible; lo único que se escuchaba era el sonido de nuestras cadenas, los latigazos que nos daban y el quejido y el llanto de nuestros compatriotas. Algunos quedaban inmóviles tras ser azotados y golpeados de una manera espantosa. (2) Olaudah Equiano, fue capturado y vendido como esclavo en el reinado de Benin en África. Él escribió acerca de sus experiencias en, The Life of Olaudah Equiano the African (1789) (La vida de Olaudah Equiano, el africano) Generalmente, cuando los adultos del barrio estaban lejos trabajando en los campos, los niños nos reuníamos en alguna parte del barrio para jugar. Era común que algunos de nosotros nos subiéramos a los árboles para vigilar que no nos sorprendieran los asaltantes o secuestradores, ya que a veces ellos se aprovechaban de la ausencia de nuestros padres para atacarnos y robarse a cuantos podían capturar. Un día cuando toda la gente de nuestro pueblo andaba trabajando como siempre y sólo estábamos mi querida hermana y yo cuidando de la casa, dos hombres y una mujer treparon nuestras paredes y en un sólo instante nos capturaron a ambos. Sin darnos un momento para gritar o resistir, nos taparon la boca y salieron corriendo con nosotros hacia un bosque cercano. Ahí nos amarraron las manos y siguieron cargándonos lo más lejos que les fue posible hasta que cayó la noche. Al llegar a una casa pequeña, los ladrones pararon para comer y pasar la noche. Ahí nos soltaron las amarras pero no pudimos coger comida y, por estar tan rendidos y angustiados, nuestro único consuelo fue dormir, ya que el sueño nos permitió postergar nuestra desgracia aunque fuera sólo por un poco tiempo. Lo primero que vislumbré al llegar a la costa fue el mar y un barco de esclavos que estaba anclado esperando su carga. Estas cosas me llenaron de un asombro que rápidamente se convirtió en terror al ser conducido al barco. Inmediatamente algunos miembros de la tripulación me agarraron y me sacudieron para ver si estaba saludable. Fue entonces cuando quedé convencido de que había entrado a un mundo de malos espíritus y que me iban a matar. (3) Mungo Park era un explorador escocés que fue a África a encontrar la fuente del Río Níger. Él escribió acerca de sus experiencias en su libro, Travels to the Interiors of Africa (1799) (Viajes al interior de África).
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    Comúnmente, la manerade amarrar a los esclavos es de poner la pierna derecha de uno y la pierna izquierda de otro en el mismo par de grillos. Los esclavos pueden caminar muy lentamente al sostener los grillos con una cuerda. De la misma manera, a cada cuatro esclavos se les amarra juntos por el cuello. Se les sacaba con los grillos todas las mañanas para que estuvieran debajo del árbol de tamarindo. Los animaban a que cantaran canciones divertidas para que se mantuvieran alegres ya que, aunque algunos de ellos soportaron las dificultades de su situación con fortaleza sorprendente, casi todos estaban muy desalentados y se quedaban sentados todo el día con sus miradas melancólicas fijas sobre el suelo. (4) Alexander Falcolnbridge visitó África en los años 1780s. Él escribió acerca de lo que vio en su libro, An Account of the Slave Trade on the Coast of Africa (1788) (Un informe acerca del comercio de esclavos en la costa de África). Cuando los comerciantes de negros exhiben a los negros que quieren vender ante los compradores europeos, los compradores primero los examinan de acuerdo a sus edades. Luego los inspeccionan minuciosamente y preguntan por el estado de salud de cada uno. Quieren saber si padecen de cualquier dolencia o están deformes, si tienen la vista o los dientes malos, si son cojos o tienen debilidad en las coyunturas, si tienen la espalda distorsionada, si son flacos o tienen el pecho muy angosto; en fin, si han sido aquejados por alguno de estos males que les impediría realizar una labor rigurosa, se les rechaza. Frecuentemente, los comerciantes golpean a los negros que ha sido rechazados por los capitanes. Ha habido ocasiones donde los comerciantes, al ver que ha habido alguna objeción contra uno de los negros, los han decapitado ante la vista del capitán Portugal y la trata de esclavos: La aparición de los esclavos negros en la Europa de la Baja Edad Media fue un momento decisivo para la historia de la humanidad. Se produjo una caza del hombre que duró cuatrocientos años y que convirtió Africa en un continente manchado de sangre y de lágrimas. Creencia en la inferioridad del hombre africano: En una descripción de la época se les califica de "grandes monos, tan hábiles que, bien adiestrados, son capaces de ocupar el lugar de un criado". Las crónicas de los descubridores suelen ser muy subjetivas: "caníbales bárbaros, que sacrifican a sus prisioneros", "negros, que adoran al demonio", "desde la más tierna infancia tienden a la inmoralidad y se hacen cortes lastimosamente en el rostro y en el cuerpo y se los pintan de colores para mayor ostentación". El desconocimiento inicial fue seguido de justificaciones interesadas. La idea de un "negro bárbaro" es una creación europea que continuó ejerciendo sus efectos sobre Europa hasta los inicios del siglo veinte (Leo Frobenius). En 1704, en una enciclopedia, la última palabra de la ciencia, decía: "Los africanos suelen ser negros y se les llama negritos o moros. Son viciosos, salvajes, crueles y muy fuertes, y cada año, se venden gran cantidad de ellos como esclavos a los europeos".
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    Implicación de otraspotencias coloniales: Lo iniciado por los portugueses (y antes por los árabes) fue muy pronto adoptado por las demás potencias coloniales. Los españoles, los holandeses, los ingleses, los franceses, los alemanes, los daneses y los norteamericanos se dedicaron en los siglos siguientes al comercio de negros. A principios del siglo XIX, según Livingstone, se capturaban anualmente trescientas cincuenta mil personas en Africa, de las cuales sólo de una quinta a una décima parte llegaba al lugar de destino. El cardenal francés Lavigerie, uno de los hombres que más decididamente luchó contra la esclavitud, suponía que en el siglo XVIII, la esclavitud costaba unos dos millones de vidas al año. El sistema de la esclavitud se convirtió en un elemento indispensable de la economía. Ligado al cultivo del azúcar, del algodón y del café. Carlos V dio la concesión del comercio entre Africa y América Central a partir del año 1517 a mercaderes flamencos. John Hawkins, entre 1563 y 1570 atacaba con su barco que llevaba el nombre Jesús, los transportes de esclavos portugueses y los poblados africanos y gracias a su comercio de esclavos llegó a ser el hombre más rico de su tiempo, caballero y tesorero de la armada real. Las compañías inglesas "African Company" y "Company of Barbary Merchants" en el transcurso de cuarenta años transportaron tres millones y medio de esclavos negros a América. El papel destacado de Portugal: Portugal se convirtió en el comerciante de esclavos número uno de toda Europa. Se llegó a considerar el trabajo de los esclavos como la base de la existencia nacional. La actitud que transformó un pequeño pueblo de la Península ibérica en una verdadera nación de navegantes esforzados, se deterioró con el paso del tiempo. Hasta fines del siglo XV el comercio de esclavos estuvo casi exclusivamente en manos de los árabes y de los portugueses. Los árabes proveían al mundo oriental, los portugueses a las potencias occidentales. Al abrigo de las fortalezas construidas por João II los esclavos eran reunidos y embarcados. Cuando la colonización de América requería, ochenta años más tarde, mayor cantidad de esclavos, Portugal creó en Lagos y en Angola una organización aún más importante. Había cristianos portugueses que insistían en que la finalidad principal de los viajes a Africa no debía ser el comercio de esclavos, sino la conversión de las almas de los indígenas. Actitud cristiana de Enrique El Navegante: Personajes idealistas como el propio príncipe Enrique esbozaron programas utópicos, según los cuales los negros, después de bautizados, tenían que ser devueltos a su país, para hacer proselitismo entre los que se habían quedado allí. Estos programas también contribuyeron a que se considerara a los africanos como hombres verdaderos. El príncipe Enrique hizo devolver a Africa a algunos negros bautizados, con la esperanza de ganar así pueblos enteros para la fe cristiana. Pero los cristianos negros desaparecieron rápidamente en la selva y no volvieron a dar señales de vida.(Wendt) (el impulso de los viajes y de los descubridores) era una mezcla de fe y de codicia, de religión y de rapacidad. Allí se juntaron el espíritu de los cruzados y de los apóstoles con los más viles intereses de lucro y condujeron a la caza de los negros desarmados, que eran apresados por sorpresa y hechos esclavos de la manera más indigna y desconsiderada. (Georg Friedrici)
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    Desembarco en Lisboade los africanos capturados por Tristao (1441): Se desembarcaba a los prisioneros. Estos eran negros y tan feos de rostro y de figura, que parecían venir de un mundo inferior. Pero nadie hubiera tenido el corazón tan duro que no sintiera compasión por ellos. Algunos inclinaban el rostro cubierto de lágrimas. Otros dirigían la mirada al cielo y se lamentaban amargamente. Otros, por fin, se golpeaban el rostro con los puños. Luego se tendieron sobre el duro suelo. Algunos entonaron cantos de lamentación de su tierra. No podíamos comprender su lengua, pero aquel tono tan triste nos llegó al corazón. Su dolor aumentó aún por el hecho de que separaban a las familias. Arrancaron a los padres de sus hijos y a los maridos de sus esposas. Los empleados no tenían en cuenta nada y lo arreglaban todo a capricho. Pero apenas se había hecho la distribución, cuando los hijos corrieron hacia sus padres y las madres abrazaron desesperadas a sus pequeños. Se acurrucaron en el suelo; no profirieron la menor queja cuando cayeron los latigazos sobre sus cuerpos desnudos. Pero en vano esperaban que al final les dejaran a sus hijos. (Gomes Eannes Azurara, 1444) Consecuencias del tráfico para Africa: Efectos demograficos: El tráfico de esclavos provocó estragos en Africa, los cuales aún hoy en día se hacen sentir. Durante cuatro siglos este continente fue escenario de guerras y razzias por la captura de esclavos. Millones de africanos fueron exportados para tierras lejanas, otros tantos millones murieron en largas marchas hasta la costa y en los almacenes a la espera de ser embarcados. Este éxodo forzado de millones de personas provoco la disminución del crecimiento vegetativo de la población africana, ya que los hombres y mujeres en edad de procreación eran vendidos. Algunos investigadores llegan a decir que entre los siglos XV y XIX el continente perdió más de cien millones de hombre y mujeres jóvenes. Varias regiones africanas quedaron casi totalmente despobladas. El investigador André Gunder Frank en su libro La Acumulación Mundial 1492-1789 señala la cifra de 13.750.000 esclavos traídos a América entre los siglos XVI y XIX, a lo que el investigador Enrique Peregalli añade un 25% por muertes en el trayecto y un 25% más por muertes en Africa con motivo de las guerras de captura, lo que da un total de 20.625.000 africanos perdidos para el continente en ese período(). Igualmente, se calcula que en ese período sólo desde la costa de Angola a los puertos de São Tomé y América fueron transportados tres millones de esclavos. Así se explica que las zonas más pobladas en el Siglo XV como el Congo, Ndongo y Quissana, en el Siglo XVII estuviesen ya despobladas. Además, muchas poblaciones, ante el peligro de la esclavitud, abandonaron sus zonas originales, refugiándose en las regiones interiores, ayudando a la despoblación. Efectos políticos: El comercio de esclavos era el más lucrativo y los europeos se encargaron de persuadir a los jefes locales y a los mercaderes africanos para participar en él. De este modo se produjo una reacción en cadena. La aristocracia, los jefes y los comerciantes africanos querían aumentar su riqueza, autoridad y poder, queriendo también defender su independencia. Para ello, necesitaban de armas de fuego y mercancías de Europa. En este contexto, la fabricación de armas de fuego se transformó en un gran negocio de exportación. Con ellas se organizaban extensas cazas de hombres, ataques a otros pueblos, tribus y aldeas, con el fin de someterlos y venderlos como esclavos. De este modo, se deterioraron las relaciones
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    entre los diversosestados y pueblos. Los pueblos del litoral y del interior más próximo se encontraban en guerra continua. Así, a partir del Siglo XVI los reinos de Benín, Congo y Angola en Africa Occidental, tal como el Imperio Mutapa en Africa Oriental, se desmoronaron. En los siglos XVII, XVIII y XIX, en las selvas del Golfo de Guinea y en el valle del río Zambeze se desarrollaron estados militares con base en el comercio de esclavos. Tenían una rígida organización militar, poseían grandes ejércitos permanentes y se enriquecían con la venta de sus propios hermanos, haciendo la guerra a los pueblos vecinos. Efectos económicos: Además de la captura de hombres y mujeres, el tráfico promovió el saqueo sistemático de los bienes producidos. Ya sea a través de tributos o de pillaje, los traficantes saqueaban el producto de las cosechas, ganado, marfil, pieles, cera, maderas preciosas. Las actividades económicas como la agricultura, minería, artesanía, alfarería y el comercio local fueron abandonados y se orientaron a una actividad económicamente más productiva: la esclavitud. El tráfico de esclavos trajo al continente africano un estancamiento, por no decir un retroceso económico. La agricultura, los tejidos, la fundición y la forja de metales se fueron reduciendo. En contrapartida, se desarrollo la exportación de seres humanos. En lugar de poner a la venta productos, ahora el único producto de fácil venta en el mercado eran los propios productores. Las pequeñas industrias locales no pudieron sobrevivir. Por lo tanto, el tráfico de esclavos retardó el desarrollo y creó condiciones para el actual estado de subdesarrollo(). (Marco Antonio Barticevic) Livingstone relata la liberación de un grupo de esclavos Al cabo de unos instantes, Mbamé nos dijo que una cuerda de esclavos iba a cruzar el poblado para ir a Tete. ¿Debíamos intervenir? Esta era la pregunta que nos hacíamos. Todo nuestro equipaje personal que contuviera algo de valor estaba en manos de los habitantes de Tete. Si liberábamos a los esclavos, era posible que, en compensación, nos arrebataran nuestros bienes, e incluso objetos que nos habían sido confiados por necesidades de la expedición. Pero estos negreros que penetraban gracias a nosotros en un lugar a donde no se atrevían a aventurarse hasta entonces, estos cazadores de hombres que fomentaban la guerra civil para abastecerse de cautivos y que se llamaban hijos nuestros para mejor alcanzar su meta, se oponían tanto a la misión que se nos había encargado, misión aprobada por el gobierno portugués, que no podíamos permanecer con los brazos cruzados. Se decidió pues que intentaríamos detener este odioso comercio que se aprovechaba de nuestros descubrimientos para ampliarse. Llevábamos sólo unos pocos minutos sobre aviso cuando una larga cuerda compuesta de hombres, mujeres y niños, atados en fila uno tras otro y maniatados, serpenteó en la colina y tomó el sendero hacia el poblado. Los agentes negros de los portugueses, armados con fusiles, ataviados con vistosos atuendos, y situados en la vanguardia, en los flancos y en la retaguardia de la tropa, caminaban con paso decidido. Algunos le arrancaban alegres notas a unos largos cuernos de hojalata; todos ponían cara de gloria, como gente convencida de que ha llevado a cabo una noble acción. No obstante, en cuanto nos vieron, estos triunfadores se precipitaron tan rápidamente bosque adentro que sólo pudimos entrever sus gorros rojos y las plantas de sus pies. El jefe, que iba delante, fue el único en permanecer en su puesto. Uno de mis hombres lo reconoció y le estrechó fuertemente la mano. Era un esclavo del antiguo comandante de Tete;
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    nosotros mismos lohabíamos tenido a nuestro servicio. [...] A las preguntas que se le dirigieron con respecto a los cautivos, contestó que los había comprado, pero cuando más tarde se interrogó a los cautivos, nos dijeron todos, excepto cuatro de ellos, que habían sido apresados en combate. Pronto tuvimos cortadas las ataduras de las mujeres y de los niños, pero liberar a los hombres resultaba más difícil. Todos estos desgraciados tenían el cuello apresado en la horcadura de una gruesa rama de unos dos metros de largo, mantenida en el cuello por una varilla de hierro firmemente clavada en los dos extremos. Sin embargo por medio de un serrucho, que por fortuna se encontraba en el equipaje del jefe de la diócesis, les devolvimos la libertad. Les dijimos entonces a las mujeres que cogieran la harina que transportaban y que hicieran con ella unas gachas para ellas y para los niños. Al principio no se lo quisieron creer: era demasiado bonito para ser verdad. Pero cuando se les reiteró la invitación, rápidamente se pusieron manos a la obra, hicieron un gran fuego y arrojaron las cuerdas y las horcaduras, sus malditas compañeras durante tantas noches dolorosas y de tantos días de fatiga. Muchos de los niños apenas tenían cinco años de edad, e incluso los había más jóvenes. Un pequeño le decía a nuestros hombres, con la simplicidad propia de su edad: "Nos habéis desatado, y luego nos habéis dado de comer. ¿Quiénes sois y de donde venís?" La víspera habían sido matadas dos mujeres por haber intentado desatarse las correas. Se les había advertido a todos los cautivos que les ocurriría lo mismo si intentaban evadirse. Una desafortunada madre, que no había querido coger un fardo que le impedía llevar a su niño, vio inmediatamente cómo le saltaban la tapa de los sesos de un tiro al pobre pequeño. Un hombre que no podía seguir a los demás debido al cansancio, había sido despachado de un hachazo. Ya que no la humanidad, el interés al menos debería haber impedido estos asesinatos. En este horroroso comercio siempre hemos visto que el desprecio por la vida humana y la sed de sangre prevalecían sobre la razón.(David Livingstone.) La esclavitud: América conquistada, África esclavizada 1. Introducción El descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón en 1492 y la posterior conquista de este continente a manos de españoles y portugueses repercutieron a partir del Siglo XVI en otra región del planeta, un tanto alejada de los acontecimientos de conquista: trátase de África. Aunque separados ambos continentes por el Océano Atlantico, con desarrollos historicos, sociales y económicos completamente diferentes, a partir del Siglo XVI se produce un acercamiento entre América y Africa. La causa de esta aproximación radica en que la conquista de América, con todas las riquezas naturales y perspectivas de desarrollo que ofrecio a sus conquistadores, requeria de la complementación indispensable de mano de obra para la apropiación de tales riquezas y la obtención de ventajas en la explotación económica de tan vastas zonas. Es justamente Africa la que tendrá el "monopolio" en el abastecimiento de la fuerza de trabajo necesaria, en calidad de esclavos. Comenzará un flujo incesante que durará cuatrocientos años, en el cual millones de africanos atravesarán compulsivamente en barcos
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    negreros el OcéanoAtlántico para posteriormente ser vendidos a los colonizadores de América. En este trabajo se pretende describir los momentos que antecedieron al tráfico mismo, dando a conocer la expansión y la penetración europea en Africa a partir del Siglo XV, en la cual Portugal hace de vanguardia. Luego se hace una reseña del tráfico de esclavos, primero desde la costa occidental de Africa y posteriormente desde la oriental. Más adelante, se menciona el denominado comercio triangular entre Europa, Africa y America, para finalmente pasar a apreciar algunos de los efectos demográficos, políticos y económicos que el tráfico de esclavos produjo al continente africano. 2. Penetración europea en Africa El Siglo XV fue un siglo marcado por grandes avances técnicos y científicos, especialmente en materias relacionadas con la navegación y la construcción naval. Este desarrollo animó a las potencias europeas de la época a intentar algunos cambios en el comercio internacional. Hasta ese siglo, el comercio internacional, restringido casi sólo al Mar Mediterráneo y Océano Indico, se encontraba en manos de mercaderes árabes, tanto en el Norte y Oriente de Africa como en el mismo Océano Indico. Portugal fue el primer Estado europeo en intentar un cambio de sentido, tratando de abrir una vía marítima con la India a fin de importar directamente las especias y otros productos suntuarios desde el Oriente, boicoteando a los intermediarios árabes que traían estos productos a Europa a través del Mar Rojo y Mar Mediterraneo. En el Siglo XV, los portugueses comienzan a buscar un camino a lo largo de la costa occidental africana. Es así como en el año 1481 construyen el primer fuerte en Costa de Oro (Forte da Mina), intentando desde allí alcanzar las vetas de oro de esta parte de Africa. Es desde este fuerte, construído con autorización de los jefes africanos de la región, de donde envían misiones diplomáticas al interior. Con el tiempo, el comercio se diversificó, dejando de ser el oro la única mercancía que Africa ofrecía. Comienza la extracción de marfil, de pieles, maderas y, finalmente, como se verá, de esclavos. En la costa oriental de Africa, Portugal requiere de apoyo estratégico para sus embarcaciones que se dirigen a la India. Para conseguirlo, necesita destruir las fortificaciones árabes en la costa. Así, Vasco da Gama, el primer navegante europeo en llegar a la zona, ya en 1502 bombardea la ciudad costera de Kilwa() y posteriormente también son atacados los puertos de Sofala() y Mombaza(). Las ciudades costeras no pueden hacer frente a los ataques portugueses y sucumben. En 1507, la Isla de Mozambique se convierte en el cuartel general portugués de la costa oriental africana, a partir del cual se recogen los tributos de los jefes locales, se imponen aranceles de importación y exportación y se suprimen todas las intentonas de revuelta contra el poder del conquistador.
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    Ya a finalesdel Siglo XVI, para fortalecer su posición, los portugueses construyen en 1592 el Fuerte Jesús, en Mombaza, capaz de hacer frente a ataques desde tierra y mar. Este fuerte se convierte en el centro costero más poderoso de la región. En Africa Austral, los portugueses intentan abrir rutas para las áreas de extracción de oro a partir de los establecimientos en Sofala e Isla de Mozambique, usando el río Zambeze como vía de comunicación con el interior. Fundan y fortifican ciudades fluviales (Sena y Tete) y destruyen los antiguos puestos comerciales swahilies(). Por su parte, en 1561 los jesuitas consiguen penetrar en la corte real de Mutapa() y bautizar al rey, parientes y consejeros. En 1569 el rey portugués Don Sebastián envía mil hombres para obtener el control de las minas de oro, expulsar a los mercaderes swahilies y abrir camino a los misionarios. Toda esta presión origina divisiones en la corte, las cuales conducen a la declinación definitiva de Mutapa. Además, a finales del Siglo XVI los barcos franceses, ingleses y holandeses comienzan a rondar el Cabo de Buena Esperanza, con lo que se inicia la generalización de la ocupación europea. Bajo la influencia de la Corte de Lisboa, el tráfico de esclavos se transforma en una de las principales motivaciones de esta penetración. 3. Inicios del trafico de esclavos Entre el Siglo VII y el Siglo XVI, en Africa se produce un gran desarrollo económico, político y cultural, coronado con la creación de varios estados y reinos como el del Gran Zimbabwe(), de Mutapa, el Imperio del Congo(), de Ghana(), de Mali() y de Songhay(). Africa nunca estuvo aislada de los continentes vecinos. Varias regiones fueron directamente influenciadas por el islamismo. Estos contactos con el exterior, especialmente con el mundo árabe a través del comercio, dieron a Africa una contribución valiosa y una experiencia importante. Sin embargo, a partir del Siglo XVI el rumbo de la historia africana tiene un vuelco total, cuando Europa entra en un período de expansión económica y geográfica, pasando a interferir negativamente en el desarrollo de las sociedades africanas. Entre los siglos XVI y XIX, millones de africanos son arrancados violentamente de sus tierras y aldeas con destino a América y las islas del Oceano Indico(), donde son obligados a trabajar en grandes plantaciones de azúcar, tabaco, algodón, cacao y en las minas de oro y plata. Estos productos son aprovechados posteriormente como materia prima para las industrias en evolución en Europa. Debido al hecho que en América los colonizadores no consiguieron utilizar a los indígenas como fuerza de trabajo en volumen y condiciones deseadas, recurren a los esclavos importados desde Africa. Alrededor del año 1550, comienza este tráfico de esclavos del continente africano a América y a partir de 1720 a las islas despobladas del Oceano Indico.
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    Con el tráficode esclavos, el hombre pasa a ser un objeto de cambio, una mercancía y una máquina de trabajo, en lugar del buey o del arado. Eran varios los métodos utilizados para la obtención de esclavos. Las guerras entre los reinos por el control del comercio y la extensión de sus territorios constituían las principales formas de apropiacion de esclavos, los que posteriormente eran vendidos en la costa a los traficantes. Incluso, a veces el tráfico se realizaba entre grupos de una misma jefatura, cuando la demanda era abundante. En ocasiones, los esclavos eran obtenidos a través de la imposición de tributos a los jefes sometidos. También los traficantes hacían por su cuenta guerras y "razzias" para conseguir esclavos. 4. El tráfico en Africa Occidental En esta parte, el trabajo se centrará en el trafico de esclavos desde el territorio que corresponde aproximadamente a lo que hoy es Angola. Como ya se dijo, en la costa occidental de Africa el tráfico de esclavos comenzó en el siglo XV. En 1441, por primera vez, los portugueses capturan esclavos africanos. Antes de la llegada de los europeos a la costa occidental africana muchos reinos e imperios de esta región habían logrado gran prosperidad económica y eran cultural y políticamente fuertes. En 1482, los portugueses llegan por primera vez al Congo. Desembarcan en la desembocadura del río Congo y contactan con los habitantes de la jefatura Soyo y con el propio Mani-Soyo(). La noticia de la presencia de los portugueses llegó hasta Mbanza Congo, capital del Imperio, donde vivía Manicongo Nzinga Nkuvu. A partir de entonces comienzan a establecerse relaciones entre el Imperio del Congo y el Reino de Portugal. Estas relaciones se consolidan cuando Manicongo Nzinga Mbemba sucede a Manicongo Nzinga Nkuvu. En 1512, Manicongo Nzinga Mbemba firma un acuerdo con el rey de Portugal. En este acuerdo, Portugal se compromete a enviar al Congo misionarios, profesores, constructores, médicos, farmacéuticos y también consejeros jurídicos que ayudarían a Mbemba a reorganizar el sistema administrativo y jurídico. Por su parte, Mbemba retribuiría otorgando facilidades comerciales a los comerciantes lusitanos, permitiendo la propagación del cristianismo en su territorio, facilitando la obtención de oro, cobre, marfil y esclavos. El Congo enviaría a Lisboa y Roma varios jovenes para que aprendiesen a leer y escribir y fuesen formados como sacerdotes. El oro, el cobre, el marfil y los esclavos servirían como moneda de cambio para pagar los gastos de viaje, estudio y formación; igualmente como retribución por todos los productos valiosos, ornamentos, armas, vestuario y otros que serían enviados a Mbemba. Con este acuerdo, Mbemba pretendía obtener ayuda técnica y económica para desarrollar su Imperio.
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    Para los portugueses,este acuerdo significaba penetrar y obtener las riquezas tan deseadas en Portugal y Europa. Bajo el pretexto de expandir el cristianismo entre los pueblos paganos, la religión se convierte inicialmente en la principal forma de penetración y facilita la dominación posterior y el pillaje del Congo. Mbemba fue el primero en convertirse al cristianismo y es bautizado con el nombre de Alfonso I. Sin embargo, el futuro traería grandes sorpresas para Manicongo Alfonso I. Nunca recibió los barcos que solicitaba. Algunos de los jóvenes congoleses enviados a estudiar a Europa fueron reducidos a esclavos. El Congo poco y nada recibió de Portugal, salvo misionarios y comerciantes. Con el correr de los años, el comercio fue ganando una dinámica sin precedentes en esta región. Se abrían nuevas rutas de acceso al interior, la competencia por el tráfico de esclavos se generalizaba, muchos manis de las jefaturas y reinos dependientes comenzaron a hacer directamente el comercio con los traficantes de São Tomé. Manicongo ya no conseguía controlar el tráfico en el Imperio. Algunos reinos tributarios entran en luchas por su autonomía. Alrededor del año 1586 se produce un conflicto de autoridad entre Ngola, "mani" del reino de Ndongo() y Manicongo, que acaba por fijar la frontera entre los dos reinos en el río Dande. Por su parte, los portugueses construyen grandes fortalezas, instalan colonos y desarrollan actividades militares en la parte del reino del Congo. A partir de la Isla de Luanda esperaban conseguir esclavos, oro, plata y otros metales en mayor cantidad. En 1575 comienzan a implementar el plan de ocupación. Se funda la ciudad de Luanda y construye un fuerte. A partir de Luanda penetran con apoyo militar a fin de obtener mas esclavos. La conquista de Luanda y la desintegración del Imperio del Congo significan la culminación de la autonomía e independencia política de Manicongo, comienza la competencia comercial, se propaga la lucha contra los reinos vasallos y se pone de manifiesto la interferencia en su política interna y externa. La posición geográfica de Ndongo (Angola) facilita el tráfico de esclavos a lo largo de la costa y desde el interior. Loango y Mpinda fueron inicialmente los principales puertos de exportación de esclavos en el reino del Congo, ubicados en el actual territorio de Angola. Las rutas terrestres más utilizadas eran: Mpinda a Mbanza Congo (Sao Salvador) y de allí a Mpunbu; de Ambrizete a Mbanza Congo, pasando por Bembe; de Mbanza Congo a Soyo. La ruta marítima era de Loango a Luanda. El tráfico de esclavos en la costa occidental africana paso a ser monopolio de los portugueses, que no permitían socios en este negocio altamente lucrativo. Sin embargo, este monopolio no se prolongó por mucho tiempo. Las noticias de las riquezas provenientes del Golfo de Guinea alimentaban la codicia del resto de Europa, comenzando por los
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    españoles. En 1475,los españoles enviaban una flota de 30 barcos a Guinea, contra la cual Portugal preparó otra para combatirla. Las tentativas de incursion por parte de los españoles en el tráfico establecido continuarían. A su vez, los ingleses también interfieren el tráfico de esclavos en esta región. Inicialmente practicaban la piratería en las posesiones portuguesas del Golfo de Guinea, Costa de Mina y Costa de Malagueta. Se realizan extensas negociaciones que toman siempre en cuenta los intereses comerciales de los ingleses en Portugal y el mantenimiento del monopolio portugués en la costa occidental de Africa. Estas negociaciones culminan con la Convención del 29 de octubre de 1576, que reconoce la libertad de los mercaderes ingleses en Portugal, pero reserva a los portugueses el negocio de Africa por tres años. Mientras tanto, otros países europeos entran en el tráfico de esclavos. Así, en el Siglo XVII junto a Portugal y España compiten Inglaterra, Francia y Holanda, lo que desencadena una verdadera disputa a los intereses del monopolio portugués. Debido a esto, por Ley del 19 de marzo de 1605, Portugal cerró los puertos de sus colonias a la navegación extranjera. Sin embargo, esta medida fue ineficaz, aún más cuando su superioridad marítima habia desaparecido. En esta guerra comercial, el 2 de octubre de 1608, España prohibía el comercio con sus colonias a cualquier extranjero, incluyendo a los lusitanos. Los holandeses, a partir de 1612, desencadenan ataques de ocupación a las posesiones portuguesas. Los centros comerciales lusitanos que se encontraban a lo largo de la costa son atacados desde el mar. En agosto de 1641, después de varios anos de batallas, es ocupada la costa de Angola y de Benguela. Los holandeses pusieron fin al monopolio en los territorios y mares de dominio portugués. Como consecuencia de la ocupación de Angola, los portugueses no tienen otro camino que recurrir a Mozambique como fuente de aprovisionamiento de esclavos para su colonia en el Brasil. 5. El tráfico en Africa Oriental Es así como el tráfico transatlántico de esclavos llega a la costa oriental africana más tarde que a la costa occidental. Fue a partir de 1645 que los traficantes y comerciantes portugueses comienzan a frecuentar los puertos de la costa oriental africana con más asiduidad, especialmente Mozambique. Este tráfico se intensifica a partir de la segunda mitad del Siglo XVIII, cuando la demanda de esclavos en esta región supera la extracción de oro y marfil. A partir de los primeros anos del Siglo XIX, las relaciones comerciales con el exterior pasan a depender casi exclusivamente de la exportación de esclavos. De todos los puertos
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    de Mozambique seexportan esclavos para las islas francesas del Indico, América, Arabia, Golfo Pérsico, India y Goa (posesión portuguesa en la India). Ya antes del Siglo XVIII habían salido esclavos de Mozambique según fuentes árabes y portuguesas, pero en ningún caso el número fue tan elevado y alarmante como desde el Siglo XVIII en adelante. Si las condiciones físicas de los puertos favorecían las actividades de los negreros, la complicidad de los gobernantes, desde los gobernadores generales hasta los gobernadores de capitanías(), agravó la situación. Ellos fueron los principales traficantes y exportadores de esclavos hasta los años sesenta del Siglo XIX. Vendían esclavos a los franceses, quienes los llevaban a sus plantaciones de azúcar y café a las islas del Indico. Dadas las necesidades de mano de obra en las plantaciones de America del Sur, especialmente del Brasil, mercaderes brasileños, norteamericanos y centroamericanos comenzaron a llegar y a principios del Siglo XIX el tráfico hacia América superaba al de las islas del Indico. En este tráfico se destacan también los yao() y los maravies() del Lago de Niassa, que venían hasta la costa con caravanas de esclavos para ser vendidas a los traficantes árabes. Los yaos llevaban también esclavos para los "prazos" del valle del Zambeze(). A partir de 1830, los árabes fueron los principales traficantes de esclavos. Muchas embarcaciones árabes, pangaios(), desde diferentes puertos del norte de Mozambique acarreaban gran número de esclavos para las islas Comores y Madagascar. A mediados del Siglo XIX, estos traficantes cambian tejidos por esclavos. La isla de Ibo paso a ser frecuentada por los árabes de Zanzibar, Kilwa, Mombaza y sobre todo por los de las islas Comores. A partir de 1854, el tráfico de esclavos para las islas francesas paso a llamarse "exportación de trabajadores libres". Esto se debió a la prohibición del tráfico y al control de los ingleses en el Indico. En la práctica, este tipo de comercio terminó sólo en 1902. Como medida de la magnitud del tráfico, sirve el siguiente cuadro que indica el número de esclavos embarcados sólo desde Mozambique a las islas del Indico entre 1720 y 1902(): Período Número de esclavos 1720-1799 125.306 1800-1854 255.000 1855-1902 115.133 Total 495.439
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    Otro ejemplo esel caso de la ciudad de Zanzíbar, una de las que más evidenció el tráfico de esclavos. A partir de 1811 Zanzíbar ya exportaba entre 6 y 10 mil esclavos por año. A partir de 1839 se convirtió en un verdadero centro del tráfico de esclavos en la costa oriental de Africa. Se calcula que eran vendidos entre 40 y 45 mil esclavos por año. 6. El comercio triangular Inicialmente, desde que en 1441 los portugueses capturaron por primera vez esclavos africanos, estos eran exportados para Portugal, España e Italia y otras partes de Europa, aunque en pequeñas cantidades. Después de la conquista de América, el tráfico de esclavos no sólo aumentó extraordinariamente, sino que se transformó en una institución que por cerca de cuatro siglos iría a relacionar en forma dramática a tres continentes: Africa-América-Europa. Esta relación es conocida como comercio o tráfico triangular. A inicios del Siglo XVI varios territorios en América fueron colonizados por portugueses y españoles. Los aborígenes fueron masacrados o reducidos a la esclavitud durante la conquista. Como ya se señaló, en estas tierras conquistadas los europeos introdujeron el cultivo de la cana de azúcar, tabaco, algodón y café y la extracción de oro y plata, productos todos muy apetecidos en Europa. Estas labores exigían de mucha mano de obra. Los aborígenes diezmados por las guerras, las epidemias, el trabajo forzado y el alcohol no podían satisfacer las necesidades de mano de obra. Los traficantes ávidos de lucro y con experiencia en el tráfico de esclavos ponen sus ojos en Africa, como región con fuerte mano de obra barata. Por otro lado, a inicios del Siglo XVI, Europa ya es el centro del comercio que liga todos los continentes. Los navíos negreros que transportan esclavos parten para Africa desde los puertos europeos cargados de artículos de reducido valor: barras de fierro, tejidos, uniformes, bebidas alcohólicas, espejos, collares, armas, etc. En Africa, estos artículos son trocados por oro, pieles, goma, marfil y sobre todo por esclavos, para después ser llevados a América y ser entregados a los colonos que explotaban las plantaciones y minas. También en el continente americano funciona el trueque y los esclavos son cambiados por azúcar, algodón, tabaco, café, madera, oro, plata y otros metales preciosos, que los comerciantes negreros venden posteriormente en los mercados de Europa. Se podría comparar este comercio con el que actualmente se conoce con el nombre de "barter", en el cual no hay dinero en circulación, sino sólo bienes y productos.
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    En un comienzo,el comercio es monopolio absoluto de españoles y portugueses, pero a partir de finales del Siglo XVI las compañías holandesas, francesas e inglesas entran en este circuito mercantil, luchando por controlar estas regiones. Surge así una competencia encarnizada entre los países europeos que se mantiene durante todo el período del tráfico de esclavos. Los holandeses traficaban y exportaban los esclavos que vendían en el Brasil y en América Central. En el Siglo XVIII, los ingleses transportaban para sus colonias en América del Norte, para Mexico, Cuba, Jamaica y el Perú. A partir del Siglo XVII y especialmente en el siglo XVIII los negreros franceses desembarcan esclavos en la isla de Santo Domingo (Haití), en las Antillas Francesas y en Lousiana en América del Norte. En el transcurso de los siglos XV y XVI el tráfico negrero fue obra especialmente de navegantes particulares, comerciantes y piratas. A partir del Siglo XVII pasa a ser ejercido por grandes compañías. Ellas se encargan del comercio en el Atlántico y de la explotación de las colonias. Organizan también la instalación de factorias, la construcción de fuertes y bodegas para almacenar esclavos. En el caso de Portugal, el tráfico de esclavos fue realizado prácticamente sólo por negreros particulares, que llevaban del Brasil a Africa tabaco de mala calidad y ron y regresaban con esclavos a cambio. Esto se desarrollo especialmente a partir del Siglo XVII, cuando las relaciones entre las posesiones de Africa y el Brasil comenzaron a ser directas. En el comercio del Atlántico, Portugal se ve superado por los grandes países expansionistas de la época: Holanda, Francia e Inglaterra 7. Consecuencias del tráfico para Africa Efectos demograficos El tráfico de esclavos provocó estragos en Africa, los cuales aún hoy en día se hacen sentir. Durante cuatro siglos este continente fue escenario de guerras y "razzias" por la captura de esclavos. Millones de africanos fueron exportados para tierras lejanas, otros tantos millones murieron en largas marchas hasta la costa y en los almacenes a la espera de ser embarcados. Este éxodo forzado de millones de personas provoco la disminución del crecimiento vegetativo de la población africana, ya que los hombres y mujeres en edad de procreación eran vendidos. Algunos investigadores llegan a decir que entre los siglos XV y XIX el continente perdió más de cien millones de hombre y mujeres jóvenes. Varias regiones africanas quedaron casi totalmente despobladas. El investigador André Gunder Frank en su libro La Acumulación Mundial 1492-1789 señala la cifra de 13.750.000 esclavos traídos a América entre los siglos XVI y XIX, a lo que el investigador Enrique Peregalli añade un 25% por muertes en el trayecto y un 25% más por muertes en Africa con motivo de las guerras de captura, lo que da un total de 20.625.000 africanos perdidos para el continente en ese período().
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    Igualmente, se calculaque en ese período sólo desde la costa de Angola a los puertos de São Tomé y América fueron transportados tres millones de esclavos. Así se explica que las zonas más pobladas en el Siglo XV como el Congo, Ndongo y Quissana, en el Siglo XVII estuviesen ya despobladas. Además, muchas poblaciones, ante el peligro de la esclavitud, abandonaron sus zonas originales, refugiándose en las regiones interiores, ayudando a la despoblación. Efectos políticos El comercio de esclavos era el más lucrativo y los europeos se encargaron de persuadir a los jefes locales y a los mercaderes africanos para participar en él. De este modo se produjo una reacción en cadena. La aristocracia, los jefes y los comerciantes africanos querían aumentar su riqueza, autoridad y poder, queriendo también defender su independencia. Para ello, necesitaban de armas de fuego y mercancías de Europa. En este contexto, la fabricación de armas de fuego se transformó en un gran negocio de exportación. Con ellas se organizaban extensas cazas de hombres, ataques a otros pueblos, tribus y aldeas, con el fin de someterlos y venderlos como esclavos. De este modo, se deterioraron las relaciones entre los diversos estados y pueblos. Los pueblos del litoral y del interior más próximo se encontraban en guerra continua. Así, a partir del Siglo XVI los reinos de Benín, Congo y Angola en Africa Occidental, tal como el Imperio Mutapa en Africa Oriental, se desmoronaron. En los siglos XVII, XVIII y XIX, en las selvas del Golfo de Guinea y en el valle del río Zambeze se desarrollaron estados militares con base en el comercio de esclavos. Tenían una rígida organización militar, poseían grandes ejércitos permanentes y se enriquecian con la venta de sus propios hermanos, haciendo la guerra a los pueblos vecinos. Efectos económicos Además de la captura de hombres y mujeres, el tráfico promovió el saqueo sistemático de los bienes producidos. Ya sea a traves de tributos o de pillaje, los traficantes saqueaban el producto de las cosechas, ganado, marfil, pieles, cera, maderas preciosas. Las actividades económicas como la agricultura, minería, artesanía, alfarería y el comercio local fueron abandonados y se orientaron a una actividad económicamente más productiva: la esclavitud. El tráfico de esclavos trajo al continente africano un estancamiento, por no decir un retroceso económico. La agricultura, los tejidos, la fundición y la forja de metales se fueron reduciendo. En contrapartida, se desarrollo la exportación de seres humanos. En lugar de poner a la venta productos, ahora el único producto de fácil venta en el mercado eran los propios productores. Las pequenas industrias locales no pudieron
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    sobrevivir. Por lotanto, el tráfico de esclavos retardo el desarrollo y creó condiciones para el actual estado de subdesarrollo(). 8. Bibliografia . Del Siglo XII al XIV, Kilwa fue la ciudad más importante de la costa oriental de Africa. En su apogeo, Kilwa llego a controlar Sofala (s. XIII), Mafia, Zanzíbar, Pemba y otras ciudades costeras del sur. Ubicada en el actual territorio de Tanzania. . Sofala era una ciudad portuaria que se situaba un poco al sur de lo que es hoy el puerto mozambiqueño de Beira. Era el puerto más al sur de la costa oriental africana conocido por los árabes. A través de Sofala obtenían el oro producido en el Gran Zimbabwe y en el Imperio de Mutapa. . Principal puerto de Kenya. . Pueblo que habitaba la costa oriental de Africa. Su nombre proviene de la palabra árabe "swahel" que significa "costa marítima". El swahili es una lengua bantú. En el Siglo VII de nuestra era estas poblaciones se convirtieron al islamismo. . Entre 1440 y 1450 Nyantaimba Mutota sale del Gran Zimbabwe con sus guerreros y familias para el norte y se queda en la región de Dande, en el valle del río Zambeze. Los ejércitos de Mutota conquistaron esta zona del norte del altiplano y formaron entre los ríos Mazoe y Luia un nuevo reino. Matope, hijo y sucesor de Mutota, unificó todas las tierras entre el desierto de Kalahari y la región de Sofala. Fundó el Imperio Mutapa, cuyos límites se extendían desde el desierto de Kalahari al Océano Indico y del río Zambeze al río Limpopo, rodeado de reinos vasallos que le obedecían. . El Reino de Zimbabwe fue uno de los más poderosos de toda Africa Austral. Las poblaciones de Karanga lo fundaron entre los ríos Zambeze y Limpopo. Su apogeo se sitúa entre los años 1250 y 1450. Hoy aún existen las ruinas de lo que fue la capital de este Reino, el "Gran Zimbabwe" o "Casa de Piedra", construída en varios períodos entre el Siglo VIII y el Siglo XV. . El Imperio del Congo fue un reino poderoso que creció y se desarrolló sobre las márgenes del río que después tomó su nombre. Fue fundado por Nimia Lukeni a finales del primer milenio de nuestra era. Se extendía desde el río Congo al norte hasta el río Cuanza por el sur, ocupando toda la región norte del territorio actual de Angola, desde el Océano Atlántico por el occidente hasta el río Cuango por el oriente. . Ghana fue el reino mas antiguo de Africa Occidental. Ya en el Siglo IV Ghana era una confederación de clanes. Su apogeo se produjo en el Siglo X, siendo destruído en el siglo siguiente. Se situó entre los ríos Senegal y Niger. Tenía a Kumbi-Saleh como capital. . En las ruinas de Ghana se encuentran los fundamentos de los orígenes del reino de Mali. Sus fundadores pertenecían al grupo lingüístico Mande. Alrededor del año 1350 los Mande
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    extendieron su autoridada todo el valle superior del río Niger (hasta Gao), a una parte del Sahara (Walata), al Bambuk y a toda la región costera comprendida entre el río Senegal y el río Geba. Su capital era Niani. . Songhay fue el último de los imperios sudaneses. Fue construído por campesinos Gabibis y pescadores Sorko de las márgenes del río Níger. Su apogeo se sitúa entre los siglos XIV y XVI. . Las islas del Océano Indico a que se refiere este trabajo son: las islas Seychelles (89 islas e islotes), las islas Mascarenas (actualmente constituídas por el estado de Mauricio -Agalea, Albatros, Cargados, Coco y Rodríguez- y la Isla de la Reunión, posesión francesa), las islas Comores y la isla de Madagascar. . Mani significa jefe, especialmente para designar al jefe de tribu. . El nombre de Angola proviene de Ngola, rey de Ndongo. . Sobre la complicidad de los gobernadores portugueses en las colonias respecto al tráfico de esclavos existe abundante documentacion en el Archivo Histórico Ultramarino de Lisboa y en el Archivo Histórico de Mozambique en Maputo. . El pueblo "yao" (conocido como "mujao" por autores portugueses antiguos o como "ajau" por los contemporáneos) tenía su centro en los contornos del lago de Niassa y entre los años 1840/50 el pilar de su economía se basaba en el comercio de esclavos. . El Imperio Marave fue formado por los Lunda, pueblo que vivía en la región de Tete, al norte del río Zambeze y que salió de su territorio avanzando a lo largo de este río hasta la costa, siguiendo luego hacia el norte más allá del río Rovuma (actual frontera entre Mozambique y Tanzania). . Alrededor del año 1600, Portugal envió a Mozambique colonos portugueses e indios cristianos de Goa para establecerse en el valle del río Zambeze. En 1650, el Rey de Portugal decidió que las tierras del valle pertenecían a Portugal y que sus propietarios debían pagar tributos a la Corona. Las tierras pasaron a ser arrendadas por un plazo ("prazo" en portugués, de allí su denominación como "prazos da Zambézia" o "prazos da Coroa"). Los "prazos" fueron utilizados por Portugal como una tentativa de garantizar la colonización en esta región del interior, aunque durante muchos años hubo disputas entre los "prazeiros" y la Corona. . Los "pangaios" eran pequeñas embarcaciones utilizadas por los traficantes árabes, las cuales por sus condiciones especiales eran propicias para el tráfico clandestino de esclavos desde pequeñas ensenadas y bahías, donde los navíos de guerra no podían hacer un control efectivo. . Tomado del libro O tráfico de escravos de Mocambique para as ilhas do Indico, 1720- 1902, de José Capela. Período 1720-1799: pág. 25; período 1800-1854: pág. 41; período
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    1855-1902: pág. 62;Núcleo Editorial de la Universidad Eduardo Mondlane, Maputo, junio de 1987. . Enrique Peregalli, Escravidão no Brasil, Global Editora, São Paulo, 1988, pág. 51. . Ver Madre Negra, de Basil Davidson. CAPELA, José; O tráfico da escravatura nas costas de Moçambique, em 1902, en Arquivo, Boletin Semestral del Archivo Histórico de Mozambique, Número 3, abril de 1988, pág. 5- 11. Apontamento sobre os negreiros da Ilha de Moçambique, en Arquivo, Número 4, octubre de 1988, pág. 83-90. CAPELA, José; MEDEIROS, José; O tráfico de escravos de Moçambique para as ilhas do Indico, 1720-1902; Núcleo Editorial da Universidade Eduardo Mondlane, Maputo, 1987. INDE, Editorial Escolar, Historia de Africa, Sexta Clase, varios autores, Maputo, 1987. PANTOJA, Selma; Fontes manuscritas para a historia de Moçambique no Rio de Janeiro - até final do século XX, en Arquivo, Número 5, abril de 1989, pág. 41-48. PEREGALLI, Enrique; Escravidão no Brasil, Global Editora, São Paulo, 1988. Varios Autores; A historia da minha Patria, INDE, Editorial Escolar, Maputo, 1986. RESUMEN: Introducción. Penetración europea en Africa. Inicios del tráfico de esclavos. El tráfico en Africa Occidental. El tráfico en Africa Oriental. El comercio triangular. Consecuencias del tráfico para Africa: efectos demográficos, políticos y económicos. (Para sección HISTORIA) Angola Historia Todo lo que se sabe de la historia antigua es que en la edad de piedra los cazadores y recolectores de la región fueron reemplazados por la cultura bantú hacia el siglo VII d.C. El país estaba en las rutas migratorias de los pueblos del norte y del este, lo que dio como
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    resultado una considerablemezcla de pueblos. Por ejemplo, la cultura lunda, en el río Kasai al este, se juntó con la chokwe, de forma que se conocen ahora como lunda- chokwe; de forma similar, los kongo, que emigraron al norte de Angola, dejaron su huella en los reinos locales preexistentes. Llegada de los europeos Cuando los portugueses llegaron en 1483, buscando el legendario reino del preste Juan, además de metales preciosos, encontraron el reino del Kongo bien asentado. El gobernador del estado recibió a los recién llegados. En 1491 los comerciantes y misioneros portaban regalos para enviar a la corte del manikongo (rey) Nzinga Nkuwu (reinó entre 1482 y 1505), el cual se convirtió al cristianismo, como hizo su sucesor, Afonso I (reinó entre 1505 y 1543), que también aceptó la dirección portuguesa en la administración de su reino. Los portugueses, sin embargo, estaban más interesados en los beneficios del comercio creciente de esclavos que en los trabajos misioneros o de extensión de la civilización europea. El comercio de esclavos, con la ayuda de los jefes locales, afectó gradualmente a la autoridad del manikongo, pues pasados 25 años de la muerte de Afonso, el estado kongo sucumbió al ataque de los jaga, un pueblo nómada bárbaro del este. Periodo colonial y resistencia Los portugueses, mientras tanto, habían extendido su influencia al sur del área de la actual Luanda, sobre la cual pronto ejercieron su autoridad colonial. Fue el título del gobernante local, ngola, el que dio nombre al país. Portugal establecía los gobernadores reales que intentaban imponer su voluntad sobre la población, pero al dominio de un extranjero se resistían obstinadamente. La lucha prolongada continuó, mientras el apresamiento de esclavos contribuía a mantener el país en continua agitación. No se estableció prácticamente ningún asentamiento europeo durante este periodo: en 1845 sólo había 1.800 europeos en toda Angola. Los mayores beneficios procedían del comercio de esclavos, que continuó de forma ininterrumpida a lo largo del siglo XIX. Hasta ese momento, habían sido hechos esclavos y enviados a las plantaciones de América unos 3 millones de personas. Portugal no obtuvo el control completo del interior del país hasta comienzos del siglo XX. Posteriormente fue gobernado bajo el llamado Regime do indigenato, un sistema colonial, en el que la explotación económica, el abandono cultural y la represión política estuvieron en vigor hasta 1961. En 1951 el rango oficial de Angola se cambió de colonia a provincia de ultramar; poco después, se adoptó una política de rápidos asentamientos europeos, en un inútil intento del poder colonial para evitar lo inevitable. Durante la década de 1950 surgió un rápido movimiento nacionalista, y en 1961 empezó una guerra de guerrillas contra los portugueses. VASCOS NEGREROS Felipe II dejó en manos de los portugueses la explotación del mercado de esclavos, por lo que percibia ciertos derechos. Las licencias se concedían a particulares, quienes se
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    encargaban de encaminara los negros hacia las Indias. Este sistema de explotación siguió funcionando, siempre dirigido por portugueses, hasta la excisión de España y Portugal en 1640. Sevilla se convirtió, durante el siglo XVI, en opinión de Ruth Pike, en el segundo centro más importante de esclavos en Europa, después de Lisboa. Desde estos dos centros se proporcionaba mano de obra abundante y barata para las minas y las plantaciones americanas 62 Pero ¿podemos imaginarnos a MARINOS VASCOS participando en una complicada operación de aproximación a la costa africana, la posterior compra de negros en aquellas tierras, y su transporte a las costas americanas para venderlos? En principio, los implicados en estas actividades por tradición parecían ser los propios portugueses, y por afinidad y cercanía a las costas africanas, los andaluces. Sin embargo, la presencia de los vascos en lugares alejados de sus propios puertos y la participación en las prácticas más ajenas a su primera vocación marinera queda reiteradamente ACREDITADA por la documentación, y el tráfico de negros en las costas africanas tampoco escapó a sus diversificadas actividades. El control portugués en el comercio negrero Lisboa se constituyó en la sede central del tráfico de esclavos. Desde la capital portuguesa, donde residía el Consejo que regulaba este negocio, la mercancía se repartía allí donde la clientela lo solicitaba. Pero este control fue cuestionado y torpedeado por las naciones poderosas que no entraban en el reparto, descontentas tanto con el dominio ejercido sobre la trata de esclavos como sobre el dominio de las Indias. Un pleito de la segunda década del siglo XVII nos proporciona interesantes datos que avalan este comportamiento del Sur y las reacciones del Norte, cuyos pueblos se mostraron pronto dispuestos a sabotear el engranaje del poderío hispano-portugués. A través de este pleito se observa la participación de los vascos en un mercado en el que, obviamente, los maestros seguían siendo los portugueses, quienes no en vano habían sido los iniciadores de la exploración y explotación del Atlántico. Pero asimismo las noticias que se nos proporcionan en este pleito perfilan un marco perfecto de la “legalidad” de esta explotación, que atribuía a los súbditos del Rey de España la facultad de intervenir en el tráfico negrero. Guinea y el tráfico masivo de esclavos Guinea es, según muchos testimonios de la época, EL PUNTO donde se realiza la compra de esclavos e inicia el tráfico a las Indias Un testigo de este pleito describe gráficamente el papel que esta tierra tenía en referencia a este negocio: “Los negros en Guinea, donde es su tierra, y de ella vienen a estos Indias de España, y no vienen de otras partes, y son de estos reinos que van a las dichas partes”. Se de quiénes tienen derechos sobre aquellas tierras y aquí otros que los naturales de los reinos de España y Don Felipe III. Pero, como ocurre con casi todos los que traficaron con esclavos, éstos no eran más que un elemento más entre una ingente serie de MERCADERÍAS que respondían a las múltiples
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    necesidades que acarreabala EXCUSA de la exigencia de “hispanizar” todas las nuevas tierras conquistadas, necesidades surgidas ante las circunstancias provocadas por el descubrimiento del inmenso territorio americano. La fortuna que consiguieron los URRUTIA en América fue enorme, pero así como el hecho de traficar con negros no suponía ningún cargo de conciencia para la mentalidad religiosa de la época, las mismas ideas religiosas trasplantadas a las Indias e impuestas en aquellas tierras con naturalidad les incitaba, ante la idea de la muerte, a conceder la liberación de algunos de los esclavos que tenían a su servicio. En fin, eran simplemente hombres de la época, hijos de su tiempo, y los vascos de los inicios de la modernidad lo eran por muchos conceptos. La conexión vasca en el tráfico negrero El tráfico de negros constituía legalmente un negocio controlado por los portugueses, como hemos tenido la oportunidad de comprobar. Pero la piratería de potencias celosas de este monopolio conseguía con frecuencia desbaratar los planes de los traficantes, robándoles los esclavos. Los VASCOS, que según se ha visto intentaban participar en este tráfico recurriendo a los métodos usuales y legales, acudiendo para ello a Lisboa, Angola, etc., tampoco despreciaban la oportunidad para adquirir las PIEZAS ROBADAS por franceses, ingleses o flamencos. La situación geográfica del País Vasco era la más propicia para jugar a varias bandas en el comercio internacional. Los negocios de esclavos en el Sur tenían el sello de la legalidad, pero los vascos no desdeñaban adquirir en el Norte irregularmente esclavos robados por los piratas. Tanto el caso de Juan de Zabala, del que se hablará a continuación, como del vascofrancés Ariztoy “Amacabeaz” u “Oncededos”, ofrecen un muestrario muy significativo de situaciones intrincadas que propiciaba el mundo de la trata de esclavos. Una vez más, la participación de vascos en este oscuro negocio son datos que ayudan a enriquecer el panorama del conocimientc ofreciendo nuevos haces de luz e importantes conexiones que se no a esta actividad. Juan de Zabala, un rico mercader guipuzcoano Juan de Zabala, aunque su apellido completo es Zabalairala, mercader del interior de la Provincia que tiene sus tratos con diversos materiales compra barcos, los fabrica, y maneja cantidades muy importantes, está relacionado con lo más florido del comercio vasco de principios del siglo XVI. Entre las mercaderías que se citan como empleadas por Zabala nos encontramos grasa de ballena, bacalao curadillo, brea, paste Los mercaderes con los que Zabala mantiene tratos, aparte extranjeros que no nombramos, son vecinos de Medina del Campo, Vitoria, poblaciones vascofrancesas, etc. En la lista de la gente que mantiene relaciones comerciales aparecen nombres vascos como Asencio de Alzola, Sabat de Yturbide, el donostia Arnézqueta y el vitoriano Miguel de
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    Echebarri. Si las cantidadesde dinero significan algo en este campo, los que se barajan en relación con los negocios de Zabala son realmente fabulosas. Aparecen partidas valoradas en miles de escudos, y entre los muchos modos de dinero se habla en una ocasión de “veinte mil reales en un caja que me envió de su casa”, y en otra de “seis mil ducados de ochavosi que en cuatro cajones me envió de su casa, que de trece mil reala dinero e quedaron los dichos seis mil ducados quietos en mi poder, etc. testifica un enorme movimiento de numerario. Se trata pues de un mercader potente, de gran solvencia, con sus propios medios de transporte marítimo, y que utiliza lo para transporte de hierro o pescado como para comerciar con Azores y los principales mercados europeos. Cuando Zabala quiere algo no repara en medios, ni legales ni económicos, como ocurre cunado da la orden oculta y fuera del contrato legal de COMPRAR en el precio en el que se cotizan esclavos en aquel momento. Un caso tardío de tratante vasco de esclavos: el vitoriano Pedro Juan de Zulueta Entre los vascos que hicieron fortuna en América no faltaron quienes basaron su negocio en la explotación de esclavos. Candelaria Sáiz Pastor publicó hace pocos años un artículo sobre las características de las inversiones españolas en el Caribe . Esta autora afirma al inicio de su trabajo que de finales del siglo XVIII a finales del siglo XIX se consolidó la industria azucarera cubana, y que en la raíz de esta implantación se significó la masiva presencia de ESCLAVOS en las plantaciones. Este fenómeno no era nuevo en América. Lo que interesa destacar en esta introducción de esclavos en Cuba es la activa participación de un importante hombre de negocios y banquero vitoriano afincado en Londres, Pedro Juan de ZULUETA, que no es otro que el propietario del edificio que alberga la biblioteca sobre temas vascos. La autora de este artículo afirma en relación con los negocios que se traían en Cuba entre Juan Manuel de Manzanedo y Zulueta que “mientras que la vinculación de Manzanedo al negocio „negrero‟ en su primera etapa cubana resulta dificil de verificar con fuentes empíricas, el caso de Zulueta adquirió mayores proporciones cuanto fue encausado directamente por el Parlamento británico por su vinculación en el TRÄFICO DE ESCLAVOS. Su implicación en el tráfico negrero, en principio, y del asiático más legal, después, fue clara en la década 1840-1850. Haciendas con esclavos indios y negros Los vascos, naturalmente, ejercieron muy activamente de comercio y esclavización formado parte de la élite dominante, de los soldados en busca riquezas, y de los artesanos en busca de hacer dinero rápido, y tuvieron oportunidades para adquirir esclavos, incluso para comercio. Nos encontramos con haciendas propiedad de vascos que utilizan trabajadores indios en situación similar a la servidumbre. Con esclavos negros trabajando para un propietario salido de del País Vasco que intentó, desde los principios de la conquista acuñar la frase de “hacer las Américas”.
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    Sobre la participaciónde personajes vascos en la conquista de Méjico nos lleva a numerosos informes sobre la compraventa de esclavos llevada a por la gente que andaba en torno a Hernán Cortés. Uno de los principales hombres de la conquista de Méjico, el vasco Juan de Oñate, participó también este tráfico de esclavos en el golfo de México. En esta tipo de documentación se descubre la relación de los “indianos” con el hecho de la esclavitud. Martín de Ribera, vecino de Hondarribia, había vivido en Perú, y al volver confiado la resolución de algunos de sus negocios en manos de un paisano, el mercader Martín de Goizueta, vecino de Errenteria. CÓMO SE ORGANIZABA UNA EXPEDICIÓN Don Pío Baroja es uno de los expertos más documentados en el tema de la trata de negros en los siglos XVIII y XIX, y da detalles muy reales en su obra "Pilotos de Altura". He aquí como describe el modo de fletar un buque negrero. "Como ya no puede quedar vivo nadie que haya presenciado con sus propios ojos cómo se creaba y cómo funcionaba una empresa de trata de negros, lo explicaré yo con detalles. Se constituía una sociedad de ocho o diez personas de La Habana, comerciantes, bodegueros y almacenistas. Se reunía un capital de cien mil duros, por lo menos. Uno de los armadores solía ser el administrador. Se calculaba que un buque de trescientas toneladas podía llevar a bordo, entre el sollado y la cubierta, de quinientos a seiscientos negros. Claro que iban estibados como si fueran vacas o caballos. La sociedad elegía un capitán, y el capitán nombrado giraba una visita a la bahía, para ver si hallaba un buque de buena marcha, y de preferencia construido en los Estados Unidos. En el caso de no encontrar en la bahía uno a gusto, el capitán emprendía un viaje a Baltimore; en este puerto yanqui se construían los más veloces. Después de comprar el buque, el capitán se hacía cargo de él; lo llevaba a La Habana, Casa Blanca, a uno de los muelles. Se examinaba el barco desde la quilla hasta el tope, tanto el casco como la arboladura, y se reparaban todas las deficiencias encontradas. En seguida se ajustaban con un maestro tonelero doscientas pipas de aguada estibadas en la bodega. Un carpintero tomaba la contrata para construir un sollado de tablas de quita y pon sobre las barricas de la aguada y bajo la cubierta. El velero cosía un juego nuevo de velas, pues las que solía llevar el buque se deshacían en el camino antes de llegar a la costa de África. Aquellas lonas servían también para abrigar a los negros cuando dormían sobre cubierta. Las faenas preparatorias se terminaban en dos o tres semanas a fuerza de gente y de oro. En tanto, los armadores se agenciaban un factor para las compras de negros en África. Casi todos aquellos factores eran portugueses o agentes de los portugueses. En el intervalo, el capitán encontraba sus oficiales: tres pilotos, primero, segundo y tercero; dos guardianes, un condestable y el cirujano. Como los puestos eran peligrosos, se buscaba gente fiel y de confianza. Ningún capitán se embarcaba en la carrera africana sin llevar varios viajes de piloto. El
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    elegido debía serhombre valiente, experimentado y sereno; había que sostener en el barco una disciplina rígida; si venían las cosas mal, entregarse al crucero inglés que intimaba la rendición, y si existían posibilidades de resistir con éxito, contestarle a cañonazos. Al mismo tiempo, el capitán debía conocer las costumbres y las enfermedades de los negros. Al momento de instalarse el factor en el barco hacía una lista de los géneros que tenía que llevar; se la entregaba a los armadores, y el administrador y él comenzaban a recorrer los almacenes. Los géneros comprados se depositaban en un cobertizo. Los guardianes y el condestable vigilaban la aguada y se agenciaban leña, calderos para el rancho, alambiques y filtros, por si escaseaba el agua; coys, sirenas de mano, maletas de cinc, jarras para llevar la pólvora de la santabárbara, bombas, palanquetas, sacos de metralla, lampazos con que enjugar la cubierta, carracas, que usaban a veces los capataces africanos, y zambullos o baldes de madera. El bodeguero almacenaba toda clase de géneros de comer y beber, como dulces, conservas, cecinas, mermeladas, vinos y licores. El factor se ocupaba sólo de lo relativo a los negros, y compraba, primero, aguardiente. Los reyezuelos y personajes importantes de África no podían vivir sin aguardiente, al que llamaban, en las orillas del Congo, mala fo. Por lo general, los barcos negreros llevaban treinta o cuarenta pipas de alcohol, ocho o diez fardos de guineas azules y cuatro de guineas blancas. A estas telas de algodón las llamaban guineas, porque eran las que servían para la compra de negros en la costa de Guinea. Cargaban también los factores dos fardos de telas de romales, dos de sarasa, cuatro o seis cajas de abalorios, ocho o diez de fusiles, cien barriles de pólvora, de arroba y de arroba y media, y un sinnúmero de chucherías. Se llevaban trescientos pares de grillos dobles para poner a cada negro en el pie, una o dos barras de justicia y cien pares de esposas. Al mismo tiempo se embarcaban útiles de carpintería, de herrería y de artillería. Cuando el barco se encontraba ya listo, se largaba en el tope del palo trinquete una bandera cuadrada, roja, indicación para pedir gente. Al llamamiento acudían marineros de todas las naciones, muchos reincidentes en el viaje a la costa de Guinea, y el contramaestre los escogía uno a uno. Generalmente, se pagaba a cada marinero de cuarenta a cincuenta duros al mes, por adelantado, y en el caso de lucha, el armador se comprometía a darles una gratificación de cincuenta a cien duros. Al tercer día después del ajuste, por la madrugada, debían estar todos a bordo. Entre la oficialidad del barco negrero, el factor era de los más importantes; además de su sueldo, cobraba el diez por ciento de los negros llegados a salvo. Si un capitán, factor o piloto traía a bordo algunos negros adquiridos por él, al armador le correspondía la mitad del precio de tales negros por el pasaje y la manutención. Los factores, generalmente, iban contratados para comprar tres o cuatro cargamentos de ébano. A veces pasaban largas temporadas en África, y escribían a los armadores cuando reunían el cargamento completo. Los capitanes de los buques negreros cobraban la comisión del diez por ciento y cien o ciento veinte duros al mes. El primer piloto ganaba ochenta duros mensuales y seis duros por cabeza; su obligación era la derrota, ocuparse del consumo del agua y de los víveres, llevar una lista de los muertos
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    en alta mar,subir a los palos con el anteojo cuando el vigía cantaba vela y curar a las negras enfermas. El segundo piloto ganaba cuatro duros por cabeza y setenta al mes. Su obligación consistía en montar la guardia del capitán y llevar el diario de a bordo. El tercer piloto tenía dos duros por cabeza y sesenta mensuales. Hacía guardias, copiaba los apuntes del factor y se hallaba encargado del botiquín. Generalmente, el reyezuelo o el cacique prestaba sus carpinteros para construir las barracas. El tercer piloto debía hacer, además, la cura a los negros, en compañía del contramaestre; cuidar de la bodega, probar la comida y estar siempre con el fouet o musinga en la mano. El contramaestre tenía el mismo sueldo que el tercer piloto. El contramaestre se ocupaba en cumplir las órdenes del capitán, mandar a la marinería, disponer el aseo del buque y vigilar para que la comida fuese buena. Los primeros y segundos guardianes espiaban a los negros, observaban si comían o no, si complotaban algo, y tenían siempre media caldera de agua hirviendo con sus grandes cucharones de hierro, pues en caso de sublevación, lo que más terror producía a los negros era el agua hirviendo, y con este procedimiento bárbaro se acababan sus batallas. Los guardianes ganaban cincuenta y sesenta duros mensuales y un duro por cabeza de negro. Había además otro empleado, llamado pañolero o bodeguero. El bodeguero vigilaba la bodega, los víveres y la aguada; solía tener a sus órdenes ocho o diez negros jóvenes, llamados muleques, encargados de poner orden. El cirujano cobraba diez reales por cabeza de negro y cincuenta duros mensuales. A veces aparecía en la dotación un capitán, llamado de bandera, capitán ficticio, puramente de aparato, y que servía de testaferro. Cuando existía capitán de bandera a bordo, éste ganaba un duro por cabeza y cincuenta al mes. Entonces el capitán efectivo solía presentarse oficialmente como si fuera pasajero. Cuando el buque negrero se encontraba ya listo, se disparaba un cañonazo, se levaba el anda, y si no había viento, lo remolcaban algunos botes. Al aproximarse al muelle de Caballería de La Habana, se acercaban al costado casi siempre quince o veinte guadaños o botes de alquiler llenos de gente, comerciantes de la ciudad interesados en la expedición. Venían a almorzar a bordo fuera del Morro. El capitán solía disponer un gran almuerzo. Regía la costumbre de que cada convidado escogiera los cubiertos, platos y copas, y después de servirse de ellos los tirara al agua. Esto se practicaba para dar una impresión de riqueza y de rumbo. Tras de la ceremonia, los comerciantes habaneros daban la mano de despedida a los oficiales del buque y en seguida se embarcaban en los guadaños, haciendo grandes saludos con sombreros y pañuelos. Algunos capitanes, socios en las empresas, solían al despedirse dar verdaderos banquetes, que les costaban cientos de pesetas, a los que acudían los negreros de La Habana y sus queridas y otras mujeres de vida alegre. EL VIAJE y LA COMPRA DE NEGROS Desde el momento en que se emprendía el viaje y se salía a alta mar, se ponía un grumete en el tope de proa para avisar al oficial de guardia cualquier vela que se presentara a la
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    vista. Todo barco mercanteo de guerra era un enemigo para el negrero. Nunca paz por debajo de la línea. "No peace beyond the une", decía Drake. Todo es enemigo fuera del puerto, podíamos decir nosotros. Si se veía algún buque de guerra, se variaba el rumbo, y luego se iba enderezándolo hasta llegar a África. Al aproximarse al punto de destino, generalmente la costa desde Sierra Leona a la orilla del río Congo, llegaban unas cuantas canoas con dos o tres negros a bordo. El capitán mandaba darles aguardiente y les compraba huevos, gallinas y pescado. Aquellos negros proporcionaban al capitán y al factor cuantas noticias pudieran desear: qué buque salió el último, cuántos esclavos llevó, si iba a La Habana o al Brasil, si quedaban muchos negros en la plaza, a qué precio se cotizaban, cómo se llamaba el reyezuelo. Contaban también si había estallado alguna guerra entre las tribus, si se hicieron muchos prisioneros, si rondaban ios buques ingleses y si frecuentaban aquellas aguas las canoas de los curmanes. Los curmanes servían de espías a los ingleses y daban aviso a los buques de guerra cuando recalaba un negrero. Los curmanes, gente de Liberia y de Sierra Leona, pagadas por el gobierno de Inglaterra, hablaban inglés. Al llegar al poblado, el capitán se embarcaba en su bote y saltaba a tierra, se presentaba en la casa del reyezuelo, le explicaba su objeto y discutía con él; el reyezuelo exigía primero sus derechos: cuatro o seis garrafones de aguardiente, un barril de pólvora, un fusil y seis piezas de guinea. A este lote daban el nombre de cábala. El capitán preguntaba al reyezuelo cuántos esclavos podía entregarle pagándole lo de costumbre, y le pedía que pusiera guardias cuando se construyeran las barracas para que no se le escapasen los presos. El buque se conducía a un fondeadero y se daba principio a la construcción de las barracas, cerca de la costa. El capitán y el factor se internaban río arriba llevando género para comprar cincuenta o sesenta hombres. En el primer poblado alquilaban una choza, que les servía de tienda. Con sus sirvientes principiaban a hacer unos lotes. TRATOS EN AFRIKA En un listón de madera como el que sirve para tallar a los quintos marcaban siete pies de altura, los dos últimos de arriba divididos en pulgadas. El negro valía más cuanto mayor fuese su estatura. Si medía seis pies, valía dieciocho piezas, entre ropas, abalorios, pólvora, aguardiente, fusil, etcétera. Cada pulgada de menos se rebajaba una pieza. Las mujeres tenían mas valor si eran jóvenes y de buen aspecto. La unidad de medida para la compra era diferente en los distintos países: en Bonny se llamaba una barra; en la Costa de Oro, una onza; en Calabar, un cobre; en Benin, una caldera; en Angola y en el Congo, una pieza. Concluidas las barracas se desembarcaba todo el cargamento, y el tercer piloto solía remitir
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    en lanchones haciael interior la mayoría de los artículos clasificados. A los pocos días el reyezuelo se presentaba en el buque con su estado mayor, todos armados, y el jefe con una corona de barbas de elefante en la cabeza. El capitán invitaba al jefe o reyezuelo a sentarse en un taburete, mandaba sacar unas cuantas botellas de aguardiente; la primera copa la recibía el jefe, pero no podía beber sin dar antes su parte a su dios, Grigri o Xuxu. Este dios venía a ser unas ataduras que llevaba en el puño y en la cintura, con unos nudos, y dentro de ellos un poco de tierra, hierbas, barbas de elefante y cortezas de distintos árboles. El reyezuelo echaba un poco de aguardiente a su dios, a quien suponía amigo del alcohol, y el resto se lo bebía él; los de su estado mayor le imitaban. Celebrada la ceremonia, comenzaban las operaciones financieras en grande. Se presentaban dos o tres comerciantes con ocho o diez negros, tomaban asientos, bebían aguardiente y discutían los precios; después de ellos venían otros, y otros, casi todos portugueses o mestizos de portugueses. Con relación al precio, los muchachos robustos tenían más valor; los viejos con la cabeza rapada, menos; las mujeres con hijos, menos que las solteras, y a las viejas no las quería nadie. En general, el negro, cuanto más oscuro era y más robusto, valía más. El negro pálido no producía confianza. Los negros venían al mercado con sus comerciantes y havildares, generalmente sueltos, pero si eran prisioneros de guerra, cimarrones del bosque o ladrones, los traían atados. Solían emplear para ello una caña de bambú de una vara de larga, con dos agujeros en los extremos; en cada agujero de éstos iba sujeto cada brazo con un bejuco, y con los dos brazos en forma de cruz y con un cordel atado a la cintura, el amo llevaba a su esclavo como un aldeano lleva a su vaca al mercado o al matadero. Cuando un jefe mandaba un pelotón de soldados suyos a los bosques, a cazar a los cimarrones, recomendaba que los cogieran a palos o con trampas, y que si les disparaban tiros de fusil lo hicieran de las nalgas para abajo; así muchos prisioneros, al parecer fuertes, tenían las piernas débiles por las heridas, y eran inútiles para trabajar. En ocasiones, un reyezuelo guardaba hasta doscientos presos de esta clase, y si no llegaba pronto algún buque de trata, el reyezuelo no encontraba mejor procedimiento de zafarse de ellos que cortarles la cabeza. Cuando se les reprochaban estas muertes, decían que la manutención de tanta gente les costaba mucho. Los esclavos eran de distintas procedencias: unos hechos por astucia por el factor, otros prisioneros del reyezuelo y cautivados por él, algunos, criminales, ladrones y adúlteros que el gobierno de la tribu vendía. Había también prisioneros de guerra, esclavos nacidos de madre esclava, y algunos, muy raros, hombres libres que, impulsados por su pasión por el juego, se jugaban a sí mismos y a sus familias, convirtiéndose voluntariamente en esclavos. Había otra clase de esclavos llamados en el país esclavos de casa, hijos de los esclavos unidos al servicio de la finca de un dueño. Era raro que estos cautivos fueran vendidos a los extranjeros. Se consideraba deshonroso entre los negros propietarios el venderlos.
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    Únicamente lo hacíanlos hombres desprestigiadós, jugadores y borrachos. Allí, en el Congo, cada familia tenía muchos hijos. Un jefe podía reunir cuarenta o sesenta mujeres propias; un particular, hasta ocho. Cuando un congolés se quería casar con una mujer, debía pedir permiso al reyezuelo, e ir de gala. Para esta ceremonia cada uno llevaba una piel blanca de gato sujeta a la cintura y colgando por delante. EL VIAJE DE VUELTA CON LA CARGA Respecto a la moral de los capitanes y pilotos negreros, era indudable que se acostumbraban a ver en sus expediciones una aventura peligrosa en que se podía perder el dinero y la vida y ganar la fortuna. La desdicha del africano encadenado no les hacía mella: lo consideraban como a un animal. La codicia les impulsaba a no dejar a los negros en su barco más que un espacio parecido al que ocupa un muerto en su ataúd. Muchos negros estaban obligados a viajar siempre sobre un lado, replegados sobre sí mismos, sin poder extender los pies. Acostados, sin vestidos, sobre un suelo muy duro, traídos y llevados por el movimiento del barco, su cuerpo se cubría de úlceras y sus miembros no tardaban en ser desgarrados por los hierros y las cadenas que los tenían atados unos a otros. Cuando llegaba el mal tiempo y se cerraban las escotillas del barco, los sufrimientos eran horribles; echados los unos sobre los otros, sofocados por el calor insoportable de la zona tórrida y por la exhalación nauseabunda que salía de sus cuerpos, la sentina del barco parecía un horno ardiente y pestífero. Aquellos desgraciados, encerrados de tal manera en un calabozo infecto y privado de aire, solían lanzar gritos lamentables; se les oía llamar y decir en su lengua: "Aquí nos ahogamos"; pero los negreros no hacían caso. Había terribles negreros, capitanes crueles y desalmados, con instintos sádicos, que no sólo estibaban a los negros como si fueran fardos, sin dejarles sitio para moverse, y si morían los tiraban al mar para que sirvieran de pasto a los tiburones, sino que los martirizaban. Éstos utilizaban la barra de justicia, una barra de hierro con grillos para los pies, y el collar que se conocía con el nombre francés de carcan. Había casos terribles. Cuando el barco negrero la Jeune Estelle, de la Martinica, con su capitán, Olimpio Sanguines, se dirigía camino de las Antillas, un crucero inglés le dio caza. Mientras se efectuaba la persecución pasaron por cerca del çrucero varias barricas. Cuando los ingleses entraron en el barco se quedaron asombrados de no ver negros, pero oyeron gemidos que salían de una barrica. La abrieron y encontraron dos muchachas negras asfixiadas y medio muertas. Todo el cargamento había ido al mar metido en las barricas, y aquellas dos muchachas quedaban porque los negreros no tuvieron tiempo de echarlas por la borda. El capitán Sanguines, de la Martinica, hizo su procedimiento famoso entre los negreros, y algunos le imitaron en casos parecidos. Los portugueses y brasileños, que llevaban muy poca tripulación en sus barcos, sólían tener
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    a los negrosencadenados por brazos, piernas y cuello, sin sacarlos al aire, y muchas veces se morían asfixiados por el ambiente espeso y el calor de la bodega. Algunos negreros eran verdaderamente satánicos; muchos llevaban a bordo perros antropófagos, que se alimentaban de carne y bebían sangre humana. Estos animales feroces, conocidos por los colonos de América con el nombre de perros devoradores, eran empleados en las colonias para la caza de los cimarrones. En algunos barcos negreros se les colocaba durante la noche cerca de las escotillas, a fin de que se echaran sobre el negro que intentara, a favor de la oscuridad, salir de la bodega para respirar o para tirarse al mar. También solían usar, sobre todo los brasileños, otro sistema muy bárbaro. Tenían a todos los negros con un par de grillos a los pies, lo mismo en la bodega que en la cubierta o en el entrepuente, y pasaban por entre las piernas de los esclavos una cadena delgada, a la cual ponían un sistema de poleas. A la menor alteración o bulla, tiraban de la cadena, la ponían tensa a cierta altura y quedaban los negros cabeza abajo. En épocas anteriores a la mía, muchos de los negreros eran también piratas. Se recordaba el caso del capitán Lemoine, al mando de la Bamboche. Lemoine partió de L´Íle-de-France para hacer la trata, encontró un barco portugués cargado de negros y de polvo de oro, se lanzó al abordaje, mató al capitán, al contramaestre, a un coronel portugués que iba de pasajero, encerró a los marinos en la bodega, robó cuanto había, hizo un agujero en el barco, para hundirlo, y se marchó. A los negrófilos, lo que más les indignaba era el baile que se celebraba en los barcos negreros al son del tamtam. En general era un baile inocente. A veces, los negros se excitaban y había que poner marineros en las bordas para que no se tirasen al agua porque se volvían como locos. Después de estos bailes las escenas en la sentina debían de ser terribles. El espíritu de lucro de los negreros se comunicó a los negros, y los padres vendían a los hijos y los maridos a las mujeres. Los agentes europeos impulsaban con frecuencia a la guerra a unas tribus contra otras y a los reyezuelos entre sí. El odio se unía a la codicia, porque el vencedor no sólo ganaba la guerra cuando la ganaba, sino que vendía a todos los prisioneros. Los franceses, en el Senegal, acostumbraron a los reyezuelos a hacer prisioneros a los indígenas de su mismo país y a venderlos; desde entonces solían coger todos los habitantes y hacerlos esclavos. Los negros mismos eran los peores traficantes de la gente de su raza y de los que con más dureza trataban a sus esclavos. Antiguamente, y en tiempo de Zaldumbide, por lo que me dijeron, los capitanes se entendían con los mismos negros comerciantes, que tiraban tiros, tocaban el tambor o encendían hogueras en la costa para dar a entender que tenían esclavos a la venta. Era la época en que con unos paquetes de guinea, abalorios y unas cuantas escopetas viejas, todo por valor de cinco o seis mil pesetas, se compraban cargamentos de negros para venderlos en La Habana o en el Brasil por ochenta o cien mil duros. Respecto a las tripulaciones negreras, naturalmente, podía asegurarse que las constituían lo peor de cada casa. A los marineros no se les exigía libreta ni documentos. Los capitanes y pilotos eran de distinta procedencia: franceses, ingleses, españoles, portugueses o italianos y de varios países de América, en particular brasileños y cubanos.
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    De éstos nose podía decir quiénes eran mejores ni peores: había de todo. Entre los marineros negreros se notaban diferencias grandes: los franceses se mostraban reñidores y borrachos; los portugueses y gallegos, roñosos y disciplinados y un tanto serviles; los italianos, ladrones y vengativos; los brasileños y cubanos, gandules y perezosos, y los primeros más crueles, pues trataban a los negros peor que al ganado, como si tuvieran algún agravio que vengar de ellos. Entre los españoles, los peores marinos para los viajes negreros eran los catalanes y los vascos. Los catalanes reclamaban siempre y creían que los engañaban, todas eran quejas. Los vascos se mostraban indisciplinados, desesperados, marineros rebeldes, marineros tigres. Creían, sin duda, que, fuera de su país y de su pueblo y en un barco dedicado a la trata, no quedaba en pie ni leyes ni respetos humanos. Probablemente, de ser marinero, yo hubiera creído lo mismo. Esta condición se sabía entre los negreros, y una tripulación completa de vascos no la hubiese aceptado ningún capitán, de miedo a la rebelión. La gente de color tampoco se admitía en un barco negrero, al menos en gran número, porque podían jugar una mala pasada; así que, fueran soplets, como llamaban los franceses a los marineros negros, o curmanes que hablaran inglés, no entraban en las dotaciones de barcos negreros más que en exigua minoría. Aunque en Hispanoamérica hubo esclavos indios (los Caribes), esta condición fue propia de los africanos. La ética entonces vigente dudó de la posibilidad de esclavizar a los indios, que fueron declarados libres, pero no a los africanos, situación que era considerada normal. Había esclavos negros en casi todas las ciudades costeras de España y hasta en la misma corte papal. Es más, la solución de importar negros en las Indias para aliviar el trabajo de los naturales fue sugerida por los mismos religiosos (dominicos) que luchaban en favor de los indios (el padre Las Casas incluido). Los negros fueron así emigrantes forzosos a América. Se les cazaba como animales o se les compraba en los mercados esclavistas africanos, transportándoles luego al Nuevo Mundo para ser vendidos como mercancía. El negocio esclavista es una de la mayores lacras de la civilización occidental y en la que están implicados por igual los países que vendieron y compraron dichos esclavos. Los primeros negros llegaron como compañeros de los conquistadores y procedían de la Península, donde había unos cien mil, principalmente en las zonas ribereñas del Mediterráneo. El tráfico empezó a operar a raíz de la transformación de la economía minera de La Española en agrícola, debido al cultivo de la caña. La primera licencia conocida fue otorgada a Lorenzo de Gorrevod, en 1518, para transportar 4.000 a Santo Domingo. Luego hubo otras a los Welzer, a la mujer de Diego Colón, etc. Más tarde se compraron a los esclavistas portugueses e ingleses. Finalmente, los portugueses lograron regularizar este negocio a partir de 1595, obteniendo licencias. Desde 1595 y 1600 se llevaron a Hispanoamérica 25.338 esclavos. Durante los primeros 40 años del siglo XVII se mantuvo el asiento portugués, que introdujo otros 268.664. La independencia de Portugal hizo disminuir luego el negocio negrero, que cayó en manos de algunos asentistas de menor consideración. Entre 1663 y 1674 se introdujeron otros 18.917 esclavos. Naturalmente estos datos se refieren al tráfico legal, que algunos cifran en la mitad o un tercio del ilegal. En total, se supone que durante el siglo XVII entrarían en Hispanoamérica unos 400.000, que sumados a los 75.000 que Curtin da para el siglo XVI darían un total de casi medio millón para ambas centurias. Los puertos a los que llegaba mayor número eran Cartagena,
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    Veracruz, Buenos Aires,seguidos por los de otras zonas del Caribe: Cuba, Margarita, Santo Domingo, Puerto Rico y Venezuela. Los esclavos procedían de diversos lugares de África (Guinea, Senegal y Congo sobre todo) y se les embarcaba en algunos puertos, reflejados en los gentilicios que se les daban(mandingas, congos, angolas, minas, etc.). Se llevaban en las bodegas de los buques negreros y en condiciones inhumanas, muriendo en la travesía el 23% de ellos. Los supervivientes eran vendidos en subasta y obligados a trabajar para sus amos en minas o plantaciones. Se ha asegurado que en la aclimatación (vida en esclavitud y adaptación a la nueva dieta) moría otro 25%. Lo increíble es que este grupo sobreviviera a su circunstancia y se reprodujera (en algunos lugares fue realmente difícil), llegando a configurar los esclavos criollos, una tipología esencial en la nueva América. Los datos sobre población negra existente en Hispanoamérica son aún más discutibles que los del tráfico. Se calcula que hacia 1570 había unos 40.000, y que serían ya 735.000 a mediados del siglo XVII. Por esta época había ya muchos negros libres. Plantean un verdadero enigma, pues las posibilidades de salir de la condición de esclavo eran mínimas. Algunos lo lograban porque sus amos les entregaban la libertad cuando se veían a punto de morir, otros la compraban poco a poco, cultivando en su tiempo libre una pequeña parcela, que se les entregaba en la plantación, o robándole algo al amo cuando los arrendaba a otros españoles para algunos oficios. Los más, lograban la libertad huyendo al monte y convirtiéndose allí en cimarrones o negros alzados. Se asociaban entre sí y formaban los llamados Palenques o repúblicas independientes, donde vivían con sus propias autoridades y sus leyes peculiares. Desde los palenques asaltaban los caminos o haciendas próximas, constituyendo una verdadera pesadilla para las autoridades españolas de algunas gobernaciones (Cartagena, Panamá, Santa Marta), que enviaban periódicamente tropas contra ellos. Ante la imposibilidad de reducirles, terminaron por ofrecerles la libertad y tierras si accedían a radicarse en algún sitio, lo que hicieron en no pocos casos. La situación de estos libres en las ciudades era muy variable, y Le Riverend cita un caso de un libre habanero que tenía un corral de puercos, poseía un esclavo y tenía un indio asalariado.
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    "EL SISTEMA PORTUARIOY MERCANTIL EN EL CARIBE EN EL SIGLO XVIII: PRECIOS DE CACAO, LA TRATA E ESCLAVOS Y SU IMPACTO EN LA PROVINCIA DE CARACAS" Robert J. Ferry. Universidad de Colorado, Estados Unidos Desde temprano en el siglo diecisiete hasta más allá de la mitad del siglo dieciocho, la economía de Caracas tenía solamente dos aspectos de importancia: la importación de esclavos negros africanos, y la exportación del cacao. La trata de esclavos, la mano de obra esclava, y el comercio de cacao formaron la sociedad caraqueña a su alrededor. Durante el siglo dieciocho hubo cambios dramáticos en la estructura del comercio caribeño-atlántico, cambios que tuvieron también dramáticas consecuencias en Caracas, pero la esclavitud y el cacao nunca dejaron de ser sobresaliente ahí. Aunque el cacao era nativo de los valles de la costa caribeña, casi desde el comienzo de su cultivo para el mercado las arboledas de cacao dependían de la esclavitud africana. Curiosamente, con toda probabilidad, en sus primeros años la comercialización del cacao dependió más de la trata de esclavos que de la mano de obra esclava en sí. Originalmente, o sea en los años veinte del siglo diecisiete, los primeros dueños de cacao, porque eran encomenderos de indios, tenían suficientes trabajadores indígenas como para hacer la cosecha. No les hacía falta esclavos. En los primeros años del comercio, más bien antes del comienzo de la venta del cacao, sí les hizo falta los barcos y mercaderes para llevar sus cosechas al mercado. Les convenía, entonces, la llegada a las costas de Caracas de los mercaderes de esclavos portugueses, hombres plenamente conscientes de los mercados de la Nueva España, quienes estaban dispuestos a cambiar sus cargamentos de esclavos por cacao con valor equivalente. Según los estudios ya clásicos de la pareja Chaunu, en términos del tiempo que se tardaba en navegar el Atlántico, en ese entonces Caracas estaba situada casi a la mitad del viaje desde la costa de Africa occidental hasta México, y es lo más probable que los mercaderes portugueses estaban muy contentos de hacer trueque de su frágil mercancía humana por el mucho más durable cacao que se podía vender ganando bien en la Nueva España. Para los caraqueños los esclavos representaban una fuerza de trabajo mucho más perdurable que sus indios de encomienda (también movible y heredable). Tenemos pruebas de la existencia de haciendas de cacao hubicadas en la costa caraqueña de 80 o 100 esclavos ya desde los años 1650.
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    Todavía nos faltaun estudio del mercado de cacao en México. No sabemos en detalle por qué el cacao caraqueño disfrutó de una constante demanda ahí durante todo el resto del período colonial. Pero en muchos casos los herederos de los mantuanos (nombre usado para la élite caraqueña) de la primera fase de la exportación de cacao, los que iniciaron sus actividades comprando esclavos antes de 1650, aún pertenecían a la clase dirigente (y aun esclavista) al final del siglo dieciocho. Es bastante notable y sin paralelo en la historia hispanoaméricana colonial el éxito en cuanto a su supervivencia durante tantas generaciones como clase dominante de los grandes cacaos (apodo que se usaba en el siglo dieciocho). Recordamos que Simón Bolívar representaba la séptima generación de la familia Bolívar en Caracas. La poderosa demanda de sus cosechas les permitía a los caraqueños dueños de esclavos y cacao conseguir extensas parcelas de tierra apropiada para el cultivo del cacao, y en muchos casos antes del final del siglo diecisiete se había formado una clase terrateniente con terrenos bastante en exceso de lo que ellos podían cultivar con los esclavos que tenían. Durante las primeras tres décadas del siglo dieciocho ésta demanda siguió sin pausa, y con la llegada de la Real Compañía Guipuzcoana también llegó a Caracas el nuevo, muy amplio, y completamente abierto mercado europeo para chocolate. Por lo tanto, la producción del cacao caraqueña continuaba aumentándose. Como un imán, Caracas atraía inmigrantes en búsqueda de los beneficios que les aportaba el cacao. Sobre todo durante los primeros años del siglo dieciocho-bien antes del establecimiento del monopolio guipuzcoano es necesario decir-llegaron a Caracas personas decididas a establecerse con haciendas de cacao. Sobre todo eran personas isleñas, muchas de ellas sin esclavos y sin tierras propias para el cultivo, pero siempre muy entusiasmadas con las posibilidades de continuar con la tradición que ya venía de generaciones y aprovecharse del constante buen mercado para el cacao. Con el tiempo no tardó en aparecer conflictos sobre tierra entre isleños y mantuanos, quienes poseían la tierra en exceso- inclusive valles enteros, y también conflictos con la gente criolla de color, ex-esclavos muchos de ellos. Estos morenos libres, quienes tampoco tenían tierra para sembrar cacao, estaban dispuestos a luchar juntos con los isleños, tal vez porque creían que así tenían mejor oportunidad de persuadir la corona de darles porciones de las extensas posesiones de la élite. Rechazados como aliados por los inmigrantes isleños, que les veían como competidores en la lucha, los libres se aprovecharon de precedentes históricos para conseguir su meta. Su petición le pedía a la corona que se acordara de una real órden del año 1697 después de la pérdida de la mitad de la isla de Española a los franceses. En este entonces el rey decretó que los esclavos que se escaparon de sus nuevos amos franceses serían libres al llegar a territorio español (Santo Domingo). También recibirían terreno gratis para ganarse la vida. En su petición los morenos de Caracas informaron a la corona que algunos de ellos, cuando eran esclavos, habían huido de los holandeses de la isla de Curaçao, y que otros eran hijos de esclavos quienes antes habían pertenecido a holandeses caribeños de Curaçao y otros lugares. Por su parte los isleños tomaron por ridículo los argumentos de los morenos, advirtiendo en 1728 que sería muy riezgoso para la seguridad de la colonia establecer gente de color en terrenos lejanos de Caracas. Refiriéndose a otra recién pérdida grave, la de Jamaica a Inglaterra, los isleños insistieron en su contra-petición que en caso de una invasión de ingleses, los negros
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    situados en valleslejos de la supervisión de blancos fieles a la corona apoyarían al enemigo y entonces Caracas se convertiría en una "Nueva Jamaica." Después de todo, tanto morenos libres como isleños recibieron terrenos para el cultivo de cacao en zonas distantes a veinte leguas o más de la ciudad de Caracas. Los sitios más conocidos son el valle de Curiepe, donde los morenos recibieron derecho de establecerse y títulos de terrenos en la década de 1730, y el valle de Panaquire, tributario del importante río Tuy, donde los isleños montaron su iglesia parroquial en 1737 después de años de lucha por a estar ahí. A la vez, como es de suponer, la mayor parte de la buena tierra para el cacao quedó en manos de los mantuanos. Un estudio muy detallado del asunto nos indica que de los más de cinco millones de árboles de cacao que se encontraban en la provincia de Caracas en el año 1744, tres millones y medio pertenecían exclusivamente a los "grandes cacaos." En 1720 la proporción de árboles en manos de la élite era igual a lo que sería la situación veinticuatro años después; en menos de una generación el número de árboles aumentó en casi cincuenta por ciento (de aproximadamente 3.25 millones de árboles a 5.06 millones), pero el boom de cacao no afectó el dominio por parte de los mantuanos de la tierra productiva. La expansión constante de los mercados y sembradíos sí permitía entrada a la economía cacaotera de Caracas a cierto número de individuos de origen humilde. Basados en documentación de buena calidad, mis estimados indican que había un aumento de alrededor del cincuenta por ciento en el número de árboles de cacao en la provincia de Caracas entre 1720 y 1744. Pero el aumento de 1684 hasta 1720 fue aún más dramático: de alrededor de cuatrocientos treinta mil árboles en 1684 a los tres millones doscientos cincuenta mil en 1720. En treinta y seis años la cantidad de plantas de cacao aumentó por más de siete veces. Durante los sesenta años comprendidos entre 1684 y 1744 la producción de cacao en la provincia de Caracas se multiplicó por más de diez. Por supuesto que había lugar para algunos cosecheros ambiciosos en esta frontera expansiva. Probablemente la mayor diferencia entre los nuevos cacaoteros y los que disfrutaban más antigüedad en la colonia (en sí la antigüedad era una diferencia social de importancia) fué el que los mantuanos tenían esclavos y los nuevos no los tenían o tenían pocos. Recordémonos que la esclavitud fue el otro polo del eje fundamental de la Caracas colonial. La demanda por el cacao era enorme, aumentada por un número cada vez más grande de consumidores indígenas de México, quienes lo mezclaba con chiles como tradición, y un número cada vez más grande de consumidores europeos, quienes lo preferían como chocolate. La tierra para el cultivo del cacao también era extensa, aunque algo difícil de adquirir para algunos. Pero la mano de obra esclava no fue así de elástica. Aunque había quejas sobre lo inadecuado de la trata de esclavos durante los últimos años del siglo diecisiete y los primeros años del dieciocho, las fuentes nos permiten suponer que hasta 1739 los esclavos que llegaron a Caracas sí eran, en términos generales, suficientes como para satisfacer la demanda que existía por ellos. El número de esclavos africanos que fueron vendidos en Caracas es modesto en comparación con las ventas en otros lugares de las Américas, pero en cada año de la década de los treinta centenares de ellos sí pasaron por Caracas rumbo a las nuevas arboledas de cacao ubicadas en la zona fronteriza del río Tuy. En 1739 la trata fue parada en una manera abrupta como consecuencia de guerra entre
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    España e Inglaterra,la cual puso fin al asiento de negros, licencia exclusiva de la corona española para importar esclavos que hasta ese entonces estaba en manos de la inglesa South Sea Company. La disolución del asiento británico causó cambios de suma importancia en la provincia de Caracas. De ese momento en adelante, por cuarenta y cinco años-una generación entera, no hubo importaciones de esclavos a Caracas. Hasta ahora la historia no ha apreciado en lo más mínimo este hecho sobresaliente, el análisis del cual debería tomar dos formas. En primer lugar es el impacto del South Sea Company sobre los precios pagado en Caracas por el cacao. Los contratistas ingleses no solamente abastecían esclavos a sus clientes caraqueños. De igual o tal vez mayor importancia, la presencia de la South Sea Company mantenía alta la demanda por el cacao. En todos los demás mercados del imperio español donde tenía factorías, los ingleses estaban dispuestos a vender su mercancía humana a crédito, pero en Caracas no aceptaba sino cacao (o pesos de plata mexicana). Los precios subían irregularmente durante los primeros años del régimen de la compañía inglesa, pero durante los diez años cuando los dos monopolios funcionaban juntos en Caracas-desde el establecimiento de la Compañía Guipuzcoana en 1728 hasta el fin de la South Seas Company en 1739, la competencia por el cacao entre ellos, combinado con la demanda tradicional de la Nueva España, causó que los precios pagados por el cacao alcanzaran altos niveles nunca experimentados en Caracas. La palabra dinámica caracteriza bien la década de los treinta. La lucha comercial entre los vascos y los británicos contribuyó directamente a: 1) una ola de inmigración canaria y el establecimiento de muchos isleños en nuevas haciendas de cacao; 2) una ola de importación de esclavos; 3) prosperidad general, pero especialmente beneficiosa a los mantuanos "grandes cacaos," quienes ya tenía cantidades de cacao que podían vender a precios al doble de lo que estaban antes de 1728. La eliminación de la South Seas Company, más como comprador de cacao que abastecedor de esclavos, tuvo un impacto impresionante en Caracas. Después de 1739 la Compañía Guipuzcoana quedó sola en una situación dominante en Caracas. La política internacional eliminó la competencia de los ingleses, y la política local les permitió a los vascos controlar el comercio tradicional con la Nueva España, ya que el comercio con México había sido explícitamente excluido de su monopolio. Los comerciantes vascos, con la ayuda de dos gobernadores vascos (Martín de Lardizábal, 1731 á 1737, y Gabriel José de Zuloaga, 1737 á 1747), pusieron un fuerte control global sobre la exportación de cacao. La reacción de la colonia en contra de sus actuaciones fue de quejas á protestas y por fin á rebelión en 1749. Por casi dos siglos y medio los argumentos presentados por la misma Compañía han sido aceptados como una explicación válida de la respuesta fuerte caraqueña: los colonos se enojaron porque la Compañía y los gobernadores mencionados pararon lo que hasta ese entonces había sido un extenso comercio contrabandista. Hasta ahora la historia nos repite el mismo mensaje: los caraqueños, mantuanos inclusive pero especialmente los canarios inmigrantes, vivían de un trato cacaotero ilegítimo, pero los vascos les trajeron órden y les impuso la ley real. Un análisis frío revela algo diferente: desde que llegaron a una cumbre sin precedentes en 1737 y 1738, los precios pagados por el cacao cayeron a niveles bajos nunca conocidos en
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    1748 y 1749.Liberado de la competencia de los ingleses, los vascos solamente tuvieron que impedir o bloquear el comercio con México como para apoderarse de todo el comercio de cacao cultivado en la provincia de Caracas. Para este fin aplicaron una política que explotó en controversia. En 1731, a apenas dos años del comienzo de operaciones del monopolio guipuzcoano, el gobernador Lardizábal estableció un nuevo reglamento en cuanto al proceso de tomar carga en el puerto de La Guaira. Antes de esta fecha los cosecheros tenían el derecho de vender o consignar su cacao a cualquier mercader o capitán del barco. Era común que varios barcos se llenaron de cacao simultáneamente, y cada capitán podía decidir por sí mismo cuando zapar-con la bodega de su barco llena o no. Pero esta libertad fue cambiada radicalmente por el reglamento de 1731, el cual puso en régimen un sistema llamado simplemente la alternativa. Seguramente el motivo de la alternativa era conseguir cargos de cacao para los navíos de la Compañía Guipuzcoana, porque con la nueva órden el primer barco que llegaba al puerto para tomar cargo de cacao no podía salir sino cuando su bodega estaba completamente llena. Ningún otro barco podía empezar el proceso de tomar cargo hasta que el primero se hubiese llenado. Así la compañía vasca estaba asegurada de que podía conseguir el cacao que deseaba aunque tuviera que competir con los mercaderes de esclavos ingleses y los cosecheros caraqueños que preferían participar en la carrera de Veracruz. La alternativa trajo quejas desde el momento de su creación, porque muchos mantuanos ganaban bien si vendían su proprio cacao en México, donde los precios siempre estaban por muy por encima de los de Caracas, y entonces no estaban dispuestos de vender sus cosechas a los vascos. Mientras los precios seguían subiendo, aparentemente la alternativa no era mucho más que una molestia para los con contactos comerciales en la Nueva España, y ningún problema para los nuevos cosecheros como los isleños, quienes no tenían tales relaciones comerciales en lugares distantes y por eso estaban contentos de vender su cacao en Caracas o La Guaira, igual a mantuano caraqueño, inglés, o vasco. Después de 1739, con los precios en pleno declive, al llegar un navío de la Compañía Guipuzcoana a la cabeza de la fila de barcos, el cosechero se encontraba en una situación difícil, porque no le quedaba otro remedio sino vender su cacao por lo que la Compañía estaba dispuesto darle. Así la Compañía ganó dominio del comercio con Nueva España, porque gracias a la alternativa nadie podía mandar cacao para el mercado mexicano (o ningún otro destino) mientras un barco de los vascos tenía su buque abierto para recibir carga. La fila de barcos esperando en el muelle de La Guaira se alargaba, el cacao se acumulaba en los almacenes de mantuanos en Caracas y las casas del campo de los isleños. A la vez el poco cacao que llegaba a México hizo que la demanda allá elevara por mucho los precios que los mexicanos estaban dispuestos a pagar por él. En estas circunstancias podemos imaginar cómo lo atractivo del comercio contrabandista pasó a ser más bien necesario en algunos casos. ¡Qué irónico es el que por tantos años la historia47 haya aceptado el cuento de la Compañía sobre el éxito de sus esfuerzos en contra de las tendencias tradicionales de los caraqueños hacía el contrabando! Irónico porque ahora estamos seguros que fueron la política de la alternativa y el dominio sobre el régimen de precios después de 1739 lo que les permitió a los vascos gobernadores-monopolistas controlar la economía en una manera casi hermética. En enero de 1745 el cabildo de Caracas, en una carta de protesta escrita al rey, expresó la crisis en términos gráficos y
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    precisos: el comerciolegitimo ya era "garganta muy pequeña para el vómito del estomago grande que es esta provincia."48 Sin exageración se puede decir que en su dedicación de llenar sus navíos con cacao, la Compañía Guipuzcoana rompió con tradiciones de comercio y en el proceso forzó algunos cosecheros al comercio ilegítimo primero, y a la rebelión después. Es conveniente regresar al otro punto del eje, dejar el cacao y considerar muy brevemente la esclavitud, por lo menos la trata de esclavos, en la región de Caracas en el siglo dieciocho. La rebelión de Juan Francisco de León, el isleño quien encabezó el movimiento en contra de la Compañía Guipuzcoana de 1749-1751, nos sirve bien para marcar el fin de más de un siglo de expansión económica basada en la mano de obra esclava. En términos generales, debido al hecho de que la población de esclavos en la provincia de Caracas se reproducía, los descendientes de caraqueños que tenían cantidades de esclavos en 1739 cuando se acabó la South Seas Company siguieron siendo dueños de esclavos hasta las guerras de independencia. Por otro lado, los que no los tenían para esa fecha no los iban a tener después, y sus herederos y descendientes tampoco. Aparentemente los rebeldes de 1749 estaban conscientes de lo significativo de las transiciones que estaban pasando a su alrededor. Sin esclavos para comprar, y con los precios tan bajos que no podían pagar los fletes de los arrieros para llevar su cacao al puerto de La Guaira, los canarios y otros que llegaron tarde a la agricultura cacaotera perdieron la esperanza de pertenecer a la clase terrateniente. Muchos de ellos creían que la situación era el resultado de una política nefasta vasca de no solo negarles haciendas de cacao y esclavos, sino también de convertirlos en obreros trabajadores para los mantuanos, y así liberar la provincia de su dependencia tradicional de mercaderes de esclavos extranjeros. Cuando el hijo de Juan Francisco de León le dijo a un compatriota canario que el debía unirse a la causa de su padre porque "los vascos quieren hacer esclavos de todos nosotros," su uso de la palabra "esclavo" probablemente era más preciso que metafórico.49 Los historiadores no se han dirigido directamente al asunto del cese del comercio de esclavos, aceptando la opinión expresada en la obra clásica de Roland Hussey de que la Compañía Guipuzcoana simplemente falló por ser incapaz con su responsabilidad de proveer esclavos a la provincia.50 Desde sus primeros estudios de la provincia en la década de 1720, cuando estaban preparando sus proyectos y solicitudes para el monopolio real, los vascos hablaban de un "exceso" de mano de obra hispana en Caracas, nombrando canarios sobre todo como "vagabundos" sin trabajo. Los primeros comentarios que conocemos sobre las posibilidades de pagar salarios a trabajadores no esclavos en las haciendas de cacao aparecen en 1745, justamente coincidiendo con la caída fuerte de precios.51 Años más tarde, en 1775, cuando el encargado de la Compañía Guipuzcoana en Caracas recibió un órden del metrópoli pidiéndole información sobre el número de esclavos que se necesitaba en la provincia y las capacidades de los hacendados de pagar por ellos, se negó a hacer el estudio, diciendo que "era administrador de agenos intereses."52 Obviamente los vascos de la Guipuzcoana no querían tener nada que ver con la esclavitud en Caracas. ¿Podría haber sido que la rápida acomodación con la Compañía que hicieron muchos mantuanos después de 1752 fue porque la élite caraqueña también reconoció lo que el hijo de León y muchos de sus compañeros vieron: que los canarios inmigrantes y otra gente humilde hispana iban a ser obligados a sustituir a los esclavos en sus arboledas de cacao?
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    Una vez acabadala competencia entre los vascos y los ingleses monopolistas y contratistas el boom de cacao llegó a su fin. La trata atlántica de esclavos terminó, y la inmigración canaria a Caracas se entorpeció.53 También se congeló la estructura social de la provincia. Los que tenían cantidades de esclavos seguirían siendo amos de ellos en las siguientes generaciones, y los que no los tenían no los tendrían. No hubo importaciones de esclavos a Caracas hasta 1784 cuando la compañía de Baker y Dawson de Liverpool recibió permiso para renovar la trata y vendió más de tres mil africanos en tres años. Esta prolongada suspensión del comercio de esclavos resultó en la división central de la sociedad caraqueña por el resto del siglo: los miembros de la élite eran de viejas familias cuyos muchos esclavos les distinguían de otros que no los tenían. El valor social de poseerlos es evidente en la composición de las casas de Caracas-el famoso viajero francés François Depons observó en 1806 que en Caracas "la riqueza de una casa está en proporción al número de esclavos que contiene."54 En 1759 una casa caraqueña en tres tenía esclavos, y el promedio de esclavos en estas casas era entre cinco y seis por casa. Pero en las casas de los mantuanos (85 casas) había un promedio de 17.5 esclavos (y menos de 7 blancos). En 1792 estas proporciones habían cambiado pero poco. Es un proceso curioso pero sobresaliente en la historia de Caracas del siglo dieciocho el que el casi absoluto cese del comercio de esclavos dio lugar a la superabundancia de esclavos en el servicio doméstico en las casas de la élite, un símbolo profundo de su éxito como grandes cacaos. Pasado y presente de la esclavitud africana Trinidad Tuttolomondo Observatorio de conflictos. Argentina, enero del 2002. Introducción La esclavitud es una forma de sometimiento del hombre por el hombre que se practicó desde la antigüedad y para vergüenza del hombre, continúa en nuestros días bajo formas diversas. En África, como en otros continentes, la esclavitud no era desconocida antes de la llegada de los europeos. A diferencia de Grecia antigua, por ejemplo, donde el esclavo era asimilado a la categoría de "cosa", en este continente el esclavo poseía derechos cívicos y derechos de propiedad, existiendo además, múltiples procedimientos de emancipación. Se distinguía generalmente entre esclavos de casa y esclavos de guerra, aunque estos últimos terminaban por formar parte de la primera categoría después de cierto tiempo. En general, en África, el esclavo se integraba rápidamente en la familia que lo poseía. En Kongo, por ejemplo, un padre de familia llamaba a su esclavo mwana (el hijo, el niño). En otros lugares de África, la situación no era tan favorable, pero la estructura patriarcal y comunitaria impedía que el esclavo negro fuese un bien en el sentido griego del término. Por otro lado, existían étnias en las que el esclavo era desconocido, como entre los fang de África ecuatorial.[i]
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    Los europeos produjeronun giro en la historia de la esclavitud de África, exportaron esclavos en cantidades alarmantes a regiones desconocidas para los africanos y modificaron la concepción de esclavitud asimilando directamente esclavo = cosa, con todo lo que esta caracterización implica para la vida del hombre. El descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón en 1492 y la posterior ocupación de este continente por parte de los europeos va a repercutir a partir del Siglo XVI en otra región del planeta: el continente africano. La causa de este hecho radica en que la conquista de América, con todas las riquezas naturales y perspectivas de desarrollo que ofreció a sus conquistadores, requería de la complementación indispensable de mano de obra para la apropiación de tales riquezas y la obtención de ventajas en la explotación económica de tan vastas zonas. Va a ser justamente en África en la que pondrán los europeos los ojos para subsanar la falta de mano de obra que se producirá en América luego del exterminio de la población nativa. Comenzará así, un flujo incesante que durará cuatrocientos años, en el cual millones de africanos atravesarán compulsivamente en barcos negreros el océano Atlántico para posteriormente ser vendidos a los colonizadores de América. En este trabajo voy a esbozar superficialmente -dada su complejidad- la problemática de la esclavitud africana, dando a conocer en términos generales las características inhumanas que implicó la trata, sus consecuencias, las formas de resistencia que los esclavos implementaron a la misma, las causas de la abolición y las formas de esclavitud que subsisten en la actualidad. Quiero destacar que este trabajo es simplemente un ensayo que no pretende de ninguna manera abarcar la complejidad de la cuestión tratada; simplemente pretendo aportar un granito de arena a la toma de conciencia de una problemática que lejos de haber terminado con los decretos abolicionistas continúa en nuestros días. La trata negrera La exploración de las costas de África, el descubrimiento de América en el siglo XV y su colonización en los tres siglos siguientes, impulsó de forma considerable el comercio de esclavos. Los conquistadores españoles y portugueses, en un primer momento utilizaron a los indígenas para cultivar las grandes plantaciones y trabajar en las minas, pero con el paso del tiempo, estos "bienes inagotables" terminaron agotándose debido a las durísimas condiciones de trabajo, a la miserable alimentación, a las deficientes condiciones de higiene, a los durísimos castigos, a la falta de inmunidad contra las enfermedades europeas, en una palabra, a las duras condiciones de vida a la que eran sometidos. El derrumbe de las poblaciones indígenas (total en las Antillas y parcial en el continente americano) provocó el aumento del número de esclavos, la relación era directamente proporcional: cuantos más esclavos morían, más se necesitaban. Al ser millones los nativos que murieron a causa de la rudeza de los trabajos, se optó por importar a las colonias españolas y portuguesas - a partir del siglo XVI- esclavos africanos creyendo que podrían soportar mejor el trabajo forzado: suposición errada y nuevamente desastrosa para los hombres elegidos.
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    El tráfico negrerose realizaba a través de factorías que rodeaban el continente africano. En un primer momento eran los piratas, comerciantes y navegantes particulares quienes se dedicaban a esa actividad, pero a partir del siglo XVII comenzó a ser ejercido por las grandes compañías. Estas se encargaron también de la instalación de factorías y la construcción de fuertes y bodegas para almacenar a los esclavos. Hay que destacar que el monopolio que intentaba imponer la compañía no excluía la presencia de otros sujetos implicados en la trata. Por ejemplo, en el caso de Portugal, el tráfico continuó llevándose a cabo por negreros particulares -especialmente a partir del Siglo XVII- cuando las relaciones entre las posesiones de África y el Brasil comenzaron a ser directas debido a la interferencia en el Atlántico de otras potencias traficantes de esclavos. Debemos distinguir entre la trata oriental y la occidental. En rasgos generales, la trata oriental abarcaba a un grupo reducido de esclavos, mientras que la trata occidental era altamente superior en cifras y se llevaba a cabo con medios mucho más poderosos. Esta última se centraba principalmente en la obtención de "bienes de producción", por esto, se exportaban en su mayoría hombres vigorosos y una minoría de mujeres de edad adulta. La trata oriental, en cambio, estaba orientada a la consecución de "bienes de consumo", en su mayoría niños y mujeres para servidumbre doméstica, para engrosar los harenes, etc.; los hombres solían ser utilizados como mercenarios o bien como guardias de palacio. El trabajo de esclavos negros en las plantaciones sólo comenzará a darse tardíamente. En la costa occidental de África el tráfico trasatlántico de esclavos comenzó en el siglo XV, más concretamente en el año 1441 con el tráfico de los primeros esclavos africanos llevado a cabo por los portugueses. Los futuros esclavos eran capturados generalmente por otros africanos y transportados a la costa occidental de África. España, al poco tiempo, imitó esta práctica aunque durante más de un siglo Portugal siguió monopolizando el comercio. A finales del siglo XVI, el Reino Unido empezó a competir por el derecho a abastecer de esclavos a las colonias ultramarinas detentado hasta entonces por Portugal, Francia, Holanda y Dinamarca. En este momento, los ingleses que llegaron con retrazo a la carrera, comienzan a dominar los mares, adjudicándose el liderazgo en el comercio negrero: el primer cargamento fue transportado en 1562. En 1713, la British South Sea Company consiguió el derecho exclusivo de suministro de esclavos a las colonias transoceánicas.[ii] La trata continuará siendo legal hasta finales del siglo XIX, con grandes diferencias temporales en los diferentes países. A través de la costa oriental africana, ya durante el siglo XV, los comerciantes árabes enviaban esclavos de África central a los mercados de Arabia, Irán y la India. Ahora bien, el tráfico de esclavos realizado por europeos, llegó más tarde que a la costa occidental. Fue a partir de 1645 que los traficantes y comerciantes portugueses comenzaron a capturar y exportar esclavos de Mozambique debido a la ocupación realizada por los holandeses, en agosto de 1641, de Angola y Benguela, dominadas hasta entonces por los portugueses. El tráfico se intensificó a partir de la segunda mitad del Siglo XVIII. Ya antes de ese siglo habían salido esclavos de Mozambique, pero en ningún caso el número fue tan elevado y alarmante como desde el Siglo XVIII en adelante. A partir de los primeros años del Siglo XIX, las relaciones comerciales con el exterior pasaron a depender casi exclusivamente de la exportación de esclavos. De todos los puertos de Mozambique se exportaban cautivos para las islas francesas del Indico, América, Arabia, Golfo Pérsico, India y Goa. A partir
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    de 1830, losárabes fueron los principales traficantes de esclavos. Muchas embarcaciones árabes, desde diferentes puertos de Mozambique trasportaron gran número de esclavos para las islas Comores y Madagascar, entre otras regiones. La ciudad de Zanzíbar a partir de 1839 se convirtió en un verdadero centro del tráfico de esclavos en la costa oriental de África.[iii] A partir de 1854, el tráfico de esclavos para las islas francesas pasó a llamarse "exportación de trabajadores libres". Esto se debió a la prohibición del tráfico y al control de los ingleses en el Indico. En términos generales, en África los esclavos eran trocados por productos europeos, en general de calidad mediocre y de escaso valor, como tejidos, bebidas alcohólicas, espejos, armas, collares, etc. Una vez llegados a América también continuaba el trueque, en general eran cambiados por tabaco, algodón, madera, café, oro, plata, y otros minerales preciosos. La trata se desarrollaba según un esquema rutinario: los futuros esclavos eran capturados en el interior o a lo largo de la costa, actividad que desencadenaba verdaderas guerras que dejaban como saldo infinidad de heridos y muertos, pero casi siempre un saldo "preciado": los esclavos. Estos, una vez encadenados, eran trasladados a pie hasta los barracones -se encontraran donde se encontraran- con todo el esfuerzo físico que implicaba sobre todo para los heridos -por no hablar de los niños. Estos sitios eran sucios, pestilentes, el agua potable escaseaba, y el calor ahogaba. Obligados a convivir con las enfermedades, el maltrato, la sed, el hambre y la aglomeración se veían diezmados poco a poco. Dentro de esas estructuras se llevaba a cabo una de las actividades repugnantes de la trata: la separación de padres de hijos, de hermanos, esposos, amigos, parientes o vecinos, de acuerdo con la elección que llevara a cabo el comerciante. En estos lugares esperaban semanas o incluso meses hasta que el barco pasara a recogerlos, y una vez a bordo debían permanecer en las costas africanas hasta que el cargamento se completara. En el barco las condiciones eran incalificables, el hacinamiento, el hambre, la suciedad, la pestilencia, el calor sofocante, la tortura, el dolor y el pánico lo inundaba todo. Como la travesía duraba dos meses -en el mejor de los casos- la mortandad que se producía bajo esas condiciones era inmensa. Sumado a estos tormentos, antes de la llegada, los enfermos o heridos, que corrían el riesgo de no poder venderse, eran lanzados al mar.[iv] Una vez llegados a destino los esclavos solían ser cebados o incluso drogados para que lucieran saludables, eran sometidos nuevamente a un examen anatómico pormenorizado y luego, eran comprados por algún plantador o minero ávido de explotarlos. Su calvario comenzaba un nuevo capítulo. En las plantaciones o en las minas, el hambre, la falta de sueño, las condiciones de trabajo inhumanas y los malos tratos, terminaban por agotar el vigor del esclavo, y una vez sin fuerzas, el amo prefería comprar uno nuevo que cuidar de su esclavo enfermo. El círculo mortal comenzaba de nuevo su curso... Formas de resistencia Resulta relativamente sencillo hablar de las diversas formas de resistencia a las que se puede echar mano, para quienes no hemos conocido esa forma de esclavitud. Muchas veces olvidamos la dificultad que implica resistirse viviendo, o más precisamente, "sobre- viviendo" extenuado, aterrorizado, enfermo, herido, sediento, golpeado, famélico y agotado intelectual y psicológicamente. No obstante, la resistencia constituyó la contrapartida de la
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    esclavitud. Esto nacedel hecho de que el esclavo nunca puede reducirse a la categoría de "objeto" a la que se le quiere confinar. Por esto, la esclavitud siempre implicó una vigilancia continua y los castigos físicos fueron de aplicación común para los esclavos. Para someterlos se desarrolló una cruel tecnología para la tortura y el suplicio: los grilletes, las sogas, el cepo, las cadenas, el látigo y la marca con hierros al rojo vivo para asegurar la propiedad. Los esclavos adoptaron infinidad de formas de resistencia como contrapartida al dominio de los amos: los gritos, la lucha, la huída, el trabajo realizado en más tiempo que el exigido, el robo de propiedades, los sabotajes, las huelgas de brazos caídos, el asesinato de capataces y amos, la quema de los edificios de las haciendas, las sublevaciones, las rebeliones, etc., etc.[v] Los palenques fueron otra forma de resistencia. Constituyeron núcleos en donde los fugitivos reorganizaban su proyecto de vida, trastocado por la esclavitud. En ellos crearon verdaderas "republicas independientes" y eran el centro de su acción guerrera, ya que no eran construidos al azar en cualquier sitio, sino que correspondían a una necesidad de defensa, ubicados en lugares estratégicos de acuerdo a la topografía del terreno, contando con fosos, trampas y empalizadas (de ahí el nombre de palenques). Entre las miles de rebeliones de esclavos que tuvieron lugar a lo largo de la historia de la esclavitud, no puedo dejar de mencionar al menos algunas de ellas: las rebeliones de esclavos negros en 1532 en Venezuela; en 1533 en Cuba y Panamá. En 1547 la prolongada rebelión de Sebastián Lemba en La Española; en 1550 la rebelión de Juan Criollo que duró varios años. En 1579, la sublevación de los negros rebeldes en Portobelo (Panamá) que llevó a la firma de un tratado de paz con los colonos españoles mediante el cual los esclavos consiguieron la libertad colectiva. En 1635 se destacan, las rebeliones de los esclavos negros de Jamaica que llegaron a tal extremo que la Asamblea de Jamaica se vio en la necesidad de enviar una petición de ayuda a la metrópoli. La lista no se agota: la rebelión de los esclavos de Haití en 1791 que constituyó el núcleo del proceso haitiano de independencia y las rebeliones de Puerto Rico y Cuba en 1812 que fueron fuertemente sofocadas por miedo a que se duplicaran los sucesos de Haití.[vi] Estas rebeliones, se suman a la larga lista de resistencias personales, sublevaciones y rebeliones llevadas a cabo en la misma África, en el Caribe, en América, y en aquellos sitios donde se conoció la esclavitud. La mención de las innumerables rebeliones de esclavos implica un trabajo investigativo arduo y está fuera del propósito de este trabajo, por esto, simplemente me he limitado a mencionar unas pocas de todas ellas, a modo de ejemplo y de recuerdo. Entre otras formas de resistencia adoptadas por los esclavos es interesante prestar atención a las canciones y los cuentos que realizaban los esclavos. Dos canciones pueden servirnos de ejemplo a este respecto: "Cultivamos el trigo, y ellos nos dan el maíz; Horneamos el pan, y nos dan el mendrugo; Cribamos la harina,
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    y nos danla cáscara; Pelamos la carne, y nos dan la piel; Y de esta forma, nos van engañando."[vii] "No más migajas de maíz para mí, no más, no más, No más latigazos del amo para mí, no más no más..."[viii] Con esta somera descripción de las formas de resistencia sólo he intentado mostrar que la resistencia no se agota simplemente en rebeliones triunfantes, huidas exitosas o luchas campales, sino que también, una mirada; un "¿por qué?"; un grito; por qué no, el silencio; una canción; un relato o una poesía constituyen otras formas de resistencia que no deben ser olvidadas. Consecuencias del tráfico Las consecuencias del tráfico de esclavos para África fueron negativas, más bien desastrosas, en todos los aspectos. A nivel demográfico, el tráfico de esclavos causó estragos en el continente africano cuyas consecuencias son sufridas incluso en la actualidad. El éxodo forzado de millones de personas provocó la disminución del crecimiento vegetativo de la población africana, ya que los hombres y mujeres en edad de procreación fueron los más vendidos. Hay regiones que no se han recuperado de la exportación masiva de sus habitantes, los espacios vacíos e improductivos y la falta de mano de obra, delatan día a día el genocidio perpetrado. Es interesante apuntar que entre 1500 y 1870 el crecimiento demográfico acusó en África un retraso sensible con relación al de cualquier otro continente durante el mismo período, y cuando cesó la demanda de esclavos hacia finales del siglo XIX, el crecimiento demográfico alcanzó entre 1900 y 1950 una de las tasas más elevadas del mundo. En cuanto a las cifras, los datos estadísticos que se obtienen de los libros de a bordo de los barcos o de los puertos negreros no permiten llegar a conclusiones exactas, sino tan sólo aproximadas. Un error que se ha cometido muchas veces es tomar en cuenta sólo el número de esclavos que llegaban a las colonias, sin tener en cuenta las pérdidas humanas que se producían en África a lo largo de todas las etapas por las que atravesaba el esclavo antes de llegar a destino: durante las guerras, la larga marcha hasta la costa, durante el almacenamiento esperando el embarque y en el mismo barco. Algunos investigadores llegan a decir que entre los siglos XV y XIX el continente perdió más de cien millones de hombres y mujeres jóvenes, contando la trata occidental y oriental, y teniendo en cuenta que por cada negro vendido, otros cuatro o cinco, aproximadamente, morían en África durante las batallas, en el camino o en el mar [ix]. A lo expuesto hay que agregar el gigante movimiento de población que provocó la trata: muchas poblaciones, ante el peligro de la esclavitud, abandonaron sus regiones originales, refugiándose en las zonas interiores, ayudando de esta forma a la despoblación. Si apuntamos que las poblaciones africanas se fundamentan en una economía agrícola, es
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    decir, sobre laestabilidad y la permanencia, resulta incalculable el daño que estos traslados generaron a las actividades productivas. Si sumamos a esto, el fuerte desarraigo, el terror y la inseguridad crónica en la que vivían permanentemente estas poblaciones, hay que agregar que, el hecho mismo de proyectar actividades productivas a largo plazo - indispensable en la agricultura- también se tornaba imposible. En el plano político, la trata desencadenó guerras crónicas, acentuó la violencia tribal e intertribal y fue una de las causas del desmoronamiento de muchos reinos. Una vez que las armas de fuego se introdujeron en África, los soberanos comenzaron a depender de ellas ya sea para capturar esclavos o para defenderse de vecinos con las mismas intenciones. De este modo se produjo una reacción en cadena. La aristocracia, los jefes y los comerciantes africanos querían aumentar su riqueza, autoridad y poder, queriendo también defenderse de otros pueblos, para ello, necesitaban de armas de fuego y mercancías de Europa. Esto hizo surgir un circulo vicioso: para obtener los fusiles -u otras mercancías- necesitaban vender esclavos, y para capturarlos necesitaban fusiles. En este contexto, la fabricación de armas de fuego se transformó en un gran negocio de exportación. Con ellas se organizaban extensas cazas de hombres, ataques a otros pueblos, tribus y aldeas, con el fin de someterlos y venderlos como esclavos. De este modo, se deterioraron las relaciones entre los diversos reinos y tribus. Los pueblos del litoral y del interior más próximo se encontraban en guerra continua. Así, a partir del Siglo XVI los reinos de Benín, Congo y Angola en África Occidental, tal como el Imperio Mutapa en África Oriental, se desmoronaron. En los siglos XVII, XVIII y XIX, en las selvas del Golfo de Guinea y en el valle del río Zambeze se desarrollaron estados militares con base en el comercio de esclavos. Tenían una rígida organización militar, poseían grandes ejércitos permanentes y se enriquecían con la venta de esclavos capturados haciendo la guerra a los pueblos vecinos.[x] A nivel económico, las consecuencias negativas directas e indirectas para el continente africano son incalculables. Además de la captura de hombres y mujeres, el tráfico promovió el saqueo sistemático de los bienes producidos, a través de tributos o de pillaje. Los traficantes saqueaban el producto de las cosechas, ganado, marfil, pieles, cera, maderas preciosas, etc. Sumado a todo esto, el hecho de que las poblaciones, huyendo de la esclavitud, se movilizaran a lugares escogidos en función de su inaccesibilidad, dificultó el desarrollo de vías de comunicación, y la elección de sitios propicios para la construcción y para el desarrollo de actividades económicas productivas como la minería y la agricultura. El tipo de hábitat elegido, favoreció la economía de subsistencia y desalentó las actividades comerciales. El tráfico de esclavos trajo al continente africano un estancamiento, por no decir un retroceso económico. Las actividades económicas como la agricultura, los tejidos, la minería, la artesanía, la alfarería y el comercio local se fueron reduciendo y se orientaron a una actividad económicamente más productiva: la exportación de seres humanos. No solamente la trata de negros retrasó el desarrollo de las economías africanas por sus efectos demográficos y por las conmociones que produjo sino que ha impedido también, la
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    expansión de intercambios"normales" entre África y el resto del mundo en una época en que los intercambios eran un poderoso motor de desarrollo económico.[xi] En lugar de poner a la venta productos, ahora el único producto de fácil venta en el mercado eran los propios productores. Por lo tanto, el tráfico de esclavos retardó el desarrollo y creó condiciones para el actual estado de subdesarrollo que sufre en la actualidad el continente africano. Pero no todos fueron perdedores, Europa y América del Norte durante este período fueron ampliamente favorecidos por la expansión del comercio mundial, y esta expansión fue debida en gran parte a la movilización de esclavos africanos para explotar los recursos de América. Además, gracias a los grandes beneficios del tráfico negrero, las ganancias pudieron ser invertidas en industrias de transformación cuyo nacimiento marca el de la gran industria. En concepto de recursos humanos y de materias primas, podemos decir, entonces, que África ha contribuido en el desarrollo económico de Europa y de América del Norte. A nivel psicológico la historia de esclavitud dejó una huella imborrable en la mente de todo africano sometido o no a la esclavitud. El hecho de haber sido esclavo es una violación imborrable al derecho más intrínseco del ser humano que es la libertad. El golpe psicológico es sentido como traumático tanto para quién ha vivido la esclavitud en carne propia, como para aquél que ha tenido contacto indirecto con ella, a través por ejemplo, de la esclavización de su pueblo, de un hermano, marido, hijo, pariente o conocido. De la constante presencia de la cuestión de la esclavitud en la mente de los africanos dan testimonio unos niños negros de una escuela privada de Cincinnati. Frente a la pregunta: "¿En qué piensas más?", de las cinco respuestas que constan en los informes todas tienen que ver con la esclavitud. Un niño de siete años escribió: "Me da pena pensar que el barco... se hundió con doscientos pobres esclavos provenientes de río arriba. ¡Oh, cuánta pena siento al oírlo! Me apena tanto el corazón que podría desmayarme en un minuto.[xii] Abolición de derecho Es un hecho que la esclavitud como forma legal de trabajo ha sido abolida en todos los países del mundo, pero día a día descubrimos que fue tan sólo una abolición de derecho, porque de hecho la esclavitud -bajo formas diversas- subsiste en la actualidad. La abolición de la esclavitud fue un proceso lento que se resiste a generalizaciones ya que las aboliciones respondieron a diversos factores, que se combinaron de formas distintas de acuerdo a cada caso en particular. Ahora bien, para acercarnos al análisis, podemos convenir en el hecho de que las causas ideológicas, sociales, políticas y económicas, jugaron un papel importante. A nivel ideológico, en el siglo XVIII algunos filósofos franceses, Voltaire, entre otros, comenzaron a hacer públicas sus posturas resueltas en contra de la esclavitud. Los abates Raynal y Grégoire, con la Sociedad de Amigos de los Negros, fueron otros que iniciaron una ofensiva contra la esclavitud de los negros, y partir del siglo XIX Roma lanzará una campaña de amplitud en contra del esclavismo. En cuanto a Gran Bretaña, serán los
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    cuáqueros y losmetodistas quienes bregarán por la abolición de la esclavitud. Por otra parte, en cada país donde funcionaba el sistema esclavista comenzaron a surgir voces de diferentes ámbitos que se levantaron en su contra. En el plano social, es claro que las rebeliones de esclavos jugaron un papel importante a la hora de evaluar la viabilidad y rentabilidad de la esclavitud. No hay que olvidar que en Haití la abolición de la esclavitud fue el resultado de una revuelta de esclavos. En el ámbito político, sin lugar a dudas las coyunturas locales e internacionales aceleraban o retrazaban el proceso de abolición. En Estados Unidos, por ejemplo, la esclavitud fue abolida a través de una guerra civil. A nivel económico, no cabe duda de que a medida que evolucionaba el sistema capitalista, el antiguo sistema de trabajo comenzaba a ser desplazado. En efecto, Gran Bretaña, que era la primera potencia europea que iniciaba la revolución industrial, luego de haber relegado la agricultura en aras de la industria, tenía una imperiosa necesidad de ampliar la demanda de productos manufacturados. Ahora, los negros que interesaban ya no eran los productores manuales, sino los consumidores de tejidos de Manchester y de útiles y herramientas de Birmingham o de Sheffield. Holanda, Francia y el resto de las potencias europeas seguirán más tarde el camino que en 1792 inició Dinamarca constituyéndose en el primer país europeo que abolió el comercio de esclavos. Hay un hecho que hay que resaltar: la abolición no implicó la supresión definitiva de la esclavitud sino su ilegalidad. De hecho, la servidumbre forzosa, la trata clandestina, la explotación y los prejuicios no se extinguieron con la abolición. La mayoría de los antiguos esclavos continuaron viviendo en condiciones de miseria, muchos de ellos incluso bajo el mismo amo y sometidos a la misma explotación -física y mental- que antes de la abolición. Por otro lado, abandonar al amo implicaba dejar el único reducto conocido en un país extranjero y someterse a la deriva total en cuanto a trabajo, techo, comida, etc. Legalmente ya eran libres, pero de hecho eran esclavos con pocas posibilidades de llegar a ser libres: la dominación, el sometimiento, la discriminación y la explotación seguían formando parte de su realidad. La esclavitud, presente La esclavitud como forma de trabajo legal ha sido abolida en todos los países del mundo pero la abolición no implicó su desaparición: la esclavitud es una realidad que subsiste. Hoy la esclavitud toma variadas formas, por esto en este último punto, no voy a limitarme a la esclavitud africana porque hoy la esclavitud nos acecha a todos: por un lado, los países desarrollados mantienen a los países subdesarrollados bajo un régimen de servilismo y explotación, donde las cadenas y los látigos se han camuflado en los requerimientos del Fondo Monetario Internacional, el cual exige cada día más las reservas y recursos naturales como pago de intereses de una deuda externa agiotista y oportunista a la cual entregamos nuestra autonomía y nuestra propia supervivencia como pueblos; por otro lado, subsiste la venta y tráfico ilegal de personas, tráfico donde las principales -aunque no exclusivas- víctimas son los niños, los pobres, las mujeres, los desvalidos, los inmigrantes y las minorías étnicas o raciales. Sus actividades más frecuentes son: el trabajo forzoso en la
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    agricultura y enla industria (en industrias famosas y no tan famosas),[xiii] la prostitución, la pornografía, el tráfico de drogas, el robo, el trabajo doméstico, la mendicidad obligatoria, la venta callejera, etc., etc. Existen otras formas de esclavitud: la servidumbre por deudas; la participación obligatoria de ciudadanos en trabajos públicos en el contexto del desarrollo económico, una práctica dominante en algunos países asiáticos (entre ellos Vietnam) y africanos (República Centroafricana, Sierra Leona y Tanzania);[xiv] otra cara de la esclavitud es el trabajo forzoso impuesto por militares; el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados; el uso del trabajo de los presos en países en los que el trabajo forma parte de la pena como en China, o en los que está autorizada la contratación de prisioneros por parte de organizaciones privadas, como en Estados Unidos. La cárcel - con imposición de trabajo forzoso- se convierte antes que en un lugar de "rehabilitación de los presos" en un medio de explotación de personas y fuente de grandes ganancias. Una vez tildados de "criminales" la explotación resulta de esta forma legitimada. Otra forma de esclavitud es la que se lleva a cabo en trabajos tildados de "legales", pero donde se explota al empleado bajo diferentes formas: salarios míseros, deudas, falta de pago, extensas horas de trabajo, posturas corporales perjudiciales para la salud, grandes esfuerzos físicos y/o mentales, manipulación de productos tóxicos, ambientes insalubres, tratos inhumanos, ausencia de descansos, trabas o simple prohibición del abandono del empleo, etc., etc. A modo de síntesis creo que, las condiciones de explotación que genera el sistema socio- económico vigente, privilegiando la ganancia por encima de todo y de todos, lo convierte en el generador de pauperización por excelencia: La escasez de controles a nivel local, nacional e internacional; la falta de educación; el desinterés y la despreocupación a nivel individual y social; la falta de leyes -o su aplicación- que garanticen la igualdad y protección jurídica de las personas; la complicidad encubierta; la ausencia de canales de información y denuncia; los conflictos civiles y la discriminación por motivos raciales o de género, contribuyen -entre otras causas- a crear un ambiente propicio a la explotación de personas por parte de los traficantes. Por todo esto, considero que actuando sobre las causas y no sobre "los síntomas" es la única forma concreta de comenzar a trabajar para combatir esta dramática realidad que hoy nos acecha a todos. Nuestros antepasados áfricanos vinieron principalmente de las costas occidentales de África. A continuación los grupos principales que definen a los negros esclavos introducidos en Puerto Rico y otras áreas del Caribe Negros Ladinos: Incluye todas las etnias áfricanas utilizadas en las América como esclavos. Eran negros criados y/o nacidos en España o Portugal. Fueron los primeros en traerse a las colonias. Se importaron mayormente de Castilla y Sevilla. Ya habían sido cristianizados y hechos a las costumbres españolas. Su libertad sufrió un mayor control y las exigencias del trabajo eran mayores. De aquí llegaron los llamados libertos (esclavos que habían conseguido su libertad).
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    Negros Bozales: Pertenecientesa pueblos y tribus en el Sudan Occidental. Estos fueron los esclavos de los primeros siglos. Este grupo lo componían las siguientes tribus: Jelofes - vivían en las márgenes del río Senegal. Eran de religión islámica. Se les consideraba rebeldes y peligrosos. Mandinga - eran de territorios entre Senegal y Gambia. De religión islámica. De aquí sale el refrán: "el que no tiene dinga tiene mandinga". Fula - venían también de Senegambia. Su religión era la islámica. Se dedicaban a la ganadería. Se caracterizaban por sus rasgos caucásicos o blancos. Bláfadas - del sur de Senegambia llegaron en el siglo XVI. Fueron muy importantes entre los esclavos de las antillas. Cangá - venían de Sierra Leona. En el siglo 18 y 19 llegó la mayoría de este grupo. Farti - negros de minas. Vinieron de Costa de Oro en los siglos 16 y 17. Se adquirían mayormente por contrabando con los ingleses y holandeses. Tenían tendencia al suicidio. Creían que renacerían en su tierra natal. Yorubas - venían de Nigeria. De ellos son las tradiciones yoruba y el culto a shangó. Se cree que los festivales de Loíza Aldea vienen de este grupo. Grupos de África Bant: Buenos agricultores. Conocían el hierro. Sus sociedades obtuvieron un alto desarrollo político. Minaban el oro. Creían en la poligamia. Tenían un sistema agrícola bien desarrollado. Existía el trabajo en forma cooperativa y organizada. o Congos o Bozales - eran vendidos a los barcos negreros que comerciaban cerca de la desembocadura del río Congo. Eran grupos étnicos de África ecuatorial. Tenían un nivel de desarrollo material y técnico bastante alto. o Angolos - eran de Angola. Fueron introducidos por los portugueses. Fueron importados al caribe hasta el siglo 19. Su aportación al léxico nuestro incluye: candungo, funche, motete, etc. o Mozambiques - provenían de la parte oriental de África. Fueron traídos por los portugueses. Se le conocían como Zambos o Mozambos. Las palabras "monga y cachimbo" vienen de este grupo No es suficientemente conocido el hecho de que cabe a España y a Portugal el dudoso honor de haber sido los primeros estados europeos en iniciar la etapa moderna de la esclavitud. No era un fenómeno nuevo en la historia de la Península ibérica, ya que había habido esclavos, de diversas naciones y razas, en la Edad Media, tanto en la parte musulmana como en la cristiana, hecho estudiado ampliamente por el historiador cubano José Antonio Saco en el siglo pasado en su enciclopédica Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo, y más modernamente por Charles Verlinden en L'esclavage au Moyen Age. El modo en que se desarrolló lo que llamamos "esclavitud
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    moderna" en España,Portugal y sus posesiones imperiales adquirió un sentido muy preciso con respecto a los africanos de las zonas al sur del Sahara, pues su piel oscura se convirtió en marca universal de una condición social: la de esclavo. La sociedad española se adelantaba a lo que luego toda la sociedad europea y americana haría, es decir, ver a todos los "negros" como esclavos en potencia (Delacampagne 73). En la Península ibérica la esclavitud de africanos de piel oscura se empezó a practicar en gran escala desde mediados del siglo XV, y sólo decayó cuando las colonias americanas empezaron a desarrollarse plenamente como sociedades esclavistas. La literatura española del Renacimiento testimonió el cambio de actitud con respecto al pasado, y los negros eran vistos por regla general como seres con un único destino natural. La literatura española de los siglos XVI y XVII desarrolló el binomio negro/esclavo con gran variedad de tratamientos y reflexiones. Sylvia Winter define esta actitud como un fenómeno global en Europa: the black entered the Western architecture of signs conjoined as fact and fiction--black slave. He was black (negro) because he was naturally a slave (esclavo); he was a slave (esclavo) because he was naturally black (negro). To be a Negro was to be a slave. (10) No fue la literatura española la primera en reunir a todos los africanos de piel oscura en un grupo totalizador, diferenciado y ahistórico bajo la denominación de "negros." "Negros" eran los africanos que no eran "moros." Esta clasificación ya venía de antiguo.(1) Los nombres usados para referirse a los esclavos negros--etíopes, negros, morenos, prietos, pardos--reflejaban en mayor o menor medida ciertas tensiones ideológicas, pero que se inscribían en un denominador común: los negros eran un ser colectivo, una naturaleza diferente. Había que crear una teoría del género humano que los incluyese, pero que los diferenciase también. Los tonos de pigmentación distintos se convierten todos en uno solo, el "color negro," significante de una condición social de inferioridad. De la posición de inferioridad social impuesta se pasó a pensar en la inferioridad de su ser moral e intelectual. El discurso filosófico humanista del siglo XVI no ignoró la experiencia vital del negro, pero la invalidó. Siguiendo las ideas de Guillaumin en su obra L'idéologie raciste: genese et langage actuel (64-65), ciertas características biológicas externas (piel, pelo, nariz, boca) pasaron a convertirse en marca o significante de la condición social de esclavitud. De ahí se pasó a una consideración moral: su inferioridad social empezó a verse como inferioridad natural. De esa forma el color negro de la piel adquirió un nuevo sentido: los negros no eran humanos completamente. El nuevo significado de piel negra pasó a ser el de la brutalidad y la inferioridad. Elio Antonio de Nebrija, en su Gramática de la lengua castellana pone como ejemplo de sinécdoque la significativa frase "el guineo: blanco los dientes, se enfría los pies." Los negros de la literatura española, comparados con las otras minorías étnicas excluidas sufrieron un tratamiento marcado por la diferencia. Judíos, moriscos y en menor medida los gitanos--debido a su menor poder como grupo--, eran el enemigo interno por antonomasia de la colectividad española, y su exclusión era explicada siempre en razón a consideraciones de ortodoxia religiosa.(2) Tenían una historia dentro de la España medieval. En los siglos XVI y XVII se les consideraba grupos refractarios a la asimilación por la
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    razón misma desu cohesividad, que les dotaba de identidad cultural definida.(3) El negro de la literatura, por el contrario, no es visto como amenaza porque está solo, no pertenece a un grupo social con cohesión interna como las otras minorías. Los negros, por razón de ser en su inmensa mayoría esclavos, no poseían poder social o económico digno de causar miedo o preocupación. Un grupo de individuos sin poder era equiparable a un grupo de niños, y como niños los quería ver la mayoría blanca. La risa y el tono humorístico fueron las respuestas literarias a la esclavitud de los negros, que eran representados como seres graciosos e inocentes. En palabras del crítico Lemuel Johnson: There is nonetheless, a tolerant mockery in these representations. One might almost say benign, were it poosible for an essentially malignant historical process to be so described. (71) Si comparamos el tratamiento de la figura del negro en las diferentes literaturas europeas del Renacimiento observamos una diferencia fundamental entre la literatura española y portuguesa y las demás. Francia, Inglaterra, Italia y Alemania, durante todo el siglo XVI y parte del XVII, se nutrieron fundamentalmente de nociones puramente literarias, tanto clásicas como medievales, en su construcción de figuras africanas. Los negros de estas literaturas eran seres fundamentalmente exóticos, situados fuera de la sociedad nacional. Sus figuras estaban ancladas en tradiciones literarias anteriores que los hacían seres poco dinámicos, por lo general. Esta visión estática se representó en formas literarias de todo tipo. Europa, en la época que nos ocupa, tenía una imagen legendaria de Africa y los africanos de piel oscura eran comúnmente llamados "etíopes," y sólo a veces "moros," siguiendo de lejos descripciones medievales provenientes de la Península ibérica. Esta imagen estaba en contradicción con los datos que proporcionaba el contacto directo con la costa del golfo de Guinea. La imagen legendaria tenía como leitmotif el de la "anomalía." Los negros o etíopes fueron considerados por el Renacimiento y Barroco europeos como contradicciones humanas. La literatura emblemática, por ejemplo, glosa abundantemente el concepto del color negro de la piel como algo raro y al tiempo imperfecto. En abundantes ediciones de los Emblemata de Andrea Alciato, de las que hubo ediciones españolas importantes (Van Norden 82-85, 117), aparece la figura del negro etíope al que dos hombres blancos quieren lavar: no puede cambiar de color por más que se le lave; es el símbolo de la negatividad, de lo imposible, como reza el lema del Emblema 59.(4) España y Portugal tenían contacto directo con negros africanos "de verdad," dado el tráfico de esclavos negros y la presencia de éstos en suelo ibérico. Autores como Enrique da Mota, o cancioneros como el de García de Resende dan muestra clara del impacto social de los negros en suelo portugués. Pronto surgieron imitadores en España, siendo el primero Rodrigo de Reinosa.(5) Para la época de Gil Vicente, que contribuyó notablemente al establecimiento del tipo de "negro" dramático peninsular, tanto en España como en Portugal los negros ya eran tipos relativamente corrientes en la literatura, vistos como parte integrante de la sociedad de la época. Pero salvo contadísimas excepciones, los negros eran objeto de representación, sin poder dar testimonio independiente de su visión de la sociedad.(6) 2. La visión de Africa y los africanos en España.
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    Para Sancho Panza(Don Quijote, cap. 31) Africa--o Guinea--era un almacén de esclavos, mientras que para Don Quijote el reino de Micomicón era un espacio idóneo para practicar su caballería andante. La mezcla de intereses económicos y propósitos evangélicos estaba en la génesis de la práctica esclavista portuguesa y española en Africa. En la literatura española de los siglos XVI y XVII Africa era un lugar simbólico, un paraíso a la vez que una selva y un abismo. En la definición del "concepto" Africa luchaban tres ideas conflictivas entre sí: existía en la mente de los intelectuales un Africa del Preste Juan, otra Africa poblada por monstruos y llena de peligros y también el Africa de los paganos salvajes, futuros esclavos. La leyenda medieval del Preste Juan, situado por las cosmografías del siglo XIV y XV en un lugar indeterminado en "Etiopía," que a veces coincidía con "la India," tenía un gran atractivo para los escritores españoles, ya que aportaba el dato de un imperio cristiano más allá de las tierras dominadas por los musulmanes, los enemigos "naturales" de las coronas ibéricas.(7) El Preste Juan era la confirmación de la universalidad cristiana, y con motivo de esta creencia y de las expediciones portuguesas por la costa del este africano, se reanudó el interés misional por "reconducir" a los etíopes, cristianos, pero con creencias heréticas. Tal era el pensamiento de dominicos y jesuitas, y entre los últimos figuras como san Francisco Javier o san Ignacio son testimonio fiel del deseo de incorporar a los cristianos de Etiopía al concepto católico encarnado por Roma y España.(8) La época de los descubrimientos da al traste con toda la panoplia de saberes heredados, tanto los antiguos como los medievales. El Renacimiento, como época de novedades, se hizo eco del adagio de Plinio en su Naturalis historia, repetido por Erasmo: Semper Africa novi aliquid apportat Africa trae siempre algo de nuevo, como traduce Alonso de Sandoval en su De instauranda aethiopum salute (libro I, capítulo III). Pero lo nuevo es también indeseable. De una geografía imprecisa los autores españoles sacaron estereotipos que repetían hasta la saciedad: Libia y sus ardientes arenas; Etiopía la tierra de los negros; el río Nilo y sus orígenes en los montes de la Luna; Guinea, tierra de animales feroces y seres humanos monstruosos, como los pigmeos, los cinocéfalos, u hombres de cabeza de perro, otros con cara plana, o gente con un solo agujero en la cara, y que comen con una paja, otros que no tienen lengua y también, por supuesto, los negros, los menos raros--y los más aprovechables--entre tantos monstruos.(9) Esta noción de Africa como una tierra de extraños portentos estaba tan extendida que el jesuita Alonso de Sandoval, mencionado arriba, interesado en la labor apostólica entre los esclavos negros, se vio en la necesidad de dedicar todo un capítulo, el tercero de su primer libro a "las causas de los extraordinarios monstruos y demás cosas maravillosas que se hallan en Africa." Sandoval intenta convertir todo el discurso de lo monstruoso africano en algo positivo. Su celo apostólico le lleva a justificar la naturaleza imperfecta de los "morenos" como consecuencia de las especiales circunstancias de su origen en tierras tan llenas de cosas deformes (Tardieu 177). Sandoval expresa su necesidad de "explicar" por qué hay monstruos debido a que tiene que explicar lo más importante: por qué los negros, los etíopes como él los llama, son diferentes:
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    Para entender...la diversidadde formas, que se halla en la especie humana entre los Etiopes, y demas Reinos de negros, es necesario saber la causa de la generación de los monstruos y su principio. Lo maravilloso y monstruoso de Africa, sus animales fabulosos sobre todo, son un correlato de la gente que habita las tierras. Para Sandoval, como para los portugueses Diego Eanes da Zurara (Chrónica da conquista de Guiné, c. 1460) o Duarte Pacheco de Pereira (Esmeraldo de situ orbis, c. 1506-8), el concepto de monstruosidad iba unido al de variedad y diversidad de los seres maravillosos que encontraban. Existía una escala de imperfección entre los seres más extraordinarios, de los que tiene noticia por sus lecturas de los autores antiguos, y los seres menos imperfectos de todos los que produce Africa: los esclavos negros. Lo monstruoso del lugar se extiende a sus habitantes, los futuros candidatos a esclavos. El discurso de lo monstruoso está íntimamente conectado con la tercera visión africana: la tierra de salvajes paganos. La justificación de la esclavitud tenía uno de sus argumentos en la doctrina aristotélica de que ciertos pueblos habían nacido para ser esclavos. Para justificar la trata de esclavos, referida como "rescate," muchos autores vieron en la práctica una forma de apostolado evangelizador. Pero la visión de los negros como salvajes y paganos presentaba una contradicción, que fue resuelta de forma diferente por protestantes y católicos europeos. Para los primeros, excluidos al principio del negocio esclavista, los negros eran seres tan monstruosos que su evangelización no merecía la pena. Las imágenes literarias de la Inglaterra isabelina los presentan por lo general como seres demoníacos (Barthelemy 72-76). Sin embargo, para los católicos contrarreformistas españoles, los negros, por poseer alma, tenían que ser incluidos en el mundo cristiano, el orden católico de la Christianitas. Así pues, para los españoles, los negros, como paganos, eran merecedores de la redención, con lo que entraban de lleno dentro del género humano.(10) Como salvajes, sin embargo, quedaban fuera de la noción de dignidad humana, que era lo que apetecían los mercaderes y traficantes, y entraban en el concepto de "mercancía" que no estaba sujeta a las consideraciones de teólogos y moralistas. La dicotomía pagano/salvaje ponía a prueba el edificio teológico del Renacimiento. La justificación de la esclavitud como redención de paganos estaba necesitada de un argumento casuístico para explicar por qué a estos paganos se les redimía "fuera" de su tierra. Tal justificación se hacía con el argumento del salvajismo de Africa y los africanos. Africa no era tierra de misión, sino almacén natural de esclavos. Lo esencial de la teoría renacentista era que el negro africano era pagano porque era salvaje, y no al revés. Es decir, el negro era pagano porque era negro, del mismo modo que el blanco era cristiano por ser blanco, europeo. De esta forma, el español que pensaba en los negros, aunque los quisiera "ayudar" como era la intención de un Sandoval, no pensaba en seres humanos como lo era él, sino en seres de otra categoría. Es lo que Frantz Fanon en Peau noire, masques blancs define como la invención del hombre negro por el hombre blanco. Una vez inventado este "negro" (pagano/salvaje), lo más que se podía hacer por él era sacarle de su miseria espiritual, y la esclavitud, con lo que tenía de transporte a otra realidad, se veía como un beneficio espiritual.(11)
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    Sacar al negrodel Africa espiritual donde vive es uno de los leitmotiven de la literatura española de los siglos XVI y XVII. Los comediógrafos, los más asiduos en crear personajes negros, se concentran en desvestir al negro de su negritud. La presencia en escena de protagonistas negros es una propuesta de diferentes modelos de desafricanización. Estos personajes caminan, cada uno en su comedia respectiva, desde un origen "africano" de fantasía, hacia una aceptación de valores y modos de vida "españoles." Por "españoles" se ha de entender cristianos, representativos de una sociedad estamentaria en la que ellos ocuparán una posición subordinada. La nueva sociedad y los nuevos valores están definidos como superiores a cualquier otro valor que venga de Africa. El problema es que no hay nada "africano" en los negros protagonistas de comedias barrocas, por más que se insista en su origen etíope, guineano o cualquier otro lugar del Africa de la fantasía de cada autor. Africa no existe más que en el color de la piel del protagonista. El lleva a Africa en su persona, es decir, la idea de Africa preconcebida por autor y público. Africa no es España, por lo que se convierte en símbolo de la anti-España, pero una anti-España diferente a la Europa protestante. Africa es "españolizable," vienen a decir estas comedias, y lo demuestran los personajes negros que deambulan por el escenario. De esta manera pensaba el periodista José Pellicer en sus Avisos históricos del 4 de septiembre de 1640: En la casa de campo están 400 negros de Angola valentísimos, que traen al hombro carcages y flechas de tal calidad que en hiriendo mueren. Hanlos vestido al uso de España, y traen capitán y cabo de su nación. Dicen es muestra de más gente que se ha ofrecido a enviar el rey de Angola, vasallo de España. Este vestir a los negros "al uso de España" resume una de las actitudes de la literatura española del Siglo de Oro hacia los negros. Corresponde a lo que Tzvetan Todorov afirma de las actitudes filosóficas europeas hacia los no europeos durante la era moderna: los "otros" (negros) no son esencialmente "distintos" a "nosotros" (blancos). La diferencia que se observa (color de la piel, lengua y costumbres diferentes) es sólo una manifestación del paganismo (que hoy se llamaría "atraso" o "subdesarrollo") en que viven, lo cual tiene remedio (evangelización, colonización, esclavitud). La igualdad esencial de los hombres, blancos o negros, está acompañada por una estructuración social desigual: los blancos son superiores y los negros inferiores. El texto anterior del publicista Pellicer no puede ser más revelador. Los negros "valentísimos" traen por armas flechas, en una época en que Europa usaba armas de fuego para la guerra. Los cuatrocientos negros están en la Casa de Campo, a las afueras de Madrid, donde hoy hay, irónicamente, un parque zoológico. La desigualdad social entre blancos y negros se explicaba mediante argumentos de tipo cultural. La inestabilidad de este edificio lógico (igualdad esencial pero desigualdad social) fue una tensión vivida en toda la literatura española del Renacimiento y Barroco. 3. Las ideas renacentistas sobre la esclavitud Una de las cosas que más llama la atención sobre el asunto de la esclavitud en el Renacimiento y Barroco español es la tímida actitud de filósofos, moralistas y teólogos sobre ella. Domínguez Ortiz (406) observa que los pensadores españoles de la época se limitaron a citar la autoridad de Aristóteles y la Biblia (Epístola de san Pablo a Tito) sin añadir mucho más. Sin embargo la situación que vivían los esclavos del Renacimiento era
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    bien distinta dela de Grecia o Roma. Intelectuales como Las Casas, o el moralista Luis Molina, veían delante de ellos la prosperidad de una institución basada en el comercio de hombres, mujeres y niños y sin embargo apenas se ocuparon del tema. No hay en toda la literatura filosófica o jurídica de estos siglos ni una sola obra dedicada a la esclavitud, mientras que abundaron los textos sobre la condición de los indios, los moriscos, gitanos y judíos.(12) Ya nos hemos referido más arriba al único texto de importancia sobre los esclavos negros, la obra titulada De instauranda aethiopum salute, escrita por el jesuita Alonso de Sandoval, que no aparecería hasta 1627, y dedicada fundamentalmente al problema de la presencia de los esclavos negros en la América española.(13) Estuvieran a favor o en contra de la esclavitud, los diferentes autores no dedicaron al tema muchas páginas. Este silencio, por otra parte, se nos antoja elocuente testimonio de una actitud de incomprensión, cuando no contemporización, delante de lo que estaba pasando. La atención de los moralistas españoles se dirigió sobre todo a la cuestión de la licitud del tráfico y comercio de esclavos. No se discutía la institución misma de la esclavitud como forma social legítima. Parecía fuera de toda duda que la esclavitud era una institución "natural" en la sociedad. Aristóteles lo afirmaba en la Política y la costumbre lo confirmaba: siempre había habido "cautivos," los prisioneros de guerra a los que les era perdonada la vida a cambio de sujección total a sus vencedores. Esta cuestión del llamado derecho de guerra, el que el vencedor podía hacer de su prisionero un esclavo a cambio de perdonarle la vida era practicada por los diferentes pueblos mediterráneos conocidos, tanto cristianos como musulmanes. Las Siete Partidas del rey Alfonso X el Sabio recogían estos principios de la antigüedad y la práctica medieval, y por tanto servían como autoridad y principio de derecho en teoría.(14) Los negros africanos habían estado presentes en la vida peninsular desde tiempo inmemorial, bien en los reinos musulmanes, bien en las tierras del reino de Aragón (Verlinden 358 y ss.). La mayoría de estos esclavos, sin embargo, provenían de capturas en territorios musulmanes. La esclavitud estaba aún ligada al hecho de la guerra, al concepto político-religioso de la Reconquista. Un esclavo negro era capturado a los moros, y constituía botín de guerra. Pero en el siglo XVI trajo cambios. La guerra contra el Islam ya no era el motivo ni la excusa, porque se montaban en Lisboa y Sevilla expediciones sin otro fin que capturar esclavos en la costa occidental africana. El motivo era el simple lucro, por más que los apologistas portugueses y castellanos, como Eanes da Zurara en su Chrónica dos feitos de Guiné, o Duarte Pacheco Pereira en su Esmeraldo, justificaran el negocio con argumentos apostólicos de extender la fe cristiana, junto con la mención de la historia bíblica de Cam, a quien la tradición medieval convirtió en ancestro mítico de los negros.(15) El primer moralista español en declarar su oposición a la esclavización de los negros fue Bartolomé de las Casas. Las Casas fue objeto de una de las controversias más apasionadas entre los abolicionistas y pro-esclavistas de los siglos XVIII y XIX. La razón estuvo en los primeros escritos del religioso dominico, en los cuales propuso como solución al genocidio de los indios de América la importación de esclavos negros de Africa, y así lo recomendó al
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    rey Carlos I.Las Casas abogaba por los indios y parecía insensible al destino de los negros africanos. En su contra también estaba el hecho de haber sido el propio Las Casas un encomendero y propietario de esclavos en la isla de la Española antes de pasarse a la vida religiosa. Sin embargo fue el mismo Las Casas el que condenó su primera postura inicial, en un gesto de honestidad intelectual que no tuvo ningún eco, pues la obra en que dejó constancia de su rectificación no salió a la luz pública hasta trescientos años después de su muerte: la Historia de las Indias.(16) La propuesta inicial de Las Casas, traer negros africanos para hacer el trabajo que los indios hacían en régimen de encomienda, fue interpretada por muchos historiadores como la causa de la importación de los negros a América. No fue ese el caso, ya que los esclavos negros hicieron su aparición en el continente americano desde los primeros momentos de la conquista. La rectificación de Las Casas (Historia de las Indias, III, cap. 102), a pesar de lo poco que sirvió, tiene la importancia de ser uno de los primeros alegatos antiesclavistas y abolicionistas de los tiempos modernos: Este aviso de que se diese licencia para traer esclavos negros a estas tierras [a las colonias americanas], dio primero el clérigo Casas, no advirtiendo la injusticia con que los portugueses los toman y hacen esclavos, el cual, después que cayó en ello, no lo diera por cuanto había en el mundo, porque siempre lo tuvo por injusticia y tiránicamente hechos esclavos, porque la misma razón es dellos que de los indios.(17) Otros moralistas y teólogos españoles se refirieron a la esclavitud de los negros basándose únicamente en aspectos parciales. Ninguno atacaba la institución de forma frontal como hizo el religioso dominico, lo que explica los motivos que tuvo la Inquisición para prohibir durante trescientos años la publicación de la Historia de las Indias. Argumentos teológicos en contra del tráfico de esclavos africanos, no de la esclavitud, son los de Domingo de Soto, Tomás de Mercado y Bartolomé de Albornoz. Soto encontraba algunos detalles de los métodos de captura moralmente torpes, con lo que el proceso quedaba viciado. Tomás de Mercado, en su Suma de tratos y contratos de 1571, no se oponía de principio a la esclavitud de los negros africanos, basándose en el estado de "pecado" y "desorden" en que vivían, una situación que para su mente de teólogo era de pecado original. Sin embargo, su mente de jurista interponía una serie de impedimentos a la práctica de la esclavitud. Lo que invalida todo el proceso de la práctica esclavista, para Mercado, es el modo cruel e injusto con que se captura a los africanos, mediante engaños, provocando guerras entre ellos y creando en las propias sociedades africanas injusticias a propósito. Es curioso el razonamiento que utiliza Mercado para atacar la validez del argumento de la guerra justa. Primero deshace la entelequia de que se trata de guerras contra infieles. Está claro que castellanos y portugueses promueven estas guerras intestinas entre africanos para mantener el aprovisionamiento. Añade, sin embargo, una consideración nueva, el que los africanos negros no viven en un estado de derecho: Como son bárbaros [los negros africanos que se enfrentan entre sí en guerras], no se mueven por razón, sino por pasión, ni examinan ni ponen en consulta el derecho que tienen. (230-31)
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    Los negros notienen derecho a vender esclavos hechos en guerra, porque sus guerras no son justas nunca, ya que son bárbaros. La inferioridad innata de los africanos los convierte en seres especiales, en especie a proteger. Otro argumento usado en la época para justificar el tráfico de esclavos era que los castellanos y portugueses los compraban de reyes y príncipes, señores "naturales" de sus súbditos. Al igual que en el caso de las guerras para hacer esclavos, estos príncipes pierden su derecho por la forma tiránica en que actúan. Frente a la potestad del príncipe para reducir a la esclavitud a ciertos criminales, reconocida por los juristas en la época, enfrenta Mercado la realidad de los abusos e injusticias cometidos por dichos príncipes para proveer de esclavos a los negreros: Y no se espante nadie esta gente se trate tan mal y se vendan unos a otros, porque es gente bárbara y salvaje y silvestre, y esto tiene anexo la barbaridad, bajeza y rusticidad cuando es grande, que unos a otros se tratan como bestias... (232) El argumento de Mercado contra la trata de esclavos es tan casuístico como los argumentos que ataca en favor de la esclavitud: la guerra justa, el derecho del rey a esclavizar a un criminal o el derecho de los padres a vender a sus hijos. Los negros, por vivir en la barbarie, equivalente a un estado de torpeza moral constante, no tienen ningún derecho a actuar en contra unos de otros. El resultado es el mismo, en términos de ética y derecho, que el argumento pro-esclavista: a los negros, al no ser cristianos, no se les reconocen sus instituciones políticas y sociales.(18) Mercado concluye que "la venta y compra de negros en Cabo Verde es de suyo lícita y justa" (236), pero dadas las condiciones en que tal trata tiene lugar, "es pecado mortal y viven en mal estado y gran peligro los mercaderes de gradas que tratan en sacar negros de Cabo Verde" (236). A Mercado le preocupaba la trata de negros en su origen y con dirección a las colonias, pero prefiere no tratar en profundidad lo que pasaba en casa, en Sevilla, tal vez porque la institución era ya consustancial a la ciudad. No obstante las reticencias y ambigüedades, Tomás de Mercado usa la imagen clásica de la fuente y el agua para explicar el origen del negocio esclavista en Africa y sus consecuencias morales: En este otro negocio [la venta de esclavos negros en los mercados de Sevilla] que pasa en este río y toca a toda la ciudad, ni lo apruebo ni lo repruebo aquí, ni quiero decir en ello más de un refrán que dice Plutarco en De republica, maestro del gran Trajano: cuando la fuente está dañada, no suele ser sana, sino siempre sospechosa y enferma el agua que della sale y por sus arroyos viene. En lo demás cada uno consulte su confesor. (239) Bartolomé de Albornoz, al igual que Mercado y Las Casas, habló en contra de la esclavitud desde una posición de conocimiento directo. Como los anteriores estuvo en las Indias, concretamente como catedrático de derecho de la Universidad mexicana. En el capítulo "De la esclavitud" de su obra Arte de los contratos, Albornoz hace un repaso de los argumentos pro esclavistas de su tiempo, para encontrar defectos en todos ellos. Como buen aristotélico, Albornoz rechaza la justificación de la esclavitud como derecho de guerra: no se encuentra en Aristóteles. Tampoco en la ley cristiana. Rechaza el argumento de la guerra
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    justa, ya queel comprador nunca sabrá si el que le vende el esclavo le está engañando o no. La obra de Albornoz acabó en el Indice de la Inquisición (Vila Vilar 23). El historiador francés Georges Scèlle (La traite negrière aux Indes de Castille, 1906), refiriéndose a la esclavitud de los negros en América, contrastó las diferencias existentes entre los moralistas españoles, diferencias debidas a su pertenencia a órdenes religiosas distintas. Mercado y Albornoz eran dominicos. Los jesuitas, sin embargo, parecieron tomar una postura más acomodaticia con respecto a la institución. Tal es el caso del Padre Molina o del Padre Alonso de Sandoval, cuya obra expresa la ambigüedad de la Iglesia con respecto a la esclavitud de los negros. Sandoval vivió casi toda su vida en Cartegena de Indias. Su ministerio apostólico lo dirigió al bautismo y conversión de los esclavos africanos recién arribados, y al enfrentarse con el trato tan inhumano que recibían los esclavos, condena la trata por la forma en que es practicada, pero se abstiene positivamente de dar un juicio moral sobre la práctica de la esclavitud. Remite a los "doctores de la Iglesia" como autoridades de más peso, zafándose del problema (libro I, capítulo XVII). Sí le importa a Sandoval, como a los otros moralistas, la forma de tratar a los esclavos capturados. Las Casas había condenado el principio esclavista, pero Sandoval y los moralistas del siglo XVII condenan la forma en que se produce la esclavización, de la que son testigos: los traen que vienen de seis en seis con argollas por los cuellos en las corrientes...no ven sol ni luna, que no ay Español que se atreva a poner la cabeza al escotillón sin almediarse, ni a perseverar dentro [de la bodega del barco] sin riesgo de grave enfermedad. Tanta es la hediondez, apretura y miseria de aquel lugar. (Libro I, cap. XVII). Después de narrar los horrores de la llegada de cargamentos de esclavos a Cartagena de Indias, a Sandoval todavía le importa saber si el negrero peca o no peca, y requiere el testimonio de los jesuitas de Angola. Estos jesuitas, envueltos como estaban en el tráfico, beneficiándose de él como lo hacían, pasaban la responsabilidad moral a la autoridad eclesiástica de Lisboa, que nunca presentó objección alguna.(19) En las páginas que siguen vamos a observar cómo se articula artísticamente el discurso filosófico de la pretendida inferioridad de los negros. El teatro aporta la mayor producción de imágenes de los negros, documentando gran cantidad de aspectos de su vida en la España del XVI y XVII. También es el teatro el máximo exponente de la visión "oficial" de la España imperial hacia los negros. El estudio de los negros en la literatura de los siglos XVI y XVII en España ha contado con interesantes trabajos desde los años veinte de este siglo. Por lo general han sido trabajos de recopilación, dejando constancia de autores y obras en que aparecen personajes negros.(20) Al analizar la imagen y el papel de los personajes negros en los diversos géneros literarios del Renacimiento y Barroco españoles, nos fijaremos particularmente en la interpretación literaria del fenómeno de la esclavitud. La introducción de personajes negros en la literatura
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    tuvo como efectola adopción de técnicas literarias como la "lengua de negro," manifestación de una visión cultural del negro, esclavo o no, como anomalía.(21) Los negros son convertidos por la esclavitud y para la esclavitud en un Otro unificado, eliminando las diferencias nacionales, enfatizando el color y desenfatizando lengua, cultura, origen nacional o cualquier otra circunstancia individualizadora. Sin embargo, el teatro, al presentar a un santo negro, tiene que hacer una excepción, darle un linaje (hacerlo etíope, no guineano). Surge la diferencia literaria, entre Etiopía/Africa y Guinea/Africa. La primera está legitimada literariamente por la antigüedad grecolatina, mientras que Guinea es el Africa nuevamente descubierta, la tierra de esclavos (como nos aclara Sancho Panza). Los negros de la antigüedad no eran necesariamente esclavos. Pero la realidad moderna de la esclavitud penetra en la concretización de estos héroes literarios. Quieren ser esclavos a toda costa, y renuncian a su etiopicidad literaria, que se revela así como una estrategia postiza, una máscara: creíais que este negro era diferente, noble, distinto. No. Es igual a los demás en el fondo. Quiere acercarse al "ideal" cristiano y católico del negro: el esclavo. Pero como la máscara es siempre máscara, un artilugio que no se le escapa al público, ocurre que estos negros de comedia son iguales y diferentes a la vez. Con ellos se le da la vuelta al traje ideológico del arte barroco. Los negros creados por el teatro español son diferentes porque aceptan la esclavitud--oh maravilla--, lo que revela la verdad negada--que los negros no aceptan la esclavitud voluntariamente, sino a la fuerza. Un negro que la acepte por voluntad propia será tan raro (tan "heroico") que su vida merecerá ser narrada/mostrada al público. El negro "normal" es la negación del ideal cristiano católico: no acepta ser esclavo. La ideología de la sociedad esclavista española estaba constituida por un plan social de felicidad para todos, incluidos los esclavos, y un modo de producción y relaciones sociales rígidamente estratificado. Una sociedad esclavista no puede aceptar en su seno el cambio social sin verse amenazada. La sociedad española, en lo tocante a la esclavitud, se veía continuadora de Grecia y Roma, y sin embargo era muy diferente. La esclavitud de los negros se incorporó ideológicamente a la idea de la translatio imperii que los humanistas españoles defendieron ardorosamente. El libro está dividido en dos partes. En la primera examino tres comedias de santos negros, El prodigio de Etiopia, El santo negro Rosambuco de la ciudad de Palermo y El negro del mejor amo, las tres de Lope de Vega, aunque la primera, El prodigio de Etiopia, con considerables dudas. La segunda parte va dedicada a dos héroes de la controversia entre las armas y las letras, El valiente negro en Flandes de Andrés de Claramonte y Juan Latino de Diego Ximénez de Enciso. Fuera de este estudio quedan otras comedias en las que figuran personajes negros de la antigüedad y la Biblia, o puramente inventados, pero que no reflejan directamente la institución esclavista contemporánea a los dramaturgos. El estudio de estas comedias requiere una aproximación diferente, y me refiero a El mayor rey de los reyes, de Andrés de Claramonte, Virtudes vencen señales de Vélez de Guevara, La sibila de Oriente y gran reina de Sabá y Los hijos de la Fortuna, Teágenes y Cariclea de Calderón de la Barca, o la estupenda Las misas de San Vicente Ferrer, de Antonio Enríquez Gómez.
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    Las obras delas que vamos a tratar en los capítulos siguientes son escasamente conocidas. Aunque de relativo fácil acceso, y por ello en parte han sido seleccionadas, su argumento necesita ser contado, "porque importa," como dijo Lope de Vega en una acotación al texto de su comedia El negro del mejor amo. Debido a ello me he visto obligado a dedicar más espacio del que quisiera a un comentario lineal de la acción. Notas 1. Términos como etíope, del griego aithiops ("cara quemada") designaban a todos los hombres y mujeres de piel oscura y no sólo a los que vivían al sur de Egipto (Snowden 7). La palabra latina niger sirvió para describir el color de la piel de diversos pueblos con los que Roma entró en contacto en el norte de Africa, y de ella deriva el español negro, aplicado a personas de piel oscura. En el uso español culto, africano, tomado del latín africanus, a su vez derivado de afer, significaba "relacionado con Africa," cuando por Africa se entendía sobre todo la costa mediterránea del continente. Así Lope de Vega titula su comedia sobre san Agustín El divino africano, señalando el lugar donde vivía el santo, no que fuera de raza negra necesariamente. 2. Leblon en Les gitans dans la littérature espagnole y Caro Baroja en Los judíos en la España moderna y contemporánea estudian ampliamente la presencia de estos dos grupos minoritarios en la literatura española, que los sitúa con frecuencia como autores de crímenes execrables y sacrílegos. La literatura sobre los moriscos presenta una situación más compleja. Véanse los estudios de Caro Baroja, Bernard Vincent y Antonio Domínguez Ortiz. 3. Las singularidades culturales de los gitanos, por ejemplo, eran condenadas como elementos demoníacos en los tratados de la época, y las calamidades públicas se atribuían a su presencia en suelo hispano, como declaraban diversas Cortes de Castilla (Cardillac 12 y ss.). 4. Lope de Vega, en El mayor imposible: es como el negro el necio que aunque le lleven al baño es fuerza volverse negro (Jornada I, v. 350) que no está lejos del versículo bíblico de Jeremías (13-23):"puede el etíope cambiar su color, o el leopardo sus lunares?" (Brooks 239). En la colección de principios del XVI Refranes que dicen las viejas tras el fuego ya se recogían varias expresiónes populares: "callar como negra en baño" (181), "fue la negra al baño y tuvo que contar un año" (329), "jurado ha el baño de lo negro no hacer blanco" (375).
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    5. En dichocancionero (edición de 1910-17: 204-205) un poema de Fernao da Silveira, posiblemente de 1455 (Teyssier 1959: 228), se presenta a un rey de Sierra Leona hablando en "lingua de preto" y prestando vasallaje al rey de Portugal y alabando a los portugueses y su corona por lo que hacían en Africa, lo que para P. E. Russell (225) es la primera muestra del uso de la literatura como vehículo de propaganda imperialista sobre el Africa negra. En El príncipe perfecto, primera parte de Lope de Vega se repite la escena--en castellano culto, con posible antecedente en Torres Naharro y su Comedia Trophea. 6. Portugal dio el primer escritor de color de la Europa renacentista. Se trata del mulato Afonso Alvares, contemporáneo de Gil Vicente y autor de autos como él. Colaboró en algunas representaciones teatrales suyas. Su fama en la literatura portuguesa le viene de una pelea literaria con otro escritor de la época, el poeta Chiado (Seyers 23-25). En España se da el caso prácticamente aislado de Juan Latino, al que nos referiremos más adelante. 7. Como parte del concepto de los etíopes como "los otros cristianos" estaban las leyendas medievales de los Reyes Magos, entre los cuales la iconografía empezó, a partir del siglo XII, a representar a uno de ellos de color negro (Devisse 2.1: 132) 8. En su carta al Negus de Etiopía por intermedio del jesuita Padre Barreto (Lettres 414- 417), san Ignacio de Loyola le recomienda que deje de obedecer al patriarca de Alejandría y preste fidelidad a Roma. San Francisco Javier incluyó las costas somalíes en su periplo evangelizador por el oriente, y los dominicos intentaron establecer misiones en el país, de las que surgieron varias obras documentales histórico fantásticas, como la del dominico Padre Luis Urreta, Historia eclesiástica, política, natural y moral de los grandes y remotos reinos de la Etiopía... (Valencia, 1610). El Padre Urreta pretendía demostrar que los etíopes habían sido católicos desde hacía muchos siglos, gracias a la milagrosa predicación de los dominicos en los primeros tiempos de la cristiandad (Glaser 388). 9. La visión de Africa como una tierra llena de monstruos y portentos inhumanos aparece insistentemente en los escritos de Plinio, Herodoto, Estrabón, Tolomeo (a través de la transmisión árabe), las Etimologías de san Isidoro de Sevilla, y sobre todo el Polyhistor del romano Julio Solino (siglo II d. C.), traducida al castellano en 1573, en Sevilla, cuyas descripciones fantásticas tuvieron amplio eco en la España del Siglo de Oro (Morales Oliver 2: 4 y ss). 10. Para Sandoval, por ejemplo, la cuestión está muy clara: todo su libro segundo de De instauranda aethiopum salute está dedicado a la justificación del ministerio religioso, como un mandato divino. El libro tercero de su obra no es sino un manual práctico de catequización de los esclavos llegados a Cartagena. 11. Fenómeno parecido se da en el mundo árabe musulmán del siglo XVII, cuando se define el tipo de negro esclavizable por los musulmanes en un tratado del jurista de Timbuctú exiliado en Marrakesh Ahmed Baba: la condición de no creyente--kafara--es la base legítima de posesión de un esclavo, aunque éste se convierta al Islam posteriormente (Barbour and Jacobs 128).
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    12. La expulsiónde los moriscos, por ejemplo, generó toda una serie de obras justificadoras de la medida, con títulos como Memorable expulsión y justísimo destierro de los Moriscos de España de Fray Marcos de Guadalajara y Javier (1613), o la obra del Padre Damián de Fonseca, Justa expulsión de los Moriscos de España, publicada en Roma un año antes. 13. El título por el que se conoce la obra es el de la segunda edición, fechada en Madrid, en 1647. La primera edición, en Sevilla y en 1627, llevaba por título Naturaleza, policia sagrada i profana, costumbres i ritos, disciplina i catecismo evangélico de todos etiopes... Fue escrita por su autor en Cartagena de Indias, donde desempeñaba su ministerio pastoral entre los esclavos negros recién desembarcados en aquella ciudad. Un discípulo suyo sería Pedro Claver, el llamado "apóstol de los negros" en la hagiografía católica. 14. Las Siete Partidas reconocían los principios del derecho de guerra, la autoventa y el nacimiento como causas de esclavitud. Igualmente reconocían la libertad humana como estado natural del hombre, siendo la esclavitud una condición traída por la "fortuna," lo que daba ciertos derechos al esclavo (Doerig 341). Las Partidas, sin embargo, no eran un código legal en sí, sino un cuerpo de doctrina jurídica escrito por intelectuales de la corte de Alfonso X, conscientes de la discrepancia entre sus opiniones y la práctica real (Davis 102- 103. 15. El episodio de la burla de Cam ante la borrachera de su padre Noé (Génesis 9, 25), y su posterior maldición fue reinterpretada por san Agustín y otros Padres de la Iglesia como signo de la esclavitud natural de los negros, a los que se consideraba descendientes de Cam, siguiendo una oscura tradición compartida por exégetas judíos y musulmanes (Isaac 3-17). 16. Las Casas dejó mandado que no se publicara el texto hasta pasados cuarenta años de su muerte. La Inquisición condenó definitivamente el texto de la Historia en 1660 y esta obra no vio la imprenta hasta 1875 (Benítez-Rojo 261). 17. En otro lugar de su Historia de las Indias (III, cap. 129) Las Casas comenta que "nosostros somos causa de todos los pecados que los unos y los otros cometen [se refiere a las guerras entre africanos para proveer esclavos a los portugueses], sin los nuestros que en comprallos cometemos." 18. Para reforzar su caso contra los mercaderes de esclavos negros, Mercado observa que se está haciendo trata ya con cristianos: "porque en la ribera, al tiempo de embarcarlos, los bautizan a todos juntos con un hisopo --que es otra barbaridad grandísima" (234). Esto es peor que "la crueldad que usan los turcos con los cristianos cautivos poniéndolos de noche en sus mazmorras" (234). Mercado pone énfasis en que la trata de negros "barbariza" a los cristianos. 19. Sandoval preguntó al rector jesuita de Luanda, en Angola, sobre la forma en que eran capturados los esclavos negros que llegaban a Cartagena de Indias. El rector, Padre Luis Brandón, le respondió en una carta curiosísima. Le pide que no se preocupe, que ninguna autoridad eclesiástica se ha quejado hasta entonces, y para tranquilizarle, añade: " y assi nosotros, y los Padres del Brasil compramos estos esclavos para nuestro servicio sin escrupulo ninguno" (144).
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    20. Destacan entreestos trabajos de recopilación el de Brooks sobre la esclavitud en el teatro de Lope de Vega, así como los estudios de V.B. Spratlin sobre el humanista negro español Juan Latino, junto con el de C. G. Woodson, un ensayo sobre las actitudes raciales de España sobre Africa vistas a través de la literatura. Los trabajos de Spratlin y Woodson son especialmente entrañables por encuadrarse en el movimiento intelectual negro norteamericano inmediatamente posterior al "Harlem Renaissance" de los años veinte, que vio florecer a escritores como Langston Hughes y Zora Neale Hurston. 21. La lengua o habla de negro es uno de los aspectos que ha recibido cierta atención por parte de la crítica erudita. Los trabajos más recientes son los de Baranda Letuario y Santos Domínguez. Es de destacar el artículo de John Lipski, que conecta aspectos fonológicos y morfológicos del español del teatro del Siglo de Oro con aspectos del español de diferentes comunidades afrohispánicas de la actualidad.
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    Descendientes de esclavosafricanos demandarán a la más antigua aseguradora del mundo Afronorteamericanos descendientes de esclavos anunciaron que entablarán una demanda contra la aseguradora británica Lloyds, con sede en Londres, a la que acusan de complicidad en el genocidio y la destrucción de comunidades nativas de Africa hace dos siglos. El abogado patrocinante es el mismo que logró que los bancos suizos compensaran a la víctimas del holocausto nazi. Al menos 12 millones de esclavos africanos fueron llevados a Norteamérica, A. Latina y el Caribe. Un grupo de norteamericanos negros, descendientes de esclavos, anunció que comenzará en Nueva York una demanda de compensación contra la compañía de seguros Lloyds, con sede en Londres, Reino Unido. Los demandantes plantean que Lloyds, la más antigua empresa de su tipo en el mundo, aseguró a los barcos en que sus antepasados fueron llevados a la esclavitud. Según ellos, la compañía británica fue cómplice en el genocidio y la destrucción de comunidades indígenas de África hace dos siglos. Para defender su caso, han contratado al abogado norteamericano Ed Fagan, quien se hizo famoso al ganar compensación de bancos suizos para víctimas del holocausto nazi. Precedentes Fagan está ahora enfrascado en otro litigio, contra compañías que supuestamente apoyaron el apartheid en Sudáfrica. Según él, la demanda de los descendientes de esclavos es válida porque otras comunidades han logrado obtener compensación en los tribunales en relación con hechos del pasado lejano. Lloyds se negó a hacer comentarios, argumentando que desconoce los pormenores del caso. Un vocero de la empresa aseguradora dijo que, en otras ocasiones, las demandas de compensación relacionadas con la esclavitud habían sido rechazadas por los tribunales. En 2002 tres grandes corporaciones norteamericanas fueron acusadas por afroamericanos de beneficiarse de la esclavitud, antes de que fuera abolida oficialmente en 1865. Naciones Unidas declaró 2004 el Año Internacional de Conmemoración de la Lucha contra la Esclavitud y de su Abolición. Entre 1450 y 1850, al menos 12 millones de esclavos africanos cruzaron el Atlántico desde sus regiones de origen a las colonias ubicadas en los Estados Unidos, América Latina y el Caribe. Además, se estima que, debido al trato inhumado que recibían, cerca de un 20% de los hombres, mujeres y niños tomados como esclavos murieron antes de llegar a sus destinos de trabajo en las colonias de los países europeos. Esclavitud moderna Diversas asociaciones de defensa de los derechos humanos han denunciado que todavía
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    subsiste el problemade personas sometidas a cautiverio. La esclavitud contemporánea adopta diversas formas y afecta a personas de todas las edades, géneros y razas Según la organización Anti-Slavery International, "la esclavitud contemporánea adopta diversas formas y afecta a personas de todas las edades, géneros y razas", pese a que "está prohibida en la mayoría de los países donde se practica". La organización señala que "el trabajo en condiciones de servidumbre afecta a, por lo menos, 20 millones de personas en todo el mundo". Según el grupo, "hoy en día, hay mujeres de Europa oriental que trabajan en la prostitución en condiciones de servidumbre por deudas, se trafica a niños y a niñas entre estados de África Occidental y en Brasil se obliga a hombres a trabajar como esclavos en haciendas agrícolas". La fuente: página web de la BBC (Londres). La Conferencia Mundial Contra el Racismo y las posibilidades de que Europa pida disculpas por la comercialización de esclavos ha motivado la discusión sobre las reales magnitudes de este comercio. El número exacto de africanos afectados por el comercio de esclavos varía según estimaciones entre los 10 y 28 millones de personas. En lo que no existe discusión es en la salvaje crueldad a que estuvieron sujetas estas personas. Se estima que un 20% de los hombres, mujeres y niños esclavos murieron antes de llegar a sus destinos de trabajo en las diferentes colonias europeas. Entre 1450 y 1850, al menos 12 millones de esclavos africanos cruzaron el Atlántico desde sus países de orígen a las colonias ubicadas en Norte América, Sud América y el Caribe. Partes de la cadena El negocio de los esclavos estuvo movido principalmente por las necesidades comerciales de los países europeos. La cadena de comercialización comenzaba cuando los comerciantes europeos entregaban manufacturas a cambio de esclavos africanos, y luego los vendían a altos precios a las colonias en América. El círculo se cerraba cuando el dinero obtenido de la trata de esclavos era utilizado para comprar las materias primas producidas en las colonias y destinadas a la industria manufacturera europea. Paralelamente, la trata de esclavos produjo una industria independiente, que involucró la construcción de barcos, el mantenimiento de embarcaciones, el desarrollo de puertos y las finanzas.
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    El comercio deesclavos fue un importante actor de la revolución industrial y comercial. Ciudades como Liverpool, en Gran Bretaña, y Amsterdam, en Holanda, lograron un gran desarrollo económico debido a este comercio. Fin de la esclavitud A finales del siglo XVIII, los levantamientos de esclavos en el Caribe impulsaron un movimiento abolicionista destinado a detener el negocio de esclavos. Gran Bretaña prohibió el mercado de esclavos en 1807, mientras que en Estados Unidos la discusión motivó la guerra civil entre el norte abolicionista y el sur, defensor del mantenimiento de la esclavitud. La esclavitud quedó abolida en Estados Unidos en 1865 con la 13ª enmienda de la constitución. El último país en prohibir la esclavitud en América fue Brasil, cuando recién en 1888 declaró la trata de esclavos como ilegal. ESCLAVOS DEL SIGLO XXI Según la ONU, doscientos cincuenta millones de personas viven en situación de esclavitud. De ellas, ciento cincuenta millones son niños. Las víctimas son las mismas que hace siglos. El objetivo que se persigue no ha variado: sigue siendo el poder y el dinero. Conozcamos las nuevas fórmulas y los que mueven los hilos de la esclavitud del siglo XXI. Texto: Mariló Hidalgo Isla de Gorée (Senegal). Año 1550. Nos encontramos a sólo tres kilómetros de la famosa ciudad de Dakar, en una isla pequeña, silenciosa, con calles estrechas y sin asfaltar y algunos edificios de estilo colonial. Gorée, hoy convertida en un museo, fue un lugar clave en la historia del comercio de esclavos. Desde la llamada "Puerta del viaje sin retorno", abierta de par en par a las aguas del Atlántico, miles de senegaleses decían el último adiós a la tierra que les vio nacer, antes de navegar rumbo a América. Como esta factoría, existían cerca de doscientas en el Golfo de Guinea. Desde comienzos del siglo XVI hasta mediados del siglo XIX tiene lugar en el más absoluto de los silencios, el genocidio de 140 millones de esclavos africanos. Uno de los más crueles de toda la historia donde hombres, mujeres y niños fueron raptados de sus aldeas, encadenados y trasladados en barcos negreros rumbo al Nuevo Mundo. En sólo un instante esas vidas vieron cambiar su valor y se convirtieron en mercancía objeto de compraventa.
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    Isla de Gorée(Senegal). Año 2003. Es el lugar elegido por George W. Bush para iniciar su gira por varios países africanos, hacerse la foto paseando cogido de la mano de su mujer y lamentar que allí "la vida y la libertad fuesen robadas" a millones de africanos. Hecho por el que además de no pedir perdón, sí utiliza para señalar que la historia de EEUU cuenta con un gran número de negros ilustres, cuestión por la que se sienten orgullosos. Además quiere recordar al mundo que desde el otro lado del charco hubo muchos norteamericanos que lucharon para abolir la esclavitud. Hasta aquí suponemos que tiene lugar el lavado de conciencia, pero las razones de este viaje no tenían nada que ver con la memoria histórica. Hoy, la historia se repite y el pueblo africano vuelve a quedar sometido y esclavizado en pleno siglo XXI. Como decíamos, las razones de esta gira eran diversas. Primero, EEUU necesitaba aumentar la extracción de crudo en esta región ya que Oriente Medio es un polvorín. Segundo, Africa sigue siendo -al igual que en aquel tiempo- un importante enclave geoestratégico que a EEUU le interesa tener bajo control. Y tercero, unos meses más tarde, Bush se enfrentaba a su reelección y necesitaba conquistar el voto negro, tradicionalmente demócrata. Como contrapartida los responsables de estos cinco países objeto de la gira - Senegal, Sudáfrica, Botswana, Uganda y Nigeria- recibían con cara de orgullo y sonrisas, las promesas de la Administración Bush sin valorar lo que a cambio estaban entregando: el ejercicio de su soberanía efectiva y la renuncia a su derecho de disponer libremente de sus recursos energéticos en detrimento del pueblo africano. Aquellos primeros esclavos fueron arrancados de su tierra, encadenados con grilletes y sometidos, pero nunca dejaron de entonar sus cantos y gritos de libertad que consiguieron mantener viva la esperanza generación tras generación. Hoy, los grilletes son dorados. La falta de libertad y la ausencia de derechos parece no ser importante para seguir caminando. El dinero lo compra todo y las víctimas vuelven a ser las mismas: los pobres, los débiles o los que están enfrentados a los grupos de poder. Pacto entre amos "Primero te quitan la dignidad, te hacen sentir miserable, que no vales nada. Dejas de ser persona. No tienes poder de elección sobre tu propia vida. Pasas a ser una mercancía que pertenece a un amo. Te sitúas en una especie de limbo jurídico donde no existen los derechos más elementales. Puedes ser comprado y vendido. Eres una especie de marioneta cuyos hilos son movidos por unos individuos que deciden por ti el resto de tu vida..." Esta declaración puede ser de alguien con nombre y apellidos, pero correríamos el peligro de quedarnos en un caso concreto. La esclavitud que vivimos en nuestro tiempo, no es un fenómeno individual, como señala Manos Unidas en su informe "La esclavitud hoy, un problema de nuestros días", sino que tiene un carácter social y colectivo. "La esclavitud actual sigue siendo un fenómeno social que afecta a determinados grupos de población, que se produce en determinados países, con determinadas políticas y que se genera y mantiene por determinados mecanismos de carácter económico, político y cultural. A medida que aumenta la capacidad de elegir y optar de un pueblo crece su nivel de desarrollo y disminuye la condición de esclavitud". Según la ONU, doscientos cincuenta millones de personas viven en situación de esclavitud; servidumbre por deudas, explotación sexual, salarios ínfimos, reclutamiento forzoso, niños trabajadores o soldados, matrimonios forzados, e incluso esclavitud como antaño. Y estos esclavos conviven al lado de otros, que no se consideran tales porque también se benefician de la situación y miran sonrientes a sus amos. Ocupan puestos de responsabilidad y como vimos al principio, pueden tomar decisiones que conducen a los pueblos hacia la esclavitud. "Los derechos humanos han sido
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    relegados -explica laperiodista de la Agencia de Información Solidaria (AIS) Marta Caravantes- y pospuestos siempre a favor del libre comercio que promueve como 'derecho fundamental' la producción al menor coste posible. Incluso numerosos líderes de los países del Sur han reprochado a las ONG sus reivindicaciones sobre los derechos laborales". Los gobiernos afirman que este reconocimiento significaría la pérdida de suculentas inversiones de empresas que se implantan en los países pobres para lograr un abaratamiento de los costes de producción. "La oferta que los gobiernos del Sur plantean a las multinacionales - continúa- se basa en la posibilidad de explotar mejor a sus ciudadanos, de pagarles los salarios más bajos, con contratos más precarios y condiciones laborales indignas. Ese es el eslogan de quienes se preocupan más por atraer inversiones y lucir cifras macroeconómicas que por mejorar el nivel de vida de la población". El gobierno mexicano por ejemplo, está encantado de que el comercio con EEUU se haya duplicado desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio. El reclamo para atraer la inversión extranjera es por supuesto la mano de obra barata. Así, el país cuenta por un lado con una importante entrada de capital extranjero y por otro, tiene a un pueblo cada vez más empobrecido que ha perdido más del 34% del poder adquisitivo y cuenta en estos momentos con un salario mínimo de los más bajos del mundo semiindustrializado. "Cuando algunos líderes manifiestan su intención de incorporarse al primer mundo, parece que se refieren sólo a la minoría de multimillonarios que aprovechan los privilegios ofrecidos por el libre comercio. Mientras los mercados se abren, los trabajadores más pobres son las víctimas propicias para el sacrificio", añade Caravantes. "Cuanto mayor es la 'libertad' de los mercados, mayor es la esclavitud de los pueblos y la pobreza de las naciones. Cuanto mayor es la 'libertad' financiera, mayor es el provecho de ladrones y zánganos y menor el bienestar de los trabajadores. Cuanto mayor es la 'libertad' del dinero, mayor es la humillación de los pobres y menor la probabilidad de ser respetados como personas", explica Luis Ferreira, miembro de ATACC, en La Opinión Pública. Los responsables de la mayoría de los Estados hoy, hacen prevalecer los intereses económicos y de poder, por encima de la dignidad de sus ciudadanos y la justicia social. El pacto entre "amos" sigue siendo por dinero o poder. ¿Cuáles son las nuevas formas de sometimiento? Nuevas formas de esclavitud. No existe una distinción clara entre las diversas formas de esclavitud, señala Naciones Unidas (1). "Las mismas familias o grupos son muchas veces víctimas de varios tipos de esclavitud contemporánea y el factor que los une a todos suele ser la extrema pobreza", recoge el citado texto. Familias enteras son obligadas a trabajar la tierra generación tras generación mientras no consigan reunir el dinero necesario para pagar una deuda que previamente han contraído. Pero la realidad es que a pesar de todos los esfuerzos, esa familia nunca saldará su deuda ya que los intereses crecerán más que el dinero conseguido y esa lacra pesará sobre su descendencia. El deudor pasa a convertirse en siervo de por vida. Pero además de las familias, son las mujeres y los niños los grupos más vulnerables. Infancias rotas A medida que la crisis económica se hace más patente, las cifras de la explotación infantil aumentan. Según UNICEF, en la actualidad se calcula que existen unos doscientos millones de niños trabajadores entre cinco y diecisiete años. Trabajan en las calles -venta ambulante,
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    guías turísticos, repartidores,limpiabotas-; en lugares peligrosos e insalubres -hornos, minas, picando piedra, en el campo o pesca a pulmón libre-; son vendidos como esclavos por sus padres por cantidades irrisorias a usureros para trabajar en la fabricación de alfombras, ladrillos, obras públicas, etc.; niñas son entregadas al servicio doméstico en jornadas de quince horas a cambio de cama y comida. Y además, en muchas ocasiones esto lleva asociado el abuso sexual del menor, cuando no son vendidos a redes de prostitución que operan por todo el mundo. Un 61% de los menores que trabajan, en torno a 153 millones de niños, según un informe (2) de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), se encuentra en Asia. Un 32%, 80 millones en Africa y un 7%, 17,5 millones en América Latina. "Una de las razones por la que los gobiernos y sociedades de estos países no se han mostrado más activos en la oposición a las formas más perjudiciales de trabajo infantil según la OIT, es que los niños trabajadores no suelen ser fácilmente visibles. Es un ejemplo de 'ojos que no ven, corazón que no siente'". Y lo más lacerante es que mientras estos niños trabajan sus padres están desempleados. Son mano de obra barata, no dan problemas, son fáciles de adoctrinar y tienen miedo, razón por la que también son más dóciles. Y una de las cuestiones por las que muchos acaban siendo reclutados a la fuerza para participar de forma activa en conflictos armados. Un gran número pierde la vida o es torturado, golpeado, interrogado o hecho prisionero de guerra. Según Amnistía Internacional, al menos 300.000 niños y niñas combaten en algún conflicto bélico. Una parte del futuro del planeta está siendo minada. Estos millones de niños han sido privados de su derecho sagrado a una vida digna, a una formación y una cultura. Pero no sólo eso, sino que han sido privados de experiencias profundas, sensaciones, en los años más sensibles de su vida, básicos para su desarrollo como personas. Y eso, no se puede devolver. Esclavas silenciosas, revolución silenciosa. Por el hecho de haber nacido mujer en este planeta, millones de personas no tienen derecho a vivir porque al nacer son asesinadas; o torturadas, violadas, agredidas, insultadas o están exentas de los derechos humanos más fundamentales. En una palabra y según define la ONU, "son tratadas de una u otra manera como una propiedad". Las leyes de los gobiernos, la economía y sus objetivos, junto con la educación, o mejor dicho, la falta de educación, han conseguido mantener en silencio y seguir "produciendo" a estas rentables esclavas. Explotación sexual, trabajo doméstico servil, matrimonios forzados, compra y venta... Las cifras son impresionantes, más en estos momentos donde muchas mujeres, cabeza de familia, toman la decisión de abandonar el país para buscar un futuro para los suyos y acaban inmersas en redes de prostitución o similar. Todo esto está pasando ahora. Pero también otras cosas de las que vamos a hablar a continuación y forman parte de otro movimiento que surge imparable. Un grupo de mujeres están rompiendo el silencio. Hay firmeza en su voz, en sus movimientos, pero también hay dolor, sacrificio y lucha. Quieren explicar al mundo sus ideas y su forma de ver la vida, muy distinta a lo conocido hasta el momento. Están rompiendo cadenas y están ayudando a otros a romperlas porque quieren escribir ellas mismas su guión, fuera del dictado de los que hasta ahora las han tenido sometidas. Para ello están empleando algo que nadie les ha podido quitar, su libertad interior, su imaginación y su creatividad. Y con ello están explorando nuevos espacios, están abriendo nuevos caminos que otros hombres y mujeres están siguiendo. Como Shirin Ebadi, abogada iraní, último Nobel de la Paz por su defensa de la democracia y los derechos humanos dentro del hermetismo del mundo árabe. Esta activista y defensora,
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    no sólo delos derechos de la mujer sino de otro modelo de democracia participativa, ha dejado atrás las persecuciones y los encarcelamientos de los que ha sido objeto para convertirse en un importante referente en la lucha por la liberación de la mujer, a pesar de las amenazas de los sectores más integristas de su país que aún hoy pesan sobre ella. Como también Somaly Mam, una camboyana que fue vendida como esclava y vivió el infierno de la explotación sexual cuando contaba apenas catorce años. Hoy esta mujer está entregada en cuerpo y alma a la lucha contra la explotación sexual de las menores en su país y ayuda a las jóvenes a salir de esa situación como pudo hacer ella en su día. Ha creado a la ONG de Ayuda a mujeres en situaciones desfavorecidas, AFESIP y ha sido merecedora del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. A pesar de que su labor es reconocida internacionalmente, está amenazada de muerte. La esclavitud que vivimos en nuestro tiempo, no es un fenómeno individual, sino que tiene un carácter social y colectivo. La pasión por la libertad de ideas une a filósofas que están renovando los espacios de reflexión. Bajo el eslogan "Paremos el mundo para cambiarlo", cientos de sindicalistas hablan de una nueva relación del ser humano con el trabajo. Otras mujeres están accediendo a la primera línea política y trabajan por la democracia participativa. Otras lo hacen a través de la literatura, la investigación, el periodismo, la economía... Estas y otras tantas mujeres anónimas han soñado con un mundo diferente al que les ha tocado vivir y están luchando por ello. Existe una mujer que aún permanece esclava, pero también está surgiendo una nueva raza de mujeres que pueden cambiar el mundo y lo están haciendo. La lucha por la dignidad. La humanidad se encuentra en un punto sin retorno, como nunca antes había estado. La mayor parte de la riqueza del planeta se encuentra en manos de un reducido grupo de personas que con sus decisiones e intereses han puesto en marcha un sistema político y económico donde el hombre es un número más con el que comerciar. Lo mismo ha ocurrido con la biodiversidad, los ecosistemas, el aire, la tierra, hasta el agua, elementos que han acompañado al hombre desde sus orígenes, forman parte ahora de intereses privados. El grupo de excluidos aumenta de forma galopante. Pero ni el hambre, ni la explotación, ni el haber sido arrancados de la tierra, han conseguido hacer callar a un grupo cada vez más numeroso de hombres que se está levantando en diferentes lugares del mundo para luchar por algo que nadie puede quitarles: la dignidad. Más del 60% del pueblo boliviano poseedor de uno de los subsuelos más ricos del planeta, vive por debajo del umbral de pobreza. Mientras, un pequeño grupo de poderosos acapara la riqueza del país desde hace más de dos siglos. A finales del pasado año fuimos testigos de cómo el pueblo se lanzó a la calle para defender sus recursos naturales y expulsar del poder a Sánchez de Lozada y su gobierno, subordinados de EEUU. Pero esta rebelión popular coincidió -nos recuerda un grupo de intelectuales firmantes de la Declaración por la Defensa de la Humanidad (3)- con la resistencia civil y política en Haití contra el autoritarismo de Aristide; con la de Puerto Rico al exigir el desmantelamiento de la base norteamericana de Vieques; con la de Argentina y los desocupados que bloquean rutas; con la de indígenas en Ecuador, que se levantan en contra del racismo y la discriminación; con
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    la de Brasily los campesinos sin tierra; con la de México que defiende sus recursos estratégicos frente a la voracidad trasnacional; con la de Venezuela y los activistas que han emprendido la defensa de la revolución boliviana, y con la de Chile y los jóvenes que luchan contra un sofisticado modelo de exclusión social. Hoy, los grilletes son dorados. El dinero lo compra todo y las víctimas vuelven a ser las mismas: los pobres, los débiles o los que están enfrentados a los grupos de poder. Y todo esto estaba teniendo lugar a finales del pasado año. Un impresionante movimiento en cadena que ya había comenzado antes y que desde FUSION hemos denominado la voz del Pueblo Universal; una voz que está sonando y marca la diferencia cada vez más abismal entre las dos concepciones del mundo. Estas voces suenan en las calles, gritan y en sus pancartas podemos leer: ¡Juntos somos más!, ¡juntos podemos parar un país! Anteponer el dinero o el poder a la vida de las personas es declarar la guerra al ser humano y eso no están dispuestos a permitirlo, aseguran los portavoces de las organizaciones de campesinos, sindicatos e indígenas. "Creemos en el vecino -exclaman- y en la fuerza que tiene uno con otro". El Pueblo Universal está en la calle, se representa a sí mismo, y tiene un objetivo común: Recuperar la tierra, luchar por su dignidad y contra cualquier tipo de sometimiento o explotación del ser humano. Cada día son más los hombres y mujeres que desde todos los lugares del mundo, se unen con sus protestas a este movimiento. Todos han soñado con otro mundo. ∆ (1) "Formas contemporáneas de la esclavitud". Informe nº14. Naciones Unidas. (2) "El trabajo infantil: Lo intolerable en el punto de mira", de la Oficina Internacional del Trabajo. (3) Declaración "En Defensa de la Humanidad", firmada por intelectuales de todo el mundo reunidos en la ciudad de México en octubre del pasado año (Diario La Jornada, México D.F. Domingo, 26-10-03). Cuanto mayor es la 'libertad' de los mercados, mayor es la esclavitud de los pueblos y la pobreza de las naciones Los niños son mano de obra barata, no dan problemas, son fáciles de adoctrinar y tienen miedo, razón por la que también son más dóciles MUJER, OBJETO DE CONSUMO Unos cuatro millones de niñas y mujeres han sido vendidas o compradas con uno de estos tres destinos: matrimonio, prostitución o esclavitud. Lorena Pajares es vicepresidenta en España de AFESIP, asociación creada por Somaly Mam -Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional- con el objetivo de conseguir la reinserción sociolaboral de mujeres en situación precaria y más especialmente, las menores víctimas de explotación sexual. -Por nuestro país pasan cada año 500.000 mujeres que luego son obligadas a prostituirse,
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    aquí o enotros lugares. ¿Cómo se inicia este círculo vicioso? -Una de las principales razones es la demanda masculina de acceso sexual a las mujeres, aunque de eso no se habla. El hombre se siente legitimado para poder reclamar "servicios sexuales" en cualquier momento y a cualquier precio. La mujer es mercantilizada y como objeto de consumo se reclama que haya "variedad". Por esta razón cada vez hay más tráfico de mujeres de muy diferentes países, razas, edades. Sólo hace falta relacionar esto con las condiciones de vida de estas mujeres en sus países de origen, las circunstancias de pobreza, las políticas de género, la violencia... -Ahora parece que la decisión de salir de un país a buscar un futuro, es tomada en más ocasiones por la mujer que por el hombre. ¿A qué se debe el cambio? -Es una realidad complicada en la que influyen muchos factores. Uno de los principales es lo que se ha llamado feminización de la pobreza, la consecuencia sobre las mujeres de los planes de ajuste estructural, las estructuras patriarcales, los conflictos militares, la violencia doméstica, el hecho de que cada vez más mujeres sean cabeza de familia, hacen que sea la mujer la que se ve obligada a buscar otras salidas y nuevas formas de acceso a los recursos económicos. -La explotación sexual se ha sufrido en silencio y desde la marginación por parte de las víctimas; y con la mirada hacia otro lado por parte de la sociedad. Esto ocurre en Tailandia por ejemplo, pero también en nuestro país. ¿Hay diferencia para una víctima según se trate de uno u otro lugar? -No. Las consecuencias en la identidad, dignidad y autoestima de la persona no dependen del lugar en el que se encuentre. Estamos hablando de esclavitud. La esclavitud sexual es un atentado contra los derechos fundamentales tanto en Botswana como en Suecia. Por tanto, es un problema que debemos abordar desde este punto de vista, el de los derechos humanos, independientemente de las circunstancias concretas o situación geográfica de cada mujer. -Este tipo de esclavitud ¿qué valores destruye en la víctima? ¿Se pueden recuperar? -Los traumas son enormes. Los perfiles psicológicos de estas mujeres reflejan destrucción de la autoestima, estrés, falta de esperanza, desmotivación, depresión, soledad, ansiedad... La recuperación es muy complicada, requiere mucho esfuerzo y energía por su parte, pero es posible, aunque la violencia sufrida es imposible de olvidar. Hacen falta políticas contundentes que ataquen la raíz del problema, que impidan que las mujeres sean víctimas de ello y que dispongan de los medios necesarios para su eficaz reintegración. ∆ AFESIP-Spain. C/Marqués de Santa Ana, 18. Bajo. 28004-Madrid. Tfno. 91 360 46 65/ www.afesip.org El hombre se siente legitimado para poder reclamar 'servicios sexuales' en cualquier momento y a cualquier precio. La mujer es mercantilizada y como objeto de consumo se reclama que haya variedad Que en pleno siglo XXI siga existiendo esclavitud puede parecer increíble o, como mucho, pensar que se está hablando de algún país perdido en el mapa. Pero no, existe esclavitud en todas partes, allí donde no se respeten los derechos humanos, allí donde existan hombres que desprecien la dignidad humana, que se crean superiores, diferentes, mejores. La esclavitud nunca se ha erradicado, sólo ha cambiado de forma, ha mutado, para
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    adaptarse a lostiempos y para pasar desapercibida entre el ruido y las prisas. Ya no cruzan los mares barcos cargados de negros hacinados en las bodegas para ser vendidos luego como mano de obra, como criados de los terratenientes. Pero hoy cruzan en pateras para morir en la costa o para acabar siendo explotados por empresarios sin escrúpulos. Pero también se trafica con mujeres, con niños, con todo aquello que sirve para satisfacer las "necesidades" del primer mundo. Esclavos del siglo XXI que no se diferencian en nada a los de cualquier tiempo, porque las miserias humanas no conocen épocas, ni entienden de progreso. Antes la esclavitud se definía en una línea concreta de actuación. Ahora se ha diversificado e introducido en todos los niveles de la sociedad, en todos los terrenos. En el fondo se trata de explotar al prójimo, de robarle su dignidad, de utilizarle para tu provecho y para la satisfacción de los más bajos instintos. La humanidad ha cambiado de ropajes, pero ningún cambio ha podido disimular sus eternas carencias. El hombre sigue siendo el peor enemigo del hombre. ¿Hasta cuándo? Cómo el sistema ha traicionado al pueblo negro: Momentos decisivos by Bob Avakian Obrero Revolucionario #1229, 15 de febrero, 2004, posted at rwor.org Este artículo salió por primera vez en el Obrero Revolucionario No. 894, 16 de febrero de 1997. En un sentido decisivo y fundamental, este sistema le ha fallado, ha traicionado, al pueblo negro en momentos decisivos de la historia. En concreto, podemos mencionar dos momentos decisivos después de la guerra de Secesión, que abolió la esclavitud. Después de la guerra de Secesión, durante la Reconstrucción (un período corto de no más de 10 años, aproximadamente entre 1867 y 1877), el ejército federal, el ejército de la Unión, permaneció en el Sur para garantizar el cumplimiento de importantes reformas, tanto en la base económica como en la superestructura política. Hoy, en las películas de Spike Lee sale una línea de "40 acres y una mula". Eso se refiere a la promesa que les hicieron a los negros durante la guerra de Secesión de darles tierra (y los medios necesarios para trabajarla). En ese entonces, para los negros, la propiedad de la tierra era crucial, una especie de "ancla" económica para impedir que los volvieran a esclavizar o los sometieran a la servidumbre en las plantaciones del Sur. Además de las "40 acres y una mula", les prometieron otros derechos económicos y políticos. De hecho, en el breve período de la Reconstrucción, aunque no se cumplieron del todo las promesas de esos derechos, sí hubo importantes cambios y mejoras en la situación de los negros del Sur. Durante la Reconstrucción, los esclavos emancipados practicaron, aunque no plenamente, el derecho al voto, a ocupar cargos y otros derechos
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    constitucionales de losciudadanos. Incluso, algunos negros fueron elegidos a puestos altos, aunque nunca a la gobernación, de varios estados sureños. Ese proceso fue muy contradictorio. La fuerza armada del estado, o sea el ejército federal, nunca garantizó plenamente esos derechos y a menudo aplastó luchas populares en pro de esos derechos. Pero en el Sur se estaba dando una especie de renacimiento democrático- burgués, no solo en favor de las masas negras sino también de muchos blancos pobres y de la clase media. A pesar de agudas contradicciones, durante los 10 años que duró la Reconstrucción, hubo un florecimiento de reformas democrático-burguesas. No fue una revolución proletaria, pero fue algo significativo para la época. En 1877, todo eso se acabó y se traicionó. La burguesía había conseguido lo que quería: consolidar la totalidad del país; consolidar su posición económica y política en el Sur, así como en el Norte y el Oeste. Muchos de los antiguos esclavistas estaban empezando a recuperar sus plantaciones y a poner en marcha una forma de explotación básicamente feudal (o semifeudal) de millones de negros por medio del sistema de aparcería (sharecropping), una especie de servidumbre feudal impuesta por el terror judicial y extrajudicial. El capital bancario y otros sectores de capital del Norte habían penetrado en la economía sureña y estaban entrelazados con el sistema de plantaciones y otros aspectos de la economía sureña a múltiples niveles. Así que el renacimiento democrático-burgués que signó a la Reconstrucción estaba empezando a ser una amenaza para la burguesía, así como para los terratenientes sureños. Los capitalistas del Norte ya no querían seguir protegiéndolo o tolerándolo, y mucho menos permitir que cobrara fuerza o que se escapara de su control. Así que en 1877 sucedió algo dramático: el ejército federal se retiró, les quitaron a los negros los parciales logros económicos y políticos, y los sometieron de la forma más salvaje al viejo sistema de plantaciones, ahora como peones en vez de esclavos. Al ejército federal le dieron dos tareas inmediatas: una, aplastar huelgas, que en ese entonces eran esencialmente de trabajadores blancos; y dos, continuar el genocidio de los indígenas y meter a los que quedaban en los campos de concentración y pobreza que llaman "reservas". Aquí se puede ver otro ejemplo dramático de cómo la clase dominante divide para conquistar a grupos de oprimidos: uno de los ejemplos más trágicos fue la formación de los "Buffalo soldiers" (negros reclutados por el ejército para luchar contra los indígenas) justo cuando se traicionaba la Reconstrucción. Pero el punto general que quiero recalcar es que en un momento decisivo de la historia de Estados Unidos se planteó muy claramente la pregunta: ¿serían los negros "incluidos", integrados o asimilados a la sociedad en pie de igualdad? ¿Se atacaría y extirparía sistemáticamente la esclavitud y sus vestigios o no? Y la respuesta fue un tajante ¡NO! Y hay una razón objetiva para eso: la burguesía no podía hacerlo sin destripar todo su sistema. Por el contrario, volvieron a encadenar a los negros, no con cadenas de hierro sino con cadenas económicas, como deuda y otras formas de explotación económica, y con opresión y terror judicial y extrajudicial. Así que ese fue un momento decisivo en el cual el sistema le falló al pueblo negro y lo traicionó. Y todos, no solo los negros, sino todos los proletarios
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    de todas lasnacionalidades y las amplias masas populares, deben entender eso bien, aplicando la posición, el método y el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico. Los blues del aparcero y la acción afirmativa El otro momento decisivo en que el sistema le falló al pueblo negro y lo traicionó fue después de la II Guerra Mundial, durante el movimiento de derechos civiles. En ese entonces, cambios en la economía y la "geopolítica" mundial, así como cambios en la economía estadounidense, causaron un cambio dramático en la situación de millones de negros. Todo mundo sabe de la masiva migración hacia el Norte de negros durante la II Guerra Mundial y especialmente después. En los años 50 y 60, millones de negros se trasladaron de las plantaciones a los centros urbanos, especialmente del Norte, pero también del Sur. Como señalamos en La pura verdad, verdad liberadora: Cómo este sistema ha oprimido al pueblo negro, cómo se puede acabar finalmente con toda la opresión,el mismo sistema que esclavizó a los negros y que después los sometió a la aparcería y otras formas de explotación semifeudal, ese mismo sistema y su clase dominante, que se benefició de eso debido a las particularidades del modo de producción burgués, ese mismo sistema, después de la II Guerra Mundial, los expulsó de la tierra, sin consideración alguna por todo el trabajo que le habían dedicado ni todo lo que producían. Hoy se oyen canallas ataques contra la acción afirmativa, como: "No es justo, a mi hijo le fue muy bien en el examen SAT y no puede ingresar a la universidad que quería porque le dieron el puesto a un negro que sacó menos en el SAT, bla, bla, bla". Cada vez que oigo arremetidas y quejas ignorantes así, me pongo a pensar en algo que vi en la serie The Promised Land (La tierra prometida) que transmitió la cadena PBS sobre la migración de los negros de Misisipí a Chicago, y de sus experiencias tanto en el Norte como en el Sur. La serie presentó en términos históricos generales el fenómeno social del que hablo: la migración masiva de negros hacia el Norte después de la II Guerra Mundial. Se enfocó en los que fueron a Chicago desde Misisipí, y a Detroit, Cleveland, etc. También relató esa historia en términos personales. Entrevistó a varias personas que contaron cómo y por qué se fueron del Sur y qué encontraron en el Norte. Algo que contó un señor negro me impactó, especialmente en vista de las pendejadas que están fomentado contra la acción afirmativa. El señor contó cómo era el sistema de aparcería. Además de la explotación "normal" de los aparceros, para colmo los estafaban. En el sistema de aparcería, la tierra pertenecía al amo, y cada año adelantaba a los aparceros semillas para la siembra. Esencialmente todo, desde la tierra que trabajaban, pertenecía al amo, y al fin del año este hacía las cuentas. Los aparceros tenían que entregarle toda la cosecha a él, y él les devolvía una parte. En este caso se trataba de un sistema modificado, o sea que no recibían el pago "en especie" (con lo mismo que habían producido) sino en dinero. Así funcionaba la aparcería en el Sur en ese tiempo, así que se puede ver por qué no era fácil irse si uno se sentía descontento, explotado y estafado, pues estaba endeudado desde el principio, siempre estaba endeudado.
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    Bueno, no soloexistía un sistema de explotación permanente, institucionalizado y legitimado, sino que para colmo los estafaban. El amo, que además de ser dueño de todo manejaba las cuentas y era el dueño de la tienda donde los aparceros tenían que comprar lo que necesitaban, siempre los estafaba. Un año, el día de arreglar cuentas, el padre del señor que contaba la historia fue a reclamar su dinero por todo el año de trabajo. Pero el amo lo estafó: subió el precio de todo, de los suministros, la comida y la ropa que la familia tenía que comprarle. Y el amo le dijo: "Aquí está lo que te debo". Una miserable cantidad. Además de explotado, estafado. Pero eso no fue todo. El amo le dijo: "Sí, eso es lo que te debo, pero no te puedo pagar este año porque lo necesito para pagar la matrícula de mi hijo en la universidad". ¡Qué es eso si no acción afirmativa para la supremacía blanca! Y el aparcero, además de estafado, engañado y explotado, dijo: "Me está diciendo que después de tanto trabajo para dar de comer a mis hijos, darles calzado, no me va a pagar ni eso por lo que trabajé tanto, porque lo necesita para pagar la matrícula de su hijo". Así que no quiero oír más pendejadas de que la acción afirmativa es una ventaja injusta para los oprimidos. Traición en la tierra prometida Volvamos al movimiento de los derechos civiles, que empezó en los años 50 y continuó durante los 60. Ese fue otro momento decisivo. Después de la esclavitud vino la Reconstrucción y eso fue traicionado: se instituyó el sistema de aparcería, acompañado del surgimiento del KKK y todo ese terror. Pero en los años 1950 y 1960, algo nuevo se puso sobre el tapete: la cuestión de verdadera igualdad y derechos iguales para todos, la abolición del sistema racista conocido como Jim Crow y de toda esa discriminación. Esa fue la demanda que se hizo, eso fue lo que se puso sobre el tapete. ¿Y qué pasó? Bueno, se abolieron ciertos aspectos del sistema Jim Crow y la segregación legal, ciertos principios de "apartheid" que negaban a los negros por ley la igualdad formal; por ejemplo, que en una corte la palabra de un negro no valía lo mismo que la de un blanco. ¿Pero se logró siquiera acercarse a la plena igualdad, dio el sistema a los negros igualdad? ¡NO! A pesar de la tremenda y heroica lucha y sacrificio de las masas negras (y de otros que las apoyaban), la respuesta es ¡NO! El sistema que por siglos los encadenó a las plantaciones sureñas, ahora los echaba de las plantaciones como consecuencia de los cambios operados en la economía sureña y del país, así como de la economía y geopolítica mundial. Para ese sistema, la mano de obra negra en las plantaciones había dejado de ser necesaria, se había vuelto superflua. Así que millones de negros se fueron a las ciudades, donde vivieron segregados y superexplotados en los sectores inferiores del proletariado.
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    Otra dimensión deesa situación la expuso poderosamente Carl Dix en una charla en que contó de cuando trabajó en una acería de Baltimore. Tan pronto llegó, lo pusieron a trabajar en el peor oficio, en la fundición, donde trabajaban los demás negros. Contó que una vez estaba hablando con un obrero negro mayor (¡y esta es otra historia que arroja luz sobre la acción afirmativa y la tal "discriminación a la inversa"!) y le contó que tenía 25 años trabajando en el mismo departamento, donde se hace el trabajo más pesado, el que menos paga y ofrece menos seguridad, a pesar de que llevaba 25 años trabajando ahí. Le contó que él adiestraba a todos los blancos que llegaban y que cuando sabían el oficio los ascendían, pero él nunca salió de ese departamento infernal. ¡¿Qué es eso si no acción afirmativa para la supremacía blanca?! Repito, no quiero oír más ataques reaccionarios contra la acción afirmativa porque estamos lejísimos de la igualdad, ni de que los oprimidos tengan ventajas injustas; hágame el favor. ***** De hecho, como dice La pura verdad, verdad liberadora,la discriminación no está operando "a la inversa"; sigue operando de la misma manera que siempre ha operado a lo largo de la historia de Estados Unidos, sigue promoviendo la supremacía blanca y el machismo. En términos históricos, aquí tenemos dos importantes momentos decisivos (después de la guerra de Secesión y después de la II Guerra Mundial, o sea, la Reconstrucción y el movimiento de derechos civiles) en los que se planteó claramente la pregunta: ¿dará el sistema derechos iguales a todos? Y la respuesta del sistema fue: ¡NO! No se trata simplemente de que la clase dominante no quisiera hacerlo, sino de que no podía hacerlo. No podía hacerlo porque hubiera tenido que desmantelar todo su sistema, y minar su base económica y superestructura.