La crisis de Grecia ha generado incertidumbre en la Eurozona, provocando un aumento en las primas de riesgo y un desplome en las bolsas europeas. La posible salida de Grecia del euro podría conllevar consecuencias graves, como quiebras bancarias y una nueva divisa devaluada, aunque a largo plazo podría dar lugar a una mayor competitividad. Los inversores internacionales están perdiendo confianza en la renta fija europea, trasladando su capital a bonos estadounidenses y suizos.