El duelo de padres por la muerte de un hijo implica manifestaciones físicas, emocionales, cognitivas, conductuales, sociales y espirituales. Este proceso es complejo, con reacciones variadas y puede ser intensificado por la idea de que la muerte de un hijo es un tabú. Se sugieren tareas para adaptar a la pérdida, como aceptar la realidad, trabajar las emociones y recolocar emocionalmente al fallecido, al mismo tiempo que se destaca la importancia del apoyo mutuo en la pareja y la adecuada intervención con los hermanos sobrevivientes.