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Primer artículo:
LA REPITENCIA Y LOS FRACASOS ESCOLARES ACENTUADOS
EN LOS DOS PRIMEROS AÑOS DE LA EDUCACIÓN
SECUNDARIA

            Reflexionar sobre el tema de la deserción y el fracaso
     escolar es un compromiso de toda la sociedad. Este artículo
     se complementará con otros, en próximas ediciones, porque
     para abordar la complejidad del fenómeno hay que tener en
     cuenta múltiples variantes.
       En los últimos años, nos viene sacudiendo a la ciudad de
Gualeguaychú, al igual que al resto de la Argentina, la problemática de los
fracasos escolares y la repitencia. Cuando abordamos este tema tendemos a
hacerlo siempre desde un espacio reduccionista, en el que centramos la
mirada acusadora en el alumno y en su familia, y no ahondamos en las
múltiples variantes y en la complejidad de este fenómeno.
       En el discurso habitual instalado en la sociedad es común escuchar:
“los alumnos cada vez saben menos”, “los padres se desentienden de la
educación de sus hijos”, “en la escuela no hay autoridad”, “los edificios se
vienen abajo”. “los docentes ya no tienen vocación”, “la escuela ya no es lo
que era”. Son frases que hacen énfasis en el grado de deterioro, definiendo
así el Apocalipsis del Sistema Escolar. Podríamos decir que hay un
consenso general centrado en la valorización del pasado en desmedro del
presente; que nos lleva a querer aferrarnos a una escuela que sirvió en otra
época, pero que no se adecua a la realidad actual y que ya ha mostrado sus
límites.
       Estos análisis, aunque apuntan sumisamente hacia otras causas,
siempre terminan basando la dificultad en el “desinterés” y en la
“culpabilización” de los jóvenes por no poseer lo que la escuela no logra
generar en ellos.
       No debemos olvidar que la escuela secundaria nació como educación
para unos pocos, contrariamente de la educación primaria que fue pensada
para alcanzar a toda la población (aunque no se dio totalmente en la
realidad) que, con una pretensión de igualdad, se la declaró gratuita y
obligatoria.
       La escuela media fue creciendo paulatinamente en matrícula, en un
proceso de democratización de la enseñanza, alcanzando a una mayor
cantidad de jóvenes. Pero ahora está en vigencia la nueva Ley Nacional de
Educación que la declaró obligatoria hasta su último año (aún cuando no se
ha logrado cumplir con los diez años de obligatoriedad establecidos con la
Ley Federal de Educación). Lo que plantea desafíos y responsabilidades de
todos los actores sociales: desde el Estado hasta los alumnos, pasando por
los padres, los docentes y la sociedad en general. Lo cierto es que ya no
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podrá ser lo mismo que antes: una escuela seleccionadora donde sólo
entraban y salían los “mejores”, o donde entraban muchos y terminaban
pocos.
       Hoy todos tienen que entrar, transitar y terminar el colegio
secundario, ya no sólo como decisión propia o familiar, sino porque hay
una Ley que así lo establece. Por lo tanto es indudable que hay que darle
otro sentido. Hay que generar las condiciones que hagan efectivo el
cumplimiento de dicha obligatoriedad, lo que no significa caer en facilismo
o demagogia juvenil.      Sabemos que existen una distancia creciente entre
escuela y el mundo de la vida (Husserl), entre cultura adolescente y cultura
escolar y que generalmente esto se manifiesta en las aulas como
“desinterés” y “apatía” por la currícula escolar, además de poca disposición
para el estudio y el esfuerzo. No podemos decir que los jóvenes ya no se
interesan por el conocimiento, pues como explicaríamos entonces, su gran
plasticidad en el aprendizaje de las nuevas tecnologías, donde los adultos
necesitamos recurrir a ellos para poder acceder a su uso.
       Es necesario poner en tela de juicio los conocimientos enseñados, los
métodos, las prácticas de enseñanza y los formatos escolares. Hay que tener
en cuenta que los cambios en educación no se condicen con los cambios
operados en la sociedad.
       Es más, las transformaciones que, en las últimas décadas, se han
intentado, han acentuado la rigidez del modelo tradicional, por lo que han
hecho cada vez más evidente la crisis del nivel medio.
       Como dijimos al comienzo, la problemática de la repitencia y del
abandono tiene múltiples factores: económicos, familiares, sociales,
pedagógicos, pero las condiciones de aprendizajes con que se encuentran
los alumnos son fundamentales para evitar el fracaso y la deserción.
       Los cambios no deben basarse en una visión nostálgica de la escuela
que ya no tenemos. La crisis debe ser la ocasión de pensar otra escuela, una
escuela nueva, acorde a los tiempos en que vivimos.


 CONTENIDOS DEL SIGLO XIX, DOCENTES DEL SIGLO XX Y
ALUMNOS DEL SIGLO XXI
      Angel Riviere –Psicólogo madrileño contemporáneo- al analizar las
demandas de la escuela actual, se pregunta con gran ironía ¿por qué
fracasan tan pocos niños? en un ámbito donde el aprendiz debe desvincular
gran parte de su pensamiento de los propósitos e intenciones humanas y
para colmo, donde debe parecer interesado y competente.
      La enseñanza se ha caracterizado como una práctica verbalista,
expositiva, que recurre a la memorización y centrada principalmente en el
saber lógico-formal. Esta priorización que ha hecho la escuela de ciertos
contenidos teóricos descarta no sólo los saberes prácticos de los alumnos
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relacionados a sus estrategias de vida, sino también aquellos saberes
significativos que enmarcan y dan sentido a su identidad; y a su vez
desjerarquiza a ciertas disciplinas que están más vinculadas a los intereses
de los chicos, como la Educación Física, el Arte, las Tecnologías.
       Los cambios sociales se desarrollan de manera vertiginosa y la
escuela debe acompañarlos, dando espacio para la reflexión pedagógica
ante los nuevos sentidos que adquiere la problemática del cambio.
       La demanda social es otra y por más que nos neguemos la realidad
de los gestos escolares que conservan su apariencia son representados por
actores posmodernos.
       La organización de la escuela en tanto institución no ha cambiado
demasiado pese a la irrupción de nuevos sujetos, asumiendo una estrategia
defensiva de resistencia orientada al pasado.
       Estamos en período de emergencia de nuevas subjetividades, nuevas
formas de producción y circulación de saberes. Por lo que debemos
comenzar por analizar lo que tenemos, dejando la mirada represiva que
percibe solo los vacíos.
       Permitir diferentes enfoques en el abordaje a una misma temática
puede mostrar que todos tenemos derecho a ser parte de eso común que
transmite la escuela. En este intento de ser inclusivos y no expulsar, no se
trata sólo de que la escuela sea ni más fácil, ni más permisiva, ni más
exigente, ni más parecida a otros ámbitos, sino más justa.
       La sociedad es profundamente desigual y ante esta incongruencia la
propuesta y el hacer educativo debe motivar la participación de todos a
través de distintas propuestas extracurriculares que exigen más
profundidad. Esto se logra generando un buen clima de trabajo donde no
solo fluya la información, sino donde además se adquieran nuevas
herramientas y destrezas según las diferentes capacidades e intereses de los
chicos.
       También aparecen problemas totalmente novedosos, para los cuales
los adultos no pueden usar las soluciones o los métodos que sus padres
utilizaron con ellos. Esta aceleración de la historia, con nuevas tecnologías
requiere inventar soluciones.
       Estamos ante el fenómeno contemporáneo donde la publicidad
reduce al individuo a la condición de consumidor, siendo el motor de la
sociedad la pulsión inmediata de compra y de la satisfacción de otras
necesidades banales. Para contrarrestar esta realidad es necesario dejar
surgir el sujeto capaz de dotarse de proyectos, capaz de hacer elecciones y
darse prioridades.
       Pero para provocar estos cambios, en necesario entrar en relación
con nuestros chicos, dejando de lado la propia identidad y así poder
escuchar otra cosa en una constante de aceptación por la alteridad.
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       Para nuestros alumnos la relación con el otro les da miedo. Miedo
que se camufla a veces con la violencia y se acrecienta con la inmediatez,
no tomándose el tiempo de reflexión para examinar las consecuencias.
       Por lo tanto la escuela no debe tratar de que sus alumnos renuncien a
sus deseos, sino que los examinen y los pasen por el tamiz de la conciencia.
       La escuela fue pensada para transformar y renovar al mundo, pero
hoy no existen los límites posibles para marcar el adentro y el afuera.
       Tampoco somos poseedores del momento básico y revolucionario
donde todo comienza y se completa como diría Foucault, sino que
debemos asumirlo como una instancia que demanda nuestro análisis,
animándonos a ver qué hay de nuevo para producir nuevas pedagogías
acordes a este tiempo.
       Un único orden posible para encauzar la infancia y la adolescencia se
transforma en un gran obstáculo educativo. Habrá que realizar un gran
esfuerzo de invención para este nuevo siglo. Tal vez habrá que darles a los
alumnos el status de sujeto de derechos, con quienes es posible convenir
propuestas, propulsar proyectos y discutir alternativas.
       En este contexto social y espiritual que se plantean diversos desafíos
a la escuela y a la educación, compartimos el interrogante del pedagogo
chileno Domingo Bazán Campos: “¿cómo hacernos cargo del desafío de
vivir en una escuela que opera con códigos premodernos, que atiende
estudiantes posmodernos y que obedece a políticas públicas
modernizadoras?

BIBLIOGRAFÍA:
• Bazán Campos, Domingo. (2008) “El oficio del pedagogo”. Aportes
  para la construcción de una práctica reflexiva en la escuela. Edit. Homos
  Sapiens. Rosario.
• Dussel, Inés, Southwell, Myriam. (2007) “La escuela: entre cambio y
  tradición”. en revista “El monitor de la educación”. Año 5, Nº 14.
  Ministerio de Educación de la Nación, Bs. As.
• Marquez, M. (2001) “Educar para el cambio” en revista “El monitor de
  la educación”. Año 2 , Nº 3. Ministerio de Educación de la Nación, Bs.
  As.
• Meirieu, P ( 2005) “La opción de educar. Ética y pedagogía”. España.
• Moreneo Carlés y Pozo Juan Ignacio. “¿En qué siglo vive la escuela”.
  Cuadernos de pedagogía Nº 298. 2001
• Riviere Ángel. “¿Por qué fracasan tan poco los niños?”. Madrid. 2003.
• Santos Guerra, M. (2008) “Enseñar o el oficio de aprender”, en
  Séptimo Congreso Internacional de Santillana. Bs. As.

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Segundo artículo:
LA REPITENCIA Y LOS FRACASOS EN LAS ESCUELAS:
       “Educar no es solo una forma de ganarse la vida; es, sobre todo, una
                                        forma de ganar la vida de los otros”.
       En el artículo anterior nos referimos a la escuela como una
institución difícil de mover y modificar, que no se condice con los cambios
efectuados en la sociedad; y que además hay una mirada nostálgica de lo
que “la escuela fue y ya no es”, que lleva a resistir todo lo nuevo.
       Seríamos injustos si no reconociéramos que hay cosas que han
cambiado en la educación. Por ejemplo tendríamos que recordar los
castigos escolares, que nuestros padres y abuelos no podían ir a la escuela,
o que sólo lo hacían hasta segundo grado, que en los contenidos históricos
no se reconocían a los pueblos originarios, etc. Tampoco la escuela media
de hoy es solo el viejo modelo del Colegio Nacional o Escuelas
Industriales, se han desarrollado diferentes variantes de bachilleratos. Sin
embargo todas estas diversas maneras de organización comparten el mismo
diagnóstico: un nivel en crisis. Si bien se han dado cambios, ninguno ha
sido realmente sustancial como para lograr poner en sintonía a la escuela
con las transformaciones que se dan fuera de ella.
       Debemos generar los cambios necesarios si queremos construir una
escuela capaz de formar sujetos para el siglo XXI. La sociedad cambia, los
alumnos cambian ¿puede la escuela seguir anclada en el siglo XIX? ¿No
será necesaria una lectura del mundo actual y de la vida que en él
despliegan niños y jóvenes?
       Si decimos que enseñar es hacer un lugar en el mundo para las
nuevas generaciones, debemos partir de la idea de que las generaciones no
se reproducen idénticamente, como tampoco ninguna persona es idéntica a
otra.

TODAS LAS PERSONAS SOMOS DIFERENTES
      “Lo particular de cada sujeto es un enigma para la educación,
incluso para el mismo sujeto” Violeta Núñez (Barcelona-2007)
      Somos diversos. Somos únicos e irrepetibles. Podemos ser parecidos,
muy parecidos, pero nunca iguales. Es una verdad repetida hasta el
cansancio, pero a la hora de educar esas diferencias parecen borrarse y
pretendemos que todos los alumnos aprendan de la misma manera, las
mismas cosas, al mismo tiempo y en todas las áreas. Nos olvidamos que
cada uno tiene formas particulares de relacionarse y de conocer el mundo.
      Lo diverso no es la excepción de algunas personas. La diversidad es
lo natural, nos abarca a todos, es lo universal. En la escuela no se trata de
“soportar” o “tolerar” lo diverso, sino de convivir de manera natural. Para
no discriminar, hay que diferenciar.
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       Cuando las diferencias entre los alumnos son aceptadas,
aprovechadas, utilizadas y hasta disfrutadas, las experiencias escolares se
enriquecen y permiten desarrollar al máximo sus potencialidades. Hay que
tener en cuenta que la decisión de aceptar o no la diversidad pasa por la
institución, por la apertura de todos sus miembros. Porque la inclusión tiene
que ver con lo ideológico y con una actitud frente a la vida y a las
posibilidades que le brindamos al otro. El discurso de la diversidad es el
discurso de la existencia del otro, es el que considera la posibilidad de
aprender del otro, es una postura ética.
       Es así, que cada escuela tendrá que pensarse a sí misma y reflexionar
sobre sus prácticas educativas. Comenzar a sospechar que sucede si los
alumnos parecen no transitar con felicidad la escolaridad. Como dice
Miguel Santos Guerra: “hay que dar respuestas a los problemas que
plantean los alumnos y alumnas que se visto forzados a seguir la
escolaridad aunque sea entendida por ellos como una prolongación inútil de
la tortura”.
       Hay un principio de educabilidad (entiéndase como capacidad y
posibilidad del hombre de ser educado) que dice: “todos somos educables,
pero no en la misma medida”, esto alude a lo diverso, por lo que los
desafíos de la educabilidad deben buscarse en los efectos de las prácticas
educativas. Dicho de otra manera, la educabilidad se define en la relación
educativa y no en la naturaleza del alumno (R. Baquero. 2001).
       La educabilidad se rompe cuando se piensa que los alumnos no
pueden aprender y que el docente no puede ayudarlo a conseguirlo. El
desafío está en no pensar que un alumno no puede, o como diría el
pedagogo italiano Francesco Tonucci “un docente no puede decir el
alumno no me sigue, porque ¿quién debe seguir a quién?”. En otras
palabras, la cuestión está en adecuar la escuela al alumno y no el alumno a
la escuela. Porque los cambios se pueden dar de abajo hacia arriba; si nos
quedamos esperando que nos lleguen grandes soluciones, seguro que nada
va a suceder y que todo seguirá como era entonces…
       Generalmente se suele hablar de calidad de enseñanza, pero
difícilmente se habla de calidad de aprendizajes. No toda enseñanza
provoca simultáneamente el aprendizaje. En el proceso que nos lleva a
adquirir nuevos saberes intervienen infinitas circunstancias, como el
interés, las necesidades, la motivación, la atención, el ambiente, el modo
comunicativo, etc. que a veces provocan el aprendizaje y otras no.
       Implícitamente se dice que cuando un aprendizaje no se ha producido
es pura y exclusivamente responsabilidad del alumno dejando al margen
otras explicaciones que pueden ser los contenidos poco atractivos, los
métodos desmotivadotes, la enseñanza memorística y fragmentada, y el
clima y las organizaciones dentro de la institución. Cuando el problema de
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aprendizaje se centra en el alumno, la escuela queda excluida de
responsabilidades.
       Por otra parte, no se tienen en cuenta el avance vertiginoso de los
conocimientos científicos y la lentitud en la transformación de los
contenidos escolares, que provoca que gran parte de las informaciones
transmitidas sean obsoletas; podríamos decir que muchos de los
conocimientos transmitidos en la escuela sólo tienen vigencia dentro de
ella. De esta manera, los alumnos, en el mejor de los casos, sólo estudian
para aprobar exámenes, que le permitirán acceder a nuevos exámenes.
       Afuera existe otra realidad en la que un conjunto de procesos
naturales, tecnológicos y sociales llaman poderosamente la atención de
niños y jóvenes (Profesor Máximo Chaparro, 2006).
       La escuela no puede permanecer aislada de la sociedad en la que se
encuentra inmersa. No puede ignorar la situación que se está viviendo, la
dirección que lleva la sociedad, las consignas que transmite. La escuela ha
de brindar herramientas para analizar lo que esta sucediendo y, además,
generar compromiso para mejorarlo.

Bibliografía:
• Azzerboni, D. (2008) “Potenciar la diversidad”, en Tercer Encuentro
   Pedagógico de Tinta Fresca. Bs. As.
• Baquero, R. (2001), “La educabilidad bajo sospecha”, en cuaderno de
   Pedagogía. Rosario, Año IV, Nº 9; 71-85. Rosario.
• Baquero, R. (2008), “Dejar de sospechar”, en Tercer Encuentro
   Pedagógico de Tinta Fresca. Bs. As.
• Bazán Campos, Domingo. (2008) “El oficio del pedagogo”. Aportes
   para la construcción de una práctica reflexiva en la escuela. Edit. Homos
   Sapiens. Rosario.
• Boggino Roberto, De la Vega Eduardo. “Diversidad, aprendizaje e
   integración en contextos escolares”. Edit. Homo Sapiens. Santa Fe.
   2007.
• Chaparro Máximo. Epistemología de la Educación. Editorial de los
   Cuatro Vientos. Bs. As. 2006.
• Diker, Gabriela, Frigeiro, Graciela. “Educar ese acto político”. Los
   sentidos del cambio en la educación. Edit. El Estante. Bs. As. 2005.
• Moreneo Carlés y Pozo Juan Ignacio. “¿En qué siglo vive la escuela”.
   Cuadernos de pedagogñía Nº 298. 2001
• Núñez, Violeta.(2007) La Educación en tiempos de incertidumbre.
   Infancias, adolescencias y educación. Una aproximación de la
   Psicología Social”. Barcelona.
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Tercer artículo:
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SOBRE LA REPITENCIA Y LOS FRACASOS ESCOLARES.
LAS ESTADÍSTICAS HABLAN, ESCUCHÉMOSLAS:
       “La escuela existe para que los alumnos aprendan” (Psicólogo
Norberto Boggino-2009).
       ¡Qué obviedad parece esta afirmación! ¿Pero es realmente así?
       Si tratamos el tema de los fracasos escolares, no podemos dejar de
lado las estadísticas de repitencia y deserción que en los últimos años son
realmente preocupantes y nos obliga a preguntarnos: ¿qué suscita en los
alumnos tantas dificultades para cumplir con la escolaridad que el Estado
define como indispensable para el pleno ejercicio de la ciudadanía?, ¿qué
sucede con las relaciones de niños/adolescentes con las propuestas
escolares?, ¿qué le está ofreciendo la escuela?, ¿qué oportunidades se
generaron?, ¿a través de qué estrategias?, ¿qué representaciones tenemos
los adultos sobre las posibilidades de los alumnos? y a partir de esto
generar lo que se debe cambiar.
       Porque es indudable que algo hay que cambiar y si no ponemos en
tela de juicio las prácticas educativas, si las razones de los fracasos
escolares se buscan sólo fuera de la institución, difícilmente
vislumbraremos estadísticas más favorables en los próximos años.
       Si bien los números nos permiten representar cuántos niños-jóvenes
encuentran dificultades para cumplir con la escolarización, también nos
invita a indagar quiénes son para que desde su conocimiento volver a
diseñar nuevas alternativas; porque hasta el momento quien repite de año,
vuelve a cursarlo de la misma manera que el año anterior, como si fuera
una medicina que hay que tomar varias veces para que tenga efecto.
       Del análisis del Sistema Educativo se desprende la necesidad de una
nueva mirada sobre todo el recorrido que se define como obligatorio. Sobre
todo de la educación media, que es donde más se acentúa la crisis, para que
este mandato que llega hasta el tercer año del ciclo orientado se pueda
cumplir, exigirá la intervención sistemática para generar mejores
condiciones de acceso, permanencia y egreso con aprendizajes
satisfactorios.
       La idea de cambio aquí planteada está asociada a la lógica de la
transformación social, a la búsqueda de nuevos sentidos para la
convivencia humana; propósito que aspira a la dignificación de la persona.

ESCUELA SECUNDARIA: UNA MATERIA PENDIENTE:
     “Con la secundaria obligatoria, habrá millones a los que deberíamos
    ofrecerle la chance de terminar sus estudios” (Ministro de Educación:
                                                    Juan Carlos Tedesco)
      Es necesario una secundaria más vinculada al contacto personal con
el alumno a través de tutorías y con planificación de acciones de
seguimiento del alumnado. Con profesores de tiempo completo y más
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relacionados con la Institución que no sólo dicten su materia sino que
puedan orientar y contener a los adolescentes. Para esto habrá que
asegurarle al profesor buenas condiciones de trabajo, una excelente
formación, tanto disciplinar como pedagógica, con desarrollo permanente a
través del trabajo cooperativo institucional y posibilidades de hacer
carrera, pero por sobre todo renovar las esperanzas ante los nuevos
desafíos. “…la verdadera educación se da sólo persona a persona, cuando
el educador tiene enfrente a alguien que le importa como persona, que no
es sólo un apéndice de otras cosas… el eje es siempre el individuo, la
relación personal”. (Graciela Montes, 2006).
       Además se precisan Instituciones adecuadas, en cuanto a
infraestructura y equipamiento, pero también en organización y dinámica
de aprendizaje, en donde la buena enseñanza no se produzca por
voluntariado de un/a profesor/a, sino como política institucional.
       Hoy enseñar es más difícil que antes: las disciplinas resultan más
complejas, la diversidad es mayor, la autoridad está desvalorizada y las
dificultades sociales son incontables. Los docentes normalistas del siglo
XIX y principios del XX tenían bien en claro que ellos eran pilares en la
construcción de la Nación. Es deseable que el docente del siglo XXI sea
consciente que es parte en la construcción de una Nación justa y de
inclusión. Un docente comprometido con este ideal no es que se tenga que
hacer responsable de si el alumno tiene para comer o si su familia tiene
empleo, pero si se tendrá que hacer responsable si el alumno tiene
problemas en matemáticas, ciencias, etc. debe ayudar a que los chicos
aprendan y no desentenderse de los fracasos en la escuela.
       También es necesario revisar las formas de enseñanza, de nada sirve
memorizar y repetir. El estudiante del siglo XXI debe recibir las
herramientas para entender mejor la compleja realidad que lo rodea.
        La nueva Ley Nacional nos debe movilizar para empezar a revertir
la situación que padece nuestra educación y que parecía que estaba
condenada a un eterno retroceso. Hoy tenemos un horizonte que es la
búsqueda de la igualdad de oportunidades y la justicia social. Hay buenas
razones para la esperanza.
        Se debe terminar con la triste frase: “alumnos eran los de antes”.
Alumnos también son los de hoy, que esperan que los adultos los ayuden a
apropiarse del mundo,
       Las nuevas Leyes Educativas nos abren puertas al futuro. Los
jóvenes necesitan que les demos la posibilidad de pasar el umbral, no
seamos los adultos los que les cerremos los caminos poniéndoles piedras.
Ellos necesitan docentes comprometidos con sus necesidades, que asuman
el desafío de educarlos, que los respeten y le demuestren que se les tienen
confianza. Necesitan adultos capaces de contenerlos y estimularlos.
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        De nada servirán las nuevas leyes y políticas educativas si no se
hacen presentes en las aulas, y la única manera de llegar a los alumnos es a
través de sus docentes.
       Se han establecido nuevas bases y puntos de partida. Estamos frente
a una gran oportunidad de cambio, aprovecharla requiere constancia y
esfuerzo.
       La escuela no puede desentenderse de los fracasos de sus alumnos
buscando las causas fuera de sus paredes, sino que debe crear las
estrategias de contención y redefinir la política institucional para dar las
respuestas que los jóvenes necesitan. Lo que va a permitir la inclusión en la
escuela son las condiciones que esta ofrezca y no los atributos personales
de sus alumnos.
       Hay un gran desafío: que los niños y jóvenes estén “incluidos” en las
escuelas y que en ellas reciban educación de calidad.


Bibliografía:
• Baquero, R. (2001), “La educabilidad bajo sospecha”, en cuaderno de
   Pedagogía. Rosario, Año IV, Nº 9; 71-85. Rosario.
• Baquero, R. (2008), “Dejar de sospechar”, en Tercer Encuentro
   Pedagógico de Tinta Fresca. Bs. As.
• Boggino Roberto, De la Vega Eduardo. “Diversidad, aprendizaje e
   integración en contextos escolares”. Edit. Homo Sapiens. Santa Fe.
   2007.
• Llorente, J. (2001) “Educación de jóvenes y adultos” en revista “El
   monitor de la educación” Año 2, Nº 3. Ministerio de Educación de la
   Nación, Bs. As.
• Montes, Graciela. (2006) “La verdadera educación se da solo de
   persona a persona”. en Revista “El monitor de la educación” Año 5, Nº
   8. Ministerio de Educación de la Nación, Bs. As.
• Santos Guerra, M. (2008) “Enseñar o el oficio de aprender”, en
   Séptimo Congreso Internacional de Santillana. Bs. As.
• Tedesco, Juan Carlos. (2008) “La Escuela Secundaria Obligatoria” en
   Revista “El monitor de la educación” Año 5, Nº 19. Ministerio de
   Educación de la Nación, Bs. As.

Articulos Sobre Repitencia Escolar[1]

  • 1.
    1 Primer artículo: LA REPITENCIAY LOS FRACASOS ESCOLARES ACENTUADOS EN LOS DOS PRIMEROS AÑOS DE LA EDUCACIÓN SECUNDARIA Reflexionar sobre el tema de la deserción y el fracaso escolar es un compromiso de toda la sociedad. Este artículo se complementará con otros, en próximas ediciones, porque para abordar la complejidad del fenómeno hay que tener en cuenta múltiples variantes. En los últimos años, nos viene sacudiendo a la ciudad de Gualeguaychú, al igual que al resto de la Argentina, la problemática de los fracasos escolares y la repitencia. Cuando abordamos este tema tendemos a hacerlo siempre desde un espacio reduccionista, en el que centramos la mirada acusadora en el alumno y en su familia, y no ahondamos en las múltiples variantes y en la complejidad de este fenómeno. En el discurso habitual instalado en la sociedad es común escuchar: “los alumnos cada vez saben menos”, “los padres se desentienden de la educación de sus hijos”, “en la escuela no hay autoridad”, “los edificios se vienen abajo”. “los docentes ya no tienen vocación”, “la escuela ya no es lo que era”. Son frases que hacen énfasis en el grado de deterioro, definiendo así el Apocalipsis del Sistema Escolar. Podríamos decir que hay un consenso general centrado en la valorización del pasado en desmedro del presente; que nos lleva a querer aferrarnos a una escuela que sirvió en otra época, pero que no se adecua a la realidad actual y que ya ha mostrado sus límites. Estos análisis, aunque apuntan sumisamente hacia otras causas, siempre terminan basando la dificultad en el “desinterés” y en la “culpabilización” de los jóvenes por no poseer lo que la escuela no logra generar en ellos. No debemos olvidar que la escuela secundaria nació como educación para unos pocos, contrariamente de la educación primaria que fue pensada para alcanzar a toda la población (aunque no se dio totalmente en la realidad) que, con una pretensión de igualdad, se la declaró gratuita y obligatoria. La escuela media fue creciendo paulatinamente en matrícula, en un proceso de democratización de la enseñanza, alcanzando a una mayor cantidad de jóvenes. Pero ahora está en vigencia la nueva Ley Nacional de Educación que la declaró obligatoria hasta su último año (aún cuando no se ha logrado cumplir con los diez años de obligatoriedad establecidos con la Ley Federal de Educación). Lo que plantea desafíos y responsabilidades de todos los actores sociales: desde el Estado hasta los alumnos, pasando por los padres, los docentes y la sociedad en general. Lo cierto es que ya no
  • 2.
    2 podrá ser lomismo que antes: una escuela seleccionadora donde sólo entraban y salían los “mejores”, o donde entraban muchos y terminaban pocos. Hoy todos tienen que entrar, transitar y terminar el colegio secundario, ya no sólo como decisión propia o familiar, sino porque hay una Ley que así lo establece. Por lo tanto es indudable que hay que darle otro sentido. Hay que generar las condiciones que hagan efectivo el cumplimiento de dicha obligatoriedad, lo que no significa caer en facilismo o demagogia juvenil. Sabemos que existen una distancia creciente entre escuela y el mundo de la vida (Husserl), entre cultura adolescente y cultura escolar y que generalmente esto se manifiesta en las aulas como “desinterés” y “apatía” por la currícula escolar, además de poca disposición para el estudio y el esfuerzo. No podemos decir que los jóvenes ya no se interesan por el conocimiento, pues como explicaríamos entonces, su gran plasticidad en el aprendizaje de las nuevas tecnologías, donde los adultos necesitamos recurrir a ellos para poder acceder a su uso. Es necesario poner en tela de juicio los conocimientos enseñados, los métodos, las prácticas de enseñanza y los formatos escolares. Hay que tener en cuenta que los cambios en educación no se condicen con los cambios operados en la sociedad. Es más, las transformaciones que, en las últimas décadas, se han intentado, han acentuado la rigidez del modelo tradicional, por lo que han hecho cada vez más evidente la crisis del nivel medio. Como dijimos al comienzo, la problemática de la repitencia y del abandono tiene múltiples factores: económicos, familiares, sociales, pedagógicos, pero las condiciones de aprendizajes con que se encuentran los alumnos son fundamentales para evitar el fracaso y la deserción. Los cambios no deben basarse en una visión nostálgica de la escuela que ya no tenemos. La crisis debe ser la ocasión de pensar otra escuela, una escuela nueva, acorde a los tiempos en que vivimos. CONTENIDOS DEL SIGLO XIX, DOCENTES DEL SIGLO XX Y ALUMNOS DEL SIGLO XXI Angel Riviere –Psicólogo madrileño contemporáneo- al analizar las demandas de la escuela actual, se pregunta con gran ironía ¿por qué fracasan tan pocos niños? en un ámbito donde el aprendiz debe desvincular gran parte de su pensamiento de los propósitos e intenciones humanas y para colmo, donde debe parecer interesado y competente. La enseñanza se ha caracterizado como una práctica verbalista, expositiva, que recurre a la memorización y centrada principalmente en el saber lógico-formal. Esta priorización que ha hecho la escuela de ciertos contenidos teóricos descarta no sólo los saberes prácticos de los alumnos
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    3 relacionados a susestrategias de vida, sino también aquellos saberes significativos que enmarcan y dan sentido a su identidad; y a su vez desjerarquiza a ciertas disciplinas que están más vinculadas a los intereses de los chicos, como la Educación Física, el Arte, las Tecnologías. Los cambios sociales se desarrollan de manera vertiginosa y la escuela debe acompañarlos, dando espacio para la reflexión pedagógica ante los nuevos sentidos que adquiere la problemática del cambio. La demanda social es otra y por más que nos neguemos la realidad de los gestos escolares que conservan su apariencia son representados por actores posmodernos. La organización de la escuela en tanto institución no ha cambiado demasiado pese a la irrupción de nuevos sujetos, asumiendo una estrategia defensiva de resistencia orientada al pasado. Estamos en período de emergencia de nuevas subjetividades, nuevas formas de producción y circulación de saberes. Por lo que debemos comenzar por analizar lo que tenemos, dejando la mirada represiva que percibe solo los vacíos. Permitir diferentes enfoques en el abordaje a una misma temática puede mostrar que todos tenemos derecho a ser parte de eso común que transmite la escuela. En este intento de ser inclusivos y no expulsar, no se trata sólo de que la escuela sea ni más fácil, ni más permisiva, ni más exigente, ni más parecida a otros ámbitos, sino más justa. La sociedad es profundamente desigual y ante esta incongruencia la propuesta y el hacer educativo debe motivar la participación de todos a través de distintas propuestas extracurriculares que exigen más profundidad. Esto se logra generando un buen clima de trabajo donde no solo fluya la información, sino donde además se adquieran nuevas herramientas y destrezas según las diferentes capacidades e intereses de los chicos. También aparecen problemas totalmente novedosos, para los cuales los adultos no pueden usar las soluciones o los métodos que sus padres utilizaron con ellos. Esta aceleración de la historia, con nuevas tecnologías requiere inventar soluciones. Estamos ante el fenómeno contemporáneo donde la publicidad reduce al individuo a la condición de consumidor, siendo el motor de la sociedad la pulsión inmediata de compra y de la satisfacción de otras necesidades banales. Para contrarrestar esta realidad es necesario dejar surgir el sujeto capaz de dotarse de proyectos, capaz de hacer elecciones y darse prioridades. Pero para provocar estos cambios, en necesario entrar en relación con nuestros chicos, dejando de lado la propia identidad y así poder escuchar otra cosa en una constante de aceptación por la alteridad.
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    4 Para nuestros alumnos la relación con el otro les da miedo. Miedo que se camufla a veces con la violencia y se acrecienta con la inmediatez, no tomándose el tiempo de reflexión para examinar las consecuencias. Por lo tanto la escuela no debe tratar de que sus alumnos renuncien a sus deseos, sino que los examinen y los pasen por el tamiz de la conciencia. La escuela fue pensada para transformar y renovar al mundo, pero hoy no existen los límites posibles para marcar el adentro y el afuera. Tampoco somos poseedores del momento básico y revolucionario donde todo comienza y se completa como diría Foucault, sino que debemos asumirlo como una instancia que demanda nuestro análisis, animándonos a ver qué hay de nuevo para producir nuevas pedagogías acordes a este tiempo. Un único orden posible para encauzar la infancia y la adolescencia se transforma en un gran obstáculo educativo. Habrá que realizar un gran esfuerzo de invención para este nuevo siglo. Tal vez habrá que darles a los alumnos el status de sujeto de derechos, con quienes es posible convenir propuestas, propulsar proyectos y discutir alternativas. En este contexto social y espiritual que se plantean diversos desafíos a la escuela y a la educación, compartimos el interrogante del pedagogo chileno Domingo Bazán Campos: “¿cómo hacernos cargo del desafío de vivir en una escuela que opera con códigos premodernos, que atiende estudiantes posmodernos y que obedece a políticas públicas modernizadoras? BIBLIOGRAFÍA: • Bazán Campos, Domingo. (2008) “El oficio del pedagogo”. Aportes para la construcción de una práctica reflexiva en la escuela. Edit. Homos Sapiens. Rosario. • Dussel, Inés, Southwell, Myriam. (2007) “La escuela: entre cambio y tradición”. en revista “El monitor de la educación”. Año 5, Nº 14. Ministerio de Educación de la Nación, Bs. As. • Marquez, M. (2001) “Educar para el cambio” en revista “El monitor de la educación”. Año 2 , Nº 3. Ministerio de Educación de la Nación, Bs. As. • Meirieu, P ( 2005) “La opción de educar. Ética y pedagogía”. España. • Moreneo Carlés y Pozo Juan Ignacio. “¿En qué siglo vive la escuela”. Cuadernos de pedagogía Nº 298. 2001 • Riviere Ángel. “¿Por qué fracasan tan poco los niños?”. Madrid. 2003. • Santos Guerra, M. (2008) “Enseñar o el oficio de aprender”, en Séptimo Congreso Internacional de Santillana. Bs. As. -------------------------------------------------------------------------------------------
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    5 Segundo artículo: LA REPITENCIAY LOS FRACASOS EN LAS ESCUELAS: “Educar no es solo una forma de ganarse la vida; es, sobre todo, una forma de ganar la vida de los otros”. En el artículo anterior nos referimos a la escuela como una institución difícil de mover y modificar, que no se condice con los cambios efectuados en la sociedad; y que además hay una mirada nostálgica de lo que “la escuela fue y ya no es”, que lleva a resistir todo lo nuevo. Seríamos injustos si no reconociéramos que hay cosas que han cambiado en la educación. Por ejemplo tendríamos que recordar los castigos escolares, que nuestros padres y abuelos no podían ir a la escuela, o que sólo lo hacían hasta segundo grado, que en los contenidos históricos no se reconocían a los pueblos originarios, etc. Tampoco la escuela media de hoy es solo el viejo modelo del Colegio Nacional o Escuelas Industriales, se han desarrollado diferentes variantes de bachilleratos. Sin embargo todas estas diversas maneras de organización comparten el mismo diagnóstico: un nivel en crisis. Si bien se han dado cambios, ninguno ha sido realmente sustancial como para lograr poner en sintonía a la escuela con las transformaciones que se dan fuera de ella. Debemos generar los cambios necesarios si queremos construir una escuela capaz de formar sujetos para el siglo XXI. La sociedad cambia, los alumnos cambian ¿puede la escuela seguir anclada en el siglo XIX? ¿No será necesaria una lectura del mundo actual y de la vida que en él despliegan niños y jóvenes? Si decimos que enseñar es hacer un lugar en el mundo para las nuevas generaciones, debemos partir de la idea de que las generaciones no se reproducen idénticamente, como tampoco ninguna persona es idéntica a otra. TODAS LAS PERSONAS SOMOS DIFERENTES “Lo particular de cada sujeto es un enigma para la educación, incluso para el mismo sujeto” Violeta Núñez (Barcelona-2007) Somos diversos. Somos únicos e irrepetibles. Podemos ser parecidos, muy parecidos, pero nunca iguales. Es una verdad repetida hasta el cansancio, pero a la hora de educar esas diferencias parecen borrarse y pretendemos que todos los alumnos aprendan de la misma manera, las mismas cosas, al mismo tiempo y en todas las áreas. Nos olvidamos que cada uno tiene formas particulares de relacionarse y de conocer el mundo. Lo diverso no es la excepción de algunas personas. La diversidad es lo natural, nos abarca a todos, es lo universal. En la escuela no se trata de “soportar” o “tolerar” lo diverso, sino de convivir de manera natural. Para no discriminar, hay que diferenciar.
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    6 Cuando las diferencias entre los alumnos son aceptadas, aprovechadas, utilizadas y hasta disfrutadas, las experiencias escolares se enriquecen y permiten desarrollar al máximo sus potencialidades. Hay que tener en cuenta que la decisión de aceptar o no la diversidad pasa por la institución, por la apertura de todos sus miembros. Porque la inclusión tiene que ver con lo ideológico y con una actitud frente a la vida y a las posibilidades que le brindamos al otro. El discurso de la diversidad es el discurso de la existencia del otro, es el que considera la posibilidad de aprender del otro, es una postura ética. Es así, que cada escuela tendrá que pensarse a sí misma y reflexionar sobre sus prácticas educativas. Comenzar a sospechar que sucede si los alumnos parecen no transitar con felicidad la escolaridad. Como dice Miguel Santos Guerra: “hay que dar respuestas a los problemas que plantean los alumnos y alumnas que se visto forzados a seguir la escolaridad aunque sea entendida por ellos como una prolongación inútil de la tortura”. Hay un principio de educabilidad (entiéndase como capacidad y posibilidad del hombre de ser educado) que dice: “todos somos educables, pero no en la misma medida”, esto alude a lo diverso, por lo que los desafíos de la educabilidad deben buscarse en los efectos de las prácticas educativas. Dicho de otra manera, la educabilidad se define en la relación educativa y no en la naturaleza del alumno (R. Baquero. 2001). La educabilidad se rompe cuando se piensa que los alumnos no pueden aprender y que el docente no puede ayudarlo a conseguirlo. El desafío está en no pensar que un alumno no puede, o como diría el pedagogo italiano Francesco Tonucci “un docente no puede decir el alumno no me sigue, porque ¿quién debe seguir a quién?”. En otras palabras, la cuestión está en adecuar la escuela al alumno y no el alumno a la escuela. Porque los cambios se pueden dar de abajo hacia arriba; si nos quedamos esperando que nos lleguen grandes soluciones, seguro que nada va a suceder y que todo seguirá como era entonces… Generalmente se suele hablar de calidad de enseñanza, pero difícilmente se habla de calidad de aprendizajes. No toda enseñanza provoca simultáneamente el aprendizaje. En el proceso que nos lleva a adquirir nuevos saberes intervienen infinitas circunstancias, como el interés, las necesidades, la motivación, la atención, el ambiente, el modo comunicativo, etc. que a veces provocan el aprendizaje y otras no. Implícitamente se dice que cuando un aprendizaje no se ha producido es pura y exclusivamente responsabilidad del alumno dejando al margen otras explicaciones que pueden ser los contenidos poco atractivos, los métodos desmotivadotes, la enseñanza memorística y fragmentada, y el clima y las organizaciones dentro de la institución. Cuando el problema de
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    7 aprendizaje se centraen el alumno, la escuela queda excluida de responsabilidades. Por otra parte, no se tienen en cuenta el avance vertiginoso de los conocimientos científicos y la lentitud en la transformación de los contenidos escolares, que provoca que gran parte de las informaciones transmitidas sean obsoletas; podríamos decir que muchos de los conocimientos transmitidos en la escuela sólo tienen vigencia dentro de ella. De esta manera, los alumnos, en el mejor de los casos, sólo estudian para aprobar exámenes, que le permitirán acceder a nuevos exámenes. Afuera existe otra realidad en la que un conjunto de procesos naturales, tecnológicos y sociales llaman poderosamente la atención de niños y jóvenes (Profesor Máximo Chaparro, 2006). La escuela no puede permanecer aislada de la sociedad en la que se encuentra inmersa. No puede ignorar la situación que se está viviendo, la dirección que lleva la sociedad, las consignas que transmite. La escuela ha de brindar herramientas para analizar lo que esta sucediendo y, además, generar compromiso para mejorarlo. Bibliografía: • Azzerboni, D. (2008) “Potenciar la diversidad”, en Tercer Encuentro Pedagógico de Tinta Fresca. Bs. As. • Baquero, R. (2001), “La educabilidad bajo sospecha”, en cuaderno de Pedagogía. Rosario, Año IV, Nº 9; 71-85. Rosario. • Baquero, R. (2008), “Dejar de sospechar”, en Tercer Encuentro Pedagógico de Tinta Fresca. Bs. As. • Bazán Campos, Domingo. (2008) “El oficio del pedagogo”. Aportes para la construcción de una práctica reflexiva en la escuela. Edit. Homos Sapiens. Rosario. • Boggino Roberto, De la Vega Eduardo. “Diversidad, aprendizaje e integración en contextos escolares”. Edit. Homo Sapiens. Santa Fe. 2007. • Chaparro Máximo. Epistemología de la Educación. Editorial de los Cuatro Vientos. Bs. As. 2006. • Diker, Gabriela, Frigeiro, Graciela. “Educar ese acto político”. Los sentidos del cambio en la educación. Edit. El Estante. Bs. As. 2005. • Moreneo Carlés y Pozo Juan Ignacio. “¿En qué siglo vive la escuela”. Cuadernos de pedagogñía Nº 298. 2001 • Núñez, Violeta.(2007) La Educación en tiempos de incertidumbre. Infancias, adolescencias y educación. Una aproximación de la Psicología Social”. Barcelona. ___________________________________________________________ Tercer artículo:
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    8 SOBRE LA REPITENCIAY LOS FRACASOS ESCOLARES. LAS ESTADÍSTICAS HABLAN, ESCUCHÉMOSLAS: “La escuela existe para que los alumnos aprendan” (Psicólogo Norberto Boggino-2009). ¡Qué obviedad parece esta afirmación! ¿Pero es realmente así? Si tratamos el tema de los fracasos escolares, no podemos dejar de lado las estadísticas de repitencia y deserción que en los últimos años son realmente preocupantes y nos obliga a preguntarnos: ¿qué suscita en los alumnos tantas dificultades para cumplir con la escolaridad que el Estado define como indispensable para el pleno ejercicio de la ciudadanía?, ¿qué sucede con las relaciones de niños/adolescentes con las propuestas escolares?, ¿qué le está ofreciendo la escuela?, ¿qué oportunidades se generaron?, ¿a través de qué estrategias?, ¿qué representaciones tenemos los adultos sobre las posibilidades de los alumnos? y a partir de esto generar lo que se debe cambiar. Porque es indudable que algo hay que cambiar y si no ponemos en tela de juicio las prácticas educativas, si las razones de los fracasos escolares se buscan sólo fuera de la institución, difícilmente vislumbraremos estadísticas más favorables en los próximos años. Si bien los números nos permiten representar cuántos niños-jóvenes encuentran dificultades para cumplir con la escolarización, también nos invita a indagar quiénes son para que desde su conocimiento volver a diseñar nuevas alternativas; porque hasta el momento quien repite de año, vuelve a cursarlo de la misma manera que el año anterior, como si fuera una medicina que hay que tomar varias veces para que tenga efecto. Del análisis del Sistema Educativo se desprende la necesidad de una nueva mirada sobre todo el recorrido que se define como obligatorio. Sobre todo de la educación media, que es donde más se acentúa la crisis, para que este mandato que llega hasta el tercer año del ciclo orientado se pueda cumplir, exigirá la intervención sistemática para generar mejores condiciones de acceso, permanencia y egreso con aprendizajes satisfactorios. La idea de cambio aquí planteada está asociada a la lógica de la transformación social, a la búsqueda de nuevos sentidos para la convivencia humana; propósito que aspira a la dignificación de la persona. ESCUELA SECUNDARIA: UNA MATERIA PENDIENTE: “Con la secundaria obligatoria, habrá millones a los que deberíamos ofrecerle la chance de terminar sus estudios” (Ministro de Educación: Juan Carlos Tedesco) Es necesario una secundaria más vinculada al contacto personal con el alumno a través de tutorías y con planificación de acciones de seguimiento del alumnado. Con profesores de tiempo completo y más
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    9 relacionados con laInstitución que no sólo dicten su materia sino que puedan orientar y contener a los adolescentes. Para esto habrá que asegurarle al profesor buenas condiciones de trabajo, una excelente formación, tanto disciplinar como pedagógica, con desarrollo permanente a través del trabajo cooperativo institucional y posibilidades de hacer carrera, pero por sobre todo renovar las esperanzas ante los nuevos desafíos. “…la verdadera educación se da sólo persona a persona, cuando el educador tiene enfrente a alguien que le importa como persona, que no es sólo un apéndice de otras cosas… el eje es siempre el individuo, la relación personal”. (Graciela Montes, 2006). Además se precisan Instituciones adecuadas, en cuanto a infraestructura y equipamiento, pero también en organización y dinámica de aprendizaje, en donde la buena enseñanza no se produzca por voluntariado de un/a profesor/a, sino como política institucional. Hoy enseñar es más difícil que antes: las disciplinas resultan más complejas, la diversidad es mayor, la autoridad está desvalorizada y las dificultades sociales son incontables. Los docentes normalistas del siglo XIX y principios del XX tenían bien en claro que ellos eran pilares en la construcción de la Nación. Es deseable que el docente del siglo XXI sea consciente que es parte en la construcción de una Nación justa y de inclusión. Un docente comprometido con este ideal no es que se tenga que hacer responsable de si el alumno tiene para comer o si su familia tiene empleo, pero si se tendrá que hacer responsable si el alumno tiene problemas en matemáticas, ciencias, etc. debe ayudar a que los chicos aprendan y no desentenderse de los fracasos en la escuela. También es necesario revisar las formas de enseñanza, de nada sirve memorizar y repetir. El estudiante del siglo XXI debe recibir las herramientas para entender mejor la compleja realidad que lo rodea. La nueva Ley Nacional nos debe movilizar para empezar a revertir la situación que padece nuestra educación y que parecía que estaba condenada a un eterno retroceso. Hoy tenemos un horizonte que es la búsqueda de la igualdad de oportunidades y la justicia social. Hay buenas razones para la esperanza. Se debe terminar con la triste frase: “alumnos eran los de antes”. Alumnos también son los de hoy, que esperan que los adultos los ayuden a apropiarse del mundo, Las nuevas Leyes Educativas nos abren puertas al futuro. Los jóvenes necesitan que les demos la posibilidad de pasar el umbral, no seamos los adultos los que les cerremos los caminos poniéndoles piedras. Ellos necesitan docentes comprometidos con sus necesidades, que asuman el desafío de educarlos, que los respeten y le demuestren que se les tienen confianza. Necesitan adultos capaces de contenerlos y estimularlos.
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    10 De nada servirán las nuevas leyes y políticas educativas si no se hacen presentes en las aulas, y la única manera de llegar a los alumnos es a través de sus docentes. Se han establecido nuevas bases y puntos de partida. Estamos frente a una gran oportunidad de cambio, aprovecharla requiere constancia y esfuerzo. La escuela no puede desentenderse de los fracasos de sus alumnos buscando las causas fuera de sus paredes, sino que debe crear las estrategias de contención y redefinir la política institucional para dar las respuestas que los jóvenes necesitan. Lo que va a permitir la inclusión en la escuela son las condiciones que esta ofrezca y no los atributos personales de sus alumnos. Hay un gran desafío: que los niños y jóvenes estén “incluidos” en las escuelas y que en ellas reciban educación de calidad. Bibliografía: • Baquero, R. (2001), “La educabilidad bajo sospecha”, en cuaderno de Pedagogía. Rosario, Año IV, Nº 9; 71-85. Rosario. • Baquero, R. (2008), “Dejar de sospechar”, en Tercer Encuentro Pedagógico de Tinta Fresca. Bs. As. • Boggino Roberto, De la Vega Eduardo. “Diversidad, aprendizaje e integración en contextos escolares”. Edit. Homo Sapiens. Santa Fe. 2007. • Llorente, J. (2001) “Educación de jóvenes y adultos” en revista “El monitor de la educación” Año 2, Nº 3. Ministerio de Educación de la Nación, Bs. As. • Montes, Graciela. (2006) “La verdadera educación se da solo de persona a persona”. en Revista “El monitor de la educación” Año 5, Nº 8. Ministerio de Educación de la Nación, Bs. As. • Santos Guerra, M. (2008) “Enseñar o el oficio de aprender”, en Séptimo Congreso Internacional de Santillana. Bs. As. • Tedesco, Juan Carlos. (2008) “La Escuela Secundaria Obligatoria” en Revista “El monitor de la educación” Año 5, Nº 19. Ministerio de Educación de la Nación, Bs. As.