El primer acuerdo de Basilea de 1988 (Basilea I) estableció recomendaciones para que las entidades bancarias mantuvieran un capital mínimo del 8% de sus activos de riesgo. Este acuerdo tuvo un impacto importante en la regulación bancaria al ser adoptado por más de 130 países. Fue sustituido en 2004 por Basilea II para abordar algunas limitaciones.