El documento aborda la evolución histórica de las prácticas basadas en evidencias en el ámbito de la medicina y enfermería, destacando la transición del conocimiento empírico a uno basado en investigaciones cuantificables desde el siglo XIX hasta el establecimiento formal de la medicina basada en evidencia en los años 90. Enfatiza la importancia de incorporar al paciente en la toma de decisiones y la necesidad de conectar la investigación con la práctica clínica. Además, menciona la creación del Instituto Joanna Briggs como un referente en la búsqueda y valoración de evidencia científica en cuidados de salud.