Entre 1975 y 1985, la industria española sufrió una grave crisis debido a factores externos como el encarecimiento de la energía y la competencia de nuevos países industriales, así como factores internos como las deficiencias estructurales de la industria española y la inestabilidad política de la transición a la democracia. Esto provocó el cierre de empresas, la caída de la producción y el empleo, y el aumento de la deuda. En los años 80, el gobierno español implementó políticas de reconversión