El diálogo plantea dos teorías opuestas sobre el origen del lenguaje: la teoría naturalista de Crátilo, que sostiene que los nombres surgen de la naturaleza de las cosas, y la teoría convencionalista de Hermógenes, que considera que los nombres son una convención establecida. Platón sugiere que ambas posturas pueden defenderse igualmente con el lenguaje y que su función es mediadora, apuntando a la necesidad de una interpretación del significado más allá de las palabras.