La leche y los productos lácteos pueden contaminarse a lo largo de la cadena alimentaria, desde su producción en la explotación ganadera hasta su distribución y venta. La higiene de los animales, utensilios de ordeño, transporte y almacenamiento, así como el tratamiento térmico de la leche cruda son medidas importantes para prevenir la contaminación. El control de la temperatura también es fundamental para evitar la proliferación de microorganismos.