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LECTIO DIVINA, DÍA DE TODOS LOS SANTOS
CICLO B, (Mt 5, 1 - 12)
Estamos celebrando el día de Todos los Santos. El evangelio nos ubica
en el conocido Sermón de la montaña y nos cuestiona… ¿Cuál es el
“ser y el hacer” de un discípulo de Jesús? Esta pregunta podría
especificarse todavía más así: ¿Qué sucede en el corazón de aquel que
se hace discípulo de Jesús? ¿En qué consiste la santidad? ¿Cuáles son
los puntos distintivos de quienes hemos descubierto que nuestra
vocación es santos?
Jesús nos responde, dándonos una catequesis muy concreta y muy para todos, para
cada uno, para nuestras comunidades, para nuestro grupo, y nos va diciendo paso a
paso en que consiste la verdadera felicidad, la santidad que anhelamos alcanzar ,
buscando primero que nada “el Reino y su Justicia” (Mt 6,33).
El perfil del discípulo está como propuesta para hacerlo vida. No nos quedemos lejos de
su invitación, porque no es un discurso para ser escuchado, sino una propuesta para
hacerla realidad; se trata del mismo latir del corazón de Jesús que quiere llenar el
corazón de quienes queremos ser sus discípulos.
Seguimiento:
1. Al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña, se sentó y se le acercaron sus
discípulos.
2. Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras:
3. Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4. Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará.
5. Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra.
6. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque Dios los saciará.
7. Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.
8. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
9. Dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos.
10. Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el
Reino de los Cielos.
11. Dichosos serán ustedes cuando los injurien y los persigan, y digan contra
ustedes toda clase de calumnias por causa mía.
12. Alégrense y regocíjense, porque será grande su recompensa en los Cielos,
pues así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.
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I. LEER: entender lo que dice el texto fijándose en cómo lo dice
Mateo prepara al lector a escuchar las
bienaventuranzas pronunciadas por
Jesús con una rica concentración de
detalles particulares, que son una
propuesta para ser felices.
Ante todo se indica el lugar en el cual
Jesús pronuncia su discurso: “Jesús
subió al monte” (5,1). Por este motivo
los exegetas lo definen como el “sermón
del monte” a diferencia de Lucas que lo
inserta en el contexto de un lugar llano
(Lc 6,20-26).
La indicación geográfica “del monte”
podría aludir veladamente a un episodio
del AT muy semejante al nuestro: es
cuando Moisés promulga el decálogo
sobre el Monte Sinaí. No se excluye que
Mateo intente presentar la figura Jesús,
nuevo Moisés, que promulga la ley
nueva.
Otro particular que nos llama la atención
es la posición física con la que Jesús
pronuncia sus palabras: “se sentó”. Tal
postura confiere a su persona una nota
de autoridad en el momento de legislar.
Lo rodean los discípulos y las
“muchedumbres”: este particular intenta
demostrar que Jesús, al pronunciar tales
palabras, se ha dirigido a todos y que
se deben considerar actuales para todo
el que escucha.
Hay que notar que el discurso de Jesús
no presenta detalles de formas de vida
imposibles, o que están dirigidas a un
grupo de personas especiales o
particulares, ni intenta fundar una ética
exclusivamente para el interior.
Las exigentes propuestas de Jesús son
concretas, comprometidas y
decididamente radicales.
El pobre en la Biblia es aquel que se
vacía de sí mismo y sobre todo renuncia
a la presunción de construir su presente
y futuro de modo autónomo, para dejar,
por el contrario, más espacio y atención
al proyecto de Dios y a su Palabra, en
favor siempre de los demás, de los más
desprotegidos, de los pobres que saben
vivir con Dios y para Él.
El pobre, siempre en sentido bíblico, no
es un hombre cerrado en sí mismo,
miserable, sino que es aquél que se
abre a Dios y a sus hermanos, los que
tiene cerca y con los que está
comprometido para hacer en su aquí y
en su ahora, el REINO de DIOS.
La segunda bienaventuranza se refiere
a la mansedumbre. Una actitud, hoy,
poco popular. Incluso para muchos tiene
una connotación negativa y se entiende
como debilidad o por aquella
imperturbabilidad de quien sabe
controlar por cálculo la propia
emotividad.
¿Cuál es el significado de “mansos” en
la Biblia? Los mansos se perfilan como
personas que gozan de una gran paz
(Salmo 37,10), son considerados como
felices, benditos, amados por Dios. Y al
mismo tiempo son contrapuestos a los
malvados, impíos, a los pecadores. De
aquí que el Antiguo Testamento
presenta una riqueza de significados
que no nos permiten una definición
unívoca.
En el Nuevo Testamento el primer texto
que encontramos es Mt 11,29:
“Aprendan de mí que soy manso y
humilde de corazón”. Un segundo texto
está en Mt 21,5. Cuando Mateo quiere
narrar la entrada de Jesús en Jerusalén,
cita la profecía de Zacarías 9,9: “He
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aquí que tu siervo viene a ti manso” En
verdad, el evangelio de Mateo pudiera
ser definido, el evangelio de la
mansedumbre.
También Pablo recuerda la
mansedumbre como una actitud
específica del ser cristiano. En 2
Corintios 10,1 exhorta a los creyentes
“por la benignidad y mansedumbre de
Cristo”. En Gálatas 5,22 la
mansedumbre es considerada un fruto
del Espíritu Santo en el corazón de los
creyentes y consiste en ser mansos,
moderados, lentos para herir, dulces,
pacientes con los demás. Y todavía en
Efesios 4,32 y Colosenses 3,12 la
mansedumbre es un comportamiento
que deriva de ser cristiano y es una
señal que caracteriza al hombre nuevo
de Cristo.
Y finalmente, una indicación elocuente
nos viene de la 1 Pedro 3,3-4: “Su
ornato no ha de ser el exterior, cabellos
rizados, ataviados con collares de oro o
la compostura de los vestidos, traten
más bien de adornar el interior de su
corazón con un espíritu incorruptible
lleno de mansedumbre y de paz que es
lo precioso delante de Dios”.
“Bienaventurados los que lloran porque
ellos serán consolados”. Se puede llorar
por un gran dolor o sufrimiento. Tal
estado de ánimo subraya que se trata
de una situación grave, aunque no se
indiquen los motivos para identificar la
causa.
Queriendo identificar hoy la identidad de
estos “afligidos” se podría pensar en
todos los cristianos que desean con
vehemencia la llegada del Reino y
sufren por tantas cosas negativas en la
Iglesia; al contrario de preocuparse de la
santidad, la Iglesia presenta divisiones y
heridas.
Pueden ser también aquellos que están
afligidos por sus propios pecados e
inconsistencias y que, en algún modo,
vuelven al camino de la conversión. A
estas personas sólo Dios puede
llevarles la novedad de la “consolación”.
II. MEDITAR: aplicar lo que dice el texto a nuestra vida
El primer grito va dirigido a los pobres: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de
ellos es el reino de los cielos”. El lector queda desorientado: ¿cómo es posible que los
pobres puedan ser felices? Dios representa toda su riqueza. Podríamos decir con Santa
Teresa de Ávila: “Felices son los que hacen la experiencia del “¡Sólo Dios basta!”, porque
Dios es su riqueza.
 ¿Sé aceptar aquellos pequeños signos de pobreza en mi vida diaria? ¿la pobreza de la
salud, las carencias, lo que no logro tener? ¿Cuáles son mis pretensiones?
¿Sé aceptar mi fragilidad? ¿Quién es mi apoyo? ¿Le pido a Dios que sea mi fortaleza o
me cojo de las criaturas, para que ellas me den seguridad?
En este Sermón Jesús ¿qué significado tiene el término “mansos”? Verdaderamente
iluminadora es la definición del hombre manso que nos ofrece el Cardenal Carlo María
Martín: “El hombre manso, según las bienaventuranzas, es aquel que, a pesar del ardor
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de sus sentimientos, permanece dócil y libre, no posesivo, internamente libre, siempre
sumamente respetuoso del misterio de la libertad, porque sabe que Dios respeta la voluntad
del ser humano y le hace propuestas, pero no obliga a nadie… La mansedumbre se opone a
toda forma de prepotencia material y moral; es la victoria de la paz sobre la guerra, del
diálogo sobre el atropello”.
 Inspirado por el mensaje de Jesús sobre la mansedumbre ¿sé renunciar a la violencia, a
la venganza, al espíritu de revancha? ¿Cultivo en familia, en mi puesto de trabajo, en
mi vida dentro de la comunidad la dulzura, la mansedumbre y la paz?
A pesar de toda la violencia que se le viene encima, quien ha entendido la santidad, no
responde violentamente; su actitud es la de la resistencia alegre, sabiendo que cuando se
sufre por Cristo y con Él, que es su único y gran Maestro en el camino que ha de seguir
viviendo su vocación bautismal.
 ¿Cómo respondo a las ofensas, a las insinuaciones, a las alusiones que directamente se
me presentan en el día a día?
“Misericordia” y perdón son términos asociados. Cuando vemos que alguien sufre hay que
estarle cerca para que pueda reconstruir –mediante una acogida efectiva- todo lo que ha
perdido, lo que le ha dolido, lo que ya no tiene…
 Hay tanto dolor en nuestro derredor. .¿Estoy atento a lo que mi prójimo más próximo
está sufriendo, caído por el camino, como el samaritano? ¿Cómo trato a los ancianos?
¿Cómo trato al que viene de fuera, los que tuvieron que dejar la seguridad de su hogar,
de su pueblo y quieren encontrar solución a sus problemas?
Las Bienaventuranzas son para nosotros no un punto de partida, sino de llegada, por eso
tenemos mucho por hacer durante nuestra vida, día a día. La invitación que nos hace Jesús
es entrar de lleno en la obra de Dios, para que siendo parte de su Reino ya aquí en la tierra,
alcancemos la felicidad eterna. Ser santo es dejar obrar a Dios en nuestra persona, en
nuestro diario actuar, haciendo presente la Buena Nueva que Jesús vino a comunicarnos, no
solo con su predicación, sino con sus hechos.
III. ORAMOS nuestra vida desde este texto evangélico:
Padre Dios, por medio de tu hijo, Jesucristo, nos indicaste la senda
de las bienaventuranzas para llegar a la felicidad que nos llevará a la
plenitud de vida, a la santidad. Haz que sepamos empeñarnos cada
día en ese parecernos a Él, a lo que nos enseñó, a lo que nos
pidió…
Que nos demos cuenta que hemos sido llamados a la santidad. Que
busquemos nuestra fuerza en Ti, en tu Palabra, en los sacramentos,
en las personas que se empeñan día a día por ser santas, dejando actuar a tu Espíritu, como
lo dejó actuar María, como lo han dejado actuar los santos, que están ya gozando de ti, en la
eternidad, por los siglos de los siglos: ¡Amén!

Día de todos los Santos

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    1 LECTIO DIVINA, DÍADE TODOS LOS SANTOS CICLO B, (Mt 5, 1 - 12) Estamos celebrando el día de Todos los Santos. El evangelio nos ubica en el conocido Sermón de la montaña y nos cuestiona… ¿Cuál es el “ser y el hacer” de un discípulo de Jesús? Esta pregunta podría especificarse todavía más así: ¿Qué sucede en el corazón de aquel que se hace discípulo de Jesús? ¿En qué consiste la santidad? ¿Cuáles son los puntos distintivos de quienes hemos descubierto que nuestra vocación es santos? Jesús nos responde, dándonos una catequesis muy concreta y muy para todos, para cada uno, para nuestras comunidades, para nuestro grupo, y nos va diciendo paso a paso en que consiste la verdadera felicidad, la santidad que anhelamos alcanzar , buscando primero que nada “el Reino y su Justicia” (Mt 6,33). El perfil del discípulo está como propuesta para hacerlo vida. No nos quedemos lejos de su invitación, porque no es un discurso para ser escuchado, sino una propuesta para hacerla realidad; se trata del mismo latir del corazón de Jesús que quiere llenar el corazón de quienes queremos ser sus discípulos. Seguimiento: 1. Al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña, se sentó y se le acercaron sus discípulos. 2. Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras: 3. Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 4. Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará. 5. Dichosos los humildes, porque heredarán la tierra. 6. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque Dios los saciará. 7. Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos. 8. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 9. Dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos. 10. Dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 11. Dichosos serán ustedes cuando los injurien y los persigan, y digan contra ustedes toda clase de calumnias por causa mía. 12. Alégrense y regocíjense, porque será grande su recompensa en los Cielos, pues así persiguieron a los profetas que vinieron antes de ustedes.
  • 2.
    2 I. LEER: entenderlo que dice el texto fijándose en cómo lo dice Mateo prepara al lector a escuchar las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús con una rica concentración de detalles particulares, que son una propuesta para ser felices. Ante todo se indica el lugar en el cual Jesús pronuncia su discurso: “Jesús subió al monte” (5,1). Por este motivo los exegetas lo definen como el “sermón del monte” a diferencia de Lucas que lo inserta en el contexto de un lugar llano (Lc 6,20-26). La indicación geográfica “del monte” podría aludir veladamente a un episodio del AT muy semejante al nuestro: es cuando Moisés promulga el decálogo sobre el Monte Sinaí. No se excluye que Mateo intente presentar la figura Jesús, nuevo Moisés, que promulga la ley nueva. Otro particular que nos llama la atención es la posición física con la que Jesús pronuncia sus palabras: “se sentó”. Tal postura confiere a su persona una nota de autoridad en el momento de legislar. Lo rodean los discípulos y las “muchedumbres”: este particular intenta demostrar que Jesús, al pronunciar tales palabras, se ha dirigido a todos y que se deben considerar actuales para todo el que escucha. Hay que notar que el discurso de Jesús no presenta detalles de formas de vida imposibles, o que están dirigidas a un grupo de personas especiales o particulares, ni intenta fundar una ética exclusivamente para el interior. Las exigentes propuestas de Jesús son concretas, comprometidas y decididamente radicales. El pobre en la Biblia es aquel que se vacía de sí mismo y sobre todo renuncia a la presunción de construir su presente y futuro de modo autónomo, para dejar, por el contrario, más espacio y atención al proyecto de Dios y a su Palabra, en favor siempre de los demás, de los más desprotegidos, de los pobres que saben vivir con Dios y para Él. El pobre, siempre en sentido bíblico, no es un hombre cerrado en sí mismo, miserable, sino que es aquél que se abre a Dios y a sus hermanos, los que tiene cerca y con los que está comprometido para hacer en su aquí y en su ahora, el REINO de DIOS. La segunda bienaventuranza se refiere a la mansedumbre. Una actitud, hoy, poco popular. Incluso para muchos tiene una connotación negativa y se entiende como debilidad o por aquella imperturbabilidad de quien sabe controlar por cálculo la propia emotividad. ¿Cuál es el significado de “mansos” en la Biblia? Los mansos se perfilan como personas que gozan de una gran paz (Salmo 37,10), son considerados como felices, benditos, amados por Dios. Y al mismo tiempo son contrapuestos a los malvados, impíos, a los pecadores. De aquí que el Antiguo Testamento presenta una riqueza de significados que no nos permiten una definición unívoca. En el Nuevo Testamento el primer texto que encontramos es Mt 11,29: “Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”. Un segundo texto está en Mt 21,5. Cuando Mateo quiere narrar la entrada de Jesús en Jerusalén, cita la profecía de Zacarías 9,9: “He
  • 3.
    3 aquí que tusiervo viene a ti manso” En verdad, el evangelio de Mateo pudiera ser definido, el evangelio de la mansedumbre. También Pablo recuerda la mansedumbre como una actitud específica del ser cristiano. En 2 Corintios 10,1 exhorta a los creyentes “por la benignidad y mansedumbre de Cristo”. En Gálatas 5,22 la mansedumbre es considerada un fruto del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes y consiste en ser mansos, moderados, lentos para herir, dulces, pacientes con los demás. Y todavía en Efesios 4,32 y Colosenses 3,12 la mansedumbre es un comportamiento que deriva de ser cristiano y es una señal que caracteriza al hombre nuevo de Cristo. Y finalmente, una indicación elocuente nos viene de la 1 Pedro 3,3-4: “Su ornato no ha de ser el exterior, cabellos rizados, ataviados con collares de oro o la compostura de los vestidos, traten más bien de adornar el interior de su corazón con un espíritu incorruptible lleno de mansedumbre y de paz que es lo precioso delante de Dios”. “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”. Se puede llorar por un gran dolor o sufrimiento. Tal estado de ánimo subraya que se trata de una situación grave, aunque no se indiquen los motivos para identificar la causa. Queriendo identificar hoy la identidad de estos “afligidos” se podría pensar en todos los cristianos que desean con vehemencia la llegada del Reino y sufren por tantas cosas negativas en la Iglesia; al contrario de preocuparse de la santidad, la Iglesia presenta divisiones y heridas. Pueden ser también aquellos que están afligidos por sus propios pecados e inconsistencias y que, en algún modo, vuelven al camino de la conversión. A estas personas sólo Dios puede llevarles la novedad de la “consolación”. II. MEDITAR: aplicar lo que dice el texto a nuestra vida El primer grito va dirigido a los pobres: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. El lector queda desorientado: ¿cómo es posible que los pobres puedan ser felices? Dios representa toda su riqueza. Podríamos decir con Santa Teresa de Ávila: “Felices son los que hacen la experiencia del “¡Sólo Dios basta!”, porque Dios es su riqueza.  ¿Sé aceptar aquellos pequeños signos de pobreza en mi vida diaria? ¿la pobreza de la salud, las carencias, lo que no logro tener? ¿Cuáles son mis pretensiones? ¿Sé aceptar mi fragilidad? ¿Quién es mi apoyo? ¿Le pido a Dios que sea mi fortaleza o me cojo de las criaturas, para que ellas me den seguridad? En este Sermón Jesús ¿qué significado tiene el término “mansos”? Verdaderamente iluminadora es la definición del hombre manso que nos ofrece el Cardenal Carlo María Martín: “El hombre manso, según las bienaventuranzas, es aquel que, a pesar del ardor
  • 4.
    4 de sus sentimientos,permanece dócil y libre, no posesivo, internamente libre, siempre sumamente respetuoso del misterio de la libertad, porque sabe que Dios respeta la voluntad del ser humano y le hace propuestas, pero no obliga a nadie… La mansedumbre se opone a toda forma de prepotencia material y moral; es la victoria de la paz sobre la guerra, del diálogo sobre el atropello”.  Inspirado por el mensaje de Jesús sobre la mansedumbre ¿sé renunciar a la violencia, a la venganza, al espíritu de revancha? ¿Cultivo en familia, en mi puesto de trabajo, en mi vida dentro de la comunidad la dulzura, la mansedumbre y la paz? A pesar de toda la violencia que se le viene encima, quien ha entendido la santidad, no responde violentamente; su actitud es la de la resistencia alegre, sabiendo que cuando se sufre por Cristo y con Él, que es su único y gran Maestro en el camino que ha de seguir viviendo su vocación bautismal.  ¿Cómo respondo a las ofensas, a las insinuaciones, a las alusiones que directamente se me presentan en el día a día? “Misericordia” y perdón son términos asociados. Cuando vemos que alguien sufre hay que estarle cerca para que pueda reconstruir –mediante una acogida efectiva- todo lo que ha perdido, lo que le ha dolido, lo que ya no tiene…  Hay tanto dolor en nuestro derredor. .¿Estoy atento a lo que mi prójimo más próximo está sufriendo, caído por el camino, como el samaritano? ¿Cómo trato a los ancianos? ¿Cómo trato al que viene de fuera, los que tuvieron que dejar la seguridad de su hogar, de su pueblo y quieren encontrar solución a sus problemas? Las Bienaventuranzas son para nosotros no un punto de partida, sino de llegada, por eso tenemos mucho por hacer durante nuestra vida, día a día. La invitación que nos hace Jesús es entrar de lleno en la obra de Dios, para que siendo parte de su Reino ya aquí en la tierra, alcancemos la felicidad eterna. Ser santo es dejar obrar a Dios en nuestra persona, en nuestro diario actuar, haciendo presente la Buena Nueva que Jesús vino a comunicarnos, no solo con su predicación, sino con sus hechos. III. ORAMOS nuestra vida desde este texto evangélico: Padre Dios, por medio de tu hijo, Jesucristo, nos indicaste la senda de las bienaventuranzas para llegar a la felicidad que nos llevará a la plenitud de vida, a la santidad. Haz que sepamos empeñarnos cada día en ese parecernos a Él, a lo que nos enseñó, a lo que nos pidió… Que nos demos cuenta que hemos sido llamados a la santidad. Que busquemos nuestra fuerza en Ti, en tu Palabra, en los sacramentos, en las personas que se empeñan día a día por ser santas, dejando actuar a tu Espíritu, como lo dejó actuar María, como lo han dejado actuar los santos, que están ya gozando de ti, en la eternidad, por los siglos de los siglos: ¡Amén!